Home Quienes Somos Internacional Voluntariado Buscador 21/08/2008
 

JUAN PABLO II
 
 
 



 

Benedicto XVI reconoce, al recibir por primera vez tras 70 años a los obispos de rito greco-católico, que aún perduran los obstáculos pero anima a proseguir el camino del diálogo con la oración y la paciente caridad
 
 
 

Viernes, 1 feb (RV).- Al final de su Visita ad limina, el Santo Padre ha recibido esta mañana en audiencia a todos los obispos greco-católicos en Ucrania, encabezados por el cardenal Lubomyr Husar, arzobispo Mayor de Kiev. Se trata de la primera visita a la sede de Pedro que realizan los pastores católicos de rito ortodoxo del Sínodo de la metropolía de Kiev de los ucranianos, tras la caída del régimen comunista, la última fue en 1937.
“Graves y objetivas razones os han impedido hacer antes esta peregrinación” les ha dicho el Santo Padre en su discurso. “Ahora después de que vuestras respectivas Iglesias han reencontrado su plena libertad, estáis aquí para representar a sus comunidades renacidas y vibrantes en la fe”.
El Santo Padre ha subrayado el compromiso en la promoción y la consolidación constante, que han desarrollado los prelados de la Iglesia greco-católica en Ucrania. Buscando la unidad y la colaboración en el interior de sus comunidades para afrontar unidos los desafíos que están en el centro de sus preocupaciones y en sus diversos programas pastorales. El Papa también ha admirado la obra generosa y el infatigable testimonio que ofrecen a su pueblo y a la Iglesia.
Benedicto XVI ha invitado a los Obispos a animar a sus respectivos sacerdotes en las distintas iniciativas de puesta apunto, “sin seguir las novedades del mundo, sino ofreciendo a la sociedad aquellas respuestas que sólo Cristo puede dar a las esperanzas de justicia y de paz del corazón humano”. “Por esto es necesaria una adecuada preparación intelectual y espiritual -ha indicado el Papa-, lo que supone un itinerario formativo permanente, que inicia en los seminarios, donde la disciplina y la vida espiritual deben ser siempre bien cuidadas”. En este sentido ha proseguido afirmando que “en los seminarios hay necesidad de educadores y formadores cualificados y competentes en ámbito humano, científico, doctrinal, ascético y pastoral para ayudar a los futuros presbíteros a crecer en su relación pastoral con Cristo”.
El Papa ha exhortado a los pastores greco-católicos a intensificar cursos de ejercicios espirituales para sus sacerdotes, de formación y actualización teológica y pastoral, y a ser posible, en colaboración también con el Episcopado latino, respetando cada uno sus tradiciones. “Es innegable que la colaboración entre ambos ritos acrecentará un mayor sintonía entre los que sirven a la única Iglesia. Y estoy seguro -ha señalado también el Pontífice- que con esta disposición interior, se podrá evitar más fácilmente eventuales malentendidos, conscientes de que ambos ritos pertenecen a la única Comunidad Católica, y ambos tienen plena e igual ciudadanía en el único Pueblo ucraniano”.
En cuanto a la vida consagrada en las Eparquías y Exarcados, el Papa ha exhortado a los Prelados del Sínodo de Kiev a que tengan “magnanimidad” y ayuden a los religiosos y religiosas “a cultivar el espíritu de las Bienaventuranzas y a observar fielmente los votos de pobreza, castidad y obediencia con fidelidad evangélica”.
Benedicto XVI en su discurso a los prelados de Ucrania ha finalizado deteniéndose en el compromiso ecuménico. “Es necesario reconocer con humildad que en este campo -ha dicho el Papa- existen obstáculos concretos y objetivos, pero no hay que desanimarse ante las dificultades, es menester proseguir el camino con la oración y la paciente caridad.
“Por otra parte, en Ucrania -ha recordado el Santo Padre- desde hace siglos ortodoxos y católicos intentan tejer un cotidiano, humilde y sereno diálogo que abraza muchos aspectos de la vida”. “Los fracasos, no deben disminuir el entusiasmo por alcanzar el objetivo querido por el Señor: “que todos sean uno”. El Papa les ha animado a promover entre los hermanos ortodoxos “el ecumenismo del amor”. “El amor acompañado de gestos coherentes crea confianza, y abre los corazones y los ojos”. “El diálogo de la caridad” por su misma naturaleza promueve e ilumina “el dialogo de la verdad”.
Finalmente, el Papa ha vuelto a recordar que el encuentro de hoy ha tenido lugar después de más de 70 años: “lo que nos permite elevar juntos una conmovida acción de gracias a Dios por el renacer de vuestra iglesia, tras el dramático período de la persecución”.
 
 
 
 
Tarea de evangelizar no se opone al ecumenismo, afirma experto italiano

ROMA, 31 Ene. 08 / 02:26 am (ACI).- El teólogo y filósofo Fernando Ocáriz señaló que la tarea de evangelizar no se opone al ecumenismo y que por lo tanto "no puede ser considerado reprobable acompañar mediante el testimonio y el anuncio de la propia fe el camino de los cristianos no católicos que libremente desean la plena incorporación a la Iglesia".
Al comentar el reciente documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe: "Nota doctrinal sobe algunos aspectos de la evangelización", Ocáriz aclara que "la relación entre evangelización y ecumenismo se manifiesta antes que nada en la oración de Jesús al Padre por la unidad de sus discípulos, propia de la fecundidad de la misión evangelizadora: 'para que el mundo crea' (Jn 17, 21). La división de hecho 'daña la santísima causa de la predicación'. Pero en la relación entre evangelización y unidad hay además otro aspecto, por decir de alguna forma, simétrico: la evangelización para favorecer que se alcance la unidad de los cristianos".
En un artículo titulado "La misión no contradice el esfuerzo ecuménico" publicado en L'Osservatore Romano, Ocáriz sale al paso de quienes critican la evangelización y la intentan igualar al proselitismo. En él explicó que "la universalidad de la misión de la iglesia comporta que nadie sea excluido de su horizonte apostólico. Por ellos, la misión ad gentes, en el sentido amplio es también evangelización de toda la actividad de refuerzo de la fe y la vida sacramental de los fieles católicos, es decir con la actividad pastoral (de los pastores en resguardo de los fieles), o con la multiforme ayuda apostólica que los fieles se prestan los unos a los otros".
"Así entonces es evangelización el 'testimonio y el anuncio' de los católicos hacia los cristianos que no están en plena comunión de la Iglesia Católica", precisó.
"En la evangelización en los países en donde viven cristianos no católicos, especialmente en tierras de antigua tradición cristiana, 'se pide que haya un verdadero respeto por sus tradiciones y sus riquezas espirituales además de un verdadero espíritu de cooperación'. Este respeto es tal que, con palabras de Louis Bouyer, 'no pediremos a nuestros hermanos separados renunciar a nada de cuanto es positivos, auténtico en sus grandes instituciones religiosas. Sin embargo, sí pediremos usar toda la lógica'. De hecho, la misma profundización de lo que los hermanos no católicos ya poseen de auténticamente cristianos, conduce de por sí a la plenitud católica. No se trata de ignorar ni de eludir las diferencias doctrinales existentes, sino de partir de las bases comunes, tomadas en serio, profundizadas y vividas con intensidad", explicó Ocáriz.
Tras precisar que "no se debe llamar proselitismo en el sentido negativo a aquello que en realidad es una forma de evangelización", el teólogo explicó que "no se trata de una aclaración superflua, porque hoy no es poco frecuente que en materia de religión se considere proselitismo (en sentido negativo) al esfuerzo misionero, el que tiene mucho que ver con aquella 'dictadura del relativismo'", denunciada en varias oportunidades por el Papa Benedicto XVI.
"Ciertamente, en las diversas dimensiones del ecumenismo, institucionales y personales, los obstáculos son grandes, pero siempre permanece abierto el espacio de oración y diálogo en la esperanza de la acción del Espíritu Santo. Y, al mismo tiempo, urge especialmente 'aquella purificación de la memoria', tantas veces evocada por Juan Pablo II, que puede disponer los ánimos para acoger la plena verdad de Cristo", concluye.
 
