Home Quienes Somos Internacional Voluntariado Buscador 07/10/2008
 

JUAN PABLO II
 
 
 



 

(CEB Continental) Entrevista exclusiva al padre de la teología de la liberación, Gustavo Gutiérrez, en su 80 aniversario.

Pocos son los creadores de una ruptura epistemológica. En el campo de la filosofía occidental moderna fueron creadores Descartes, Kant, Hegel, Marx, Heidegger. En teología destacaron Tomá sde Aquino, Lutero, Bultmann, Rahner. Gustavo Gutiérrez abrió un camino nuevo y prometedor para el pensamiento teológico, descubrió una nueva manera de hacer teología'. Son palabras certeras del teólogo Leonardo Boff.

La teología en América Latina y el Caribe se caracterizaba por repetir o sintetizar pensamientos foráneos. Gutiérrez crea a finales de los años sesenta un método teológico desde y para la América Latina pobre y oprimida. Dio a esta reflexión de la fe desde el reverso de la historia el nombre de teología de la liberación. Su radio de proyección ha sido verdaderamente impresionante: desde la teología negra, india, asiática, feminista, ecológica y de las religiones hasta la teología judía y palestina de la liberación. Gustavo es el primer latinoamericano en situarse de tú a tú entre los grandes creadores dentro de la historia de la teología.

El pasado 28 de mayo, la Universidad Central de Bayamón que dirigen los Padres Dominicos se unió a una pléyade de reconocimientos internacionales, entre ellos el prestigioso Premio Príncipe de Asturias, otorgándole un Doctorado Honoris Causa. El padre Gustavo Gutiérrez llegó así por primera vez a Puerto Rico en la antesala de sus ochenta años de vida y del cuarenta aniversario del emblemático documento eclesial latinoamericano, Medellín.

¿Cuándo comienza a asumir, como punto de partida de la teología, la realidad de la violencia y de la pobreza en Latinoamérica y el Caribe?

Comencé a trabajar en marzo del 64. Hubo una reunión convocada por Iván Illich. Lo conocí cuando estaba todavía en Puerto Rico en el año 60. Fue Iván quien citó a una reunión muy informal en Petrópolis para que dijéramos cómo veíamos el trabajo de la teología en América Latina.

¿Y cuál fue su aporte?

Hablé de teología como una reflexión sobre la pastoral y sobre la vida cristiana. Eso que formulé más tarde como reflexión crítica sobre la praxis a la luz de la fe.

¿Lo primero que surge es el establecimiento de un método que parte de la vida real para iluminarla a la luz de la Palabra y abrir caminos concretos de liberación?

Así es. Yo me pasé prácticamente todos mis estudios de teología sumamente preocupado en la cuestión del método. De ahí la frase: 'nuestra metodología es nuestra espiritualidad'.

El tema de la cercanía a los pobres no es nuevo, pero sí la indagación en las causas de la pobreza y la lucha contra la pobreza como parte de la identidad cristiana. ¿Cuándo comienza esta transición?

Me invitaron a hablar sobre la pobreza en Montreal en el año 67.Quería tomar distancia de Voillaume, el autor de 'En el corazón de las masas', porque él evitaba cualquier perspectiva demasiado social en torno a la pobreza; pero la verdad es que no se puede evitar el hecho social. Hablé de tres nociones bíblicas sobre la pobreza: primero la pobreza real o material, vista siempre como un mal. La segunda es la pobreza espiritual, como sinónimo de infancia espiritual. La pobreza espiritual es poner mi vida en las manos de Dios. El desprendimiento de los bienes es consecuencia de la pobreza espiritual. Y la tercera dimensión es la solidaridad con los pobres contra la pobreza. Voillaume hablaba de que había que ser pobre. Sí, muy bien, ¿pero paraqué? ¿Qué sentido tiene? No es únicamente para santificarme yo. Había que plantearse lo que significa para el otro.

¿Algún otro elemento importante de esta arquitectónica inicial?

Una preocupación: ¿cómo anunciar el evangelio hoy? La teología se hace para anunciar el evangelio, al servicio de la Iglesia, de la comunidad. Tantas facultades piensan en la teología como una metafísica religiosa, no como anuncio histórico de liberación.

¿Cuándo comienza a llamarse 'teología de la liberación' a este nuevo modo de pensar la fe desde la perspectiva del pobre y del excluido?

Esto será el 22 de julio de 1968 en Chimbote, Perú. Me pidieron hablar de 'teología del desarrollo' y me negué. Les dije que hablaría de teología de la liberación, que era más pertinente a nuestro contexto. Otra cosa que estaba de moda era la 'teología de la revolución', de la cual también tomé distancia. El peligro de la misma era que pretendía cristianizar un hecho político.

A diferencia de otros, usted nunca estuvo de acuerdo con partidos o grupos como la Democracia Cristiana ni con Cristianos por el socialismo aunque acentuaba la dimensión política de la fe. ¿Por qué?

Nunca me gustó que se usara lo cristiano como adjetivo. Lo cristiano es un sustantivo. Siempre dije: 'soy cristiano por Cristo, no por el socialismo'. Que como cristiano alguien haga una opción por el socialismo, es otra cosa, pero no puedo deducir el socialismo por el camino de la Biblia. Dela Biblia deduzco la opción por la justicia, la opción por el pobre. La gente cuando no entiende esto dice: 'oye, pero tú niegas la política, estás del lado contrario'. Yo respondo que también creo en la autonomía de lo social y lo político.

¿Cuándo comienza la idea de formar el libro que se convertirá en el texto fundacional de la teología latinoamericana contemporánea: 'Teología de la liberación. Perspectivas'?

En realidad no pensé escribir un libro propiamente. Uno trabaja en los temas que le interesan a uno y poco a poco va saliendo. Al comienzo de1969, poco después de Medellín, una comisión ecuménica sobre temas de desarrollo me invitó a Ginebra. Entonces retrabajé la ponencia que había dado en Chimbote y así lo seguí ampliando.

¿Tuvo oferta de alguna editorial concreta?

No, pero pasó Miguel d'Escoto, de Maryknoll, que acababa de fundar Orbis Books. Vio el libro y me dijo: 'lo publico'. Fue el primer libropublicado por esta editorial. Lo hizo traducir y lo publicó en 1973 y ha sido el libro más vendido de esa editorial. Luego pasa el editor de Sígueme, de España, y lo mismo. Otro que se interesó fue Gibellini. La edición italiana es incluso anterior a la española. Ya está traducido como a diez o doce lenguas, también al vietnamés y al japonés.

¿Cuál es la oposición principal que recibe el libro?

Yo diría que más que al libro, era ya a la teología de la liberación. Ya mucha gente estaba escribiendo. Se criticaba el enfoque marxista del análisis de la realidad, pero yo no me sentía aludido. Ahora bien, la oposición más fuerte que hemos tenido no ha sido dentro de la Iglesia, sino en algunos componentes de la sociedad civil, en los poderes fácticos, económicos, militares, políticos.

La discusión abierta es signo de una teología que dice algo al hombre y a la mujer de hoy, que genera diálogo crítico no sólo al interior de la iglesia sino con la sociedad.

Buena parte de las reacciones vienen de la acogida que tuvo. Si me hubiera quedado en un ambiente de intelectuales no hubiera tenido ese impacto. Hubo una acogida de la base, incluso con expresiones que a mí nunca me han convencido, pero que nacen de la buena voluntad, que dicen: 'yo soy de la teología de la liberación'. Pero la teología de la liberación no era ni es un club en el que uno se inscribe, ni un partido. Se cantaban miembros y luego decían lo que querían y no siempre correspondía con lo que uno pensaba. Son cosas inevitables.

Pero también hay una necesidad de encontrar fallas a una teología que provenía del Sur.

Un periodista norteamericano me preguntó: '¿qué piensa la teología dela liberación de este problema mundial?'. Le dije: 'usted cree que esto es un partido político y que yo soy el Secretario General. Pues no'. También le dije: 'a que usted no le pregunta a Metz (Juan Bautista): ¿qué piensa la teología política europea de este problema mundial? A él no, pero a esta teología sí. Claro, porque aquello sí es teología. Metz es alemán'. Alguna gente reaccionaba de este modo porque piensan que algo que viene de América Latina tiene que tener fallos grandes. Tienen que encontrarlas a como dé lugar. Si es latinoamericano tiene que haber alguna posición rara. Lo que quieren es cosificar una teología.

Si uno se deja llevar sólo por lo que está escrito en la prensa tal parece que usted ha sido condenado por la Iglesia. Y no es cierto.

Es curioso. En mi caso nunca hubo condena, ni siquiera hubo un proceso, sí hubo un llamado diálogo, preguntas que siempre estuve dispuesto a contestar.

¿Le parece válido este tipo de diálogo?

Siempre he creído que la teología se hace al interior de la Iglesia. En la Iglesia hay carismas distintos. A uno que escribe teología le pueden preguntar que dé razón de su fe, así como damos razón de nuestra esperanza. A ese nivel de preguntas no hay que ofenderse.

¿Cuánto duró el diálogo?

Comenzó en 1983 y concluyó de varias maneras, pero con papel oficial hace cinco años. Durante mucho tiempo todo estuvo en silencio. No hubo nada conmigo.

¿Qué dice el texto oficial?

La expresión es que todo concluyó satisfactoriamente.

¿Tuvo varios encuentros cara a cara con el Cardenal Joseph Ratzinger?

Sí, para gran parte de ellos no fui convocado, sino que yo mismo tomé la iniciativa. Ratzinger es un hombre inteligente, educado y, dentro de su propia mentalidad, ha evolucionado, ha entendido muchas cosas. En una ocasión en Roma me dijo que había leído mi libro sobre Job. Yo mismo le enviaba mis libros. Siempre he creído que la distancia crea fantasmas. Me dijo que le había gustado y que los teólogos del Sur teníamos poesía, que la teología europea era más fría.

Su modo de proceder ha sido siempre poco conflictivo, enormemente dialógico y carente de dramatismo. Algunos creen que corresponde a su personalidad, pero creo que hay aquí algo profundamente eclesial.

Exacto. Todo viene de que el mundo que más dice a mi vida no es el mundo intelectual. No es la defensa de mis ideas porque son mis ideas. Me interesa la vida de la Iglesia, el anuncio del Evangelio y la vida de las Conferencias Episcopales.

La teología carga la huella de su tiempo. Estamos claramente entrando a otro tiempo en el que no se siente la misma urgencia y se abren otras rutas a la fe.

Hasta los 40 años nunca hablé de la teología de la liberación y creo que era un cristiano de verdad. Así que seré cristiano después de la teología de la liberación. Cuando me hablan de que ya murió la teología de la liberación yo digo: 'pues mira, a mí no me invitaron al entierro y creo que tenía algún derecho'. Luego les digo: 'pues fíjate, creo que un día sí va a morir'. Entiendo por morir el hecho de que no tenga la misma urgencia que antes. Eso me parece normal, fue un aporte a la Iglesia en un determinado momento.

Creo que se cuida bien de no convertir a la teología en un ídolo, en una ideología a la defensiva.

No hay que hacer de una teología una nueva religión. Es la tendencia de la sociedad civil. Algunos piensan que la teología de la liberación es una especie de cristianismo distinto, el mío. Y hasta lo dicen elogiosamente, no por criticar. No creen en el cristianismo, pero sí en la teología de la liberación. Pues lo siento, lo importante es el cristianismo, no la teología de la liberación. La teología de la liberación sólo se entiende al interior del cristianismo.

¿No cree que antes se hablaba de pluralismo teológico, pero era en realidad un pluralismo limitado, es decir, dentro de una mentalidad casi exclusivamente europea?

Sí, y todavía en la academia teológica se habla de nosotros como teología contextual, un pensar que mantiene una estrecha relación con la realidad. Cuando me dicen esto, yo les digo para molestar: 'ay, usted tiene una idea muy mala de la teología europea. Me está diciendo que no son contextual es. Me está diciendo que es una teología que no tiene relación con la realidad. Una teología en el aire. Yo no creo eso'.

¿Ha tenido que luchar contra cierta pretensión de superioridad?

Muchísimo. Llamar contextual a una y no contextual a la otra es un ejemplo. Todo pensar corresponde a un contexto. Más que un rechazo a la teología de la liberación, es una comunicación con un punto menor, como si fuéramos algo subalterno. Ha habido muchas cosas en este estilo. Se aceptaban las ideas, pero se criticaba la teología de la liberación. ¿Qué es eso?

Estábamos acostumbrados a que la teología sólo dialogara con la filosofía y no con las ciencias sociales. Es una novedad que costó aceptar al principio.

Curioso, porque hoy las ciencias sociales están de lleno dentro de la teología. Esa crítica a la teología de la liberación ya prescribió. Y todo esto ocurre a pesar de que nunca dijimos que las ciencias sociales reemplazaban a la filosofía en la teología, sino que ampliábamos el abanico de luces y disciplinas humanas para trabajar el misterio cristiano.

Además toda teología verdaderamente creadora genera resistencias. Es la prueba de fuego de su valía.

Evidente. Mira la reacción ante el diálogo de Teilhard de Chardin con las ciencias naturales. Y el ejemplo clásico de Santo Tomás de Aquino. Hablo de un gigante frente a esta teología tan enana como la teología de la liberación. Tuvo resistencias enormes, fue condenado por la Universidad de París y tomó siglos poder ser reconocido. Él incorporó una filosofía que provenía de un pagano, la repensó, la retomó, la mezcló.

¿Cree que estamos ya en un nuevo y mejor momento?

La cosa más dura y polémica ha quedado atrás. Debe quedar para los historiadores. Y es muy bueno decir que ya pasó. Si algo ha muerto realmente es esta polémica. Yo creo que ya es tiempo de bajar el tono.

