Home Quienes Somos Internacional Voluntariado Buscador 07/10/2008
 

JUAN PABLO II
 
 
 



 

La peregrinación más antigua al Santuario de María de Guadalupe


Protagonizada por la diócesis de Querétaro

 


MÉXICO, lunes, 21 julio 2008 (ZENIT.org-El Observador).- Por lo menos cincuenta mil peregrinos arribaron este domingo a la Basílica de Guadalupe, procedententes de la diócesis de Querétaro, en la peregrinación más antigua y más numerosa de las que cada año llegan, desde todos los rincones de México, a los pies de la Patrona de América.

Mujeres, hombres, ancianos y niños, todos en perfecto orden y con una inmensa devoción, cumplieron la cita anual de la Diócesis de Querétaro con la Virgen de Guadalupe, llegando al santuario más visitado del mundo desde las seis de la mañana, tras extenuantes jornadas de camino.  Cada grupo portaba estandartes donde pudo apreciarse el lugar de origen y de las parroquias a las cuales representaron.
 
Recordando el 50 aniversario de la peregrinación de las mujeres, y el 118 aniversario de los hombres, llegaron al santuario mariano después de una caminata de por lo menos una semana --los peregrinos que salieron de Querétaro-- y de dos semanas y media, quienes partieron desde Neblinas, en los confines de la Sierra Gorda queretana, limítrofe con el estado de San Luis Potosí.

Tras la caminata hicieron ayer su entrada a la Basílica, donde los esperaba el obispo de Querétaro, monseñor Mario De Gasperín Gasperín y el rector del templo mariano más importante de México, monseñor. Diego Monroy.
 
Los peregrinos llegaron a este recinto llenos de fervor. En sus rostros se notó el beneplácito de los visitantes de llegar una vez más a los pies de la Virgen morena; cantando, danzando, vitoreando y alabando a la Virgen.

50 años de peregrinación
En entrevista para Zenit-Observador, la vicepresidenta de la Asociación de Peregrinas al Tepeyac 2008, Hilda García, explicó que "hace 50 años, oficialmente, se dio permiso por parte de la diócesis de Querétaro de que las mujeres peregrinaran a esta basílica. Antes veníamos a escondidas. En esta ocasión apoyamos a la peregrinación en vigilancia, seguridad y servicios médicos a 40 mil personas".
 
Al referirse a los circunstancias del camino la entrevistada aseguró que todos los participantes venían cantando, alegres, aunque en la zona de Tepejí llovió muy fuerte por tres días consecutivos. Y subrayó: "algunas salimos desde el 12 de julio para llegar a este santuario 18 días después".
 
Al arribo de la peregrinación, la Calzada de los Misterios s--que lleva a la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México-- se encontraba llena y fue cerrada por los miles de fieles que caminaban para llegar a su destino y poder ofrecer sus sufrimientos y sus alegrías a la "Morenita del Tepeyac", como le llamaba, familiarmente, el Papa Juan Pablo 11.
 
Ejemplo de fervor y entusiasmo para todos.
 
Monseñor Diego Monroy, rector de la Basílica, ofreció una rueda de prensa a los representantes de los medios de comunicación .  En ella  puntualizó: "Estas peregrinaciones a todos nos retroalimentan, nos benefician con su entrega y su compromiso; 50 años de las mujeres y 118 de los hombres, ¡es una gran motivación!. Yo los acompañe desde el camino y los recibo aqui, porque es la labor del rector de este santuario".
 
Más adelante monseñor Monroy subrayó que "nuestro país debe seguir caminando a pesar de sus pesares por un sendero de paz, de justicia, de progreso y de verdad porque la Virgen va a la cabeza por Jesucristo porque Ella nos dijo 'hagan lo que diga mi hijo'".
 
Exhortó a que los bautizados seamos fermento de una situación nueva, "aunque nos veamos acechados por: el narcotráfico, alcoholismo, injusticia, corrupción hambruna, pobreza y miseria y este es el reto de los peregrinos que llegan para predicar el Reino de Dios".
 
Asimismo calificó a la  peregrinación de la Diócesis de Querétaro como la más grande y hermosa  de todas las de las diócesis del país.
 
Beneficios espirituales de la peregrinación.

Por su parte, el obispo de Querétaro, monseñor Mario De Gasperín Gasperín agradeció a todos su presencia en un acontecimiento tan importante.

"Es para nosotros un momento de gracia y bendición al escuchar la palabra de Dios y que nos hace reflexionar en nuestra vida. Esta peregrinación es una siembra para muchos padres y madres de familia y de esta manera ellos repercuten en sus hogares, comunidades y sociedades", señaló el titular de la Diócesis de Querétaro.
 
"Las personas que vienen quieren el bien de México, de nuestra patria y de nuestra Iglesia. Estoy muy contento de encabezar esta peregrinación y que la Virgen bendiga a todos los peregrinos, que siempre la tenemos presente. Y haremos la misa por nuestros hermanos migrantes ya que muchos están pendientes de este acontecimiento de esta peregrinación encomendándose a Dios", señaló el obispo De Gasperín  Gasperín.
 
También se refirió a los trabajos en su diócesis y explicó que los sacerdotes tienen un papel importante:"Dios nos ha bendecido con un buen número de sacerdotes y la mayoría son jóvenes. Tienen mucho entusiasmo para trabajar y pedirle a la Virgen que bendiga este esfuerzo".
 
El prelado queretano, que está celebrando su jubileo por 25 años de ordenación episcopal, encabezó la celebración eucarística en la capilla abierta de la Basílica,  acompañado de monseñor Diego Monroy y de por lo menos una veintena de sacerdotes.

En su homilía monseñor De Gasperín Gasperín destacó que "durante estos días de peregrinación, hemos orado y escuchado la palabra de Dios; hemos pedido perdón de nuestros pecados y prometido ser mejores; caminando hemos hecho un alto en nuestra vida y un propósito de ser gente de bien. En una palabra, Dios ha sembrado en nuestro corazón la semilla santa de su palabra".

Ante un templo y un atrio guadalupano llenos, el obispo De Gasperín subrayó que "hay muchos productores de maldad, partidarios del maligno. El trigo bueno es Jesucristo. Si lo aman y obedecen sus mandamientos, brillarán, el día del juicio final, 'como estrellas en el firmamento, como el sol en el Reino del Padre'. La salvación de nuestra patria está en el cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios y en rezar y vivir el Padrenuestro".

Por Sergio Estrada

 

 

 

 

Religiosidad en México 
Fecha: 7 de julio del 2008
Reportero: Rafael H. Guadarrama
Fuente: Once Noticias 
    
 
En 50 años ha cambiado la geografía de la fe en México. Ahora muestra una tendencia creciente a la diversidad de credos.

“Si en 1950, alrededor del 99% de los mexicanos era católico, en el año 2000, que es el último censo que tenemos, la cifra era de que únicamente el 88% de los mexicanos es católico”, dijo Roberto Blancarte, investigador del Colegio de México.

“Tal vez si hubiera algún cambio en mi vida, algún favor que yo pidiera, alguna petición que yo tuviera, si realmente se me cumpliera, quizá sí cambiaría”, expresó María del Pilar Tenorio Flores, comerciante.

El Estudio "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000", realizado por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESAS, muestra un cambio importante en las zonas fronterizas del país.
Es el caso del sureste, en Tabasco y Chiapas entre 70 y 75% de los religiosos son católicos. Una tendencia similar se registra en la franja norte, donde la influencia del Vaticano bajó entre 8 y 15%

“Yo más bien lo veo como inevitable, es un proceso que no se ve que vaya a terminar. Cada censo que se realiza sigue habiendo un descenso en el catolicismo”, comentó Carlos Garma, investigador en Antropología, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Iztapalapa.

Sin embargo, hay regiones donde el catolicismo se ha mantenido prácticamente en su totalidad como la zona centro-occidente, donde históricamente se anuló la influencia de grupos indígenas.

“Los medios de comunicación social y otros elementos de una sociedad abierta, hacen que sea más importante lo que antes era la casa, la escuela, la iglesia”, manifestó Manuel Olimón Nolasco, sacerdote y académico en Historia de la Universidad Iberoamericana.

Las cifras del INEGI ubican al catolicismo como la religión predominante con cerca de 76 millones de practicantes; le siguen el conjunto de iglesias protestantes y evangélicas con casi 4 millones y medio y las bíblicas no evangélicas con 1 millón 900 mil. Después, están quienes dicen no tener religión, con 3 millones. Este grupo ha aumentado en los últimos años y, en conjunto, supera a los devotos del resto de las religiones.

Los factores del cambio religioso en el país son variados. Destacan la migración, la incorporación de creencias populares y nuevas formas de veneración.


“La gente sigue hablando mazateco, yo creo que esa es también una ventaja, una parte muy importante para que las tradiciones no se pierdan y la gente sienta como la alternativa, sí, es realmente una alternativa para curarse”, señaló Natalia Pineda Casimiro, antropóloga.

“Seríamos como una parvada de chivos, de borregos sin un pastor, sin quien nos guiara y nos cuidara”, expuso Pascual Alarcón, empleado.

También ha influido la capacidad de algunas órdenes religiosas de establecer ministros en zonas apartadas.

“Aquí lo único que enseñamos es la palabra de Dios, no enseñamos otra cosa, basados en lo que dice Cristo en su palabra”, declaró Álvaro López, pastor de la Congregación Evangélica Luterana "San Pablo".

“Los sacerdotes católicos han sido siempre muy pocos entre la población, hay un sacerdote por cada mil habitantes en México”, apuntó Roberto Blancarte.

“De los más de cien obispos que hay en el país, sólo uno habla una lengua indígena”, añadió Carlos Garma.

“Lo que cuesta formar un sacerdote a lo largo del 12 años, haciendo otras carreras y teniendo una serie de exigencias, una de ellas desde luego el celibato, no es comparable que una formación rápida”, explicó Manuel Olimón Nolasco.

Otro factor que ha impulsado la diversidad religiosa es el carácter laico del estado mexicano.

“Ya se ha instrumentado un mercado religioso en las zonas, las religiones compiten entre ellas por creyentes”, añadió Carlos Garma.

“Hay que entender sobre todo el que la gente sea religiosa no quiere decir que esa gente quiere que la religión esté metida en todas las áreas”, reveló Roberto Blancarte.

Estos factores explican por qué el catolicismo ha descendido 11% a nivel nacional en el último medio siglo.
 

 

 

El «coaching» llega a la Iglesia católica 
La Fundación Summa Humanitate asesora a congregaciones religiosas sobre cómo sacar el mejor rendimiento a su patrimonio. Fundada hace sólo un año y medio, ya cuenta con 330 empleados

 


La Fundación, de origen laico, gestiona ya más de treinta centros de la Iglesia que estaban infrautilizados.


Luisa Moreno

Madrid- Abogados, banqueros y consultores, todos ellos con una amplia experiencia, se han puesto al servicio de la Iglesia para asesorar, gestionar y optimizar el patrimonio inmobiliario y los servicios que ofrecen las congregaciones religiosas. Se trata de la Fundación Summa Humanitae, que nació hace un año y medio con la idea de «ayudar a los que ayudan y servir a los que sirven».

El patronato de la Fundación lo compone un grupo de laicos compremetidos que creen en la labor pastoral y social de la Iglesia. Si las empresas tienen servicios de asesoría, consultoría y «coaching», ¿por qué la Iglesia no iba a tenerlos? La Fundación no es una empresa; únicamente se ofrece para gestionar edificios de la Iglesia, como monasterios, santuarios, colegios mayores, hospederías y residencias de la tercera edad que están infrautilizadas para relanzarlas y optimizar su uso. En la actualidad, Summa Humanitae gestiona 20 asilos de ancianos en toda España. Los beneficios que obtiene los reinvierte en proyectos de las congregaciones religiosas o en la propia Fundación para poder seguir ayudando a más instituciones de la Iglesia. En tan sólo un año y medio de vida, Summa Humanitae cuenta ya con 330 empleados en los distintos centros que coordina.

Gestionar edificios

¿Quién cuida de los religiosos y religiosas mayores? La falta de vocaciones hace que alguien tenga que ocuparse de las personas consagradas de más edad. El área socio sanitaria de la Fundación ayuda a las congregaciones que lo solicitan a gestionar las enfermerías de las casas donde residen los consagrados más ancianos. La ayuda que proporciona Summa Humanitae va desde la contratación de médicos, enfermeras o personal de limpieza para una enfemería hasta la gestión total de la residencia.

Otra de las más importantes y novedosas funciones de la Fundación es la de gestionar y optimizar el uso de edificios de entidades sociales y religiosas que, en muchas ocasiones, funcionan a medio gas. De este modo, numerosos centros de transeúntes, casas de acogida, albergues, colegios, internados y residencias (en la actualidad ya ofertan 160 plazas para estudiantes universitarios) que no estaban a pleno rendimiento, vuelven a llenarse gracias a la asesoría de Summa Humanitae.

La Fundación también se hace cargo de las casas de ejercicios espirituales, hospederías monásticas y santuarios con hospedería para que logren conseguir un mayor uso de sus instalaciones y rentabilidad. La función de la Fundación en este caso va desde la promoción de los centros hasta su gestión total o parcial. A través de la página web http://www.centrosdeespiritualidad.org/, la Fundación ofrece en la actualidad los servicios de cinco casas, a las que acudieron durante el pasado año más de 1.500 personas. De este modo, han conseguido convertir antiguas casas de ejercicios infrautilizadas que, incluso, estaban a punto de cerrar sus puertas, en verdaderos centros de espiritualidad donde organizan vacaciones de verano para familias cristianas, tandas de ejercicios espirituales, seminarios y cursos, etc.

