Comunicado del CELAM en el primer aniversario de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe celebrada en el Santuario mariano brasileño de Aparecida
Jueves, 15 may (RV).- El CELAM recuerda en un comunicado el primer aniversario de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, inaugurada por Benedicto XVI, el 13 de mayo de 2007 en el Santuario mariano brasileño de Aparecida.
Destacando que el tema de esta conferencia general fue «Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida», los obispos latinoamericanos y caribeños hacen hincapié en que el momento central fue el discurso inaugural de Benedicto XVI que, «como en las precedentes conferencias generales, marcó una pauta clara de reflexión sobre la realidad latinoamericana y sobre el papel de la Iglesia en este continente de la esperanza».
Discurso en el que el Papa «confirmó la continuidad pastoral con las Conferencias Precedentes, subrayando que el mismo Espíritu que animó a las anteriores da ahora un nuevo impulso a la Evangelización» de los pueblos de América Latina y del Caribe. Los obispos del CELAM evocan las entrañables palabras de Benedicto XVI, enfatizando que «la fe es, necesariamente, comunión con los otros liberándonos del aislamiento del yo, motivando con su mensaje la búsqueda de una experiencia de fe que trasciende el intimismo, el individualismo religioso, el abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos sociales y políticos de América Latina y del mundo».
Ante la problemática Latinoamericana el Santo Padre se preguntó «cómo puede contribuir la Iglesia a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos y responder al gran desafío de la pobreza y de la miseria en nuestros pueblos», señalan los mismos obispos, recordando que Benedicto XVI aseguró, al respecto, «que las estructuras justas son una condición indispensable para una sociedad justa». Y que «desde esta perspectiva, el Santo Padre afirmó que la globalización debe regirse por la ética poniendo todo al servicio de la persona humana».
Tras subrayar que, en otra parte del discurso inaugural, pronunciado hace un año en el inicio de la Conferencia de Aparecida, el Papa recordó que «la evangelización ha ido siempre unida a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana», pues «la vida cristiana no se expresa solamente en las virtudes personales sino también en las sociales y políticas», el comunicado del CELAM recuerda también que el discurso inaugural de Benedicto XVI finalizó con la súplica de los discípulos de Emaús: «Quédate con nosotros porque atardece y el día ya ha declinado» (Lc 24,29), súplica que ha sido retomada para la oración que acompañará a la misión continental.
El comunicado del CELAM termina señalando que «la celebración del primer año de Aparecida comenzó el viernes pasado en Roma, cuando en el marco de la celebración de los 50 años de la Pontificia Comisión para América Latina fue presentado el libro ‘Aparecida 2007: Luces para América Latina’ y finalizará en Bogotá el día 30 de mayo próximo con un acto en el Instituto Teológico Pastoral para América Latina, donde se tendrán ponencias sobre el acontecimiento de Aparecida y se presentará el libro ‘Testigos de Aparecida’ editado por el mismo CELAM».
La «comunicación» en el Documento de Aparecida
Según el padre Beramendi, del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales
LOJA (ECUADOR), jueves, 25 octubre 2007 (ZENIT.org).- Para el padre Justo Ariel Beramendi, oficial en lengua española del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, el documento final de Aparecida “invita a ser leído en clave de comunicación”.
El sacerdote ha analizado este aspecto en el texto resultante de la V Conferencia General del Consejo del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM, http://www.celam.info/) celebrado en Aparecida, Brasil, en mayo, con la presencia de Benedicto XVI.
“Allí donde veamos la palabra misión, comunión, evangelización, testimonio o discipulado la entenderemos como la acción de comunicar a Cristo y su mensaje”, especifica el presbítero boliviano experto en comunicación.
“La reflexión en Aparecida parte del mismo hecho de que la sociedad de la información en la que nos encontramos es producto del ‘ecosistema comunicativo’ creado por las nuevas tecnologías de comunicación, donde estos instrumentos lo invaden todo, y en no pocas ocasiones --advierte-- pueden amenazar la privacidad de los ciudadanos”.
Así lo expuso en el III Congreso Latinoamericano y Caribeño de Comunicación: «Comunicación, ciudadanía y valores», que se ha celebrado en Loja (Ecuador) del 15 al 19 de octubre.
“A nivel interpersonal, se afirma que los nuevos espacios de comunicación son una oportunidad para reforzar y estimular el intercambio de experiencias y de informaciones que intensifiquen la práctica religiosa a través de acompañamientos y orientaciones entre la comunidad”, ha expuesto Beramendi.
“Los obispos del Continente Latinoamericano y del Caribe ven como un signo de esperanza el gran número de medios de comunicación que tiene la Iglesia y con el que puede incidir en la cultura”, reconoce el documento.
También hay aspectos negativos –observa el padre Beramendi--: “Los obispos desde Aparecida denuncian que los grandes medios de comunicación están creando una cultura donde la ciencia y la técnica sirven sólo al mercado con los “únicos criterios de la eficacia, la rentabilidad y lo funcional”, marginando la dignidad de la persona humana”.
“Aparecida valora mucho el rol del laicado cuando habla de actividad evangelizadora laical y la incidencia de los laicos en la cultura actual –formada y tantas veces deformada por los medios de comunicación; es precisamente en este espacio donde los bautizados están llamados a comunicar a Cristo”, recalca.
Según el sacerdote, oficial del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, “los obispos se comprometen públicamente a hacer un camino junto a los comunicadores, acompañando y animando las iniciativas en este campo, lo cual implica un considerable cambio de mentalidad”.
En el texto se asume Internet con “realismo y confianza” y se reconoce que “la brecha digital ocasiona nuevas formas de exclusión, por lo que se hace un llamamiento a las parroquias, comunidades, centros e instituciones católicos a crear espacios de formación y acceso a Internet para acceder a la cultura mediática”.
“Aparecida muestra su preocupación por el rol de los católicos en la vida pública y la incidencia de la misma Iglesia en la opinión pública de la sociedad, invitando a los agentes de pastoral y en particular a los ministros de culto a ser “líderes de opinión”, lo cual exige una formación permanente en temas de coyuntura para la Iglesia y la sociedad”, concluyó en Loja el padre Beramendi.
El texto completo de su intervención está disponible en http://iglesiaycomunicacion.blogspot.com/. El Documento de Aparecida se puede descargar, en formato «pdf», desde el enlace http://www.celam.info/download/Documento_Conclusivo_Aparecida.pdf .
Desde Aparecida a la misión
Editorial del portavoz vaticano
ROMA, domingo, 3 junio 2007 (ZENIT.org).- «El camino abierto por el gran discurso de Benedicto XVI el 13 de mayo ha dado sus primeros frutos», reconoce el portavoz vaticano recién concluida la V Conferencia General de los Obispos de Latinoamérica y del Caribe (celebrada en Aparecida, Brasil).
«Decimos “primeros” porque los verdaderos frutos deberán llegar de ahora en adelante en la vida de la Iglesias del Continente. Pero el impulso y la dirección son motivo de gran confianza», subraya el padre Federico Lombardi S.I., director de la Sala de Prensa de la Santa Sede.
En su editorial de la última cita de «Octava Dies» -semanario producido por el «Centro Televisivo Vaticano» (del que es también director) y difundido por canales católicos de televisión de todo el mundo-, el sacerdote contempla la gran cita eclesial, clausurada el pasado jueves. «Naturalmente -apunta-, quien esperase novedades extraordinarias se habrá quedado desilusionado».
«Pero lo que cuenta es el sentido vivo de la identidad de la comunidad eclesial que se compromete en una nueva “misión continental”, cuyas prioridades claras son: el anuncio del Reino de Dios y la promoción humana», recalca.
En la reflexión de los obispos del Continente «han estado bien presentes» «los grandes desafíos del tiempo» -comenta el padre Lombardi-, tales como «la dificultad en la transmisión de la fe, la globalización» o la «injusticia estructural».
En este contexto, «a partir de la fe en Jesucristo, que nos revela el amor de Dios Padre, las comunidades eclesiales se deben renovar en su pastoral y en su testimonio de vida cristiana», añade.
Como explica el portavoz vaticano, «la “opción preferencial por los pobres” –que Benedicto XVI había declarado “implícita en la fe en un Dios que se ha hecho pobre por nosotros”- se declara de nuevo en voz alta, introducida en un horizonte de compromisos de amplio radio, que van desde la promoción de la justicia internacional a la defensa del matrimonio, de la familia, de la vida y de la creación».
Se trata, por lo tanto, de una evangelización «encarnada e inculturada, que reabra a los jóvenes –a esos jóvenes que hemos visto con tanta confianza abrazados a Benedicto XVI en Brasil- la esperanza a la que tienen derecho», insiste.
«La Iglesia universal se siente unida a la latinoamericana en su renovada condición de “misión permanente”», concluye.
Vicepresidente Emérito de la CAL: Aparecida tiene que impulsar evangelización
Mons. Cipriano CalderónVATICANO, 30 May. 07 / 09:43 pm (ACI).- El Vicepresidente Emérito de la Pontificia Comisión para América Latina, Mons. Cipriano Calderón Polo, aseguró que la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que mañana termina en Aparecida tiene el desafío de dar “un nuevo impulso a la evangelización”.
“Lo importante es que Aparecida sea un evento evangelizador, que dé un nuevo impulso a la evangelización. Esta V Conferencia deberá centrar totalmente su atención en Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, único Salvador del mundo, estudiar las relaciones de Cristo con América en todos los ámbitos -humano, familiar, social, religioso-, para lograr que la luz del Evangelio penetre profundamente en los corazones, en las estructuras, en la vida de los latinoamericanos”, indicó el Obispo en una entrevista concedida a la agencia vaticana Fides.
Según Mons. Calderón, que según Fides “conoce profundamente la realidad latinoamericana”, Aparecida debe “poner a todos, especialmente a los jóvenes, en marcha decidida hacia Cristo, hacia los nuevos cielos y la nueva tierra de que nos habla la Biblia. Marcha difícil, pero gozosa y esperanzadora. Nos acompaña y guía Benedicto XVI que, con su carisma especial de Maestro y Pastor, ilumina el camino con certeras orientaciones. Escuchar al Papa, aceptar gozosa y generosamente el programa que nos propone”.
El Obispo ha participado en tres Conferencias Generales Latinoamericanas (Medellín, Puebla y Santo Domingo) y asegura que ha visto estos eventos “como grandes eventos evangelizadores, que han marcado la trayectoria histórica de la Iglesia en el Continente. El impacto evangelizador que produjo la celebración de cada una de las Conferencias fue realmente muy relevante”.
“La comunión eclesial suscitada entre los Pastores reunidos y el dinamismo pastoral desencadenado en el pueblo de Dios, con la movilización de los fieles y de los agentes pastorales, durante el periodo preparatorio y el periodo postcelebrativo, tuvieron a mi modo de ver, más impacto que los mismos documentos producidos por las tres citadas Asambleas”, indicó.
Para el Obispo, “el momento culminante en cada una de ellas, que fue la presencia del Santo Padre en la inauguración de las mismas y el mensaje que desde ellas lanzó el Pastor Universal a todo el Continente”.
¿Magisterio latinoamericano?
En este sentido, discrepa de quienes califican como “magisterio latinoamericano” a los documentos conclusiones de estas citas episcopales. “Los de Puebla y Santo Domingo no sólo los he estudiado a fondo, sino que también estuve de alguna manera implicado en la redacción o revisión de los mismos. Son ciertamente documentos muy importantes y muy orientadores. Sin embargo, matizando bien las cosas, no creo que se les pueda conceder el rango de ‘magisterio latinoamericano’, como alguien ha propuesto”, indicó.
En cambio, consideró que hay “un gran documento del Magisterio Pontificio que, con sus espléndidas orientaciones doctrinales y pastorales, es el ‘manual’ para la vida eclesial y para la tarea evangelizadora en América Latina. Me refiero a la Exhortación Apostólica Postsinodal de Juan Pablo II ‘Ecclesia in America’ (22 de enero de 1999), fruto de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para América Latina, celebrada en el Vaticano del 16 de noviembre al 12 de diciembre de 1997. Este documento todavía tiene que ser más estudiado, y más amplia y profundamente aplicado a la Iglesia de América Latina. Esperamos pueda seguir iluminando los caminos de la Evangelización de los pueblos del Continente”.
Según recuerda Fides, Mons. Cipriano Calderón Polo “en 1968 puso en marcha la Edición de Lengua Española de L’Osservatore Romano, proyectándolo sobre todo hacia las Iglesias de América Latina. Desde 1988 hasta el 2003, ha cubierto el cargo de vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Ha participado en tres Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y en la Asamblea especial para el Sínodo de los Obispos para América en 1997.
Fecha publicación: 2007-05-30
El presidente de la Conferencia Episcopal Española en Aparecida
Entrevista a monseñor Ricardo Blázquez Pérez, obispo de Bilbao
APARECIDA, miércoles, 30 mayo 2007 (ZENIT.org).- En reconocimiento de la obra evangelizadora de España en América, por primera vez han participado en un Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe obispos de España.
Entre los presentes en el santuario de Nuestra Señora Aparecida se encuentra monseñor Ricardo Blázquez Pérez, obispo de Bilbao, presidente de la Conferencia Episcopal Española, quien en esta entrevista concedida a Zenit ilustra retos comunes que comparten América Latina y España.
--¿Destacaría entre estos retos comunes la secularización?
