Home Quienes Somos Internacional Voluntariado Buscador 20/11/2008
 

JUAN PABLO II
 
 
 



 

"Cuando murió Juan Pablo II concluyó un ciclo de una enorme belleza en términos de actuación, con un carisma, una santidad y una espiritualidad convincentes ", señala.
Walmor Oliveira de Azevedo, arzobispo de Belo Horizonte

 

 

Científico y santo 
Sr. Director:

El arzobispado de París lo ha confirmado. Jérôme Lejeune, descubridor del síndrome de Down y ardiente defensor del derecho a la vida frente al aborto, inicia su camino a los altares. Profesor de genética en la Facultad de Medicina en París y en el Hospital Necker para niños enfermos, falleció en 1994 a los 67 años.

En 1959, descubrió que el origen del mongolismo era la presencia de un cromosoma suplementario. Desde ese momento se dedicó a estudiar la enfermedad, acoger a los niños que sufren este síndrome y ayudar a las mujeres que atraviesan dificultades en su embarazo.

Ferviente católico y padre de cinco hijos, ha sido la figura emblemática de la lucha por la defensa de la vida. Su canto a la vida le convirtió en la víctima de los partidarios del aborto. Su hija Clara cuenta las dificultades que atravesaron cuando su padre pasó de ser un científico reconocido y prestigioso a ser un genetista al que había que hundir, sepultar en vida, por su oposición al aborto.

Por sugerencia de Lejeune, Juan Pablo II crea en 1994 la Academia Pontificia para la Vida y le nombra su primer presidente, en un gesto de afecto aunque sabía que tenía los días contados. Durante su viaje a Francia (1998), el Papa rezó ante tumba de Lejeune, lo que irritó a los abortistas que querían suprimir su figura.

Clemente Ferrer Roselló

clementeferrer@yahoo
 

 

 

 

Homilía de monseñor Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero
en la Misa Crismal (3 de abril de 2007)

 

Estimados hermanas y hermanos,
queridos hermanos en el sacerdocio,
apreciados diáconos

Nos reunimos un año más, como Iglesia que peregrina en Santiago del Estero, para bendecir los Óleos y consagrar el santo Crisma. Esta celebración, nos recuerda el Pontifical Romano, “ha de ser considerada como una de las principales expresiones en las que se pone de manifiesto la plenitud del sacerdocio del obispo y la estrecha unidad de todos los presbíteros con él”.

El óleo de los enfermos aliviará a éstos de sus enfermedades tanto del cuerpo como del alma, y les ayudará a soportarlas con entereza y fortaleza. Por su parte el óleo de los catecúmenos prepara y dispone a recibir la gracia del bautismo. Con el santo crisma son ungidos los bautizados y signados los que son confirmados quienes recibirán la fuerza del Espíritu Santo.

 

Sacerdocio, regalo de Dios para su Iglesia

En este día en que la Iglesia también nos invita a dar gracias al Padre, a través del Hijo, Sumo y Eterno Sacerdote, en el Espíritu Santo, por el regalo del sacerdocio ministerial para la Iglesia y para cada uno de nosotros personalmente, que fuimos llamados a identificarnos con Cristo sacerdote.

Al renovar nuestras promesas sacerdotales, pidamos al Buen Pastor, que nos dé la fuerza de ser cada día más fieles a la vocación tan grande que hemos recibido. Que nos sostenga en nuestras debilidades y flaquezas, nos impulse a identificarnos cada día con El, y engrandezca nuestros corazones, para que tengamos los mismos sentimientos del corazón de Cristo.

Contamos siempre con la asistencia del Espíritu Santo. Hoy, podemos hacer nuestras las palabras de Jesús: “el espíritu del Señor está sobre mí”. Sí, el Espíritu del Señor está sobre cada uno de nosotros y nos impulsa en nuestro accionar misionero. Nos da la fuerza de proclamar la Buena Nueva a todos, especialmente a los más necesitados y de “sanar los corazones heridos”.

Agradezco a cada uno de ustedes, mis queridos hermanos en el sacerdocio, toda la tarea que realizan en las diversas comunidades; el esfuerzo en llevar la Palabra de Dios y la celebración de los Sacramentos, la atención a los enfermos, el servicio a los más necesitados, y tantos otras actividades a favor de nuestra iglesia local y de la construcción del Reino de Dios.

