Home Quienes Somos Internacional Voluntariado Buscador 20/11/2008
 

JUAN PABLO II
 
 
 



 

Noviembre: Intención general para el Apostolado de la oración

 

 

Lunes, 3 nov (RV).- Este mes de noviembre, Benedicto XVI invita a rezar «para que el testimonio de amor ofrecido por los santos fortalezca a los cristianos en la entrega a Dios y al prójimo, imitando a Cristo que vino para servir y no para ser servido». Nuestra compañera Cecilia de Malak ha entrevistado a la directora de la Oficina para las Causas de los Santos, de la Conferencia Episcopal Española, María Encarnación González Rodríguez. 


 

 

“La misión del Papa, servir a la unidad de la única Iglesia de Dios”


Alocución con motivo del Ángelus

 


CASTEL GANDOLFO, domingo, 24 de agosto de 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la alocución que pronunció Benedicto XVI este domingo a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus junto a varios miles de peregrinos congregados en el palacio apostólico de Castel Gandolfo.

¡Queridos hermanos y hermanas!

La liturgia de este domingo se dirige a nosotros los cristianos, pero al mismo tiempo a todo hombre y mujer, la doble pregunta que Jesús planteó un día a sus discípulos. Primero les preguntó: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron que para algunos del pueblo Él era Juan el Bautista resucitado, para otros Elías, Jeremías o alguno de los profetas. Entonces el Señor interpeló directamente a los Doce: ¿Y vosotros quién decís que soy yo?”. En nombre de todos, con impulso y decisión, fue Pedro quien tomó la palabra: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. Solemne profesión de fe, que desde entonces la Iglesia continúa repitiendo. También nosotros queremos proclamar esto hoy, con íntima convicción: ¡Sí, Jesús, tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo! Lo hacemos con la conciencia de que Cristo es el verdadero “tesoro” por el que vale la pena sacrificarlo todo; Él es el amigo que nunca nos abandona, porque conoce las esperanzas más íntimas de nuestro corazón. Jesús es el “Hijo del Dios vivo”, el Mesías prometido, venido a la tierra para ofrecer a la Humanidad la salvación y para satisfacer la sed de vida y amor que habita en todo ser humano. ¡Qué beneficio tendría la humanidad si acogiera este anuncio que trae consigo la alegría y la paz!

“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. A esta inspirada profesión de fe por parte de Pedro, Jesús replica: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos”. Fue la primera vez que Jesús habla de la Iglesia, cuya misión es la actualización del diseño grandioso de Dios de reunir en Cristo a la humanidad entera en una única familia. La misión de Pedro, y de sus sucesores, es precisamente la de servir a esta unidad de la única Iglesia de Dios formada por judíos y paganos; su ministerio indispensable es el de hacer que esta no se identifique nunca con una sola nación, con una sola cultura, sino que sea la Iglesia de todos los pueblos, para hacer presente entre los hombres , marcados por numerosas divisiones y contrastes, la paz de Dios y la fuerza renovadora de su amor. Servir por tanto a la unidad interior que proviene de la paz de Dios, la unidad de cuantos en Jesucristo se han convertido en hermanos y hermanas: ésta es la misión peculiar del Papa, Obispo de Roma y sucesor de Pedro.

Ante la enorme responsabilidad de esta tarea, advierto cada vez más el compromiso y la importancia del servicio a la Iglesia y al mundo que el Señor me ha confiado. Por esto os pido, queridos hermanos y hermanas que me sostengáis con vuestra oración, para que, fieles a Cristo, podamos juntos anunciar y testimoniar su presencia en este nuestro tiempo. Que nos obtenga esta gracia María, a la que invocamos confiados como Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización.

 

 

 

Es importante que China se abra al Evangelio

Palabras del Papa en su visita a Oies, 5 de agosto


El martes 5 de agosto, por la tarde, Benedicto XVI realizó una visita a Oies, localidad donde nació san José Freinademetz, religioso verbita que evangelizó China durante veintinueve años, beatificado por Pablo VI en 1975 y canonizado por Juan Pablo II en 2003. En la iglesia del pueblo Su Santidad se encontró con la población.
Al llegar al templo, oró unos momentos en silencio. Seguidamente, el procurador general, p. Giancarlo Girardi, en nombre del superior general de la Sociedad del Verbo Divino (verbitas), p. Antonio Pernia -que no pudo estar presente con motivo de un viaje a América Latina-, le dirigió unas palabras de bienvenida y agradecimiento por la visita a este lugar, meta de muchas peregrinaciones, sobre todo de la diócesis de Bolzano-Bressanone, pero también de toda Europa y del resto del mundo; entre las firmas de los visitantes se encuentra la del primer cardenal chino, Thomas Tienchensin, que visitó este lugar en 1963. "Sabemos bien -dijo el padre Girardi- cuánto ama usted al pueblo chino y que lleva muy dentro del corazón la situación de la Iglesia en China. Estamos seguros de que nuestro san José, que quiso hacerse chino entre los chinos, morir como chino y permanecer entre los chinos también después de su muerte, nos ayudará a ver pronto realizado el sueño de que la gran nación china se abra nuevamente al Evangelio de Cristo. Por nuestra parte, deseamos expresarle nuestra total disponibilidad como misioneros verbitas a seguir cooperando, unidos a usted, en la difusión de la palabra de Dios y de su reino. Le aseguramos nuestra oración diaria a fin de que el Señor le conceda salud y fuerza, coronando todos sus esfuerzos para que en este mundo secularizado y dividido reinen la paz y la fraternidad". Concluyó diciendo:  "Y ahora, Santidad, para manifestar nuestro agradecimiento, el superior de los misioneros verbitas le regala esta imagen de la Virgen con el Niño". El Papa dejó como recuerdo una casulla.
El Santo Padre pronunció, improvisando, las palabras que publicamos. A continuación, guió el rezo del paternóster, hizo una oración a san José Freinademetz en ladino e impartió la bendición apostólica. Al salir de la iglesia, saludó brevemente a los presentes en italiano y en alemán:  "Queridos hermanos y hermanas, simplemente quiero agradeceros vuestra presencia. Sé que algunos han esperado durante horas; gracias por esa paciencia, por ese valor. Que el Señor os bendiga a todos".

Queridos hermanos y hermanas: 
Me siento profundamente conmovido por esta acogida tan cordial y os la agradezco de todo corazón. Doy gracias al Señor por el don de este gran santo, san José Freinademetz, que nos indica el camino de la vida y también es un signo para el futuro de la Iglesia. Se trata de un santo de suma actualidad:  sabemos que China está cobrando cada vez más importancia en la vida política y económica, e incluso en el ámbito de las ideas.
Es importante que este gran país se abra al Evangelio. Y san José Freinademetz nos muestra que la fe no es una alienación para ninguna cultura, para ningún pueblo, porque todas las culturas esperan a Cristo, y el Señor no las destruye, sino que, más bien, con él alcanzan su madurez.
Como nos acaban de recordar, san José Freinademetz no sólo quería vivir y morir como chino, sino también estar en el cielo como chino. Esto demuestra cuán profundamente se identificó con ese pueblo, con la certeza de que se abriría a la fe en Jesucristo.
Ahora, oremos a fin de que este gran santo sea para todos nosotros un estímulo a vivir de nuevo en nuestro tiempo la vida de fe, a ir hacia Cristo, porque sólo él, Cristo, puede unir a los pueblos, a las culturas. Y oremos también a fin de que infunda en muchos jóvenes la valentía necesaria para dedicar totalmente su vida al Señor y a su Evangelio.
Sencillamente, no puedo menos de expresar mi agradecimiento al Señor por habernos dado este santo y a todos vosotros por esta acogida, que me manifiesta de modo evidente que la Iglesia sigue viva también hoy y que la fe es una alegría que nos une y nos guía por los caminos de la vida.
Muchas gracias a todos.


 

 

Los países ricos no pueden apropiarse de lo que es de los países pobres, alerta el Papa


Ante embajadores aboga por la justicia, la solidaridad y la fraternidad en las relaciones internacionales

 


CIUDAD DE VATICANO, jueves, 29 mayo 2008 (ZENIT.org).- Los países ricos no pueden apropiarse de lo que pertenece a los países pobres, ha alertado Benedicto XVI.

En un discurso a los nuevos embajadores ante la Santa Sede de nueve países --Tanzania, Uganda, Liberia, Chad, Bangladesh, Bielorrusia, República de Guinea, Sri Lanka y Nigeria--, abogó este jueves por basar las relaciones internacionales en la justicia, la solidaridad y la fraternidad.

Su intervención se convirtió en un llamamiento a garantizar que "los países que cuentan con bienes en su suelo o en su subsuelo puedan ser los primeros beneficiarios".

"Los países ricos no pueden apropiarse, por ellos mismos, de lo que procede de otras tierras", advirtió en su alocución en francés.

La clave del discurso del obispo de Roma se puede resumir en la concepción de la política, tanto a nivel nacional como internacional, como un servicio y no como un instrumento de poder.

"En el mundo de hoy los responsables de las naciones tienen un papel importante, no sólo en su propio país, sino también en las relaciones internacionales para que toda persona, allí donde vive, pueda beneficiarse de condiciones de vida decentes", constató.

Por este motivo, "la medida primordial en materia política es la búsqueda de la justicia para que siempre se respeten la dignidad y los derechos de todo ser humano, y para que todos los habitantes de un país puedan participar en la riqueza nacional. Lo mismo sucede a nivel internacional".

Ahora bien, siguió profundizando, "la comunidad humana también está llamada a ir más allá de la simple justicia, manifestando su solidaridad a los pueblos más pobres, con la preocupación de una mejor distribución de las riquezas".

"Es un deber de justicia y de solidaridad que la comunidad internacional vigile sobre la distribución de los recursos, prestando atención a las condiciones propicias para el desarrollo de los países que más lo necesitan", reconoció.

Asimismo, "más allá de la justicia, es necesario desarrollar también la fraternidad para edificar sociedades armoniosas en las que reinen la concordia y la paz, para resolver los eventuales problemas que surjan a través del diálogo y la negociación, y no a través de la violencia en todas sus formas, que sólo puede afectar a los seres humanos más débiles y pobres".

Según el Santo Padre, "la solidaridad y la fraternidad revelan, en definitiva, el amor fundamental que debemos dispensar a nuestro prójimo, pues toda persona que tiene una responsabilidad en la vida pública está llamada a hacer que su misión sea, ante todo, un servicio a todos sus compatriotas y más en general a todos los pueblos del planeta".

 

 

 

 

El Papa alerta del "cinismo relativista" que sustituye a la verdad en la comunicación


Al recibir a representantes de Facultades de Comunicación de Universidades católicas

 


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 23 mayo 2008 (ZENIT.org).- El Papa exhorta a que la tarea formativa de los futuros profesionales de la comunicación destierre el relativismo que rechaza o ignora apelar a la verdad.

Benedicto XVI brindó esta clave al recibir en audiencia, este viernes, a los participantes del Congreso de Facultades de Comunicación Social de las Universidades Católicas.

La convocatoria, promovida por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, reúne en Roma, del 22 al 24 de mayo, a expertos de 43 países en representación de 45 universidades y 13 instituciones y organismos del ámbito de los medios.

En el marco de reflexión sobre la identidad y misión de estos centros de formación, los participantes en el encuentro llevan a cabo un diálogo amplio sobre la complejidad actual de la comunicación.

Y es que ésta, "mientras prefigura horizontes futuros y potencialidades siempre nuevas, plantea delicados problemas en el frente ético", reconoció el presidente del dicasterio, el arzobispo Claudio Maria Celli, en sus palabras de saludo al Santo Padre.

De ahí que el Congreso -añadió el prelado-- siga el concepto de "info-ética" que indicó Benedicto XVI --en su mensaje para la reciente Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales- orientado a señalar la decisiva incidencia de los aspectos morales en la utilización de los medios.

De hecho el Santo Padre ha exhortado este viernes a poner "mayor atención en los programas académicos del ámbito de los medios de comunicación social en especial en las dimensiones éticas de la comunicación entre las personas".

"Es importante que esta formación jamás se considere como un sencillo ejercicio técnico o como mero deseo de dar informaciones", advirtió; "es oportuno que sea mucho más una invitación a promover la verdad en la información y a hacer reflexionar a nuestros contemporáneos sobre los acontecimientos".

El "compromiso con las cuestiones de la verdad" debe centrar toda reflexión sobre la comunicación humana; "un comunicador puede intentar informar, educar, entretener, convencer, consolar, pero el valor final de cualquier comunicación reside en su veracidad", recalcó el Papa.

Lejos de "promover los objetivos y los propósitos del comunicador o de aquellos para quienes trabaja sin considerar la verdad", "el arte de la comunicación está por naturaleza ligado a un valor ético, a las virtudes que son el fundamento de la moral", reflexionó.

Por largo tiempo profesor universitario, el Papa Joseph Ratzinger habló a los docentes animándoles a alimentar y recompensar "la pasión por la verdad y la bondad que siempre es fuerte en los jóvenes".

"Pero enseñadles también que la propia pasión por la verdad, que igualmente puede ayudarse de cierto escepticismo metodológico, en particular en cuestiones de interés público, no debe distorsionarse ni convertirse en un cinismo relativista --añadió-- según el cual toda apelación a la verdad y a la belleza es habitualmente rechazada o ignorada".

En cuanto a la identidad de una Universidad católica, no es el número de estudiantes de tal fe el que la determina, recordó Benedicto XVI, sino su "convicción": "creer verdaderamente que sólo en el misterio del Verbo hecho carne se esclarece el misterio del hombre".

