Home Quienes Somos Internacional Voluntariado Buscador 20/11/2008
 

JUAN PABLO II
 
 
 



 

“La reducción positivista del mundo y del ser humano, tan dogmática hasta hace poco, no resulta ya una explicación satisfactoria para nadie”, afirma el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, en una entrevista con el diario alemán Die Tagespost. El director de la Oficina de Prensa vaticana habla de la “fascinación” que produce la palabra del Papa, y resume de esta manera el legado de Juan Pablo II: “volver a situar a Dios en el centro de atención”


No es fácil ser profeta en la propia tierra, y menos todavía en Alemania. Benedicto XVI va camino, no obstante, de convertirse en excepción a esta regla. El síndrome bautizado por Hans Urs von Balthasar como “antirömischen Affekt” (“afecto antiromano”, o actitud crítica frente a todo lo que huele a jerarquía) “ha desaparecido casi por completo en Alemania”, afirma Navarro-Valls. “También bajo este punto de vista, ha sido una bendición la elección de Benedicto XVI”.

Los redactores del Tagespost insisten. Entienden que la novedad tiene su atractivo. Pero ha pasado ya casi un año, y las colas ante la Basílica de San Pedro son más largas que nunca. “El tema es amplio y no quisiera banalizarlo con una explicación en dos palabras”, contesta, diplomático, Joaquín Navarro-Valls. “Pero diría que el prejuicio anticristiano de la Modernidad, que parecía indestructible, se desvanece. La reducción positivista del mundo y del ser humano, tan dogmática hasta hace poco, ya no satisface. Las personas se dan cuenta de que no es posible reducir al ser humano y todo lo que le afecta a una interpretación meramente estadística, sociológica, biológica y material. Y el Papa es la voz que se alza más alta sobre otra visión de la Humanidad. No sorprende que crezca el número de creyentes y de no creyentes que le visitan”.

La comparación con Juan Pablo II, “el Papa de los medios”, resulta inevitable. El estilo hoy es otro, nadie lo niega. “Benedicto XVI, con toda naturalidad, ha desarrollado una relación con los medios que me parece muy eficaz”, dice Navarro-Valls. “Veo en su estilo dos características que van unidas, y que de ningún modo son ordinarias: por un lado, tiene una asombrosa riqueza conceptual y un discurso brillantísimo para expresar su pensamiento. Por otro, tiene una capacidad extraordinaria de comunicar las ideas con una semántica accesible. Las personas siguen fascinadas su palabra, que a la vez está llena de profundidad y cercanía… Es justo lo que nuestro tiempo necesita”.

Pero no hay entrevistador que se precie que desaproveche la ocasión de plantear al director de la Oficina de la Santa Sede alguna pregunta sobre el Papa del que estuvo tan cerca: Juan Pablo II. ¿Y cómo resumir esos 22 años? “A modo de conclusión, diría lo siguiente: en una época en la que se había reducido la dimensión religiosa a lo privado y a la irrelevancia, Juan Pablo II volvió a situar a Dios en el centro de atención: la pregunta sobre el ser, la ética, el sentido de la vida y de la historia… De algún modo, forzó la confrontación con la Trascendencia. Una Trascendencia que es personal, Dios mismo, que es caridad”.

Tampoco le resulta sencillo a Navarro-Valls destacar algún momento de su larga y estrecha relación personal con Juan Pablo II. “Todo se enmarca en una totalidad que está llena de sentido y sentimientos. Cada minuto, comenzando por el atentado; su enfermedad, plenamente vivida y aceptada; su alegría contagiosa y su buen humor, que nunca le abandonaron; su gran capacidad para el pensamiento abstracto y, al mismo tiempo, su delicadeza en el contacto con cada persona…” Y otras muchas cosas, nada fáciles de expresar: los momentos de oración, los paseos por la montaña, las charlas en su apartamento…


 

 

 

 

En abril se estrenará en cable la película acerca de la vida del papa polaco que marcó nuevos rumbos en sus 26 años de pontificado
 
 
El 15 de abril llegará a la Argentina y a la región un multimillonario telefilm que recorre la vida y la obra de Karol Józef Wojtyla. El estreno de la producción, que convocó a Gary Elwes y a Jon Voight para componer el difícil papel de quien durante 26 años fue Juan Pablo II, será en el cable (en el canal MGM), a cinco meses de su proyección en el Vaticano -donde fue "bendecida" por el papa Benedicto XVI- y su pase por la TV italiana, y a uno de su estreno en cines en Polonia, coincidiendo con el primer aniversario de su adiós.

La biografía completa y con un impresionante despliegue de producción del hombre que nació en Wadowice, en el sur de Polonia, como Karol Wojtyla para convertirse en Juan Pablo II, llegó a la pantalla de la TV mucho antes de lo pensado. Al promediar 2005, es decir, a pocos meses de aquella noche del 2 de abril en que se apagaron las luces y se cerraron las ventanas de su aposento frente a la Plaza de San Pedro en señal de duelo, dos grandes empresas productoras norteamericanas ya habían salido a la carga con sus propuestas.

Así, el 1º de diciembre la cadena ABC presentó "Have no Fear: The Life of the Pope John Paul II", que con dirección de Jeff Bleckner intenta mostrar a Wojtyla, desde los veinte años hasta su último aliento, según la composición de Thomas Kretschman, el mismo que fue el capitán nazi Wilm Hosenfeld en "El pianista". Cuatro días después de conocer aquella "biografía no autorizada" de 8 millones de dólares, la CBS puso en pantalla los primeros 100 minutos (de los 200 totales, en dos entregas sucesivas) de su miniserie "Papa Juan Pablo II", de John Kent Harrison.