Hay un texto en el que usted se mueve reflexivamente hacia el contexto actual de la globalización y de la postmodernidad y hacia los retos que plantea a la teología. Me refiero al ensayo '¿Dónde dormirán los pobres?'. Allí comienza a hacer una crítica a la tentación de hacer de la teología misma un ídolo.

Cuando hago de alguna cosa que no sea Dios un absoluto, caigo en la idolatría. He oído decir: 'teología de la liberación o nada'. Nunca he dicho: 'si usted quiere comprender a Cristo lea la teología de la liberación'. Ahora, si alguien me pregunta si creo que leyendo sobre teología de la liberación va a comprender algo importante del cristianismo, pues sí. Es provocador decirlo, pero también la justicia puede convertirse en un ídolo. He visto maltratar a los pobres por personas que se creen mucho más claras políticamente que ellos. Estoy muy marcado por una cosa que leí a los quince años de Pascal: 'el abuso de la verdad es peor que la mentira'. Uno puede tener la verdad y abusar de ella. La persona es siempre más importante.

Su reflexión más reciente ha advertido también sobre la tentación de hacer del pobre mismo un ídolo.

Eso viene del romanticismo de algunos. Hay gente que me dice: 'todo lo he aprendido del pobre, el pobre es tan bueno'. A veces bromeando les digo: 'usted cree que todos los pobres son buenos y generosos, pues yo no les aconsejo que vayan a mi barrio a las dos de la mañana porque se quedarán como cuando nacieron, sólo que más viejitos'. Es una manera de hacer entender que la opción no se hace porque el pobre sea bueno, sino porque Dios es bueno. Si el pobre no es bueno, pues también. Mucha gente se decepcionó del compromiso porque creían que el pobre era bueno. Si hubiesen entrado porque Dios es bueno todavía estarían comprometidos.

De hecho, en un artículo suyo titulado 'San Juan de la Cruz en América Latina' deja apuntado que lo que podría ayudarnos a evitar este camino idolátrico (que aunque habla de liberación no libera) sería abrirnos a la dimensión más mística de la fe.

Si algo tiene la mística es la capacidad de ayudarnos a depurar la noción de Dios. Si vemos el dibujo de San Juan de la Cruz, hay un momento, a partir de la mitad de la falda del monte, en el que dice que a partir de ahí no hay camino. Eso es la mística. Un caminar hacia el Señor. Seguir haciendo de Él, conforme avanza nuestra vida, nuestro único absoluto. Sin esta dimensión mística no hay verdadero compromiso con los pobres. Ahora bien, hay que cambiarla noción de mística. No es como se dice por ahí: salir de este mundo. No se trata de transmitir un mensaje, sino de 'transmitir lo contemplado'. A esto hay que añadir la intuición de Nadal: ser 'contemplativos en la acción'.

Lo que a veces se anuncia como mística, incluso en importantes teólogos o estudiosos, todavía tiene excesivas reminiscencias neoplatónicas negadoras del cuerpo de la historia.

La mística no es un desinteresarse de este mundo. Todavía hay gente que encuentra muy místico a alguien que no pisa tierra. Si no le importa el pobre no estoy seguro de que se trate de una experiencia mística. Es interesante que una mística, Teresita de Lisieux, sea patrona de las misiones.

Progresivamente parece que usted ha ido insistiendo en la poesía como el mejor lenguaje para hablar de Dios. ¿Es así?

La poesía es el mejor lenguaje del amor. Y Dios es amor. El mejor lenguaje para hablar de Dios es la poesía. Un lenguaje profundo que ve el mundo y ve la relación con el otro desde una dimensión y una hondura que el concepto no ofrece. Aunque no escribamos poesía, la teología misma debe ser siempre una carta de amor a Dios, a la Iglesia y al pueblo que servimos.

 

 

 

María ayuda a perdonar "siempre y sin condiciones"


Lo sostiene la teóloga de Navarra Jutta Burggraf

 


PAMPLONA viernes, 23 mayo 2008 (ZENIT.org).- María es modelo de perdón porque "nos enseña a perdonar de todo corazón, incondicionalmente, como una madre, no como una educadora", explica la teóloga Jutta Burggraf.

Laica y alemana de origen, profesora de teología en la Universidad de Navarra, Burggraf en esta entrevista concedida a Zenit, al acercarse a su conclusión el mes de la Virgen María, presenta las lecciones de candente actualidad que deja la Madre de Dios.

--¿Cuál es la actitud de Santa María que le parece más importante imitar en nuestros días?

--Burggraf: Perdonar siempre y sin condiciones. Hay muchas personas heridas en nuestras sociedades, personas que no pueden vivir en paz con sus recuerdos. Así, se crea una especie de malestar y de insatisfacción generales. Perdonar no es fácil, pero es posible con la ayuda de Dios. Es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador, tanto para el otro como para mí. Significa optar por la vida y actuar con creatividad.

Nuestra Madre nos ha dado un ejemplo espléndido bajo la Cruz. Cuando oyó las palabras de Cristo: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen," comprendió lo que Dios esperaba también de ella, e hizo lo mismo que su Hijo: perdonó. 

A este respecto, recuerdo lo que cuenta una amiga sobre su infancia. Solía tener ataques de rabia: cuando algo iba contra su voluntad, se ponía, con cara roja, a gritar y a golpear con manos y pies. Después de algún tiempo, se daba cuenta del comportamiento poco correcto. Corría llorando a su madre y le pedía perdón. La madre la sentaba en su regaza y, abrazándola, la consolaba con las palabras: "Ya está bien. Tú no eres así. En realidad, eres mucho mejor". De este modo, desde pequeña, ella experimentaba la "fiesta del perdón" y volvía feliz a jugar con sus amigos. Después de cada perdón, la vida empezaba de nuevo para ella... Pero la madre murió, y una educadora cristiana la sustituyó. Pasado algún tiempo, se repitió la escena conocida. La niña se puso furiosa, gritó y golpeó. Después de su ataque de rabia, corrió, como de costumbre, hacia la educadora y pidió perdón. Pero esta vez todo fue distinto: la educadora no le abrazó, ni le besó, ni le consoló. Aceptó el perdón con una cara seria y con varias amonestaciones. "Entonces comprendí que ya no tenía madre", comenta mi amiga.

La Virgen nos enseña a perdonar de todo corazón, incondicionalmente, como una madre, no como una educadora.

--En el mundo académico se invoca a María como sede de la sabiduría. 

--Burggraf: Según la gran Tradición de la Iglesia, la redención comienza en la cabeza. Empieza conociendo la verdad, que nunca es sólo teoría. San Agustín habla de una reciprocidad entre "ciencia" y "tristeza": el simple saber -dice- produce tristeza. Y, en efecto -sigue diciendo el Papa Benedicto XVI-, "quien sólo ve y percibe todo lo que sucede en el mundo, acaba por entristecerse. Pero la verdad significa algo más que el saber: el conocimiento de la verdad tiene como finalidad el conocimiento del bien... La verdad nos hace buenos, y la bondad es verdadera".

La sabiduría expresa una visión integral del hombre y del mundo. Hace referencia no sólo a la ciencia, sino también a madurez y belleza interiores. T. S. Eliot habla de "la sabiduría de la humildad". Todas estas dimensiones están realizadas con abundancia en María.

La belleza más profunda es, ciertamente, la belleza de la santidad. Una buena mujer que cuidaba a su madre día y noche en un hospital, dijo hace algún tiempo: "Cuando me encontré temprano por la mañana en la cafetería del hospital y miré a mi alrededor, vi a gente pálida, con ojeras que, evidentemente, habían estado pendientes de sus seres queridos durante la noche. Y pensé: ‘Esta es la verdadera belleza: la belleza de la entrega'".

--¿Piensa que falta conciencia de la presencia de María en el mundo universitario e intelectual?

--Burggraf: María nos recuerda una verdad básica: "El amor siempre hace una carrera hacia abajo". 

En una parábola famosa del Evangelio, un fariseo da gracias a Dios por ser mejor que los demás hombres, y Jesucristo desaprueba claramente esta actitud. Pero si, en el caso contrario, el fariseo hubiera pensado que era peor que los demás, tampoco hubiera sido humilde. 

Una persona humilde no se compara con nadie. No mira ni a sí misma ni a los otros hombres, como el publicano en aquella parábola. Sólo busca a Dios, y se siente responsable ante Él, porque sabe que Dios le mira con cariño y confianza.

Un cristiano que trata de tener una presencia viva de María, no intenta compararse con los demás -ni comparar a los otros entre sí-. No es nunca un "rival", un "competidor". Contribuye a que el ambiente a su alrededor sea natural y amable, y se alegra del bien y de los logros de los demás.

Una persona unida a Dios y a María, obtiene una libertad mayor que la que tienen los pájaros del cielo. Está por encima de tantas pequeñeces que pueden frenar nuestros pasos.

No quiere dejarse cautivar ni por la comodidad de los bienes materiales, ni por el brillo de la fama o de una máscara, ni por los resultados de su propio trabajo. 

Quiere ser generosa y compartir sus bienes con los demás: por supuesto el pan, pero también el vino, también el tiempo y las ideas, también los proyectos profesionales y todas las oportunidades que le brinda la vida. 

Quizá pueda parecer, a veces, un poco ingenua y hacerse objeto de burlas o sonrisas compasivas. Puede incluso tener ciertas desventajas profesionales en un ambiente en el que cuentan sólo la imagen y el progreso, el subir en la escala social. Pero sabe que el éxito no es una categoría de Dios. 

María nos enseña que todo lo aparentemente grande, poderoso y triunfal no es más que una mota de polvo, si no es purificado por el amor. Mirar hacia ella, la Madre, es importante en nuestra época de activismo.

Cristo, ciertamente, pide a sus discípulos que den frutos. Pero esta exhortación debe comprenderse en el contexto evangélico, y no según las claves de interpretación que se utilizan en las sociedades de rendimiento. La fecundidad es algo muy distinto que la productividad. Una persona puede producir mucho, obtener resultados y méritos incontables por su trabajo, y no ser verdaderamente fértil. Otra, en cambio, puede no rendir nada ante los ojos del mundo, y tener una gran fecundidad.

Cristo pide frutos que permanezcan. Podemos estar completamente seguros de que, lo que permanece para siempre, no será nuestro dinero, ni el aplauso, ni el éxito. Lo único que contará al final de nuestra vida, será el amor que hemos ofrecido y recibido. No tendremos nada más.

Por Miriam Díez i Bosch


 

 

Congreso internacional prepara el Sínodo mundial sobre la Palabra


Cardenal Martínez Sistach: «Desde Jesucristo, nada es igual»

 


BARCELONA/ROMA, martes, 18 diciembre 2007 (ZENIT.org).- El 15 de diciembre finalizó el I Congreso Internacional de Teología, iniciado el pasado día 13, en Barcelona, España, en la Facultad de Teología de Cataluña (FTC), con motivo de su 40 aniversario, con el tema «Palabra de Dios, palabra sobre Dios».

El cardenal arzobispo Barcelona, y gran canciller de la Facultad, Luís Martínez Sistach, clausuró los tres días de trabajos que, al mismo tiempo, son una preparación al Sínodo de los Obispos de octubre de 2008 sobre la Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia.

El cardenal arzobispo de Barcelona recordó la importancia eclesial del Concilio Vaticano II, en especial en «la recuperación de la Sagrada Escritura como centro de la vida de la Iglesia».

El Concilio, recordó el purpurado, supuso en el siglo XX «el retorno a las fuentes cristianas». Comentó la constitución conciliar "Dei Verbum" cuyo punto de partida, dijo, es la comunicación que  Dios hace de su persona al querer «revelarse a sí mismo y poner su tienda entre los hombres, convivir con ellos como un amigo».

«Esta es la la base de todo discurso cristiano sobre Dios y su misterio», señaló.

Explicó que «la Biblia es una obra escrita a cuatro manos, entre un Dios y un hombre que han trabajado conjuntamente». En ella, dijo, «no se encuentran palabras arcaicas, perdidas en la arqueología literaria de los tiempos antiguos sino una Palabra siempre viva y eficaz, que penetra como una espada de dos filos, que llega al corazón del ser humano y lo renueva, invitándolo a la escucha y a la obediencia de la fe».

Para el purpurado catalán, «hacer teología hoy comporta tomar en serio el reto de la unidad de las Iglesias cristianas». La teología católica es «necesariamente ecuménica» y «el sueño de un cristianismo articulado en comunión plena es compartido por muchos», subrayó.

Cerró su intervención con este razonamiento: «La existencia de la Palabra en la vida cotidiana de la Iglesia y de cada cristiano recuerda un hecho inconmensurable: Dios ha hablado, ha roto el silencio que muchos pensarían que le es propio y se ha comunicado personalmente con una humanidad que, desde siempre, ha sentido la nostalgia del paraíso, del diálogo cercano y amigo con un Dios que conversa con los habitantes del Edén».

«El milagro de la encarnación de la Palabra sacude el corazón humano, que ahora testimonia la altura y la profundidad del amor de Dios. Desde Jesucristo, nada es igual. La Palabra ha roto el aislamiento de los hombres, les ha hecho prójimos los unos de los otros, les ha donado el sentido de la fraternidad, consecuencia de su condición de hijo», concluyó el cardenal Luís Martínez Sistach.

El Congreso Internacional se inició con una conferencia inaugural del teólogo y obispo Raúl Berzosa, que afrontó la dimensión teológica.