Asimismo la fe permite una aproximación más amplia al campo de la comunicación humana, que "no es un simple producto de una mera y fortuita casualidad o de nuestras capacidades", puntualizó.

De la revelación bíblica se desprende --ejemplificó-- que la comunicación "refleja más bien nuestra participación en el Amor trinitario creativo, comunicativo y unificador que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo".

Por Marta Lago

 

 

 

 

Ángelus: El Papa augura que en la Conferencia diplomática de Dublín sobre municiones de racimo, se alcance un instrumento internacional fuerte que evite que los errores del pasado se repitan

 

 

 


Domingo, 18 may (RV).- Hoy, durante el rezo mariano del Ángelus celebrado en la plaza Matteotti de Génova ante miles de jóvenes, el Santo Padre Benedicto XVI ha recordado la celebración de la Conferencia diplomática sobre municiones de racimo que mañana dará inicio en Dublín, convocada con el fin de realizar una convención que prohíba estas armas asesinas.

“Deseo que, gracias a la responsabilidad de todos los participantes –ha señalado el Papa-, se pueda alcanzar un instrumento internacional fuerte y creíble: de hecho, es necesario remediar los errores del pasado y evitar que se repitan en el futuro. Acompaño con mi oración a las víctimas de las municiones de racimo, y a sus familias, además de a quienes participarán en la conferencia formulando mis mejores deseos de éxito”.

Durante el rezo mariano, el Santo Padre ha recordado, entre efusivos aplausos de los jóvenes genoveses, la importante figura para la ciudad del Papa Benedicto XV, -quien hizo colocar una reproducción de la Virgen de la Guardia en los Jardines Vaticanos-, y del Siervo de Dios Juan Pablo II, quien precisamente en su primer viaje apostólico a Génova realizó un homenaje a la Madre de Dios, del mismo modo en que esta mañana lo ha hecho el Papa Benedicto XVI.

El Papa ha finalizado su alocución previa al Ángelus recordando la certeza de la confianza en María, y a ella ha confiado toda la ciudad de Génova, y toda la región de Liguria. “Que María, Estrella de la esperanza –ha concluido el Pontífice- continúe guiando el camino de todos los genoveses; especialmente el de las nuevas generaciones, para que sigan, con su ayuda, la ruta justa en el mar tempestuoso de la vida”.

 

 

 

 

En la Catedral de San Lorenzo de Génova, el Santo Padre recuerda el mensaje de paz de Benedicto XV: “Lo que hace a la palabra humana capaz de beneficiar a las almas, es la gracia de Dios”

 

 

 


Domingo, 18 may (RV).- Tras su encuentro con los jóvenes y el rezo mariano del Ángelus, el Papa se ha dirigido a la Catedral de San Lorenzo, donde ha pronunciado un discurso dirigido a los miembros del Capítulo de la Catedral y a las personas de Vida Consagrada. Durante su discurso el Pontífice ha recordado, una vez más, la figura del Papa Benedicto XV y su mensaje de paz que expuso en su Humani generis redemptionem: “Lo que hace a la palabra humana capaz de beneficiar a las almas, es la gracia de Dios”.

Recordando estas palabras, Benedicto XVI ha llamado a los Canónigos, religiosos y religiosas de Génova, a no olvidar que “lo que nos une a todos, es que estamos llamados a anunciar juntos, la felicidad de Cristo y la belleza de la Iglesia”. Y para ser testigos del mensaje de Dios, el Papa ha invitado a “dejarnos guiar por el Espíritu de la verdad y del amor”.

En la Catedral de San Lorenzo, el Santo Padre ha puesto de manifiesto la tradición misionera de la Iglesia en Génova, enumerando a algunos santos y beatos que esta tierra ha dado. A todos los presentes el Papa ha instado a seguir su camino, y tomar ejemplo del apóstol Pablo, “convirtiéndonos en ‘especialistas’ de la escucha de Dios, siendo ejemplo creíble de una santidad que se traduce en fidelidad del Evangelio”.

 Por último Benedicto XVI ha pedido confianza a las personas de vida consagrada, para que sigan su camino “a pesar de la disminución del número y de las fuerzas”. “Os pido que continuéis con vuestro trabajo –ha enfatizado el Papa- pero sobre todo con vuestra presencia” en el campo educativo, “ayudando a los padres en su extraordinario y difícil deber educativo”.

 

 

 

 

El Rosario «trae paz y reconciliación», explica el Papa


Dijo el Papa al abrir el mes de la Virgen en Santa María la Mayor

 


ROMA, lunes, 5 mayo 2008 (ZENIT.org).- «El santo Rosario no es una práctica relegada al pasado» sino que es una oración que «trae paz y reconciliación», dijo Benedicto XVI al concluir la oración mariana que presidió el 3 de mayo en la basílica de Santa María la Mayor.

Fueron muchos los fieles que acudieron el primer sábado de mayo, mes tradicionalmente dedicado a María, para seguir esta antigua práctica de devoción mariana, dedicada en esta ocasión a la reflexión sobre los misterios gozosos: de la Anunciación a María al episodio de Jesús en el templo, sentado entre los doctores.

Con las notas del «Tu es Petrus» (Tu eres Pedro), el Papa hizo su entrada en la más antigua basílica mariana de Roma, erigida por Sixto III, cuya construcción está ligada al Concilio de Éfeso que en el año 431proclamó a María Theotòkos, Madre de Dios.

Antes de iniciar la oración del Rosario, el Santo Padre se detuvo a venerar en silencio el icono de Nuestra Señora, «Salus Populi Romani». La imagen que, según la tradición, fue pintada por el evangelista Lucas, y que actualmente se custodia en la Basílica, era en el pasado llevada en procesión por la población para dar gracias a la Madre de Jesús por la protección concedida durante calamidades naturales.

 «En la experiencia de mi generación --dijo el Papa abandonándose a algunos recuerdos de la infancia--, las tardes de mayo evocan dulces recuerdos ligados a las citas vespertinas para rendir homenaje a Nuestra Señora».

Benedicto XVI se detuvo en la fuerza todavía viva de esta devoción mariana: «Hoy juntos confirmamos que el Santo Rosario no es una práctica relegada al pasado, como oración de otros tiempos en la que pensar con nostalgia».

«El Rosario está en cambio experimentando casi una nueva primavera --añadió--. Este es sin duda uno de los signos más elocuentes del amor que las jóvenes generaciones nutren  por Jesús y por su Madre María».

«En el mundo actual tan dispersivo, esta oración ayuda a poner a Cristo en el centro, como hacía la Virgen, que meditaba interiormente todo aquellos que se decía de su Hijo, y lo que Él hacía y decía».

El Papa elevó una invocación a la Virgen a acoger la gracia que mana de los Misterios del Rosario «para que a través de nosotros pueda ‘irrigar' la sociedad, a partir de las relaciones cotidianas, y purificarla de tantas fuerzas negativas abriéndola a la novedad de Dios».

«En efecto -añadió--, el Rosario, cuando se reza de modo auténtico, no mecánico y superficial sino profundo, trae paz y reconciliación. Contienen en sí la potencia resanadora del Nombre santísimo de Jesús, invocado con fe y con amor en el centro de cada Avemaría».

De aquí la invitación del Papa a todos los fieles para que, durante el mes mariano, se sientan «cercanos y unidos en la oración», para formar, con la ayuda de Nuestra Señora, «un solo corazón y una sola alma».

Al final, Benedicto XVI se dirigió al nuevo alcalde de Roma Gianni Alemanno, acompañado de su esposa Isabella Rauti, dirigiéndole «el augurio de un fructífero servicio al bien de la ciudad».Alemanno, que apenas elegido alcalde había enviado un telegrama al Santo Padre, ha anunciado haber pedido ya una audiencia privada a Benedicto XVI.

Luego, el Papa saludó también a la embajadora estadounidense Mary Ann Glendon, y el ex portavoz vaticano Joaquín Navarro Valls.

Traducido del italiano por Nieves San Martín

 

 

Palabras de Benedicto XVI al final del Vía Crucis en el Coliseo


«La Cruz nos hace hermanos y hermanas»

 


ROMA, viernes, 21 marzo 2008 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI en la noche de este Viernes Santo al final del Vía Crucis que presidió en el Coliseo de Roma.

Queridos hermanos y hermanas:

También en este año hemos recorrido el camino de la cruz, el Vía Crucis, volviendo a evocar con fe las etapas de la pasión de Cristo. Nuestros ojos han vuelto a contemplar los sufrimientos y la angustia que nuestro Redentor tuvo que soportar en la hora del gran dolor, que supuso la cumbre de su misión terrena. Jesús muere en la cruz y yace en el sepulcro. El día del Viernes Santo, tan impregnado de tristeza humana y de religioso silencio, se cierra en el silencio de la meditación y de la oración. Al volver a casa, también nosotros, como quienes asistieron al sacrificio de Jesús, nos golpeamos el pecho, evocando lo que sucedió. ¿Es posible permanecer indiferentes ante la muerte del Señor, del Hijo de Dios? Por nosotros, por nuestra salvación se hizo hombre, para poder sufrir y morir.

Hermanos y hermanas: dirijamos hoy a Cristo nuestras miradas, con frecuencia distraídas por disipados y efímeros intereses terrenos. Detengámonos a contemplar su cruz. La cruz, manantial de vida y escuela de justicia y de paz, es  patrimonio universal de perdón y de misericordia. Es prueba permanente de un amor oblativo e infinito que llevó a Dios a hacerse hombre, vulnerable como nosotros, hasta morir crucificado.

A través del camino doloroso de la cruz, los hombres de todas las épocas, reconciliados y redimidos por la sangre de Cristo, se han convertido en amigos de Dios, hijos del Padre celestial. «Amigo», así llama Jesús a Judas y le dirige el último y dramático llamamiento a la conversión. «Amigo», llama a cada uno de nosotros, porque es auténtico amigo de todos nosotros. Por desgracia, no siempre logramos percibir la profundidad de este amor sin fronteras que Dios nos tiene. Para Él no hay diferencia de raza y cultura. Jesucristo murió para liberar a la antigua humanidad de la ignorancia de Dios, del círculo de odio y violencia, de la esclavitud del pecado. La Cruz nos hace hermanos y hermanas.

Pero preguntémonos, en este momento, qué hemos hecho con este don, qué hemos hecho con la revelación del rostro de Dios en Cristo, con la revelación del amor de Dios que vence al odio. Muchos, también en nuestra época, no conocen a Dios y no pueden encontrarlo en el Cristo crucificado. Muchos están en búsqueda de un amor o de una libertad que excluya a Dios. Muchos creen que no tienen necesidad de Dios.

Queridos amigos: Tras haber vivido juntos la pasión de Jesús, dejemos que en esta noche nos interpele su sacrificio en la cruz. Permitámosle que ponga en crisis nuestras certezas humanas. Abrámosle el corazón. Jesús es la verdad que nos hace libres para amar. No tengamos miedo: al morir, el Señor destruyó el pecado y salvó a los pecadores, es decir, a todos nosotros. El apóstol Pedro escribe: «sobre el madero llevó nuestros pecados en su cuerpo a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia» (I Pedro 2, 24). Esta es la verdad del Viernes Santo: en la cruz, el Redentor nos ha hecho hijos adoptivos de Dios, que nos creó a su imagen y semejanza. Permanezcamos, por tanto, en adoración ante la cruz.

Cristo, danos la paz que buscamos, la alegría que anhelamos, el amor que llene nuestro corazón sediento de infinito. Esta es nuestra oración en esta noche, Jesús, Hijo de Dios, muerto por nosotros en la cruz y resucitado al tercer día. Amén.

 [Trascripción realizada por Zenit. Traducción del original italiano de Jesús Colina

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


 

 

 

La victoria sobre la muerte, auténtica esperanza; explica el Papa


Al comentar en el Ángelus la resurrección de Lázaro

 

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 9 marzo 2008, (ZENIT.org).- La auténtica esperanza del ser humano es la confianza en que Dios es más grande que la muerte, considera Benedicto XVI.

Profundizó en esta realidad, central para el cristianismo, al comentar con motivo de la oración mariana del Ángelus el pasaje evangélico de la resurrección de Lázaro (Juan 11, 1-45), «prueba viviente de la divinidad de Cristo, Señor de la vida y de la muerte».

Dirigiéndose a los miles de peregrinos presentes en la plaza de San Pedro del Vaticano, el Papa constató cómo «esta página del Evangelio muestra a Jesús como verdadero Hombre y verdadero Dios».

Por una parte muestra su humanidad, pues «el evangelista insiste en su amistad con Lázaro y con las hermanas Marta y María. Subraya que Jesús les amaba, y por este motivo quiso realizar el gran prodigio».

Por otra parte, manifiesta su divinidad, «expresando con la metáfora del sueño el punto de vista de Dios sobre la muerte física: Dios la ve como un sueño, del que se puede despertar».

«Jesús demostró un poder absoluto ante esta muerte», dijo el Papa desde la ventana de su estudio, recordando otros pasajes evangélicos, como el del joven hijo de la viuda de Naím (Cf. Lucas 7, 11-17) y a la niña de doce años (Cf. Marcos 5, 35-43).

«Este señorío sobre la muerte no impidió a Jesús experimentar sincera "com-pasión" por el dolor de la lejanía. Viendo llorar a Marta y María y a cuantos habían venido a consolarle, también Jesús "se conmovió interiormente, se turbó" y "se echó a llorar"».