 
 
El ecumenismo necesita diálogo de la verdad y fraternidad, reconoce el Papa
Mensaje a la Asamblea Ecuménica Europea que se celebra en Rumania
 
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 5 septiembre 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI considera que para que el ecumenismo pueda avanzar hacia la unidad plena y visible de los cristianos es necesario «el diálogo de la verdad» y «el encuentro en el signo de la fraternidad».
Pero estos dos elementos, aclara, necesitan el «ecumenismo espiritual», es decir, la conversión y la oración común por la unidad.
Estas es la propuesta que presenta a la Tercera Asamblea Ecuménica Europea, que se celebra en Sibiu (Rumania) del 4 al 9 de septiembre, sobre el tema «La luz de Cristo resplandece sobre todos los hombres. La esperanza de la renovación y de la unidad en Europa».
Las manifiesta en una carta que se leyó en la mañana de este miércoles ante los dos mil delegados y participantes católicos, ortodoxos, anglicanos, baptistas, luteranos, metodistas, pentecostales, reformados…
En la misiva, el obispo de Roma explica que «el verdadero diálogo se entreteje allí donde no hay sólo palabras sino también escucha, y donde en la escucha tiene lugar el encuentro, la relación y en la relación la comprensión intensa como profundización y transformación de nuestro ser cristiano».
«El diálogo, por tanto --aclara--, no sólo afecta al campo del saber y a aquello de lo que somos capaces de hacer. Más bien hace hablar al creyente, es más, al mismo Señor en medio de nosotros».
El Papa presenta así los «dos elementos que deben orientarnos en nuestro compromiso: el diálogo de la verdad y el encuentro en el signo de la fraternidad».
«Ambos tienen necesidad del ecumenismo espiritual como fundamento» y recuerda que el Concilio Vaticano II declara que la «conversión del corazón y la santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico».
La oración por la unidad, señala el Santo Padre, «permite a los cristianos de Europa mirar con nuevos ojos a Cristo y a la unidad de su Iglesia».
«Además, permite afrontar con valentía tanto los recuerdos dolorosos que no faltan en la historia europea, como los problemas sociales en la era del relativismo hoy ampliamente dominante».
Por este motivo, el Papa se dice convencido de que «el encuentro de Sibiu ofrecerá propuestas preciosas para continuar e intensificar la vocación específica de Europa, propuestas que tienen que ayudar después a construir un futuro mejor para su población».
 
 
 
 
 
 
EL ESPIRITU SANTO Y SUS OPERACIONES

 
¿Y como se cumplieron los dias de Pentecostés, estaban todos unánimes junto; y de repente vino un astruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donce estaban sentados; y se les aparacieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos, y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenza­ron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.? (Hechos 2:1-4).
 
   
 
 
Hay cuatro grandes hechos vitales que todo cristiano debería conocer y amar profundamente. Estos son: En primer lugar la Cruz; después la as­cención de Cristo al cielo; en tercer lugar la presencia del Espíritu Santo sobre la tierra, y en cuarto la segunda venida de Cristo.
Todos los verdaderos cristianos hacen mucho caso de la Cruz; y muy generalmente tambien, ellos esperan la segunda venida de Cristo. ¡Pero ay! Los otros dos hechos intermedios son casi ignorados, y su importan­cia ha sido perdida de vista, aunque estos hechos distinguen nuestra dispensación de todas las otras.
Las bendiciones de la Cruz no son limitadas al periodo presente. Cada santo de cada periodo del pasado, del presente, ó del venidero, halla en la Cruz la base de toda bendición.
La segunda venida no és esclusivamente para los santos del periodo presente. Este gran suceso, bajo una forma ú otra, era importante para los creyentes de todas la economias ó dispensaciones divinas.
Pero los dos grandes hechos intermedios dán al Cristianismo su carácter único y distingue el periodo cristiano de todo lo que le ha precedido, y de todo lo que le sucederá.
Jamás, ántes, en la historia del mundo se pudo decir que entonces había un Hombre en la gloria y una Persona divina sobre la tierra, y nunca jamás en lo venidero, esto no será verdad. Estos dos hechos pertenecen esclusivamente al periodo cristiano. Es sobre ellos que la Iglesia ha sido fundada, y es sobre ellos que la Iglesia ha sido mantenida.
La Iglesia no ha podido ser formada, antes que Cristo haya sido glorifi­cado como Señor resucitado y exaltado, y el Espíritu Santo haya venido para bautizar á los creyentes en un solo Cuerpo. En su actual travesia de este mundo, la Iglesia es sostenida por Cristo en la gloria, y por el Espíritu Santo en la tierra; y el bautismo cristiano significa que se confi­esa creer que el entrar en la patria celestial, será la respuesta á la voz del Hombre en la gloria, y bajo la acción vivificante del Espíritu Santo sobre la tierra. (1a Tesalonicenses 4:16; Romanos 8:11).
 
El Espíritu Santo
En el libro de los Hechos, el Espíritu Santo es visto como una Persona divina en la Trinidad Eterna.
El nos abre los tesoros de la verdad divina, revistiendo de autoridad los embajadores de Cristo, y confortando á los santos en sus pruebas.
El Espíritu Santo es Una Persona de la Divinidad. Su nombre está junto á los nombres del Padre y del Hijo en Mateo 28, cuándo el Señor Jesús se despide de los discípulos al final de su peregrinaje en la tierra. Dios és revelado como Padre, Hijo, y Espíritu Santo. (Mateo 28:19).
El Espíritu Santo es llamado también el Espíritu Eterno en Hebreos 9:14.
En el periodo actual nosotros somos los felices beneficiarios de diversas operaciones del Espíritu Santo.
 