Otras dimensiones abordadas en cada caso por un experto internacional encontró respuesta en un profesor de la FTC. Así, fueron tratadas las dimensiones: espiritual (E. Bianchi, prior de la comunidad de Bose, Italia, con respuesta de X. Morlans); filosófica (P. Gilbert SJ, de la Universidad Pontificia Gregoriana, con respuesta de A. Marquès OSB); bíblica (Th. Söding, de la Universidad de Wuppertal, y miembros de la Comisión Teológica Internacional, con respuesta de A. Borrell OCD); hermenéutica (P. Avis, secretario del Consejo Anglicano para la Unidad de los Cristianos de Londres, con respuesta de F. Manresa SJ); estéstica (P. Sequeri, con respuesta de J. Fontbona).

Hubo espacio para comunicaciones y una mesa redonda de balance de los cuarenta años de la constitución ‘Dei Verbum', moderada por Salvador Pié, profesor de esta Facultad y de la Gregoriana.

La conferencia conclusiva estuvo a cargo del metropolita ortodoxo Laurenţiu Streza, de Sibiu, Rumanía.

Por Nieves San Martín


 

 

 

Fecha publicación: 2007-02-04
Consejos del Papa a seminaristas
Discurso al Colegio Capránica
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 4 febrero 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI el 19 de enero a los seminaristas y sacerdotes de la comunidad del Colegio Capránica de Roma en el 550 aniversario de su fundación.
Señor cardenal;
venerados hermanos;
monseñor rector;
queridos alumnos del Colegio Capránica:
Me alegra acogeros en vísperas de la fiesta de vuestra patrona, santa Inés. Os saludo a todos con afecto, comenzando por el cardenal vicario Camillo Ruini y el arzobispo Pio Vigo, que forman la Comisión episcopal encargada del Colegio. Saludo al rector, monseñor Ermenegildo Manicardi. Os doy una especial bienvenida a vosotros, queridos alumnos, que formáis parte de la comunidad del colegio eclesiástico romano más antiguo.
En efecto, han pasado 550 años desde aquel 5 de enero de 1457, cuando el cardenal Domenico Capránica, arzobispo de Fermo, fundó el Colegio que tomó su nombre, destinando a él todos sus bienes y su palacio junto a Santa María en Aquiro, para que pudiera acoger a jóvenes estudiantes llamados al sacerdocio. La naciente institución era la primera en su género en Roma; inicialmente reservada a los jóvenes de Roma y de Fermo, extendió luego su hospitalidad a estudiantes de otras regiones italianas y de diversas nacionalidades.
El cardenal Capránica murió menos de dos años después, pero su fundación ya había iniciado su camino, que ha proseguido hasta hoy, sufriendo solamente un decenio de clausura, de 1798 a 1807, durante la así llamada República romana. Dos Papas fueron alumnos del Colegio Capránica: durante casi cuatro años el Papa Benedicto XV, al que con razón consideráis "parens alter" por el especial afecto que manifestó siempre por vuestra casa, y también, durante un tiempo más corto, el siervo de Dios Pío XII. A vuestro Colegio mostraron siempre su benevolencia mis venerados predecesores, algunos de los cuales os visitaron en circunstancias particulares.
Nuestro encuentro, además de celebrarse en recuerdo de santa Inés, tiene lugar en el contexto de un significativo aniversario de vuestra institución. Desde esta perspectiva histórica y espiritual es útil preguntarse qué motivaciones impulsaron al cardenal Capránica a fundar esta obra providencial, y qué valor conservan para vosotros hoy esas motivaciones.
Ante todo, conviene recordar que el fundador había tenido experiencia directa de los colegios de las Universidades de Padua y Bolonia, en las que había estudiado, así como de las de Siena, Florencia y Perusa. Se trataba de instituciones surgidas para hospedar a jóvenes versados en los estudios y que no pertenecían a familias ricas. Tomando algunos elementos de esos modelos, ideó uno que estuviera destinado exclusivamente a la formación de los futuros sacerdotes, con una atención preferente a los candidatos con menos recursos económicos.
De este modo, anticipó en más de un siglo la institución de los "seminarios" realizada por el concilio de Trento. Pero todavía no hemos puesto de relieve la motivación de fondo de su providencial iniciativa: consiste en la convicción de que la calidad del clero depende de la seriedad de su formación. Ahora bien, en tiempos del cardenal Capránica faltaba una esmerada selección de los aspirantes a las órdenes sagradas: a veces se les examinaba en literatura y canto, pero no en teología, en moral y en derecho canónico, con las repercusiones negativas que se pueden imaginar sobre la comunidad eclesial.
Por eso, en las Constituciones de su colegio, el cardenal impuso a los alumnos de teología el estudio de los mejores autores, especialmente de santo Tomás de Aquino; a los de derecho, la doctrina del Papa Inocencio III; y a todos, la ética aristotélica. Además, sin contentarse con las clases del Studium urbis, estableció repeticiones suplementarias impartidas por especialistas directamente dentro del Colegio. Esta programación de los estudios se insertaba en un marco de formación integral, centrada en la dimensión espiritual, que tenía como pilares los sacramentos de la Eucaristía —diaria— y de la Penitencia —al menos mensual— y se sostenía con las prácticas de piedad prescritas o sugeridas por la Iglesia.
También la educación caritativa tenía gran importancia, tanto en la vida fraterna ordinaria como en la asistencia a los enfermos y en lo que hoy llamamos "experiencia pastoral". En efecto, en los días festivos los alumnos debían prestar servicio en la catedral o en las otras iglesias del lugar. Por último, daba una valiosa aportación formativa el estilo comunitario, caracterizado por una fuerte participación de todos en las decisiones concernientes a la vida del Colegio.
Encontramos aquí la misma opción de fondo que tendrán después los seminarios diocesanos, naturalmente con un sentido más profundo de pertenencia a la Iglesia particular, es decir, la elección de una seria formación humana, cultural y espiritual, abierta a las exigencias propias de los tiempos y de los lugares.
Queridos amigos, pidamos al Señor, por intercesión de María santísima y de santa Inés, que el Almo Colegio Capránica prosiga su camino, fiel a su larga tradición y a las enseñanzas del concilio Vaticano II. A vosotros, queridos alumnos, os deseo que renovéis cada día, desde lo más profundo del corazón, vuestra entrega a Dios y a la santa Iglesia, configurándoos cada vez más a Cristo, buen Pastor, que os ha llamado a seguirlo y a trabajar en su viña. Os agradezco esta grata visita y, a la vez que os aseguro mi oración, con afecto os imparto una bendición apostólica especial a todos vosotros y a vuestros seres queridos.
[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]

 

¿Quién es Hans Küng?
 28.01.07 @ 05:14:26. Archived *Iglesia y Mundo, * Iglesia en México, Conociendo la Teología
Hans Küng vendrá a México. ¿Porqué siempre despierta tanta polémica y por otro lado tanto interés?
¿Quién es Hans Küng?
Hans Küng es uno de los grandes teólogos católicos del siglo XX y XXI.
Nació el 19 de Marzo de 1928, hijo de Emma y Hans Küng-Gut en Sursee Suiza. Es sacerdote católico, que estudió en el Colegio Germánico, en la Universidad Gregoriana y en la Sorbona de París.
Teólogo precoz que fue invitado como perito por el Papa Juan XXIII en el Concilio Vaticano II de (1962-1965).
Es la época de los grandes teólogos del siglo, por mencionar algunos: Henri de Lubac, Kart Rahner, Hans Urs Von Balthasar, Joseph Ratzinger, Edwuard Shillebeeckx y claro, Hans Küng.
También fue amigo de uno de los grandes teólogos protestantes del siglo XX: Karl Barth.
Su teología se distinguió inmediatamente, pues aclara lo genuinamente cristiano, lo genuinamente católico, haciendo a un lado todo aquello que se ha acumulado a lo largo de los siglos.
Su obra teológica es impresionante y en repetidos momentos fue cuestionado, criticado y censurado por colegas teólogos y por jerarcas. Desafortunadamente las obras censuradas eran siempre más criticadas con argumentos superficiales o con escándalos y pocas veces con argumentos que verdaderamente refutaran lo que las prfundas cuestionantes de Küng
Aunque el Santo Oficio y luego la congregación para la doctrina de la fe le hayan realizado un proceso es muy significativo que el Papa Pablo VI escribió sobre su expediente “Proceder con caridad”.
Catedrático de una de las mejores facultades de teología en el mundo: La universidad de Tubinga.
Muchos enemigos querían la cabeza de Küng, pero la indicación del Papa Pablo VI era clara.
Los procesos de la congregación para la doctrina de la fe permanecían.
Cuando llega el Papa Juan Pablo II los procesos continuaron y el 18 de diciembre de 1979 el Cardenal Höfner dijo: “El profesor Hans Küng se aparta de la integridad de la fe católica en sus escritos. Por eso, el no puede ser considerado como teólogo católico no continuar enseñando como tal”.
Los teólogos que enseñan teología católica necesitan la “Licencia” de Roma. Cuando Roma se la retira a algún teólogo equivale a que maneje un vehículo, pero sin licencia.
Sin embargo se le permitió seguir siendo catedrático desde una posición seglar.
Desde entonces, Hans Küng se dedicó a la cuestión ecuménica y el diálogo interreligioso.
Creó la Fundación Etica mundial y se ha dedicado intensamente a trabajar sobre ello.
Libros, conferencias y actividades diversas para fomentar una ética básica entre las diferentes religiones, sin perder la identidad religiosa de cada una, ha sido su trabajo en todos estos años.
Con la elección de Benedicto XVI las cosas cambiaron significativamente.
Hans Küng fue recibido nuevamente por un Papa y el diálogo resultó ser cordial y sincero, a pesar del malestar de muchos.
El comunicado oficial dijo así:
El sábado 24 de septiembre de 2005 tuvo lugar un coloquio de Su Santidad el Papa Benedicto XVI con el profesor Hans Küng (Tubinga). El encuentro se desarrolló en un clima amigable.
Ambos estaban de acuerdo en que no tenía sentido entrar, en el marco del encuentro, en una disputa sobre las divergencias doctrinales persistentes entre Hans Küng y el Magisterio de la Iglesia Católica.
El coloquio se concentró, por tanto, en dos temas que tienen particular interés para el trabajo reciente de Hans Küng: la cuestión de la ética mundial («Weltethos») y el diálogo de la razón de las ciencias naturales con la razón de la fe cristiana.
El profesor Küng subrayó que su proyecto de ética mundial no es ni mucho menos una construcción intelectual abstracta; sino que pone de manifiesto los valores sobre los que convergen las grandes religiones del mundo, a pesar de todas las diferencias, y que pueden percibirse como criterios válidos --a causa de su convincente carácter razonable-- por la razón secular.
El Papa apreció el esfuerzo del profesor Küng para contribuir en un renovado reconocimiento de los valores esenciales de la humanidad a través del diálogo de las religiones y en el encuentro con la razón secular. Subrayó que el compromiso por una renovada conciencia de los valores fundamentales de la vida humana es también un objetivo importante de su pontificado. Al mismo tiempo, el Papa reafirmó su acuerdo sobre el intento del profesor Küng de reavivar el diálogo entre fe y ciencias naturales y de hacer valer, en relación con el pensamiento científico, la sensatez y la necesidad de la cuestión sobre Dios («Gottesfrage»).
Por su parte, el profesor Küng aplaudió los esfuerzos del Papa por favorecer el diálogo de las religiones y también el encuentro con los diferentes grupos sociales del mundo moderno
Hans Küng sigue siendo sacerdote católico.
Sigue siendo teólogo que estudia la religión católica.
Pero no tiene licencia para enseñarla.
Es un teólogo, sacerdote, de religión católica que no tiene licencia para enseñar teología católica a pesar de que:
Juan XXIII lo invitó,
Pablo VI lo comprendió y
Benedicto XVI le reconoció.
Desde México
Ricardo Próspero

 


LA TEÓLOGA BURGGRAF : «EL ECUMENISMO ES CUESTIÓN DE ORACIÓN Y CARIDAD»
Reflexión sobre la Semana de Oración para Unidad entre los Cristianos