La Fundación Summa Humanitae dispone también de un área de consultoría y formación. De este modo aportan asesoría técnica en temas de gestión; ofrecen asesoría especializada en arquitectura, reformas, normativa vigente, subvenciones... Por último, tampoco se olvida de dar asesoría a las empresas en el ámbito de la gestión ética y de responsabilidad social corporativa.

También en el Tercer Mundo

El tercer área de la Fundación apoya proyectos de cooperación internacional. En este campo ayuda, por ejemplo, a otras organizaciones de la Iglesia a pedir subvenciones a organismos públicos para sus proyectos de cooperación en el Tercer Mundo. Summa Humanitae se compromete, además, a respetar el carisma de la congregación y a trabajar según sus costumbres.

La Fundación aporta un verdadero «coaching» a las congregaciones religiosas que han visto cómo vuelven a cobrar vida los edificios que, hasta hace poco, permanecían casi vacíos.


 

 

Premio Viktor Frankl al cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga


Arzobispo de Tegucigalpa y presidente de Caritas Internationalis

 


CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 24 enero 2008 (ZENIT.org).- El cardenal Óscar Andrés Cardinal Rodríguez Maradiaga S.D.B, arzobispo de Tegucigalpa y presidente de Caritas Internationalis, ha recibido el premio 2008 de la Viktor Frankl Foundation.

Esta fundación, con sede en Viena (Austria), que promueve la visión humanística de la psicoterapia, ha reconocido a un calificado psicólogo clínico y psicoterapeuta en la vida y obra del purpurado hondureño, indica la motivación oficial.

La Fundación, que trabaja en colaboración con asociaciones de logoterapia de todo el mundo, está dedicada a Viktor Frankl (1905-1997) neurólogo y psiquiatra austríaco.

De origen judío, en 1942, fue deportado a diferentes campos de concentración nazis. Tras su liberación, en 1945 escribió su famoso libro «El hombre en busca de sentido», donde describe la vida del prisionero de un campo de concentración desde la perspectiva de un psiquiatra.

En esta obra expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre debe encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual.

El cardenal Rodríguez Maradiaga, nacido en Honduras, en 1942, estudió psicología clínica en la Universidad Leopold Franz de Innsbruck, y tiene un doctorado en teología por la Universidad Pontificia de Letrán.

Arzobispo de Tegucigalpa desde 1993, de 1995 a 1999 fue presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Actualmente es presidente de la Conferencia Episcopal de Honduras.  Juan Pablo II le creó cardenal el 21 de febrero de 2001.

 


 

 

 

VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - El rey está desnudo (La falsa “tolerancia laica” manifestó su rostro)
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Ahora, parece verdaderamente que el rey está desnudo. (Y ‘rey’ está voluntariamente en minúsculas). La falsa ‘tolerancia laica’ ha manifestado su rostro: los paladines de los derechos humanos deberán explicar que cosa es la libertad de conciencia y de religión, incluso respecto a la carta de los 138 musulmanes, significativamente titulada ‘Una palabra común entre nosotros y ustedes’.
Por nuestra parte, entendemos el diálogo como tiempo empleado en escuchar al otro, para entender bien quién es, a dónde va, en qué cree. La ignorancia, en cambio, genera el prejuicio y, en cadena, la violencia. Si no se conoce mutuamente, el miedo nace inevitablemente y el otro es visto como un peligro, ciertamente no como un hermano.
El diálogo parece mostrarse como un arma salida de las manos de quien, ‘católico del disenso’, como un tiempo se definían a sí mismos, o ‘adulto’, como se llaman hoy, - que significa en todo caso ‘me siento incómodo en la Iglesia pero debéis escucharme a mí y no al magisterio’ - ha perdido sustancialmente el sentido de la propia identidad.
Quizás Benedicto XVI da miedo porque propone un verdadero diálogo universal - como ha mostrado en Regensburg - dirigiéndose verdaderamente a todos: a los agnósticos y a los escépticos, a los judíos y a los musulmanes, a los cristianos secularizados.
Propone un “iluminismo auténtico” mediante “un ensanchamiento de nuestro concepto de razón y de su uso”, con el objetivo de realizar “un verdadero diálogo de las culturas y de las religiones”.
En filosofía y en teología, pero en la misma cultura en general, necesitan ser comprendidos de nuevo tanto el concepto de razón cuanto el concepto de diálogo, visto que el Papa añade repetidamente el atributo ‘verdadero’. Hasta ahora se ha considerado que tienen dignidad de “diálogo” solamente los meetings donde las diferencias eran minimizadas en nombre de aquello que une. Alguien ha dicho eficazmente que entre los católicos se ha terminado por considerar verdadera solamente la verdad del otro.
En realidad, tanto en ciertos ambientes teológicos como en la sociedad italiana, no hay una convergencia plena sobre la idea de razón y de diálogo. Es necesario, por lo tanto, un largo trabajo para tratar de convenir sobre las cuestiones “fundamentales”, si se pretende favorecer la relación correcta entre religión y espacio público.
Por lo tanto, buscaremos interlocutores entre los laicos no creyentes y aquellos religiosos, que no renuncien a la crítica de la propia fe o sistema de pensamiento, sino que amen “pensar y hacer pensar”: esto hace “caminar el pensamiento” y lo cambia.
Por lo tanto no tendremos miedo de la confrontación al interno de la Iglesia y al externo, también con cuantos son, pertinazmente e irresponsablemente, fautores de confusión.
Lo haremos bajo la guía del amado Santo Padre Benedicto XVI, que en Mónaco el 10 de septiembre de 2006, en la homilía de la Celebración Eucarística, siguiendo el “no tengáis miedo de Cristo” de Juan Pablo II, reafirmó: “Nuestra fe no la imponemos a nadie […]. La fe sólo puede desarrollarse en la libertad. Pero a la libertad de los hombres pedimos que se abra a Dios, que lo busque, que lo escuche”. Quien tenga oídos para entender, que entienda. (Agencia Fides 17/1/2008)

 

 

Evangelios, entre historicidad y aportación de los apócrifos (I)


Entrevista al profesor de Nuevo Testamento Bernardo Estrada

 


ROMA, miércoles, 9 enero 2008 (ZENIT.org).- La consistencia histórica de los Evangelios está en su misma génesis, es decir, en la continuidad entre la predicación de Jesús, la predicación apostólica y su redacción.

Lo afirma en esta entrevista concedida a Zenit el padre Bernardo Estrada, profesor de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad de la Santa Cruz de Roma, el cual cita algunos testimonios ajenos a la Biblia, que enriquecen el contenido de los Evangelios.

--¿Nos puede explicar cómo tuvo lugar el proceso de redacción de los Evangelios?

--Padre Estrada: Podemos decir que los Evangelios se inician con la predicación de Jesús, quien no escribió de su puño y letra prácticamente nada sino aquellas pocas palabras trazadas en la tierra cuando le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio. De Jesucristo se sabe, sobre todo, que predicaba. Hay que subrayar a este respecto que la exigencia de predicar y enseñar de memoria era una costumbre constante de la época, porque la escritura era impracticable en condiciones normales.

Sin embargo, después de la pasión y muerte de Jesús, la predicación de la Iglesia se fundó justamente en el acontecimiento pascual. Es este el fundamento de toda nuestra fe, no sólo porque Pablo lo dice al final de la Carta a los Corintios sino porque precisamente el kerygma, el anuncio fundamental de la Iglesia tras Pentecostés, fue «Jesucristo crucificado y resucitado». El Evangelio como tal era, como afirma San Pablo, proclamación del «gozoso mensaje»: Dios nos ha salvado de la muerte eterna con la muerte y resurrección de su Hijo Jesús.

Sólo en la segunda mitad del siglo II, san Justino, al escribir en el año 160 su «Apología», afirma que las memorias de los Apóstoles son denominadas «Evangelios». Es el primer testimonio en el que se pasa del Evangelio como anuncio predicado al Evangelio como texto. Tras esta declaración apostólica, podemos decir que los autores sagrados, es decir los evangelistas de los que al menos dos eran apóstoles, llegan a la redacción de los libros.

Por esto se puede decir que los Evangelios tienen una consistencia histórica porque reflejan estos tres estadios en su formación, dándose siempre una continuidad. Una continuidad que une la predicación de Jesús, la predicación apostólica y la redacción de Evangelio.

--Los Evangelios «canónicos», es decir los aceptados por la Iglesia por su origen «apostólico» y por su «conformidad con la norma de la fe» de las primitivas comunidades cristianas y las mayores Iglesias de origen apostólico, fueron compuestos entre el 60 y el 100. ¿Cuáles son los criterios que atestiguan su historicidad?

--Padre Estrada: Los exponentes más radicales de la crítica histórica consideraban que había una distancia tal entre la redacción de los Evangelios y la vida de Jesús que toda una generación de testigos oculares había desaparecido. Pero esto no es verdad. El primer Evangelio, que se sabe que fue escrito por Marcos, se remonta al año 64, es decir 34 años después de la fecha probable de la muerte de Jesús. ¿En aquellos años qué se hizo? Esencialmente se predicó el Evangelio en diversos lugares, se reflexionó sobre ese anuncio, dándole una sistematización teológica, que es lo que hizo Pablo. De hecho, los Evangelios se escribieron después de que Pablo elaborara prácticamente toda su teología. En torno al 64, todas las Cartas habían sido escritas, incluidas las pastorales, si es verdad que él fue su autor. Podemos decir que, en aquellos años, los Evangelios sufrieron una evolución más teológica que biográfica, porque los hechos y dichos de la vida de Jesús estaban ya comprobados.

--Entonces, ¿cuáles son los criterios para poder separar con cierta seguridad lo que es histórico de lo que no lo es?

--Padre Estrada: En la segunda mitad del siglo XX, se desarrollaron diversos criterios históricos, entre ellos el de la «discontinuidad», que se concentra en aquellas palabras o aquellos hechos de Jesús que no pueden derivar ni del judaísmo del tiempo de Jesús, ni de la Iglesia primitiva después de Él. Por ejemplo, en el Evangelio de Mateo, Jesús afronta de manera crítica las escrituras y Moisés, como no lo hubiera hecho nunca ningún rabino, revelando la superioridad de la nueva ley proclamada por Él, que no calca el estilo exterior de los fariseos, sino que se asienta en la intimidad del corazón.

Otro criterio es el que se llama de la «dificultad», según el cual la Iglesia no habría nunca comunicado un hecho que pudiera humillar a Jesús, como por ejemplo la cruz, que es el caso más emblemático y paradigmático. El bautismo por obra de Juan, si no hubiera sucedido realmente, no lo hubiera podido ser imaginado por ningún autor. Así como la aparición a las mujeres, porque en aquel tiempo las mujeres no eran testigos cualificados en Israel.

--Las notables afinidades entre los textos de Mateo y Lucas han llevado a diversos estudiosos a afirmar la existencia de una fuente común, haciendo pensar que en realidad recurrieron a fuentes indirectas y no de primera mano. ¿Usted qué piensa?

--Padre Estrada: Podemos admitir que los Evangelios de Mateo y Lucas tuvieran una fuente común, porque existe una serie de narraciones, sobre todo de dichos, que no aparecen en Marcos. Pero lo que sorprende no es que Mateo y Lucas tuvieran una fuente común sino las diferencias. Por ejemplo, los dos relatan la infancia de Jesús pero cada uno lo hace a través de eventos que el otro ni siquiera conoce. En Mateo, el protagonista de la infancia de Jesús es José, mientras que en Lucas es María. Si se hubieran dado demasiadas afinidades, esto habría podido llevar a suponer que hubo un acuerdo entre los dos. Evidentemente, cada evangelista tenía una fuente propia a la que recurrir y otra compartida.

--¿Hay fuentes históricas independientes de los Evangelios canónicos que enriquecen su contenido?

--Padre Estrada: La historicidad de los Evangelios sólo es avalada por los mismos Evangelios, mediante su proceso de formación. Pero hay sin embargo testimonios ajenos a la Biblia que no hay que despreciar. El primero es el de Plinio el Joven, que fue procónsul de Bitinia entre los años 111 y 113, y que en una de las cartas enviadas al emperador Trajano escribe que los cristianos «solían reunirse antes del alba y entonar a coros alternos un himno a Cristo como si fuera un dios». Por tanto, afirma que estaban convencidos de la divinidad del Cristo.

Suetonio, en cambio, en su obra «Vida de los doce césares», refiriendo un hecho acontecido en torno al 50, afirma que Claudio «expulsó de Roma a los judíos que por instigación de Cresto eran continua causa de desorden» (Vita Claudii XXIII, 4). Suetonio escribió «Chrestus» en lugar de «Christus», no conociendo la diferencia entre judíos y cristianos, y por la semejanza entre Chrestòs, que era un nombre griego muy común, y Christòs que quería decir el «ungido», el «Mesías». Por tanto, existían en Roma judeocristianos y --diría-- judíos no convertidos que discutían entre sí sobre Cristo y que podían aparecer a los ojos de la autoridad romana como causa de desorden público.