El Nuevo Nacimiento
El nuevo nacimiento es un acto que solo el Espíritu Santo puede operar.
Las palabras del Señor á Nicodemo en Juan 3, enseñan claramente que el primer nacimiento ó nacimiento natural, no da nada que sea capaz de hacernos entrar en el reino de Dios: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios. Dícele Nicode­mo: ¿Como puede el hombre nacer siendo viejo? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Lo que és nacido de la carne, carne és; y lo que és nacido del Espíritu, espíritu és. No te maravilles de que te dije: Os és necesario nacer otra vez. El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; pero ni sabes de donde viene, ni adonde vaya: así és aquel que és nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y díjole: ¿Como puede esto hacerse? Respondió Jesús y díjole: ¿Tu eres el maestro de Israel, y no sabes esto?” (Juan 3:1-10). ¡Es menester ser nacido de nuevo! El hombre nacido de mujer entra en este mundo trayendo la naturaleza de sus padres, más sus padres están en pecado. Al salir de las manos de su Creador, el hombre tiene la imagen de Dios; nacido del seno de su madre, él tiene la imagen y la naturaleza de criaturas pecadoras. De ahí, la fuerza de la expresión em­pleada por nuestro Señor: “Os és menester ser nacido de nuevo.” El no ha dicho: Es menester que ós mejoréis, es menester procurar hacerlo mejor, es menester cambiar la manera de vivir, empezar una nueva car­rera. Si hubiese sido de este modo, Nicodemo no habría preguntado: “¿Como estas cosas pueden hacerse?” Un fariseo no habría fallado en comprender estas reglas de conducta, más estaba dicho: Os és menester nacer de nuevo. De ninguna manera és una reforma lo que estas palabras piden; esto és, una regeneración; no un mejoramiento, y si la comunicación de una nueva vida.
¿Como procurarse esta nueva vida? ¿Como nacer de nuevo?: Acogiéndose por la mirada de la fé á Cristo crucificado. Todo hombre que cree con simplicidad de corazón al Hijo de Dios, como su Salvador, muerto y resucitado, és nacido de nuevo. El tiene la vida eterna. El ha pasado de la muerte á la vida; de la vieja creación á la nueva; de la con­denación á la gracia divina; de las tinieblas á la luz. Y esto és por la ac­ción del Espíritu Santo.
El Señor menciona también la palabra “agua”, para indicar la manera que el Espíritu Santo emplea para producir la vida eterna. El agua es el símbolo de la Palabra de Dios, llamada también “simiente”: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.” (1a Pedro 1:23). La Palabra de Dios presentada por el Espíritu Santo, comunica al cora­zón del hombre una dirección completamente nueva, una nueva medida para amar todas las cosas.
Y no solamente el hombre és cambiado; también él vé un reino donde el mundo no vé nada. Además, este nuevo hombre recibe una vida verdad­era, y sobretodo mucho más preciosa que la vida que nos ha sido trans­mitida por nuestros padres. No se trata del cambio de un hombre por una acción sobre sus facultades, sino del don de una nueva vida que puede, ahora, ocuparse y obrar por medio de sus facultades, en cuestio­nes muy distintas de las de su capacidad natural.
Antes del nuevo nacimiento, nosotros teníamos una mala influencia al­rededor nuestro; ahora nuestra influencia es bendecida, alegre y vivifi­cante. A más, en esta vida nueva, somos hechos partícipes de la naturaleza divina, asociados al postrer Adán, Cristo, quien és “un espíritu vivificante”.
Y la Iglesia es el conjunto de los creyentes que tienen todos esta vida nueva, esta vida eterna, que por la resurrección de Cristo es manifesta­damente victoriosa sobre la muerte y el sepulcro.
 
La Fuente y los Rios Caudalosos de Agua Viva
En Juan 4, el Señor habla de una provisión abundante de gozo y de paz, de amor para cualquiera que recibe el don del Espíritu Santo.
Antes hemos hablado del nacimiento, ahora tenemos ante nosotros las características de la nueva vida. Esta vida debe ser caracterizada por la abundancia: “El que cree en mí, como dice la Escritura, rios de agua viva correrán de su vientre. Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él.” (Juan 7:38-39) Esto no es un delgado hilo de agua, apénas lo suficiente en los tiempos de prueba y de angustia, es el desbordamiento que Cristo ha prometido. “Yo he venido para que mis ovejas tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10) El Espíritu Santo no llenaba solamente su vida íntima, sino que sobre­abundando de ellos, desbordaba, llevando á su alrededor la bendición á los necesitados.
Los enemigos de Cristo, resentidos de que enseñasen al pueblo, buscan el secreto de un semejante poder. (Hechos 4:1,2 y 7) La aflicción sobre­viene, pero no puede quitarles su profunda paz. Los dias se oscurecen, pero su fé irradia más y más luz. Las pruebas les golpean duramente, más su vida derrama á su alrededor una suma constante de bendiciones. Un inagotable, caudaloso rio de oraciones salen de su corazón. La ala­banza sale de sus labios instintiva y espontánea, en una alegre canción de aprobación. La confianza és para ellos una segunda naturaleza; el gozo es el fruto natural, y el servicio incesante al Señor, es en ellos la respuesta diligente del amor que experimentan.
Ellos no se asemejan á las bombas, que para dar agua, por poca que sea, tienen que ser trabajosamente puestas en movimiento por una palanca. Ellos son unos pozos profundos, ahondados en el suelo, con tan grande abundancia de agua, que rebosa continuamente sobre la tierra. En ellos se cumple la promesa del Maestro. “El agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (Juan 4:14) Tal fué la vida de los apóstoles, después del dia memorable de Pentecostés. Los tímidos y vacilantes discípulos, quedan perplejos de si mismo. Han sido transformados en mensageros de Jesucristo, atrevidos, dedicados, herói­cos, predicando su Evangelio con una potencia, un gozo, y una eficacia maravillosas. Tal fué Esteban, “lleno de fé y del Espíritu Santo”, y Bernabé, “lleno del Espíritu Santo y de fé”. Los hombres escogidos para servir á las mesas estaban “llenos del Espíritu Santo”. Pablo, andando por montes y valles, por tierra y mar, en medio de viajes penosos era “lleno de Espíritu Santo”. Esta vida abundante, Dios la ofrece á todas sus criaturas como derecho de nacimiento, su legitima herencia. Esta es una vida de amor abundante, una vida de paz abundante, que en medio de las más grandes pruebas guarda nuestros corazones en Jesucristo. Esta es una vida de potencia abundante para el servicio, no solamente para la predicación del evangelio, sino también para manifestar alrededor de nosotros los frutos del Espíritu, esto es: Caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fé, mansedumbre, y templanza. (Gálatas 5:22)
 