PAMPLONA, lunes, 15 enero 2007 (ZENIT.org).- La teóloga Jutta Burggraf afirma que el ecumenismo no es una cuestión de doctrina teológica ni de colaboración pastoral, sino de oración y de caridad.
Jutta Burggraf es profesora de Teología Sistemática y de Ecumenismo en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Zenit ha querido interpelarla acerca de la Semana de Oración para la Unidad entre los Cristianos (18-25 enero).
Burggraf recuerda a que «la esperada unidad no será un producto de nuestras fuerzas, sino «un don que viene de lo alto». Su verdadero protagonista es el Espíritu Santo».
Jutta Burggraf, alemana de origen y profesora en la Universidad de Navarra desde hace años, es autora de «Conocerse y comprenderse. Una introducción al ecumenismo», Madrid 2003, 2ª ed. 2003 y del folleto: «Ecumenismo: ¿Qué es? ¿Cómo se vive?», Madrid 2006.
--¿Por qué es necesaria, la semana de oración para la unidad?
--Burggraf: Durante el octavario, los cristianos católicos, ortodoxos y protestantes de todas las denominaciones --esparcidos por el mundo entero-- están invitados «expresamente» a rezar juntos por su unidad. La Semana se celebra cada año del 18 al 25 de enero, día en que la Iglesia conmemora la conversión de San Pablo.
La fecha es significativa: nos recuerda que no podemos acercarnos unos a otros sin una profunda conversión interior, sin buscar cada uno vivir en intimidad con Cristo. Es en él donde nos uniremos algún día.
La esperada unidad no será un producto de nuestras fuerzas, sino «un don que viene de lo alto». Su verdadero protagonista es el Espíritu Santo, quien nos conduce, por los caminos que quiere, hacia la madurez cristiana.
En la oración encontramos sobre todo a Dios, pero de manera especial también a los demás. Cuando rezo por alguien, le veo a través de otros ojos, ya no con aquellos llenos de sospecha o de ánimo de control, sino con los ojos de Dios. De esta manera, puedo descubrir lo bueno en cada persona, en cada planteamiento. Dejo aparte mis prejuicios y comienzo a sentir simpatía por el otro.
Rezar significa, purificar el propio corazón, para que el otro verdaderamente pueda tener sitio dentro de él. Si tengo prejuicios o recelos, cualquiera que entre en ese recinto recibirá un golpe rudo. Tenemos que crear un lugar para los demás en nuestro interior. Tenemos que ofrecerles nuestro corazón como lugar hospitalario, donde puedan encontrar mucho respeto y comprensión.
Si conseguimos esto, será más auténtico el diálogo. A veces, creemos poder disimular fácilmente nuestros sentimientos y pensamientos negativos. Tratamos de guardar las apariencias, y luego nos asombramos que los demás desconfíen de nosotros. La razón es muy sencilla: los demás suelen percibir con gran nitidez lo que pasa en nuestro interior. Notan si los aceptamos o los rechazamos, y actúan en consecuencia. Así vemos la importancia de empezar por nosotros mismos en la búsqueda de la unidad.
--Se insiste mucho en el llamado «ecumenismo espiritual»...
--Burggraf: Con razón, porque el ecumenismo no es, en primer lugar, una cuestión de doctrina teológica ni de colaboración pastoral, sino de oración y de caridad. Así como la falta de amor engendra desuniones, la «santidad de vida»puede considerarse como el «alma»o motor de todo el movimiento ecuménico.
Es significativo que Juan Pablo II haya invitado repetidas veces a una purificación de la memoria a todas las personas y asociaciones.
Sabemos bien que la memoria no es sólo una facultad relativa al pasado; por el contrario, influye profundamente en el presente. Lo que recordamos afecta, con frecuencia, a nuestras relaciones con los demás. Si una herida del pasado queda en la memoria, esta herida puede llevar a una persona a encerrarse en sí misma; puede traducirse en una cierta resistencia a encontrarse de una manera serena entre los demás, y puede dificultar o incluso impedir una amistad.
Teniendo esto en cuenta, Benedicto XVI ha dado recientemente un ejemplo elocuente: cuando, a causa de su famosa conferencia de Ratisbona había llegado a ser la víctima de una campaña organizada por algunos adversarios de la Iglesia, no culpó a nadie; es más, sobrepasó las reglas de la mera justicia y pidió perdón a los musulmanes por las palabras que podrían haberles herido.
Podemos estar seguros de que una persona contribuye más a la unidad de la Iglesia cuando procura transmitir el amor de Dios a los demás, que cuando se dedica a los diálogos teológicos más eruditos con un corazón frío.
--El Papa está demostrando continuamente su compromiso ecuménico. ¿Advierte un celo análogo, entre los católicos en general?
--Burggraf: Benedicto XVI señaló, desde el comienzo de su pontificado, que está dispuesto a «trabajar sin ahorrar energías en la reconstitución de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo».
Está realizando una gran labor ecuménica, hecha no sólo de palabras, sino, sobre todo, de gestos fraternos.
Así, por ejemplo, ha donado una considerable cantidad de dinero al patriarcado de Moscú para la reconstrucción de la catedral de la Trinidad en San Petersburgo.
Y, a pesar de las dificultades, que se experimentan actualmente entre anglicanos y católicos por cuestiones de carácter teológico y ético, ha firmado, hace apenas dos meses, una animante declaración conjunta con el primado de la Comunión anglicana.
Los católicos están cada vez más familiarizados con el reto que supone la unidad de todos los cristianos.
A la vez, se dan cuenta --y el Papa insiste también en esto-- de que el diálogo tiene distintos niveles o «círculos».
Tiene que comenzar antes, en la «propia casa», entre los mismos católicos, que tienen que conocerse para entenderse bien. No debemos excluir de nuestro interés y cariño a las personas de otras comunidades católicas. Hay mucha variedad en nuestra Iglesia.
No puede ser que las múltiples familias religiosas se cierren unas a otras, que cada una vaya a lo suyo, que quizá haya incluso competencias y rivalidades entre ellas. De este modo, nunca podremos dar a nadie un testimonio convincente de la cercanía de Dios.
Asimismo, los católicos tienen una viva conciencia de que el diálogo va más allá del ecumenismo. Se dirige también a los seguidores de otras religiones y al mundo secularizado. Allí nos espera una inmensa tarea, que sólo podemos afrontar si estamos unidos: con Dios, entre nosotros los católicos y con todos los cristianos.
--Cuando usted explica el ecumenismo y sus pasos desde el Concilio Vaticano II a sus estudiantes: ¿nota interés, recelo, sorpresa?
--Burggraf: En la Facultad de Teología, tengo alumnos de cuatro continentes, que se llevan muy bien entre sí. La pluralidad es riqueza.
En este clima, no es de sorprender que haya interés por el ecumenismo, mucho antes de empezar las clases. Los alumnos están abiertos para conocer la historia, los razonamientos, las costumbres y mentalidades de los otros cristianos, no sólo de modo teórico, sino también práctico: algunos acuden a los encuentros en Taizé, otros hacen --en las vacaciones-- una peregrinación a Santiago con algún amigo de otra confesión. Tienen muchas iniciativas personales.
Hay también alumnos que pertenecen a Iglesias orientales católicas y nos explican, en clases especialmente dedicadas a ello, el sentido profundo de su modo tan diferente de celebrar la liturgia.
También en las otras Facultades se ha despertado un cierto interés por el ecumenismo. Los estudiantes de hoy ya no tienen los recelos que, quizás, hayan sufrido otras generaciones. Sin embargo, no conocen muy bien la propia fe; muchos no tienen una clara identidad católica.
Por esto, antes de «dialogar»con otros cristianos, es preciso para ellos descubrir la belleza de su fe. Porque, en un auténtico diálogo, el otro quiere saber quién soy yo, y yo quiero saber quién es él.
Si hacemos amistad con una persona de otra confesión religiosa, nos interesa realmente lo que piensa y cree. Si ignoramos lo que nos separa, creamos un ambiente de confusión que no ayuda a nadie.
Cuando, en cambio, los miembros de las diversas comunidades cristianas siguen cada uno fielmente sus propias creencias, puede parecer, en ciertas circunstancias, que tienen poco en común, que están bastante alejados unos de otros.
Pero interiormente se parecen mucho más que cuando se juntan en acuerdos superficiales y dejan de lado la pregunta por la verdad.
Si cada uno sigue su propia fe, se encuentran unidos en lo más hondo de su ser. Tienen la misma actitud fundamental que es la fidelidad a sus propias convicciones. Existe entre ellos una unidad no plenamente visible, pero sumamente real. Es tan real como el Espíritu de Cristo que actúa en ellos.

 


¿Es posible que un cristiano crea en la Evolución?       
viernes, 12 enero 2007 
 EE.UU.- (ORBITA) Por Lic. Dawlin A. Ureña.- Es importante que aquí señalemos lo inconsistente que es aferrarse a la doctrina cristiana y no creer literalmente en el Génesis. El Apóstol Pablo cita el Génesis como una historia literal en Romanos y Corintios para establecer la doctrina del pecado, y porqué Jesús murió en la cruz. (Romanos 1:20, 8:19; 8:20; etc.)

De hecho, Jesucristo mismo, en Mateo, cita los capítulos uno y dos del Génesis al enseñar la doctrina del matrimonio, un hombre para una mujer. De hecho, NO existe una sola doctrina bíblica de teología que NO se fundamente directa o indirectamente en los eventos literales del Génesis.
Y Jesús respondió: --¿No habéis leído que el que los hizo al principio, "hombre y mujer los creó". La palabra quí para "principio" significa "Génesis". En otras palabras Jesús dijo: "¿No habéis leído que el que los hizo en Génesis, "hombre y mujer los hizo" Mateo 19:4
Jesús también cita a Noé como un personaje histórico y la ocurrencia del Diluvio fue un hecho que Él defiende: "Pero como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre, pues como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos…" Mateo 24:37
Si los primeros once capítulos del Génesis no son literalmente ciertos, entonces toda la doctrina cristiana estaría fundamentada sobre mitos o alegorías. Visto de esta forma, cualquiera podría determinar el significado que quisiera para cualquier doctrina; no habría valores absolutos y la verdad sería simplemente relativa.
¿Pueden los cristianos creer en la evolución? Aceptar la evolución es destruir los fundamentos de las doctrinas cristianas, que tienen sus orígenes en los sucesos literales del Génesis. ¡El que cree en la Evolución le llama mentiroso a Jesús!

 


El futuro de las religiones
CLEMENTE BARAHONA/
 
 
 
NARRATIVA
'De Dios a la nada', Javier Sádaba. Espasa Calpe. 224 páginas. 18,9 euros.

Javier Sábada nació en Portugalete. Cursó estudios de Teología en Roma y de Filosofía en las universidades de Tubinga (Alemania), Columbia (Nueva York) y Oxford (Reino Unido). Fue profesor catedrático de Filosofía de la Religión en la Universidad Autónoma de Madrid. Autor de numerosos ensayos, entre sus obras destacan 'Filosofía, lógica y religión' (1979) y 'Lecciones de filosofía de la religión' (1989).
Sábada quiere seducir con la filosofía, «hacerla accesible y ponerla en la calle, que es donde tiene su origen». Por eso, este filósofo además de su labor docente, no para de dar conferencias, seminarios, participa en tertulias, escribe artículos y tiene publicados más de treinta libros. 'De Dios a la nada' es un ensayo serio, riguroso y divulgativo, es decir, no es necesario saber de filosofía para comprender su contenido.
En esta obra se estudia la creencia religiosa como una dimensión totalmente humana que precisa un tratamiento independiente. La esencia espiritual del ser humano y el papel de las religiones son cuestiones que tienen su respuesta en este libro. Las necesidades psicológicas del hombre, y la respuesta de las distintas religiones a estas necesidades es otro de los apartados. Les aseguro que es de lo más sugerente y esclarecedor. La religión para este autor es una reacción del ser humano cuando se plantea una serie de preguntas esenciales y existenciales relacionadas con el sentido de la vida. Llega a afirmar que habrá un momento en el que las religiones desaparezcan como consecuencia de que la humanidad dé un paso hacia la madurez. El primer y gran mazazo que reciben estas tuvo lugar durante la Ilustración, siglo XVIIII, ahí la religión se convirtió en una especie de compromiso personal con Dios, fuera de la imposición de las instituciones que decían hablar en nombre de Dios. Después de este primer paso, la religión volvió a recuperar posiciones por un motivo fundamental: porque mientras el ser humano se pregunte por qué estamos aquí o qué sentido tiene la vida, aparecerá eso que llamamos religión. Sobre la Iglesia española nos dice que «Es una jerarquía cada vez más reaccionaria, es una estructura jerárquica que funciona movida por el miedo a la pérdida, a la huída de fieles». Este libro está escrito con amenidad a pesar de la cantidad de datos que nos transmite.

 

Predicador del Papa: ¿Por qué Dios se ha hecho hombre?
Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., a la liturgia del próximo domingo
ROMA, domingo, 24 diciembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. -predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia de la Misa de la Solemnidad de la Natividad del Señor, 25 de diciembre.

Natividad del Señor
Isaías 52, 7-10; Hebreos 1, 1-6; Juan 1, 1-18


¿Por qué Dios se ha hecho hombre?

Vayamos directos a la cumbre del prólogo de Juan, que constituye el Evangelio de la tercera Misa de Navidad, llamada «del día». En el Credo hay una frase que este día se recita de rodillas: «Por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo». Es la respuesta fundamental y perennemente válida a la pregunta: «¿Por qué el Verbo se hizo carne?», pero necesita ser comprendida e integrada. La cuestión de hecho reaparece bajo otra forma: ¿Y por qué se hizo hombre «por nuestra salvación»? ¿Sólo porque habíamos pecado y necesitábamos ser salvados? Un filón de la teología, inaugurado por el beato Duns Escoto, teólogo franciscano, desliga la encarnación de un vínculo demasiado exclusivo con el pecado del hombre y le asigna, como motivo primario, la gloria de Dios: «Dios decreta la encarnación del Hijo para tener a alguien, fuera de sí, que le ame de manera suma y digna de sí».
Esta respuesta, aún bellísima, no es todavía definitiva. Para la Biblia lo más importante no es, como para los filósofos griegos, que Dios sea amado, sino que Dios «ama» y ama el primero (1 Juan 4, 10.19). Dios quiso la encarnación del Hijo no tanto para tener a alguien fuera de la Trinidad que le amara de forma digna de sí, sino más bien para tener a alguien a quien amar de manera digna de sí, esto es, ¡sin medida!
En Navidad, cuando llega Jesús Niño, Dios Padre tiene a alguien a quien amar con medida infinita porque Jesús es hombre y Dios a la vez. Pero no sólo a Jesús, sino también a nosotros junto a Él. Nosotros estamos incluidos en este amor, habiéndonos convertido en miembros del cuerpo de Cristo, «hijos en el Hijo». Nos lo recuerda el mismo prólogo de Juan: «A cuantos le recibieron, les da poder para ser hijos de Dios».
Cristo, por lo tanto, bajó del cielo «por nuestra salvación», pero lo que le empujó a bajar del cielo por nuestra salvación fue el amor, nada más que el amor. Navidad es la prueba suprema de la «filantropía» de Dios como la llama la Escritura (Tito 3, 4), o sea, literalmente, de su amor por los hombres. Esta respuesta al por qué de la encarnación estaba escrita con claridad en la Escritura, por el mismo evangelista que hizo el prólogo: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Juan 3, 16).
¿Cuál debe ser entonces nuestra respuesta al mensaje de Navidad? El canto navideño Adeste fideles dice: «A quien así nos ama ¿quién no le amará?». Se pueden hacer muchas cosas para celebrar la Navidad, pero lo más verdadero y profundo se nos sugiere de estas palabras. Un pensamiento sincero de gratitud, de conmoción y de amor por quien vino a habitar entre nosotros, es el don más exquisito que podemos llevar al Niño Jesús, el adorno más bello en torno a su pesebre.
Para ser sincero, además, el amor necesita traducirse en gestos concretos. El más sencillo y universal –cuando es limpio e inocente- es el beso. Demos por lo tanto un beso a Jesús, como se desea hacer con todos los niños recién nacidos. Pero no nos contentemos con darlo sólo a la imagen de yeso o de porcelana; démoslo a un Jesús Niño de carne y hueso. Démoslo a un pobre, a alguien que sufre, ¡y se lo habremos dado a Él! Dar un beso, en este sentido, significa dar una ayuda concreta, pero también una buena palabra, aliento, una visita, una sonrisa, y a veces, ¿por qué no?, un beso de verdad. Son las luces más bellas que podemos encender en nuestro belén.
[Traducción del italiano realizada por Zenit]


Santo Tomás pone en marcha una Escuela de Teología para laicos  
 
La parroquia de Santo Tomás de Ávila ha puesto en marcha una Escuela de Teología para Laicos destinada a aquellas personas que deseen actualizar o conseguir una síntesis de la teología cristiana.


