Home Quienes Somos Internacional Voluntariado Buscador 07/10/2008
 

JUAN PABLO II
 
 
 



 

Wojtyla sostiene que el mayor sufrimiento le viene al hombre de su falta de “visión” (como leemos en  Pensamiento Extraño espacio, de 1952) porque es incapaz de ver aquello que más importa y por eso debe luchar  a fin de abrirse camino entre signos, quizás a tientas, en la oscuridad. No comprende así el sentido del todo, de si mismo, del mundo, de la vida.

Antonio Spadar S.I

 

 

“Esta es la etapa más fecunda de su trayectoria pontificia, la de más proyección apostólica sobre este mundo dominado por inmensos sufrimientos. Ante este mundo a la deriva Juan pablo II enarbola con decisión y esperanza, la cruz de Cristo Salvador”.

Cardenal Jean Marie Lustinger

 

...con Juan Pablo II todo se volvió superlativo comparado a pontificados anteriores. Solo piense en el número de audiencias, de viajes, de documentos, de liturgias o las Misas de primera hora en la capilla privada del Papa a la cual siempre se invitaba gente. Eso costaba tiempo, día tras día, eso se tiene que tomar de alguna otra parte. Para Benedicto XVI tal ritmo sería impensable. Después de todo, Juan Pablo II llego a ser Papa no a los 78 sino a los 58.

orresponde auna entrevista realizada a: Georg Gaenswein, secretario del Papa Benedicto XVI

 

 

IMPRESIONANTE TESTIMONIO

Testimonio de Su Eminencia Card. Stanislaw Dziwisz publicado en el nº 1 del Boletin de la Postulación de la Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios, Juan Pablo II. TOTUS TUUS