--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: Así como en Europa tenemos ya experiencia de esa secularización vivida, diariamente padecida, aquí me da la impresión, por lo que yo he podido ver, de que en estos países es más bien una amenaza. No se trata todavía de una vivencia, aunque pueda darse en medios de comunicación algunos signos.
Por la misma reflexión que se está haciendo en la Conferencia, creo que hay cuestiones que se tienen en cuenta más bien como posibles amenazas de carácter moral: el aborto, los peligros para el matrimonio como unión de un varón y una mujer por amor y por vida para la procreación y la educación de los hijos… Estos problemas, digamos morales, que experimentamos desde hace algún tiempo en Europa, aquí son más bien una amenaza.
--¿Qué ha tratado de transmitir a los obispos de Aparecida sobre la realidad de su país o de su experiencia pastoral?
--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: Intervenimos cada uno de los que habíamos sido invitados de otras conferencias episcopales. Creía que debía informar sobre la situación de la Iglesia en España. Y la Iglesia en España tiene un capítulo evidentemente de relaciones con el gobierno, pero hay otros capítulos también. Por ejemplo, hablamos de lo que venimos haciendo para la transmisión de la fe, un desafío importante también aquí.
Por otra parte, España se ha convertido en un país receptor de inmigración muy grande. ¿Qué podemos hacer en este campo entre los países de los que fundamentalmente proceden los inmigrantes hacia España y España misma? Ese es otro capítulo importante sobre el cual hemos tenido alguna reunión aquí. Con los que queden responsabilizados del sector de migraciones, en el mes de julio estableceremos una comunicación para ver cómo podemos, entre todos, el país emisor y el país receptor, facilitar la inserción de los inmigrantes.
En particular, veremos cómo podemos ofrecer hospitalidad en nuestras parroquias, en los grupos cristianos, para que la preocupación enorme que significa tener que cambiar de un país a otro afecte lo menos posible en el campo de la fe dentro de la Iglesia católica.
--¿Qué es lo que más le ha llamado la atención del «Documento» que publicará la Conferencia de Aparecida?
--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: A mi me ha llamado la atención el arranque mismo del documento: se comienza dando gracias a Dios por los bienes que hemos recibido de nuestro Señor Jesucristo y que han sido cultivados, convirtiéndose en tradición aquí, en América Latina y en el Caribe. Expresa la alegría de ser discípulos y misioneros de Jesús. El ser cristiano es una gracia inmensa. Es una esperanza que nos abre esa puerta al futuro para ir caminando diariamente con la luz del Señor y transmitiendo lo que significa la gracia del Evangelio.
Se dice en nuestro «Documento» que lo mejor que nos ha podido ocurrir es habernos encontrado con Jesucristo. Y esta dicha la deseamos a todos. La Iglesia, todos nosotros, consideramos como un gozo grande el que el Señor nos haya confiado la transmisión del Evangelio. Entonces este arranque me parece que es muy importante. No se trata simplemente de analizar la realidad con los ojos de pastores, sino también de vernos nosotros ante el Señor con la gracia y con la responsabilidad que nos ha confiado.
En otro orden de cosas yo tengo la impresión de que se ha producido ya un cambio de óptica. La misión cristiana no mira tanto a la transformación de las estructuras cuanto al encuentro con Jesucristo a través de la fe, del amor, de la esperanza, en la comunión eclesial, unidos en la Iglesia, para que el mundo tenga en nuestro Señor Jesucristo vida.
Y, en este contexto, aparecen diversos ámbitos y aspectos de la misión de la Iglesia. Siempre se subraya que la Iglesia no puede abandonar a los pobres. Cuando la Iglesia, en su misión, se encuentra con los pobres, tiene que acercarse a ellos. No puede ni debe abandonarlos. Entonces aparece esa opción preferencial por los pobres que aquí en América Latina nació y que se hace sentir tanto.
El primero que ha hecho la opción preferencial por los pobres, o si se quiere, por ser pobre, ha sido Jesús, que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros. Y a los discípulos nos ha enseñado la sublime lección de seguirlo como pobres. A Él, que es el pobre por excelencia, nosotros tenemos que seguirle como pobres.
Tenemos que evangelizar también dentro de la pobreza y de la limitación de medios, sin confiar en el poder del dinero, en el poder del mundo, sino sencillamente en la gracia del Señor. Los destinatarios preferenciales en este marco son también los pobres, los necesitados, los últimos, los excluidos.
--La Conferencia de Aparecida, ¿aporta novedades?
--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: Ser discípulo de Jesús tiene un recorrido. Comienza en un encuentro con nuestro Señor. El encuentro con Jesús es el comienzo del discípulo que se pone en camino. Es un camino de formación. Estar con Jesús, ser formados por Él. Ser enviados a predicar.
Juan Pablo II comenzó a hablar de la iniciación cristiana cuando se estaba preparando el quinto centenario del comienzo de la evangelización de América. Y puso en relación la nueva evangelización con aquella primera evangelización fundante de estos pueblos, que ha creado una forma inculturada de la fe cristiana realmente admirable: tiene en su centro neurálgico en Jesucristo crucificado y en la Eucaristía, en la Virgen Santísima, y en la obediencia al Papa.
Además, el Papa hablaba de una nueva evangelización. El Concilio Vaticano II puso el bautismo como base de la fraternidad cristiana. A partir de ahí se desarrolla la iniciación cristiana. Es una aportación importante de este «Documento» de Aparecida: hay que desarrollar esa iniciación cristiana a partir de ese fundamento compartido por todos, el bautismo, y de ahí van surgiendo las diversas vocaciones dentro de la Iglesia, carismas, ministerios…
--¿Puede ofrecer una contribución la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano a la Iglesia en Europa?
--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: Aquí experimentamos una frescura y un impulso apostólico, una especie de empeño existencial por transmitir el Evangelio muy vigoroso, muy fuerte. Es un continente, como a veces se dice, de esperanza, de vida. Que debe de ser también, como decía el Papa, un continente de amor, quizá también un continente de paz. Entonces, América Latina y el Caribe, en donde aproximadamente viven la mitad de los católicos del mundo, constituye para nosotros, europeos, una llamada, una especie de viento fresco de renovación para curar los envejecimientos.
--¿Cuál es la alegría que usted se lleva de Aparecida?
--Monseñor Ricardo Blázquez Pérez: Me llevo entre otras formas de alegría la satisfacción de haber convivido con muchos obispos, con otras personas, en un clima de cordialidad, de acogida excelente, no sólo al principio, sino durante toda la Conferencia. Todos, unidos, hemos buscado los caminos del Evangelio de la Iglesia en nuestro tiempo, aquí, en concreto, para estos pueblos. Esto mi me ha edificado. De modo que es una experiencia que seguramente no puedo olvidar.
Aparecida 2007
Lectio divina pone al laico “en perspectiva de Dios”, señala Obispo panameño
APARECIDA, 28 May. 07 / 09:01 am (ACI).- El Obispo de David (Panamá), Mons. José Luis Lacunza, afirmó que la lectio divina pone al laico “en la presencia de Dios, en perspectiva de Dios y por lo tanto lo conduce a tomar acciones de acuerdo a ellas”.
En entrevista concedida a ACI Prensa, el Prelado indicó que esta oración bíblica es “una de las herramientas básicas para la meditación”. “Tal vez lo que nos falta a los obispos sea dar los materiales para hacer esta lectio divina. Sobre todo la publicación de Biblias accesibles económicamente, porque uno de los principales problemas de América Latina es el encarecimiento de libro y por lo tanto de las Biblias”.
Mons. Lacunza explicó luego que la lectio divina consiste en “afrontar la lectura de la Sagrada Escritura desde una metodología concreta: Primero se lee el texto, luego se hace una reflexión sobre el contexto del mismo, después se hace una revisión sobre lo que a mí me dice el texto en mi situación concreta, luego se eleva una oración y finalmente saco conclusiones a las que me lleva el texto”.
“Es un procedimiento muy estructurado que no se queda en una reflexión teórica sino que lleva a la concreción de la palabra de Dios”, precisó.
Aparecida 2007
“No hay mayor evangelización que dar la vida por Jesucristo”, asegura Card. Hummes
Card, Claudio HummesAPARECIDA, 26 May. 07 / 07:51 am (ACI).- El Prefecto de la Congregación para el Clero, Cardenal Claudio Hummes, precisó que “no hay mayor evangelización que dar la vida por Jesucristo: Anunciar que es el Camino, la Verdad y la Vida”.
Durante la intensa homilía de la Misa con la que se inicia habitualmente los trabajos de la V Conferencia General del Episcopado y el Caribe, el Purpurado recordó al Siervo de Dios. Juan Pablo II, quien decía que “hace falta tener un fuerte encuentro con Jesucristo. Que la gracia que nos condujo a Jesucristo en el bautizo nos lleve a tener un encuentro personal con Él” ya que en ese encuentro “la gente sale transformada”.
“Como aquellos primeros discípulos, que le preguntan a Jesucristo, ¿Señor dónde vives?, y que se quedaron con Él una tarde entera” para luego salir “transformados y llegaron a dar la vida por Jesucristo. Así es que se debe transformar a aquellos que tienen el corazón abierto”, prosiguió el Cardenal.
Hablando luego del mensaje del Papa Benedicto XVI cuando hace pocos días visitó Brasil, el Prefecto para la Congregación del Clero remarcó que el Santo Padre “nos llama a buscar a todos los bautizados que no participan de las comunidades eclesiales, de las movimientos, de las asociaciones. Se declaran católicos, pero ven distante a la Iglesia. Debemos hacerles sentir el calor de su Iglesia. Debemos hacerlos discípulos y misioneros”.
“El Papa decía también que hay una opción preferencial por los pobres” y que la “misión debe incluir todo eso, no se puede separar la evangelización de la promoción humana, de la defensa de los derechos humanos, de la defensa del derecho a la vida, a vivir dignamente como personas humanas”, recordó el Purpurado.
Tras poner también la conversión de San Pablo como ejemplo de encuentro fuerte con Jesús, el Cardenal exhortó a que “también debemos ser alcanzados por Jesucristo. Debemos anunciarlo, rezar. Pablo fue apresado a causa de su ministerio y martirizado. Asume su prisión con coraje. A todos hablaba de Jesucristo. Aquel fuego debe continuar”.
“Pidámosle al Espíritu Santo que venga sobre todos nosotros y nos ilumine, sobre nuestro ambiente, que todos ustedes tengan coraje para participar de esta misión en nuestra Iglesia. Jesucristo nos envía a salir a todos los pueblos, no a quedarnos en casa a esperar. Pidámosle a nuestra Señora de Aparecida, para que llevemos a su Hijo a todas las personas y las hagamos discípulos de Él, para renovar el amor a Él”, concluyó.
Aparecida 2007
La mujer es humanizadora de la sociedad y transmisora de fe y cultura, afirma experta mexicana
Norma Treviño-Cueva de VillarrealAPARECIDA, 25 May. 07 / 04:24 pm (ACI).- La experta mexicana en el tema de la mujer y participante de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y el Caribe, Norma Treviño-Cueva de Villarreal, destacó que la mujer es “humanizadora de la sociedad y transmisora de fe y cultura”.
La Directora de la Asociación A.C. del Grupo Interdisciplinar para los temas de las mujeres (México) explicó que Santa María “es la mujer por excelencia: discípula y misionera, maestra de evangelización e inculturación de la fe en nuestros pueblos. En ella, las mujeres hemos reconocido nuestra identidad como humanizadoras de la sociedad y transmisoras de la fe, las tradiciones y la cultura”.
En entrevista concedida a ACI Prensa, la experta precisó que “el ser mujer y la humanización de la cultura y la transmisión de los valores, de la fe, es parte de lo que es mujer. Cuando a ese ser mujer lo vacías de su contenido e identidad se vuelve una imitación, una caricatura de algo que no es. Se vuelve un ente usado para una deconstrucción social, lo cual es bastante destructivo e injusto”.
Treviño-Cueva advirtió que las mujeres no deben caer “en una reingeniería social que quiere hacernos pensar que nuestra esencia es diferente a lo que es y eso no es cierto”. “Yo me considero feminista de un verdadero feminismo. La ideología de género está contra la mujer, no es justo que secuestren esta palabra tan bonita”, añadió.
El “feminismo”, usado por quienes defienden la ideología de género, propone “que la mujer sea lo que no es, entonces es una ideología que va a entrar en un principio de deconstrucción y desvinculación”, precisó.
Al referirse a la total equidad que la ideología de género plantea entre el hombre y la mujer, la experta mexicana señaló que “aquí hay un peligro y una amenaza: dejarse llevar para entrar en estructuras diseñadas para hombres. Entonces resulta que somos mujeres insatisfechas y queremos, de alguna forma, masculinizarnos, y entrar en una cultura creada por varones, con condiciones para ellos, que es injusta para nosotros. Una política de género propone la absoluta igualdad entre los desiguales: eso es una injusticia tremenda. Como mujeres no podemos caer en ese juego... y muchas han caído”.
En referencia a la complementariedad que debe existir entre hombres y mujeres, Treviño-Cueva indicó que “es un concepto para el que algunas mujeres se han dejado instrumentalizar y no quieren verlo así. Piensan que no necesitan a nadie que las complete y no se trata de completarlas. Cada uno es completo en sí mismo y la visión de uno y del otro (hombre y mujer) se complementa”.