«El corazón de Cristo es divino-humano --aclaró el Papa--: en él Dios y Hombre se han encontrado perfectamente, sin separación y sin confusión. Él es la imagen, más aún, la encarnación del Dios que es amor, misericordia, ternura paterna y maternal, del Dios que es Vida».

Ante esta realidad, centro de la fe cristiana, Benedicto XVI invitó a todos los creyentes a una profesión de fe: «Sí, ¡Señor! Nosotros también creemos, a pesar de nuestras dudas y de nuestras oscuridades; creemos en Ti, porque Tú tienes palabras de vida eterna; queremos creer en Ti, que nos das una esperanza confiable de vida más allá de la vida, de vida auténtica y llena en tu Reino de luz y de paz».

Esta fe y esta esperanza, concluyó, es particularmente necesaria «en los momentos de mayor prueba y dificultad».

 

 

 

 

El Papa advierte contra los condicionamientos de la secularización, que conducen a la negación de Dios, y que desde hace tiempo también han penetrado dentro de la Iglesia

 

 

 


Sábado, 8 mar (RV).- La secularización, con sus condicionantes llevan hasta la negación de Dios, y ha penetrado, “desde hace tiempo”, también en el interior de la Iglesia. Así lo ha afirmado el Papa en su discurso a los participantes en la Plenaria del Pontificio Consejo de la Cultura.

Para vencer el desafío de la secularización es menester dirigirse hacia “los valores altos de la existencia” y sobre el diálogo respetuoso entre ciencia y fe. Así se lo ha manifestado Benedicto XVI, en su discurso, a los participantes en la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo de la Cultura, a quienes ha recibido en la Sala Clementina del Vaticano.

Con los teólogos y los docentes de la plenaria de la Cultura, el Santo Padre ha vuelto a estigmatizar aquella “soberbia de la razón” que está a la base de una manera muy difundida actualmente, en la forma de entender la existencia. Se trata de una “amenaza” – ha constatado con alarma – que no solamente daña a los creyentes inmersos en el mundo, también en el interior de la Iglesia: “Degrada en su interior y en profundidad la fe cristiana y, en consecuencia, el estilo de vida y el comportamiento cotidiano de los creyentes. Estos viven en el mundo y muchas veces son marcados, incluso condicionados, por la cultura de la imagen que impone modelos e impulsos contradictorios, en la negación práctica de Dios: no hay necesidad de Dios, de pensar en Él y de volver a Él. Además, la mentalidad hedonista y consumista predominante favorece, en los fieles como en los pastores, una deriva hacia la superficialidad y un egocentrismo que perjudica a la vida eclesial”

En este contexto cultural, ha observado Benedicto XVI, “existe el riesgo de caer en la atrofia espiritual y en un vacío de corazón, caracterizados por formas tal vez subrogadas de pertenencia religiosa y de un vago espiritualismo”. Y por lo tanto: “Urge reaccionar ante esta deriva mediante la llamada a los valores altos de la existencia, que dan sentido a la vida y pueden colmar la inquietud del corazón humano en la búsqueda de la felicidad: la dignidad de la persona humana y la de su libertad, la igualdad entre todos los hombres, el sentido de la vida y de muerte y de aquello que nos espera después de al conclusión de la existencia terrena”.

Recordando la idea básica que llevó a Juan Pablo II a instituir el dicasterio vaticano de la cultura – precisamente para “encontrar” sobre este terreno las instancias del hombre contemporáneo – Benedicto XVI ha repetido la necesidad de reforzar de manera “fecunda” el diálogo entre ciencia y fe, de manera que se pueda desenmascarar en cierto sentido las pretensiones de aquella razón que “se retiene suficiente en si misma”. El “encuentro con las culturas” y el diálogo ciencia-fe, ha afirmado el Papa: “Es un confronto tan esperado por al Iglesia, pero también por la comunidad científica, y os animo a proseguirlo. Este diálogo continúa en la distinción de las características específicas de la ciencia y de la fe; las dos están llamadas a servir al hombre y a la humanidad, favoreciendo el desarrollo y el crecimiento integral de cada uno y de todos”.


 

 

 

Audiencia general: el Papa XVI dedica su catequesis a ilustrar la figura de san León Magno, un gran promotor del primado romano que fomentó, como auténtico Sucesor de Pedro, la comunión con las diversas Iglesias

 

 

 


Miércoles, 5 mar (RV).- Benedicto XVI ha dedicado esta mañana la catequesis de la Audiencia General para ilustrar la figura de san León Magno, el primer obispo de Roma del que nos han llegado los textos de su predicación. Y de unos de sus bellísimo sermones, el Santo Padre ha recordado el primado romano de Pedro. “El primado de comunión del Papa está al servicio de la verdad y de la caridad y al servicio de la comunión entre las distintas iglesias”.

“El primado de comunión del Papa está al servicio de la verdad y de la caridad y al servicio de la comunión entre las distintas iglesias”. “La liturgia cristiana no es el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la actuación de realidades invisibles que obran en la vida de cada uno de nosotros”. Son dos pasajes de la catequesis de Benedicto XVI ilustrando hoy la figura del Papa san León Magno. Como en otras ocasiones, la tradicional Audiencia General de los miércoles se ha desarrollado en dos fases, dada la numerosa presencia de peregrinos y el mal tiempo. Según cálculos de la Prefectura de la Casa Pontificia han participado en la audiencia más de 16 mil personas.

El Papa ha encontrado a un primer grupo en la Basílica de San Pedro, antes de proseguir la Audiencia General en el Aula Pablo VI. En esta primera parte en la basílica, el Santo Padre ha rezado el padrenuestro con los peregrinos y les ha impartido la bendición apostólica. A un grupo de jóvenes estudiantes, el Pontífice les ha invitado a “vivir el tiempo de la escuela como ocasión propicia para una auténtica formación integral”.

Ya en el aula Pablo VI, el Santo Padre ha insistido en la gran figura del Papa León, que detuvo a Atila a las puertas de Roma aunque no lograra frenar el avance de los vándalos. San León fue un Papa “teólogo y pastor al servicio de la comunión y promotor incansable del primado romano, mostrándose auténtico heredero del apostolado de Pedro”. Examinado la acción del Papa León Magno, Benedicto XVI ha establecido también una conexión entre el primado y la controversia cristológica que desembocó en el Concilio de Calcedonia.

Citando al Papa León, el Santo Padre ha recordado que “a un sólo apóstol es confiado aquello que a todos los apóstoles es comunicado”. “En base a esta fe cristológica, León -ha dicho el Papa- fue un gran portador de paz y de amor en la fe y en la caridad” y ha rezado para poder “realizar esta fe cada día en la acción de la paz y del amor al prójimo.

Este ha sido el resumen que de su catequesis ha hecho el santo Padre en español para los peregrinos de nuestra lengua presentes en la audiencia: 

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy nos centramos en la figura de San León Magno, Doctor de la Iglesia y el primer Papa del que nos han llegado sus predicaciones al pueblo de Roma durante las celebraciones, lo que nos hace pensar en encuentros como éste de hoy. Su Pontificado duró veinte años, en los que se vio obligado a intervenir primero ante Atila, para detener la invasión de Italia, y, después, ante Genserico, para evitar el incendio de Roma y la destrucción de sus Basílicas.


San León se mostró siempre solícito pastor, vinculando la liturgia a la vida cotidiana de los cristianos, a los que enseñaba que las celebraciones no son meros recuerdos del pasado, sino actualización de los misterios de Cristo, que entran en la vida de cada uno. Fue también gran promotor del primado romano, fomentando, como auténtico Sucesor de Pedro, la comunión con las diversas Iglesias e interviniendo decisivamente en el Concilio de Calcedonia, donde se afirmó la unicidad de la Persona de Cristo, sin confusión y sin separación de la naturaleza humana y divina.


Saludo a los peregrinos venidos España y Latinoamérica, en particular a los seminaristas de Santiago de Compostela. Invito a todos a profundizar en el misterio de la Encarnación, que, como decía San León Magno, significa que el Señor no es extraño al género humano, sino al pecado”; ha venido en ayuda de nuestra debilidad y en el encuentro con Él está la mayor alegría de nuestra vida.
Muchas gracias.

Benedicto XVI ha finalizado la audiencia en el aula Pablo VI saludando a los enfermos y a los recién casados. Queridos enfermos, sed siempre sabedores que contribuís de manera misteriosa a la construcción del Reino de Dios, ofreciendo generosamente vuestros sufrimientos al Padre celestial en unión a aquella de Cristo. A vosotros, queridos recién casados, sabed edificar cotidianamente vuestra familia en la escucha de Dios, con recíproco amor fiel y en la acogida de los más necesitados, siguiendo el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret.

 

 

 

La conversión permite descubrir el amor de Dios, explica el Papa


En su última audiencia general dedicada a san Agustín

 


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- La conversión permite descubrir que Dios es amor, considera Benedicto XVI.

Y la experiencia de la dulzura de Dios es la necesidad de fondo que experimenta la humanidad para encontrar la esperanza, aclaró este miércoles durante la audiencia general.

En su encuentro con miles de peregrinos en el aula Pablo VI del Vaticano, el pontífice concluyó la serie de cinco intervenciones que ha dedicado al santo que, como confesó, quizá ha tenido más importancia «en mi vida de teólogo, de sacerdote y de pastor», san Agustín de Hipona (354-430).

En particular, revivió su conversión, que como explicó no fue una experiencia repentina, sino que vivió a lo largo de toda su vida.

«Convertido a Cristo, que es verdad y amor», «este grande enamorado de Dios» «se convirtió en un modelo para todo ser humano, para todos nosotros en la búsqueda de Dios», explicó el Papa.

El Santo Padre reconoció que su primera encíclica, Deus caritas est, «tiene una gran deuda, sobre todo en su primera parte, con el pensamiento de san Agustín».

Y sintetizó así la propuesta que hizo en ese primer gran documento de su pontificado: «También hoy, como en su época, la humanidad tiene necesidad de conocer y sobre todo de vivir esta realidad fundamental: Dios es amor y el encuentro con él es la única respuesta a las inquietudes del corazón humano».

«Un corazón en el que vive la esperanza --quizá todavía oscura e inconsciente en muchos de nuestros contemporáneos--, para nosotros los cristianos abre ya hoy al futuro, hasta el punto de que san Pablo escribió que "en esperanza fuimos salvados"».

Por este motivo, añadió, «a la esperanza he querido dedicar mi segunda encíclica, Spe salvi, que también ha contraído una gran deuda con Agustín y su encuentro con Dios».

«Tenemos que purificar nuestros deseos y nuestras esperanzas para acoger la dulzura de Dios», dijo el Papa a los fieles, recogiendo una de las ideas centrales de Agustín de Hipona.

«Sólo ésta nos salva, abriéndonos además a los demás», aclaró.

Por este motivo, concluyó invitando a los cristianos a seguir «el ejemplo de este gran convertido, encontrando como él en todo momento de nuestra vida al Señor Jesús, el único que nos salva, que nos purifica y nos da la verdadera alegría, la verdadera vida».

 

 

 

 

Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2008: "Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre"

Mensaje del Papa para la Jornada de Oración por las Vocaciones 2008


«Las vocaciones al servicio de la Iglesia-misión»

 


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 22 febrero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que ha escrito Benedicto XVI con motivo de la XLV Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que se celebra el 13 de abril, cuarto domingo de Pascua y cuyo tema es este año «Las vocaciones al servicio de la Iglesia-misión».

Queridos hermanos y hermanas:

1.   Para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 13 de abril de 2008, he escogido como tema: Las vocaciones al servicio de la Iglesia-misión. Jesús Resucitado confió a los Apóstoles el mensaje: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19), garantizándoles: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). La Iglesia es misionera en su conjunto y en cada uno de sus miembros. Si por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación cada cristiano está llamado a dar testimonio y a anunciar el Evangelio, la dimensión misionera está especial e íntimamente unida a la vocación sacerdotal. En la alianza con Israel, Dios confió a hombres escogidos, llamados por Él y enviados al pueblo en su nombre, la misión profética y sacerdotal. Así lo hizo, por ejemplo, con Moisés: «Ve, pues, -le dijo el Señor- yo te envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo... cuando hayas sacado al pueblo de Egipto, me daréis culto en este monte» (Ex 3, 10.12). Y lo mismo hizo con los profetas.

2.   Las promesas hechas a los padres se realizaron plenamente en Jesucristo. A este respecto, el Concilio Vaticano II dice: «Vino, pues, el Hijo, enviado por el Padre, que nos eligió en Él antes de la creación del mundo, y nos predestinó a ser sus hijos adoptivos... Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el reino de los cielos, nos reveló su misterio, y nos redimió con su obediencia» (Const. dogm. Lumen gentium, 3). Y Jesús escogió como estrechos colaboradores suyos en el ministerio mesiánico a unos discípulos, ya en su vida pública, durante la predicación en Galilea. Por ejemplo, cuando en la multiplicación de los panes, dijo a los Apóstoles: «Dadles vosotros de comer» (Mt 14, 16), impulsándolos así a hacerse cargo de las necesidades del gentío, al que quería ofrecer pan que lo saciara, pero también revelar el pan «que perdura, dando vida eterna» (Jn 6, 27). Al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque mientras recorría pueblos y ciudades, los encontraba cansados y abatidos «como ovejas que no tienen pastor» (cf. Mt 9, 36). De aquella mirada de amor brotaba la invitación a los discípulos: «Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 38), y envió a los Doce «a la ovejas perdidas de Israel», con instrucciones precisas. Si nos detenemos a meditar el pasaje del Evangelio de Mateo denominado «discurso misionero», descubrimos todos los aspectos que caracterizan la actividad misionera de una comunidad cristiana que quiera permanecer fiel al ejemplo y a las enseñanzas de Jesús. Corresponder a la llamada del Señor comporta afrontar con prudencia y sencillez cualquier peligro e incluso persecuciones, ya que «un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo» (Mt 10, 24). Al hacerse una sola cosa con el Maestro, los discípulos ya no están solos para anunciar el Reino de los cielos, sino que el mismo Jesús es quien actúa en ellos: «El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado» (Mt 10, 40). Y además, como verdaderos testigos, «revestidos de la fuerza que viene de lo alto» (cf. Lc 24, 49), predican «la conversión y el perdón de los pecados» (Lc 24, 47) a todo el mundo.

