1. PRIMER VIDENTE
<<En Él vivimos, nos movemos y existimos>>
-dice Pablo en el Areópago de Atenas-
¿Quién es Él?
Es como un espacio inexpresable que abarca todo-.
Él es creador:
Abarca todo llamando a la existencia a partir de la nada,
No sólo en el principio sino para siempre.
Todo permanece, cambiando continuamente-.
<<En el principio fue el verbo y por Él todo se hizo>>.
El misterio del principio nace junto con el Verbo, emana del Verbo.
El Verbo –la eterna visión y la eterna expresión.
Él que creó, vio –vio <<que era bueno>>,
Vio con visión distinta de la nuestra,
Él -el primer Vidente-.
Vio, hallaba en todo alguna huella de su Ser, de su plenitud-.
Vio: Omnia nuda et aperta sunt ante oculos Eius*-
desnudo y transparente-
verdadero, bueno y bello-.
Vio con visión distinta de la nuestra.
La eterna visión y la eterna expresión:
<<En el principio fue el Verbo y por Él todo se hizo>>
Todo en lo que vivimos, nos movemos y existimos.
El Verbo, el Verbo admirable- el Verbo eterno como si fuera un umbral invisible
De todo lo que hubiera existido, existe y existirá.
Como si el Verbo fuera un umbral.
El umbral del Verbo en que todo fue de manera invisible,
eterna y divina -¡detrás de este umbral comienzan los hechos¡
Estoy a la entrada de la Sixtina.
Quizá todo esto era más fácil de explicar con el lenguaje del Libro del Génesis.
Pero el libro espera la imagen. –Y con razón. Esperaba a su Miguel Amgel.
Porque Él, que creó, <<vio>> -vio que era <<bueno>>.
<<Vio>>, entonces el Libro esperaba el fruto de la <<visión>>.
Y tú, hombre, que también ves, ven.
Os invoco <<videntes>> de todos los tiempos.
¡Te invoco, Miguel Ángel¡
¡En el Vaticano hay una capilla que espera al fruto de tu visión¡
La visión esperaba la imagen.
Desde que el Verbo se hizo carne, la visión sigue esperando.
Estamos en el umbral del Libro.
Es el libro de Origen –del Génesis.
Aquí, en esta capilla, Miguel Ángel la escribió
No con palabra sino con riqueza
De los colores acelajados.
Entramos para leer,
Caminando desde el asombro hasta el asombro.
Entonces es aquí –miramos y reconocemos
El Principio que surgió de la nada,
Obediente al verbo creador;
Aquí se revela desde estas paredes.
Quizá aún con más poder habla el Final.
Si, el juicio habla con más poder.
El Juicio, el último Juicio.
He aquí el camino que todos seguimos –
cada uno de nosotros.
*Todo está descubierto y revelado ante sus ojos.
TRÍPTICO ROMANO
Poemas
Pero acepta, Señor, este asombro,
que en el corazón estalla,
como el arroyo en su manantial
-signo de que allí vendrá el ardor
y no rechaces, Señor, este asombro,
que desde mi frialdad brota,
al que un día vas a satisfacer con la piedra ardiente
de tus labios.
NO, no rechaces, Señor, este asombro,
que no es nada para Ti,
porque estás entero en Ti,
pero lo es todo para mí y en él siempre
pienso;
en un torrente que rompe en las
orillas,
antes que el océano inmenso
entregue su caudal de de
angustia.
Karol Wojtyla
Canción sobre el Dios oculto:
II Canción sobre el sol inagotable, 1944
Poesías –BAC. Madrid 2005
“Como los pastores, acudamos a Belén,
quedémonos en adoración ante la gruta,
fijando la mirada en el Redentor recién nacido.
En Él podemos reconocer los rasgos
de cada pequeño ser humano que viene a la luz,
sea cual fuere su raza o nación:
es el pequeño palestino
y el pequeño israelí;
es el bebé estadounidense
y el afgano;
es el hijo del hutu
y el hijo del tutsi...
es el niño cualquiera,
que es alguien para Cristo.
Hoy pienso en todos los pequeños del mundo:
muchos, demasiados son los niños
que nacen ya condenados a sufrir, sin culpa,
las consecuencias de conflictos inhumanos.
¡Salvemos a los niños, para salvar la esperanza de la humanidad!
Nos lo pide hoy con fuerza aquel Niño nacido en Belén,
el Dios que se hizo hombre,
para devolvernos el derecho de esperar.”
Mysterium paschale
Misterio del Paso
En el que
El camino se invierte.
De la vida se pasa a la muerte –
He aquí el misterio.
Misterio – una inscripción profunda
Aún no plenamente descifrada,
Que existe en cada uno como presagio y no se opone a la vida
(¿no se opone quizá más la muerte?)
Si Uno descubre la inscripción
Y la descifra, convirtiéndola en realidad en si mismo
y PASA-
entonces tocamos la huella,
recibimos el Sacramento en el que pertenece
Aquel que ha pasado…
Y también nosotros, en el paso hacia la muerte,
Permanecemos en el espacio del misterio.
De las Poesías de Karol Wojtyla
M A D R E
“Las madres saben los instantes en los que el misterio humano despierta
Un reflejo de la luz en sus pupilas, que parece tocar el corazón con la mirada apenas.
Sé de estas lucecitas que pasaron sin despertar ningún eco y dirán lo que dura un pensamiento.
Hijo mío, complicado y grande, hijo sencillo, conmigo te acostumbraste a pensamientos comunes a todos los hombres y, a la sombra de estas ideas, esperas la profunda voz del corazón que en cada persona suena de manera distinta.
Yo soy la madre absoluta y esta plenitud nunca me cansará.
[…]
Cuando eres presa de un instante como este,
no sientes cambio alguno, todo lo mío te parece sencillo.
Ya sabes, cuando las madres captan en los ojos de sus hijos el hondo latido del corazón, también estoy allí, recogida en su misterio.
Es Él quien te lo pide.
Soy Juan, el pescador, merezco poco que se enamoren de mí.
Pero dulcemente yo estaré en tus pensamientos, como una hoja de mirto.
Que pueda decirte Madre, como Él lo quiso; te ruego que no toques en nada esa palabra;
En verdad no es fácil medir su hondura, cuyo sentido para ambos fue inspirada por Él,
Para que en El encuentre cobijo todo nuestro amor ancestral.
Con frecuencia vuelvo al espacio que tu hijo, tu único hijo ocupa.
Mis ideas se ajustan a su forma, pero quedan vacios mis ojos,
Y cuelgan de sus labios las palabras de siempre,
Las mismas tras las que se ocultaba cuando deseaba quedarse entre nosotros.
[…]
Inclínate junto conmigo y acepta Tu Hijo tiene sabor a pan, pan de una sustancia eterna.
[…]
Karol Wojtyla
Medito a menudo aquel día de luz
que será todo estupor
por Tu sencillez,
que tiene en mano el mundo
y cuanto en él perdura, intacto
hasta ahora.
Y entonces el simple mandato se convierte en creciente nostalgia
de aquel día,
en que todo envolverá en su sencillez infinita
y en su soplo amoroso.
JUAN PABLO II Del canto " Dios escondido"