“Es natural que cada uno tenga sus acentos. Nuestras naturalezas, nuestros cerebros son diferentes, entonces la construcción es diferente. Yo sí creo en esa complementariedad para hacer la cultura cada vez mejor”, agregó.
“No estoy de acuerdo con eso del rol y papel, porque esa es una de las trampas que nos tienden. Un rol o un papel es algo por lo que se opta. Soy mujer, no puedo optar serlo o no, eso nos presenta la ideología de genero y eso no es así”, dijo la experta.
Al hablar de lo que la Iglesia espera de las mujeres, la mexicana comentó que “somos una gran esperanza para la Iglesia. Una de las preocupaciones es que se ha perdido la transmisión de la cultura y valores porque nosotros como mujer hemos claudicado en esta responsabilidad. Debemos buscar un equilibrio y equilibrar el trabajo con el hogar. No podemos claudicar en nuestra misión de transmisoras de cultura, valores y fe. Tenemos que analizar esto muy bien. Si nos dejamos llevar por esto, ¿quién va a trasmitir la fe y los valores?”
“Son muchos dones que nos ha dado Dios y creo que es importante reconocerlos y potenciarlos y con ese genio femenino transformar el lugar en donde nos encontremos.
Siendo mujeres tenemos que ser mujeres tal como somos en donde estemos, en la casa y en la familia, en el trabajo, en la ciencia, en la vida consagrada”, anotó
“Es importante aceptar esa maternidad que en la vida consagrada también se da porque es otra opción del genio femenino: la de la maternidad y la virginidad”, precisó luego Norma Treviño-Cueva de Villarreal.
Fecha publicación: 2007-05-25
Latinoamérica tiene un déficit de laicos cristianos en la vida pública
Según el profesor Guzmán Carriquiry
APARECIDA, viernes, 25 mayo 2007 (ZENIT.org).- América Latina tiene un déficit de laicos católicos, bien formados, apasionados por Cristo y su Evangelio, que ofrezcan una contribución decisiva en la vida pública, considera el profesor Guzmán Carriquiry, subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos.
El doctor Carriquiry, uruguayo, se encuentra en Aparecida al haber sido nombrado por Benedicto XVI perito en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. En esta entrevista concedida a Zenit, el primer laico en ser subsecretario de un dicasterio vaticano, hace un balance de los temas decisivos que está afrontando la cumbre eclesial.
--¿Qué le ha impactado del discurso inaugural que el Papa dirigió al inaugurar la Quinta Conferencia?
--Profesor Guzmán Carriquiry: El discurso inaugural de Benedicto XVI en Aparecida afirma algunos aspectos cruciales y decisivos que resultan fundamentales en todo transcurso y en la guía iluminante y segura de esta Conferencia.
Distinguiría de ese discurso algunas aproximaciones a la realidad latinoamericana y las claves de lectura cristiana de la realidad latinoamericana.
El primer aspecto crucial que trató el discurso del Papa fue el de la inculturación de la fe católica desde los orígenes de nuestros pueblos, como respuesta a la búsqueda y a la espera de la revelación del verdadero rostro del Dios desconocido. El verbo de Dios puso en las comunidades indígenas muchos gérmenes y semillas que después con la evangelización llegaron a su fructificación, a su purificación, a su plenitud.
El segundo punto que me impresionó profundamente en el discurso del Papa es la manera en que el Santo Padre reconoció esa singular experiencia histórico-cultural que nos lleva a reconocernos como latinoamericanos. Insistió en cómo la impronta católica se manifiesta en muchas dimensiones de nuestra cultura gracias a una misma historia y a un mismo credo.
En tercer lugar, también fue importante que reconociera la piedad popular como un preciosísimo tesoro, haciendo referencia a Cristo sufriente, a la presencia de Cristo en la Eucaristía, a la maternidad de la Virgen María.
Eso en cuanto a la aproximación de toda la realidad latino-americana. Son aspectos fundamentales de esa aproximación.
En el viaje de Roma rumbo a Sao Paulo, hablando espontáneamente con los periodistas durante el vuelo, el Santo Padre dijo: «Yo amo mucho a América Latina […] No soy un especialista, pero estoy convencido de que aquí se decide, al menos en parte —en una parte fundamental—, el futuro de la Iglesia católica. Esto siempre ha sido evidente para mí. Como es obvio, siento la necesidad de profundizar aún más mi conocimiento de este mundo».
Pero los puntos que dio de aproximación a la realidad latinoamericana fueron absolutamente fundamentales. Como lo fueron también los puntos de una hermenéutica cristiana de la realidad, una lectura cristiana de esa realidad.
En cuanto a esa lectura cristiana de la realidad el discurso del Papa está muy centrado en la primacía de la fe. ¿Cómo afrontar la realidad a la luz de la fe?
El Papa afirma brevemente, pero con enorme profundidad, que Dios es lo más real de la realidad y es un error destructivo ponerlo entre paréntesis o ignorarlo en todo análisis de la realidad. Y eso es fundamental, porque el método que se sigue por lo general en esta Conferencia es el de «ver, juzgar, y actuar».
Nos advierte para no quedarnos simplemente en análisis económicos, sociales y políticos, y ante el peligro de que la mirada del creyente no perciba la presencia de Dios como lo más real de toda la realidad. Ignorar eso, el Papa dice, sería un error destructivo.
Afrontar los problemas sociales y políticos sin ese primado de la fe sigue siendo un error destructivo. Es decir, cuando Dios está ausente no se afrontan bien los problemas sociales y políticos. Cuando Dios está ausente, no se actúa efectivamente a favor del bien de los hombres y de los pueblos. Cuando se quiere edificar una sociedad sin Dios, se construye contra el hombre.
--¿Cómo ha acogido la Conferencia de Aparecida el discurso del Papa? En algunos sectores sociales se han criticado algunas palabras de ese discurso.
--Profesor Guzmán Carriquiry: El discurso del Papa ha sido muy bien recibido en esta Quinta Conferencia General por los obispos. Hay toda una tarea muy importante en curso para asimilarlo en todas sus implicaciones y consecuencias. Pero no dudo de que ya ha marcado profundamente esta Conferencia. Ha sido tan importante para esta Conferencia como el discurso inaugural de Juan Pablo II para la Conferencia de Puebla.
Por la prensa hemos sabido que algunos grupos indigenistas y algunas organizaciones no gubernamentales han reaccionado de una forma airada e incluso insultante, denunciando que la fe católica habría sido impuesta violentamente a los indígenas como barniz ideológico de una conquista, de una explotación, hasta incluso de un genocidio.
Lo menos que se pude responder a ello es que tal reacción es tributaria de una leyenda negra que falsifica la historia real. Si tal hubiera sido el origen de la fe, entonces hubiera sido abandonada desde hace muchísimo tiempo. En cambio, al inicio del siglo XXI todavía el 85% de los latino-americanos están bautizados en la Iglesia católica. Y cuando se hacen encuestas en nuestros países, los resultados son siempre los mismos. Los más altos niveles de confianza, de credibilidad, de consenso y esperanza están puestos por nuestros pueblos en la Iglesia mucho más que en otras instituciones civiles y públicas.
Cierto que hubo casos y situaciones de abuso y de imposición de la fe. Pero la propagación del Evangelio de Cristo fue percibida y acogida por los indígenas como una respuesta persuasiva, atrayente para los deseos de verdad y sentido de la vida, de justicia, de felicidad, incluso en condiciones muy dramáticas. El acontecimiento de Nuestra Señora de Guadalupe fue absolutamente capital en ese proceso de inculturación y propagación de la fe.
--¿Cuál es el ambiente que se está viviendo en la Conferencia?
--Profesor Guzmán Carriquiry: En general, estamos viviendo en la Quinta Conferencia un ambiente de serena comunión. Llama la atención que dentro de la Conferencia --y no es una visión ilusa, sino muy real-- no hay polarizaciones y contraposiciones. En ese sentido, esta Conferencia es menos tensa y dramática que las anteriores. Esto es para bien, naturalmente, como un camino de madurez. Pero también es un signo preocupante cuando no hay debates que vayan hasta el fondo y no hagan aflorar alternativas, fijar prioridades.
En todo caso, esta Quinta Conferencia está sostenida y protegida por mucha oración. Estamos trabajando bajo el Santuario de Nuestra Señora Aparecida, con la liturgia eucarística cotidiana, con la liturgia de las horas, con la presencia maternal, acogedora y protectora de Nuestra Señora, y con la compañía extraordinaria del pueblo pobre y creyente de América Latina.
--¿Cómo está afrontando la Conferencia el tema de los laicos?
--Profesor Guzmán Carriquiry: Están presentes laicos de muchos países latinoamericanos en esta Conferencia, incluso entre los peritos. Es la primera vez que se da una categoría de invitados que son los representantes de los movimientos eclesiales, o sea, las nuevas comunidades. El tema del laicado no podría faltar.
Son el 98% de los bautizados en América Latina. Cuando se habla de convertirse en discípulos y misioneros de Jesucristo eso toca la vida de todos los bautizados. Se da una preocupación fundamental por la vigencia de la tradición católica, que se expresa en la riqueza de la piedad popular, para que se trasforme en carne y sangre de hombres nuevos y mujeres nuevas, que, educados en la fe, crecidos en la fe, en un renovado encuentro y seguimiento de Jesucristo, en una más profunda comunión personal y comunitaria con Él, se conviertan en sus discípulos.
Desbordando alegría y gratitud participan en la misión, comunicando la experiencia del don del encuentro con Cristo, en todos los ambientes de la convivencia social. Eso es lo fundamental para todos, redescubrir la dignidad, la belleza y la alegría de ser cristianos.
Otro tema que sobre esa base se ha trabajado muchísimo es la preocupación de los obispos por una cierta fragilidad y una cierta irrelevancia en muchos casos de la presencia de los fieles laicos en los areópagos de la política, de la vida pública, de la universidad, de la cultura, de los medios de comunicación, de la economía, para que puedan ser constructores de sociedad, como decía el documento de la Conferencia de Puebla.
Se da una fragilidad o a veces una cierta irrelevancia. Hay laicos generosísimos que colaboran y participan en las comunidades cristianas, llenan nuestros santuarios, sirven en la catequesis, son ministros no ordenados para tantas actividades de edificación de las comunidades cristianas. Pero se da un déficit de presencia del laico desde su fe en la vida y en el destino de nuestros pueblos. Faltan laicos coherentes y competentes, valientes, audaces, realistas y proféticos a la vez, que abra caminos del Evangelio en la vida pública y en la convivencia social en nuestros pueblos. Los obispos se proponen cubrir este déficit a partir de esta Conferencia.
Es verdad que hay muchos políticos en América Latina que se confiesan católicos. Y nadie entra a juzgar las conciencias. Pero muchas veces, al analizar las acciones, parece que esa confesión de católicos importa más como una cierta búsqueda de consensos o como un cierto tributo, u homenaje a la tradición católica de los pueblos, en vez de ser una adhesión personal a la responsabilidad católica en el testimonio, en el servicio del bien común entre los pueblos.
Necesitamos, por tanto, muchos cambios en los sectores dirigentes y de liderazgo en América Latina; hay que acompañar, alimentar, formar, sostener generaciones de laicos católicos que vayan superando ese déficit. Que estén presentes en los lugares donde está en juego la construcción de una nueva América Latina.
La Iglesia acompaña y acoge a los inmigrantes, afirma Obispo hondureño
En América Central y en Estados Unidos, los inmigrantes son atendidos y ayudados
Mons. Ángel Garachana PérezAPARECIDA, 25 May. 07 / 11:33 am (ACI).- El Obispo de San Pedro Sula (Honduras), Mons. Ángel Garachana Pérez, destacó que la Iglesia acoge y acompaña a los inmigrantes, luego de la habitual rueda de prensa en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y el Caribe.
En declaraciones a ACI Prensa, al hablar del fenómeno cada vez más común de la migración de los países de América Latina a Estados Unidos, Mons. Garachana indicó que “estos migrantes con las remesas ayudan al país. Se necesita una política nueva, que tenga en cuenta a estas mayoría pobres que se ven obligadas a emigrar”.
“En el camino de un sitio a otro la Iglesia tienen lugar para acoger a estar personas, en Guatemala, en México en Estados Unidos. En Estados Unidos los obispos están haciendo un esfuerzo muy grande por cambiar las leyes, pero no han tenido el resultado esperado e incluso han animado a las parroquias a acoger ilegales aunque puedan tener represalias”, dijo.
“En las iglesias de país de origen, cuando deciden salir, estamos ofreciéndoles acompañamiento y cuando regresan también. Al regresar nuestra responsabilidad es recibirlos, acogerlos a través de las estructuras de acogida que tenemos, para ayudarlos y apoyarlos”, explicó el Prelado hondureño.
Mons. Garachana también comentó que estar participando en la V Conferencia General “es una bendición porque me abre el horizonte. Sin un obispo se encierra en su diócesis queda como agobiado en sus problemas”.
Al hablar del esbozo de documento final, el Prelado hondureño comentó que “es fruto del trabajo de las comisiones, está muy por hacer, está ‘muy verde’ aún. Los temas fundamentales están recogidos. Yo he incorporado el tema de la violencia, muy grande en los países de Centroamérica”.