3.   Precisamente porque el Señor los envía, los Doce son llamados «apóstoles», destinados a recorrer los caminos del mundo anunciando el Evangelio como testigos de la muerte y resurrección de Cristo. San Pablo escribe a los cristianos de Corinto: «Nosotros -es decir, los Apóstoles- predicamos a Cristo crucificado» (1 Co 1, 23). En ese proceso de evangelización, el libro de los Hechos de los Apóstoles atribuye un papel muy importante también a otros discípulos, cuya vocación misionera brota de circunstancias providenciales, incluso dolorosas, como el ser expulsados de la propia tierra por ser seguidores de Jesús (cf. 8, 1-4). El Espíritu Santo permite que esta prueba se transforme en ocasión de gracia, y se convierta en oportunidad para que el nombre del Señor sea anunciado a otras gentes y se ensanche así el círculo de la comunidad cristiana. Se trata de hombres y mujeres que, como escribe Lucas en el libro de los Hechos, «han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo» (15, 26). El primero de todos, llamado por el mismo Señor a ser un verdadero Apóstol, es sin duda alguna Pablo de Tarso. La historia de Pablo, el mayor misionero de todos los tiempos, lleva a descubrir, bajo muchos puntos de vista, el vínculo que existe entre vocación y misión. Acusado por sus adversarios de no estar autorizado para el apostolado, recurre repetidas veces precisamente a la vocación recibida directamente del Señor (cf. Rm 1, 1; Ga 1, 11-12.15-17).

4.   Al principio, como también después, lo que «apremia» a los Apóstoles (cf. 2 Co 5, 14) es siempre «el amor de Cristo». Fieles servidores de la Iglesia, dóciles a la acción del Espíritu Santo, innumerables misioneros han seguido a lo largo de los siglos las huellas de los primeros apóstoles. El Concilio Vaticano II hace notar que «aunque la tarea de propagar la fe incumbe a todo discípulo de Cristo según su condición, Cristo Señor llama siempre de entre sus discípulos a los que quiere para que estén con Él y para enviarlos a predicar a las gentes (cf. Mc 3, 13-15)» (Decr. Ad gentes, 23). El amor de Cristo, de hecho, viene comunicado a los hermanos con ejemplos y palabras; con toda la vida. «La vocación especial de los misioneros ad vitam -escribió mi venerado predecesor Juan Pablo II- conserva toda su validez: representa el paradigma del compromiso misionero de la Iglesia, que siempre necesita donaciones radicales y totales, impulsos nuevos y valientes» (Encl. Redemptoris missio, 66).

5.   Entre las personas dedicadas totalmente al servicio del Evangelio se encuentran de modo particular los sacerdotes llamados a proclamar la Palabra de Dios, administrar los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, entregados al servicio de los más pequeños, de los enfermos, de los que sufren, de los pobres y de cuantos pasan por momentos difíciles en regiones de la tierra donde hay tal vez multitudes que aún hoy no han tenido un verdadero encuentro con Jesucristo. A ellos, los misioneros llevan el primer anuncio de su amor redentor. Las estadísticas indican que el número de bautizados aumenta cada año gracias a la acción pastoral de esos sacerdotes, totalmente consagrados a la salvación de los hermanos. En ese contexto, se expresa un agradecimiento especial «a los presbíteros fidei donum, que con competencia y generosa dedicación, sin escatimar energías en el servicio a la misión de la Iglesia, edifican la comunidad anunciando la Palabra de Dios y partiendo el Pan de Vida. Hay que dar gracias a Dios por tantos sacerdotes que han sufrido hasta el sacrificio de la propia vida por servir a Cristo... Se trata de testimonios conmovedores que pueden impulsar a muchos jóvenes a seguir a Cristo y a dar su vida por los demás, encontrando así la vida verdadera» (Exhort. apost. Sacramentum caritatis, 26). A través de sus sacerdotes, Jesús se hace presente entre los hombres de hoy hasta los confines últimos de la tierra.

6.   Siempre ha habido en la Iglesia muchos hombres y mujeres que, movidos por la acción del Espíritu Santo, han escogido vivir el Evangelio con radicalidad, haciendo profesión de los votos de castidad, pobreza y obediencia. Esas pléyades de religiosos y religiosas, pertenecientes a innumerables Institutos de vida contemplativa y activa, «han tenido hasta ahora y siguen teniendo gran participación en la evangelización del mundo» (Decr. Ad gentes, 40). Con su oración continua y comunitaria, los religiosos de vida contemplativa interceden incesantemente por toda la humanidad; los de vida activa, con su multiforme acción caritativa, dan a todos el testimonio vivo del amor y de la misericordia de Dios. Refiriéndose a estos apóstoles de nuestro tiempo, el Siervo de Dios Pablo VI escribió: «Gracias a su consagración religiosa, ellos son, por excelencia, voluntarios y libres para abandonar todo y lanzarse a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Ellos son emprendedores y su apostolado está frecuentemente marcado por una originalidad y una imaginación que suscitan admiración. Son generosos: se les encuentra no raras veces en la vanguardia de la misión y afrontando los más grandes riesgos para su santidad y su propia vida. Sí, en verdad, la Iglesia les debe muchísimo» (Exhort. apost. Evangelii nuntiandi, 69).

7.   Además, para que la Iglesia pueda continuar y desarrollar la misión que Cristo le confió, y no falten los evangelizadores que el mundo tanto necesita, es preciso que nunca deje de haber en las comunidades cristianas una constante educación en la fe de los niños y de los adultos; es necesario mantener vivo en los fieles un sentido activo de responsabilidad misional y una participación solidaria con los pueblos de toda la tierra. El don de la fe llama a todos los cristianos a cooperar en la evangelización. Esta toma de conciencia se alimenta por medio de la predicación y la catequesis, la liturgia y una constante formación en la oración; se incrementa con el ejercicio de la acogida, de la caridad, del acompañamiento espiritual, de la reflexión y del discernimiento, así como de la planificación pastoral, una de cuyas partes integrantes es la atención vocacional.

8.   Las vocaciones al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada sólo florecen en un terreno espiritualmente bien cultivado. De hecho, las comunidades cristianas que viven intensamente la dimensión misionera del ministerio de la Iglesia nunca se cerrarán en sí mismas. La misión, como testimonio del amor divino, resulta especialmente eficaz cuando se comparte «para que el mundo crea» (cf. Jn 17, 21). El don de la vocación es un don que la Iglesia implora cada día al Espíritu Santo. Como en los comienzos, reunida en torno a la Virgen María, Reina de los Apóstoles, la comunidad eclesial aprende de ella a pedir al Señor que florezcan nuevos apóstoles que sepan vivir la fe y el amor necesarios para la misión.

9.   Mientras confío esta reflexión a todas las Comunidades eclesiales, para que la hagán suya y, sobre todo, les sirva de inspiración para la oración, aliento el esfuerzo de cuantos trabajan con fe y generosidad en favor de las vocaciones, y envío de corazón a los educadores, a los catequistas y a todos, especialmente a los jóvenes en etapa vocacional, una especial Bendición Apostólica.

      Vaticano, 3 diciembre 2007

 

 

 


Martes, 29 ene (RV).- «Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre» (2Cor 8,9). Es el Mensaje del Papa para la Cuaresma 2008, presentado esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Este año, en su acostumbrado Mensaje cuaresmal, Benedicto XVI se detiene a reflexionar sobre «la práctica de la limosna, que representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales».

El responsable de los programas en lengua española de Radio Vaticano, Padre Juan José Fernández Ibáñez, nos ofrece una síntesis de este mensaje pontificio: 

Uno de los temas fundamentales del Magisterio de Papa Benedicto XVI es que el cristianismo no es una teoría. Es una Realidad, Salvífica, Performante.
En esta clave el Papa lee el proceso de renovación interior al que están llamados los cristianos en el período de la Cuaresma, un tiempo de oración, ayuno y limosna.

Los parágrafos del Mensaje son seis:

p.1 La Cuaresma es un tiempo en el que profundizar el sentido y el valor de nuestro ser cristianos. Para redescubrir la misericordia de Dios. Un descubrimiento que nos impulsa, a nuestra vez, a llegar a ser más misericordiosos hacia los hermanos.
Los pasos concretos que hay que cumplir son la oración, el ayuno y la limosna. El Papa se detiene en la práctica de la limosna como un modo concreto de salir en ayuda de quien se encuentra en la necesidad. La limosna nos hace tomar distancias del apego a los bienes materiales, de modo que no los idolatremos; Así será posible reforzar la disponibilidad a compartir con los demás cuanto poseemos por bondad divina.

p.2. Los bienes materiales que poseemos no deben ser considerados como propiedad exclusiva; tienen una valencia social, según el principio de su destinación universal (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2404).
“Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor a Dios?” (1 Jn 3, 17). En los países en los que la mayoría de la población es cristiana, este llamamiento a compartir los bienes -con las multitudes que sufren pobreza y abandono- tiene su significado especial. Es un deber de justicia antes que un acto de caridad.

p.3. La limosna evangélica no es sencilla filantropía; ni debe ser un modo escondido para buscar el interés personal y la aprobación de los demás, o un medio para ponernos nosotros mismos en evidencia.
La decisión sincera de ayudar al prójimo debe realizarse de “modo escondido”, a imitación de Jesucristo, quien muriendo en la cruz se entregó totalmente por nosotros.

p.4. La limosna, acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede llegar a ser instrumento de auténtica conversión y reconciliación con Él y con los hermanos. Va más allá de “la dimensión material” y expresa la verdad de nuestro ser: en efecto, hemos sido creados no para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (cf 2 Co 5, 15). La limosna hace que experimentemos que la plenitud de la vida viene del amor; y lleva a la reconciliación con Dios porque “la caridad cubre multitud de pecados” (1 P 4, 8).

p.5. La práctica cuaresmal de la limosna es, por tanto, un medio para profundizar nuestra vocación cristiana. El amor inspira formas diversas de donación, según las posibilidades y las condiciones de cada uno, haciendo de nuestra misma vida un don total.
 p.6. La Cuaresma invita a todos a crecer en la caridad y a reconocer en los pobres a Cristo mismo, en uno esfuerzo personal y comunitario de adhesión a Cristo, en cuyo nombre reside la vida verdadera. Y ser testigos de su amor.

 

 

 

Benedicto XVI: El mundo, desgarrado por conflictos, necesita una gran esperanza


Homilía en la solemnidad de la Epifanía del Señor (6 de enero)

 


 

 

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 11 de enero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció Benedicto XVI el 6 de enero en la celebración eucarística que presidió en la Basílica de San Pedro del Vaticano con motivo de la solemnidad de la Epifanía del Señor, el 6 de enero.

Queridos hermanos y hermanas: 
Celebramos hoy a Cristo, luz del mundo, y su manifestación a las naciones. En el día de Navidad el mensaje de la liturgia era:  "Hodie descendit lux magna super terram", "Hoy desciende una gran luz a la tierra" (Misal romano). En Belén, esta "gran luz" se presentó a un pequeño grupo de personas, a un minúsculo "resto de Israel":  a la Virgen María, a su esposo José, y a algunos pastores. Una luz humilde, según el estilo del verdadero Dios. Una llamita encendida en la noche:  un frágil niño recién nacido, que da vagidos en el silencio del mundo... Pero en torno a ese nacimiento  oculto y desconocido resonaba el himno de alabanza de los coros celestiales, que cantaban gloria y paz (cf. Lc 2, 13-14).


Así, aquella luz, aun siendo pequeña cuando apareció en la tierra, se proyectaba con fuerza en los cielos. El nacimiento del Rey de los judíos había sido anunciado por una estrella que se podía ver desde muy lejos. Este fue el testimonio de "algunos Magos" que llegaron desde Oriente a Jerusalén poco después del nacimiento de Jesús, en tiempos del rey Herodes (cf. Mt 2, 1-2).


Una vez más, se comunican y se responden el cielo y la tierra, el cosmos y la historia. Las antiguas profecías se cumplen con el lenguaje de los astros. "De Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel" (Nm 24, 17), había anunciado el vidente pagano Balaam, llamado a maldecir al pueblo de Israel y que, al contrario, lo bendijo porque, como Dios le reveló, "ese pueblo es bendito" (Nm 22, 12).