El Consolador
Es sobre todo el evangelio de Juan, el que nos introduce en una comu­nión bendita con las tres Personas de la Divinidad. El ministerio del Consolador está descrito en Juan 14:16,17,26; Juan 15:26-27, y Juan 16:7-15. “Y yo rogaré al Padre, y él os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros. Más el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho. Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. Y voso­tros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: Porque si yo no fuese, el Consolador no vendría á vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré. Y cuando él viniere, redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio. Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, el os guiará á toda verdad: porque no hablará de si mismo, sino que hablará todo lo que oyere; y os hará saber las cosas que han de venir. El me glorificará: Porque tomará de lo mio, y os lo hará saber.”
En estas palabras encontramos la dulce seguridad, la promesa de que en todo momento de nuestra vida, en todas las circunstancias de ella, desde lo alto de su trono glorioso, Cristo vela, con una mirada llena de amor, á todos los suyos en todo lugar. Nosotros podemos, á cada instante, contar con su intercesión, y es por esta intercesión que se ejerce el ministerio del Consolador. El Consolador ha sido enviado á la tierra para reempla­zar la presencia de Jesucristo, y este Consolador estará con nosotros hasta que Jesús vuelva. En medio de un mundo de falsedades y de en­gaño, tenemos en nosotros el Espíritu de verdad, que nos dice la verdad concerniente al amor del Padre, concerniente al caracter del mundo, concerniente á nosotros mismos, y que nos transforma y nos purifica por la verdad.Por este ministerio, realizamos nuestra unión con Cristo; él está en nosotros y con nosotros. El Espíritu nos enseña todas la cosas concernientes al Hijo de Dios. Este mismo Jesús que ha sido odiado, des­preciado, crucificado aquí en la tierra, comprende plenamente, cuándo los suyos son escarnecidos y rechazados. El sabe de lo que tenemos ne­cesidad en tales circunstancias, en un mundo que combate y rechaza cada punto de la verdad que nosotros amamos.
En medio de un tal odio, el Espíritu de verdad viene personalmente para mantener el testimonio de Cristo. El se identifica con este testimonio y con los discípulos que le rinden. El viene gozosamente con nosotros para rendir testimonio á la gloria del Hijo de Dios. Sin duda esto es una guerra ofensiva y defensiva, este es él combate de la fé, que pide de nuestros esfuerzos y sacrificios, pero es el Espíritu quien nos abastece abundantemente de todas las armas necesarias, para que seamos inven­cibles en una lucha victoriosa. (Efesios 6:10).
El Espíritu acusa al mundo, que á pesar de la civilización, de la educa­ción, y de la ciencia, es culpable ante Dios de rechazar y de asesinar á su Hijo. El pecado de este mundo és que desea siempre gritar de nuevo: “Quítalo, crucifícalo”. Por la glorificación de Cristo, el mundo ha sido yá juzgado; el sitio que Satanás quería usurpar, ha sido ya dado á Jesu­cristo, y para asegurarnos de la victoria definitiva, el Espíritu Santo nos enseña las cosas que han de venir.
 
El Bautismo del Espíritu Santo
“Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora Judíos ó Griegos, ora siervos ó libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.” (1a Corintios 12:13)
La regeneración, el sello, las señales, y la unción, son las bendiciones individuales otorgadas al que cree. En cambio, el bautismo del Espíritu es una bendición colectiva; por esta verdad nosotros sabemos que esta­mos juntos, unidos en un solo Cuerpo. El Espíritu Santo obra con un po­der divino, para animar y dirigir los miembros del cuerpo en su relación los unos con los otros. Todo el capítulo 12 de 1a Corintios está dedicado á este tema. En el encontramos diversidades de dones, de servicios, de operaciones, pero para cada ministerio encontramos un solo Espíritu, un solo Señor, un solo Dios. Dentro de la diversidad de las operaciones, él obra conforma á un plan divino en relación con la unidad. Ningún don espiritual nos es dado para una gloria, ó satisfacción personal. Todo debe servir para la edificación y ayuda de todos los miembros.
Una cosa maravillosa dentro del Cristianismo, es que una multitud de personas, de diferente situación, educación, temperamento y de edad, pueden ser igualmente liberadas del “yo” y dirigidas por el Espíritu Santo, que en su reunión y su acción colectiva, establece un orden per­fecto, ponen de manifiesto una sumisión recíproca, y que todo lo que se hace es para el mutuo provecho. Esto és lo que debiera de realizar siem­pre la Asamblea de Dios.
Tal como los miembros del cuerpo humano, siendo de una diversidad absoluta, bajo el control de una sola voluntad cumplen sus funciones de una manera armoniosa, así es el Cuerpo de Cristo. Todos los santos en los cuales habita el Espíritu Santo, son asociados bajo esta denominación colectiva (1a Corintios 12:12). Esto no es una asociación voluntaria de creyentes que están de acuerdo en obrar de determinada manera; és una unidad orgánica formada en el poder del Espíritu. Y esto de una manera real, visible, palpable aquí sobre la tierra. Esto és, lo que és el Cuerpo de Cristo.
Cuando somos, individualmente, bautizados por un solo Espíritu, cuan­do bebemos en la fuente de agua viva, ya és por la unidad que somos bautizados; y por el bautismo del Espíritu que abraza la totalidad de los que han bebido de El, él solo Cuerpo está formado. Nosotros entramos allí por la gracia y el poder del Espíritu, y nosotros allí habitamos por esta misma gracia y poder, juzgando y mortificando los pensamientos y la voluntad de la carne. En este Cuerpo aquí en la tierra, es menester que todo el caracter de Jesucristo sea manifestado. Todo lo que El és en su vida, en sus afecciones, en sus pensamientos, como caracter debe ser visto colectivamente en los suyos. Nosotros debemos ser el reflejo de todo lo que és en Cristo, en obediencia á Su nombre aquí bajo, hasta que El venga.
La sujeción á su autoridad está descrita en Mateo, la actividad en el servicio á El, se halla en Marcos, la representación en su caracter moral, como Hombre perfecto la hallamos en Lucas. Y en Juan aprendemos á representarlo como un Ser celestial.
Estándo unidos á Cristo en su gloria celeste, nosotros somos represen­tantes de lo que es el cielo, aquí bajo. Estos son los cuatro carácteres que deben ser manifestados en el Cuerpo de Cristo, durante la ausencia del Señor.
Por esto es menester que la carne sea condenada, que el viejo hombre sea puesto de lado, y que en la colectividad todo sea hecho por el Espíritu Santo.
El bautismo del Espíritu és historicamente descrito en Hechos 2, para los Judíos, y en Hechos 10, para los Gentiles. Y en este solo cuerpo somos introducidos por la operación del Espíritu Santo, en el momento que re­cibemos, por la fé, el evangelio de nuestra salvación.
Así cada creyente tiene tanto responsibilidades colectivas, como indi­viduales. Esto és en la práctica, la acción del Espíritu en cada hijo de Dios. Y estos que piden ser llenos del Espíritu Santo, deben comprender que la primera consecuencia de esta plenitud, será el abandono de toda independencia, el juicio de todo sistema humano, y el deseo de obrar como miembro viviente del solo Cuerpo, para gloria de Cristo.
 
¡Oh Dios que nos has reunido
De Jesucristo alrededor!
Con corazón agradecido
Celebramos tu eterno amor.
¡Gloria a tu Nombre, nuestro Padre!
¡Gloria por tu inefable dón!
¡Que tus hijos te exalten en la tierra
Mientras nos llevas a tu mansión!
 
