IOANNES PAULUS PP. II
REDEMPTOR HOMINIS
a los venerables Hermanos en el Episcopado
a los Sacerdotes
a las Familias religiosas
a los Hijos e Hijas de la Iglesia
y a todos los Hombres de Buena Voluntad
al principio de su Ministerio Pontifical
1979.03.04
La mayoría de los Papas han utilizado a las encíclicas como vehículo de comunicación para abordar cuestiones teológicas, así como la relación de la Iglesia con la vida social, política o económica.
Observamos que los últimos Papas han utilizado su primera encíclica, para fijar los principales objetivos de lo que piensan que ha de ser su pontificado.
Juan Pablo II lo hizo con Redemptor Hominis (El Redentor del Hombre) y ahora Benedicto XVI ha anunciado su primera encíclica Deus Caritas est» («Dios es amor») con la misma intención. Se publicara a lo largo del mes de enero de 2006.
Juan Pablo II, antes de ser nombrado Papa, había mostrado gran interés con el humanismo cristiano y quería tratarlo, después de su nombramiento, con autoridad doctrinal, por ello eligió el formato de encíclica, publicando la primera el 04 de marzo de 1979 (cinco meses después del inicio de su pontificado).
La esencia de su primera encíclica gira entorno a la vinculación de la dignidad del hombre como causa directa de la redención que Cristo hizo, tanto en el cuerpo como en el alma. De esta manera el Papa Wojtyla quería mostrar a través de Redemptor Hominis que su pontificado pondría el acento en “unir la misión de la Iglesia al servicio al hombre en su misterio impenetrable”.
Juan Pablo II nunca olvido nada y mucho menos la misión que se le encomendó como “el Papa que conduciría a la Iglesia Católica hacia el tercer milenio”. Para lograr este objetivo no dudo que la clave se inspiraba en que Cristo había revelado la cara de Dios y la verdad sobre la condición humana: “ a través de la Encarnación, Dios dio a la vida humana la dimensión que se había propuesto que tuviera el hombre desde el principio”.
Tanto en la encíclica que nos ocupa como a lo largo de su pontificado, la Encarnación fue una fuente de inspiración continua para Juan Pablo II siendo el “amor divino” el tractor de toda la fuerza que hace “que el hombre no pueda vivir sin amor” de lo contrario su vida carece de sentido porque “Dios es amor”.
Especial relevancia tiene la primera encíclica de Benedicto XVI (Dios es amor) si confiamos –según he comentado anteriormente- que las primeras encíclicas son una postulado de lo que quiere ser un mandato papal, nos debe quedar bastante claro la comunión que había y que hay entre los dos Papas. No he leído todavía la nueva encíclica pero todo me hace pensar en la fiel continuidad que por fortuna nos deparara el Papa Benedicto XVI.
En el mundo moderno en el que vivimos, los valores del ser humano se miden por “tener más”, en lugar de “ser más”, la gran sociedad del consumismo esta destrozando la dignidad del hombre, que se ha abandonado a una practica peligrosa que le hace perder su propia identidad, convirtiéndolo en un esclavo al servicio del desamor, ya que el obrar “para tener más” hace, en ocasiones, real la frase del “para ello vale todo”.
La encíclica de Juan Pablo II hace mucho hincapié en el gran tema de su pontificado: Los derechos humanos y la gran importancia que tiene la libertad religiosa afirmando: “ …la restricción de la libertad religiosa de los individuos y las comunidades no solo es una experiencia dolorosa, sino, que es, ante todo, un ataque a la propia dignidad del hombre”, él lo había vivido en primera persona en su querida Polonia.
Redemptor Hominis ofrece al mundo una iglesia renovada y volcada a la humanidad, basándose en el más solido de los motivos: “tanto amó Dios al mundo” que le entrego su único hijo como redemptor hominis, redentor del hombre.
Juan Pablo II finaliza su primera encíclica dirigiéndose al Redentor del hombre ofreciéndole su pensamiento y su corazón para poder entrar y penetrar en el ritmo más profundo de la vida de la Iglesia. La finalidad de cualquier servicio en la Iglesia, bien sea apostólico, pastoral, sacerdotal o episcopal, es la de mantener este vinculo dinámico del misterio de la Redención con todo hombre.
En virtud de la proclamación de la Madre de Cristo como Madre de la Iglesia --por Pablo VI inspirado por los padres del Concilio Vaticano II—en virtud de la voluntad de su propio hijo que explícitamente quiso extender la maternidad de su Madre de forma accesible a todas las almas y corazones desde lo alto de la Cruz en la persona del apóstol Juan. La imagen de esa Maternidad –única e irrepetible- es el designio divino de la salvación del hombre, a través del misterio de la Redención.
Juan Pablo II, hace una vinculación con Cristo, y pronuncia con un eco las palabras dicha por ÉL: “ sin mí nada podéis hacer”
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