Cromacio de Aquileya, en su Comentario al evangelio de san Mateo, relacionando a Balaam con los Magos, escribe:  "Aquel profetizó que Cristo vendría; estos lo vieron con los ojos de la fe". Y añade una observación importante:  "Todos vieron la estrella, pero no todos comprendieron su sentido. Del mismo modo, nuestro Señor y Salvador nació para todos, pero no todos lo acogieron" (ib., 4, 1-2). Este es, en la perspectiva histórica, el significado del símbolo de la luz aplicado al nacimiento de Cristo:  expresa la bendición especial de Dios en favor de la descendencia de Abraham, destinada a extenderse a todos los pueblos de la tierra.
De este modo, el acontecimiento evangélico que recordamos en la Epifanía, la visita de los Magos al Niño Jesús en Belén, nos remite a los orígenes de la historia del pueblo de Dios, es decir, a la llamada de Abraham, que encontramos en el capítulo 12 del libro del Génesis. Los primeros once capítulos son como grandes cuadros que responden a algunas preguntas fundamentales de la humanidad:  ¿Cuál es el origen del universo y del género humano? ¿De dónde viene el mal? ¿Por qué hay diversas lenguas y civilizaciones?


Entre los relatos iniciales de la Biblia aparece una primera "alianza", establecida por Dios con Noé, después del diluvio. Se trata de una alianza universal, que atañe a toda la humanidad:  el nuevo pacto con la familia de Noé es, a la vez, un pacto con "toda carne" (cf. Gn 9, 15). Luego, antes de la llamada de Abraham, se encuentra otro gran cuadro, muy importante para comprender el sentido de la Epifanía:  el de la torre de Babel. El texto sagrado afirma que en los orígenes "todo el mundo tenía un mismo lenguaje e idénticas palabras" (Gn 11, 1). Después los hombres dijeron:  "Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos, y hagámonos famosos, por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra" (Gn 11, 4). La consecuencia de este pecado de orgullo, análogo al de Adán y Eva, fue la confusión de las lenguas y la dispersión de la humanidad por toda la tierra (cf. Gn 11, 7-8). Esto es lo que significa "Babel"; fue una especie de maldición, semejante a la expulsión del paraíso terrenal.


En este punto se inicia la historia de la bendición, con la llamada de Abraham:  comienza el gran plan de Dios para hacer de la humanidad una familia, mediante la alianza con un pueblo nuevo, elegido por él para que sea una bendición en medio de todas las naciones (cf. Gn 12, 1-3). Este plan divino se sigue realizando todavía y tuvo su momento culminante en el misterio de Cristo. Desde entonces se iniciaron "los últimos tiempos", en el sentido de que el plan fue plenamente revelado y realizado en Cristo, pero debe ser acogido por la historia humana, que sigue siendo siempre historia de fidelidad por parte de Dios y, lamentablemente, también de infidelidad por parte de nosotros los hombres.


La Iglesia misma, depositaria de la bendición, es santa y a la vez está compuesta de pecadores; está marcada por la tensión entre el "ya" y el "todavía no". En la plenitud de los tiempos Jesucristo vino a establecer la alianza:  él mismo, verdadero Dios y verdadero hombre, es el Sacramento de la fidelidad de Dios a su plan de salvación para la humanidad entera, para todos nosotros.


La llegada de los Magos de Oriente a Belén, para adorar al Mesías recién nacido, es la señal de la manifestación del Rey universal a los pueblos y a todos los hombres que buscan la verdad. Es el inicio de un movimiento opuesto al de Babel:  de la confusión a la comprensión, de la dispersión a la reconciliación. Por consiguiente, descubrimos un vínculo entre la Epifanía y Pentecostés:  si el nacimiento de Cristo, la Cabeza, es también el nacimiento de la Iglesia, su cuerpo, en los Magos vemos a los pueblos que se agregan al resto de Israel, anunciando la gran señal de la "Iglesia políglota" realizada por el Espíritu Santo cincuenta días después de la Pascua.


El amor fiel y tenaz de Dios, que mantiene siempre su alianza de generación  en generación. Este es el "misterio" del que habla san Pablo en sus cartas, también en el pasaje de la carta a los Efesios que se acaba de proclamar. El Apóstol afirma que este misterio le "fue comunicado por una revelación" (Ef 3, 3) y él se encargó de darlo a conocer.
Este "misterio" de la fidelidad de Dios constituye la esperanza de la historia. Ciertamente, se le oponen fuerzas de división y atropello, que desgarran a la humanidad a causa del pecado y del conflicto de egoísmos. En la historia, la Iglesia está al servicio de este "misterio" de bendición para la humanidad entera. En este misterio de la fidelidad de Dios, la Iglesia sólo cumple plenamente su misión cuando refleja en sí misma la luz de Cristo Señor, y así sirve de ayuda a los pueblos del mundo por el camino de la paz y del auténtico progreso.


En efecto, sigue siendo siempre válida la palabra de Dios revelada por medio del profeta Isaías:  "La oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, mas sobre ti amanece el Señor y su gloria sobre ti aparece" (Is 60, 2). Lo que el profeta anuncia a Jerusalén se cumple en la Iglesia de Cristo:  "A tu luz caminarán las naciones, y los reyes al resplandor de tu aurora" (Is 60, 3).


Con Jesucristo la bendición de Abraham se extendió a todos los pueblos, a la Iglesia universal como nuevo Israel que acoge en su seno a la humanidad entera. Con todo, también hoy sigue siendo verdad lo que decía el profeta:  "Espesa nube cubre a los pueblos" y nuestra historia. En efecto, no se puede decir que la globalización sea sinónimo de orden mundial; todo lo contrario. Los conflictos por la supremacía económica y el acaparamiento de los recursos energéticos e hídricos, y de las materias primas, dificultan el trabajo de quienes, en todos los niveles, se esfuerzan por construir un mundo justo y solidario.


Es necesaria una esperanza mayor, que permita preferir el bien común de todos al lujo de pocos y a la miseria de muchos. "Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, (...) pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano" (Spe salvi, 31), el Dios que se manifestó en el Niño de Belén y en el Crucificado Resucitado.


Si hay una gran esperanza, se puede perseverar en la sobriedad. Si falta la verdadera esperanza, se busca la felicidad en la embriaguez, en lo superfluo, en los excesos, y los hombres se arruinan a sí mismos y al mundo. La moderación no sólo es una regla ascética, sino también un camino de salvación para la humanidad.


Ya resulta evidente que sólo adoptando un estilo de vida sobrio, acompañado del serio compromiso por una distribución equitativa de las riquezas, será posible instaurar un orden de desarrollo justo y sostenible. Por esto, hacen falta hombres que alimenten una gran esperanza y posean por ello una gran valentía. La valentía de los Magos, que emprendieron un largo viaje siguiendo una estrella, y que supieron arrodillarse ante un Niño y ofrecerle sus dones preciosos. Todos necesitamos esta valentía, anclada en una firme esperanza.


Que nos la obtenga María, acompañándonos en nuestra peregrinación terrena con su protección materna. Amén.

Traducción distribuida por «L'Osservatore Romano»

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

 

 

Según el Papa, el desarme es un requisito de la seguridad global


«El desarrollo es el nuevo nombre de la paz», recuerda

 


CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 7 enero 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI hizo este lunes un llamamiento al compromiso por la seguridad global que exige, entre otras cosas, avanzar en el desarme.

«Quisiera exhortar a la comunidad internacional a un compromiso global por la seguridad», dijo el pontífice en el discurso que dirigió a 176 embajadores y otros representantes diplomáticos acreditados ante la Santa Sede.

«Un esfuerzo conjunto por parte de los Estados para aplicar todas las obligaciones contraídas, y para impedir el acceso de los terroristas a las armas de destrucción masiva, reforzaría, sin ninguna duda, el régimen de no proliferación nuclear y lo haría más eficaz», aseguró.

El Papa celebró «el acuerdo alcanzado para el desmantelamiento del programa de armamento nuclear en Corea del Norte y animo a la adopción de medidas apropiadas para la reducción de armas de tipo convencional y para afrontar el problema humanitario planteado por las bombas de racimo».

Y es que para el obispo de Roma, «la paz no puede ser sólo una simple palabra o una aspiración ilusoria».

«La paz es un compromiso y un modo de vida que exige que se satisfagan las expectativas legítimas de todos como el acceso a la alimentación, al agua y a la energía, a la medicina y a la tecnología, o bien el control de los cambios climáticos».

«Solamente así se puede construir el futuro de la humanidad; solamente así se favorece el desarrollo integral para hoy y para mañana».

«El desarrollo es el nuevo nombre de la paz», dijo, citando la encíclica Populorum progressio escrita hace cuarenta años por el Papa Pablo VI.

Por eso, aseguró, «para consolidar la paz, es necesario que los positivos resultados macroeconómicos, obtenidos en 2007 por numerosos países en vías de desarrollo, sean sostenidos por políticas sociales eficaces y por la puesta en práctica de compromisos de asistencia por parte de los países ricos».


 

 

 

Gratitud del Papa al protagonismo evangelizador de los niños


En la Jornada Misionera Mundial de la Infancia

 


CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 6 enero 2008 (ZENIT.org).- En la solemnidad de la Epifanía, Jornada Misionera Mundial de la Infancia, el Papa ha dado las gracias a los miles de niños que responden a las carencias de otros niños del mundo y ayudan a la Iglesia en la evangelización.

Visiblemente contento en esta fiesta de los Reyes Magos, el Papa rezó el Ángelus acompañado de decenas de miles de fieles presentes en la plaza de San Pedro, bajo la lluvia. Al término de la oración, elogió la iniciativa misionera mundial emprendida, hace más de 160 años, por el obispo francés Charles de Forbin Janson.

De su mano -recordó el Santo Padre-- «la Infancia de Jesús se han convertido en el icono del compromiso de los niños cristianos que ayudan a la Iglesia en su tarea de evangelización con la oración, el sacrificio y los gestos de solidaridad».

«Miles de niños salen al encuentro de las necesidades de otros niños --aplaudió--, impulsados por el amor que el Hijo de Dios, habiéndose hecho niño, trajo a la tierra».

«Doy las gracias a estos pequeños y ruego para que sean siempre misioneros del Evangelio», expresó Benedicto XVI.

Y dirigió igualmente su agradecimiento a cuantos animan a estos pequeños acompañándoles «por el camino de la generosidad, de la fraternidad, de la fe gozosa que genera esperanza».

Encargada de la animación internacional de esta labor con los niños, Sor María Teresa Crescini -superiora general de las Maestras Pías Venerini- confirma a Zenit, con ocasión de la Jornada, que los pequeños «consiguen financiar actualmente tres mil proyectos de solidaridad con su dinero, con sus pequeños sacrificios».

La Pontificia Obra de la Infancia Misionera -también conocida como Obra de la Santa Infancia--, cuyas raíces están en la iniciativa del obispo de Nancy en 1843, depende de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos.

Se orienta a formar a los chavales en el espíritu misionero, abriéndoles a las necesidades de sus coetáneos en los países de misión mediante el ofrecimiento de la oración y de la ayuda material.

«La Jornada Misionera Mundial de la Infancia fue instituida por el Papa Pío XII con Carta Apostólica del 4 diciembre 1950», si bien esta movilización «en Europa sobre todo se celebraba desde los primeros años de la fundación de la Obra de la Santa Infancia», explica Sor Maria Teresa Crescini a Zenit.

«La sensibilización de los niños tenía lugar en las parroquias, en las diócesis, partiendo del lema "los niños ayudan a los niños", esto es, los sacrificios y la oración de los niños del mundo debían llegar a salvar a muchos niños pobres, sobre todo los niños que carecen del Evangelio», subraya.

La labor se traduce actualmente en «una implicación de los niños cristianos de 110 países del mundo donde actualmente la Obra de la Santa Infancia está presente», confirma.

«Ya desde los primeros años -recuerda la religiosa-- los obispos de China escribían a los niños [de la Santa Infancia] de Europa y de los Estados Unidos cartas de agradecimiento, porque los pequeños sabían desarrollar una gran misión hacia los niños del mundo».

«Niños misioneros en todo el mundo» es el lema este año de la Jornada, cuyo marco siempre es el día de Reyes.

La Pontificia Obra de la Infancia Misionera, en la preparación de esta celebración, ha hecho hincapié en que los niños misioneros, testimoniando la alegría de la amistad con Jesús, pueden ser un signo entre sus amigos e iluminar los caminos que llevan al encuentro con el Señor, igual que los Reyes Magos fueron guiados por la estrella a Belén.

Con un itinerario formativo, la Obra de la Santa Infancia ha ayudado a los pequeños a tomar conciencia de su vocación cristiana y del sentido de responsabilidad y de solidaridad. En la celebración eucarística de este domingo están ofreciendo sus donativos.

Niños evangelizados y evangelizadores

«El último momento bello de la Santa Infancia ha sido el Congreso de Dubrovnik, en Croacia», comparte Sor Maria Teresa Crescini con Zenit, aludiendo al sexto encuentro -es bianual- celebrado el pasado noviembre para los países del Mediterráneo y del este europeo.

Estuvieron representados 19 países en un momento en que los directores de la Santa Infancia mostraron todas sus actividades.

Acudieron «España, Italia, Alemania, Francia, Bélgica, Inglaterra y Malta», apunta la religiosa sin ánimo de exhaustividad; «también estaban presentes los países del este de Europa donde la Santa Infancia está convirtiéndose en algo verdaderamente vivo, bello», tales como «Polonia, Croacia, la República Checa, Rusia».

«Este año participaron igualmente Siria, Turquía, Líbano, Palestina, Egipto», «o sea, los países que tienen conflictos, países del África mediterránea, que trabajan con los niños por un proceso de paz, y esto es muy bello», reconoció.

Y es que «el encuentro de Dubrovnik nos ha permito entender que debemos insistir en la evangelización de los niños, porque --concluye-- los niños son la mediación de los valores evangélicos en un mundo que tiene necesidad de paz y de solidaridad».