Y luego está el testimonio del historiador romano Tácito que, en los «Anales», narra el incendio que estalló en Roma en el año 64, del que fue acusado el emperador Nerón, el cual hizo de todo «para hacer cesar tal rumor», y por ello «se inventó culpables y sometió a penas refinadísimas a quienes la plebe llamaba cristianos, detestándoles por sus hechos nefandos». Tácito afirma además que «el origen de este nombre era Cristo, el cual bajo el imperio de Tiberio fue condenado al suplicio por el procurador Poncio Pilatos; y esta superstición, momentáneamente dormida, se difundía de nuevo, no sólo en Judea, punto central de aquel mal, sino también en Roma, donde confluyó de todas partes y fue considerado honorable todo lo que hay en ello de torpe y de vergonzoso». («Anales» XV, 44).

 

 

Evangelios, entre historicidad y aportación de los apócrifos (II)


Entrevista al profesor de Nuevo Testamento Bernardo Estrada

 


ROMA, jueves, 10 enero 2007 (ZENIT.org).- Los evangelios apócrifos no nos permiten conocer realmente a Jesús pero nos muestran la evolución del cristianismo.

Lo afirma el padre Bernardo Estrada, profesor de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad de la Santa Cruz de Roma, que está convencido de que los apócrifos, aún no añadiendo nada relevante a nivel histórico, respecto a lo ya afirmado por los Evangelios canónicos, nos permiten sin embargo observar el nacimiento de algunas tradiciones que influyeron en la religiosidad popular y en el arte sacro cristiano.

La primera parte de esta entrevista fue publicada por Zenit el 9 de enero.

--El elenco completo de los 27 libros del Nuevo Testamento es fijado por primera vez en tiempo de Atanasio de Alejandría en 367 D.C. ¿Cómo se llega a elegir estos cuatro Evangelios en el canon de las Escrituras?

 

--Padre Estrada: Ya antes de finales del siglo II, san Ireneo, obispo de Lyon y mártir, afirma en un célebre pasaje que «dado que el mundo tiene cuatro regiones y son cuatro los vientos principales (...) el Verbo creador de cada cosa (...) revelándose a los hombres, nos ha dado un Evangelio cuádruple, pero unificado por un único Espíritu» («Contra las herejías», III 11, 8).

La Iglesia había ya definido entonces los cuatro textos que se usaba en la liturgia. Veinte años antes de Ireneo, también Justino habla de los cuatro Evangelios o de la memoria de los Apóstoles, que eran mencionados o leídos durante las celebraciones eucarísticas. ¿Entonces cómo se llegó a esta selección? En realidad se llegó a través de un proceso en el que el Espíritu Santo se abrió paso de modo natural y espontáneo. Cuando se difundía un texto que afirmaba algo extraño, los mismos fieles, unidos a su pastor, lo rechazaban. Por tanto, no habían sido preparados por nadie, aunque ya en el siglo II existía la conciencia de que el Evangelio era cuádruple: es decir, uno solo, porque una sola es la predicación sobre la vida, las obras y las palabras de Jesús, pero con cuatro imágenes diversas, cada una de las cuales ofrece un toque personal.

--La otra cuestión que surge ahora es cómo la tradición apostólica llegó a incluir entre los Evangelios canónicos también el Evangelio de Juan, el más diverso respecto a los otros en cuanto a contenido y exposición, tejido a menudo de reflexiones espirituales y teológicas. Además, algunos estudiosos atribuyen la paternidad de este escrito a discípulos pertenecientes a diversas «escuelas de Juan», como se puede notar en este pasaje: «Este es el discípulo que da testimonio sobre estos hechos y los ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero» (Juan, 21,20).

--Padre Estrada: El hecho de que sus autores no fueran necesariamente los cuatro que son mencionados en los títulos, no desmerece la historicidad de los Evangelios. Querría decir también que ni siquiera hay motivo para dudar si no hay razones serias. Por lo que se refiere al Evangelio de Juan, es cierto que un núcleo se remonta al apóstol pero también que hubo discípulos que reflexionaron sobre las palabras de Jesús y encontraron otras fuentes y redactaron un Evangelio que se aparta un poco de los demás. De hecho, es el Evangelio más espiritual, donde no se habla nunca de la crucifixión y del sufrimiento, porque para el evangelista Juan la hora de la pasión se identifica con la glorificación y la suprema «elevación» de Jesús.

Juan presenta ya la misión del Cristo a partir de la Resurrección. Es un Cristo que ha triunfado y vencido a la muerte. Por otra parte, es imposible explicar el relato tan detallado y crudo de la Pasión sino a la luz de la plena convicción que los evangelistas tenían de la Resurrección. ¡De lo contrario, habría sido simplemente masoquismo! El sufrimiento sirvió para nuestra salvación.

Juan relata muchísimos diálogos de Jesús con el Padre como si no tocara la tierra sino que estuviera constantemente inmerso en la contemplación del rostro de Dios y ya glorificado. Mientras que en los otros Evangelios Jesús es un hombre con todas sus características y sus límites humanos. El hecho de que el Evangelio de Juan haya sido retocado por una comunidad de discípulos, que se encontraba probablemente en Éfeso, y ampliado o quizá ensamblado de otro modo, se comprueba en el pasaje que usted ha citado, y que es considerado un apéndice, un añadido posterior por parte de un discípulo que hace de Juan un testigo veraz. Si se lee el capítulo 20 se comprende que estamos ante un final: «Estas cosas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (Jn, 20, 31)

--Lucas en su Evangelio, compuesto en torno a los años 80 del siglo I, alude a los «muchos otros» que han escrito sobre los sucesos de Jesús, casi atestiguando la existencia de una multiplicidad de Evangelios, aquellos mismos Evangelios que luego fueron considerados apócrifos...

--Padre Estrada: En realidad, cuando Lucas inicia el prólogo el Evangelio y dice «porque muchos se han puesto a escribir un relato sobre los acontecimientos que sucedieron entre nosotros», no se está refiriendo a libros sino a los testimonios de muchas personas que recibieron la predicación apostólica y que trataron de poner por escrito los hechos y las palabras de Jesús.

Ciertamente esas son las fuentes a las que acuden también los evangelistas. Pero de ello no debemos deducir necesariamente que se tratara de verdaderos libros. Quizá Lucas, que tenía presente el Evangelio de Marcos, se dio cuenta de que otros trataron de redactar o poner en orden los hechos ligados a la vida de Jesús. Pero eso no quiere decir que en el siglo II se hubieran difundido los Evangelios apócrifos. El fragmento más antiguo del «Evangelio de Tomás» se remonta a finales del siglo II, que probablemente es la fecha de composición de aquél Evangelio. No antes. Mientras que nosotros sabemos que muchos Evangelios son fechados en el siglo I incluso en las citas contenidas en la Primera Carta de Clemente, un texto atribuido al Papa Clemente I (88-97) escrito en griego hacia finales del siglo I.

En la «Didajé» o «Doctrina de los doce Apóstoles», que se puede considerar como el catecismo cristiano más antiguo, habiendo sido escrita algún decenio después de la muerte de Cristo, se cita el «Padrenuestro» tal como lo recitamos hoy.

Además sabemos que el fragmento más antiguo del Nuevo Testamento está dentro del papiro Rylands (P. 52), que contiene partes del Evangelio de Juan y se remonta a en torno al 125 D.C., y es por tanto una copia escrita a menos de 30 años de distancia del original.

--Aunque descartados porque no contienen verdades divinas reveladas, algunos Evangelios apócrifos han llegado hasta nosotros en largos fragmentos, como el «Evangelio copto de Tomás» o el «Evangelio de Pedro», siendo incluso utilizados entre los monjes cristianos de Siria y de Asia Menor. ¿Qué valor tienen? ¿Añaden informaciones útiles al relato de los cuatro evangelistas?

--Padre Estrada: Sobre todo, es necesario decir que entre los Evangelios apócrifos hay algunos que, al presentar la figura de Jesús o al renovar la enseñanza se inspiran en el gnosticismo, que es la teoría filosófico-religiosa que, en los primeros siglos del cristianismo (I-IV), se contrapuso violentamente a la Iglesia católica. En 1945, en la aldea de Nag Hammadi, en el Alto Egipto, se descubrió una antigua biblioteca copta que custodiaba 13 códices, todos escritos en el siglo IV, algunos de los cuales contenían dichos de Jesús, para expresar sin embargo conceptos no cristianos.

Todos los estudiosos concuerdan, por ejemplo, en afirmar que el «Evangelio de Tomás» --el que ha suscitado mayor interés-- es un Evangelio gnóstico que contiene las doctrinas y las orientaciones de una comunidad, nacida como herejía dentro del cristianismo, y que pretendía atribuir a Jesús su concepto de la salvación y todos los principios de la fe según su punto de vista. Por ejemplo, no reconocen la muerte en cruz porque la única salvación vendría de la «gnosis», es decir del conocimiento. Mientras que la materia es siempre causa de pecado o está ligada al demonio. El «Evangelio de Tomás», como los otros Evangelios gnósticos, se limita a notificar dichos de Jesús sin insertarlos en la narración de lo que hizo. Es una especie de «Confucio cristiano» del siglo II.

Entonces, podemos preguntarnos si los Evangelios apócrifos contienen alguna verdad. Ciertamente. Por ejemplo, los protoevangelios nos cuentan los primeros años de vida de Jesús. En este sentido, el más famoso es el «Protoevangelio de Santiago», atribuido a Santiago, hijo de José, que lo habría tenido, junto con otros tres hermanos y dos hermanas, de un matrimonio anterior al suyo con María. Este texto tuvo cierta influencia en la tradición y en la iconografía, tanto que la presencia del buey y el asno en la gruta del Nacimiento y el nombre de los padres de María, Joaquín y Ana, nos llegan justo de esta fuente.

Ciertamente el contenido de los Evangelios apócrifos puede diferir. Algunos contienen verdades y amplificaciones fantasiosas respecto a los Evangelios canónicos, así como un gusto teatral propio de un cristianismo popular, aún permaneciendo en lo fundamental de la ortodoxia; mientras que muchos otros, sobre todo aquellos de orientación gnóstica, contienen falsedades porque quieren convencer de la validez de su herejía.

Bajo el perfil histórico, no nos dicen nada más de lo que ya sabemos por los Evangelios según Mateo y Lucas, de los que ellos dependen. Su intención no es histórica, quieren hacer obra de edificación. Frente a la sobriedad de los Evangelios, que relatan también realidades sobrenaturales de manera «natural» y sobria, sin añadir circunstancias innecesarias, se elige responder al deseo del pueblo cristiano añadiendo de manera más amplia y colorida detalles para subrayar aspectos y hechos de la infancia y la adolescencia de Jesús y María. Pero en realidad de esa manera dan una imagen de Jesús no conforme con la realidad, como sucede en el «Evangelio de la Infancia», de Tomás, donde se le describe como un niño que ya es capaz de hacer milagros.

Por tanto, se puede decir que si no tuvieran aunque fuera una pequeña parte de verdad nadie los hubiera aceptado. Su importancia está en el hecho de hacer ver una época, un desarrollo del cristianismo, una confluencia de varias corrientes teológicas y religiosas. Su utilidad está en lograr mostrar la evolución del cristianismo.

Por Mirko Testa, traducido del italiano por Nieves San Martín


 

 

 

El perfume del Evangelio


Entrevista con la catedrática de Biblia Núria Calduch Benages

 


ROMA, miércoles, 19 diciembre 2007 (ZENIT.org).- «El perfume del Evangelio» es un nuevo libro que presenta varios encuentros de Jesús con las mujeres, algunos de los cuales se caracterizan por la fragancia.

Profesora de Antiguo Testamento en la Pontificia Universidad Gregoriana, Núria Calduch Benages (Barcelona, 1957) revela qué quiere decir el perfume en el contexto del Evangelio.

Misionera Hija de la Sagrada Familia de Nazaret, Calduch Benages colabora con la Federación Bíblica Católica (FBC) y con varias entidades de Biblia y Teología, entre ellas la International Society for the Study of Deuterocanonical and Cognate literatura (ISDCL).

«Il Profumo del Vangelo» («El perfume del Evangelio») acaba de ser publicado en italiano por las paulinas, http://www.paoline.it/content/article.asp?intIdArea=9&intIdCategory=42&intIdArticle=137.

--¿Cuál es el perfume del Evangelio?

--Calduch: El perfume del Evangelio no es otro sino el de Cristo Jesús: aquél que emana de sus palabras, de sus gestos y de sus obras; un perfume de nardo, puro, muy costoso --dirá el cuarto evangelista-- cuya fragancia llenó toda la casa de Betania, allí donde se encontraba Jesús cenando con sus amigos, María, Marta y Lázaro seis días antes de la Pascua.

--Ver la palabra «perfume» en la solapa de un libro hace pensar en el famoso «Perfume» de Süskind, ahora hecho película. ¿Tiene algo que ver su libro con este best-seller, o sólo comparten nombre?

--Calduch: Ciertamente la novela de Patrick Süskind ha sido un «boom» editorial, pues solamente la edición italiana ha vendido más de un millón de copias y eso sin hablar de la versión cinematográfica realizada por Tom Tykwer con el famoso actor Dustin Hoffman.

Ahora bien, como es de suponer, mi libro no tiene nada que ver con esta novela de intriga. Eso sí, ¡ojalá fuera también un best-seller! El perfume del Evangelio presenta varios encuentros de Jesús con las mujeres, algunos de los cuales se caracterizan por la presencia del perfume. Un elemento lleno de connotaciones y rico de significado simbólico que, según los contextos, permite diversas interpretaciones.

--Entonces, ¿qué sucede cuando Jesús se encuentra con mujeres?