Al comentar el trabajo de los obispos para el fin de semana, el Obispo de San Pedro Sula dijo que “trabajamos hoy todo el día, mañana nos reunimos en comisiones para aprobar los aportes, y el lunes por la mañana la comisión de redacción presentará el segundo esbozo de documento final”.
Fecha publicación: 2007-05-24
Intervención del cardenal Javier Lozano Barragán en Aparecida
APARECIDA, jueves, 24 mayo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que presentó el cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.
“Para que nuestros pueblos tengan vida en El”, Cristo envió a sus apóstoles y discípulos a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos. En América Latina desde los inicios de la Evangelización los discípulos y misioneros del Señor han cumplido con este doble mandato ajustándose a las diversas épocas y circunstancias.
En el Mensaje de la Jornada Mundial del Enfermo del año jubilar del 2000, Juan Pablo II describió la salud como la tensión hacia la armonía física, psíquica, social y espiritual, y no tan solo la ausencia de enfermedades, que capacita a la persona a cumplir la misión que Dios le encomienda, según la etapa de la vida que le toca vivir.( Cfr. Juan Pablo II Mensaje para la VII Jornada Mundial del Enfermo, 6.8.1999) Consiste así la salud en procurar la armonía que capacita para cumplir la misión; conlleva combatir las enfermedades, pero no se queda sólo allí; las combate con una finalidad muy definida que es la armonía integral para el cumplimiento de la misión recibida.
Nuestro actual Santo Padre el Papa Benedicto XVI, en diversas ocasiones ha insistido en renovar y profundizar la Pastoral de la Salud. Nos ha invitado a formar las conciencias en este campo y orientar así sobre la enfermedad, el sufrimiento, la muerte y la vida. Nos ha pedido seguir uniendo a los agentes de Pastoral de la Salud y actualizarlos dentro de la problemática hodierna en el campo científico, técnico, político y moral. En especial nos ha invitado a aplicar su primer Encíclica “Deus Caritas est” y su Exhortación Apostólica “Sacramentum Caritatis” al mundo de la salud, teniendo como centro la Eucaristía que será, cito “la linfa vital que conforta al que sufre” y da fuerza al agente de Pastoral de la Salud, quien como “Buen Samaritano” opera en este preciado campo de la acción de la Iglesia.
En este contexto, la Pastoral de la Salud rebasa la Pastoral social y va más allá de una beneficencia que se haga ayudando a los enfermos a curarse, es la respuesta a los grandes interrogativos de la vida como son el sufrimiento y la muerte, a la luz de la muerte y resurrección del Señor.
La salud es un tema que hoy en día está en primera línea entre los intereses que mueven al mundo. Sin embargo, su propuesta casi cotidiana a través de los mass media, muestra una salud que no trasciende la armonía física corporal, o quizá psíquica; acentúa además el peligro de las enfermedades emergentes y su posible cura. Se finaliza en la belleza corporal y el goce sin término cerrados en sí mismos. Esta salud se suele proponer sin una finalidad que la trascienda, cerrada en sí misma, destinada por tanto a marchitarse y morir. En este mismo contexto, en la cultura actual no pareciera caber la muerte, y ante su realidad acuciante, simplemente se trata de ocultar.
Abriendo la salud a la armonía integral del hombre, resaltando su tensión hacia la armonía física, mental, social y espiritual, se torna la Pastoral de la salud en un anuncio práctico de la muerte y resurrección del Señor, única verdadera salud. Tiene su sentido último en la Palabra de Dios que se realiza en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, y aúna en esta economía sacramental del amor de Cristo, el amor de tantos “buenos samaritanos”, sacerdotes, laicos y profesionales de la salud: médicos, enfermeras, farmacéuticos, administradores de centros de salud y demás personas que se ocupan del ramo, que profesan su fe católica cumpliendo la misión recibida de Cristo de curar a los enfermos.
América Latina y el Caribe cuentan con 32,116 instituciones católicas que se dedican a la Pastoral de la salud (toda Europa cuenta con 35,929). Estos inmensos recursos de evangelización, que recientemente muchas veces hemos descuidado, debiendo aprovecharlos al máximo. Nuestra Quinta Conferencia del Episcopado latinoamericano es para mejorar la vida de nuestros pueblos con la vida misma de Cristo. ¿Qué mejor que mejorar nuestra vida cuando se encuentra más amenazada por el quebranto de la salud, y más aún, qué mejor que mejor que dar a nuestros pueblos la vida de Cristo resucitado venciendo definitivamente la muerte, cuando en la enfermedad parece no haber ninguna solución, especialmente al encontrarnos con los enfermos más desprotegidos?
Permítaseme ahora una breve alusión a un punto urgente: la pandemia mundial del SIDA, que por desgracia en lugar de menguar sigue creciendo. Gracias a Dios nuestros países latinoamericanos y del Caribe no están tan golpeados como otras partes del mundo, pero no por ello no debemos de preocuparnos. De acuerdo al porcentaje de enfermos de SIDA en cada país latinoamericano, según las últimas estadísticas de que disponemos, su lugar por orden descendente de afectación por la pandemia es como sigue: Guyana, Belice, Surinam, Honduras, Panamá, El Salvador, Guatemala, Venezuela, Perú; en seguida, con el mismo porcentaje: Colombia, Argentina y Brasil; luego Paraguay y Costa Rica; después, con el mismo porcentaje, Ecuador, Chile y México; finalmente, Nicaragua y al último, Bolivia. En el Caribe, su lugar, también por orden descendente, es: Haití, Bahamas, Trinidad Tobago, Barbados, Jamaica, República Dominicana y Cuba. En total, afectados por el SIDA en Latinoamérica, 1.565,300 y en el Caribe: 330,000. El porcentaje de enfermos de SIDA en América Latina con relación a su población total es de 0.31%; en el Caribe es de 0.76%.
En números absolutos el país más afectado es Brasil con 620,000 enfermos; el menos afectado es Bolivia con 7000 enfermos. Para tener una visión completa del resto de América, Estados Unidos cuenta entre 1.165,000 y 2.000,000 de enfermos, Canadá con 1,830. Las estadísticas completas las consigno a la Secretaría.
Fecha publicación: 2007-05-23
Los observadores evangélicos en la V Conferencia agradecen su participación
«Hombres y mujeres ejemplares sembraron la Palabra en este continente»
APARECIDA, miércoles, 23 mayo 2007 (ZENIT.org).- Los cuatro observadores y la observadora de tradición evangélica que participan en la V Conferencia de la Conferencia Episcopal Latinoamericana han ofrecido un saludo de agradecimiento a la asamblea.
El pastor metodista Néstor Míguez, en nombre de Ofelia Ortega, Juan Sepúlveda, Harold Segura y Walter Altmann, tuvo a su cargo el 18 de mayo la lectura de una carta.
La nota comienza agradeciendo la invitación para ser observadores y celebra la continuidad con la decisión de Juan XXIII de invitar observadores de otras iglesias y confesiones cristianas al Concilio Vaticano II.
«Desde el inicio de esta Conferencia nos hemos sentido estimulados y desafiados por el llamado del Papa Benedicto XVI, a fundar el nuevo despertar misionero que requiere nuestra América Latina y el Caribe, en la lectura y conocimiento profundo de la Palabra de Dios», confiesan.
«En esa Palabra encontramos dos textos que nos ayudan a interpretar el sentido de nuestra presencia entre ustedes. Recordamos aquellas palabras de Jesús donde afirma que “quien no está conmigo, está contra mí” (Mateo 12, 30), que nos señalan que sólo en torno a Jesús, el Cristo, encontramos el centro de nuestra unidad».
«A pesar de las diferencias históricas y doctrinales que nos impiden dolorosamente participar juntos en la Mesa de la Comunión, estos textos nos permiten afirmar que nos une a ustedes el llamado de Jesús a proclamar y celebrar la vida abundante que nuestros pueblos tanto necesitan», afirmaron.
«No podemos menos que reconocer el testimonio y la prominencia de la Iglesia Católica Romana en la evangelización de nuestra América --subrayan los observadores evangélicos--. Guiados por el Espíritu de Dios y su Palabra, más allá de las ambigüedades de las circunstancias históricas, hombres y mujeres ejemplares, fieles discípulos y misioneros del Señor, han sembrado la Palabra en este continente, y han constituido comunidades que han sido servidoras de los más necesitados en nombre de Cristo, han dado muestras de la inspiración del Espíritu Santo en sus palabras y acciones, y han celebrado con fe al Dios Trino».
«Esta presencia católica ha generado una fe rica en diversas expresiones religiosas, que han logrado enraizar el mensaje de Cristo en las variadas culturas presentes en nuestro continente, tanto en aquellas autóctonas, como en aquellas originadas en las migraciones posteriores, que han contribuido a dar forma a los rostros hermosamente diversos de nuestros pueblos de América Latina y el Caribe», añaden los observadores cristianos.
«También nuestras iglesias evangélicas han colaborado –explican los observadores evangélicos--, especialmente a partir de los procesos de emancipación nacional en el continente, en la construcción del testimonio de Cristo en estas tierras, ya sea a través de comunidades inmigrantes, que han portado consigo la fe de sus padres, como a través de variados esfuerzos evangelizadores, tampoco exentos de contradicciones y ambigüedades. Pero muchos fieles creyentes de la fe evangélica han colaborado con la evangelización y la cultura en estas tierras, llegando en algunos casos hasta el derramamiento martirial de la propia sangre, en la defensa de la dignidad y la justicia para nuestros pueblos».
Finalizan anhelando que, para que «esta presencia cristiana diversa no esté marcada por la confrontación y la competencia, sino por la vocación común de ser discípulos y misioneros de nuestro Señor Jesucristo, nos parece necesario utilizar un lenguaje que permita mantener los canales de comunicación ya existentes, y que aun permita abrir nuevos puentes».
«Reconocernos mutuamente como Iglesias y Comunidades Cristianas --concluyen--, es la forma de mantener abiertas las puertas para el diálogo, diálogo imprescindible para desterrar juntos cualquier práctica sectaria o beligerante que atente contra el verdadero espíritu misionero».
Aparecida 2007
Presentan esquema de trabajo para documento final en V Conferencia General
APARECIDA, 22 May. 07 / 11:53 am (ACI).- En conferencia de prensa realizada esta mañana, los obispos participantes en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano dieron a conocer el esquema de trabajo para el documento final que emitirán.
Tras la aprobación del esquema de trabajo ayer por la noche, los prelados explicaron que ahora se han conformado siete comisiones en las que se van a tratar siete grandes temas, cada uno de los cuales está dividido, dependiendo de la materia, en subcomisiones, en las que ya se comenzará a tratar los temas específicos.
El Cardenal Julio Terrazas Sandoval, Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), Presidente de la Comisión de Comunicaciones y uno de los voceros de la V Conferencia explicó que el tema para la primera comisión es “El Hoy de América Latina y el Caribe”, en el que se tratará la realidad del continente, el cambio de época, la situación socio-cultural de la región.
El tema para la segunda comisión es “La alegría de ser discípulos y misioneros de Jesucristo” que será tratado en dos subcomisiones, en donde se discutirá este asunto como “consecuencia de lo que significa el encuentro con Jesucristo. Es el punto de partida de todo discípulo y misionero. Este encuentro nos va a llevar a descubrir la responsabilidad que tenemos como creyentes”, explicó Mons. Julio Edgar Cabrera Ovalle, Obispo de Jalapa (Guatemala), así como “la importancia que se le está dando a la Palabra de Dios”.
El tema para la tercera comisión es “Nuestra vocación de discípulos y misioneros”, en la que se tratará, en la primera subcomisión, “al sujeto de la evangelización, que es discípulo de Jesucristo, la vocación común a la santidad, que se ve desde el Concilio Vaticano II, en donde todos estamos llamados a la santidad en la vida ordinaria”, explicó el Prelado guatemalteco.
La segunda subcomisión de este tercer gran tema hablará de las vocaciones específicas de los bautizados. “Se habla de aquellos que prestan un servicio como los obispos y presbíteros que son pastores hermanos, cristianos y que tienen que tener una actitud fraterna y un cuidado pastoral de sus hermanos. También se habla de los diáconos permanentes y de la vida consagrada. Luego se pasa a hablar de los laicos. Hay un capítulo en especial para ellos, que son testigos y evangelizadores convincente en el mundo. En la parte final se habla de la pastoral vocacional, no solo a la vida religiosa sino también a la vida matrimonial. Estamos hablando de animar la vocación de todo cristiano”, dijo Mons. Cabrera.
“La comunidad de los discípulos y misioneros” es el título del cuarto tema para la cuarta comisión. “Aquí se introduce el tema de la comunión, como una categoría fundamental para ser discípula y misionera. La Iglesia es casa y escuela en donde se vive la comunión. Los lugares de comunión: conferencias episcopales, provincias eclesiásticas, comunidades eclesiales, movimientos, asociaciones, entre otros”, explicó Mons. Cabrera.
Por su parte, el Arzobispo de Belém do Pará (Brasil), Mons. Orani Joao Tempesta, dio a conocer los temas cinco, seis y siete en la V Conferencia. El punto cinco, titulado “El itinerario de los discípulos y misioneros” se centrará en la espiritualidad trinitaria, la docilidad al Espíritu Santo, la Virgen María y los santos, el acompañamiento espiritual y los movimientos eclesiales, entre otros.
El Prelado brasileño precisó luego que los temas para las comisiones seis y siete corresponden a una temática, pero que ha sido dividido en dos para un mejor tratamiento de los mismos.