Por Marta Lago


 

 

 

Palabras del Papa al encuentro de las familias en Madrid
Al rezar el Ángelus en el día de la Sagrada Familia, 30 de diciembre


CIUDAD DEL VATICANO, martes 1 enero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que dirigió Benedicto XVI el pasado 30 de diciembre, día de la Sagrada Familia, al rezar la oración mariana del Ángelus.

Sus palabras fueron transmitidas en directo por televisión a los participantes en la gran celebración «Por la familia cristiana», convocada el 30 de diciembre en Madrid, con la participación de más de dos millones de personas.

* * *

 

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Siguiendo la narración de los Evangelios de Mateo y de Lucas, detenemos la mirada en Jesús, María y José, y adoramos el misterio de un Dios que quiso nacer de una mujer, la Virgen santa, y entrar en este mundo por el camino común a todos los hombres.  De este modo, santificó la realidad de la familia, llenándola con la gracia divina y revelando plenamente su vocación y misión.

El Concilio Vaticano II prestó gran atención a la familia. Los cónyuges, afirma, son entre sí y sus hijos testigos de la fe y del amor de Cristo (Cf. Lumen gentium, 35). La familia cristiana participa de este modo en la vocación profética de la Iglesia: con su manera de vivir «proclama muy alto tanto las presentes virtudes del Reino de Dios como la esperanza de la vida bienaventurada» (ibídem).

Como repitió después sin cansarse mi venerado predecesor, Juan Pablo II, el bien de la persona y de la sociedad está íntimamente ligado a la «buena salud» de la familia (Cf. Gaudium et spes, 47). Por este motivo, son palabras del Concilio, la Iglesia está comprometida en la defensa y promoción de «la intrínseca dignidad del estado matrimonial y el valor eximio» del matrimonio y de la familia (ibídem). Con esta finalidad se está  celebrando precisamente hoy una importante iniciativa en Madrid. A sus participantes me dirijo ahora en español.

 

 

 

 

Emociona a paraguayos saludo de Benedicto XVI en idioma guaraní  

El saludo papal llenó de emoción a miles de católicos paraguayos que a partir de las 08:00 siguieron por televisión el acto religioso que se realizó en El Vaticano.

Asunción.- La feligresía católica paraguaya recibió hoy con emoción la bendición Urib et Orbi de parte del Papa Benedicto XVI, quien desde Roma saludó por primera vez en lengua guaraní a la nación de este país suramericano.

‘Ko Navidad árape che maitei a me’e pee’me (en esta Navidad les transmito mi saludo), dijo el Pontífice al dar este martes su tradicional bendición de Navidad desde El Vaticano, donde miles de feligreses se congregaron en la Plaza de San Pedro.

El saludo papal llenó de emoción a miles de católicos paraguayos que a partir de las 08:00 hora local (11:26 GMT) siguieron por televisión el acto religioso que se realizó en El Vaticano.

Esta fue la primera vez en que un Papa bendice desde Roma a Paraguay en guaraní, declarada lengua oficial del país junto al español, aunque su antecesor Juan Pablo II pronunció varios discursos en ese idioma indígena, durante su visita que realizó en 1988.

En Paraguay, en tanto, el arzobispo de Asunción, Pastor Cuquejo, celebró este martes la tradicional misa de Navidad, oportunidad en la cual reafirmó su llamado a construir un nuevo orden social, ’sin promesas incumplidas, ni trampas, ni sueldos injustos’.

En la eucaristía, que se realizó en la Catedral Metropolitana del centro histórico de esta capital, el prelado instó a hacer fuerza de amor entre todos los paraguayos en una patria que ‘quiere sentir el amor de Dios’.

Apuntó que los acontecimientos históricos ‘nos hablan de la necesidad de vivir plenamente el don de la vida, de la esperanza, de la fe, desde donde nace la fuerza que los cristianos deben vivir para que se produzca la transformación tan ansiada’.

Cuquejo resaltó que la inequidad siempre estuvo presente en la historia de la humanidad y los paraguayos la sienten ‘en varias formas esclavizantes, de promesas incumplidas, de mentiras permanentes, de trampas por todos los lados, de sueldos injustos’.

También de ‘de niños que vagan por las calles, de adolescentes y jóvenes que no tienen una visión clara del futuro, y tal vez ni conozcan lo que es el futuro para ellos porque se encuentran solos con familias destruidas, desorganizadas, descompuestas’, añadió.

El arzobispo de Asunción exhortó a desalojar esas desigualdades, ‘primero de los corazones, para que la sociedad sea libre de toda impiedad’.

‘La Navidad debe ser de liberación total de todas las opresiones humanas y espirituales, está en nuestras manos revertir el orden de cosas que ya no queremos que nos opriman, está en nuestras decisiones marcar un nuevo rumbo en la historia’ del país, concluyó.

Notimex


 

 

 

El Papa exhorta a los muchachos de Acción Católica a recorrer siempre con alegría el camino de la vida con Jesús, porque “cualquier estación de nuestra existencia puede ser buena para decidir amar seriamente a Jesús y seguirlo con fidelidad”

 

 

 


Jueves, 20 dic (RV).- Benedicto XVI ha exhortado a los muchachos de Acción Católica a recorrer siempre con alegría el camino de la vida con Jesús, porque “cualquier estación de nuestra existencia puede ser buena para decidir amar seriamente a Jesús y seguirlo con fidelidad”. El Papa ha dado la bienvenida esta mañana a los chicos de Acción Católica y partiendo del eslogan de esta organización para el año 2008 que indica a Jesús como el camino, ha subrayado las dificultades que se pueden presentar en el mismo.

“A menudo es un camino estrecho y cuesta arriba, pero si uno se deja atraer por él, es siempre apasionante, como un sendero de montaña: mientras más se sube se puede admirar desde lo alto nuevos panoramas, más bellos y más vastos. El camino es fatigoso pero no estamos solos: nos ayudamos recíprocamente, nos esperamos, se ayuda a quien se queda detrás. Lo importante es no perderse, no abandonar el sendero, de lo contrario se corre el peligro de terminar en un barranco, de perderse en el bosque”.

Benedicto XVI ha mencionado también en su discurso a la niña Antonia Meo, perteneciente a Acción Católica, y de quien hace tres días el Papa ha decretado el reconocimiento de sus virtudes heroicas. El Pontífice ha elogiado el ejemplo luminoso de esta niña romana que en sus seis años y medio de vida demostró una fe, una esperanza, una caridad especiales, así como también las otras virtudes cristianas.

“Su existencia, tan sencilla y al mismo tiempo tan importante –ha dicho el Santo Padre- demuestra que la santidad es para todas las edades: para los niños y para los jóvenes, para los adultos y para los ancianos. Cada estación de nuestra existencia puede ser buena para decidirse a amar seriamente a Jesús y para seguirlo fielmente”.

 

 

 

La educación, prioridad en la lucha contra la pobreza; asegura Benedicto XVI
Llamamiento a la comunidad internacional

 


CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 13 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI considera que en la lucha contra la pobreza la educación de la juventud es una prioridad para la comunidad internacional.

Así lo explicó este jueves al recibir las cartas credenciales de los nuevos embajadores ante la Santa Sede de Tailandia, Seychelles, Namibia, Gambia, Surinam, Singapur y Kuwait, al recibir sus cartas credenciales.

El Papa lanzó un «llamamiento para que todas las personas que tienen una función en la vida social, todas las que participan en el gobierno de las naciones, hagan todo lo que puedan para volver a dar esperanza a los pueblos que tienen la tarea de gobernar».

«Que tengan en cuenta sus aspiraciones más profundas y que hagan lo necesario para que todos puedan beneficiarse de las riquezas naturales y económicas de su país, según los principios de la justicia y de la equidad», afirmó.

«Desde esta perspectiva --aclaró el Papa en su discurso pronunciado en francés--, debe prestarse particular atención a las jóvenes generaciones, mostrándoles que son la primera riqueza de un país. Su educación integral es una necesidad primordial».

Según el obispo de Roma, «no es suficiente una información técnica y científica para forjar hombres y mujeres responsables en su familia y a todos los niveles de la sociedad».

«Para lograr este objetivo --subrayó--, hay que privilegiar una educación en los valores humanos y morales que permita a cada joven tomar confianza en sí mismo, esperar en el futuro, preocuparse de sus hermanos y hermanas en humanidad y asumir su papel en el crecimiento de la nación, con un sentimiento cada vez más agudo de preocupación por el prójimo».

Por este motivo deseó que, «en cada país, la educación de la juventud sea una prioridad con el apoyo de todas las instituciones de la comunidad internacional que están comprometidas en la lucha contra el analfabetismo y contra la falta de formación en todas sus formas».

«Es una manera particularmente importante de luchar contra la desesperanza que puede albergarse en el corazón de los jóvenes y provoca numerosos actos de violencia, individuales o colectivos», indicó el pontífice que acaba de escribir una encíclica sobre la esperanza.

Benedicto XVI concluyó alentando «a todas las personas que participan en esta hermosa misión de la educación de la juventud a continuar sin descanso en su tarea, convencidos de que la adecuada formación de los jóvenes prepara un mañana prometedor».

 

 

 

 

Imposible callar ante el drama de los jóvenes en campos de refugiados, denuncia el Papa
En su mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2008

 

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 28 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI pide ayuda ante el drama diario que se vive de los campos de refugiados, especialmente fijándose en los niños y jóvenes que no han conocido otra realidad en su vida.

Los «jóvenes migrantes» son el centro del Mensaje del Papa para la próxima Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado -13 de enero de 2008- presentado este miércoles en la Oficina de Prensa de la Santa Sede--.

«Desafortunadamente» hay «muchos niños y adolescentes» entre los «migrantes forzosos», «refugiados», «prófugos» y «víctimas del tráfico de seres humanos», escribe el Santo Padre.

«Es imposible callar ante las imágenes desgarradoras de los grandes campos de prófugos y de refugiados, presentes en distintas partes del mundo. ¿Cómo no pensar que esos pequeños seres han llegado al mundo con las mismas, legítimas esperanzas de felicidad que los otros?», subraya.

«La infancia y la adolescencia son fases de fundamental importancia para el desarrollo del hombre y de la mujer, y requieren estabilidad, serenidad y seguridad»; en cambio, estos niños y adolescentes «han tenido como única experiencia de vida los "campos" de permanencia obligatoria», advierte.

Allí «se hallan segregados, lejos de los centros habitados y sin la posibilidad de ir normalmente a la escuela», cosa que, como alerta el Papa, pone en cuestión la posibilidad de que contemplen con confianza su propio futuro.

«Es necesario dedicarse aún más a ayudarles, mediante la creación de estructuras idóneas de acogida y de formación», exhorta.

En la presentación del mensaje papal, el arzobispo Agostino Marchetto, secretario del Pontificio Consejo para la Pastoral de los emigrantes e Itinerantes, advirtió de la dramática dimensión de conceptos como «asilo» y «prófugo» cuando se refieren a los jóvenes migrantes.

Ya el «desarraigo forzoso del lugar de origen» implica un evento traumático, y los jóvenes refugiados «sufren inmensamente por violaciones de derechos humanos sufridas como víctimas de guerras y de violencias, o de negligencia, crueldad, explotación social o de otro tipo, discriminación racial, agresión y ocupación extranjera de los lugares donde viven», enumeró.

El prelado hizo hincapié en que existe una generación entera que ha nacido y crecido en campos de refugiados.

Tales estructuras «deberían volver a ser aquello para lo que fueron creadas: un lugar donde estar temporalmente»; pero la praxis general --lamentó--, especialmente en países del sur del mundo, es «obligar a las personas a vivir en campos superpoblados, muchas veces en situaciones espantosas».

A los refugiados normalmente no se les permite trabajar, mientras que su libertad de movimientos está limitada --describió--; quedan «totalmente limitados a la distribución de alimentos dentro de los campos», donde no es excepcional la malnutrición.

Por Marta Lago


 

 

 

Audiencia general: el Papa invita a leer las Sagradas Escrituras porque la Palabra de Dios es palabra de vida eterna y lo único que "trasciende en el tiempo"

 

 Miércoles, 7 nov (RV).- “Un precioso trabajo para la Iglesia latina y para la cultura occidental”. De esta manera ha definido Benedicto XVI “la Vulgata”, el texto oficial de la Biblia de la Iglesia latina, traducida al latín por san Jerónimo, padre de la Iglesia, sobre cuya figura el Papa ha trazado el perfil hoy en su catequesis de la Audiencia General. El Santo Padre ha invitado a los más de 30 mil peregrinos reunidos en la plaza de san Pedro a “amar la Palabra de Dios”, a leerla individualmente o en comunidad, a asistir a la santa Misa, lugar comunitario por excelencia en la escucha ideal de la Sagrada Escritura.

Jerónimo, hijo de una familia cristiana, nació en Estrigonia, actual Hungría, hacia el año 347. Estudió en Roma, luego partió hacia Oriente siguiendo durante un tiempo una vida de eremita en el desierto, y “donde la meditación, la soledad, y el contacto con la Palabra de Dios -ha dicho el Papa- hicieron madurar en él la sensibilidad cristiana, tras advertir y comprobar vivamente el contraste que había con la mentalidad pagana”.

En el año 382, san Jerónimo volvió a Roma, donde fue consejero del Papa Dámaso. En el 385 emprendió de nuevo una peregrinación, primero, a Tierra Santa (“silencioso testimonio de la vida terrena de Cristo”) y más tarde, viajó a Egipto (“tierra de elección de muchos monjes”). Un año más tarde, en el 386, llegó a Belén donde permanecerá hasta su muerte, el 30 de septiembre del año 420.

