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JUAN PABLO II
 
 
 



 

Fecha publicación: 2007-06-03

Un Master interdisciplinario, primera actividad de la Universidad de la Mística

Habla su director, el carmelita descalzo Sancho Fermín

ÁVILA, domingo, 3 junio 2007 (ZENIT.org).- La futura Universidad de la Mística se pondrá en marcha con un Master interdisciplinario precisamente sobre mística.

En esta entrevista, su director, el profesor Francisco Javier Sancho Fermín -especialista en la figura de Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la Cruz)-, explica esta iniciativa universitaria situada en la ciudad de los santos carmelitas Juan de la Cruz y Teresa de Ávila.

El «Master en Mística y Ciencias Humanas» se configura como título propio de la Universidad Católica de Ávila.

--¿Qué novedad aporta este Master interdisciplinario?

--Prof. Sancho: Ya el reconocimiento y la configuración del curso como Master, según los requisitos del proyecto de Bolonia, es una novedad para el próximo curso.

Aunque en buena medida los contenidos que se van a impartir en el Master ya formaban parte del curso anual que ofrecía el CITeS («Centro Internacional Teresiano Sanjuanista») el enfoque, la distribución y la incorporación de determinados contenidos son una novedad.

Básicamente las grandes novedades podemos sintetizarlas en el enfoque por módulos con un fuerte carácter interdisciplinario (mística, religiones y cristianismo; mística y ciencias humanas; mística e historia; mística y lenguaje-literatura; Teresa de Jesús y Juan de la Cruz).

El objetivo es situar a los dos grandes místicos cristianos en un amplio contexto de diálogo, estudio y profundización. La mística es un fenómeno profundamente humano que afecta a la persona en todas sus dimensiones.

Por eso no podemos estudiarlo simplemente desde una perspectiva, sino que la implicación de todas las ciencias confluyen a una comprensión mayor y suponen un estímulo de cara a una vivencia cada vez más auténtica de la experiencia de Dios.

En definitiva, la "misión" fundamental es esa: ayudar al hombre y a la mujer de hoy a que se encuentren personalmente con Dios, y que desde ahí puedan vivir su religiosidad y humanidad en plenitud.

--¿El Master es la primera actividad de la futura Universidad de la Mística?

--Prof. Sancho: Así es. Casi hasta podíamos definirlo como el «plato fuerte» de lo que se pretende ofrecer, aunque la intención es que una vez que el Master sea oficial, también sea una vía abierta al doctorado.

El proyecto de la "Universidad de la Mística" lo que se propone, en definitiva, es ofrecer de todas las maneras posibles el acceso y contacto con cuanto es e implica la "experiencia de Dios". Por eso, aparte del Master, durante todos los fines de semana y tiempos vacacionales se ofrecerán cursos con temas monográficos y una fuerte orientación “experiencial”: es lo que denominamos "Escuela de formación y crecimiento espiritual".

También se está organizando la "Escuela de mistagogía y acompañamiento espiritual", que pretende ayudar a una comprensión y vivencia de la fe como realidad viva: en principio se planea un curso intensivo en dos años y durante quince días en el mes de julio. Comenzaría en el 2008.

Además de estas actividades, también se fomentarán los congresos y encuentros internacionales. Para 2008 ya se está organizando un congreso de filosofía y mística en el mes de septiembre, y un congreso "De la ciencia a la mística" con la participación de la Universidad de Munich para octubre.

Durante el tiempo de verano ya hemos comenzado la organización de cursos en inglés, y estamos abiertos a grupos, instituciones... que deseen solicitar un curso “a la carta”...

El nuevo centro podrá acoger paralelamente diversas actividades. La capacidad de alojamiento es de 150 personas.

--Hay muchos problemas con las obras, las constructoras, etcétera. ¿Cuando se prevé el final de este proyecto?

--Prof. Sancho: Ciertamente la obra está siendo probada desde sus inicios. Santa Teresa diría que tantas contradicciones son el mejor signo de que es una obra querida por Dios y de que dará gran fruto.