Pablo Christiaanse
Herman de Manstraat 8
3421 HX Oudewater
Holanda
pchristiaanse@hotmail.com

Ethel de Oliveira Garcia
 
 
Los actos de la Pascua muestran la inquietud por los católicos de China
J. V. BOO
ROMA. En la fiesta principal de los cristianos, que este año celebran simultáneamente católicos y ortodoxos, Benedicto XVI dirigirá hoy el mensaje Pascual e impartirá la bendición «Urbi et Orbi», a la ciudad y al mundo, desde la basílica de San Pedro. La fiesta de la Resurrección, iniciada ayer en la misa de medianoche con la sugestiva bendición del fuego y la liturgia de las luces, debe infundir esperanza pues, según el Papa, «Jesús nos dice a cada uno de nosotros: «He resucitado y ahora estoy siempre contigo»».
Comentando un tema clásico en la iconografía bizantina -la bajada de Jesús al mundo de los muertos para llevar al cielo las almas de los justos que esperaban la Redención-, Benedicto XVI subrayó que «el júbilo de la vigilia Pascual es precisamente que hemos sido liberados». El Santo Padre invitó a rezar: «Señor, demuestra de nuevo hoy que el amor es más fuere que el odio. Que es más fuerte que la muerte. Desciende a la noche de los infiernos de nuestro tiempo moderno y toma de la mano a quienes te esperan. ¡Acompáñame en mis noches oscuras y libérame!».
En las ceremonias de esta Semana Santa el Papa ha prestado una atención especial a los católicos de China, cuya opresión le preocupa mucho, y a los que dirigirá en breve una carta especial para animarles a superar las dificultades y a mejorar la unidad entre la Iglesia patriótica, oficial, y la clandestina. Aparte de bautizar a dos mujeres chinas en la ceremonia de anoche, el Papa caminó detrás de una mujer china escogida para llevar la Cruz durante una de las estaciones del Vía Crucis del Viernes Santo.
Problemas del mundo
En realidad, Benedicto XVI se ocupa discretamente de problemas de todo el mundo, y ayer se supo que había enviado una carta personal al líder religioso de Irán, Ali Jamenei, para pedir la liberación de los marineros británicos. El Santo Padre le pedía que les permitiese volver a sus casas para la fiesta de hoy, la de la Pascua, y aunque no se sabe el peso que haya podido tener la carta del Papa, lo cierto es que el presidente Ahmadineyad -quien ha su vez había escrito a Benedicto XVI el pasado mes de diciembre- explicó que la decisión de «perdonar» a los marineros se había tomado con motivo del aniversario del nacimiento de Mahoma y de la Pascua de Cristo.
Católicos y ortodoxos
La fiesta de Resurrección de este año resulta más alegre en muchos países de Europa Oriental y el cercano Oriente por el hecho de que coinciden el 8 de abril las fechas de la Pascua de católicos y ortodoxos, normalmente separadas ya que la Iglesia católica ajustó su calendario a la realidad astronómica bajo el Papa Gregorio XIII en 1582, mientras que las Iglesias ortodoxas mantienen el calendario establecido por Julio César en el año 46 antes de Cristo.
Uno de los últimos gestos del Pontificado de Juan Pablo II fue su propuesta a los ortodoxos de unificar la fecha de la Pascua, pero la respuesta ha sido escasa. Aun así, la cordialidad mejora, y el patriarca de Moscú, Alexei II, hizo público ayer su mensaje de felicitación pascual a Benedicto XVI, a quien desea «la bendición de la paz, la buena salud y la ayuda del Salvador».
La alegría ha sido la nota dominante estos días en las calles de Roma, «invadidas» por peregrinos de todo el mundo que acuden a celebrar con el Papa la fiesta principal del año litúrgico. Entre ellos destacan millares de jóvenes, sobre todo los del congreso internacional UNIV 2007, a quienes Benedicto XVI saludó afectuosamente en la audiencia general, invitándoles a aprovechar la fuerte experiencia espiritual de estos días «para poder volver a casa animados por el deseo de servir más generosamente a Cristo y a nuestros hermanos».
Ayer bullían también los últimos preparativos en la Plaza de San Pedro, sobre todo la colocación del espléndido manto de flores que ofrecen cada año los católicos holandeses desde la primera visita que Juan Pablo II hizo a su país en 1985. Desde entonces, nunca han faltado a la cita.
 
 
 
 
Fecha publicación: 2007-02-03

Documento final del I Encuentro Europeo del Área Social de la Pastoral Penitenciaria
FREISING, sábado, 3 febrero 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el documento final del I Encuentro Europeo del Área Social de la Pastoral Penitenciaria celebrado del 26 al 30 de enero en la ciudad alemana de Freising.

Convocado por la presidencia de ICCPPC-Europa (Comisión Internacional de Pastoral Penitenciaria Católica), se ha celebrado en Freising (Alemania) el I Encuentro Europeo del Área Social de la Pastoral Penitenciaria, durante los días 26 al 30 de enero de 2007, con la asistencia de representantes de cinco países europeos: Peter Echtermeyer, presidente de ICCPPC-Europa, de Alemania; Brian Gowans, Capellán Consejero del sistema penitenciario, de Escocia, Irene Montjoye, investigadora social y traductora, de Austria, Genevieve Colas, responsable del departamento europeo de Secours Catholique Caritas France, de Francia; José Sesma, director del departamento de Pastoral Penitenciaria en España; Carmen Martínez de Toda, coordinadora del área social de Pastoral Penitenciara (Conferencia Episcopal Española) en España y Álvaro Fernández, representante del voluntariado de Pastoral Penitenciaria de España.

Este primer encuentro ha tenido como finalidad determinar los objetivos y contenidos de estos encuentros y constituir un equipo permanente de colaboración y estudio de la Pastoral Penitenciaria en Europa para los próximos años, tomando como principios inspiradores del área social el Mensaje de Juan Pablo II con motivo del Jubileo en las cárceles del año 2000, y la Doctrina Social de la Iglesia. “...poner en marcha iniciativas que sean punto de partida para una renovación auténtica tanto de la mentalidad como de las instituciones...” (7-a Mensaje Jubilar de Juan Pablo II)

El área social junto con el área religiosa y jurídica componen las tres dimensiones de la Pastoral Penitenciaria:
• Área religiosa ( atención espiritual )
• Área jurídica (defensa de los derechos humanos, orientación jurídica, propuestas sobre legislación, desarrollo de programas de mediación penal, etc.)
• Área social (programas de promoción humana, acompañamiento personal, preparación para la libertad, promoción y gestión de recursos y alternativas a la prisión )
Todas ellas deben dirigir su acción, a su vez, hacia tres niveles mutuamente interrelacionados, que son: prevención, intervención en prisión y reinserción.
La acción social de la Pastoral Penitenciaria fundamenta su razón de ser en la atención al ser humano en su totalidad, titular de derechos inalienables y dotado de inquebrantable dignidad, independientemente de su ideología, religión o raza. Es, por lo tanto, una atención integral a la persona según sus necesidades y en el marco de los Derechos Humanos.
El área social comprende todas aquellas acciones dirigidas a:
• los propios sujetos de la acción social; reclusos y familias, y víctimas,
• los profesionales y voluntarios de la acción social,
• aquellos profesionales y voluntarios de otras disciplinas (sociólogos, maestros, educadores, psicólogos, etc.) que intervienen desde su ámbito en la promoción y reinserción social de la persona reclusa.

En la segunda jornada de este encuentro se invita a Genevieve Colas a que presente el proyecto piloto, cofinanciado por la UE y Secours Catholique, que lleva a cabo Secours Catholique Francia en Rusia con instituciones rusas con menores internados en casas de detención en Moscú, San Petersburgo y Siberia. El proyecto se desarrolla en un centro de reinserción en el que colabora la Iglesia Ortodoxa a través de una asociación y en el acompañamiento social legal mientras los menores están en los centros, gestiona documentación, alojamiento, contacto con las familias. Se trabaja conjuntamente con la administración rusa buscando alternativas a la custodia. Después de la visita de las autoridades de justicia francesa a estos centros y viceversa, se ha conseguido una mayor implicación de la administración rusa en la marcha de los proyectos.
El grupo considera muy importante este tipo de experiencias, ya que la intervención a través de estos proyectos consigue que la legislación vaya cambiando, se alcanza un mejor cumplimiento de la ley, y permite que las instituciones se conozcan mejor y trabajen juntas y coordinadas.