Después de haber explicado la vida de san Jerónimo, el Pontífice ha recordado que “ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo”. “Para todo cristiano -ha exhortado el Papa- es importante un diálogo vivo con la Palabra de Dios que debe siempre tener dos dimensiones, la individual y la comunitaria, porque Dios habla a cada uno de nosotros, pero la palabra de Dios -ha añadido- sirve también “para construir la comunidad y para unirnos en el camino del descubrimiento de Dios”. “La palabra de Dios trasciende los tiempos, las opiniones humanas van y pasan: lo que hoy es modernísimo mañana está pasado de moda. La palabra de Dios, en cambio, vale siempre”.

Este ha sido el resumen que de su catequesis ha hecho Benedicto XVI en español, para los peregrinos de nuestra lengua presentes en la Plaza de San Pedro: 

Queridos hermanos y hermanas:


Dedicamos la catequesis de hoy al Padre de la Iglesia San Jerónimo, que tuvo como centro de su vida la Biblia. De familia cristiana, en Roma recibió una esmerada formación. Una vez bautizado se orientó hacia la vida ascética y partió para Oriente, viviendo como eremita en el desierto, donde perfeccionó el griego, estudió el hebreo y transcribió códices y obras patrísticas. De vuelta a Roma, el Papa Dámaso, lo tomó como secretario y consejero.


Muerto el Papa, peregrinó a Tierra Santa y Egipto, quedándose en Belén hasta su muerte. Allí desarrolló una intensa actividad: comentó la Palabra de Dios; defendió la fe, oponiéndose con vigor a los herejes; exhortó a los monjes; enseñó la cultura clásica y cristiana a los jóvenes; acogió a los peregrinos. Su gran aportación a la Iglesia latina y a la cultura occidental es la “Vulgata”, traducción latina de la Biblia basada textos precedentes. En su obra “De viris illustribus”, muestra la importancia de más de un centenar de autores cristianos. En su “Epistolario” se da a conocer como hombre culto, asceta y guía de almas.


Saludo a los peregrinos de lengua española, especialmente a las Religiosas que participan en un Curso para Formadoras en el Instituto Claretianum; a los sacerdotes de Valencia, así como a los peregrinos de México y de otros países latinoamericanos. Dejémonos guiar por este sabio maestro del espíritu, tratando de aprender en la tierra las verdades que perdurarán en el cielo. ¡Muchas gracias!

Benedicto XVI ha finalizado la Audiencia General dirigiéndoles a los jóvenes a los enfermos y a los recién casados. Queridos jóvenes, proyectad vuestro futuro con fidelidad al Evangelio, dejándoos guiar por las enseñanzas de Jesús. Vosotros, queridos enfermos, ofreced vuestro sufrimiento al Señor, para que gracias también a vuestra participación en sus sufrimientos, pueda Él cumplir su misión salvífica en el mundo. Y a vosotros, queridos recién casados, guiados por una fe viva, buscad formar comunidades familiares animadas por un intenso fervor evangélico.

 

 

 

 

Ángelus: el Papa hace un llamamiento para multiplicar los esfuerzos y encontrar una solución pacífica a la crisis entre Turquía y el Kurdistán iraquí

 

 

 


Domingo, 4 nov (RV).- El Papa en un llamamiento durante el Ángelus en la plaza de san Pedro, anima cualquier esfuerzo dirigido a encontrar una solución pacífica a la crisis entre Turquía y el Kurdistán iraquí.

El Santo Padre invita también en su llamamiento a que se garanticen “los derechos y los deberes de los inmigrantes que son la base de la verdadera convivencia y encuentro entre los pueblos”.

El encuentro de Jesús con Zaqueo en Jericó y la memoria de san Carlos Borromeo han sido los argumentos centrales de la oración mariana del Ángelus este domingo.

Benedicto XVI se ha hecho eco este mediodía, tras el habitual rezo del Ángelus en la plaza de san Pedro, de la crisis entre Turquía y el Kurdistán iraquí y del peligro que corren las poblaciones que viven en aquella zona fronteriza. En un llamamiento generalizado, el Papa ha instado a que se realicen todos los esfuerzos necesarios para que se llegue a una rápida solución pacífica.

“Las noticias de estos últimos días relativas a los acontecimientos en la región fronteriza entre Turquía e Irak, son para mí y para todos, fuente de preocupación. Deseo, por tanto, apoyar cualquier esfuerzo dirigido a alcanzar una solución pacífica de los problemas que han surgido recientemente entre Turquía y el Kurdistán.No puedo olvidar que en aquella región numerosas poblaciones han encontrado refugio huyendo de la inseguridad y del terrorismo que han hecho difícil la vida en Irak en estos últimos años. Precisamente en consideración al bienestar para estas poblaciones, que comprenden también numerosos cristianos, deseo vivamente que todas las partes trabajen para favorecer soluciones de paz. Deseo, además, que las relaciones entre poblaciones de emigrantes y las poblaciones locales crezcan en el espíritu de aquella alta civilización moral que es fruto de los valores espirituales y culturales de todo pueblo y país. Que los responsables de la seguridad y de la acogida sepan usar los medios puestos a su alcance para garantizar los derechos y los deberes que son la base de la verdadera convivencia y encuentro entre los pueblos".

El encuentro de Jesús con Zaqueo en Jericó y la memoria de san Carlos Borromeo han sido los argumentos centrales de la alocución previa al rezo mariano del Ángelus este domingo. En cuanto a Zaqueo, un hombre rico que ejercía de recaudador de impuestos para la autoridad romana y que por lo tanto era considerado como un pecador público, el Papa ha querido profundizar en su encuentro con Jesús. Y sobre todo en cómo el Evangelio nos enseña que el amor que nace del corazón de Dios y se manifiesta a través del corazón del hombre, es la fuerza que renueva el mundo: “Esta verdad resplandece hoy de forma particular en el testimonio del santo cuya memoria recordamos hoy: san Carlos Borromeo, arzobispo de Milán. Su figura se enmarca en el siglo XVI como modelo de pastor ejemplar por su caridad, doctrina, celo apostólico y sobretodo por la oración: las almas –como recordaba el santo- se conquistan de rodillas”.

El Santo Padre ha recordado como san Carlos Borromeo, consagrado obispo con sólo 25 años, puso en práctica el Concilio de Trento, que imponía a los pastores residir en sus respectivas diócesis, y se dedicó completamente a la Iglesia ambrosiana. El Papa ha querido enumerar las numerosas actividades de san Carlos como la convocatoria de 6 sínodos provinciales y 11 diocesanos, la fundación de seminarios para formar una nueva generación de sacerdotes, la construcción de hospitales y el haber destinado las riquezas de familia al servicio de los pobres, la defensa de los derechos de la Iglesia contra los potentes; la renovación de la vida religiosa y la institución de una nueva Congregación de sacerdotes seculares: los oblatos.

Por último el Pontífice ha recordado de este santo que en 1576, cuando la peste asoló Milán, se dedicó a visitar, a confortar a los enfermos, por quienes gastó todos sus bienes. De hecho, ha dicho Benedicto XVI- su lema se resumía en una única palabra: “humildad”, la que le llevó como Jesús, a renunciar a sí mismo para hacerse siervo de todos.

Y como es ya habitual después del rezo de la oración mariana, como cada domingo, el Santo Padre ha saludado afectuosamente a los peregrinos en distintas lenguas. Este ha sido su saludo en español. 

Saludo cordialmente a los peregrinos y visitantes de lengua española que participan en esta oración mariana, de modo particular al grupo de fieles venidos de México. El Evangelio de hoy nos presenta a Zaqueo que quiere ver a Jesús y lo hospeda en su casa. Este encuentro con el Señor transforma y purifica su vida pasada. Igual quiere hacer Él con nosotros cuando le abrimos totalmente nuestro corazón. ¡Feliz domingo!

En su saludo en lengua polaca, Benedicto XVI, señalando la memoria litúrgica del día de hoy, san Carlos Borromeo, ha recordado que el memorable arzobispo de Milán fue “patrón de bautismo de Juan Pablo II. “Doy las gracias a Dios -ha dicho- por la vida y por la obra de estos dos grandes hombres de la Iglesia, lejanos en el tiempo, pero cercanos en el Espíritu. Que Dios los bendiga”.


 

 

 

 

En su carta al nuevo director de L’Osservatore Romano el Papa recuerda la gran responsabilidad que tiene por la peculiaridad del periódico Vaticano y alude a su alto nivel profesional como a su pertenencia a una ilustre familia de gran tradición cristiana en el servicio a la Sede Apostólica.

 

 

Sábado, 27 oct (RV).- El Santo Padre ha enviado una carta al nuevo director de L’Osservatore Romano, el profesor Giovanni Maria Vian. En la misiva Benedicto XVI le recuerda al nuevo director la gran responsabilidad que tiene por la peculiaridad del periódico Vaticano y alude tanto a su alto nivel profesional como a su pertenencia a una ilustre familia de gran tradición cristiana en el servicio a la Santa Sede.

Seguidamente el Pontífice le recuerda que L’Osservatore Romano nació para mantener la libertad de la Santa Sede en un momento crítico y providencial de su historia y que ha difundido las enseñanzas de los Romanos Pontífices y las intervenciones de sus más estrechos colaboradores sobre los problemas cruciales que la humanidad encuentra en su camino.

También el Papa subraya la imparcialidad que mantuvo el “periódico del Papa”, durante la primera guerra mundial y también en la segunda. “El periódico ubicado desde 1929 al interior del Estado vaticano –acreditó ulteriormente su prestigio y su difusión, gracias también a la posibilidad que el periódico tenía de acceder a fuentes de información que en aquel periodo solamente la independencia vaticana podía garantizar”. Después se publicaría en ediciones periódicas en diversas lenguas, asegurando de esta manera una difusión realmente internacional.

Esta dimensión mundial, le recuerda el Papa al nuevo director, es más concreta y eficaz por medio de la posibilidad que hoy ofrecida por la presencia de la “red”, resultando muy importante para expresar verdaderamente la realidad de la Iglesia universal, la comunión de todas las Iglesias locales y su enraizamiento en las todavía más en las diversas situaciones, en un contexto de sincera amistad hacia los mujeres y hombres de nuestro tiempo.

EL Papa finaliza su carta al director del periódico vaticano manifestándole que, “buscando y creando ocasiones de discusión, L’Oservatore Romano” podrá servir cada vez de manera mejor, a la Santa Sede, mostrando la fecundidad del encuentro entre la fe y la razón, gracias a la que se hace posible también una cordial colaboración entre creyentes y no creyentes”, su finalidad fundamental permanece obviamente en la de favorecer en las culturas de nuestro tiempo la apertura confiada y, al mismo tiempo, profundamente razonable a lo Trascendente en lo que en última instancia se fundamenta el respeto a la dignidad y a la auténtica libertad de todo ser humano.

 

 

 

En el encuentro de Benedicto XVI y el presidente de Bosnia-Herzegovina se subraya la contribución de la comunidad católica para favorecer la convivencia pacífica entre lasdistintas etnias y grupos religiosos en el país

 

 

Jueves, 25 oct (RV).- Benedicto XVI ha recibido esta mañana al presidente de la Presidencia de Bosnia-Herzegovina. Un encuentro en el que se ha subrayado la contribución de la Comunidad católica para favorecer la convivencia pacífica entre las distintas etnias y grupos religiosos en el país.

En este contexto tuvo lugar la ratificación del Acuerdo de Base entre la Santa Sede y Bosnia-Herzegovina. El cardenal Bertone lo califica como «día histórico» en las relaciones entre ambos estados y la mejor garantía jurídica en un país que acoge en sus fronteras una sociedad multiétnica y multirreligiosa.

Benedicto XVI ha recibido esta mañana al presidente de la presidencia colegiada de Bosnia-Herzegovina, Zelijo Komsic, quien además se ha reunido a continuación con el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, y Mons. Dominique Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados, con motivo del intercambio de instrumentos de ratificación del Acuerdo fundamental y del Protocolo adicional entre la Santa Sede y Bosnia-Herzegovina.

Durante el encuentro, al que ha asistido también el cardenal Vinko Puljic, arzobispo de Sarajevo, se han abordado temas relacionados con la puesta en práctica del Acuerdo ratificado hoy, y de forma particular sobre el compromiso de la Iglesia en los campos de la educación, actividades sociales y caritativas y la asistencia pastoral a los fieles católicos. Se ha subrayado además la contribución de la Comunidad católica para favorecer la convivencia pacífica entre las distintas etnias y grupos religiosos en el país. Además el presidente de la presidencia de Bosnia-Herzegovina, según ha informado la oficina de prensa de la Santa Sede, ha invitado a Benedicto XVI a visitar el país.

Después de este encuentro con el Papa el presidente se ha trasladado a la Sala de los Tratados, del Palacio Apostólico, donde el Cardenal Bertone y el mismo mandatario han procedido al solemne acto de intercambio de instrumentos de ratificación del Acuerdo de Base entre la Santa Sede y Bosnia-Herzegovina, firmado en Sarajevo 19 de de abril de 2006, y del relativo Protocolo adicional, del 29 de septiembre, también del pasado año.