--Calduch: Nada extraño y a la vez excepcional, pues todos los encuentros de Jesús nacen de su amor gratuito que se manifiesta en su preferencia por los pobres, los pequeños y los marginados de la sociedad por tantos motivos.

Todas las mujeres que aparecen en el libro pertenecen, de alguna manera, a esa categoría de víctimas de la sociedad, ya sea por su sexo, por su enfermedad, su trabajo, religión o nacionalidad.

Jesús encuentra una israelita impura a causa de sus continuas hemorragias, una cananea de cultura griega, una pecadora pública y muchas otras discípulas que, con tal de seguir a Jesús, no han tenido miedo de infringir el sistema androcéntrico que dominaba la sociedad de Israel del primer siglo.

Jesús se declara abiertamente en favor de todas estas mujeres y, haciéndose solidario con su dolor, físico o espiritual, genera de su interior una nueva corriente de humanidad.

--El perfume normalmente embriaga y seduce. La fragancia del Evangelio ¿qué carga simbólica tiene?

--Calduch: El perfume es un líquido refinado para ocasiones extraordinarias, excepcionales. No se usa como se usa el agua. El perfume es delicado y costoso. Recordemos el perfume de nardo puro que llenó la casa de María de Betania con su fragancia (Juan 12,3) o el que versó la pecadora sobre los pies de Jesús en casa de Simón el fariseo (Lucas 7,37-38).

El perfume no se regala a cualquiera, ni se gasta inútilmente. Es un presente destinado a obsequiar personas muy queridas. Por eso, el perfume es aroma de gratuidad. El perfume simboliza el triunfo del amor.

--Su libro, como tantos volúmenes, reserva un final muy interesante, en el que esboza la figura de Jesús como «sabiduría de Dios». ¿Qué querría decir, y qué tiene que ver la sabiduría de Jesús con las mujeres?

--Calduch: La figura de Jesús, Sabiduría de Dios, parece adecuada para nuestro mundo agitado pero también es un contrapunto crítico. Sus obras siguen siendo las obras que nuestro mundo necesita: los ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan... y la invitación a la mesa de Doña Sabiduría es un lenguaje que todo ser humano de hoy puede entender.

La conciencia de la vida es un rasgo que todas las personas necesitamos, para saber que la vida no nos vive, sino que somos nosotros quienes la vivimos... Pero también es cierto que necesitamos del silencio de vez en cuando y, sobre todo, necesitamos valorar la huella que deja el tiempo porque con ella va, pequeña o grande, toda la sabiduría atesorada y heredada. No es la juventud el único o mejor momento a valorar en la vida.

Jesús, Sabiduría de Dios, se expande más allá del conocimiento y la información. Invita a poner la vida entera y no sólo nuestro cerebro; la emoción y los afectos, y no sólo nuestra racionalidad; el cuerpo y no sólo el alma, a quedar impregnadas de su perfume y de sus dones.

Ella, en Jesús, sigue siendo la capacidad relacional y dialogante de Dios. Y esta capacidad todavía hoy sigue siendo uno de los dones de las mujeres.

Por Miriam Díez i Bosch

 

 

 

 

Predicador del Papa: «Quien nos ha creado sin nosotros no nos salva sin nosotros»
Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo

 

ROMA, viernes, 7 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del próximo domingo, segundo de Adviento.

II Domingo de Adviento [A]


Isaías 11, 1-10; Romanos 15, 4-9; Mateo 3, 1-12

 


 

Una voz en el desierto


En el Evangelio del segundo domingo de Adviento no nos habla directamente Jesús, sino su precursor, Juan el Bautista. El corazón de la predicación del Bautista se contiene en esa frase de Isaías que repite a sus contemporáneos con gran fuerza: «Voz del que grita en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas». Isaías, a decir verdad, expresaba: «Una voz clama: en el desierto abrid camino al Señor» (Is 40, 3). No es por lo tanto una voz en el desierto, sino un camino en el desierto. Los evangelistas, aplicando el texto al Bautista que predicaba en el desierto de Judea, han modificado la puntuación, pero sin cambiar el sentido del mensaje.

Jerusalén era una ciudad rodeada por el desierto: a Oriente los caminos de acceso, en cuanto se trazaban, fácilmente desaparecían por la arena que mueve el viento, mientras que a Occidente se perdían entre las asperezas del terreno hacia el mar. Cuando una comitiva o un personaje importante debía llegar a la ciudad, era necesario salir y caminar por el desierto para abrir una vía menos provisional; se cortaban las zarzas, se colmaban las hondonadas, se allanaban los obstáculos, se reparaba un puente o un paso. Así se hacía, por ejemplo, con ocasión de la Pascua para acoger a los peregrinos que llegaban de la Diáspora. En este dato de hecho se inspira Juan el Bautista. Está a punto de llegar, clama, uno que está por encima de todos, «el que debe venir», el que esperan las gentes: es necesario trazar una senda en el desierto para que pueda llegar.

Pero he aquí el salto de la metáfora a la realidad: este sendero no se traza sobre el terreno, sino en el corazón de cada hombre; no se traza en el desierto, sino en la propia vida. Para hacerlo, no es necesario ponerse materialmente al trabajo, sino convertirse: «Enderezad las sendas del Señor»: este mandato presupone una amarga realidad: el hombre es como una ciudad invadida por el desierto; está cerrado en sí mismo, en su egoísmo; es como un castillo con un foso alrededor y los puentes alzados. Peor: el hombre ha complicado sus sendas con el pecado y ahí se ha quedado, seducido, como en un laberinto. Isaías y Juan el Bautista hablan metafóricamente de precipicios, de montes, de pasos tortuosos, de lugares impracticables. Basta con llamar estas cosas por sus verdaderos nombres, que son orgullo, acidia, vejaciones, violencias, codicias, mentiras, hipocresía, impudicias, superficialidades, ebriedades de todo tipo (se puede estar ebrio no sólo de vino o de drogas, sino también de la propia belleza, de la propia inteligencia, o de uno mismo ¡que es la peor ebriedad!). Entonces se percibe inmediatamente que el discurso también es para nosotros; es para cada hombre que en esta situación desea y espera la salvación de Dios.

Enderezar un sendero para el Señor tiene por lo tanto un significado concretísimo: significa emprender la reforma de nuestra vida, convertirse. En sentido moral lo que hay que allanar y los obstáculos que hay que retirar son el orgullo -que lleva a ser despiadado, sin amor hacia los demás--, la injusticia -que engaña al prójimo, tal vez aduciendo pretextos de resarcimiento y de compensación para acallar la conciencia--, por no hablar de rencores, venganzas, traiciones en el amor. Son hondonadas a colmar la pereza, la acidia, la incapacidad de imponerse un mínimo esfuerzo, todo pecado de omisión.

La palabra de Dios jamás nos aplasta bajo una mole de deberes sin darnos al mismo tiempo la seguridad de que Él nos brinda lo que nos manda hacer. Dios, dice [el profeta] Baruc, «ha ordenado que sean rebajados todo monte elevado y los collados eternos, y colmados los valles hasta allanar la tierra, para que Israel marche en seguro bajo la gloria de Dios» [Ba 5, 7. Ndr]. Dios allana, Dios colma, Dios traza la senda; es tarea nuestra secundar su acción, recordando que «quien nos ha creado sin nosotros, no nos salva sin nosotros».

Traducción del original italiano realizada por Marta Lago

 

 

 

 

Predicador del Papa: La Solemnidad de la Inmaculada sacude la «narcosis por pecado»
Comentario del padre Cantalamessa a fiesta mariana

 


ROMA, jueves, 6 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Solemnidad de la Inmaculada Concepción


Génesis 3, 9-15.20; Efesios 1,3-6.11-12; Lucas 1, 26-38

 

Sin pecado


Con el dogma de la Inmaculada Concepción la Iglesia católica afirma que María, por singular privilegio de Dios y en vista de los méritos de la muerte de Cristo, fue preservada de contraer la mancha del pecado original y vino a la existencia ya del todo santa. Cuatro años después de la definición del dogma por el Papa Pío IX, esta verdad fue confirmada por la Virgen misma en Lourdes en una de las apariciones a Bernadette con las palabras: «Yo soy la Inmaculada Concepción».

La fiesta de la Inmaculada recuerda a la humanidad que existe una sola cosa que contamina verdaderamente al hombre, y es el pecado. Un mensaje cuánto más urgente que proponer. El mundo ha perdido el sentido del pecado. Se bromea como si fuera lo más inocente del mundo. Aliña con la idea de pecado sus productos y sus espectáculos para hacerlos más atractivos. Se refiere al pecado, incluso a los más graves, con diminutivos: pecadillo, viciosillo. La expresión «pecado original» se utiliza en el lenguaje publicitario para indicar algo bien distinto de la Biblia: ¡un pecado que da un toque de originalidad a quien lo comete!

El mundo tiene miedo de todo menos del pecado. Teme la contaminación atmosférica, las penosas enfermedades del cuerpo, la guerra atómica, actualmente el terrorismo, pero no le da miedo la guerra a Dios, que es el Eterno, el Omnipotente, el Amor, mientras Jesús dice que no se tema a quienes matan el cuerpo, sino sólo a quien, después haber matado, tiene el poder de arrojar a la gehenna (v. Lc 12, 4-5).

Esta situación «ambiental» ejerce una tremenda influencia hasta en los creyentes, que sin embargo quieren vivir según el Evangelio. Produce en ellos un adormecimiento de la conciencia, una especie de anestesia espiritual. Existe una narcosis por pecado. El pueblo cristiano ya no reconoce a su verdadero enemigo, el señor que le mantiene esclavizado, sólo porque se trata de una dorada esclavitud. Muchos que hablan de pecado tienen de él una idea completamente inadecuada. El pecado se despersonaliza y se proyecta únicamente sobre las estructuras; se acaba por identificar el pecado con la postura de los propios adversarios políticos o ideológicos. Una investigación sobre qué piensa la gente que es el pecado arrojaría resultados que probablemente nos aterrorizarían.

En lugar de librarse del pecado, todo el empeño se concentra hoy en librarse del remordimiento del pecado; en vez de luchar contra el pecado se lucha contra la idea de pecado, sustituyéndola con aquella --bastante distinta-- del «sentimiento de culpa». Se hace lo que en cualquier otro campo se considera lo peor de todo, o sea, negar el problema en lugar de resolverlo, volver a echar y sepultar el mal en el inconsciente en vez de extraerlo. Como quien cree que elimina la muerte suprimiendo el pensamiento sobre la muerte, o como el que se preocupa de bajar la fiebre sin curar la enfermedad, de la que aquella es sólo un providencial síntoma. San Juan decía que si afirmamos estar sin pecado, nos engañamos a nosotros mismos y hacemos de Dios un mentiroso (v. 1 Jn 1, 8-10); Dios, de hecho, dice lo contrario: que hemos pecado. La Escritura dice que Cristo «murió por nuestros pecados» (1 Co 15, 3). Suprime el pecado y has hecho vana la propia redención de Cristo, has destruido el significado de su muerte. Cristo habría luchado contra simples molinos de viento, habría derramado su sangre por nada.

Pero el dogma de la Inmaculada nos dice también algo sumamente positivo: que Dios es más fuerte que el pecado y que donde abunda el pecado sobreabunda la gracia (v. Rm 5, 20). María es la señal y la garantía de esto. La Iglesia entera, detrás de Ella, está llamada a ser «resplandeciente, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada» (Ef 5, 27). Un texto del Concilio Vaticano II dice: «Mientras que la Iglesia en la Santísima Virgen ya llegó a la perfección, por la que se presenta sin mancha ni arruga, los fieles, en cambio, aún se esfuerzan en crecer en la santidad venciendo el pecado; y por eso levantan sus ojos hacia María, que brilla ante toda la comunidad de los elegidos, como modelo de virtudes» [ Lumen gentium, n. 65].

[Traducción del original italiano realizada por Marta Lago]

 


 

 

 

Predicador del Papa: El secreto al trabajar, «poner el corazón en lo que hacen las manos»
Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo

 

ROMA, viernes, 16 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del próximo domingo, XXXIII del tiempo ordinario.

XXXIII Domingo del tiempo ordinario [C]
Malaquías 3, 19-20a; 2 Tesalonicenses 3, 7-12; Lucas 21, 5-19

Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma

El Evangelio de este domingo forma parte de los famosos discursos sobre el fin del mundo, característicos de los últimos domingos del año litúrgico. Parece que en una de las primeras comunidades cristianas, la de Tesalónica, había creyentes que sacaban de estos discursos de Cristo una conclusión errónea: es inútil afanarse, trabajar y producir, porque total todo está a punto de terminarse; mejor vivir al día, sin asumir compromisos a largo plazo, tal vez viviendo un poco del cuento.

A estos responde San Pablo en la segunda lectura: «Nos hemos enterado de que hay entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A estos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan». Al comienzo del pasaje, San Pablo recuerda la regla que ha dado a los cristianos de Tesalónica: «Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma».

Esta era una novedad para los hombres de entonces. La cultura a la que pertenecían despreciaba el trabajo manual; lo consideraban degradante para la persona, como para dejarlo a esclavos e incultos. Pero la Biblia tiene una visión distinta. Desde la primera página presenta a Dios que trabaja durante seis días y descansa el séptimo. Todo esto, antes aún de que en la Biblia se hable del pecado. El trabajo forma parte, por lo tanto, de la naturaleza originaria del hombre, no de la culpa ni del castigo. El trabajo manual es tan digno como el intelectual y espiritual. Jesús mismo dedica una veintena de años al primero (suponiendo que haya empezado a trabajar hacia los trece años) y sólo un par de años al segundo.