A lo largo de la mañana se han ido planteando varios interrogantes:
• ¿Qué podemos ofrecer a la sociedad y las instituciones desde este encuentro?
• ¿Cómo llegar a las instituciones europeas e internacionales y con qué representatividad?
• ¿En qué países de Europa se mantiene la pena de muerte?
• ¿Hay condenas perpetuas en la región geográfica de Europa?
• ¿Cuál es la situación de los menores privados de libertad? ¿Cómo es la legislación penal de menores en los distintos países de Europa?
• ¿Cuál es la situación de los presos preventivos? ¿Cómo se aplica la prisión preventiva?

De cara a la organización del II Encuentro del Área Social de Pastoral Penitenciaria Europea se trabajan en el grupo las siguientes cuestiones:
• Importancia de invitar a estos encuentros para colaborar, a otras organizaciones, por ejemplo: miembros de las Cáritas europeas, Secours Catholique, Justicia y Paz, la Conferencia Episcopal Europea (CCEE), etc. ya que si las prioridades de estas instituciones coinciden con las nuestras, será más fácil la cofinanciación de nuestros proyectos.
• Se acuerda como tema para el próximo encuentro: EXTRANJEROS Y PRISIÓN (repercusión de la legislación europea y de cada país sobre los inmigrantes; fenómeno interreligioso e intercultural en las prisiones; aplicación de las leyes de extranjería, grado de cumplimiento y reglas mínimas en cada país, ofrecer y sugerir reformas a estas leyes, el tráfico de seres humanos, etc.)

El director de ICCPPC Europa propone que los componentes del equipo sean los participantes de este primer encuentro, quedando constituido el equipo por las cinco siguientes personas:
 Carmen Martínez de Toda Terrero (España), coordinadora
 Brian Gowans (Escocia),
 Genevieve Colas (Francia)
 Irene Montjoye (Austria)
 Álvaro Fernández Gómez (España)

Los objetivos de este equipo permanente para el próximo encuentro son:
• conocer las causas y las personas que promueven y fomentan el fenómeno migratorio,
• causas que llevan al inmigrante a delinquir,
• conocer las diferentes legislaciones de la UE y del resto de Europa,
• proponer las conclusiones y propuestas del encuentro al Consejo de Europa,
• hacer llegar las propuestas y sugerencias de reformas penitenciarias de este área social al encuentro del área jurídica que se reunirá en Viena en abril de 2008 para que las estudien y logren formulaciones jurídicas que puedan ser presentadas ante el Consejo de Europa y la UE.

Se acuerda que los encuentros tengan lugar en Freising (Alemania) por ser un lugar accesible para todos. La fecha del próximo Encuentro será enero de 2008.

En la segunda parte de la mañana nos acompaña como invitado Hubertus Janas M.A., director de proyectos a nivel internacional de la Caritas de Munich, con proyección de estos proyectos a la zona de los Balcanes. Caritas de Munich es la que se encarga de atender todas las peticiones y propuestas de esta región La gestión y financiación de los proyectos de los países del Este de Europa las realiza Caritas de Munich. La sede para los proyectos internacionales de Caritas de Alemania está en Friburgo y la sede de Caritas Internacional se encuentra en Roma. Hubertus Janas entiende la pastoral penitenciaria como una acción de Iglesia y desde este convencimiento ha asistido al primer encuentro de la ICCPPC-Europa, celebrado en este mismo lugar el 2001, y financió parte de los gastos.

Los puntos más destacados que se han tratado en el encuentro, a modo de conclusiones provisionales, son los siguientes:
1. Acerca de los retos del Seminario Mundial sobre los Derechos Humanos de los Presos (Roma, 1 y 2 de marzo de 2005) a la Pastoral Penitenciaria en Europa, se acuerda la traducción del inglés al español, del libro recientemente editado y de forma conjunta, por el Consejo Pontificio Justicia y Paz, y ICCPPC. Se propone que Peter Echtermeyer haga las gestiones para imprimirlo en Roma, manteniendo el mismo diseño de la portada y los logos de ambas instituciones. El libro estaría editado para el mes de septiembre, fecha de la celebración del congreso en Roma. De esta forma podrán adquirirlo los congresistas que participen de América Latina. Queda comprometida España a hacer la traducción en español.
2. Elaborar un documento de referencia a partir de este I Encuentro Europeo para presentarlo en el congreso de Roma. Redactará un primer borrador Carmen Martínez de Toda, tras haber llegado a un consenso por todos los participantes.
3. Propuesta de constitución de un equipo permanente de colaboración y estudio de la Pastoral Penitenciaria en Europa. Los contenidos de este equipo serían: el estudio de la legislación en servicios sociales de cada país, coordinación de información y recursos estableciendo redes y sinergias con las instituciones implicadas en este campo; problemas y necesidades más comunes, elaboración de documentos e informes, y preparación del II Encuentro Europeo del Área Social de Pastoral Penitenciaria. Se acuerda la renovación de este equipo cada cuatro años.
4. Tratamiento de las peculiaridades de los países comunitarios y no comunitarios, y reclusos extranjeros.
5. Plantear en los diferentes congresos europeos la necesidad de unificar la legislación penal y judicial penitenciaria europea.
6. Determinar la dimensión del Pastoral Penitenciaria Europea en sus tres sectores: prevención, prisión y reinserción.
7. Estudiar las directivas y recomendaciones del Consejo de Europa sobre reclusos y ex-reclusos, grado de cumplimiento y aplicación en los distintos países.
8. Estudiar la posibilidad de conocer otros proyectos que se están llevando a cabo en Europa y que podrían ser implementados en otros países. (Secours Catholique en Rusia, Programa “Electronic Learning” sobre los Derechos Humanos dirigido a los profesionales penitenciarios en Escocia.
9. Importancia de que asistan a estos encuentros miembros de la administración penitenciaria, Cáritas, ONGs e instituciones que estén presentes en el ámbito penitenciario, sean de Iglesia o no.
10. Desarrollar la mediación penal y la mediación penitenciaria en aquellos países en los que no existe, como uno de los retos de la Pastoral Penitenciaria en Europa.
11. La Pastoral Penitenciaria es la Pastoral de la libertad, ecuménica, y abierta a todos, creyentes y no creyentes.
12. Buscar estabilidad financiera para la celebración de estos encuentros. Se está estudiando la creación de una fundación a nivel europeo, para sufragar los gastos que los encuentros originen; viajes, invitados, etc. Secours Catholique estudiaría la posibilidad de financiar a países del Este de Europa, con menos recursos, para que pudieran asistir a estos encuentros.
13. Se informa sobre el I Encuentro del área religiosa, que se celebrará en Madrid en junio de 2007, con el fin de poder presentar en el XII Congreso Mundial de la Pastoral Penitenciaria (Roma, 05 – 11 septiembre 2007) los objetivos y contenidos de las tres áreas de la Pastoral Penitenciaria de Europa.
14. Las conclusiones y propuestas alcanzadas durante este encuentro (y en los futuros) se harán llegar a los áreas jurídica y religiosa de la Pastoral Penitenciaria.
Freising, a 30 de enero de 2007.