En la comisión del tema seis, “La misión de los discípulos y misioneros” los obispos tratarán “la definición de la gran Misión Continental y los temas como la familia, la vida, los niños, los jóvenes, la migración, los pobres, los enfermos, entre otros, un trabajo más externo” de la Iglesia, dijo Mons. Tempesta.
El tema siete, “Conversión Pastoral y diversas áreas de tarea pastoral”, enfoca la misma idea del tema seis, pero con una “mirada más interna en la Iglesia”, en donde se verán las estructuras eclesiales, diocesanas, las pastorales y las universidades católicas, entre otro temas relacionados, según explicó el Arzobispo de Belem do Pará.
Fecha publicación: 2007-05-20
Informe de la Conferencia Episcopal de Colombia en Aparecida
APARECIDA, domingo, 20 mayo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el informe que presentó monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, IMC, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, ante la Conferencia General del Episcopado latinoamericano y del Caribe.
Los obispos delegados y demás convocados desde Colombia, hemos llegado a Aparecida con inmensa esperanza, esa que brota de la seguridad de que nos guía el Señor Resucitado, Jesucristo vivo, por medio de su Espíritu, en medio de los cambios que hoy vivimos.
CAMBIO CULTURAL
Nos damos cuenta de que no estamos experimentando unos cambios en nuestra época sino que es la misma época la que está cambiando. No estamos enfrentando cambios dentro de la casa cultural en que vivimos, sino constatamos que estamos cambiando de casa. Este nuevo paradigma nos interpela, nos pide otro tipo de respuestas pastorales y sobre todo, otro estilo de ser pastores.
Nuestro deseo es que aquí en Aparecida podamos diseñar ese nuevo estilo de vida, de actitudes pastorales y de itinerarios espirituales necesarios hoy.
CONVERSIÓN DEL DISCÍPULO
Reconocemos cuán acertado e inspirado es el tema de discípulos y de misioneros de Jesucristo para fortalecer nuestra identidad cristiana. A tiempos difíciles, discípulos nuevos. Hacemos alusión a un nuevo obispo, un nuevo sacerdote, un nuevo diácono, un nuevo religioso consagrado y un nuevo laico. Esperamos que Aparecida tome en especial consideración los procesos formativos de todos estos discípulos frente a los nuevos desafíos religiosos y socioculturales del continente.
CONVERSIÓN PASTORAL
Nuestro anhelo es que podamos diseñar, creativa y comunitariamente, esa nueva pastoral que dé la debida prioridad al anuncio de Jesucristo y a los procesos de iniciación cristiana. Vislumbramos una pastoral de procesos y no simplemente de acciones momentáneas. Tomamos en cuenta la dificultad de los procesos largos, cuando la mentalidad light de corte postmoderno sólo quiere asumir compromisos blandos, sin mucho pasado y sin mucho futuro. Queremos soñar con una pastoral realizada por todos y para todos sin exclusiones así que vaya construyendo la unidad en la diversidad.
Insistimos en que se dé forma a una visión pastoral donde el laico en la Iglesia y con la luz del Espíritu, sea de verdad protagonista en la pastoral y no solo fiel ejecutor de la misma.
CONVERSIÓN ESPIRITUAL
Con genuina humildad y con actitud de escucha debemos enfrentar las nuevas realidades latinoamericanas.
Además, no podemos reducirnos a llegar unilateralmente a la cabeza de nuestros fieles con ritos, normas, leyes y doctrinas. Es la hora del corazón. Es la hora del primado del amor. Es la hora de la imaginación que acompaña las migraciones intelectuales y el mundo virtual. Es la hora de la belleza y de la simpatía como caminos para llegar con la verdad de Jesús.
Esperamos que se haga énfasis en cuatro realidades, vida, familia, educación y bien común que, según Benedicto XVI, no son negociables. Tengamos también en cuenta que no diseñamos una respuesta sólo para los adultos sino ante todo para los niños y jóvenes constructores del futuro. Ellos, con su sed de ideales y de razones para vivir, esperan mucho de nosotros.
CAMBIO SOCIAL
El continente latinoamericano va creciendo económicamente. Pero este crecimiento no se traduce en desarrollo incluyente, integral y equitativo. Por tanto, es indispensable que reafirmemos nuestra opción por los pobres. Pero esta opción no basta. Debemos optar también por la evangelización del mundo político, del mundo empresarial, del mundo de los capitales para que en estos mundos penetre el sentido ético como solidaridad con el otro en necesidad.
La Iglesia en Colombia trabaja sin descanso, no desde la política sino desde el Evangelio, por el logro de la paz en los corazones, en las familias, en la nación toda. Esperamos de Aparecida una luz solidaria que nos guíe.
CAMBIO MISIONERO
El Reino de Dios nos apasiona y nos convoca en América Latina. Cada discípulo desde su ángulo y perspectiva está llamado a servir al Reino de Dios comprometiéndose en esos elementos propios de la misión como son el testimonio, el anuncio y el ayudar al nacimiento de otras comunidades; la liturgia, la oración y contemplación; el trabajo por la paz, la justicia y la integridad de la creación; el diálogo interreligioso, la inculturación, el ministerio de la reconciliación, la animación misionera y la acogida de los que regresan a la fe católica. Es indispensable identificar bien los destinatarios de la misión.
La misión es sustancial en el discípulo desde su bautismo, no es arandela o accidente. Por eso, nadie debe concentrarse exclusivamente en su propia perfección. El que se busca a sí mismo se pierde. En cambio la fe se fortalece dándola.
Por eso, invocamos al Espíritu Santo evangelizador para que transforme a Aparecida en otro maravilloso Pentecostés.
Fecha publicación: 2007-05-20
Informe de la Conferencia Episcopal de Canadá en Aparecida
APARECIDA, domingo, 20 mayo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el informe que presentó monseñor Vernon James Weisgerber, arzobispo de Winnipeg, vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Canadá ante la Conferencia General del Episcopado latinoamericano y del Caribe.
Publicamos el mensaje que ha enviado la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe a Benedicto XVI.
Señor Presidente, y queridos hermanas y hermanos. Estoy encantado de estar aquí para traerles el saludo de los 120 (ciento vente) miembros de la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos. Desde los años 60’s la iglesia en Canadá, las diócesis y ordenes religiosas respondieron con generosidad a la llamada del Beato Juan XXIII a compartir los recursos de la Iglesia, enviando misioneros a la Iglesia en América Latina. Estos misioneros trajeron de vuelta a la Iglesia en el Canadá el conocimiento y el amor de la realidad que vivieron en América Latina.
En los 40 años desde la clausura del Concilio Vaticano II, los Episcopados del CELAM, Estados Unidos y el Canadá se han reunido regularmente, y desde el Sínodo de América, las reuniones de los Obispos de América han retomado una nueva importancia. No somos extraños sino amigos.
La Iglesia en el Canadá tiene un gran interés en el tema de la V Conferencia. Los Obispos están siguiendo esta reunión con un particular interés, porque en Canadá experimentamos el mismo drama: la incoherencia entre la fe y la vida.
La sociedad canadiense sufre rápidos y profundos cambios a todos los niveles. Un grupo minoritario de voces poderosas empujan una agresiva agenda de secularización de la sociedad. Hay una presión enorme de excluir la religión y sus valores del discurso publico. Todo se define y gira en base a los derechos individuales y por eso han redefinido el significado del matrimonio y cada vez cuidamos menos de la dignidad de la vida humana. La reimaginación de la sociedad canadiense procede implacablemente.
Lo que más nos duele es que el 47 por ciento de los ciudadanos canadienses profesan ser católicos y sin embargo nuestra capacidad de incidir en las políticas públicas va menguando considerablemente.
El reto ante nosotros es evidente y de grandes proporciones: ¿Como podemos ayudar a todos los miembros bautizados de la Iglesia Canadiense a ser discípulos convencidos y misioneros eficaces de Jesucristo para que nuestros pueblos en EL tengan vida?
Los Obispos del Canadá acompañan esta celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe con espíritu fraternal y con su ferviente oración y a la misma vez esperan con gran ilusión las conclusiones de esta Conferencia.
Fecha publicación: 2007-05-14
La Conferencia de Aparecida, un trabajo continental comenzado en el año 2001
Según revela el cardenal Errázuriz
APARECIDA, lunes, 14 mayo 2007 (ZENIT.org).- La Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, cuyos trabajos ordinarios comenzaron este lunes, ha sido precedida por un enorme trabajo continental de años, constata el cardenal Francisco Javier Errazuriz Ossa, arzobispo de Santiago de Chil.
El presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en una rueda de prensa concedida en este día, constató: «La Quinta Conferencia comenzó este domingo, con el discurso del Santo Padre, preso se trabaja en ella desde el año 2001».
El purpurado reveló detalles sobre cómo el mismo Papa Benedicto XVI participó en los detalles de la selección del tema, «Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6)».
Tras la elección del tema, el cardenal explicó que el gran desafío consistió en suscitar la participación de todas las comunidades de América Latina para que hicieran llegar sus contribuciones a la preparación de la Conferencia.
«Para que se hagan una idea de los números, sólo en mi parte, en Chile, que es un país pequeño, más de 10.000 comunidades trabajaron en este tema y elaboraron contribuciones», destacó.
Como expectativa para la Conferencia, el cardenal destacó la necesidad de profundizar el tema del discipulado y la misión desde diversas perspectivas a fin de abordar con fidelidad los desafíos de la evangelización del Continente.
Fecha publicación: 2007-05-14
Entrevista concedida por el Papa a los periodistas durante el vuelo hacia Brasil
APARECIDA, lunes, 14 mayo 2007 (ZENIT.org).- Presentamos la trascripción de la entrevista que concedió Benedicto XVI a los periodistas durante el vuelo que le llevó de Roma a Sao Paulo el 9 de mayo pasado.
* * *
--Benedicto XVI: Buenos días, nos encontramos sobre el Sahara y nos dirigimos hacia el "continente de la esperanza". Voy con gran alegría, con tantas esperanzas a este encuentro con América Latina. Tenemos diversos momentos significativos: primero en San Pablo, el encuentro con la juventud; y luego la canonización, siempre en San Pablo, de este primer santo nacido en Brasil, que me parece una expresión importante también de aquello que este viaje significa. Se trata de un santo franciscano, que ha actualizado en Brasil el carisma franciscano y que es conocido como un santo de reconciliación y de paz. Digamos entonces que esto es un signo importante de una personalidad que ha sabido crear paz y así también coherencia social y humana.
Y después otro encuentro importante, en la "Fazenda da Esperança" (n.d.r. la comunidad de recuperación para drogadictos que el Papa visitará el sábado por la mañana), un lugar donde se muestra la fuerza de curación que está en la fe y que ayuda a abrir los horizontes de la vida. Todos estos problemas de droga, etc., nacen justamente de una falta de esperanza en el futuro. Es la fe la que abre el futuro y que de ese modo sabe también sanar. Me parece, por eso, que esta fuerza de curación y de esperanza, que abre un horizonte para el futuro, es muy importante.
Y finalmente, el punto que representa luego la finalidad primaria de este viaje, el encuentro con los Obispos que participan en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Es un encuentro que tiene de por sí – digamos – un contenido específicamente religioso: dar la vida en Cristo y hacerse discípulos de Cristo, sabiendo que todos queremos tener la vida, pero la vida no está completa si no tiene un contenido dentro de sí, y además una dirección hacia la cual caminar. En este sentido responde a la misión religiosa de la Iglesia y abre asimismo la mirada a las condiciones necesarias para las soluciones a los grandes problemas sociales y políticos de América Latina.
La Iglesia como tal no hace política – respetemos la laicidad – pero ofrece las condiciones en las que una sana política, con la consiguiente solución de los problemas sociales, puede madurar. Por lo tanto queremos hacer a los cristianos conscientes del don de la fe, de la alegría de la fe, gracias a la cual es posible conocer a Dios y conocer así también el por qué de nuestra vida. Los cristianos pueden ser de ese modo testigos de Cristo y aprender tanto las virtudes personales necesarias, cuanto las grandes virtudes sociales: el sentido de la legalidad que es decisivo para la formación de la sociedad. Conocemos los problemas de América Latina, pero queremos movilizar justamente aquellas capacidades, aquellas fuerzas morales que existen, las fuerzas religiosas, para responder así a la específica misión de la Iglesia y a nuestra responsabilidad universal por el hombre como tal y por la sociedad como tal.
--Padre Federico Lombardi, director de la Oficina de Información de la Santa Sede: Daría, al inicio, la palabra a «O Globo», que asegura la cobertura de este viaje para la televisión.
--Pregunta: Santidad, ¿la Iglesia puede hacer algo por la violencia, que en Brasil llega a asumir dimensiones inaceptables?
--Benedicto XVI: Quien tiene la fe en Cristo, quien tiene la fe en este Dios que es reconciliación y que con la Cruz ha colocado el signo más fuerte contra la violencia, no es violento y ayuda a los demás a superar la violencia. Por lo tanto la cosa más grande que podemos hacer es la de educar a la fe en Cristo, a aprender el mensaje que fluye de la persona de Cristo. Ser realmente un hombre, una mujer de fe significa automáticamente resistir a la violencia y esto moviliza a las fuerzas contra ella.