Con las constructoras no hemos tenido ninguna suerte, aunque en el proceso hemos compartido los sufrimientos de muchas personas y hemos aprendido que merece la pena luchar y dar la propia vida por amor a Dios.

Ha sido experimentar la presencia de Dios en medio de la contrariedad.

Aún sin tener una certeza total, creemos que para finales de este año la obra puede estar totalmente concluida. No obstante, aún albergamos la esperanza de que si salvamos las dificultades actuales, parte del edificio podrá estar disponible para el mes de octubre... Pero dada la experiencia necesariamente tenemos que ser muy cautos en este tema.

--Ávila tiene otros cursos y programas relacionados con la mística. ¿Cuál es la especificidad del de ustedes?

--Prof. Sancho: En Ávila funciona desde hace algunos años una institución municipal denominada "Centro Internacional de estudios místicos", que desde hace más de diez años organiza un congreso anual de fin de semana sobre algún tema relacionado con la mística.

Para nosotros, y para los alumnos, es una ocasión de oro para enriquecer aún más nuestro programa.

También se ha abierto un "Centro de interpretación de la Mística", algo así como un pequeño museo que quiere introducir con símbolos e imágenes en el fenómeno de la mística.

Frente a esto, lo específico nuestro resulta evidente, sobre todo porque nuestros pilares son los dos grandes maestros de la Mística cristiana y su escuela: Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Edith Stein, Teresa de Lisieux, etcétera.

--¿Han pensado en ofrecer cursos “on line”, dado al gran interés de gente de todo el mundo por los grandes santos de Ávila?

--Prof. Sancho: Desde hace tiempo se nos viene pidiendo de todo el mundo esta modalidad de curso.

Y estamos trabajando en ello, aunque aún pasará un tiempo antes de que podamos instaurarlo con carácter oficial y con reconocimiento. Eso requiere una estructura y un profesorado muy comprometido. De entrada ya estamos configurando lo que sería un Master semi-presencial, que se desarrollaría en dos años con clases presenciales durante un fin de semana cada mes.

Pasar de ahí al Master “on line” será mucho más fácil. Con un poco de suerte antes de dos años habremos comenzado el Master semi-presencial.


 

 

 

Santo Tomás es modelo para los académicos católicos dice el Papa

 

VATICANO, 28 Ene. 07 / 09:30 am (ACI).- Al extenderse en el ejemplo de  Santo Tomás de Aquino con ocasión de su fiesta litúrgica durante la oración del Angelus, el Papa Benedicto XVI señaló que el santo es un ejemplo de diálogo entre culturas y modelo para los profesores y académicos católicos.

“Con sabiduría futurista, Santo Tomás de Aquino logró instaurar una relación fructífera con pensamiento árabe y hebreo de su tiempo, al punto de ser considerado un maestro siempre actual de dialogo con otras culturas y religiones”, dijo el Santo Padre; y agregó que   el santo de Aquino “supo presentar aquella admirable síntesis cristiana entre razón y fe que para la civilización occidental representa un patrimonio precioso, al cual hay que referirse aún hoy para dialogar eficazmente con las grandes tradiciones culturales y religiosas de este y del sur del mundo”.

“Oremos para que los cristianos, especialmente cuantos actúan en el ámbito académico y cultural, sepan expresar la racionalidad de su fe y testimoniarla en un diálogo inspirado en el amor”, concluyó

 

 

 

Un santo de mi devoción   
domingo, 29 octubre 2006 
El día 21 de marzo hace dos años me encontraba en Ciudad Victoria, Tabasco. Fui a dar unas clases de Biblia y me sobraron un par de días. Así que, de turista, andaba curioseando.

Ese día se tuvo un gran desfile en honor a Benito Juárez y se me hizo muy interesante ver todo el la gran cantidad de bautistas, presbiterianos y evangélicos que desfilaron con sus mantas a todo color que decían ’La Iglesia Tal’ o ’La Iglesia Cual’. Llegaron todos a la plaza y después del discurso del gobernador se fue cada quien a su casa. 