 

 

 

 

El ecumenismo hoy. La situación en la Iglesia católica
Domingo, 2 abril 2006
ZENIT, IBLNEWS

Publicamos la presentación del obispo Brian Farell, L.C., secretario del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, de una encuesta realizada por ese organismo vaticano sobre el ecumenismo hoy.

En el mes de noviembre de 2004, el Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos organizó un encuentro internacional cerca de Roma para conmemorar el 40° aniversario de la promulgación del decreto «Unitatis redintegratio» del concilio Vaticano II sobre el ecumenismo, realizada el 21 de noviembre de 1964. Entre las más de doscientas cincuenta personas que participaron en el encuentro se hallaban los presidentes -o los secretarios- de las comisiones ecuménicas de la mayor parte de las Conferencias episcopales y de los Sínodos de las Iglesias orientales católicas, los moderadores de los diálogos teológicos bilaterales con las principales comuniones cristianas, y los miembros y consultores del dicasterio.

Asimismo, asistieron al encuentro más de treinta delegados fraternos de otras Iglesias y comunidades eclesiales, del Consejo mundial de Iglesias de Ginebra y de la Conferencia de Iglesias europeas, así como huéspedes de la Curia romana, de las universidades pontificias y de las facultades de teología. La reunión tenía como finalidad celebrar el 40° aniversario del compromiso ecuménico de la Iglesia, pero también reflexionar sobre el significado permanente del decreto «Unitatis redintegratio», analizar el camino recorrido desde el Concilio en adelante, y formular propuestas para la actividad futura.

En la preparación de ese importante encuentro, el Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos había enviado a las Conferencias episcopales y a los Sínodos de las Iglesias orientales católicas un cuestionario con el fin de elaborar un informe sobre la situación actual del ecumenismo en la Iglesia católica y en el ámbito local. Con esa iniciativa, el Consejo pontificio quería comprobar el grado de aplicación práctica tanto del decreto «Unitatis redintegratio» cuarenta años después de su promulgación, como del Directorio ecuménico diez años después de su publicación. De los 163 cuestionarios enviados, el Consejo pontificio recibió 83 rellenados. Por continentes y regiones, las respuestas llegadas fueron: 20 de África (44% de los organismos episcopales y sinodales presentes en el continente); 17 de América Latina y el Caribe (71%); 1 de América del norte (50%); 12 de Asia (60%); 24 de Europa (60%); 7 de Oriente Medio (46%); y 2 de Oceanía (40%).

El Consejo pontificio es plenamente consciente de que la encuesta tiene limitaciones; el cuestionario no estaba formulado de forma científica; las respuestas fueron menos numerosas de lo que se esperaba y correspondían a situaciones cuantitativamente muy diversas entre sí, lo cual no ha permitido una comparación fiable de los datos y las estadísticas. Por poner un ejemplo, Brasil no se puede comparar con Gibraltar, o Alemania con Kazajstán. A pesar de ello, creemos que se puede disponer de una base sólida para trazar un cuadro del estado actual del compromiso ecuménico. Ofrecemos a continuación una breve síntesis de los resultados de la encuesta.

Los datos recogidos se han clasificado según cuatro temas:
--el progreso de la conciencia ecuménica en el ámbito de la Iglesia católica;
--la organización del ecumenismo;
--la acción ecuménica de la Iglesia en el ámbito local;
--y sugerencias para el trabajo futuro.

El progreso de la conciencia ecuménica en el ámbito de la Iglesia católica

Signos positivos

La encuesta ha mostrado de forma evidente que en todo el mundo el decreto «Unitatis redintegratio» ha contribuido a una mejora radical de las actitudes católicas con respecto a los demás cristianos; se ha superado en gran parte la actitud polémica que predominaba en el pasado. Los católicos han adoptado una actitud positiva en lo que atañe al compromiso ecuménico. Desean conocer más a las otras Iglesias y comuniones cristianas, y por lo general están dispuestos a participar en actos y encuentros ecuménicos, especialmente cuando se trata de orar juntos por la unidad. El ecumenismo espiritual es una actividad muy generalizada. Además de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que sigue siendo el momento principal de la actividad ecuménica, casi por doquier se han multiplicado las celebraciones comunes de las más importantes fiestas y conmemoraciones litúrgicas, así como de las festividades civiles, nacionales o locales.
Por doquier se suelen compartir lugares de culto. Dos terceras partes de las respuestas al cuestionario se han referido a la colaboración ecuménica en el ámbito parroquial y a la publicación de orientaciones para la actividad ecuménica en las regiones respectivas. Por lo general, se puede asegurar que en la Iglesia prosigue y se difunde cada vez más el deseo de vivir el compromiso ecuménico impulsado por el concilio Vaticano II.

Problemas y resistencias

Al mismo tiempo, no podemos ser ingenuos. Aunque no todas las dificultades mencionadas en las respuestas al cuestionario existan en el mismo grado en todos los lugares de la Iglesia, una mirada de conjunto sobre dichas dificultades puede resultar útil, pues ponen de manifiesto los desafíos que deben afrontar los que trabajan para promover en la práctica la unidad de los cristianos.
Sintetizando, se puede afirmar que las cuestiones teológico-pastorales a las que se alude con más frecuencia en las respuestas son las siguientes:
— El problema del reconocimiento recíproco del bautismo y la costumbre de algunas Iglesias y comunidades eclesiales de volver a bautizar a los católicos. Después de su asamblea plenaria del año 2001, el Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos envió a las Conferencias episcopales una presentación de las directrices que algunas de ellas habían emanado sobre el reconocimiento recíproco del bautismo. La presentación fue publicada en el Boletín del dicasterio (cf. El reconocimiento recíproco del bautismo. Síntesis de las respuestas de las Conferencias episcopales. Documento de estudio. En: Service d'Information Information Service, n. 109, 2002/I-II. El documento se publicó en inglés y francés).
— La cuestión de los abusos en lo que atañe a la communicatio in sacris.
— Las cuestiones relativas a los matrimonios mixtos.
— Los problemas planteados en algunos lugares por aparentes excesos en devociones católicas de culto a la Virgen María.
— La cuestión de la unificación de la fecha de la Pascua -tema discutido en varios ámbitos desde el concilio Vaticano II-, que constituye una preocupación muy sentida de modo especial en Oriente Medio.
— La diversidad en la organización y en las estructuras eclesiales en algunos países impide a los católicos encontrar interlocutores ecuménicos en algunas otras confesiones.
— Asimismo, se ha constatado que son frecuentes por doquier (América Latina, Egipto, Rusia...) las acusaciones mutuas de proselitismo.
— Por último, numerosas Conferencias episcopales coinciden en señalar que la falta de escritos de carácter ecuménico al alcance de los fieles menos preparados constituye un problema.

Entre los factores no teológicos que tienen repercusiones sobre el ecumenismo, las respuestas destacan los siguientes: las situaciones sociales y políticas (especialmente en la ex Unión Soviética); los conflictos étnicos (África y Balcanes); y el hecho de que la Iglesia constituya una mayoría o una minoría en el país. En la Europa del este muchas respuestas se refieren a las tensiones producidas por la restitución de los bienes eclesiásticos. En ciertos lugares, algunos grupos islámicos ven como una amenaza la búsqueda de la unidad de los cristianos.