 
Creada por el centro de estudios de los frailes dominicos del convento de San Pedro Mártir, de Madrid, esta escuela está dirigida, asimismo, a profesores de religión, catequistas y animadores de grupos cristianos, de centros juveniles o parroquiales.
´El hombre, creado para la salvación´y ´La visión histórico-teológica del Antiguo Testamento´ serán los temas principales que se abordarán en las sesiones a través de las que se desarrollará este curso, durante dos días cada mes: el primero, del 14 de noviembre al 6 de febrero; el segundo, entre el 20 de febrero y el 22 de mayo.
Ávila Digital
redaccion@aviladigital.com

 

 

Un catedrático de Teología afirma que «la búsqueda de poder no favorece a la Iglesia»
 
Un simposio analiza lasdificultades actuales del Cristianismo

Un simposio de Teología Histórica aborda desde ayer en Valencia las dificultades en el mundo moderno para la transmisión de la fe. «Nuestra pregunta es cómo presentar el mensaje cristiano de forma que resulte atractivo, creíble, una opción sensata y humanamente digna. Que los no creyentes puedan ver en nosotros gente razonable, que no toma decisiones gratuitas», explicó el secretario de la jornadas, el catedrático de la Facultad de Teología de Valencia Martín Gelabert.

A preguntas de Levante-EMV, el religioso realizó un ejercicio de autocrítica. «No nos metemos en cuestiones de política eclesial ni gubernamental -dijo-, pero no cabe duda de que la Iglesia a veces no nos hemos preguntado qué imagen damos. No para justificarla, sino para saberlo, porque a veces el problema no es lo que queremos ofrecer, sino lo que los otros entienden. Creo que a veces la búsqueda de poder, de medios de presión, de dinero, de influencia, no favorece».
No obstante, Gelabert considera que el entorno ayuda poco en la actualidad a la opción católica. «Hoy hay que hacerse violencia para ser cristiano, hay que luchar contra el ambiente y la mentalidad que nos dice que cualquier cosa es buena, que es bueno lo que es rentable y procura placer», afirmó.

En opinión del teólogo dominico, ha llegado el momento de introducir modificaciones, con el objetivo de «encontrar el modo de que los demás vean en nosotros lo que tienen que ver«. «Ahí existe una necesidad de cambioeclesial -reflexiona-; hay que encontrar unas palabras que sean significativas para el mundo de hoy, unos nuevos modos de presentarse. Querer hacerlo como hace 500 años puede ser legítimo, pero no dice nada a la gente y no le va a interesar».
No se trata de reclamar cambios cosméticos, sino en profundidad, «de mentalidad, de estructuras y de modo de presentarse», opina.
Desde esta perspectiva, al idea de recuperar la misa en latín es vista con tono crítico. «Es una cosa minoritaria, que la quieren mantener una serie de nostálgicos y algunas veces esta nostalgia no les sitúa en comunión con la Iglesia», apunta el catedrático valenciano.
La iniciativa del Papa de sentarse con obispos para hablar del celibato sí que le agrada. Afirma: «Se puede hablar de todo y es necesario; no hay que tenerle miedo a la verdad. El celibato no es inherente al sacerdocio, aunque puede facilitar determinado tipo de apostolado». Pero para el simposio, explica, tiene más importancia el viaje de Benedicto XVI a Turquía por el diálogo interreligioso. Reivindica reciprocidad y cesión en la relación con el Islam. «No puede ser siempre uno el que ceda», manifestó a este diario. Y sentenció: «La parte católica no acaba de ver del todo esta reciprocidad con el Islam. Hace falta mucho diálogo».
Alfons Garcia, Valencia

 

 

Teólogos latinoamericanos discutirán propuestas de superación de la violencia
LIMA, Perú, Noviembre 2, 2006
La consulta se desarrollará en las instalaciones del Seminario Gamaliel de la Iglesia de Dios del Perú, en la capital limeña. Se ha invitado para acompañar el proceso de consulta, al destacado teólogo y filósofo español Antonio González, js., autor de Reinado de Dios e Imperio. Ensayo de teología social y de Teología de la praxis evangélica.Ensayo de una teología fundamental, además de otras numerosas publicaciones.
 
Los teólogos y teólogas que proceden de diversos países de la región andina (Ecuador, Bolivia, Chile, Perú) buscan oponerse a la creciente militarización del mundo, y en especial a la proliferación de armas pequeñas y ligeras; crear una nueva comprensión de la seguridad en función de la cooperación y la comunidad, y no desde la perspectiva de la dominación y la discriminación; así como aprender de la espiritualidad y los recursos para la construcción de la paz de otras religiones, colaborando con otras comunidades en la búsqueda de la paz y exhortar a las iglesias a que reflexionen sobre el mal uso de las identidades religiosas y étnicas en las sociedades pluralistas, explican los organizadores.
 
Como parte de la consulta, se desarrollará además tres paneles de discusión. El primero sobre los esfuerzos del CLAI y sus programas relacionados con la década de la superación de la violencia. El segundo sobre la experiencia de "santuarios de paz" promovido por la Red del camino y la FTL en el cono sur; y un tercero sobre el informe de la UNICEF que convoca a las religiones del mundo a ser más prácticos en la lucha contra el maltrato a niños y niñas.
 
El "Decenio para Superar la Violencia:las iglesias en busca de reconciliación y de paz 2001-2010" (DSV) es una iniciativa del Consejo Mundial de Iglesias que lucha por consolidar los esfuerzos y las redes existentes para superar la violencia, y por inspirar la creación otros nuevos. Se trata de un movimiento global que destaca y combina los esfuerzos de las iglesias, las organizaciones ecuménicas y los movimientos de la sociedad civil para superar los diversos tipos de violencia. En tal sentido, relaciona su labor con los objetivos, los programas y la estructura del Decenio de las Naciones Unidas para una Cultura de Paz y No violencia para los Niños del Mundo (2001-2010).

 

Fecha publicación: 2006-10-01
Videoconferencia mundial de teología: El embrión humano, uno de nosotros
Teólogos de todo el mundo analizan su misterio y sacan consecuencias prácticas
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 1 octubre 2006 (ZENIT.org).- Desde el primer momento de su existencia, Dios ama a todo embrión humano, hermano de todos los hombres y mujeres. Ésta fue la conclusión a la que llegó la última videoconferencia mundial de teología.
La iniciativa, organizada todos los meses por la Congregación vaticana para el Clero, se celebró el 27 de septiembre en torno al tema «Bioética: el genoma humano y las células estaminales».
Gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación, participaron teólogos desde Roma, Manila, Ratisbona, Taiwán, Johannesburgo, San Petersburgo, Sydney, Nueva York, Bogotá y Madrid.
Introdujo y clausuró el encuentro «on-line», desde el Vaticano, el cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la congregación para el Clero, quien presentó el misterio y la dignidad del embrión humano con palabras del profeta Jeremías, cuando éste dice a Dios: «Porque tú me has formado, me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente».
«Estas palabras sobre la naturaleza trascendente de la persona humana y de su altísima dignidad alcanzan una riqueza de significado particular cuando nos adentramos en los nuevos horizontes abiertos por la biología, la genética y la medicina molecular», afirmó el cardenal colombiano.
«Son horizontes científicos que abren sorprendentes conocimientos sobre la vida biológica del hombre y que abren a la libertad humana delicadas cuestiones éticas», añadió.
Tras la intervención de los teólogos, entre quienes se encontraba en esta ocasión el obispo Elio Sgreccia -presidente de la Academia Pontificia para la Vida-, el mismo cardenal sacó las conclusiones que se desprenden de las intervenciones de los diferentes teólogos.
Ante todo –dijo- «hemos escuchado la reafirmación del carácter inviolable de la naturaleza biológica de todo hombre, pues forma parte constitutiva de la identidad personal del individuo en el transcurso de toda su existencia».
En las diversas intervenciones -añadió- se argumentó teológicamente que «la manipulación genética, cuando no es terapéutica, es decir, cuando no tiende al tratamiento de una patología del patrimonio genético, debe ser radicalmente condenada».
En ese caso –aclaró- «persigue modificaciones de manera arbitraria, de manera que induce a la formación de sujetos humanos con patrimonios genéticos diferentes y establecidos según la propia discreción. La eugenesia, la creación de una raza humana superior, es una aplicación aberrante».
Basándose en las intervenciones de los teólogos que se acababan de escuchar, el cardenal subrayó que «el proyecto de clonación humana representa una terrible desviación a la que ha llegado una ciencia sin valores».
«Detener el proyecto de clonación humana es un imperativo moral que tiene que traducirse en términos culturales, sociales, y legislativos», afirmó.

 

 

Fecha publicación: 2006-09-01
«Creación y evolución se integran, no se excluyen»
Explica el decano de Filosofía del «Regina Apostolorum»
ROMA, viernes, 1 septiembre 2006 (ZENIT.org).- «Creación y evolución se integran, no se excluyen», asegura el padre Rafael Pascual, LC, decano de Filosofía y director del Master sobre Ciencia y Fe en el Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum» de Roma.
El argumento está siendo afrontado en un simposio a puertas cerradas en el que participan del 1 al 3 de septiembre antiguos alumnos de Joseph Ratzinger y Benedicto XVI, en la residencia pontificia de Castel Gandolfo.
En este contexto, el padre Pascual acaba de presentar en Italia el libro «La evolución encrucijada de ciencia, filosofía y teología» («L’evoluzione crocevia di scienza, filosofia e teologia», Editorial «Studium») en el que se recogen las actas de un congreso internacional sobre el tema celebrado en Roma en 2002.
El congreso fue el punto de partida de un nuevo proyecto: un Master en Ciencia y Fe, iniciado en el año académico 2002-2003, y se enmarca en el Proyecto STOQ («Science, Theology and the Ontological Quest») junto a las universidades pontificias: Gregoriana, Lateranense, Santa Cruz, Salesiana y Angelicum, bajo los auspicios de Consejo Pontificio para la Cultura, y con el apoyo de la Fundación John Templeton.
Entrevistado por Zenit, el padre Pascual explica que «el debate sobre la evolución está abierto. Hay que distinguir los diversos niveles: científico-filosófico-teológico, sin confundirlos ni separarlos del todo».
Respecto al debate sobre el carácter del «diseño inteligente», el padre Pascual afirma que «no se trata de una cuestión científica, sino más bien filosófica».
«Pero tampoco la negación del finalismo o el recurso a la pura casualidad y a la necesidad son científicos», por esto «parece equivocado presentar el diseño inteligente como una teoría científica alternativa a la teoría de la evolución».
A la pregunta de si hay que enseñar teoría de la evolución en las escuelas, el padre Pascual respondió que «sí, pero como teoría científica, con los argumentos a favor pero también reconociendo los límites y los problemas aún sin resolver y no como ideología, como una especie de dogma absoluto, definitivo e indiscutible».
Entonces, ¿creacionismo o evolucionismo? «Ni uno ni otro, sino creación y evolución --responde--. Mientras creacionismo y evolucionismo son en sí incompatibles, no lo son creación y evolución, que en cambio se encuentran en dos niveles distintos, y son compatibles».
El decano de Filosofía recuerda el libro «Creación y pecado», del entonces cardenal Joseph Ratzinger, donde se lee: «No podemos afirmar: creación o evolución. La fórmula exacta es creación y evolución, porque las dos cosas responden a dos preguntas diversas. El relato del polvo de la tierra y del aliento de Dios no nos narra cómo ha tenido origen el hombre. Nos dice lo que es. Nos habla de su origen más íntimo, ilustra el proyecto que está detrás de él. Viceversa, la teoría de la evolución trata de especificar y describir procesos biológicos. No logra en cambio explicar el origen del 'proyecto' hombre, explicar su derivación interior y su esencia. Nos encontramos por ello frente a dos cuestiones que se integran, no se excluyen».
En conclusión, el padre Pascual subraya que «hay que distinguir entre teoría (o teorías) de la evolución y darwinismo, y luego, dentro del mismo darwinismo, entre elementos de carácter científico y aquellos de tipo filosófico o ideológico. No hay que confundir la ciencia con el cientificismo».

 


( Félix Iguacen - CAMINAYVEN.COM - 28/8/2006) -  Hace ya algunos años aprendí en Teología que no es lo mismo “laicidad” que “laicismo”. Hoy parece ya definitivo que “laico” es el término exacto que define al cristiano que no ha recibido el Sacramento del Orden dentro de la Iglesia, sin más, pero con una presencia y responsabilidad que le son propias dentro de ella  Ello supone un largo y contrastado proceso histórico, que ha ido madurando positivamente dentro de la propia Iglesia a través de la evangelización y de su presencia operante en la historia humana, con aciertos  y equivocaciones.
 