 

Las vocaciones

En la Misa de apertura del Jubileo diocesano recordaba a todos los fieles la importancia de pedir al dueño de la mies que envíe operarios para la cosecha; pero somos nosotros los que tenemos un papel importantísimo y un deber primordial con respecto a las vocaciones. Especialmente en este tiempo jubilar los invito a trabajar más incansablemente para hacer comprender la importancia de las vocaciones para que nuestro Pueblo siga teniendo vida en Cristo.

El Papa Juan Pablo II en un discurso a sacerdotes les daba unas sugerencias pastorales para favorecer la llamada que Dios hace a algunos a seguirlo más de cerca: “rueguen, y hagan rogar por ello, cuiden de que la llamada de Cristo sea bien presentada a los jóvenes, ayuden a aquellos a quienes el Señor llama al sacerdocio o a la vida religiosa a discernir los signos de la vocación, sosténganlos a lo largo de toda su formación”. Y finalizaba el Papa con esta pregunta: “¿no creen que el Señor se servirá en primer lugar del ejemplo de nuestra propia vida, generosa y esplendente, para suscitar otras vocaciones?” (1).

Acudimos una vez más a ti, Santa María, Madre de los Sacerdotes, dejando a tus pies nuestra vocación y nuestro ministerio sacerdotal. Te pedimos -como lo hacemos en nuestra oración jubilar- que nos consigas del Padre, “muchas, buenas y santas vocaciones” para que nuestra Iglesia que peregrina en Santiago siga teniendo vida en tu Hijo Jesucristo, Buen Pastor. Así sea.

 

Nota:

(1) JUAN PABLO II, Discurso a los sacerdotes en Kinshasa, Zaire, 4-V-1980.


Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero
 
 
 
 

 

 

 

PAPA / Cuatro reputados teólogos españoles hacen balance, a un año de distancia, del Pontificado de Karol Wojtyla

El Papa y los teólogos

RD

Domingo, 2 de abril 2006

Cuenta Jesús Bastante en Abc que el Pontificado de Juan Pablo II «El Grande» pasará a la historia por muchos aspectos. El primer Papa «planetario» falleció en loor de santidad. Prueba de ello son las inmediatas peticiones de canonización, y un proceso que fue cerrado ayer en su fase diocesana y que seguramente culmine, en breve, con su ascenso a los altares.

Un año después, cuatro reputados teólogos contestan al cuestionario de ABC sobre el legado de Juan Pablo II a la Iglesia y al mundo. Se trata de opiniones diversas y plurales, aunque todas mantienen un profundo respeto a la obra del Pontífice polaco y resaltan la importancia histórica de su Pontificado. Ninguno de ellos duda de su pronta canonización.

Los aspectos más positivos que se han recalcado hacen referencia a su carácter de adelantado en lo referente a la justicia social, así como en su espíritu conciliar. Entre los «debe» de su Pontificado, los teólogos consultados destacan la cuestiones relativas al papel de la mujer en la Iglesia, los retos planteados por la moral sexual y reproductiva, la cuestión de las vocaciones y la tan ansiada unidad entre los cristianos, amén de sueños no realizados, como los viajes a China o a Rusia.

Enrique Miret Magdalena

Teólogo. Autor de «¿Dónde está Dios?»

«Reivindicó el ejercicio de la razón y del diálogo»

1. Las primeras encíclicas sociales que publicó criticando las injusticias del capitalismo que había sufrido Polonia hace años y la apertura a una mayor justicia social que papas anteriores. También su encíclica «Ante el Tercer Milenio», pidiendo a los católicos que critiquen «las formas de antitestimonio y de escándalo» que ha dado la iglesia en su historia, y algunas también hoy.

2. Destacaría su encíclica «Fe y Razón», donde reivindica el ejercicio de la razón y del diálogo, y alaba a filósofos que fueron condenados en el siglo XIX, como Antonio Rosmini, y los teólogos ortodoxos fuera de la Iglesia, como los «skij». Esta encíclica fue alabada por un filósofo tan crítico con la religión como Fernando Savater.

3. Quedó sin resolver la reforma de la Curia romana y de ciertas leyes que el Papa Pablo VI estaba dispuesto a modificar para abrir la Iglesia hasta algunas peticiones de modernización y ecumenismo, en su encíclica «Ecclesiam suam».