Un laico escribió: «¿Qué sentido y qué valor tiene nuestro trabajo de laicos ante Dios? Es verdad que los laicos nos dedicamos también a muchas obras de bien (caridad, apostolado, voluntariado); pero la mayor parte del tiempo y de las energías de nuestra vida tenemos que dedicarlas al trabajo. Así que, si el trabajo no vale para el cielo, nos encontraremos con bien poco para la eternidad. Todas las personas a las que hemos preguntado no han sabido darnos respuestas satisfactorias. Nos dicen: "¡Ofreced todo a Dios!". ¿Pero basta esto?».

Respondo: No; el trabajo no vale sólo por la «buena intención» que se pone al hacerlo, o por el ofrecimiento que se hace de él a Dios por la mañana; vale también por sí mismo, como participación en la obra creadora y redentora de Dios y como servicio a los hermanos. El trabajo humano –dice un texto del Concilio-- «es para el trabajador y para su familia el medio ordinario de subsistencia; por él el hombre se une a sus hermanos y les hace un servicio, puede practicar la verdadera caridad y cooperar al perfeccionamiento de la creación divina. No sólo esto. Sabemos que, con la oblación de su trabajo a Dios, los hombres se asocian a la propia obra redentora de Jesucristo» (Gaudium et spes, 67).

No importa tanto qué trabajo hace uno, sino cómo lo hace. Esto restablece una cierta igualdad, dejando de lado todas las diferencias (a veces injustas y escandalosas) de categoría y de remuneración. Una persona que ha desempeñado tareas humildísimas en la vida puede «valer» mucho más que quien ha ocupado puestos de gran prestigio.

El trabajo, se decía, es participación en la acción creadora de Dios y en la acción redentora de Cristo, y es fuente de crecimiento personal y social, pero también, se sabe, es fatiga, sudor, dolor. Puede ennoblecer, pero igualmente puede vaciar y consumir. El secreto es poner el corazón en lo que hacen las manos. No es tanto la cantidad o el tipo de trabajo que se hace lo que cansa, sino la falta de entusiasmo y de motivación. A las motivaciones terrenas del trabajo, la fe añade una eterna: nuestras obras, dice el Apocalipsis, nos acompañarán (Ap 14,13).

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

 

 

 

 

En Adviento, fundar la esperanza en la fe
 
Añatuya (Santiago del Estero), 15 Nov. 07 (AICA) 
 

Adviento
 
El obispo de Añatuya, monseñor Adolfo Uriona FDP, convocó a ser “seguidores” y “anunciadores” de Jesucristo mediante un contacto “continuo y perseverante” con la Palabra de Dios, con el objetivo de hacerle frente a “una cultura desafiante” que desorienta y cuestiona “fuertemente los valores tradicionales que habíamos recibido de nuestra fe católica”.

     En su carta pastoral de Adviento, tiempo litúrgico preparatorio para la Navidad, advirtió también que se percibe que “esa fe, muchas veces poco formada, débil e inconsistente comienza a vacilar, a dudar, de manera que muchos o la abandonan del todo o buscan otros caminos alternativos”.

     “La fe popular está en una ‘situación de urgencia’ y los grandes cambios culturales someten a la religión del pueblo ‘a una crisis decisiva’. Juan Pablo II habló de ‘cristianos en riesgo’”, recordó citando su propia carta pastoral de Cuaresma.

     Tras señalar que “el mundo nos invade con múltiples propuestas de orden material con la arrogante pretensión de hacernos felices, pero que jamás nos llenan, sino que por el contrario normalmente dejan en nosotros un sabor amargo y una sensación angustiante de vacío”, sostuvo que “los que tenemos fe no nos cansemos de repetir y de gritar que sólo Jesucristo puede colmar los deseos más hondos del corazón, los demás serán sólo espejismos que terminan en frustración, tanto mayor cuanto más prometen”.

     El obispo reconoció que “nunca fue fácil seguir al Señor; ni en su tiempo ni ahora tampoco. Él siempre exigió, a los que querían ser sus discípulos, un compromiso serio y una adhesión incondicional a su Persona, expresada en la escucha y en la práctica de su Palabra”, aunque aclaró que “también desalentó a los que querían seguirlo de una manera superficial, es decir, sin tener una disposición a jugarse del todo por Él”.

     “Tengamos cuidado  -alertó- con los caminos fáciles que la cultura de hoy nos ofrece; conducen a la muerte y no a la vida. Nosotros gritamos que sólo Jesucristo puede darnos la vida auténtica porque sólo Él es el camino y la verdad”.

     Por último, monseñor Uriona alentó a comenzar este período de Adviento “desde una ‘firme esperanza’, virtud fundada en la fe, que nos impulsa a caminar como peregrinos hacia el Dios omnipotente y misericordioso que nos promete la felicidad auténtica y a ser fuertes en la lucha por alcanzarla a pesar de los obstáculos de la marcha”.+

 

 

 

Predicador del Papa: Con la muerte la vida no termina, se transforma
Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo

 

ROMA, viernes, 9 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del próximo domingo, XXXII del tiempo ordinario.

 

 

XXXII Domingo del tiempo ordinario [C]
2 Macabeos 7, 1-2.9-14; 2 Tesalonicenses 2,16-3,5; Lucas 20, 27-38

 


Dios no es Dios de muertos

 

En respuesta a la pregunta capciosa de los saduceos sobre el destino de la mujer que ha tenido siete maridos en la tierra, Jesús reafirma sobre todo el hecho de la resurrección, corrigiendo, a la vez, la representación materialista y caricaturesca que se hacen de ella los saduceos. La bienaventuranza eterna no es sencillamente una potenciación y prolongación de las alegrías terrenas, con disfrutes de la carne y de la mesa a placer. La otra vida es de verdad otra vida, una vida de calidad diferente. Es, sí, el cumplimiento de todas las esperanzas que el hombre tiene sobre la tierra -e infinitamente más--, pero en un plano distinto. «Los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles».

En la parte final del Evangelio, Jesús explica el motivo por el que debe haber vida después de la muerte. «Que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor "el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven». ¿Dónde está en ello la prueba de que los muertos resucitan? Si Dios se define «el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» y es un Dios de vivos, no de muertos, entonces quiere decir que Abraham, Isaac y Jacob viven en algún lugar, si bien, en el momento en que Dios habla a Moisés, aquellos están muertos desde hace siglos.

Interpretando de manera errada la respuesta que Jesús da a los saduceos, algunos han sostenido que el matrimonio carece de toda continuidad en el cielo. Pero con esa frase Jesús rechaza la idea caricaturesca que los saduceos presentan del más allá, como si fuera una sencilla continuación de las relaciones terrenas entre los cónyuges; no excluye que estos puedan reencontrar, en Dios, el vínculo que les ha unido en la tierra.

¿Es posible que dos esposos, tras una vida que les ha asociado a Dios en el milagro de la creación, en la vida eterna, ya no tengan nada en común, como si todo estuviera olvidado, perdido? ¿No estaría esto en contradicción con la palabra de Cristo de que no se debe dividir lo que Dios ha unido? Si Dios les ha unido en la tierra, ¿cómo podría separarles en el cielo? ¿Toda una vida juntos puede acabar en la nada sin que se desmienta el sentido mismo de la vida aquí abajo, que es el de preparar la venida del Reino, los cielos nuevos y la tierra nueva?

Es la Escritura misma -no sólo el natural deseo de los esposos- la que apoya esta esperanza. El matrimonio, dice la Escritura, es «un gran sacramento» porque simboliza la unión entre Cristo y la Iglesia (Ef 5, 32).¿Es posible, entonces, que desaparezca precisamente en la Jerusalén celeste, donde se celebra el eterno banquete nupcial entre Cristo y la Iglesia, del que aquel es imagen?

Según esta visión, el matrimonio no acaba del todo con la muerte, sino que se transfigura, se espiritualiza, se sustrae a todos los límites que marcan la vida en la tierra, igual que, por lo demás, no se olvidan los vínculos existentes entre padres e hijos, o entre amigos. En el prefacio de la Misa de difuntos la liturgia dice que con la muerte «la vida no termina, se transforma»; lo mismo se debe decir del matrimonio, que es parte integrante de la vida.

Pero ¿qué decir a quienes han tenido un experiencia negativa, de incomprensión y de sufrimiento, en el matrimonio terreno? ¿No es para ellos motivo de miedo, más que de consuelo, la idea de que el vínculo no se rompa ni con la muerte? No, porque en el paso desde el tiempo a la eternidad el bien permanece, el mal cae. El amor que les unió, tal vez por breve tiempo, persiste; no los defectos, las incomprensiones, los sufrimientos que se han causado recíprocamente. Muchísimos cónyuges experimentarán sólo cuando se reúnan «en Dios» el amor verdadero entre sí y, con él, el gozo y la plenitud de la unión que no disfrutaron en la tierra. Es también la conclusión de Goethe sobre el amor entre Fausto y Margarita: «Sólo en el cielo lo inalcanzable (o sea, la unión plena y pacífica entre dos criaturas que se aman) será realidad». En Dios todo se entenderá, todo se excusará, todo se perdonará.

¿Y qué decir de quienes estuvieron legítimamente casados con varias personas, como los viudos y las viudas que volvieron a contraer matrimonio? (Fue el caso presentado a Jesús de los siete hermanos que habían tenido, sucesivamente, como esposa a la misma mujer). También para ellos debemos repetir lo mismo: aquello que hubo de auténtico amor y donación con cada uno de los esposos o de las esposas, siendo objetivamente un «bien» y viniendo de Dios, no será suprimido. Allá arriba no habrá rivalidades en el amor o celos. Estas cosas no pertenecen al amor verdadero, sino al límite intrínseco de la criatura.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

 

 

«Para un musulmán, convertirse a la fe católica es un camino de obstáculos» 
Un argelino de 40 años tuvo que abandonar su país debido a las amenazas de su propia familia


Sara Martín
Madrid- Cuando más se cierran las puertas del islam, más se abren las del cristianismo. Ésta es la experiencia de musulmanes convertidos al catolicismo que relatan sus historias en medio del miedo a ser reconocidos y el temor por su propia vida. También es, como no podía ser de otra manera, la historia de Antonio. Un nombre falso que oculta la identidad de un argelino de 40 años que hace tan sólo ocho «navegaba» por el dial de radio en busca de un programa que le ayudara a mejorar su italiano y tropezó -desde luego sin buscarlo- con Radio María. Las dudas que le suscitaba la radicalidad de la sharia impuesta por la larga dictadura del Frente de Liberación Nacional aumentaban cada día con los nuevos atentados, violaciones y amenazas que las noticias relataban. «¿Cómo es posible -pensaba Antonio- que alguien se adueñe de las palabras del Corán y las transforme en un arma con que golpear a las personas indefensas?».
   Sus dudas iban cristalizando en un abandono de las prácticas del islam y, aquel día, la radio inició un punto y aparte que todavía hoy continúa. Antonio se convierte en un habitual de Radio María que le descubre un Dios muy diferente del que él conocía. El ansia de conocer más se mezcla con el miedo al cambio: «En Occidente, cambiar de religión es algo normal, no cuesta nada (…). Sin embargo, para nuestra cultura es un camino accidentado, lleno de obstáculos», explica. De hecho, «para nosotros, perder la fe es un drama, es la antecámara de la desesperación, no es como para vosotros, occidentales, que lográis vivir tranquilos también sin Dios».
   Ser creíbles con hechos
   A pesar de todo, tras algunos meses de entrevistas con un sacerdote francés, Antonio pide el bautismo. Está convencido de que ha encontrado un tesoro que no puede dejar escapar. No es un sendero fácil, hace falta un tiempo que verifique el cambio que Antonio siente en su corazón. Cuando el momento se acerca, el argelino comprende que su tierra no es el mejor lugar para continuar con su conversión, así que emigra a Italia ante las amenazas de denunciarlo que recibe de su propia familia. Allí consigue permiso de residencia, casa y trabajo, y por fin puede realizar su sueño de vivir su fe en libertad. «Ahora comprendo, -explica Antonio- lo decisivo que puede ser, para ser realmente creíbles, demostrar con los hechos que una civilización que ha heredado los grandes valores del cristianismo puede convertirse en punto de referencia también para el mundo islámico».
   La historia de Antonio es una de las muchas que se relatan en «Cristianos venidos del islam» (LibrosLibres). Son historias de miedo, de separación, de huida… Sus protagonistas denuncian que, mientras las historias de occidentales convertidos al islam son seguidas con interés por los medios de comunicación, su viraje espiritual hacia la Iglesia pasa desapercibido para el gran público. Mientras los primeros son invitados a programas de televisión, se convierten en presidentes de las asociaciones islámicas más famosas y, esencialmente, no tienen ningún problema de visibilidad, ellos han de resignarse a vivir en clandestinidad, poniendo en juego su propia vida y la de su familia. Y aun así, están convencidos de que les compensa.
   Por eso, los autores explican que este libro pretende ser, también en parte, una llamada de atención para los cristianos: «Quizás pueda librarlos del entumecimiento y de la normalidad con que viven esa revolución antropológica, antigua y siempre nueva, que se llama cristianismo».
 