    En el siglo III, los laicos bautizados pasan de categoría sociológica a una denominación religiosa (1). Se dice en la Leyenda de los Apóstoles (hacia el año 225): “Escuchad por tanto también vosotros, oh laicos, (que sois) la Iglesia elegida de Dios”…

Pero en la alta Edad Media, aparece asimismo en la Iglesia, una desvalorización de los laicos. La cultura teológica –y la cultura en general- se hace monopolio de los clérigos, pasándose a llamar idiotae e illiterati a los laicos (2).
 
    Sin embargo, poco a poco y con la ayuda del derecho romano nace el Estado moderno como poder público, soberano e independiente –sobre todo- del poder religioso, siendo a menudo el origen de intereses económicos contrapuestos. Este conflicto creció tanto que, como puede verse en la Bula de Bonifacio VIII, se dice: “es una antigua tradición que los laicos sean absolutamente contrarios a los clérigos… De este modo comenzó entre la Iglesia y los Estados modernos un conflicto que duraría muchos siglos, conduciendo a la separación entre la Iglesia y el Estado  y a la total laicización del poder civil” … ”A su vez, en 1324, Marsilio de Padua estableció las bases del Estado “laico” moderno, afirmando que a éste le corresponde enteramente la autoridad, no sólo en lo “temporal”, sino también en lo “espiritual”…

    De este modo, comienza entre la Iglesia y los Estados modernos un conflicto que había de durar muchos siglos, conduciendo a la separación de la Iglesia y del Estado, y a la total laicización del poder civil. En los siglos XIII y XIV comenzó este proceso de laicización (o de secularización, como se denomina en el mundo anglosajón). Se caracteriza por una separación progresiva del pensamiento, quehaceres y comportamientos humanos de la religión cristiana.
Se afirma y vive cada vez más la autonomía e independencia de las realidades humanas por una parte, y las de las realidades de la doctrina y leyes morales de la Iglesia por otra, en un proceso complejo y de larga duración.

    El Humanismo y el Renacimiento, asimismo, dan lugar a una decisiva laicización de la cultura, así como se afirma la autonomía de la ciencia con Nicolás de Cusa (1401-64), Copérnico (1473-1543) y Galileo (1564-1642). El derecho, por su parte, tiende a declararse autónomo no sólo de la religión sino también de la moral cristiana. Con Arcusio (1184-1260) se afirma que el derecho natural sería válido “aun cuando admitiésemos que Dios no existe”, ya que “todo está contenido en el derecho”. Finalmente, será con Maquiavelo con quien la política afirma con decisión su autonomía en relación con la ley moral, hasta el punto que Hobbes, Spinoza y Rousseau presentan al Estado como el “dios terrenal”, fuente y depositario de todos los derechos humanos.
  
     El proceso de laicización alcanza su vértice con el Iluminismo del siglo XVIII y la Revolución Francesa, y desemboca en inmanentismo total en el siglo XIX, es decir, la negación de Dios como Ser trascendente y de todo vínculo entre la realidad humana y la religión. Ésta última posibilidad se convierte en un “asunto privado”. La Revolución Francesa, en un primer momento, aprobó la Constitución civil o del clero, abolió el calendario cristiano, e instituyó los cultos de la diosa Razón y del Ser Supremo, iniciando una descristianización radical…
    Más adelante, en los años de la Tercera República (1879-1905) los “laicos” obtuvieron la mayoría, con el propósito de convertir a Francia en una “república laica”, es decir, irreligiosa y anticristiana. Para ello, se utilizaron dos medios: la laicización de la escuela y la separación de la Iglesia y del Estado (3).

    Actitud de la Iglesia ante la laicización.

    En 1864, Pío IX condena la separación del Estado y de la Iglesia, así como la proposición 76 en la que se afirma: “en nuestra época ya no es conveniente mantener la religión católica como única religión del Estado, excluyendo todos los otros cultos”. Luego, León XIII, en la Encíclica Inmortale Dei declara absurda la opinión de que las leyes divinas deben regir la vida y conducta de los individuos, pero no la de los Estados, por lo cual está permitido alejarse de los mandatos de Dios en las cosas públicas y legislar sin considerarlos, a raiz de lo cual “surge la perniciosa consecuencia de la separación de la Iglesia y el Estado”. También Pío X se enfrentará igualmente con la ley francesa de separación, en su Carta “Vehementer nos” (1906).
    Esta virulencia laicista francesa se atenúa en 1921, al restablecerse las relaciones diplomáticas entre Francia y la Santa Sede en 1924, en las que
Pío XI acepta un estatuto legal de la Iglesia en Francia. No es de extrañar, pues, que la fiesta de Cristo Rey –instituida por Pio XI- subraya que no sólo los individuos y las familias, sino también los Jefes de Estado –en nombre propio y con todo el pueblo- deben rendir homenaje público de respeto y sumisión a la soberanía de Cristo (Encíclica “Quas primas”, 1925), donde afirma: “la peste de nuestra época es el llamado laicismo, con sus errores criminales” …
    La Fiesta de Cristo Rey se celebrará “para acusar y reparar de alguna manera la apostasía pública, generada por el laicismo, tan desastrosa para la sociedad”.
   
    Aportación de Maritain.
   
    En este punto de la “refriega”,  J.Maritain inicia una reflexión más pausada sobre el tema de la laicidad, que dará lugar a una distinción entre “laicidad” y “laicismo”, es decir, entre el orden de la naturaleza y el de la gracia sobrenatural, entre el orden de la creación y el de la redención. En realidad, sólo existe
un orden –el sobrenatural- al cual se ha elevado la humanidad… mediante la obra redentora de Cristo y la gracia santificante del Espíritu Santo. Esto significa que el orden de la naturaleza culmina en el de la redención. Con todo, dentro del orden sobrenatural único, podemos distinguir un orden de la naturaleza, en cuanto realidad creada por Dios, dotado de consistencia y autonomía propias” …  Por ello, “de acuerdo con la Sagrada Escritura, Dios quiso que tanto el mundo por Él creado como el hombre, al cual confió el desarrollo de aquél, gocen de legítima autonomía, si bien con la necesaria dependencia criatural de Dios y del orden moral en cuanto expresión de la voluntad creadora de Dios”. (Cfr. VATICANO II: Constitución “GAUDIUM ET SPES”).

    Así pues, “con la afirmación de la autonomía del mundo y las realidades temporales, la fe cristiana afirma su “laicidad”, por lo cual rechaza todo integrismo religioso, es decir, toda pretensión de asumir el “mundo” en la fe, convirtiendo a ésta en el principio omnicomprensivo y omnisignificativo  de lo real…” (4) Las realidades mundanas mantienen siempre una relación con Dios Creador y la ley moral, pero son realidades “laicas”, “profanas”, autónomas en relación con la religión y la Iglesia.
    Así debe entenderse la “laicidad” en el sentido cristiano, que ya Pío XII, en su discurso del 23 de marzo de 1958, llamaba “la legítima y sana laicidad del Estado”, y el Concilio Vaticano II expresó con estas palabras: “La Iglesia, que en razón de su función y competencia no se confunde en modo alguno con la comunidad política y no está ligada con sistema político alguno, es a la vez señal y salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana. La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas entre sí dentro de su propio campo. Ambas están al servicio de la vocación personal y social de las mismas personas humanas, aun cuando a título diverso, y desplegarán ese servicio en beneficio de todos en forma tanto más eficaz cuanto mejor cultiven su sana colaboración mútua (…).
    Con todo, siempre tiene la Iglesia derecho a predicar la fe con verdadera libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión sin obstáculos y pronunciar su juicio moral, también en lo relativo al orden político, cuando así lo requieran los derechos fundamentales de la persona humana y la salvación de las almas” (5).

 

    Ésta es la laicidad de la Iglesia, que se diferencia del laicismo en el sentido explicado. Ahora bien, no es raro que a los partidarios del laicismo no les agrade este término, y tiendan a hablar de “moral laica”, de “laicidad del Estado”, de “laicidad de la escuela” … Básicamente, son tres los principios que constituyen su base ideológica, a saber: el racionalismo absoluto, su radical inmanentismo: nada hay que trascienda al hombre, a este mundo y esta historia … y su tercer principio es la libertad absoluta: la autonomía absoluta del hombre y de la sociedad humana en relación con Dios, la fe y la moral cristiana.

 

(1)  La palabra “laico” viene del griego laos (pueblo): el sufijo ikos (laicos) indica el hecho de pertenecer a un grupo, a una categoría. Así, en la Grecia antigua los laikoi eran la masa de población en cuanto se distinguía de sus gobernantes ( Cfr.:  http://www.humanitas.ch/ : “LAICOS, LAICIDAD Y LAICISMO”)

(1)    Id.id.id. (Cfr.: http://www.humanitas,ch/ ).

(2)    Id.id.id. (Cfr.: http://www.humanitas.ch/ ).

(3)    Id.id.id.  (Cfr.:http://www.humanitas.ch)

(4)    Id.id.id.  (Cfr.:http://www.humanitas.ch)  Si por autonomía de la realidad terrena se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, que el hombre ha de descubrir, emplear y ordenar paulatinamente, es absolutamente legítima esta exigencia de autonomía. No es que la reclamen imperiosamente los hombres de nuestro tiempo. Es que además responde a la voluntad del Creador… Pero si autonomía de lo temporal quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios, y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le escape la falsedad envuelta en tales palabras.

(5)  Cfr. CONCILIO VATICANO II, Capítulo IV: Los LAICOS, nn.30-38).

 

 

«EE UU, la 'mayor democracia', es la que más ha atacado la Teología de la Liberación»
Jon Sobrino reivindica en la UIMP la vigencia de una doctrina que costó la vida a Ignacio Ellacuría, al que se dedica el curso, y otros 16 sacerdotes en El Salvador
ASER FALAGÁN/SANTANDER
Los teólogos Juan José Tamayo y Jon Sobrino, ayer en el Palacio de la Magdalena. / CELEDONIO
 
El nuevo eje suramericano
«Que 25.000 personas mueran cada día de hambre es la realidad, pero no es noticia»
La Teología de la Liberación visita La Magdalena gracias a Jon Sobrino, director del curso 'La centralidad del pobre y el Ellacuría olvidado', profesor de la universidad salvadoreña José Simeón Cañas y compañero del sacerdote asesinado, un camino que hubiera seguido él mismo de no haber estado de viaje en aquella ocasión. Tan crítico como siempre, define el papado de Benedicto XVI como «una oportunidad de cambio», en especial si se produce la 'reubicación' de cardenales iberoamericanos «que han sido hostiles» a la Teología de la Liberación tras «la alianza entre Juan Pablo II y Ronald Reagan en la revolución conservadora de los 80».
De todos modos, y aunque «también El Vaticano y los obispos atacaron injustamente esta teología», éste «no es el origen del problema. El batallón que mató a seis de mis compañeros -entre ellos el padre Ellacuría- estaba entrenado y recibía armas de Estados Unidos», recordó Sobrino.
«Antes que el Papa, los presidentes de la 'mayor democracia del mundo' han atacado la Teología de la Liberación. La empezó persiguiendo en 1968 el vicepresidente Nelson Rockefeller, que consideraba que si se ponía en práctica lo que decían algunos obispos -luchar contra la miseria- los intereses de EE UU estaban en juego», sostuvo el teólogo. También denunció, en clara referencia al «imperio», que «se inventa la expresión democracia y parece que de ahí ya no puede salir nada turbio», de modo que invitó a «mirar a los alrededores de esas democracias para ver si sale o no algo turbio». Tanto, en palabras de Sobrino, como el envío de armas y el entrenamiento de batallones a Suramérica o el papel de «la CIA, que en las películas suele hacer el papel del bueno, en el diseño de planes para desacreditar a los obispos y sacerdotes, como colocarles pistolas en la maleta».
«Profunda conversión»
Igual de crítico con la política estadounidense y más aún con la Iglesia se mostró Juan José Tamayo, director de la cátedra Ignacio Ellacuría en la Universidad Carlos III: «La muerte de la Teología de la Liberación es más un deseo de muchos sectores que una realidad; se la ha puesto un velo porque no es cómoda en Occidente, pero goza de una excelente salud». Sin embargo, mejorar las relaciones con El Vaticano «requeriría un acto de profunda conversión en el cardenal Ratzinger, que ha sido el guionista del papado de Juan Pablo II y de una de sus escenas más tristes, el Documento de Instrucción de la Teología de la Liberación», en el que se acusaba a los sacerdotes de introducir la lucha de clases, aceptar sobornos y, en definitiva, se les «demonizaba en toda regla» La centralidad del pobre y el Ellacuría olvidado

 

 