4. Yo creo que es muy posible, dado que fue un Papa muy popular en sus numerosos viajes y manifestaciones a millares de personas.

Augusto Hortal, jesuita

Profesor de Ética en la Universidad Pontificia de Comillas

«Invitó a los hermanos a abrir las puertas a Cristo»

1. Ante todo destacaría de su persona su condición de creyente completamente fiel a la Iglesia, así como su capacidad de comunicar y comunicarse a los hermanos invitando con gran vigor y valentía a abrir las puertas a Cristo sin miedo, como dijera nada más salir al balcón de San Pedro, una vez elegido Papa. También destacaría su capacidad viajera para entroncar con los jóvenes, pero también con los mayores.

2. En su primera encíclica («Redemptor Hominis») proclamó que el hombre es el camino que la Iglesia ha de recorrer para anunciar a Cristo. Son también muy importantes las encíclicas sociales con la denuncia simultánea y creíble tanto del comunismo como del capitalismo y también las referentes al Milenio, así como la «Fides et Ratio» en tiempos en los que hay quienes pretenden hacer de la religión un cierto sentimentalismo subjetivo.

3. Restablecer una profunda comunicación y comunión eclesial en las cuestiones de moral de la persona, de la acogida eclesial de los divorciados y vueltos a casar, del papel de la mujer en la Iglesia, de la relación entre Teología y Magisterio.

4. Creo que sí, habida cuenta de la profunda huella que dejó su persona, su testimonio y su capacidad de sintonizar con la juventud.

Josep-Ignasi Saranyana Closa

Miembro del Pontificio Comité de Ciencias Históricas

«Ha sido el Papa de la esperanza»

1. Ha sido el Papa de la esperanza. Esperanza en el futuro de la Iglesia, porque es de Cristo y, por eso, indefectible; y esperanza en el futuro de la humanidad, porque el hombre, también el del siglo XXI, ha sido salvado y puede aspirar a la felicidad eterna. He aquí la razón de tantas canonizaciones.

2. Hay muchas cosas notables en un pontificado tan largo y rico. Destacaría la solemne ceremonia de marzo de 2000, en la que Juan Pablo II pidió perdón a Dios y a los hombres, por los pecados que los cristianos hemos cometido en nombre de la fe. Ha sido un gesto profético liberar a la Iglesia de su pasado menos luminoso. Aligerada de esa ganga, puede mirar adelante sin ansiedades.

3. El Papa alentó, con poco fruto, las vocaciones sacerdotales y las vocaciones a los institutos religiosos. Esta cuestión es vital para la Iglesia. Otro tema que aguarda es la solución de algunas propuestas del feminismo radical, que debe ser encaminado. Se empeñó también en recuperar la práctica del precepto dominical y del cumplimiento pascual, y aquí hay aún mucha tela que cortar. China es otra asignatura pendiente.

4. Pienso que será beatificado pronto. Se necesita un milagro tangible, físico, como señal de Dios, además de ese otro milagro diario: las colas interminables de gentes diversísimas que van a rezar ante su tumba.

Augusto Sarmiento

Vicedecano de la Facultad de Teología. Universidad de Navarra

«Se entregó sin reservas a los demás»

1. Me resulta difícil contestar a esta pregunta en pocas palabras, dada la relevancia del Pontificado de Juan Pablo II en la historia de la Iglesia. Una tarea que Benedicto XVI, con su propio estilo, continúa y desarrolla con eficacia. Aún así, yo destacaría sobre todo el espíritu de renovación y fidelidad del Concilio Vaticano II en los diversos ámbitos de la vida de la Iglesia. Lo que Benedicto XVI, con su propio estilo, continúa y desarrolla.

2. En primer lugar, el profundo amor al hombre de nuestro tiempo, con sus problemas, alegrías y dificultades. Una consecuencia necesaria del amor de Cristo. Lo dejó claro en su primera encíclica, «Redemptor Hominis». Y esa es, en mi opinión, la clave de relectura de todo su magisterio, no sólo de las encíclicas. Una muestra clara es la doctrina que nos dejó sobre la familia. El hombre será lo que sea la familia. Proteger la familia es proteger y defender al hombre.