Karol Wojtyla quería ir al encuentro del hombre como poeta y actor, con la belleza
de la palabra y a través de la palabra. Dios lo había elegido, como sacerdote y
obispo, para ir al encuentro del hombre con el Verbo, que es el Redentor del hombre.
El 16 de octubre de 1978, Dios lo llamó como sucesor de San Pedro para que llevase
a toda la humanidad al Verbo que es el Camino, la Verdad y la Vida.
Y lo hizo en los diversos modos de su enseñanza, también en sus obras literarias,
armonizando magníficamente Verdad y Belleza.
Con toda su alma había dicho a Dios:Totus Tuus ego sum et omnia mea Tua sunt.
El Siervo de Dios permanecía arrodillado ante Dios, vivía de Dios y para Dios.
Quien tenía contacto con él, se daba cuenta enseguida de su profunda unión con
el Señor.
El contacto con él acercaba a Dios; las personas se sentían por así decir atraídas
por el misterio de la divina presencia. Muchas veces he encontrado personas que subrayaban que de él irradiaba una luz.
Todo esto provenía de la profundidad de su unión con Dios en la oración.
No separaba en su vida ocupaciones y oración. Todo era oración.
Su vida era simplemente oración.
El amor por la oración lo había aprendido en su casa paterna y en concreto de su padre,
cuya vida, después de la muerte prematura de su esposa, «se transformó ... aún más
en una vida de constante oración». Una intensa y profunda vida de oración que se expresaba en diferentes formas de coloquio con Dios: desde la simplicísima oración del
niño, a la oración de las horas litúrgicas del sacerdote, hasta la contemplación.
En su vida de oración, ocupaba un puesto muy importante su devoción mariana, cuyas
formas tradicionales había aprendido también en la casa paterna y en la parroquia.
Al principio estaba «convencido de que María conduce a Cristo», después empezó
«a entender que también Cristo nos conduce a María» (Juan Pablo II, Don y misterio, p.
37-38).
Le quedaron grabadas profundamente en su corazón las palabras de San Anselmo:
«Os alimento de lo que yo mismo vivo».
Como sacerdote tenía conciencia de que «el ministerio de la palabra consiste en manifestar
lo que antes ha sido contemplado en la oración», de que «las verdades anunciadas
tienen que ser descubiertas y asimiladas en la intimidad de la oración y de la meditación
» (En el XX aniversario del Decreto
Presbyterorum Ordinis, 27 octubre 1995).
La Santa Misa era el centro de su vida y de cada jornada.
Su amor a la Eucaristía se expresaba también en permanecer a los pies de Jesús presente
en el Santísimo Sacramento. Consideraba una suerte enorme que en la casa del obispo
hubiese una capilla, el poder vivir y trabajar bajo la presencia eucarística de Cristo.
Era, sin embargo, consciente de que la cercanía de esta capilla era al mismo tiempo un
gran compromiso «para que en la vida del obispo todo - predicación, decisiones - la
pastoral - tenga inicio a los pies de Cristo, escondido en el Santísimo Sacramento». Teniendo
en cuenta este "todo", en la capilla él no sólo rezaba, sino que escribía también libros.
Sabía que como sacerdote estaba llamado «a ser hombre de la palabra de Dios» y que
«el hombre de hoy se espera oo. antes que la palabra "anunciada", la palabra "vivida"».
El Santo Padre estaba de rodillas también ante el hombre.
En cada persona el Siervo de Dios veía la imagen de Dios y esto impregnaba su relación
con el hombre. Conservamos en la memoria sus manos extendidas hacia el hombre.
Sus brazos abiertos que estrechan contra sí a cada uno y a todos. Incluso cuando
aquellas manos fueron heridas por un hombre ignobile, no se cerraron en un puño, en
un gesto de odio y de deseo de venganza. Aquellas manos, y con ellas, abrieron también
las puertas de su residencia episcopal atodos los hombres.
Iban, pues, sacerdotes y laicos; gente sencilla y hombres de ciencia y de cultura.
Siempre con atención y paciencia escuchaba a cada uno, nunca daba la impresión de tener
prisa, de tener que despachar algo que fuese más importante.
Respetaba la opinión dada por el interlocutor, aún cuando no la compartiese.
El profundo respeto por el hombre lo sentía igualmente hacia la mujer.
Por eso nadie se sorprendía, ni creaba sospechas en nadie su simple y sincero, puro,
modo de tratar a la mujer. En sus predicaciones y en sus publicaciones mostraba la
belleza de la fraternidad, porque Dios, en  efecto, ha creado al hombre a su imagen y lo
ha creado hombre y mujer. Este respeto nacía también de su profunda devoción a la
Madre Santísima.
Estaba convencido de que los jóvenes son el futuro de la Iglesia, por eso ya en los años
transcurridos en Cracovia se encontraba con los jóvenes o en los centros de la pastoral
universitaria o en los centros de los oasis. Siendo Papa confesó que en esas actividades
aprendió a estar con ellos, aprendió qué significa ser joven, cuánto es hermoso y al mismo
tiempo difícil (cfr. Pielgrzymki, p. 444). Sabía mostrar la belleza de la vida que proviene
de Dios y conduce a EL Gozaba de la vida y quizás con este entusiasmo atraía a
los jóvenes.
Unido a Dios, era un hombre de total abandono en EL
Por eso las dificultades y los sufrimientos, que no le faltaban en la vida, no lo abatían,
sino que lo radicaban más en su entrega a Dio, en este Totus Tuus ego sumo
En su testamento papal escribió: «No dejo tras de mí propiedad alguna de la que sea
necesario disponer». Siempre había sido así. Verdaderamente vivía las palabras de Cristo
pronunciadas en el discurso de la montaña: «No os afanéis pues diciendo, ¿qué comeremos?
¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos?  Vuestro Padre que está en los
cielos sabe bien de qué tenéis necesidad»
(cfr. Mt 6, 31-32).


Intervención de Su Eminencia
Card.  Stanislaw Dziwisz
Catedral de Wawel
4-noviembre-2005
 

 

 

 

Dios suele valerse de los hombres y mujeres para que, mediante su apostolado, muchas otras personas reciban la gracia para convertirse y dejar el camino equivocado.
 
Escribe Pbro. José Martínez Colín

1) Para saber
 
Hace varios años en París, durante un viaje que hizo el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, hubo una gran concentración de jóvenes. Cuando terminó el acto, un joven de unos veinte años logró acercarse y le gritó al Papa: “Soy ateo, ¡ayúdeme!”. El Papa se acercó al muchacho y, tomándole aparte, le dirigió unas palabras.
 
Poco después, ya en Roma, el Papa le dijo a su secretario que tal vez no había sabido darle la respuesta adecuada al joven. Entonces el secretario, por encargo del Papa, le escribió al cardenal de París pidiéndole que encontraran a ese joven.
 
Aunque parecía una misión imposible, gracias a muchas personas que colaboraron y a las fotografías que habían tomado a la salida del acto, pudieron identificar y encontrar al joven ateo.
 
Le dijeron que el Papa había pedido que lo buscaran para decirle que rezaba y seguía preocupado por él. El joven contestó que después del acto fue a una librería y compró el Nuevo Testamento. Al leerlo encontró la respuesta a sus dudas. Ahora ya estaba recibiendo clases de la fe católica y pidió que le dijeran al Papa que pronto recibiría el Bautismo. Sobra decir la gran alegría que le proporcionó al Papa.
 