 

 

EUROPA - 7 de octubre Jornada Mundial del Rosario: Miles de personas se unirán simultáneamente en todo el mundo para rezar el Rosario por la paz, la vida y la familia, el Papa y las vocaciones
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Miles de personas se unirán en todo el mundo al Rosario simultaneo que se celebrará el próximo domingo 7 de octubre, Jornada Mundial del Rosario.
Para la celebración de la Jornada se ha invitado a los Movimientos Religiosos y Laicos organizar un Rosario en su comunidad, ya sea en un evento multitudinario, en un estadio o iglesia, o en familia y con los amigos,
En octubre de 1996 se llevó a cabo el Primer Rosario Simultáneo por el 50 aniversario de la Ordenación Sacerdotal de su Santidad Juan Pablo II. El Evento se realizó en 20 países. Durante la Jornada Mundial del Rosario que se realizó en octubre de 2000 se unieron más de 140 países, en los cuales se organizaron un sinnúmero de Rosarios multitudinarios en iglesias, estadios, catedrales, plazas de toros, plazas cívicas, cárceles, hospitales, colegios, etc., siendo muchos de ellos trasmitidos por radio o televisión. Se tuvo la participación de millones de personas a nivel mundial. Y cada año ha ido creciendo el numero de participantes y países que se unen
El Rosario de dicha Jornada se ofrece especialmente, según indican los organizadores, Por la paz del mundo, la vida y la familia. por los no-nacidos, por el Papa, los sacerdotes y las vocaciones sacerdotales y religiosas. (RG) (Agencia Fides 5/10/2007

 

 

¿Por qué existe el mal?
Si queremos el bien, tenemos que hacerlo libremente. Dios no nos fuerza a hacerlo. Quiere nuestro amor libre. ¿De qué le sirve un amor obligado?
 
 
¿Por qué existe el mal?
¿Quisieramos que no existiese el mal?

Esto puede ser posible, sí, pero no depende de Dios. Dios es bueno, y perfecto, y hace todo así. Estas son las palabras del Génesis: “Y vio Dios que todo era bueno”. Dios creo al hombre libre, es decir, con el poder de decidir lo que hacemos, con el poder de hacer el bien o hacer el mal. Porque nos creó con una alma, nos da la libertad de hacer el bien o el mal. Tan grande es su amor que no interrumpe nuestra libertad. Quiere que nuestras buenas acciones y nuestro amor sean puros, auténticos y reales, y que vengan de nosotros mismos libremente.

Hay que distinguir entre el mal físico y el mal moral. El primero se origina cuando se cruzan y "chocan" fuerzas físicas y químicas que existen independientemente de nuestro querer. Si conociésemos todas esas leyes se podrían evitar muchas catástrofes, pero es claro que no siempre controlamos todo lo que va a ocurrir (el rayo que caerá cerca de casa, la bacteria que se difunde por todos lados, el mosquito que transmite la malaria, el terremoto que derrumba cientos de casas).

Existe otro mal que depende de cada uno: el mal moral. Este mal nace cuando usamos nuestra libertad no para hacer el bien, sino para buscar un fin egoísta que implica dañar a otros. Este mal es la fuente de muchos dolores y angustias de la humanidad. Dios, sin embargo, no puede impedirlo, pues, de lo contrario, tendría que quitarnos la libertad.

Desde luego, es muy alto el riesgo que nace de esa libertad, pues permite que puedan existir hombres como Hitler, Stalin o Mao. Pero no hemos de olvidar que esa misma libertad es la que hace que puedan existir también un Francisco de Asís, una Madre Teresa de Calcuta, un Papa Juan Pablo II. A cada uno le toca decidir de qué lado se va a colocar en la historia de la lucha entre el bien y el mal. Desde que Cristo vino al mundo, la opción por el bien es posible para todos: basta con dejarnos tocar por su amor redentor.

Pero... ¿Por qué un Dios bueno permite el sufrimiento de los niños y de los inocentes?

Un niño, un inocente, sufre como consecuencia del pecado original. Antes del pecado original, el mal no existía en el mundo. Todo era perfecto y armonioso, pero Adán rompió esta armonía con su desobediencia en el Jardín. Somos el culmen de la creación. Cuando pecamos, la creación perdió su orden. Por ello el mal y el sufrimiento entraron el mundo y existen hasta hoy. Cuando pecamos nos elegimos a nosotros mismos sobre Dios, con un amor egoísta.

Si queremos luchar contra el mal y desterrarlo del mundo, debemos comenzar por nosotros mismos. Somos los responsables de quitarlo del mundo, y lo haremos contraponiéndole el bien. Cristo, con su amor a nosotros hasta la muerte a la cruz, nos muestra que el sufrimiento es inevitable en esta vida, pero que puede ser una cosa buena, y hasta causa de redención eterna. Si queremos el bien, tenemos que hacerlo libremente. Dios no nos fuerza a hacerlo. Quiere nuestro amor libre. ¿De qué le sirve un amor obligado?

 


 

 

 

La Unción de los Enfermos, auxilio frente al peligro


Ariosto Velásquez | Crítica en Línea

 

La religión católica demanda de sus seguidores la realización reglamentaria de por lo menos cinco o seis de los siete sacramentos en los que se fundamenta su fe. Bautismo, Penitencia, Primera Comunión, Confirmación, Matrimonio, Orden Sacerdotal y Unción de los enfermos.

De la llamada extremaunción, como era conocido en un principio dicho sacramento, es poco lo que saben muchos católicos. Por ello, una gran cantidad de personas tiene la convicción de que la administración de la unción se debe hacer sólo cuando se está en el lecho de muerte.

Pero no es así. "La unción de los enfermos no debe interpretarse como un pase al cielo o el perdón de todos los pecados a la hora de morir. Es la manera como Dios se hace presente, a través de la Iglesia, para acompañar, dar apoyo y alivio en la enfermedad o peligro de muerte a los creyentes cristianos", dijo Adiodato Bedoya, actual párroco de la Iglesia San Juan Bosco, de Pedregal.

Bedoya tiene una vasta experiencia en administrar este sacramento. Ello se desprende de su anterior cargo como capellán de la Iglesia de Cristo Rey, donde administró por espacio de seis años este sacramento a pacientes del Hospital Santo Tomás y Hospital del Niño. "Regularmente se practican de 5 a 10 unciones diarias en este centro hospitalario (Santo Tomás)", dijo Bedoya, quien además posee una especialidad en psicología.

Además, reiteró que este sagrado sacramento puede ser aplicado cuantas veces sea necesario.

Eso dista mucho de lo que hoy realiza como párroco de la comunidad de Pedregal, donde según él, es muy escasa la solicitud de la aplicación de este sacramento.


SE DEBE ESTAR CONSCIENTE
Muy lejos de lo que el grueso de la gente cree, la unción se debe administrar reglamentariamente bajo dos condiciones específicas: que la persona esté en sus cinco sentidos y que sea bajo la solicitud del mismo.

Eso si se da en situación ordinaria. Si es de manera extraordinaria, es decir en casos fortuitos como accidentes automovilísticos o cualquier otra situación donde se vea en peligro de muerte, se aplica, así sea inconsciente, bajo la premisa, según Bedoya, de que la persona vivió una vida de buen cristiano.


¿A QUIEN SE LE ADMINISTRA?
Se aplica al enfermo, a quien se vaya a realizar una operación en especial, las más delicadas; a la embarazada, no porque vaya a fallecer, sino porque todo parto es riesgoso; a los ancianos y a los niños con más de 10 años, siempre y cuando estén en condiciones de pedir y entender el sacramento.


¿QUIEN LO ADMINISTRA?
Debe ser una persona consagrada al sacerdocio. En ese caso, sólo lo administra un sacerdote o el obispo.


EL RITUAL
Una vez que el cura es solicitado, él junto a los familiares del enfermo, o solo, si es el caso, inicia una rápida evaluación del estado emocional del enfermo, se sondea cómo anda su fe con preguntas relacionadas a este tema, eso en el caso que haya tiempo por la condición grave del paciente.

Luego se hace la introducción al rito con oraciones en las que se encomienda el enfermo al Señor. Luego, se hace la imposición de las manos con una oración. Con el óleo sagrado se unta la frente y las manos, mientras se reza una oración.


UNA MISION DIFICIL
Bedoya narró lo crudo que puede resultar para un trabajador de la fe la aplicación de la unción en un centro hospitalario, como el Santo Tomás, en donde en más de una ocasión tuvo que aplicarlo a personas mutiladas por accidentes o baleados.
 

 

 

 

Predicador del Papa: Imposible conocer a Jesús prescindiendo de la fe en Dios
Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo

 

ROMA, viernes, 27 julio 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap, predicador de la Casa Pontificia, a la liturgia del próximo domingo.

 

XVII Domingo del Tiempo Ordinario (C)
Génesis 18, 20-21.23-32; Colosenses 2, 12-14; Lucas 11, 1-13

Jesús orando


El evangelio del domingo, XVII del Tiempo Ordinario, empieza con estas palabras: «Un día Jesús estaba orando en cierto lugar; cuanto terminó, le dijo uno de sus discípulos: "Señor, enséñanos a orar como enseñó Juan a sus discípulos". Él les dijo: "Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino"».

Cómo sería el rostro y toda la persona de Jesús cuando estaba inmerso en oración, lo podemos imaginar por el hecho de que sus discípulos, sólo con verle orar, se enamoran de la oración y piden al Maestro que les enseñe también a ellos a orar. Y Jesús les contenta, como hemos oído, enseñándoles la oración del Padre Nuestro.

También esta vez queremos reflexionar sobre el evangelio inspirándonos en el libro del Papa Benedicto XVI sobre Jesús: «Sin el arraigo en Dios –escribe el Papa-, la persona de Jesús es fugaz, irreal e inexplicable. Éste es el punto de apoyo sobre el que se basa este libro mío: considera a Jesús a partir de su comunión con el Padre. Éste es el verdadero centro de su personalidad».

Los evangelios justifican ampliamente estas afirmaciones. Por lo tanto nadie puede contestar históricamente que el Jesús de los evangelios vive y actúa en continua referencia al Padre celestial, que ora y enseña a orar, que funda todo sobre la fe en Dios. Si se elimina esta dimensión del Jesús de los evangelios no queda de Él absolutamente nada.

De este dato histórico se deriva una consecuencia fundamental, esto es, que no es posible conocer al verdadero Jesús si se prescinde de la fe, si se realiza un acercamiento a Él como no creyentes o ateos declarados. No hablo en este momento de la fe en Cristo, en su divinidad (que viene después), sino de fe en Dios, en la acepción más común del término. Muchos no creyentes escriben hoy sobre Jesús, convencidos de que son ellos los que conocen al verdadero Jesús, no la Iglesia, no los creyentes. Lejos de mí (y creo que también del Papa) la idea de que los no creyentes no tengan derecho a ocuparse de Jesús. Jesús es «patrimonio de la humanidad» y nadie, ni siquiera la Iglesia, tienen el monopolio sobre Él. El hecho de que también los no creyentes escriban sobre Jesús y se apasionen con Él no puede sino agradarnos.

Lo que desearía mostrar son las consecuencias que se derivan de un punto de partida tal. Si se niega la fe en Dios o se prescinde de ella, no se elimina sólo la divinidad, o el llamado Cristo de la fe, sino también al Jesús histórico tout court; no se salva ni siquiera el hombre Jesús. Si Dios no existe, Jesús no es más que uno de los muchos ilusos que oró, adoró, habló con su sombra o con la proyección de su propia presencia, por decirlo al modo de Feuerbach. Pero ¿cómo se explica entonces que la vida de este hombre «haya cambiado el mundo»? Sería como decir que no la verdad y la razón han cambiado el mundo, sino la ilusión y la irracionalidad. ¿Cómo se explica que este hombre siga, a dos mil años de distancia, interpelando a los espíritus como ningún otro? ¿Puede todo ello ser fruto de un equívoco, de una ilusión?

No hay más que una vía de salida a este dilema, y hay que reconocer la coherencia de los que (especialmente en el ámbito del californiano «Jesus Seminar») la han tomado. Según aquellos, Jesús no era un creyente hebreo; era en el fondo un filósofo al estilo de los cínicos; no predicó un reino de Dios, ni un próximo final del mundo; sólo pronunció máximas sapienciales al estilo de un maestro Zen. Su objetivo era despertar en los hombres la conciencia de sí, convencerles de que no tenían necesidad ni de Él ni de otro Dios, porque ellos mismos llevaban en sí una chispa divina. Pero éstas son -mira por dónde- ¡las cosas que lleva décadas predicando la Nueva Era!

La mirada del Papa ha sido adecuada: sin el arraigo en Dios, la figura de Jesús es fugaz, irreal; yo añadiría contradictoria. No creo que esto deba entenderse en el sentido de que sólo quien se adhiere interiormente al cristianismo puede entender algo de él, pero ciertamente debería alertar respecto a creer que sólo situándose fuera de éste, fuera de los dogmas de la Iglesia, se pueda decir algo objetivo sobre él.

 

 

Hay un gran vacío de Dios, y se busca algo que se le asemeje
Entrevista con el padre el padre Ignacio Larrañaga

 

QUERÉTARO, miércoles, 13 junio 2007 (ZENIT.org-El Observador).- El padre Ignacio Larrañaga es un sacerdote franciscano capuchino, de origen español, que ha desarrollado una amplia labor animadora y evangelizadora durante más de 25 años, primordialmente a través de ese servicio eclesial conocido como Talleres de Oración y Vida, que datan de 1984, y que han beneficiado a cerca de diez millones de personas.

El padre Larrañaga es autor de más de una docena de libros que han sido traducidos a más de diez idiomas y ha tenido una enorme influencia en países de habla hispana con su pedagogía que vincula la oración con la vida concreta, especialmente, con la vida de matrimonio. Ha continuación reproducimos una entrevista exclusiva que el padre Larrañaga concedió a Zenit-El Observador.