--Pregunta: Santidad, en Brasil hay una propuesta de referéndum sobre el tema del aborto; en Ciudad de México hace dos semanas el aborto fue despenalizado. ¿Qué puede hacer la Iglesia para limitar esta tendencia, de modo que no se extienda a otros países latinoamericanos, teniendo presente que en México el Papa ha sido acusado incluso de ingerencia por haber apoyado a los Obispos? ¿Y está de acuerdo con la Iglesia mexicana en que los parlamentarios que aprueben estas leyes que van contra los valores de Dios deben ser excomulgados?
--Benedicto XVI: Está esta gran lucha dentro de la Iglesia por la vida. Ustedes saben que el Papa Juan Pablo II hizo de ella un punto fundamental de todo su pontificado. Escribió una gran Encíclica sobre el Evangelio de la vida. Vamos naturalmente adelante con este mensaje que la vida es un don y la vida no es una amenaza. Me parece que a la raíz de estas legislaciones está por una parte un cierto egoísmo y por otra parte también una duda sobre el valor de la vida, sobre la belleza de la vida y también una duda sobre el futuro. Y la Iglesia responde sobre todo a estas dudas: la vida es hermosa, no es una cosa dudosa, sino es un don y también en condiciones difíciles la vida permanece siempre un don. Entonces, recrear esta conciencia de la belleza del don de la vida. Y luego la otra cosa, la duda sobre el futuro: naturalmente hay tantas amenazas en el mundo, pero la fe nos da la certeza de que Dios es siempre más fuerte y permanece presente en la historia, y por lo tanto podemos, con confianza, también dar la vida a nuevos seres humanos. Con la consciencia que la fe nos da sobre la belleza de la vida y sobre la presencia providencial de Dios en nuestro futuro podemos resistir a estos miedos que están a la raíz de estas legislaciones.
Pregunta (televisión brasilera): Santidad, nosotros notamos que en sus discursos se hace referencia al relativismo de Europa, a la pobreza de África, pero falta un poco América Latina ¿quizás porque no es una preocupación o usted dedicará, quizás, en el futuro alguna palabra más específica?
--Benedicto XVI: No, yo amo mucho América Latina, he realizado muchas visitas a América Latina y tengo tantos amigos y sé cuánto son grandes los problemas, y por otra parte cuánto es grande la riqueza de este continente. Vemos en este período como son "dominantes" los problemas de Oriente Medio, de Tierra Santa, de Irak, etc. Hay por lo tanto, en un cierto sentido, una inmediata prioridad que se debe tener en cuenta. Y también los sufrimientos de África son muy grandes, como sabemos. Pero no es que me preocupen menos los problemas de América Latina, porque no amo menos América Latina, el gran – es más, el más grande – continente católico y por lo tanto también la más grande responsabilidad para un Papa. Por eso estoy feliz que haya llegado el momento para mí de ir a América Latina, de confirmar el compromiso tomado por Pablo VI y por Juan Pablo II y de continuar en la misma línea. El Papa desea naturalmente que, además de ser el continente católico sea también un continente ejemplar, donde se resuelvan en modo adecuado los problemas humanos, que son grandes. Y se trabaja junto con los episcopados, los sacerdotes, los religiosos y los laicos, para que este gran continente católico sea también un continente de vida y realmente de esperanza. Ésta es para mí una prioridad de primer orden.
--Pregunta: Santidad, en su discurso de llegada usted dice que se trata de formar cristianos dando indicaciones morales, luego ellos deciden libre y conscientemente. ¿Usted comparte la excomunión dada a los diputados de Ciudad de México sobre la cuestión del aborto?
--Benedicto XVI: La excomunión no es una cosa arbitraria, sino que está prevista en el Código [n.d.r. de Derecho Canónico]. Por lo tanto está simplemente en el Derecho Canónico que el asesinato de un niño inocente es incompatible con ir a la comunión en la que se recibe el Cuerpo de Cristo. No se ha inventado nada nuevo, sorprendente o arbitrario. Se ha solamente recordado públicamente cuanto está previsto por el Derecho de la Iglesia, por un Derecho que está basado sobre la doctrina y sobre la fe de la Iglesia, sobre nuestro aprecio por la vida y por la individualidad humana, desde el primer momento.
--Pregunta en alemán
--Benedicto XVI: Respondo en italiano: Me ha preguntado si me siento suficientemente apoyado por los alemanes y si tengo también un poco de nostalgia de Alemania. Sí, me siento suficientemente apoyado; es normal que en un país mixto (protestante y católico), los bautizados no estén todos de acuerdo con el Papa; esto es del todo normal. Pero me parece que hay sin embargo un gran apoyo, también de personas que pertenecen a la parte no católica de Alemania. Por lo tanto, sí, el apoyo está y me ayuda. Amo mi patria, pero amo también Roma y ahora soy ciudadano del mundo. Y así estoy en casa en todos lados y estoy cerca a mi país, como a todos los otros.
--Pregunta: ¡Buenos días, Santidad! En su libro "Jesús de Nazaret" ha hablado de una dramática crisis de la fe. En América Latina no hay quizás esta dramática crisis de la fe, pero sí una debilitación; la teología de la liberación ha sido sustituida por la teología de las sectas protestantes, que prometen paraísos de la fe a poco precio; y la Iglesia católica pierde fieles. ¿Cómo limitar esta hemorragia de los fieles católicos?
--Benedicto XVI: Ésta es nuestra común preocupación. Justamente en esta V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe queremos encontrar respuestas convincentes y se trabaja ya para esto. Este éxito de las sectas demuestra, por un lado, que hay una difundida sed de Dios, una sed de religión, las personas quieren estar cerca a Dios y buscan un contacto con Él. Y naturalmente, por otro lado, aceptan también a quien se presenta y promete soluciones a sus problemas de la vida cotidiana. Nosotros, como Iglesia católica, debemos poner en acto aquello que es el objetivo de la V Conferencia – es decir, ser más misioneros y, por lo tanto, más dinámicos en ofrecer respuestas a la sed de Dios, ser conscientes de que la gente, y justamente también los pobres, quieren tener a Dios cerca. Somos conscientes de que, junto a esta respuesta a la sed de Dios, debemos ayudarlos a encontrar las justas condiciones de vida, tanto a nivel micro-económico, en las situaciones muy concretas como hacen las sectas, cuanto a nivel macro-económico, pensando también en todas las exigencias de la justicia.
--Pregunta: En relación a la pregunta del colega. Todavía se pueden encontrar muchos exponentes de la teología de la liberación en distintos lugares del Brasil. ¿Cuál es el mensaje específico para estos exponentes de la teología de la liberación?
--Benedicto XVI: Yo diría que con el cambio de la situación política ha cambiado también profundamente la situación de la Teología de la liberación y ahora es evidente que estos fáciles milenarismos, que prometían en lo inmediato, como consecuencia de la revolución, las condiciones completas para una vida justa, estaban equivocados. Hoy esto lo saben todos. Ahora la cuestión es cómo la Iglesia debe estar presente en la lucha por las reformas necesarias, en la lucha por condiciones más justas de vida. Sobre esto se dividen los teólogos, en particular los exponentes de la teología política. Nosotros, con la Instrucción dada en su tiempo por la Congregación para la Doctrina de la Fe, hemos querido hacer un trabajo de discernimiento, hemos buscado liberarnos de los falsos milenarismos, liberarnos también de una mezcla equivocada de Iglesia y política, de fe y política; y mostrar la parte específica de la misión de la Iglesia, que es precisamente la de responder a la sed de Dios y por lo tanto también la de educar en las virtudes personales y sociales, que son condiciones necesarias para madurar el sentido de la legalidad. Por otro parte, hemos buscado indicar las líneas guía para una política justa, una política que no hacemos nosotros, pero para la cual debemos indicar las grandes líneas y los grandes valores determinantes, y crear —digamos— las condiciones humanas, sociales y psicológicas en las que dichos valores puedan crecer. Hay, por lo tanto, un espacio para un debate difícil pero legítimo, sobre cómo llegar a esto y sobre cómo se puede hacer eficaz en el mejor modo posible la Doctrina social de la Iglesia. En este sentido también algunos teólogos de la liberación buscan avanzar dentro de este camino, otros toman otras posiciones. En todo caso el sentido de la intervención del magisterio no ha sido el de destruir el compromiso con la justicia sino el de guiarlo por los caminos justos y también en el respeto de la justa diferencia entre responsabilidad política y responsabilidad eclesial.
--Pregunta: Sabemos que usted ha estado dos veces en Colombia cuando era Cardenal y sabemos que Colombia esta muy presente en su corazón. ¿Quisiéramos saber que cosa puede hacer la Iglesia, para que nosotros podamos salir adelante, sobre todo en esta situación de conflicto interno colombiano?
--Benedicto XVI: Naturalmente yo no soy un oráculo que tiene automáticamente todas las respuestas justas. Sabemos que los Obispos se están esforzando con determinación para encontrar estas respuestas. Yo sólo puedo confirmar la línea fundamental de los Obispos, es decir una indicación fuerte a poner el acento sobre la fe, que es la garantía más segura contra el crecimiento de la violencia y, al mismo tiempo, un compromiso decisivo con la educación de una conciencia que salga de situaciones incompatibles con la fe. Naturalmente entran en juego condiciones —digamos— económicas donde pequeños campesinos viven de un cierto mercado que después permite grandes ganancias en otros lugares. Resolver inmediatamente, de un momento al otro, estos distintos problemas económicos, políticos, ideológicos no se puede, es necesario seguir adelante con gran decisión en la adhesión sincera a una fe que implica respeto de la legalidad, al mismo tiempo que amor y respeto por el otro. Me parece que la educación en la fe sea la humanización más segura también para resolver después, poco a poco, estos problemas muy concretos.
--Pregunta: Santidad, llegamos al continente del Obispo Oscar Romero. Se ha hablado mucho de su proceso de canonización. ¿Nos podría decir, Santidad, gentilmente en que punto nos encontramos, si está por ser canonizado y cómo ve usted su figura?
--Benedicto XVI: Después de las últimas informaciones sobre el trabajo de la Congregación competente, donde hay muchos casos en curso que sé que están yendo adelante. Su Excelencia monseñor Paglia me ha enviado una biografía importante que aclara muchos puntos de la cuestión. Mons. Romero ha sido ciertamente un gran testimonio de la fe, un hombre de gran virtud cristiana, que se comprometió con la paz y contra la dictadura y que fue asesinado durante la celebración de la Misa. Por lo tanto una muerte verdaderamente "creíble", de testimonio de la fe. Estaba el problema de que una parte política quería tomarlo para si como bandera, como figura emblemática, injustamente. ¿Cómo iluminar de la manera justa su figura, amparándola de estos intentos de instrumentalización? Éste es el problema. Se está examinando y yo espero con confianza lo que dirá al respecto la Congregación para la Causa de los Santos.
--Pregunta: ¿Cómo ve la cuestión del impacto de los regímenes políticos de izquierda en América Latina en relación al proyecto de la Iglesia para el continente y cuánto ha hecho parte la cultura brasilera de su formación personal?
--Benedicto XVI: En relación a estos aspectos de la acción política de la izquierda ahora no puedo hablar, no estoy lo suficientemente informado. Además, como es evidente, no quisiera entrar en cuestiones relacionadas directamente con la política. En relación a mi formación, digamos a mi compromiso personal con el Brasil, hay que tener presente que se trata del país más grande de América Latina, un país que va desde la Amazonia hasta la Argentina. El Brasil incluye diversas culturas indígenas. Se me ha dicho que hay más de 80 idiomas. Por otra parte está presente también el gran pasado donde se puede ver la presencia afro-americana y afro-brasilera. Es interesante como se ha formado este pueblo y como se ha desarrollado en él la fe católica: la fe ha sido defendida en todas las épocas y con muchas dificultades. Sabemos que en el '800 la Iglesia fue perseguida por las fuerzas neo-liberales. Por lo tanto en mi formación, un aspecto importante ha sido el seguir estos pueblos católicos de América Latina en su desarrollo. No soy un especialista, pero estoy convencido que aquí se decide, al menos en parte —y es una parte fundamental— el futuro de la Iglesia católica: esto para mi ha sido siempre evidente. Obviamente siento la necesidad de profundizar todavía más mi conocimiento de este mundo.
--Pregunta: Los portugueses siguen y rezan por este viaje que coincide con el 13 de mayo. Usted estará en Aparecida. Esta fecha es muy importante para nosotros, porque se cumplen los 90 años de la aparición de Fátima. ¿Así pues quiere decirnos algo en relación a esta coincidencia para el pueblo portugués?
--Benedicto XVI: Para mí es realmente un don de la Providencia que mi Misa en Aparecida, el gran Santuario mariano del Brasil, coincida con los 90 años de la aparición de la Virgen en Fátima. Así vemos que la misma Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre nuestra está presente en distintos continentes y, en los distintos continentes, se demuestra Madre siempre del mismo modo, demostrando una especial cercanía con cada pueblo. Esto para mi es muy hermoso. Es siempre la Madre de Dios, es siempre María, sin embargo está, por decirlo así, "inculturada": tiene su cara, su rostro específico en Guadalupe, en Aparecida, en Fátima, en Lourdes, en todos los países de la tierra. Precisamente así se muestra Madre, haciéndose cercana a todos. De esta manera todos se acercan entre ellos a través de este amor a la Madre. Este vínculo que la Virgen crea entre los continentes, entre las culturas, haciéndose cercana a cada cultura específica y al mismo tiempo uniéndolas todas entre sí, justamente esto me parece importante: el conjunto de especificidad de las culturas —que tienen su riqueza propia— y la unidad en la comunión de la misma familia de Dios.