Al que estaba enrollando la manta de La Iglesia Evangélica Cuadrangular me acerqué con una gran sonrisa y le dije: Hola, amigo. ¿Se acabó ya la fiesta del santo?

"¡¿Pero qué dice?! Esta no es la fiesta de ningún santo. Hoy estamos celebrando a Don Benito Juárez.

Ah, ya. Vi tanta cosa y pensé que era el patrón del pueblo.

"No, no, aquí nada de santitos. Venimos a hacer honores a la bandera y al Señor Benito Juárez."

Vaya. Me parece muy bien.  Es una buena cosa honrar la memoria de las personas importantes de nuestra historia. ¿No crees?

"Así es, joven. Es el deber de todo buen mexicano."

Honrar no es adorar

Ciertamente nuestra devoción a los santos no agrada a nuestros hermanos separados. Dicen que sólo a Dios se ha de dar culto. Dicen que Cristo es el único mediador entre los hombres y Dios. ¡Pero si en esto hasta los católicos estamos de acuerdo! ¿Cuál bronca, pues?

Primero hay que entender que la Iglesia Católica nunca ha enseñado que hay que "dar culto" ni "adorar" a ningún hombre mortal, vivo o muerto.

¿Cuántos mártires católicos prefirieron la muerte antes de rendir culto al emperador o a sus dioses falsos?

Muy otra cosa es "venerar", "tener devoción a" y "honrar" a aquellas personas de nuestra historia cristiana que han sido ejemplares en la vivencia de la fe o de las virtudes. La Iglesia nos las propone como ayuda y estímulo. Y las honramos de muchas formas y sin ninguna pena...un poco como los evangélicos al Señor Benito Juárez.

¿quiénes son los santos?

En la Biblia se llaman "santos" a todos los fieles. San Pablo en varias cartas manda saludar a "todos los santos de Cristo Jesús" (Ef.1,1). En ese sentido los que hemos sido bautizados y llamados a la fe en Cristo, los cristianos de ayer y de hoy somos "santos", es decir, los que Dios ha bendecido con su gracia. Cuando San Pablo habla del ’cuerpo de Cristo’ (Rom.12,5), a eso se refiere. Y como para Dios todos estamos vivos, los que se murieron en la gracia de Dios también forman parte del "cuerpo de los santos"."El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob no es un Dios de los muertos, sino de los vivos." (Mt.12-,27)

Los católicos damos un reconocimiento especial a aquellos hombres y mujeres santos que están ahora unidos a Dios en el cielo. Ellos son los que han luchado el buen combate de la fe y han merecido la corona prometida.

A ellos les vemos con la esperanza de que nosotros, también, podamos llegar. La Iglesia nos anima a imitarlos de la misma manera que San Pablo nos dice: "Sigan mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo." (1Cor.11,1)

El evangélico dirá: "¡Pero si tus "santos" no son más que hombres como tú y yo!" Precisamente ahí está lo bueno de honrar a los santos. La vida de un santo me dice: yo pasé por las mismas, tú también puedes llegar.

Los católicos hemos sabido incorporar nuestra fe a todos los aspectos de su vida diaria. Cuando algún santo ha sobresalido en un campo particular de la vida, le decimos ’el patrón’ de tal sitio o de tal profesión. Así a San Martín de Porres, por ejemplo, le decimos ’el patrón de los peluqueros’.

Por eso celebramos el día de nuestro santo y por eso tantas de nuestra colonias y de nuestros pueblo tienen el nombre de algún santo. Es el recuerdo de que somos un pueblo católico llamado a la santidad.

¡los católicos rezan a las estatuas!