El teólogo Hans Küng (Sursee, Suiza, 1928) es uno de los grandes pensadores contemporáneos y has sido la bestia negra de la disidencia eclesial durante todo
el pontificado del Papa polaco, Karol Wojtyla. Pero, ahora, en el solio pontificio está el Papa Ratzinger, que, además de ser alemán, fue su amigo. Y Küng, a sus 78 años, quiere volver al redil. Como las buenas ovejas. Y pide al amigo Papa la rehabilitación. No quiere el birrete cardenalicio, porque no está dispuesto a perder todos sus colmillos. Defiende al Islam y arremete contra Estados Unidos, por haber perdido “su autoridad moral”.
-Profesor, acaban de celebrarse los Mundiales, precisamente en Alemania. ¿Es el fútbol la nueva religión planetaria?
-Admiro el fútbol, pero el deporte no debe ser una religión. Cuando no hay más Dios que el fútbol, se producen desilusiones nacionales, como las de España o Brasil. Además, el fútbol tiene que recuperar sus reglas éticas. De lo contrario, se producen casos de corrupción y dopaje, como en Italia o en el ciclismo.
-Su último libro se titula El Islam, historia, presente y futuro. ¿Es ésta una religión de espada y fuego, como dicen algunos?
-En un primer momento, el Islam es una ocupación militar. Ocuparon los territorios y obligaron a los cristianos a pagar impuestos. La misma política que realizó España en América. Hay que ser modestos y humildes, porque en todas las religiones hay períodos de violencia y de guerra. El problema del Islam de hoy es convivir con las demás religiones y compatibilizar las distintas corrientes que viven en su seno.
-¿Le hace falta al Islam un Concilio Vaticano II?
-Sí. Sin el Concilio, el catolicismo no habría podido realizar el cambio de paradigma fundamental y rápido que hizo. Éste es el problema actual de los islámicos y de los propios protestantes: que no tienen una autoridad unificadora. El Islam la tuvo en el tiempo de los califas, pero después la perdió.
-¿Le vendría bien un Papa, entonces?
-Eso es ilusorio. El mundo árabe tiene demasiadas diferencias para alcanzar una política uniforme. No hay esperanza ni peligro de un califa universal.
-¿Cuál es la salida para el mundo islámico?
-Lo más interesante es lo que está haciendo Turquía. Este país pasó de un sistema tradicional a otro profundamente laicista. Peor el laicismo se está mostrando insuficiente para satisfacer los deseos de las jóvenes generaciones. Y lo mismo pasa en Francia. Los jóvenes quieren un sentido a sus vidas. Y no les basta con creer en la República francesa o turca. El laicismo ha perdido la batalla.
-¿Es el ocaso del laicismo?
-Ni un sistema clerical que imponga la misma religión para todos, ni un sistema laicista que no vea la importancia de la religión en la vida pública y en la escuela. Vamos hacia sistemas pluralistas que aglutinan a los ciudadanos religiosos o arreligiosos en torno a unos valores éticos fundamentales.
-Democracias con valores.
-Sin valores éticos, las democracias están perdidas. Es el caso de Estados Unidos, que perdió toda su autoridad moral. Era el país de los derechos humanos. Ahora, la guerra de Irak, los escándalos de Guantánamo y de Wall Street le han dejado reducido a líder de la guerra mundial.
-Se critica la situación de la mujer en el Islam, pero en la Iglesia católica está más o menos igual, ¿verdad?
-La mujer es un problema para las tres religiones, aunque en alguna, se está dando un cierto avance. El judaísmo reformista ya admite mujeres rabinos. En esta cuestión, la Iglesia católica se encuentra en la retaguardia. Y eso se nota, por ejemplo, en la descristinización. Si la madre no educa ni está comprometida en la fe, los hijos tampoco. Una situación alarmante, como muestra el último informe de la Fundación Santa María.
-Ese informe habla de la deserción juvenil de la Iglesia. Pero los jóvenes siguen asistiendo masivamente a los grandes eventos eclesiales.
-Juan Pablo II promovió una Iglesia de fachada y por detrás no hay nada. Esa Iglesia de fachada produce estos resultados.
-¿A qué se debe la falta de vocaciones sacerdotales?
-Fundamentalmente a la ley del celibato. La juventud actual no lo acepta y la Iglesia se empeña en mantenerlo obligatorio. Llegará un día en que se verán obligados a hacerlo opcional.
-Dicen algunos que se ha dejado usted domesticar por el nuevo Papa.
-Nadie me ha domesticado. Juzgo positivamente la política exterior y el diálogo entre las religiones que promueve el Papa Ratzinger. También alabo que no sea un Papa de los medios de comunicación ni un Papa del espectáculo. Pero también mantengo mis diferencias con él en temas como el celibato opcional, el papel de la mujer, las relaciones prematrimoniales, los anticonceptivos, etc. Todos esos problemas siguen existiendo y no se resuelven con manifestaciones de masas. Muestro una cierta simpatía con este Papa, porque habla conmigo, mientras su predecesor, durante 27 años, no respondió a mis cartas.
-¿Está buscando la rehabilitación?
-Claro que sí. Aunque mi rehabilitación personal no sea lo más importante. Lo decisivo son las reformas necesarias en la Iglesia.
-¿Se ve de cardenal?
-La púrpura nunca ha sido ni va a ser mi objetivo en la vida.
-Pero grandes teólogos, como Yves Congar o Urs von Baltasar, la consiguieron.
-Porque, al final de sus vidas, eran lo suficientemente conservadores para ser cardenales. Muchos clérigos creen que el cardenalato es la culminación de una vida. Para mí, sería el signo evidente de que el lobo habría perdido sus colmillos.
-¿Fracasaron los filósofos y teólogos de la “muerte de Dios” y vuelve con fuerza la religión?
-No es posible un mundo ateo. La religión puede crear enemistad, odio y guerra, pero también entendimiento, reconciliación y paz. En Sudáfrica y Polonia se hizo la revolución de las velas.
-¿Las religiones ayudan a la paz?
-No es posible la paz entre las naciones sin paz entre las religiones. La convivencia es imposible si las religiones no dialogan. Y no pueden dialogar si se basan en prejuicios. Y aunque los sentimientos religiosos han desatado guerras, sería estúpido criticar a la música porque algunos ejércitos llevan bandas de trompetas.
-¿Cuál es, a su juicio, la mayor virtud del Islam?
-Que no separan la fe y la vida. Además, profesan una fe muy sencilla, asequible y fácil de entender y explicar.
-¿Alguna vez se le pasó por la cabeza convertirse al Islam?
-No. Cuando se está seguro de sus convicciones, el diálogo con otra religión sólo las refuerza, nunca las debilita.
-¿Cómo ve, desde la distancia, a la jerarquía española?
-La política ofensiva de algunos obispos de querer convertir a España a la fe tradicional ha sido un fracaso. Porque esa ofensiva, basada en la rutina moral rigorista, no es aceptable para gran parte de la población, especialmente para los jóvenes.
Entrevista: José Manuel Vidal

 


INSTITUTO TEOLÓGICO OFRECE TRES IMPORTANTES DIPLOMADOS EN COMUNICACIÓN SOCIAL
BOGOTÁ, 26 Jul. 06 (ACI).- El Instituto Teológico de Pastoral para América Latina y el Caribe (ITEPAL), ofrece tres importantes Diplomados en Comunicación Social a desarrollarse entre los meses de septiembre y diciembre de este año.

A través de las diversas temáticas se busca que los agentes de Pastoral de la Comunicación colaboren eficazmente en la Nueva Evangelización desde los procesos, modalidades y medios de comunicación social.
Entre el 18 de septiembre y el 8 de diciembre se desarrollará el Diplomado "La Comunicación Social en la Pastoral Litúrgica" con la finalidad de lograr que los participantes descubran la estrecha relación y la mutua complementariedad entre la comunicación social y la pastoral litúrgica.
Por su parte el Diplomado "La Comunicación Social en la Pastoral Misionera" ha desarrollarse en la misma fecha tiene el objetivo de mostrar la estrecha relación y la mutua complementariedad entre la comunicación social y la pastoral y finalmente, el Diplomado "Comunicación Social para la Pastoral" programado del 7 de octubre al 8 de diciembre busca poner la comunicación social al servicio de la acción pastoral de la Iglesia e implementar una pastoral de la comunicación.
Los Diplomados cuentan con la colaboración de profesores expertos en comunicación social.


LA FUERZA DE DIOS CONTRARRESTA LA DEBILIDAD HUMANA
CIUDAD DEL VATICANO, 29 JUN 2006 (VIS).-Hoy, solemnidad de San Pedro y San Pablo, Apóstoles, el Papa presidió en la basílica vaticana la concelebración eucarística con 27 arzobispos metropolitanos de 17 países a los que impuso el palio. En este día, Benedicto XVI celebró el 55 aniversario de su ordenación sacerdotal.


A la misa, como es tradición, asistió una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, guiada este año por el metropolitano de Pérgamo, Ioannis (Zizioulas), presidente de la Comisión Mixta Internacional para el diálogo teológico entre católicos y ortodoxos y compuesta por S.E. Kallistos (Timothy Ware), obispo de Diokleia, asistente del arzobispo de Thyateira y Gran Bretaña y el archimandrita Dionysius Papavasileiou.


En la homilía, el Papa recordó que Pedro confiesa reconocer a Jesús como Mesías e Hijo de Dios y sobre esta base Cristo le confiere una especial tarea "mediante tres imágenes: la de la roca, que se convierte en piedra de fundamento o piedra angular; la de las llaves y de atar y desatar".


Benedicto XVI puso de relieve que en el momento de la promesa a Pedro, Jesús se encamina hacia Jerusalén, hacia la Cruz. En este contexto, afirmó que "la Iglesia también sufre hoy. Cristo es de nuevo escarnecido y golpeado; se sigue intentado


echarlo fuera del mundo. Siempre de nuevo la pequeña barca de la Iglesia es azotada por el viento de las ideologías, que con sus aguas penetran en ella y parecen condenarla al hundimiento. Sin embargo, en esa Iglesia que sufre, Cristo sale victorioso y a pesar de todo, la fe recobra siempre nuevas fuerzas".


"El Señor -continuó-, sigue en su barca, en la nave de la Iglesia. De este modo, en el ministerio de Pedro se revela, por una parte, la debilidad de lo que es propio del hombre, pero también la fuerza de Dios: precisamente en la debilidad de los hombres, el Señor manifiesta su fuerza".


El Papa señaló que la tarea de Pedro es también la de "no permitir nunca que la fe enmudezca, la de renovarla, precisamente frente a la cruz y a todas las contradicciones del mundo".


Tras recordar las tres negaciones de Pedro, Benedicto XVI afirmó que "a través de esta caída, el apóstol -y con él la Iglesia de todos los tiempos- debe aprender que la propia fuerza por sí sola no es suficiente para edificar y guiar a la Iglesia del Señor. Por muy capaz que pueda parecer Pedro, ya en el primer momento de la prueba falla".


"A todos los que, en la Iglesia, tienen una responsabilidad; a todos aquellos que sufren las confusiones de este tiempo; a los grandes y a los pequeños, decimos: Señor, míranos siempre de nuevo, levántanos de todas nuestras caídas y tómanos en tus manos buenas".


Benedicto XVI subrayó que el Señor también confía a Pedro la tarea de presidir "la comunión universal y de mantenerla presente en el mundo como unidad también visible".


Tras saludar a continuación a los arzobispos metropolitanos nombrados en este año, que iban a recibir el palio, el Papa se dirigió a la delegación del patriarcado ecuménico: "Agradezco al patriarca Bartolomé I y al Santo Sínodo este signo de fraternidad, que pone de manifiesto el deseo y el compromiso de progresar más expeditamente por el camino de la unidad plena que Cristo ha invocado para todos sus discípulos. Compartimos el ardiente deseo expresado un día por el patriarca Atenágoras y por el Papa Pablo VI de beber juntos en el mismo Cáliz y de comer juntos el Pan, que es el mismo Señor. Imploramos en esta ocasión que este don se nos conceda pronto".

 

 

LA FAMILIA ESTA VIVA

El próximo Encuentro Mundial de la Familia que se celebrará en Valencia 'será un testimonio claro de que la familia está viva', declaró el teólogo de la Universidad de Navarra Augusto Sarmiento.

El profesor Augusto Sarmiento piensa que la Iglesia no puede dejar de anunciar el Evangelio de la familia porque 'a través de ésta discurre la historia del hombre y de la sociedad'. 'Como repetía Juan Pablo II, entre los numerosos caminos que la Iglesia sigue para salvar al hombre, la familia es el primero y más importante', señaló.

Para el profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, la visita del Papa a Valencia 'es un momento más en ese anuncio del Evangelio, que servirá para mostrar el lugar que la familia ocupa en la misión de la Iglesia, subrayar su trascendencia social y eclesial y señalar los aspectos más significativos en la coyuntura actual y los peligros que la acechan'.

En este sentido, destacó que 'cuando se desvincula de su raíz al matrimonio y a la familia, pierden su significado específico y pasan a ser unos términos que se pueden emplear para referirse a cualquier tipo de unión o forma de convivir'.

'Pero en el corazón de cada hombre y de cada mujer -explica el teólogo Augusto Sarmiento- resuena siempre imborrable el eco del plan de Dios: la familia fundada en el matrimonio indisoluble, de un hombre y una mujer'.

 

 


EL SENTIDO DEL TRABAJO DEL HOMBRE, CRIATURA DE DIOS

1. La realidad “creatural” dignificante del hombre

 

Leyendo y reflexionando la Palabra de Dios encontramos el sentido pleno de nuestra vida humana.

 

Dentro de este sentido de nuestra vida hallamos las distintas características que nos identifica como seres humanos, criaturas racionales, que en el hecho de la creación libre que Dios hace de nosotros se vislumbra la dignidad con la que hemos sido revestidos.

 

El libro del Génesis nos presenta la voluntad de Dios que dice en el origen de lo creatural: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza” (Gn. 1,26).

 

De entrada se enseña que el hombre es el único que comparte desde su misterio, el Misterio de Dios.

 

Grandeza del hombre que hace exclamar al salmista: “Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano, para que lo cuides?” (Salmo 8, vv. 4 y 5). Es que el ser humano resplandece en su existencia como aquel que tiene sentido por sí, “vocado” a la comunión con Dios.

 

El ser “vocado”, esto es, llamado a la existencia plena, relaciona al hombre directamente con su Creador. Y para que cumpla con su peculiar llamado, Dios crea a las demás criaturas que pueblan la tierra.