--Pregunta en portugués: En Brasil hay algunos que no quieren escuchar el mensaje de la Iglesia.
--Benedicto XVI: Ésta no es una característica específica del Brasil. En todas partes de la tierra hay muchísimos que no quieren escuchar lo que dice la Iglesia. Esperemos que al menos oigan y después podrán disentir, pero es importante que al menos oigan para poder responder. Busquemos de convencer también a aquellos que disienten y no quieren escuchar. No podemos olvidar que también nuestro Señor no logró que todos lo escucharan. No esperamos convencer a todos en un momento. Pero yo busco, con la ayuda de mis colaboradores, de hablarle al Brasil en este momento, con la esperanza que muchos quieran escuchar y que muchos puedan también convencerse que éste es el camino que hay que seguir, un camino que además está siempre abierto también a muchas opciones y opiniones distintas.
[Texto distribuido por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Fecha publicación: 2007-05-13
El himno de acogida al Papa Benedicto XVI en Brasil
Habla su autor, asesor de Música Litúrgica de la CNBB, fray Luiz Turra
SÃO PAULO, domingo, 13 mayo 2007 (ZENIT.org).- El asesor de Música Litúrgica de la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB), fray Luiz Turra, ofm, es el autor del Himno Oficial que ha acogido al Papa Benedicto XVI en su visita a Brasil: «Bendito el que viene en el nombre del Señor».
En una entrevista concedida a Zenit, el religioso habla de música sacra y también de la composición de la canción que ha marcado el viaje del Papa al país.
--¿No cree que la música sacra parece ser una invitación siempre renovada y actualizada a la unidad propuesta por el cristianismo?
--Fray Luiz Turra: En cada época histórica, el arte revela y al mismo tiempo influencia la modalidad de la propia cultura. Así como el arte es un reflejo, también es un agente de transformación. Y en la vida de la Iglesia, el arte siempre estuvo muy presente en ese proceso. Además, la propia Iglesia siempre fue mecenas, defensora y promotora de arte, en todos los sentidos.
En cuanto a la cuestión de la música litúrgica, siempre fue en la Iglesia el gran vehículo de la palabra. El canto gregoriano (que tiene un estilo muy sencillo), se canta con una sola voz, y generalmente con un estilo recitativo, pues es una forma de dar un gran valor a la palabra, que es vehiculada a través de la melodía gregoriana.
El canto gregoriano siempre fue en la Iglesia, desde San Gregorio, el estilo oficial, y podría decir que es el canto raíz de toda la música de la Iglesia. Está claro que la polifonía, principalmente en momentos renacentistas (incluido el barroco) siempre fue señalada como una forma solemne de expresión. Y en nuestros días, tras el Concilio Vaticano II, se buscó incentivar las corales, llamando al pueblo a participar en las liturgias, porque antes del Concilio, las liturgias eran muy pasivas en cuanto a participación.
Ahora está claro que, como siempre cuando aparece un nuevo tiempo y una nueva interpelación, es muy fácil que se dé la ley del péndulo. Luego, por las tendencias culturales, casi se despreció o se dejó de lado la aportación de las corales y la polifonía, y creo que fue una pérdida muy grande para la Iglesia que la historia tendrá que reconstruir.
Estamos en medio de las influencias de las tensiones de la cultura postmoderna. La música vive un momento de inmensa fecundidad, pero también de una gran confusión, no sólo de estilos, sino de ritualidad. Hoy la música ritual está bastante afectada, porque se canta cualquier cosa, en cualquier momento, muchas veces sin ningún criterio.
Pienso que hoy, una de las grandes cuestiones de la pastoral litúrgica consiste en orientar el buen uso de la música en el rito de la Iglesia, para que la palabra esté realmente al servicio del anuncio de la buena noticia de Jesucristo.
--¿Cómo la Iglesia, con su riquísima tradición, en el buen sentido de la palabra –transmitir lo mejor de la historia--, puede dialogar con la cultura actual de tendencias tan disonantes?
--Fray Luiz Turra: Está claro que en este diálogo hoy la Iglesia tiene un desafío muy grande. El mundo tiene su camino, el pueblo tiene sus estilos, y la Iglesia no puede perder de vista la finalidad por la que compone la música y, sobre todo, se sirve de ella como instrumento de celebración y de evangelización.
Dentro de eso es posible determinar las características de algunos estilos, porque hay música pastoral apropiada para la animación y motivación de grupos y hasta multitudes, y también una música adecuada para el servicio de la liturgia, en el momento de la celebración.
No se deben cantar de cualquier manera las diferentes partes de la Misa. Hay momentos de concentración, donde se llama al perdón o al cambio de vida, y también donde se invita a la alabanza. La alabanza también tiene su medida, no puede ser una extrapolación, por ejemplo de barullos y sones desordenados.
La música tiene que tener su melodía adecuada y su armonía. Lo que pasa, en nuestros días, es que lamentablemente se abandonó mucho la teoría musical, tanto en la formación de los sacerdotes como del pueblo en general.
Hoy, la música va mucho más a lo espontáneo que a una manera ordenada por una teoría musical, con normas de composición, de armonía. Está claro que estamos pagando muy caro el precio de la falta de formación, y recogiendo los frutos de un largo periodo de casi abandono de la música teórica.
Pero pienso que hay una conciencia de retomar todo eso para intentar un mejor ordenamiento. En el momento actual, hay una fecundidad de movimientos en la vida de la Iglesia, con muchos estilos, que traen el riesgo de una cierta confusión, y la Iglesia --lejos de ser represora-- debe tener una palabra.
La Iglesia, con su teología litúrgica, tiene una palabra de orientación muy clara para la elección de los repertorios y para la orientación de los estilos dentro de la propia liturgia. También sería bueno que, dentro de los criterios litúrgicos, teológicos y pastorales, pudiéramos valorizar las raíces de la música brasileña.
Eso es muy recomendable, incluso las expresiones musicales de las diversas regiones de Brasil, con estilos muy ricos. Ese es un trabajo que tenemos que hacer.
--Hablaba de un cierto abandono y descuido de la formación musical. ¿Cómo es posible ayudar a experimentar lo sagrado en el rito litúrgico?
--Fray Luiz Turra: En ese sentido, la CNBB tiene un proyecto muy claro y determinado, que es el himnario litúrgico. Se caracteriza por cantar la liturgia lo mejor posible, centrándose básicamente en la Palabra de Dios.
El himnario es una propuesta en la que se trabaja desde hace mucho tiempo y que poco a poco va siendo conocida. Ya tenemos una experiencia en diversas parroquias y regiones, con un camino bien recorrido, que nos muestra que la liturgia, cuando realmente está bien cantada, se hace mucho más densa y menos dispersa.
Muchas veces, la palabra de Dios habla de un tema, y los comentarios o los cantos tratan de otro tema. El himnario litúrgico intenta valorizar, no sólo el tiempo litúrgico sino también los momentos característicos de nuestros ritos y celebraciones.
Por este motivo, el himnario litúrgico tiene que ser muy trabajado y enriquecido con composiciones que, con certeza, respondan a los diferentes estilos de nuestras regiones. Sin duda es un gran proyecto para rescatar o renovar el canto litúrgico en Brasil.
--Usted es autor del Himno Oficial de Acogida a Benedicto XVI, en su visita a Brasil. ¿Cómo ha sido esa experiencia?
--Fray Luiz Turra: La experiencia de hoy es consecuencia de la experiencia positiva de antaño. Cuando Juan Pablo II vino por primera vez a Brasil, se compuso el bellísimo himno «La bendición, Juan de Dios», que marcó profundamente a la Iglesia.
--Fue un éxito llamativo.
--Fray Luiz Turra: Increíble. Al Papa Juan Pablo II le gustó mucho. Él mismo cantaba el himno, pues se sentía en casa bien acogido con una canción en la que todo el pueblo expresaba su bienvenida y su cariño por él.
Cuando el Papa recibía a algún brasileño en el Vaticano, en cuanto lo veía empezaba a cantar «La bendición, Juan de Dios». Entonces se volvió una tradición que empezó modestamente y que contagió a todos, y los autores de aquella composición estaban felicísimos.
Ahora, en el Santuario Nacional de Aparecida y también en Aparecida TV, con el apoyo de la CNBB, también pensaron en hacer un himno oficial, teniendo como proyecto la expresión: «¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!», basado en el Evangelio de San Lucas.
Al recibir la invitación, entre unos veinte compositores, procuré contribuir, de modo muy sencillo. Hasta lo hice muy rápido, en dos horas. Procuré tejer una poesía que fuera de acuerdo con la melodía.
Al componer el himno, imaginé que el Papa viene en nombre del Señor. Todas las estrofas procuran recordar la Conferencia de Aparecida y también a nuestra Señora, el lema de la V Conferencia, «Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que todos los pueblos tengan vida en El».
Todo eso me fue ayudando en la composición, principalmente su encíclica, «Deus Caritas Est». Pensé en hacer las estrofas en forma de letanía, y que un solista vaya enunciando y el pueblo vaya respondiendo «Dios es Amor».
De esa manera, proclamamos lo que es el foco principal del pontificado de Benedicto XVI, que Dios es amor. Además, facilitamos al pueblo el no tener tanto papel en la mano.
Nuestro himno es un lenguaje simbólico de acogida, de comunión, de participación y, sobre todo, de apertura, para que nuestro pueblo realmente no sólo diera la bienvenida al Papa sino a su mensaje. Un mensaje cargado de mucha esperanza pero también de compromiso, de protección y promoción de la vida, en todos los sentidos.
[Por Hermes Rodrigues Nery, profesor y periodista, coordinador de la Comisión Diocesana en Defensa de la Vida, de la Diócesis Taubaté (São Paulo)]
CELAM.- El Papa se despide hoy de Brasil con la inaguración de la V Conferencia del Episcopado de América Latina
La defensa del matrimonio y de la familia y los llamamientos a una nueva evangelización han sido su bandera
APARECIDA (BRASIL), 13 May. (de la enviada especial de EUROPA PRESS, Laura Caldito) -
El Papa Benedicto XVI se despedirá hoy de Brasil después de que inaugurar la V Conferencia del Episcopado de América Latina y Caribe (CELAM) en la pequeña localidad de Aparecida, cuyos trabajos se prolongarán hasta el próximo 31 de mayo y que pretende analizar la situación de la Iglesia católica en la región y estudiar sus soluciones y líneas de acción pastoral.
Antes de marcharse de Brasil, el Papa todavía hará dos discursos más: uno durante la misa de inauguración de la CELAM que tendrá lugar en la Basílica de Nossa Senhora de Aparecida a las 10:00 horas (hora local, 15:00 hora peninsular española) a la que se espera que asistan unas 500.000 personas, y otro durante la apertura de los trabajos de la Conferencia, a las 16:00 horas (hora local, 21:00 hora peninsular española) en la misma basílica.
Sin embargo, hasta ahora, durante sus intervenciones en los diferentes actos y celebraciones en la primera fase de su visita, en Sao Paulo, ya ha abordado los problemas que sufre la Iglesia en el continente y dado algunas orientaciones acerca de hacia dónde deben ir las soluciones. Ya nada más bajar del avión papal en el aeropuerto de Guarulhos, el Papa aseguró que, durante la Conferencia de Aparecida, será reforzada la "identidad cristiana" del continente con la promoción "del respeto por la vida, desde su concepción hasta su natural declive, como exigencia propia de la naturaleza humana". Además, dijo, se hará también "una promoción de la persona humana, eje de la solidaridad, especialmente con los pobres y los desamparados".
En esa misma ocasión, junto al presidente brasileño, Luiz Inácio 'Lula' da Silva, Su Santidad defendió que la intención de la Iglesia es sólo indicar los valores morales de cada situación y formar a los ciudadanos para que puedan decidir consciente y libremente". Así, dijo "no dejará de insistir en el empeño que habrá que darse para asegurar el fortalecimiento de la familia, como célula de la sociedad, de la juventud, cuya formación constituye un factor decisivo para el futuro de la nación, y, finalmente, pero no por último, defendiendo y promoviendo los valores subyacentes en todos los segmentos de la sociedad, especialmente de los pueblos indígenas".
Un día después, el Papa dirigió sus palabras a los jóvenes, en el estadio de Pacaembú, y les dijo que ellos son "el presente de la Iglesia" y no sólo el futuro. A ellos les instó a que no desperdiciaran la vida, pero les pidió que la vivieran de manera responsable y conforme a los Mandamientos. Benedicto XVI aprovechó también la ocasión para volver a hacer un llamamiento a la defensa de la familia y el matrimonio, su gran constante durante toda su visita pastoral. Además, les dijo que deben hacer de la castidad un "baluarte" de sus "esperanzas futuras".
Mientras, en la misa de canonización de Frei Galvao, el primer santo brasileño, el Papa lanzó un mensaje de atención a los creyentes, y les instó a rechazar a los medios de comunicación "que ridiculizan la santidad del matrimonio y la virginidad antes del casamiento". Asimismo, el Santo Padre aseguró que el mundo "necesita de vidas limpias, de almas claras, de inteligencias simples que rechacen ser consideradas criaturas de objeto de placer"
Sin embargo, el momento en que el Romano Pontífice abordó de manera más directa los problemas a los que se enfrenta la Iglesia latinoamericana y lanzó un mensaje más directo a sus miembros fue durante el encuentro que mantuvo ayer en la Catedral da Sé con el Episcopado brasileño.