Aquí hay dos malentendidos. Primero, la estatua o el cuadro del santo no es más que un recuerdo de la vida o de las obras de ese cristiano. Si un católico reza delante de una imagen de santo, reza no a la imagen, sino a lo que representa. Una vez visité un templo pentecostal en Dallas y durante el servicio muchos estaban arrodillados con la Biblia en las manos y algunas de las Biblias tenían ilustraciones. Ni se me pasó por la cabeza que esa gente estuviera adorando a un libro o a los dibujos de un libro.

Segundo, ¿por qué se reza a los santos si San Pablo nos ha dicho que "Jesucristo es el único Mediador entre Dios y los hombres" (1Tim.2,5)? ¿No sería mejor rezar directamente a Dios?

Pero, bueno, si nos ponemos en ese plan, ¿por qué rezar siquiera directamente a Dios? ...total, El ya sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos...

Tenemos que rezar. Y tenemos que rezar unos por otros porque dependemos unos de otros como miembros del Cuerpo de Cristo que es su Iglesia (1Cor.12,27). San Pablo dice: "Hermanos, les pido que recen a Dios por mí" (Rom.15,30) y "Pidan constantemente por todos los creyentes" (Ef.6,18).

Si podemos pedir a otro pecador que interceda por nosotros con su oración, ¿por qué no se lo vamos a pedir a aquellos que ya han sido purificados de todo pecado y están en la presencia de Dios? ¡Hasta los evangélicos rezan unos por otros! Y yo les he visto imponerse las manos unos en otros para curarse...¿a poco no es una "mediación" eso? ¿Acaso Dios no puede curar sin sus manos? Como ves, el problema no es tan problema.

La Biblia nos da de entender que el honor y la veneración de los santos nos puede ayudar. San Juan nos dice que los ángeles y los santos presentan nuestras oraciones a Dios como un ofrecimiento agradable a El (Apoc.5,8 y 8,3).

La Biblia habla de como los profetas y los santos de Israel intercedieron por el pueblo (2Mac.15,11 y Jer.15,1). Eso no quita que Cristo sea el único Mediador. Nuestra mediación y la de los santos dependen de El.

Los católicos se interesan más por las apariciones y los milagros de sus santitos que de la palabra de Dios.

Despacito-. Los milagros, si se dan, son obra de Dios...sea quien sea el intercesor. Así, también, los evangélicos explican sus "curaciones milagrosas".

Nadie está obligado a creer en las apariciones de los santos o de la Virgen María. Que Dios puede imponerse a las leyes de la naturaleza y permitir algún signo extraordinario de su presencia entre nosotros está claro. Pero la Iglesia aconseja mucha prudencia frente a los rumores y a las revelaciones personales...ya la historia nos ha enseñado cómo corre la imaginación popular.


Si pido algo a un santo, ¿me contesta?

Más bien tenemos que pedir a través de los santos. Son auténticos hermanos en Cristo y su intercesión ante Dios nos puede alcanzar la gracia que buscamos de Aquel que contesta a todas nuestras oraciones.
 

 

 

 

 

Reflexión sobre la figura de san Agustín por el padre Pedro Langa

 

Lunes, 28 ago (RV).- A propósito del influjo de san Agustín en su vida joven, declaraba hace unos años el cardenal Ratzinger: «Desde el principio me interesó mucho […]. No fue en modo alguno un hombre que estuviera en las nubes […]. Vivió todos los días las realidades humanas, tratando de comunicar a los hombres la paz de Cristo, el Evangelio. En esto él es también un modelo, porque, si bien él probase gran nostalgia por la meditación y por el trabajo intelectual, se dedicó hasta el fondo a los pequeños compromisos de cada día y dentro de estas circunstancias quiso ser disponible a las personas […]. Aquello que entonces más me impresionaba no era tanto su ministerio pastoral, que yo [entonces] no conocía tan bien, sino la frescura y la viveza de su pensamiento […]. En Agustín está siempre explícitamente presente el hombre pasional, sufriente, interrogante, con quien uno se puede identificar» (Il sale della terra, 68s).