3. Si la misión de la Iglesia consiste en continuar la obra salvadora de Cristo en la Tierra, resulta evidente que únicamente al final de los tiempos tendrá lugar su plena realización. Mientras tanto siempre se podrá impregnar de una mayor fe y caridad la vida de los cristianos y de la entera sociedad. Uno de los afanes de Juan Pablo II era que los laicos católicos estuvieran cada vez más presentes, con una actividad viva, en los diversos ámbitos (la política, el mundo intelectual, de los medios de comunicación, etcétera) de la sociedad.

4. Sin duda que sí. El juicio sobre la heroicidad de su santidad pertenece a la Iglesia. Pero, como se sabe, la santidad se mide por la caridad y entrega a los demás, y Juan Pablo II se entregó del todo, sin reservarse nada, con tal de servir a los demás.

 

 

LOS PROGRES Y EL ESPIRITU DE CONTRADICCIÓN.

 

Estamos en vísperas de la Cumbre de Qatar, donde se reunirá el Grupo de Alto Nivel de la Alianza de civilizaciones, para hermanar Cristianismo e Islam. Alianza de civilizaciones, clama nuestro líder, el gran Zapatero. Considerando que al otro lado de la mesa de negociación estará el turco fundamentalista Recep Tayip Erdogan. Mucho me temo quién se llevará el gato al agua, y mucho me temo, también, que se va a repetir el viejo chiste de los polacos en el periodo soviético :

-¿Los rusos son amigos o hermanos?

La respuesta era:

-Hermanos, por supuesto, porque a los amigos los escoge uno.

Sencillamente, el fundamentalista turco cree en el Islam y defiende el Islam. Zapatero no cree en Cristo y no está dispuesto a defender el cristianismo.

Y conste que no me parece mal la idea de Mr. Bean: mejor evitar la guerra, que es cosa fea y cruel. Ahora bien, alianza de civilizaciones no puede significar igualar a los desiguales, o peor, cantar las excelencias del Islam y las miserias el Cristianismo. Eso sólo es alabar al Islam por miedo a los islámicos.

Por ejemplo, el diario El País publicaba en su edición del martes 14, una majadería profunda de nuestro insigne embajador, alto cargo con el felipismo, Máximo Cajal, en defensa de la famosa alianza de civilizaciones, donde asoma, una vez más, el SDE (es que me he aburrido de repetir lo de Síndrome de Estocolmo, que vivan las siglas). De entrada, nuestro muy progresista diplomático se refiere al “mundo islámico y el mundo cristiano laicizado”. Según él, son los dos agentes que deben ponerse de acuerdo en este embrollo. Porque claro, con los cristianos dogmáticos no se puede contar. Con los musulmanes, por contra, con todos, oiga, con todos.

Sigamos con Cajal: “la Alianza de Civilizaciones es en efecto, una alianza de valores”. ¿De qué valores? El problema de nuestros progresistas es que se empeñan en ignorar una y otra vez el principio de contradicción. Porque claro, si algo es verdad su opuesto debe ser mentira, y si algo es bueno su antítesis es seguramente malo. Y si nada es ni bueno ni malo, ni cierto ni falso, ¿de qué valores hablamos?. Entonces rige la ley del deseo y de la competencia, es decir la ley de la confrontación.

Por si no había quedado claro, nuestro librepensador vuelve a desbarrar con ganas: “se trata de remover barreras mentales, percepciones indeseables que nos han sido implantadas por prédicas de todo tipo, seguras de sí mismas, en posesión de verdades incontrovertibles y, por ello, casi siempre excluyentes”. Pues mire usted, las verdades son incontrovertibles o no son verdades. Es más, son los puntos objetivos de controversia. Y sí son excluyentes: sólo que no excluyen a las personas, sino a las mentiras.