 

Es el hombre “el grande” entre los pequeños. Tal grandeza hace que el hombre haya sido creado un “poco inferior a los ángeles”, que haya sido coronado de “gloria y esplendor”, que se le haya dado “dominio sobre la obra de tus manos (las de Dios)” y que todo haya sido puesto bajo sus pies. (cf. salmo 8, 6 y 7).

 

El Génesis respira entonces un clima de grandeza humana que nace de la Grandeza de su Creador.

 

De allí que el hombre pueda realizarse sólo en la comunión con Dios, reconociendo su dependencia creatural con El y manteniendo el señorío -servicio que Dios le ha otorgado.

 

De hecho el mundo actual que se ha olvidado de Dios, o por lo menos lo mira con indiferencia, presenta muchas veces una realidad humana insatisfecha, cerrada en sí misma, y por lo tanto dispersa en la desorientación.

 

Y esto porque al no reconocer a su Creador, se minimiza como criatura. No está la grandeza del hombre en querer “ser como Dios,”sino en asumirse plenamente como criatura, llamado a la comunión con el que le dio el ser y lo destinó a la perfección.

 

2. El señorío del hombre en dar la vida

 

Sigue diciendo el Génesis (1,28) acerca del varón y de la mujer que creó Dios: “sed fecundos, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla”.

 

Fecundidad no sólo en transmitir la vida, vocación humana a pro-crear con Dios nuevas e incontables imágenes y semejanzas suyas, sino fecundidad en hacer producir la tierra según el plan de Dios.

 

Se despliega así el señorío del hombre sobre todo lo creado, no para abusar de la naturaleza y esclavizarse a ella, sino para descubrir su insondable riqueza y capacidad para expresar la infinita bondad del Creador.

 

Ser Señor de lo creado es continuar la obra del Creador en el despliegue de su infinita riqueza.

 

Ser Señor de lo creado es descubrir que todos los bienes son del y para el hombre, y que el hombre no es más que administrador sabio que reparte a cada hermano lo que necesita para crecer como imagen de Dios.

 

En su señorío sobre lo creado, el hombre sirve a lo creatural permitiendo con su inteligencia y voluntad que aquello que no es él, aparezca claramente en su diferenciación como “vestigio” de Dios que sirve al que es “imagen de Dios”.

 

De esa manera, el hombre se dirige permanentemente a la verdad con su inteligencia, y al bien con su voluntad.

 

Y es esta apertura a la verdad y al bien lo que lo hace realmente libre de toda atadura de lo creatural.

 

Justamente esta carencia de orientación a la verdad y al bien, es lo que conduce en la actualidad, a que el hombre esté “alienado” en las cosas, subordinado a ellas, perdiendo así su señorío de imagen y semejanza.

 

Pero el hombre manifiesta también su Señorío cuando sirve a la vida.

 

Creado para “dar vida”, cooperando con el que es dador de vida, el hombre manifiesta su señorío cuando dominando la tentación de disponer a su arbitrio en este campo, sirve a la vida reconociendo que su capacidad para pro-crear es don y tarea a la vez.

 

Es señor en cuanto “don” cuando encauzando sus propios instintos y el espejismo de poderlo todo, sirve a la vida según el plan del Creador, entendiendo que es mejor cuando sirve y no cuando se sirve a su antojo de lo que Dios le ha dado.

 

Es señor en cuanto “tarea” porque al pro-crear permite que sean innúmeros los “imagen y semejanza” del Creador que se sientan en la mesa del pan material y aspiren desde aquí a participar del banquete eterno.

 

3. El señorío del hombre en el desarrollo de lo creado por el trabajo.

 

Es en el trabajo donde el hombre realiza también adecuadamente su señorío, porque allí pone su inteligencia y voluntad al servicio de la verdad y el bien.

 

De la verdad, porque “educa”, es decir saca a la luz la verdad del ser de las cosas, subordinado a todo lo humano.

 

Del bien, porque descubre que las obras de la creación divina, están para ayudar a la realización de las personas.

 

En el trabajo cotidiano, el hombre realiza el proyecto divino de mostrar la belleza de lo creado, quedando patente así la grandeza y perfección de quien hizo todo.

 

Por el trabajo cotidiano el hombre obtiene el pan para la mesa de los suyos y lo comparte con los otros, descubriendo su apertura a la alteridad.

 

Es por el trabajo que las cosas creadas cantan permanentemente un himno de alabanza al Creador al mostrar sus perfecciones, pero al señalar que su grandeza es insignificante al compararla con la de quien es “imagen y semejanza de Dios”, único constituido para dialogar con el Creador, abierto siempre a la trascendencia.

 

El trabajo con sudor expresa que el trabajador da lo mejor de sí en lo que hace, siempre en máxima tensión de sus potencialidades.

 

De allí que cuando el hombre carece de trabajo se sienta empequeñecido, no sólo porque no tiene el pan para llevar a su mesa, -signo de su fecundidad industriosa-, sino también porque deja de manifestar de qué es capaz en la tarea constructiva que el Creador le ha encomendado.

 

Es por eso que cuando los poderes de este mundo no facilitan o no crean fuentes de trabajo, no sólo empujan a sus hermanos a vivir en la pobreza, sino que quitan al hombre la posibilidad de ser personas co-creadoras con Dios.                          

 

Otorgar sólo “planes” paliativos, verdaderos remedos del trabajo, es querer alimentar con las migajas de la mesa del rico, la dignidad del hombre.

 

Al faltar trabajo aumenta la pobreza de muchos que carecen de la riqueza de dar a luz sus reales posibilidades.

 

En fin, cuando el hombre descubre y ejerce su señorío sobre lo creado, sirviendo a sus hermanos, se somete humildemente en todo lo que hace al único Señorío supremo, el de Dios.

 

4. El trabajo ordenable y ordenado a Dios.

 

Cuando falta el trabajo, se condena al hombre a no cantar las maravillas del Señor, a no poder ordenar lo mejor de sí a quien lo ha creado.                           

 

Esta es otra verdad inherente al trabajo dignificante: ordenar todo lo creado a Dios.

 

Así lo confirma san Pablo (Colosenses 3, 17 y 23): “Todo lo que podáis decir o realizar, hacedlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre…. Cualquiera que sea vuestro trabajo, hacedlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres”.

 

Esta afirmación del Apóstol nos sitúa en el centro de una verdad incontrastable: todo trabajo debe ser ordenado a Dios. Y sólo puede ser ordenado a Dios lo que es verdadero y bueno. Verdadero en cuanto respeta el ser creatural del hombre, bueno en cuanto ennoblece al que lo realiza.

 

Esto nos hace ver el delirio en el que caen los que defienden como trabajo aquello que degrada al hombre en su ser y en su obrar.

 

Y así, por poner un ejemplo, cuando en la provincia de Santa Fe se habló hace ya un tiempo de legislar dando un marco legal a las así llamadas “trabajadoras sexuales”, se afrentó al ser humano al querer condenarlo a vivir en la mentira de un “ilusorio” trabajo y en el mal de un actuar degradante. En rigor se pensaba legislar afianzando la esclavitud de la mujer.

 

Tal “trabajo”, al igual que otros que comercian con las debilidades humanas, o con el fomento del juego desenfrenado, o la drogadicción, y la pornografía, o la existencia de zonas liberadas para el delito, o la usura institucionalizada, son obras propias de las tinieblas que jamás pueden conciliarse con el sentido verdadero del trabajo ya que no pueden ser ordenadas al Creador.

 

No es excusa el decir que permitir estas cosas satisface necesidades reales de la población ya que “vuestro trabajo…..es para el Señor y no para los hombres”.

 

Un verdadero y buen marco legal, en cambio, es el de respetar el señorío del ser humano creando ámbitos para sacarlo de lo denigrante, de una esclavitud cada vez más despiadada , ofreciéndole posibilidades de un trabajo que enaltezca el quehacer humano permitiendo potenciar las cualidades personales.

 

5. San José modelo de trabajador

 

Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Redemtoris Custos (Custodio del redentor) dedicada a San José, esposo de la bienaventurada Virgen María se refiere en los números 22 a 24 al trabajo como expresión del amor.

 

Dice Juan Pablo II: “expresión de este amor en la vida de la familia de Nazaret es el trabajo” (nº 22). José como carpintero “trataba de asegurar el mantenimiento de la familia”.

 

La Sagrada Familia es ejemplo y modelo no sólo en orden de la salvación y de la santidad, sino también en “el trabajo de Jesús al lado de José, el carpintero”.

 

Sigue reflexionando el Pontífice en el nº 23: “En el crecimiento humano de Jesús ‘en sabiduría, edad y gracia’ representó una parte notable la virtud de la laboriosidad, al ser ‘el trabajo un bien del hombre’ que ‘transforma la naturaleza’ y que hace al hombre ‘en cierto sentido más hombre’”.

 

¡Qué necesidad tiene nuestra Patria de una cultura del trabajo que permita al hombre dar lo mejor de sí y sacar a la luz las potencialidades que la creación toda ofrece!

 

¡Qué necesidad tenemos que el trabajo no se vea como medio para saciar el deseo insatisfecho del lucro desmedido, a expensas de la búsqueda de una vida austera que aspire a la sencillez y a saber comer el pan con alegría y con los demás!

 

¡Qué necesidad tenemos de vencer la holgazanería, el deseo irrefrenable de obtener rápidas ganancias sin esfuerzo y sin virtud!

 

¡Qué falta nos hace aprender aquello de dedicarnos según los dones que del Señor hemos recibido y no creernos, por afán de poder o de lucro, que es lícito embarcarnos en aquello para lo cual no somos idóneos!

 

¡Qué falta hace ganar el pan con el esfuerzo personal y no con la facilidad que la coima otorga!

 

Se hace cada vez más actual lo que decía Juan Pablo II (nº 24) en el sentido de que “se trata, en definitiva, de la santificación de la vida cotidiana, que cada uno debe alcanzar según el propio estado y que puede ser fomentada según un modelo accesible a todos: “San José es el modelo de los humildes, que el cristianismo eleva a grandes destinos, San José es la prueba de que para ser buenos y auténticos seguidores de Cristo no se necesitan “grandes cosas”, sino que se requieren solamente las virtudes comunes, humanas, sencillas, pero verdaderas y auténticas”.

 

6. El trabajo y la solidaridad 

 

Decía bellamente Pablo VI al pueblo mexicano con motivo de la fiesta de Ntra Señora de Guadalupe (L´Osservatore romano,18 de octubre de 1970): “Un cristiano no puede menos que demostrar su solidaridad para solucionar la situación de aquellos a quienes aún no ha llegado el pan de la cultura o la oportunidad de un trabajo honorable y justamente remunerado, no puede quedar insensible mientas las nuevas generaciones no encuentren el cauce para hacer realidad sus legítimas aspiraciones, y mientras una parte de la humanidad siga estando marginada a las ventajas de la civilización y del progreso… Os exhortamos de corazón a dar a vuestra vida cristiana un marcado sentido social –como pide el Concilio-, que os haga estar siempre en primera línea en todos los esfuerzos para el progreso y en todas las iniciativas para mejorar la situación de los que sufren necesidad. Ved en cada hombre un hermano, y cada hermano a Cristo, de manera que el amor a Dios y el amor al prójimo se unan en un mismo amor, vivo y operante, que es lo único que puede redimir las miserias del mundo, renovándolo en su raíz más honda, el corazón del hombre”.

 

Y continúa el papa: “El que tiene mucho que sea consciente de su obligación de servir y de contribuir con generosidad para el bien de todos. El que tiene poco o no tiene nada que, mediante la ayuda de una sociedad justa, se esfuerce en superarse y en elevarse a sí mismo y aun a cooperar al progreso de los que sufren su misma situación. Y, todos, sentid el deber de uniros fraternalmente para ayudar a forjar ese mundo nuevo que anhela la humanidad”.

 

(*) Cura Párroco de “Ntra. Señora de Lourdes”, Santa Fe.

Profesor Titular de Teología Moral y Doctrina Social de la Iglesia en la Universidad Católica de Santa Fe.

ribamazza@gmail.com

 

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22/05/2006

 

 

 


Permanecer y dar fruto
Domingo V de Pascua
Guillermo Juan Morado
Doctor en Teología 

“Permaneced en mí y yo en vosotros” (Juan 15, 4) nos dice Jesús. La relación entre el Señor y cada uno de nosotros viene caracterizada en este pasaje del Evangelio por la “permanencia”, por el “estar”, por el “mantenerse”. A nosotros, que vivimos en la cultura de la liviandad, de los compromisos pasajeros, de la continua movilidad, nos resulta difícil comprender el significado de la permanencia. Apenas permanecemos en ningún sitio. En otras épocas, el hombre prácticamente moría donde nacía y asumía compromisos definitivos, inalterables: con su tierra, con su casa, con su familia, con su trabajo.

Hoy se nos empuja, de algún modo, a lo contrario: al cambio, a la variación. Casi todo lo que conforma nuestra existencia está amenazado por la inestabilidad: el trabajo, que puede perderse; los amigos, que van y vienen; el matrimonio, que no siempre es para toda la vida; el hogar, que puede quebrarse y deshacerse. En la cultura de la liviandad, el terreno firme se escapa debajo de nuestros pies y nos quedamos sin fundamento, sin asidero, sin valores que valgan siempre, sin normas que orienten, sin palabras que mantengan su significado.

La vida religiosa no está exenta de este riesgo; se ve también amenazada por el capricho y por la inconstancia; asediada por la tentación de elegir una “religión a la carta”, donde se escogen, según en propio gusto, las creencias, las formas de culto, los mandamientos que se van a cumplir, sin importar lo que Jesús ha enseñado y lo que la Iglesia, intérprete de la revelación, nos propone con la autoridad recibida de Cristo.

Sin embargo, el plano de la fe es el plano de la permanencia, de la estabilidad. El profeta Isaías recoge unas palabras