El guionista y director de telefilms de alta calidad (como el western "Conoces mi nombre" y "Old Man") contó con un presupuesto de 22 millones de dólares y los trabajos de Elwes y Voight, como Wojtyla joven y adulto, respectivamente, acompañados por Christopher Lee y Ben Gazzara, como los cardenales Stefan Wyszynski y Agostino Casaroli, respectivamente.

Pocos días antes, el 17 de noviembre, la producción había sido proyectada especialmente para el papa Benedicto XVI, en la sala Pablo VI del Vaticano, poco antes de su estreno en Italia por la RAI, una de las empresas productoras. Acerca de la película, que contó con la asesoría de Joaquín Navarro Valls, portavoz del Vaticano (que en la producción es interpretado por Giuliano Gemma), Benedicto XVI aseguró que es una prueba de que los lazos espirituales y afectivos entre Wojtyla y los fieles no se han interrumpido. "No se han disuelto porque es una relación entre almas, entre la gran alma del Papa y la de innumerables creyentes, entre su corazón de padre y los corazones de los innumerables hombres y mujeres de buena voluntad que en él reconocieron al amigo, al defensor del hombre, de la verdad, de la justicia, de la libertad y de la paz", enfatizó el Sumo Pontífice en un discurso al terminar la proyección.

Benedicto XVI señaló: "La visión de la película ha renovado en mí, y pienso que en todos los que lo conocimos, el sentido de la profunda gratitud a Dios por haber dado a la Iglesia y al mundo un papa de tan alta estatura humana y espiritual".

En diálogo telefónico con LA NACION, Voight -el actor que supo componer personajes tan disímiles como aquel vaquero que termina prostituyéndose en la sombría Nueva York de "Perdidos en la noche", por el que ganó el Globo de Oro, o el ex combatiente de Vietnam que vuelve a casa lisiado en la polémica "Regreso sin gloria", por el que ganó un Oscar y la Palma de Oro en Cannes- aseguró que en cierta forma fue el mismo Juan Pablo II quien lo eligió para esta composición. "En 1980, recuerdo que se iba a hacer una película sobre una pequeña pieza de su autoría, en la que debía interpretarlo en su juventud, y al enterarse él mismo dio su visto bueno para que lo interpretara. Pero, como ocurre muchas veces en el mundo del cine, aquella producción nunca se hizo. Veinticinco años después me convocaron para interpretarlo y creo que, desde el cielo, él mismo estará muy conforme con haber tomado aquella decisión", asegura. El primer convocado por los productores había sido Ian Holm, quien no llegó a firmar contrato por razones de salud.

Voight, el elegido

-¿Qué pensaba de Juan Pablo II antes de interpretarlo?

-Lo veía como un personaje muy vital y le tenía afecto, pero después de hacer la película me di cuenta de dónde salía ese coraje, la fuerza, la bondad que transmitía. Me sacudió mucho su carisma, la forma en que se expresaba. Al principio, cuando empezamos a hacer la película, sentía mucho respeto por él, y ese respeto fue creciendo: lo sentía cada vez más cerca, y en los últimos días de rodaje como si fuese un amigo.

-¿Cree haber alcanzado su dimensión?

-Hice todo lo que pude. Lo que me ayudó a recrearlo fue ver muchos documentales. Hay cineastas que hicieron excelentes trabajos sobre su trayectoria.

-¿Cómo recreó su figura?

-Cada vez que hablaba con uno de sus amigos, descubría algo más. Uno podía sentir realmente que su espíritu estaba allí. Lo veía en la cara de los que hablaban conmigo, en especial cuando contaban anécdotas graciosas. Esa es la forma en que lo hice, una mezcla de todas esas cosas. El investigar tanto me permitió, incluso, colaborar con el director para incorporarle detalles más precisos.

-¿Piensa que es una responsabilidad grande que el público lo asocie con el verdadero Juan Pablo II?

-Probablemente tengan alguna dificultad para diferenciarme del verdadero Juan Pablo II, y el que puedan confundirme, si así ocurre, me alegra mucho. Cuando hacíamos la película en Europa, y lucía tan parecido, mucha gente se conmovía. Y me conmovían a mí, porque me transmitían tanto amor que me era imposible ser indiferente.

-¿Es católico?

-No soy dogmático: lo mío es más bien espiritual. Me interesan todas las religiones, hay muchas fuentes espirituales auténticas.

-¿Cuál fue el papel de su vida?

-El de "Perdidos en la noche", sin duda, pero hay otros, incluso algunos que hice para TV de manera muy bella. Hay muchos papeles de los que puedo estar orgulloso y, mirando hacia atrás, creo que no los hice tan mal; no obstante, estoy particularmente orgulloso del de Juan Pablo II.

-¿Espera que lo sigan eligiendo para trabajos como éste?

-Este tipo de papeles no se presentan con frecuencia. Creo que uno a lo largo de toda una carrera intenta hacer cosas buenas. Estoy interesado en diferentes tipos de papeles, pero creo que en el futuro buscaré historias con un sentido genuino, que realmente causen un impacto, que sean una guía moral, no importa si son pequeños o grandes: me interesaría hacerlos.

-¿Recuerda vivamente aquella anécdota de 1980?

-Pienso que Juan Pablo II me está mirando, porque fue él, a fin de cuentas, quien me eligió. Estoy muy contento. Espero que desde las alturas me esté premiando con una sonrisa.

Por Claudio D. Minghetti
De la Redacción de LA NACION

 


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