Desde el seminario
Soy un seminarista de la diócesis de Cartagena en España y quisiera dar las gracias a Juan Pablo II en el discernimiento continuo de mi vocación. Recuerdo aquella jornada mundial de jóvenes en Toronto 2002 cuando el siervo de Dios, Juan Pablo II nos dijo que fuéramos jóvenes intrépidos y centinelas del evangelio en este tercer milenio, dispuestos a dar la vida por Cristo y por su evangelio. Yo ya me estaba pensando eso de entrar en el seminario pero no me decidía a dar el paso; decisivo fue escuchar al Santo Padre y sentir esa necesidad de decirle a Cristo “SI” en ese mismo momento. Doy gracias al Papa, porque en los momentos difíciles y débiles me cojo a la cruz y veo a Cristo que no se bajó de ella y resuenan en mi corazón las palabras del Papa: “¡ No tengáis miedo¡”. Escribo estas letras porque Juan Pablo II lo considero como mi propio padre y pido que desde el cielo ruegue al Padre Eterno para que si es su santa voluntad llegue un día a ser ordenado santo sacerdote y dedicarme como hizo ´el a toda la humanidad.
Hasta luego padre y maestro, tu nos lo enseñaste todo, ahora quedamos nosotros para enseñar lo que nos dejaste a la gente que no te conoce. Un beso de mi parte, amigo.
Antonio España
…porque sé que ya lo haces.
Bueno, al final también tú me has dejado. En fin de cuentas, todos, antes o después, tenemos que morir, pero nunca hubiese pensado que también tú, un día, nos habrías dejado. Sabes en los días de tu calvario todos habíamos perdido la esperanza que hubieses podido superarlo. Todos menos yo. No sé porqué, pero en mi corazón aquella esperanza no quería apagarse y entonces rezaba, rezaba tanto por ti… Dolía verte sufrir… pero los misterios de Dios son infinitos y así como habías llegado, así te ibas, rodeado de todos nosotros… En tu funeral el viento pasaba las hojas del Evangelio, de aquel Evangelio que durante tu vida has amado y predicado… Quizás el ataúd reflejaba tu ser. Reflejaba tu modo de vivir, tu carácter, pero sobre todo tu sonrisa grande y sencilla, sencilla como aquella caja de madera. No es posible que mis ojos no brillen y mis labios no sientan el sabor de la lágrima que cae. En aquella lágrima está encerrado un recuerdo (…) Sé que junto a mi ángel custodio estás también tu para protegerme, sé que cuando caiga, serás tu quien me levante y cuando llore serás tu quien me consuele y seque mis lagrimas. Por tanto, no te pido que veles sobre mis seres queridos o reces por mi, porque se que ya lo haces. Te doy las gracias por todo lo que has hecho por mí. Te doy las gracias por todo lo que has hecho por mi familia. Te doy las gracias por todo lo que has hecho por el mundo, mi buen Papa Juan Pablo II.
Maddaloni, Italia, 09.11.2005 carta de una adolescente dejada en la tumba.
Por la amistad a Cristo….
Tengo un amigo que estaba metido en droga y en el último viaje de SS Juan Pablo II a España, este amigo me invita a dar un paseo y le digo que no, pues al día siguiente tendría que madrugar para asistir a la misa del Santo Padre. Se quedó callado unos minutos y luego me pidió que él quisiera ir a esta Misa; lo más importante es que se confesó y comulgó, y desde ese día no ha tomado más droga. Es interesante saber que este chico no ha hecho ningún tratamiento contra la droga, solamente se ha acogido a la Oración del Santo Padre.
Jorge Guimera LLanes, España 8.12.05
Para mí, es el Papa de mi vocación...
"Vosotros sois la luz del mundo" (en ese momento miró a todos los jóvenes, mirada inquisitiva que también sentí puesta en mi) y continuó "Está amaneciendo"... solo lagrimas salían de mis ojos, tanto tiempo yendo a la parroquia, incluso activamente, pero tibio, nunca como protagonista, sino más bien de una manera pasiva.
...El amor que Juan Pablo II demostró por los jovenes fue lo que hizo que me decidiera a ser católico apostólico romano, en serio...
Un sacerdote me aconsejó leer Don y Misterio donde el Papa Juan Pablo II (en aquel entonces) hacía una especie de biografía de su ministerio sacerdotal que ya cumplía 50 años... no podía parar de leer, su amor, su entrega absoluta a Dios y a la Madre Iglesia. Fue entonces cuando decidi hacerme la pregunta... Ya no ersa: ¿Qué quiero? ¿Qué debo hacer? Ahora era: Jesús ¿qué quieres de mí? ¿Cuál es mi lugar en tu Plan de Salvación? Para qué me has creado, aquí y ahora? y cual fue mi agonía cuando llegó la respuesta del Señor: ABANDONALO TODO Y SIGUEME.
Y ahí abrí los ojos, me acerqué a mi párroco y le confié mis presentimientos de que el Señor me quería como trabajador en su viña...
Flavio Emanuele Brecciaroli, Argentina, 10.08.2005