Y ya puestos, nuestro Máximo, el mismo que solicita la hermandad entre cristianos e islámicos acaba por concluir que “no es por la vía de las religiones, sean o no las del Libro, por donde hay que acometer la tarea que nos incumbe. Tan sólo cabe hacerlo por el camino de la razón y el entendimiento”. ¿Comprenden? el racionalistas que pretende arbitrar entre credos considera que todos los creyentes somos unos perfectos imbéciles irracionales. Uno siempre se pregunta cómo es posible que los progres de cabeza hueca –sin duda otra reiteración- consideren que los millones de personas, de todos los tiempos, culturas y condiciones, con unas convicciones religiosas –es decir, la inmensísima mayoría de la raza humana- pueden ser un rebaño de imbéciles irracionales incapaces de pensar. Pero, miren por donde, don Máximo, precisamente él, que clama por el entendimiento entre el Occidente cristiano y el Oriente musulmán, considera que así es. Los únicos cuerdos son D. Máximo y Zapatero, según parece. Por cierto, no le ha dado tiempo a saber que los cristianos consideramos el entendimiento como el segundo de los dones del Espíritu santo. La vida diplomática no le permite leer el catecismo a D. Máximo.

Y, naturalmente, la colección de tontunas expuestas sólo podía acabar en el solipsismo, es decir, el circulo cerrado en el que viven presos todos relativistas: “¿Cómo es posible que se pretenda que mi dios es el único verdadero en un mundo donde se dan casi tantas religiones como culturas o civilizaciones?”, algo parecido a decir: ¿cómo es posible que el otro se valore más que cualquier otra sustancia, con la cantidad de metales que existen en el mundo? ¿Cómo es posible que alguien pretenda que la capital de Francia sea Paris, sólo París, con la cantidad de ciudades que existen en el mundo? ¿Cómo es posible que alguien pretenda que dos más dos son cuatro con la cantidad de números y resultados que se le puede ofrecer a la operación?

La tontuna que revela la frasecita del amigo Cajal se las trae, pero la verdad es que la conclusión no podía ser otra, siguiendo el viejo principio forgiano : van como van y pasa lo que pasa. Porque, claro, si resulta que Cristo es Dios, es evidente que Alá no puede serlo. Sin alejarnos del racionalismo más pedestre, que no es otro que la tautología, debemos recodar que Dios existe o no existe independientemente de que D. Máximo Cajal crea o no crea en él. D. Máximo sólo quiere la Alianza de Civilizaciones para que un musulmán no le pegue un tiro en nombre de Alá. De hecho, ni respeta al cristiano ni respeta al judío o al musulmán: todos son mentes débiles, absolutamente irracionales, que tienen la petulancia de pregonar que su Dios es el único verdadero. La verdad es que si no lo creyeran, no sé que hacen practicando su fe.

Si lo piensan bien es lógico : se empieza negando el principio de contradicción y se acaba cayendo en la tautología. Y del axioma no se pasa. Al final, la considerable catástrofe del idealismo, que comenzara con el ingenuo Descartes, ha traido desgracias como la del artículo de don Máximo, que aún está encerrada en la cárcel del “pienso luego existo”. Pero como advirtió ese gran filósofo que fue Karol Wojtila, perteneciente a la escuela de la fenomenología y gran potenciador del personalismo : el “Pienso luego existo”, debe ser sustituido por el “entiendo, luego existo”. Sí, la realidad no es un jueguecito de diplomáticos ansiosos de estabilidad, si los conflictos se solucionan con una superficial invocación de la tolerancia. La realidad es algo inteligible por el hombre, gracias la luz de esa razón que don Máximo sólo invoca como instrumento para lograr una estabilidad entre dos ideas opuestas, siendo que ninguna de ellas merece la pena. Es decir, el racionalismo irracional de don Máximo no es más que la muy progresista estabilidad de los cementerios.

Y hablando de Juan Pablo II. El anterior pontífice viajó por todo Estados Unidos siendo aún obispo de Cracovia. Volvió un tanto desilusionado del imperio, según confesó a sus próximos algo que nos viene al pelo hoy, ya metidos en el siglo XXI. Wojtyla no estaba seguro de que los estadounidenses entendieran que el mundo se enfrentaba “a la mayor confrontación histórica por la que había pasado la humanidad… la confrontación definitiva entre la Iglesia y la anti-iglesia, del Evangelio contra el anti-Evangelio”. Porque la verdadera batalla no es entre la Iglesia y el Islam, sino entre al Iglesia y la anti-Iglesia. Por la sencilla razón del viejo chiste del testigo de Jehová: ¿Cómo voy a creer en esto si no creo en la religión católica, que es la verdadera? Es justamente esa.

Eulogio López


 

 


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