--En su libro «Muéstranos tu Rostro», usted coloca este epílogo de Karl Rahner: «El hombre del futuro será un místico que ha experimentado a Dios o no será nada». ¿Cómo percibe el fondo de esta sentencia?

--Padre Larrañaga: Yo pienso que en general vivimos hoy día una cultura, no digo atea, pero sí pagana, donde sólo interesa el bienestar, el dinero, la satisfacción, el hedonismo; pero esto no puede de ninguna manera ir por mucho tiempo, porque si no sobreviene el vacío existencial, y esto lleva, como quien dice al suicidio, porque, entonces, si nada tiene sentido ¿para qué vivir? Frente al futuro debe haber una especie de cambio en el modo de ser y de sentir del hombre en la sociedad futura. Lo que Ranher quiere decir es que en la Iglesia católica la religión es eminentemente doctrina, dogmas, teorías, teología, y si no es mística (la religión), trato personal con Dios, y si verdaderamente no hay experiencia de Dios, no habrá nada: la religión sería palabras vacías que no tienen sentido alguno. Entonces, o será experiencia personal de Dios o sencillamente esto no tiene razón de ser, son puras palabras que se andan de boca a boca.

--Parece que el mundo moderno es un mercado de experiencias religiosas.

--Padre Larrañaga: Hay una evidencia: hoy en día se experimenta un gran vacío de Dios y va suscitándose un hambre de Dios, un deseo de Dios pero confusa y oscuramente, sin saber exactamente qué es. Entonces se está buscando algo que se asemeje a eso; de ahí vienen los movimientos como la New Age, las religiones orientales y todas esas cosas que van viniendo como una especie de sustituto de esta hambre de Dios que realmente la sociedad, sin darse cuenta, siente y piensa. No hay que especificar demasiado en la oferta musulmana o cristiana o budista, sino sencillamente «Dios», vivo y verdadero, meta final y origen original de todo lo bueno y grande, Dios meta absoluta de todo, y esto es lo que ha olvidado esta cultura. La cultura moderna está sintiendo un gran vacío y no sabe de qué, pero en el fondo es de Dios mismo.

--Usted ha creado los Talleres de Oración y Vida. En este contexto del hambre de Dios que padece el hombre moderno, ¿cómo se inserta esta experiencia de los talleres? ¿Qué le ofrecen?

--Padre Larrañaga: Este servicio eclesial, así llamado por la Santa Sede, llamado Talleres de Oración y Vida, ha llegado en estos 22 años, a unos nueve o diez millones de personas que los han recibido, y en general la impresión es que cambia la vida, y este cambio de vida significa que es una visión totalmente nueva, un modo de vivir el cristianismo la vida siguiendo las huellas de Cristo Jesús, pacientes como Jesús, bondadosos como Jesús.

--Concretamente, ¿en qué consiste la experiencia de Talleres?

--Padre Larrañaga: Es una propuesta global muy detallada. En primer lugar se trata de que los asistentes aprendan a relacionarse con Dios de una manera variada, sistemática, metódica desde los primeros pasos hasta las alturas de la oración transformante u oración contemplativa.

Otra finalidad es de qué manera evitar los traumas, las heridas de la vida, las angustias y tristezas, todo lo negativo del corazón, cómo eliminarlo y que todo esto no influya en el estado de ánimo de la persona.

También pretenden la presentación estimulante, viva, vibrante, entusiasta de Jesucristo Nuestro Señor como modelo de vida, con una pregunta que va en el fondo de todo: ¿que haría Jesús en mi lugar?

Entonces proponemos un programa fascinante: ser humildes, pacientes, bondadosos, sentir, amar como Jesús lo hizo, modelo de vida en todo; es un programa de santificación cristificante.

Finalmente impulsamos a los participantes a comprometerse en una vida apostólica: amigos de Jesús, apóstoles de Jesús; esta es la finalidad que pretendemos con todos aquellos que vienen a los talleres: los devolvemos a la vida transformados en amigos del Señor, liberados de angustias y traumas, y verdaderamente hombres y mujeres de oración.

 

 

 

 

Madre Angélica, la clarisa que dirige una corporación multimillonaria
Su historia, ahora en español, contada por Raymond Arroyo

 

MADRID, martes, 12 junio 2007 (ZENIT.org).- Una mujer pobre y enfermiza llegó a crear la mayor empresa de televisión católica. ¿Cómo se lo hizo? Raymond Arroyo, director de informativos de esta empresa, la Eternal World Television Network (ETWN) lo revela en una biografía de la Madre Angélica (el nombre religioso de Rita Rizzo).

Arroyo pudo escribir este libro gracias a entrevistas exclusivas con la Madre Angélica antes de su invalidez, que comenzó en la Nochebuena de 2001, cuando la monja sufrió un derrame cerebral.

El libro, originalmente escrito en inglés, lleva por título «Madre Angélica. La increíble historia de una monja que fundó una televisión mundial», Ediciones Palabra (509 páginas).

El volumen desvela cómo es, vive y piensa esta monja de clausura capaz de interpelar al mundo y que, según la revista «Time», es «la mujer católica más influyente de los Estados Unidos». El libro la presenta como una «Teresa de Ávila moderna».

«De todos aquellos que el Señor pudo elegir para levantar este emporio internacional de la comunicación, la madre Angélica era la candidata menos apropiada. Pero los caminos de Dios no son nuestros caminos», escribe el arzobispo de Denver y miembro del consejo de dirección de EWTN, Charles J. Chaput, OFM, en el prólogo.

Joseph Ratzinger, en 1999, dijo que «la madre Angélica ha logrado en los Estados Unidos lo que otros han intentado sin éxito: hacer llegar sus programas a un número de espectadores que se cuentan por millones, representando para la Iglesia un foco de fe y de fuerza renovadora».


 

 

 

Fecha publicación: 2007-06-06

Desde Roma, propuesta «on line» de «Viajes del Espíritu» para todo el mundo

La Obra Romana de Peregrinaciones lanza JOSP («Journeys of the Spirit»)

ROMA, miércoles, 6 junio 2007 (ZENIT.org).- De la experiencia de la Obra Romana de Peregrinaciones (ORP) en el ámbito espiritual, se ha lanzado la iniciativa JOSP («Journeys of the Spirit»: «Viajes del Espíritu»), un punto de encuentro y difusión a través de la web multilingüe http://www.josp.it/.

Se orienta a convertirse en un signo reconocible para los peregrinos del espíritu –explica un comunicado de ORP enviado a Zenit-, «un punto de referencia para quien desea adentrarse en este mundo».

JOSP tiene un itinerario claro ante sí, entre cuyas etapas fundamentales está, en 2009, el Festival del Turismo Religioso.

La intención de JOSP es proporcionar igualmente a todo aquel que desea orientarse en la «geografía del Espíritu», un mapa en el cual, por ahora, se incluyen Roma, Lourdes, Fátima, Santiago de Compostela, Czestochowa y Jerusalén.

JOSP es una «ventana» a la ORP y a los itinerarios que ésta propone, y se puede entender como un catálogo desplegable al que se puede acceder eligiendo, desde el propio hogar, el itinerario que se quiera emprender, según las propias preferencias, con posibilidad de satisfacer su importe «on line».

La utilización de Internet no es la única novedad, sino que se trata de promover una experiencia como es la de «Roma Cristiana», única en su tipo, simultáneamente a las propuestas de peregrinación que siempre han caracterizado la ORP.

Muchos peregrinos llegados a la Ciudad Eterna recordarán «Roma Cristiana» por los famosos autobuses abiertos -amarillos y blancos-, las líneas San Pedro y San Pablo, cinco itinerarios y dos visitas a pié: un total de doscientas horas de visita guiada de una ciudad como Roma en diez idiomas. «Roma Cristiana» cubre toda la ciudad e incluso áreas poco conocidas para el gran público.

La ORP, con JOSP, intenta igualmente situar en su máximo nivel la vocación de Roma como ciudad abierta, corazón del cristianismo, creando una red capaz de soportar las peticiones, que cada vez crecen más, de aquellos que acuden a visitar la Ciudad Eterna, ofreciéndoles la posibilidad de continuar por otros destinos del «espíritu».

También accesible a través de la web http://www.orpnet.org/, con JOSP la Obra Romana de Peregrinaciones traspasa las fronteras -anuncia- de los «viajes del espíritu».

Actividad institucional del Vicariato de Roma, la ORP tiene la tarea de promover a la persona y su evangelización a través de la pastoral del turismo y del ministerio de la peregrinación, así como mediante el impulso y realización de iniciativas culturales y formativas. Desarrolla una importante misión de diálogo, solidaridad, caridad y paz entre los pueblos del mundo.

La ORP, que tiene presencia en 395 puntos en Italia y en otros países, cuenta con unos 900 sacerdotes que se ocupan del aspecto espiritual de las peregrinaciones, y con 400 agentes de pastoral laicos y directores técnicos se encargan del desarrollo de las mismas.

El padre Cesare Atuire, director general de la ORP, explica en la web la importancia de contemplar la peregrinación con un tema de fondo y como «viaje interior», para evitar que se convierta en una simple «concatenación de informaciones».

«El viaje interior es una experiencia que abraza todos los tipos de peregrinación que realizamos durante todo el año, ya sean itinerarios marianos, religioso-culturales o bíblicos», confirma.


 

 

 

Barcelona acoge un congreso internacional para defender la familia 
Joan Planes
Barcelona- La Basílica del Tibidabo de Barcelona acogió ayer la jornada de clausura del Congreso Internacional «Cor Iesu, Fons Vitae» (El corazón de Jesús, Fuente de vida), que se inauguró el pasado viernes. Ante un abarrotado espacio, fueron el cardenal y Miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia, Salvatore de Giorgi, el nuncio Apostólico en España, Manuel Monteiro de Castro, y el arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach los protagonistas de la clausura de un evento que no se celebraba después de 25 años. Entre los asistentes, destacó la presencia del secretario general del Grupo Parlamentario del PP en el Congreso de los Diputados, Jorge Fernández Díaz.
   Martínez Sistach presentó uno a uno a los ponientes y uno de ellos fue De Giorgi. Tras saludar al nuncio, el cardenal italiano comenzó un largo discurso que, bajo el título de «Cuore di Gesú, fonte di vita per la famiglia», incluyó un fuerte elogio al concepto de familia, que en definitiva ha sido la gran protagonista durante las tres jornadas del congreso.
   «Riqueza para la vida»
   De esta manera, De Giorgi defendió la idea de matrimonio como sacramento entre hombre y mujer. Según el cardenal italiano, «últimamente se ha detectado una creciente agresión, a nivel social y cultural, contra el concepto de matrimonio», refiriéndose a «uniones de pacto, de hecho, que son antinaturales». Casi todo el discurso de De Giorgi estuvo basado en la defensa de la familia formada por hombre, mujer e hijos, lo que acabó arrancando una multitudinaria ovación del público presente. Tras recibir el apoyo del público, De Giorgi lanzó una última proclama a favor de defender los derechos de la familia en la sociedad actual. La intervención del cardenal mereció los elogios del arzobispo de Barcelona, que incluso habló un rato en italiano. Concretamente, comentó que «matrimonio y familia son una gran riqueza para la vida».
   Finalmente, el arzobispo Martínez Sistach lanzó al público un mensaje de parte de Benedicto XVI. El texto contenía un fuerte apoyo hacia el congreso celebrado en Barcelona y recalcaba que «el amor es más fuerte que la muerte».
  
 

 

 

Fecha publicación: 2007-05-02

Del monacato budista al sacerdocio católico: el padre Ranatunga cuenta su conversión

Es el primer sacerdote camilo de Sri Lanka

ROMA/COLOMBO, miércoles, 2 mayo 2007 (ZENIT.org).- Atraído por «la belleza del perdón, la alegría de servir a los demás» y la salvación de Jesús Resucitado, Nihal Ragatunga emprendió el camino al cristianismo. Ordenado sacerdote hace pocos años, es el primer religioso de la Orden de San Camilo originario de Sri Lanka.

El Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME), a través de su agencia «AsiaNews.it», ha difundido el testimonio de la conversión de este religioso camilo, que inicialmente estudiaba para ser monje budista.

«El sufrimiento no me ha faltado nunca, pero en cierto momento, sin que yo sepa aún cómo ni por qué, hallé la alegría y la riqueza de la fe y del sacerdocio», admite el padre Ranatunga, de 45 años.

Nació cerca de la capital de Sri Lanka -Colombo-, en Ragama. Su origen es cingalés. Nihal era su nombre antes del bautismo. Quinto de seis hermanos, creció en una familia budista y muy pobre; pronto faltó su padre.

Desde la adolescencia Nihal sintió el deseo de hacerse monje en el ámbito de su credo. «Tras la muerte de mi padre -recuerda- mi familia ya no podía mantenernos a todos y me llevaron al pueblo de Ekala, a una familia católica que me acogió para servicios domésticos».

«En Ekala empecé a buscar al Señor; iba a escondidas a la parroquia local, dedicada a San Maximiliano [Kolbe]; sencillamente tenía curiosidad, sentía bienestar cuando estaba entre aquellos muros y después de algún tiempo me encontré, con estupor, rezando a la Virgen», admite.

El sacerdote reconoce que habla de «estupor» porque, cuando todavía estudiaba para ser monje budista, experimentaba «total aversión al cristianismo».