Ambos documentos, el Acuerdo y el relativo Protocolo adicional han entrado en vigor a partir de hoy, que es un «día histórico en las relaciones entre la Santa Sede y Bosnia-Herzegovina», ha enfatizado el cardenal Bertone, haciendo hincapié en que este 25 de octubre de 2007, «marca el fin de una etapa y el comienzo de otra, caracterizada - según nuestro anhelo – por una larga y proficua colaboración».

Refiriéndose a las «disposiciones de interés común para la vida y la actividad de la comunidad católica en Bosnia-Herzegovina», el Cardenal Secretario de Estado de Benedicto XVI ha mencionado en particular, «el reconocimiento de la personalidad jurídica de la Iglesia católica y de sus entes en el ámbito de la sociedad civil, de su independencia en el culto y en el apostolado, de su específica aportación en los campos culturales, educativo, pastoral, militar, asistencial, caritativo y de los medios de comunicación del país».

Tras poner de relieve que dicho Acuerdo representa un positivo desarrollo en la consolidación del estado de derecho y de los principios democráticos, sobre los cuales Bosnia-Herzegovina quiere fundar su propio porvenir – puesto que la libertad religiosa «es presupuesto irrenunciable de la actual cultura occidental y condición indispensable para la tutela de los derechos humanos en toda latitud del planeta», el Card. Bertone ha recordado también que se trata de «un instrumento jurídico internacional».

Puesto que «la Santa Sede, es decir el gobierno central de la Iglesia católica, formado por el Romano Pontífice y por los Organismos de la Curia Romana que lo asisten en su ministerio, es sujeto de derecho internacional, independientemente del hecho de gozar de la misma soberanía de cualquier estado sobre el territorio vaticano. La particular organización institucional de la Iglesia católica requiere, por lo tanto, un trato específico por parte de los estados, para garantizar de forma específica a sus fieles los derechos universalmente reconocidos».

«En un estado como Bosnia-Herzegovina, que acoge en sus fronteras una sociedad multiétnica y multirreligiosa», ha señalado también el Cardenal Secretario de Estado, este Acuerdo con la Santa Sede «resulta la mejor garantía jurídica para asegurar el ordenado desarrollo de la vida religiosa, sobre todo en sus implicaciones públicas».

En este contexto, el cardenal Bertone ha subrayado que «la recta aplicación de todo lo pactado será en favor del interés del país, pues, además de ofrecer del mismo una imagen positiva en ámbito internacional, contribuirá a la superación de los graves problemas heredados del pasado y a la construcción de un futuro mejor. Un futuro en el que se puedan realizar los anhelos de un país que, por su historia y geografía, representan un singular cruce de caminos de identidades diversas, pero que pertenecen con pleno derecho a Europa. Su diversidad, en un mundo globalizado, como el nuestro, debería ser manantial de riqueza para todos».

Finalmente, el cardenal Bertone ha sellado su discurso deseando de todo corazón que la actuación de las disposiciones de «este tratado internacional impulse la pacífica convivencia y el desarrollo integral de Bosnia-Herzegovina y ayude a la Iglesia católica local en el cumplimiento de la misión que le encomendó Cristo, en beneficio de toda la población del país».

 

 

 

 

El Papa denuncia en Nápoles el triste fenómeno de la violencia y el lamentable número de delitos de la Camorra y pide que se intensifique la prevención basada en la escuela, el trabajo y la ayuda a los jóvenes para gestionar el tiempo libre

 

Domingo, 21 oct (RV).- Benedicto XVI ha expresado en Nápoles su deseo de “que no falte nuestra ayuda espiritual y material a aquellos que trabajan en las fronteras de la misión: que tantas veces encuentran en su trabajo graves dificultades, e incluso persecuciones”. Han sido las palabras del Papa en Nápoles, antes del rezo del Ángelus en este día dedicado a las Misiones, donde ha presidido la Santa Misa.

Benedicto XVI, antes de rezar el Ángelus en la plaza del Plebiscito de Nápoles ha pedido rezar, hoy de manera especial, por los misioneros: “Se celebra hoy la Jornada Mundial de las Misiones, que tiene un lema muy significativo: ‘Todas las Iglesias para todo el mundo’. Cada Iglesia particular es corresponsable de la evangelización de toda la humanidad y esta cooperación entre las Iglesias fue incrementada por el Papa Pío XII con la Encíclica Fidei donum, hace más de cincuenta años. Que no falte nuestra ayuda espiritual y material a aquellos que trabajan en las fronteras de la misión: sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, que tantas veces encuentran en su trabajo graves dificultades, e incluso persecuciones”.

También el Papa antes del rezo de la oración mariana ha saludado de manera particular a las delegaciones allí presentes procedentes de varias partes del mundo para participar en el Encuentro Internacional por la Paz, promovido por la Comunidad de San Egidio, que lleva como tema: Por un mundo sin violencia – Religiones y culturas en diálogo” y ha pedido que esta importante iniciativa cultural y religiosa contribuya a consolidar la paz en el mundo.

El Santo Padre ha finalizado su breve alocución aludiendo a la 45 Semana Social de los católicos italianos recordando los problemas y los desafíos que hoy están presentes en la sociedad italiana y ha pedido un fuerte compromiso de todos, especialmente de los fieles laicos que trabajan en el campo social y político, para asegurar a toda persona, y en particular a los jóvenes, las condiciones indispensables para desarrollar los propios talentos naturales y madurar generosas decisiones en la vida al servicio de sus propios familiares y de toda la comunidad".

Este domingo Benedicto XVI, que visita pastoralmente Nápoles, ha abandonado el Palacio apostólico pasadas las ocho de la mañana y a las ocho y cuarto se ha trasladado en helicóptero desde el Vaticano, para llegar una hora después a la Estación marítima del Puerto de Nápoles. Desde allí el Papa se ha trasladado en coche panorámico hasta el centro de la ciudad. Al llegar al altar, situado en la plaza Plebiscito el Patriarca ecuménico Bartolomé I ha saludado al Santo Padre en nombre de los 50 líderes religiosos presentes.

Y en la plaza del Plebiscito, a las 10, el Pontífice ha presidido la Concelebración Eucarística. Han concelebrado con el Santo Padre, cardenales, arzobispos y obispos sacerdotes. Han participado en la Misa miles de personas bajo una persistente lluvia desde la llegada de Benedicto XVI a Nápoles. El Santo Padre ha comenzado su homilía saludando a todos los participantes en esta Eucaristía incluidos los que la han seguido por medio de la radio y la televisión, entre ellas las comunidades de clausura, ancianos, a los que se encuentran en los hospitales, a los presos, etc. En una palabra, ha dicho, saludo a toda la familia de los creyentes y a todos los ciudadanos de Nápoles: estoy entre vosotros, queridos amigos, para compartir con vosotros la Palabra y el Pan de la Vida.

Seguidamente el Santo Padre ha manifestado que, meditando sobre las Lecturas bíblicas de este domingo y pensando a la realidad de Nápoles, ha quedado impresionado porque hoy la Palabra de Dios lleva como argumento principal la oración, es más,”la necesidad de rezar siempre y sin cansarse”, como dice el Evangelio. Pensándolo bien, se comprende que esta Palabra contiene un mensaje ciertamente a contracorriente, destinado sin embargo a iluminar en profundidad la conciencia de esta Iglesia vuestra y de esta vuestra Ciudad. Lo resumiría así: “La fuerza, que en silencio y sin clamores cambia el mundo y lo transforma en Reino de Dios, es la fe, y expresión de la fe es la oración. Cuando la fe se colma de amor a Dios, reconocido como Padre bueno y justo, la oración se hacer perseverante, insistente, se convierte en un gemido del espíritu, un grito del alma que penetra en el corazón de Dios. Hasta tal punto la oración se convierte en la fuerza más grande para la transformación del mundo. Ante estas realidades sociales difíciles y complejas, como seguramente lo es la vuestra, es necesario reforzar la esperanza, que se funda en la fe y se expresa en una oración incansable. Es la oración quien mantiene encendida la llama de la fe”.

Y aludiendo a las lecturas bíblicas escuchadas, el Papa ha manifestado, que estas presentan algunos modelos para inspirarnos en esta profesión de fe. Son estos la imagen de la viuda que encontramos en la parábola evangélica y la de Moisés, de quien habla el libro del Éxodo. La viuda del Evangelio nos hace pensar en los pequeños, en los últimos, y también en tantas personas, sencillas y rectas, que sufren los abusos, se sienten impotentes ante el constante malestar social y se sienten tentados de desanimarse. A estos Jesús les repite: mirad con qué tenacidad insiste esta pobre viuda y al final es escuchada por el juez deshonesto!

“La fe nos asegura que Dios escucha nuestra oración y nos oye en el momento oportuno, aunque la experiencia de cada día parece desmentir esta certeza. En efecto, ante ciertos hechos de crónica, o ante tantos desastres cotidianos de los que los periódicos ni siquiera hablan, enseguida sube al corazón la súplica del antiguo profeta: “¿Hasta cuándo, Señor, te suplicaré y no me escuchas; a ti levantaré el grito: ‘Violencia!, y no nos socorres?”.

“La respuesta a esta invocación suplicante es una sola” ha afirmado Benedicto XVI: Dios no puede cambiar las cosas sin nuestra conversión, y nuestra verdadera conversión comienza con el “grito” del alma, que implora perdón y salvación. La oración cristiana no es, por tanto, expresión de fatalismo o de inercia, al contrario, es lo opuesto. A la evasión de la realidad, del intimismo consolador: es fuerza de esperanza, máxima expresión de la fe en la potencia de Dios que es Amor y no nos abandona.

La oración que Jesús nos enseñó, culminada en Getsemaní, tiene carácter agónico, es decir, de lucha, porque se alinea decididamente del lado del Señor para combatir la injusticia y vencer el mal con el bien; es el arma de los pequeños y de los pobres de espíritu, que repudian todo tipo de violencia. Más aún, que responde a ella con la no violencia evangélica, testimoniando así que la verdad del Amor es más fuerte que el odio y que la muerte.

Esto emerge también de la primera Lectura, el célebre relato de la batalla entre los Israelitas y los Amalecitas. Determinante en la suerte de aquel duro conflicto fue justamente la oración dirigida con fe al verdadero Dios. Dios tiene necesidad de las manos alzadas de su siervo! Los brazos en alto de Moisés nos hacen pensar en los de Jesús en la cruz: brazos extendidos y clavados con los que el Redentor ha vencido la batalla decisiva contra el enemigo infernal. Y ahora, interiormente iluminados por la Palabra de Dios, volvamos a mirar la realidad de vuestra Ciudad, donde no faltan energías sanas, gente buena, culturalmente preparada y con un sentido vivo de la familia.

“Para muchos sin embargo vivir no es simple: son tantas las situaciones de pobreza, de carencia de alojamiento, de desempleo o subempleo, di falta de perspectivas de futuro. Existe además el triste fenómeno de la violencia. No se trata solo del lamentable numero de los delitos de la camorra, sino también del hecho que la violencia tiende cada vez más a convertirse en una mentalidad extendida, insinuándose en los pliegues del vivir social, en los barrios históricos del centro y en las nuevas y anónimas periferias, con el riesgo de atraer especialmente a la juventud, que crece en ambientes en los que prospera la ilegalidad, lo sumergido y la cultura del arreglárselas”.

Ante esta situación el Papa ha invitado a los hombres y mujeres de buena voluntad, mientras se celebra en Nápoles el Encuentro de los líderes religiosos por la paz, que tiene como lema: “Por un mundo sin violencia. – Religiones y culturas en diálogo” a intensificar los esfuerzos para una seria estrategia de prevención, que se dirija a la escuela, hacia el trabajo y en el ayudar a los jóvenes a gestionar el tiempo libre. Es necesaria una intervención que implique a todos en la lucha contra cualquier forma de violencia, partiendo desde la formación de las conciencias y transformando las mentalidades, las actitudes y los comportamientos de cada día.

Benedicto XVI también en su homilía ha recordado las dos visitas que realizó a Nápoles Juan Pablo II y ha finalizado aludiendo a una expresión que aparece en la Carta pastoral del cardenal Arzobispo de Nápoles, Crescenzio Sepe: “La semilla de la esperanza es tal vez la más pequeña, pero puede dar vida a un árbol frondoso y dar mucho fruto”. Esta semilla existe y actúa en Nápoles, a pesar de los problemas y las dificultades. Oremos al Señor para que haga crecer en la comunidad cristiana una fe auténtica y una firme esperanza, capaz de contrastar eficazmente el desánimo y la violencia. Nápoles tiene, ciertamente, necesidad de adecuadas intervenciones políticas, pero también y antes que nada de una profunda renovación espiritual; tiene necesidad de creyentes que ponga su confianza plenamente en Dios, y con su ayuda se comprometan en defender los valores del Evangelio en la Sociedad, Pidamos para esto la ayuda de María y la de vuestros santos Protectores, en particular la de San Genaro.

 

  

 

 

No se puede justificar la violencia en nombre de Dios, dice el Papa a líderes religiosos
En el encuentro promovido por la Comunidad de San Egidio

 

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 21 octubre 2007 (ZENIT.org).- Nunca se puede justificar la violencia en nombre de Dios, afirmó Benedicto XVI este domingo en un encuentro con representantes cristianos, judíos, musulmanes y de otras religiones congregados en Nápoles.

Su llamamiento resonó en la primera jornada del Encuentro Internacional por la Paz, convocado por la Comunidad de San Egidio hasta el próximo 23 de octubre sobre el tema: «Por un mundo sin violencia. Religiones y culturas en diálogo».

«Ante un mundo lacerado por conflictos, en el que en ocasiones se justifica la violencia en nombre de Dios, es impor