DESAFIOS DE LA IGLESIA
Allí, el Santo Padre pintó un panorama oscuro para la Iglesia, aunque pidió no perder la confianza, ya que la Iglesia es "santa e incorruptible. "Es verdad que los tiempos de hoy son difíciles para la Iglesia y muchos de sus hijos están atribulados", reconocía el Sumo Pontífice ante los alrededor de 400 obispos reunidos en la catedral, considerando que la "vida social" está atravesando en la actualidad "momentos de confusión desorientadora".
Lamentó cómo se ataca "impunemente la santidad del matrimonio y de la familia". En concreto, se refirió a las "concesiones" que se hacen frente a las "presiones capaces de incidir negativamente sobre los procesos legislativos". Además, criticó las justificaciones de "algunos crímenes contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual" y los atentados "contra la dignidad del ser humano" y la propagación de "la herida del divorcio y las uniones libres".
Por lo que se refiere a la situación concreta en Brasil, el Papa no vaciló al abordar la cuestión "de los católicos que abandonan la vida eclesial". Para el Sumo Pontífice, la causa principal de la pérdida de fieles que ha experimentado la Iglesia en el país es "la falta de una evangelización en la que Cristo y su Iglesia estén en el centro de toda explicación".
En este sentido, consideró que los más "vulnerables al proselitismo agresivo de las sectas e incapaces de resistir a las investidas del agnosticismo, el relativismo y el laicismo" son generalmente "los bautizados no suficientemente evangelizados, fácilmente influenciables porque tienen una fe frágil y, a veces, confusa, vacilante e ingenua, aunque conserven una religiosidad innata".
Por ello, y para solucionar el gran desafío de la Iglesia en el subcontinente americano, el Papa pidió una "evangelización metódica y capilar" y un mayor acercamiento a las personas menos desfavorecidas, ya que, dijo, la "atención en ofrecer el bálsamo de la fe" no debe olvidar "el pan material".
El Papa también instó al respeto de la Liturgia de la Iglesia y pidió que se trabaje con el Evangelio "en las manos" y fundamentados en la correcta herencia de la Tradición Apostólica, "sin interpretaciones movidas por ideologías racionalista", en lo que pareció ser su única crítica a la Teología de la Liberación en territorio brasileño, a la que no se ha referido en ninguno de sus discursos.
Por otra parte, el Papa recordó a los obispos la "enorme responsabilidad" que tienen como "formadores del pueblo, especialmente de los sacerdotes y religiosos" y apeló a su que su "celo sacerdotal" se ponga a disposición del "discernimiento de la vocaciones" que evite "el riesgo de desvíos en el campo de la sexualidad". Asimismo, en su denso mensaje, el Papa también habló de la "urgente" necesidad de la "búsqueda de unidad de los cristianos" en un tiempo de "encuentro de culturas y desafío del secularismo".
La Conferencia que comienza hoy es la quinta del Episcopado latinoamericano y caribeño. Las cuatro anteriores tuvieron lugar en Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992), y fue convocada en mayo de 2001 por Juan Pablo II, ante la preocupación de los obispos por el avance de las sectas y la secularización.
Fecha publicación: 2007-05-12
Buen ambiente entre los más de tres mil periodistas que siguen al Papa en Brasil
SAO PAULO, sábado, 12 mayo 2007 (ZENIT.org).- La importancia de la figura del sucesor de Pedro es evidente entre los numerosos periodistas que desde Sao Paulo están siguiendo el viaje de Benedicto XVI a Brasil.
Unos 3.200 profesionales de la comunicación del país y de todo el mundo se esfuerzan por captar el mejor enfoque, la imagen más impactante o el dato más expresivo del Papa.
En este contexto, se ha creado un ambiente cordial entre los periodistas, que durante el paso del obispo de Roma en Sao Paulo se reunían en la Sala de Prensa oficial en el Centro de Congresos de Anhembi.
La periodista Graciela Brito, de «Radio María Argentina», constató con Zenti que entre los periodistas se respira un clima fraterno.
«Todos tratan de difundir de la mejor manera las noticias sobre el Papa», comenta la periodista argentina. «Es una gran fiesta de fe».
Gonzalo Penagos, director operativo de PaxNet «Radio Paz Satelital», que transmite desde Miami (Estados Unidos) para el mundo de lengua española, testimonió el amor de los comunicadores católicos al Papa.
«Estamos aquí porque el amor por nuestra Iglesia y por el vicario de Cristo es infinito. Hemos acompañado siempre a Juan Pablo II y acompañaremos siempre al Papa», comentó.
«Estar aquí con Benedicto XVI, en su primera visita a América Latina, teniendo en cuenta que nos dirigimos al público hispano, era un deber».
«Gracias a la prensa, todo el mundo está recibiendo las palabras del Papa: la petición que presentó a favor de la defensa de la vida, el cuidado de la Amazonia, el llamamiento a la castidad entre los jóvenes», observó el periodista.
Según Penagos, Benedicto XVI presentó toda «una serie de elementos que de aquí salen en más de 30 idiomas, alcanzando todos los lugares del mundo».
«Es la gracia de Dios --afirmó--. Transmitimos para ayudar a mostrar al mundo que Jesucristo es el Señor y el Salvador de la humanidad».
Fecha publicación: 2007-05-11
Homilía del Papa a los obispos de Brasil
SAO PAULO, viernes, 11 mayo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció este viernes Benedicto XVI a los obispos de Brasil en la catedral de la ciudad de Sao Paulo, dedicada a Nuestra Señora de la Anunciación.
Amados hermanos en el Episcopado,
«El Hijo de Dios con lo que padeció aprendió la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen» (cf. Hb 5,8-9).
1. El texto que acabamos de oír en la Lectura Breve de las Vísperas de hoy contiene una enseñanza profunda. También en este caso constatamos como la Palabra de Dios es viva y más penetrante que una espada de dos filos, llega hasta la juntura del alma, reconfortándola, estimulando a sus fieles servidores (cf. Hb 4,12).
Agradezco a Dios por haber permitido encontrarme con un Episcopado prestigioso, que está al frente de una de las más numerosas poblaciones católicas del mundo. Yo os saludo con sentimientos de profunda comunión y de afecto sincero, conociendo bien la dedicación con que seguís las comunidades que os fueron confiadas. La calurosa acogida del Señor Párroco de la Catedral de la Sé y de todos los presentes me hizo sentir en casa, en esta grande Casa común que es nuestra Santa Madre la Iglesia Católica.
Dirijo un especial saludo a la nueva Presidencia de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil y, al agradecer las palabras de su presidente, monseñor Geraldo Lyrio Rocha, hago votos por un provechoso desempeño en la tarea de consolidar siempre más la comunión entre los obispos y de promover la acción pastoral común en un territorio de dimensiones continentales.
2. Brasil está acogiendo a los participantes de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano con su tradicional hospitalidad. Expreso mi agradecimiento por la atenta recepción de sus miembros y mi profundo aprecio por las oraciones del pueblo brasileño, formuladas especialmente en pro del buen éxito del encuentro de los obispos en Aparecida.
Es un gran evento eclesial que se sitúa en el ámbito del esfuerzo misionero que América Latina deberá proponerse, precisamente a partir de aquí, del suelo brasileño. Fue por eso que quise dirigirme inicialmente a vosotros, Obispos del Brasil, evocando aquellas palabras densas de contenido de la Carta a los Hebreos: «El Hijo de Dios con lo que padeció aprendió la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen» (Hb 5, 8-9).
Exuberante en su significado, este versículo habla de la compasión de Dios para con nosotros, concretada en la pasión de su Hijo; y habla de su obediencia, de su adhesión libre y consciente a los designios del Padre, explicitada especialmente en la oración en el monte de los Olivos: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42).
Así, es el propio Jesús quien nos enseña que la verdadera vía de salvación consiste en conformar nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Es exactamente lo que pedimos en la tercera invocación de la oración del Padre Nuestro: que sea hecha la voluntad de Dios, así en la tierra como en el cielo, porque donde reina la voluntad de
Dios, ahí está presente el reino de Dios. Jesús nos atrae hacia su voluntad, la voluntad del Hijo, y de este modo nos guía hacia la salvación. Yendo al encuentro de la voluntad de Dios, con Jesucristo, abrimos el mundo al reino de Dios.
Nosotros los Obispos, somos convocados para manifestar esa verdad central, pues estamos vinculados directamente a Cristo, Buen Pastor. La misión que nos es confiada, como Maestros de la fe, consiste en recordar, como el mismo Apóstol de los Gentiles escribía, que nuestro Salvador «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tm 2, 4-6). Ésta es la finalidad, y no otra, la finalidad de la Iglesia, la salvación de las almas, una a una. Por eso el Padre envió a su Hijo, y «como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20,21). De aquí, el mandato de evangelizar: «Id, pues, enseñad a todas las naciones; bautizadlas en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. enseñadles a observar todo lo que os mandé. He aquí que estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,19-20).
Son palabras simples y sublimes en las cuales están indicadas el deber de predicar la verdad de la fe, la urgencia de la vida sacramental, la promesa de la continuada asistencia de Cristo a su Iglesia. Éstas son realidades fundamentales y se refieren a la instrucción en la fe y en la moral cristiana, y a la práctica de los sacramentos. Donde Dios y su voluntad no son conocidos, donde no existe la fe en Jesucristo ni su presencia en las celebraciones sacramentales, falta lo esencial también para la solución de los urgentes problemas sociales y políticos.
La fidelidad al primado de Dios y de su voluntad, conocida y vivida en comunión con Jesucristo, es el don esencial, que nosotros Obispos y sacerdotes debemos ofrecer a nuestro pueblo (cf. Populorum progressio 21).
3. El ministerio episcopal nos impele al discernimiento de la voluntad salvífica, en la búsqueda de una pastoral que eduque el Pueblo de Dios a reconocer y acoger los valores trascendentes, en la fidelidad al Señor y al Evangelio. Es verdad que los tiempos de hoy son difíciles para la Iglesia y muchos de sus hijos están atribulados. La vida social está atravesando momentos de confusión desorientadora. Se ataca impunemente la santidad del matrimonio y de la familia, comenzando por hacer concesiones delante de presiones capaces de incidir negativamente sobre los procesos legislativos; se justifican algunos crímenes contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual; se atenta contra la dignidad del ser humano; se extiende la herida del divorcio y de las uniones libres. Aún más: en el seno de la Iglesia, cuando el valor del compromiso sacerdotal es cuestionado como entrega total a Dios a través del celibato apostólico y como disponibilidad total para servir a las almas, dándose preferencia a las cuestiones ideológicas y políticas, incluso partidarias, la estructura de la consagración total a Dios empieza a perder su significado más profundo.
¿Cómo no sentir tristeza en nuestra alma? Pero tened confianza: la Iglesia es santa e incorruptible (cf. Ef 5,27). Decía San Agustín: «¿Titubeará la Iglesia si titubea su fundamento, pero podrá quizá Cristo titubear? Visto que Cristo no titubea, la Iglesia permanecerá intacta hasta el fin de los tiempos» («Enarrationes in Psalmos», 103,2,5; PL, 37, 1353.)
Entre los problemas que abruman vuestra solicitud pastoral está, sin duda, la cuestión de los católicos que abandonan la vida eclesial. Parece claro que la causa principal, entre otras, de este problema, pueda ser atribuida a la falta de una evangelización en la que Cristo y su Iglesia estén en el centro de toda explicación. Las personas más vulnerables al proselitismo agresivo de las sectas - que es motivo de justa preocupación – e incapaces de resistir a las embestidas del agnosticismo, del relativismo y del laicismo son generalmente los bautizados no suficientemente evangelizados, fácilmente influenciabais porque poseen una fe fragilizada y, a veces, confusa, vacilante e ingenua, aunque conserven una religiosidad innata.
En la Encíclica «Deus caritas est» recordé que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (N. 1). Es necesario, por tanto, encaminar la actividad apostólica como una verdadera misión dentro del rebaño que constituye la Iglesia Católica en Brasil, promoviendo una evangelización metódica y capilar en vista de una adhesión personal y comunitaria a Cristo. Se trata efectivamente de no ahorrar esfuerzos en la búsqueda de los católicos apartados y de aquéllos que poco o nada conocen sobre Jesucristo, a través de una pastoral de la acogida que les ayude a sentir a la Iglesia como lugar privilegiado del encuentro con Dios y mediante un itinerario catequético permanente.
Una misión evangelizadora que convoque todas las fuerzas vivas de este inmenso rebaño. Mi pensamiento se dirige, por tanto, a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que se prodigan, muchas veces con inmensas dificultades, para la difusión de la verdad evangélica. Entre ellos, muchos colaboran o participan activamente en las Asociaciones, en los Movimientos y en otras nuevas realidades eclesiales que, en comunión con sus Pastores y de acuerdo con las orientaciones diocesanas, llevan su riqueza espiritual, educativa y misionera al corazón de la Iglesia, como preciosa experiencia y propuesta de vida cristiana.
En este esfuerzo evangelizador, la comunidad eclesial se destaca