Poco a poco Nihal empezó a hacer amigos, a ir a misa; pero tenía muchas dudas: «no entendía quién era este Dios de los cristianos, pero seguí yendo a la iglesia sin hacerme demasiadas preguntas».

«No sé decir con exactitud qué me llevó al cristianismo desde el budismo -prosigue-, de alguna manera me siento elegido: instintivamente empecé a orar y la fe, como el amor, nace también sin explicación».

«Del cristianismo me atraía la belleza del perdón, la alegría de servir a los demás. En el budismo debes buscar solo tu salvación y no tienes garantías de obtenerla, mientras que para nosotros, los cristianos, la salvación es Jesús resucitado -puntualiza-. En los momentos de dolor esto te ayuda a tener fuerza».

Después de cinco años volvió a su hogar, a Ragama; tras seis meses de catequesis pidió el bautismo. Desde ese momento el camino al sacerdocio se hizo más bien cuesta arriba. La vocación fue inmediata, pero problemas de salud y encuentros equivocados obstaculizaron el camino del joven cingalés.

Perseverando en su llamada, llegó a Italia en 1992. En San Giovanni Rotondo conoció a las religiosas y sacerdotes de la Orden de San Camilo, «atraído por la cruz roja que llevan, por el símbolo de la completa dedicación a la asistencia de los enfermos».

A los dos años ingresó en el seminario; a continuación, perdió un ojo en un accidente. «En cualquier caso, seguí estudiando ocho años, hasta que fui ordenado sacerdote en julio de 2004, una satisfacción enorme», subraya el padre Maximiliano, nombre que Nihal había tomado en su bautismo, dado que su conversión se había iniciado en una parroquia dedicada al santo mártir de Auschwitz.

Su recuerdo más bello es la celebración de la primera misa en Sri Lanka, en la parroquia de San Judas Tadeo. Acudió toda su familia, incluso su hermano mayor, que había sido el más contrario a su conversión. Igualmente estuvo presente en el rito el monje del templo local en un clima de fiesta y de armonía.

Actualmente el padre Maximiliano N. Ranatunga es uno de los seis capellanes del hospital de San Camilo en Roma (Italia) y atiende pastoralmente también a la comunidad de compatriotas presentes en la Ciudad Eterna. Su sueño: «Que los camilos abran su primera cada en Sri Lanka».

La población de la isla del subcontienete indio es de casi 20 millones de habitantes: el 70% es budista, el 15% hinduista, el 8% cristiano y el 7% musulmán. Está formada por cingaleses –la mayoría budistas- y la minoría tamil -hinduistas-.

Originario de Bucchianico (Chieti, Italia), San Camilo de Lelis (1550-1614) es patrono de enfermos y hospitales. Llegó a servir a los enfermos con el mismo afecto con el que una madre sirve a su único hijo enfermo.

La Orden que fundó --los religiosos camilos-- actualmente está presente en 35 países de los cinco continentes; su labor es especialmente significativa en el Tercer Mundo.

Los religiosos camilos son más de 1.100 en 156 comunidades; administran 180 obras asistenciales y formativas: hospitales, residencias, clínicas, centros de rehabilitación psico-física, casas de acogida, universidades y centros de formación profesional, de humanización y de escucha.

 

 

 

LA MISERICORDIA DIVINA
 

Homilía de monseñor Luís Stöckler, obispo de Quilmes, para el segundo domingo de Pascua (15 de abril del 2007)

 

“Domingo de la Misericordia Divina” está denominado, desde el año 2000, el segundo Domingo de Pascua, en que el Papa Juan Pablo II canonizó a Sor Faustina Kowalska. Fue esta monja polaca quien recibió en una visión del Señor la misión particular de difundir el mensaje del corazón abierto de Cristo, del cual dimanan rayos blancos y rojos, que representan el agua y la sangre que, como  San Juan atestigua, brotaron del corazón traspasado del Señor. El agua como signo del bautismo, la sangre señalando la eucaristía. “La Divina Providencia unió completamente la vida de esta humilde hija de Polonia a la historia del siglo XX”, decía el Papa en aquella oportunidad. “En efecto, entre la primera y la segunda guerra mundial, Cristo le confió su mensaje de misericordia. Quienes recuerdan, quienes fueron testigos y participaron en los hechos de aquellos años y en los horribles sufrimientos que produjeron a millones de hombres, saben bien cuán necesario era el mensaje de la misericordia. No es un mensaje nuevo, pero se puede considerar un don de iluminación especial, que nos ayuda a revivir más intensamente el evangelio de la Pascua, para ofrecerlo como un rayo de luz a los hombres y mujeres de nuestro tiempo”.

El salmo responsorial de esta misa resume bien las lecturas, que contienen este mismo mensaje, cuando repite: “¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!” Los Hechos de los Apóstoles testimonian la misericordia del Señor resucitado de manera muy palpable. La gente sacaba a sus enfermos a la calle, con tal que solamente la sombra de Pedro los cubriera al pasar, y se sanaban. En la segunda lectura, Juan relata cómo él en una visión del Señor cayó como muerto, pero que el Señor le toco con la mano y le dijo: “No temas; tengo la llave de la Muerte y del Abismo”. Cristo, cuando  descendió al abismo, o como decimos en el Credo: “a los infiernos”, venció, mediante su propia muerte, a la muerte y al diablo, que tenía el poder de la muerte,  liberó a los justos, que esperaban al Redentor, y les abrió las puertas del cielo. Desde entonces, la muerte ya no es el fin, sino un paso a la gloria para los que creen en Cristo. En el evangelio el Señor se manifiesta a sus discípulos, afirmando su identidad por las llagas en sus manos y el costado abierto, y trasmitiéndoles la paz como don propio del Resucitado. Los apóstoles, poco antes lo habían abandonado; tanto más sentían la misericordia con que el Señor se acercaba a ellos. Y más, no solamente recibían el perdón, sino el Señor sopló sobre los apóstoles y les trasmitía su Espíritu para que, a partir y a través de ellos y sus sucesores, en adelante a todos los hombres se ofrezca el perdón de los pecados. Y a Tomás invita a poner la mano en su costado para convencerse no solamente de la realidad física de su presencia, sino para mostrarle a él y a nosotros que su corazón está abierto para siempre.

Anunciar y ofrecer la misericordia de Dios, es misión propia e indispensable de la Iglesia. Desde el siglo XIX, dice el Papa Benedicto en su primera encíclica “Dios es amor”, se ha planteado una objeción contra la actividad caritativa de la Iglesia. Los pobres, se dice, no necesitan obras de caridad, sino de justicia. Hay una razón en esto, pero el Papa aclara que el deber inmediato de actuar a favor de un  orden justo de la sociedad  es tarea del Estado, y de los laicos por cuanto están llamados a participar en la transformación del mundo. La tarea de la Iglesia en esto es mediata, ya que le corresponde contribuir a la purificación de la razón y reavivar las fuerzas morales. Pero el mandato del amor que recibimos de Cristo, no abarca solamente el aspecto material del hombre y de la sociedad, sino se dirige sobre todo a lo más profundo de nuestras conciencias, donde está el foco de las miserias humanas y que necesita  redención.

En nuestro país, el reclamo de justicia no se refiere solamente a la justa distribución de los ingresos, sino a una reconciliación profunda de nuestro pueblo. Esto exige a todos un verdadero sinceramiento y la superación del resentimiento y del rencor.  Dios ofrece su misericordia siempre, aún cuando la justicia humana condena a la cárcel. “El mensaje que anunció Sor Faustina constituye la respuesta adecuada y decisiva que Dios quiso dar a los interrogantes y a las expectativas de los hombres de nuestro tiempo, marcado por enormes tragedias. Un día Jesús le dijo a la santa:  "La humanidad no encontrará paz hasta que se dirija con confianza a la misericordia divina" (Homilía de Juan Pablo II, 22 de abril de 2001).

Que esta eucaristía, don del Resucitado, nos haga sentir su bondad y al renovar nuestra disponibilidad de perdonar a los que nos han ofendido, recibámosla su paz.

 

Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
 
 
 
 

 

 

 

Fecha publicación: 2007-04-17

El cristianismo fuerza pacificadora para evitar el choque entre culturas, asegura el Papa

Hace revelaciones sobre las audiencias que concedió en el día de su cumpleaños

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 17 abril 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI considera que es necesaria la fuerza de la fe pacificadora propia del cristianismo para evitar el anunciado conflicto entre culturas y civilizaciones.

Así lo constató este lunes, día de su cumpleaños, en un encuentro que mantuvo con el cardenal Friedrich Wetter, administrador apostólico de la archidiócesis de Munich y Freising, su sucesor en esa sede arzobispal, junto con una delegación de 50 miembros del capítulo metropolitano.

El pontífice informó superficialmente a sus amigos sobre las dos audiencias que acababa de conceder a Edmund Stoiber, ministro presidente de su Baviera natal, y a Peter Harry Carstensen, ministro presidente del land alemán de Schleswig-Holstein.

«A pesar de que proceden de ambientes y de que tienen temperamentos notablemente diferentes, los dos manifestaron la certeza interior de que la fe abre un futuro y de que en este momento de encuentro de las culturas, así como del amenazador conflicto entre las culturas, es sumamente importante que la fuerza interior, pacificadora y regeneradora de la fe cristiana, siga viva en nuestro pueblo, influenciando así como fuerza de bien el futuro», explicó el Papa.

El Papa contó detalles sobre la audiencia que había concedido poco antes al metropolita Ioannis Zizioulas de Pergamo, enviado del patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, uno de los grandes promotores del diálogo católico-ortodoxo.

«Está apoyado por una profunda convicción interior, según la cual, el encuentro entre Roma y la Ortodoxia es de importancia fundamental para el continente europeo y para el futuro de la historia universal», explicó.

El Santo Padre reveló que Su Eminencia Zizioulas, uno de los mayores teólogos ortodoxos, le comentó «tenemos que hacer todo esfuerzo posible para que este encuentro lleve verdaderamente a la comunión fraterna, para que de ella nazca después la bendición de la comunión de la fe: la bendición para que la humanidad pueda ver que somos “uno” y crea en Cristo».

«Creo que esta es la misión de todos nosotros --reconoció el Papa--: comprometernos, cada quien según su condición de vida, para que la fuerza de la fe se haga operativa en este mundo, sea eficaz como alegría, como confianza, como don en este momento».


 

 

 

Fecha publicación: 2007-04-03

La experiencia de diálogo con el islam en Siria de un obispo suizo

«El modelo de relaciones entre cristianos y musulmanes en Siria es poco conocido»

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 2 abril 2007 (ZENIT.org).- «El modelo de relaciones entre cristianos y musulmanes en Siria es poco conocido», declara a Zenit un obispo suizo, tras visitar el país de Oriente Medio.

Monseñor Pierre Bürcher, obispo auxiliar de Lausana, Ginebra y Friburgo, y presidente del Grupo de Trabajo «Islam» (GTI) de la Conferencia Episcopal Suiza, acaba de participar en una sesión interreligiosa en Siria, del 24 al 31 de marzo pasados.

Monseñor Bürcher explica los motivos por los que el grupo de trabajo «Islam» de la Conferencia Episcopal Suiza se ha reunido en Siria.

El grupo fue fundado en 2001 para promover el diálogo entre cristianos y musulmanes en ese país.

El año pasado, el grupo de trabajo se trasladó a Irán y este año ha recibido la invitación de Siria.

«El modelo de relaciones entre cristianos y musulmanes en Siria es poco conocido en Europa y Suiza. Esta es nuestra principal constatación tras nuestra estancia de una semana en este país», confiesa.

«Nuestra delegación estaba compuesta por ocho miembros del GTI. El propósito de nuestro viaje era esencialmente religioso, sin embargo hemos sido recibidos por el viceministro de Asuntos Exteriores y el ministro de Asuntos Religiosos».

«Los encuentros más importantes tuvieron lugar en Damasco y Alepo, con autoridades cristianas y musulmanas. En el actual contexto mundial, ninguna gestión de auténtico diálogo interreligioso está de más».

En cuanto a la actual situación religiosa en Siria, monseñor Bürcher declara que «las autoridades políticas sirias quieren que los miembros de las diferentes comunidades religiosas sean en principio considerados como ciudadanos sirios y no como pertenecientes a una confesión religiosa».

«Este enfoque --añade-- es seguido generalmente por el conjunto de los grupos religiosos cristianos y musulmanes. Así se establece una coexistencia en la tolerancia mutua, a pesar de la desproporción entre las comunidades».

Monseñor Bürcher explica que el programa de trabajo «ha sido muy intenso».

«Nuestra delegación --añade-- ha visitado tanto a altos representantes de la jerarquía religiosa como a autoridades políticas. Por ejemplo nos hemos entrevistado con el Patriarca greco-melquita católico y varios obispos de las Iglesias orientales, así como con jóvenes de otras religiones».

«Nos hemos reunido también con el Gran Mufti de la República siria y otros responsables y teólogos musulmanes. Todos han subrayado el entendimiento cordial que reina entre ellos y los miembros de sus comunidades», explica monseñor Bürcher.

A la pregunta de cómo se concreta esto en el aspecto de la libertad de religión y de culto, monseñor Bürcher responde: «Nos han explicado que el Gobierno desea una gran libertad de culto y la paz entre musulmanes y cristianos. Sin embargo, no hay que ignorar que la conversión de un musulmán a otra religión presenta problemas».

«Nuestra delegación suiza se ha reunido también con jóvenes y adultos comp