Ciertamente la doctrina de san Agustín, como asegura el Papa Benedicto XVI, atrae y alecciona más que su propia vida. De hecho el Vaticano II, refleja en sus documentos la presencia luminosa del Doctor de la Gracia. Brillan en la Lumen gentium su eclesiología de comunión, la apuesta por el diálogo, el ministerio de servicio, su encendido acento contra la fría increencia, y su permanente servicio al mundo de la cultura, en el que acertó a revelarse en todo momento como el maestro de la fe y del pensamiento, como el hombre inquieto de la contemplación y de la acción, como el genial comunicador desde su palabra siempre grácil y fresca, valiosísimo instrumental en la evangelización de siempre.


Sigue san Agustín siendo, por eso y más, radiante luz de caminantes, clara voz de la inteligencia, fulgente estrella de la Iglesia y patrimonio común de la Humanidad. Precisamente el primer coloquio internacional agustiniano tenido en Argelia en el año 2001, Año internacional del diálogo entre las civilizaciones decidido por la ONU, eligió como ejes de la cumbre africanidad y universalidad. Los especialistas intentaron con la primera subrayar lo temporal y cultural en «su» África romana profundamente impregnada por la herencia «líbico-númida». Con la segunda, en cambio, los aspectos de su extraordinaria influencia. La universalidad, en efecto, fue posible gracias a su colosal poder de afrontar, al término de los tiempos antiguos, las más altas cuestiones que podían entonces plantearse en el orden del corazón, del espíritu y del alma, dando a unas y otras, además, respuestas de las que no pocas hablan todavía. Curiosamente afirmó su africanidad no en la lengua autóctona, sino en el bello latín materno, que él supo ilustrar con todos los registros y tonalidades, confiriendo a su obra universal y perpetua resonancia. Asombra saber que algunos círculos religiosos muy cualificados, de Argelia sobre todo, país con el 98% de confesión musulmana, reconocieron en san Agustín al más célebre representante de la Iglesia católica y de la literatura religiosa latina; al arquitecto de un partenón literario; al ciudadano de la entera humanidad, al más grande maestro de la Iglesia católica después de los Apóstoles, subido elogio éste, y más subido aún, sabiendo que proviene de círculos islámicos.


Enseñó san Agustín que la Iglesia es el Cristo total, realidad compleja y misteriosa, histórica y a la vez escatológica, jerárquica y espiritual, visible e invisible, comunidad de fieles cimentada sobre los Apóstoles, o de justos que peregrinan por la tierra desde Abel hasta el fin de los tiempos. De ahí que su huella se perciba regidora y rumbosa en el Vaticano II. Entonado verbo el suyo para servir la Palabra de Dios sirviéndola con dedicación de enamorado, es decir, a ella rendido primero con fidelidad de amor. Su servicio de la Palabra y a la Palabra constituye por eso una de las más hermosas referencias evangelizadoras. Enseñó a emplear, en aras del diálogo inteligente y cordial, los medios todos a su alcance, hoy cabría decir desde la radio y los periódicos a la televisión. Así se explica que Celestino I al principio y Juan Pablo II en la Carta Apostólica Augustinum Hipponensem hayan reconocido en nuestro Santo Doctor a «uno de los mejores maestros de la Iglesia» y de la cultura occidental (AH, pr.).


Él es, en resumen, el poeta de la verdad, el apasionado cantor de las intimidades más recónditas, el retórico del divino amor, el filósofo de la Historia, el más lumino y caritativo intérprete del alma, el nauta del corazón humano con el cuaderno de bitácora de sus obras siempre a punto, el teólogo, en fin, de la Iglesia, a la que amó sin reservas como siervo, hijo, obispo, Padre y Doctor. Conocer a san Agustín, pues, y no amar a la Iglesia se me antoja imposible. Vivimos de su herencia, por supuesto, y con él de la mano podemos aprender a caminar, digámoslo con frase suya célebre aplicada a la Iglesia, «entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios» (ciu. 18, 51, 2).

 

 

 


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