Home Quienes Somos Internacional Voluntariado Buscador 21/08/2008
 

JUAN PABLO II
 
 
 



 

Querías ser como un ciervo en las altas cumbres

para contemplar la belleza de Dios en la creación,

y gozar de su presencia.

Querías ser como una paloma

que cruza el espacio,

donde ningún confín existía para ti,

y caminabas empujado por el espíritu,

bendecías, bendecías.

Como un águila extendías sobre los pueblos tu oración.

Querías proteger y socorrer a todos en un solo vuelo.

Tu palabra era humana,

llena de sabiduría divina,

profunda hasta cuando la vibraciones del aire

no podían ya contenerla;

sólo la luz de un rostro consumado

era eco de la Palabra de Dios.

Has sido el hombre del hombre y el hombre de Dios.

Primero has recorrido esta tierra deprisa,

después lentamente, hasta cuando solo el corazón

recorría la conciencia,

mientras tus pies

golpeaban la misma piedra.

Sor Gigliola Nicolini

Maestras Pías de la Dolorosa

 

 

"Pierre tu est pierre et sur cette pierre je bâtirai mon Eglise...". Así recibíamos a Juan Pablo II en la Casa Madre de mi Congregación, era el año 1996 en Tours (Francia).

Se alojó en nuestra casa casi una semana, fue inolvidable. Una experiencia que nunca se borrará de mi mente.

Juan Pablo II lo miraba todo, y sobre todo miraba el corazón de quienes estábamos con él. Nadie nunca había llegado tan lejos dentro de mi alma. ¿Qué debía ver en ella? Ni yo misma lo sé, pero algo cambió en mí.

Entre la intimidad y la profundidad de su mirada, estaba su picardía; te sorprendía esta mezcla. Hacía bromas, preguntaba, escuchaba y rezaba a pesar de estar muy cansado y de ser muy tarde.

El día que se iba, nos reunimos todos en la capilla. Yo hacía fotografías, me arrodillé para hacer la foto de grupo y entonces, riendo, Juan Pablo II me dio la bendición. Yo sólo pretendía que todo el mundo cupiese en la foto, y él lo sabía, pero al estar de rodillas me bendijo, mientras resonaba la risa de todos los presentes. Comencé a llorar sin saber qué me había pasado.

Cada vez que me encontraba con él, yo perdía la palabra; lo miraba, me miraba. Pensar que he estado con Juan Pablo II y casi no le dije nada... ¿Quién se atrevía a hablar? Podemos decir que es un hombre que ha cambiado el mundo, que ha cambiado la Iglesia, y puedo decir que fue el hombre que ha cambiado mi corazón.


 

 

 

Su unión con Juan Pablo II se expresaba en el celo y en el profundo respeto con que intentaba escuchar y responder a la voluntad de Dios  a través de sus consejos, obedeciendo a las peticiones y aceptando las misiones que él le confiaba. Entre los dos existía una profunad comunión espiritual que se manifestaba en una amistad afectuosa, basada en la íntima unión con Dios y en el servicio a sus hijos.

Testimonio de la Madre Teresa de Calcuta a través de Nirmala María intima colaboradora suya en los ultimos años de vida.

 

 

En él Jesús y María me parecen vivos y activos

El es todo a la vez. Confesor de la fe (sus escritos y sus viajes); Doctor (sus discursos y encíclicas) ; Mártir (sus heridas, su perseverancia en el servicio divino hasta el final); apóstol durante toda la vida; hermano universal por su amor por la naturaleza, el deporte, el teatro, por cada hermano y hermana de la humanidad, sobre todo por los más pequeños: caballero de la Virgen María…
En síntesis,  estaré allí para aplaudir a su amigo, nuestro Papa Benedicto XVI, tan cercano a él durante todo su pontificado  y, sin duda, su mejor testigo, cuando lo proclamará beato y santo junto a los santos protectores de Polonia, Alemania, Europa…
Marie Thérèse, laica consagrada- Francia

 


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