Esta conversión del joven se debe, sin duda, a la gracia de Dios, pero la oración del Papa también contribuyó. Dios suele valerse de los hombres y mujeres para que, mediante su apostolado, muchas otras personas reciban la gracia para convertirse y dejar el camino equivocado.
 
2) Para pensar
 
Desde su mismo origen, el día de Pentecostés, la Iglesia se manifestó misionera. En ese día el Espíritu Santo bajó sobre los discípulos que estaban reunidos junto a Santa María, la Madre de Dios. Nos cuenta la Escritura que “aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos...” (Hch. 2,2-3). Esas “lenguas” tienen su significación.
 
En la tradición judía las “lenguas” significaban tener la misión de anunciar, de dar testimonio. Esa misión ya la habían recibido los Apóstoles de parte de Jesús. El Papa Juan Pablo II decía: “Aquella ‘lengua’ era un signo de la conciencia que los Apóstoles poseían y mantenían viva acerca del compromiso misionero al que habían sido llamados y al que se habían consagrado” (Audiencia general, 20-IX-1989).
 
La Iglesia es misionera. Sin embargo, no podemos pensar que la Iglesia es únicamente la jerarquía, los obispos y los sacerdotes, sino que está integrada por todos los bautizados. Es más, la mayoría son laicos. Por tanto, todos tenemos la misión de ser testigos de Cristo, con nuestra conducta y con nuestra palabra.
 
Pensemos si somos conscientes de la misión que Cristo nos ha encomendado.
 
3) Para vivir
 
A partir del 29 de junio, el Papa Benedicto XVI proclamó el “Año de San Pablo”. Y una característica de este Apóstol fue su gran empeño por difundir la Palabra de Dios.
 
Nosotros hemos de secundar esta iniciativa y contribuir a transmitir el espíritu cristiano con nuestro ejemplo y con nuestra palabra en el lugar en donde Dios nos ha puesto: el hogar, el trabajo, la parroquia, las amistades, etc.
 
(Comentarios: padrejosearticulos@gmail.com)
 
Más información http://www.politicaydesarrollo.com.ar/
Para suscribirse editor_politicaydesarrollo@yahoo.com.ar

 

 

...era de hecho, un obispo que no solo no tenía miedo del mundo, sino, que con el apyo del mensaje evangélico, salía a su encuentro sin titubeos.

Stanislao Dziwisz

 

...Es necesario una reflexión de lo que significa y de sus consecuencias para poder comprender con la suficiente perspectiva la abundante doctrina sobre el amor que nos ha dado como herencia el pensador polaco.

Juan José Perez Soba
Facultad de Teología San Damaso(Madrid)

 

 

Se trata de un pequeño testimonio.
Tengo que reconocer que fueron palabras tomadas del Santo Padre y que además vi en un folleto-invitación para hacer una tanda de ejercicios espirituales con la Milicia de Santa María, el  2 de abril de 1982, ocho días antes de la Semana Santa.  Creo que el texto empezaba con las palabras que pronunció Juan Pablo II el día de su elección, el 16 de octubre de 1978: “No tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo… Sólo nuestro Señor Jesucristo  puede frenar las pasiones, dar sentido a nuestra vida, colmar el ansia de felicidad que tiene el corazón humano”…  Estas palabras quedaron grabadas en mi alma y, por fin, decidí hacer los Ejercicios Espirituales. Fue la cosa más grande que hice en mi vida, porque experimente el amor de Dios y su perdón. Arrepentido de todo, lloré toda una noche, como el hijo prodigo, por mis miserias y pecados. Experimente esa paz que llena el vacio del corazón humano y que solo Dios puede dar. Me sentí amado por Dios. Era el hombre más feliz del mundo.

P.Juan José Llorente, CP.,  Betania, 15.04.2005

 

 

Pienso que para todos los que hemos crecido durante su pontificado, es el Pontífice de nuestra vida. El Papa cuya figura enseñanzas y ejemplo han influido en la formación de nuestra personalidad. En mi caso ha influido no sólo en mi formación humana, sino también sacerdotal. En un modo importante, su presencia en una historia que tenemos en común; ha influido en la elección de mi vocación. Algunos encuentros personales con él, durante mi permanencia en Roma, han dado a mi vida un color particular…

Sería una cosa extraña o inquietante si una persona del alcance de Juan Pablo II, con el influjo tan enorme que ha tenido en la historia y en las personas, no hubiese provocado sentimientos contrarios.

Monseñor Slawomir Oder  (Postulador en el Proceso de Beatificación y Canonización de Juan  Pablo II) 

 


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