Respuestas procedentes de todos los continentes aluden a la persistencia de actitudes marcadas por el miedo, la sospecha y la desconfianza recíprocos. Otros cristianos albergan el temor de que pueden ser absorbidos por la comunidad católica, más fuerte que ellos; y, viceversa, los católicos miran con desconfianza a ciertos grupos que usan los medios de comunicación, con campañas públicas de opinión, para criticar la doctrina católica, insistiendo en situaciones negativas o escandalosas, a fin de atacar a la Iglesia.

En resumen, persisten aún muchas sospechas acerca de las intenciones mutuas reales y de las motivaciones evangélicas de los programas y las actividades de unos y otros. Aunque se haya progresado mucho en la purificación de la memoria histórica, algunas Iglesias locales afirman que el recuerdo de los acontecimientos del pasado, tanto antiguos como recientes, impide aún o entorpece las relaciones ecuménicas. La purificación de la memoria histórica es un tema hacia el que el Papa Juan Pablo II ha llamado nuestra atención en numerosas ocasiones, y sigue siendo uno de los desafíos más importantes para los que trabajan en favor de la unidad de los cristianos.

Algunas respuestas han puesto de relieve la falta de motivación y de entusiasmo que deriva, en ciertos casos, de la sospecha de que el ecumenismo debilita la misión evangelizadora de la Iglesia. Algunos católicos consideran que el ecumenismo pone en peligro su fe y equivale a admitir una insuficiencia de la Iglesia católica, algo que no están dispuestos a aceptar. En algunas regiones donde la Iglesia católica tiene una amplia mayoría, el escaso número de cristianos pertenecientes a las demás Iglesias suele aducirse como justificación para la falta de iniciativas ecuménicas.
En otros lugares, a menudo, las comunidades evangélicas y pentecostales más recientes no suelen ser consideradas como genuinamente eclesiales, y el uso indiscriminado del término "secta" sigue provocando problemas en todos los continentes. Las comunidades eclesiales (baptistas, evangélicos, pentecostales) con las que la Iglesia católica mantiene un diálogo teológico y relaciones internacionales, que en algunos casos se llevan a cabo desde hace decenios, suelen incluirse en la lista de las sectas. Por otra parte, de modo especial en América Latina, las respuestas al cuestionario frecuentemente indican que algunos grupos evangélicos y pentecostales no reconocen el carácter cristiano de los católicos.

Podría resultar útil recordar que esa dificultad recíproca ya ha sido objeto de documentos de estudio elaborados por varias comisiones mixtas de diálogo (por ejemplo, con respecto al diálogo católico-pentecostal: Evangelización, proselitismo y testimonio común; y con respecto a las "Consultas entre la Iglesia católica y la Alianza evangélica mundial": Iglesia, evangelización y los vínculos de la koinonía).

La organización del ecumenismo

El concilio Vaticano II encomendó de modo especial a los obispos el compromiso ecuménico. El Directorio para la aplicación de los principios y las normas sobre el ecumenismo recomienda la creación de comisiones ecuménicas en cada diócesis, así como en el ámbito nacional y regional, o al menos la designación en cada diócesis de un delegado que se encargue de promover el espíritu ecuménico y las relaciones intereclesiales.

El Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos ha constatado con satisfacción que sólo pocas Conferencias episcopales carecen de un departamento o comisión de ecumenismo. Por otra parte, muchas de las respuestas al cuestionario destacan que la acción de esas comisiones o delegados es bastante limitada. A este respecto, se alude a la falta de continuidad en el desarrollo de proyectos, a la necesidad de contar con gente nueva, más joven, entre las personas comprometidas en la actividad ecuménica.

En el ámbito de las diócesis el panorama no es muy alentador: la falta de personal, de preparación específica, de recursos económicos y de otro tipo, indica que la actividad ecuménica se deja con frecuencia a la iniciativa espontánea de los fieles. Por el contrario, en algunos países se señala la presencia viva de grupos y asociaciones de apoyo, compuestos por personas bien preparadas en el campo ecuménico, que promueven activamente la formación ecuménica en las diócesis, en las parroquias, en los seminarios y en los grupos. Es preciso poner más empeño en detectar esos expertos y voluntarios, y en desarrollar su formación.

Por lo que atañe a la participación en los Consejos de Iglesias, se ha constatado un cambio fundamental en los años más recientes. Hace cuarenta años, la Iglesia católica no participaba en ninguno de esos Consejos. Hoy, de los 120 Consejos existentes, es miembro de 70, y participa en tres de los siete Consejos regionales de Iglesias, y en siete de los Consejos regionales de Iglesias asociados al Consejo mundial de Iglesias de Ginebra (según los datos con que se contaba en septiembre de 2004, la Iglesia católica es miembro con pleno derecho en tres Consejos regionales de Iglesias: el Caribe, Oriente Medio y el Pacífico. La Iglesia católica es miembro de catorce Consejos nacionales cristianos o Consejos de Iglesias en África, de tres en Asia, diez en Oceanía, doce en el Caribe, veinticinco en Europa, uno en América del norte y cinco en América del sur. Cf. "Inspired by the same vision: Roman Catholic participation in national and regional Councils of Churches, Apéndice E).

Está a punto de publicarse un nuevo documento, elaborado por el Grupo mixto de trabajo entre representantes de la Iglesia católica y del Consejo mundial de Iglesias, que presenta un análisis de las implicaciones y las formas de participación católica en dichos Consejos, y brinda sugerencias para afrontar las dificultades y los desafíos que impiden la participación católica en algunos lugares.
La actividad ecuménica de la Iglesia en el ámbito local

Por lo que atañe al diálogo, 42 de las 83 Conferencias episcopales que respondieron a la encuesta del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos confirman la presencia en su territorio de organismos permanentes de diálogo con las demás Iglesias y comunidades eclesiales; 38 de ellas refieren la existencia de comisiones mixtas de diálogo.

En lo referente a la aceptación de los documentos de diálogo, sólo 35 Conferencias episcopales reconocen una buena difusión de los resultados de los diálogos oficiales, y afirman que han promovido el estudio y una activa discusión con la publicación de subsidios. Algunas respuestas aluden también a las iniciativas que se han puesto en marcha para utilizar internet con vistas a la promoción del ecumenismo en algunos países, un aspecto que el Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos tiene gran interés en desarrollar. En el ámbito social, 44 Conferencias señalan que participan en actividades de cooperación con otras confesiones. A este respecto, es preciso admitir también que se podría haber hecho mucho más.

La necesidad de una formación ecuménica más adecuada es un tema que indican prácticamente todas las comisiones ecuménicas que respondieron a la encuesta. Esa formación debería contar con la presencia y la contribución de representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales. En efecto, el Consejo pontificio espera que, donde sea posible, esa formación se realice cada vez más con mayor colaboración. El documento elaborado por el dicasterio en 1995: La dimensión ecuménica de la formación de quienes se dedican al ministerio pastoral, que ofrece sugerencias para un curso de ecumenismo y aconseja subsidios para organizarlo, no es bastante conocido y conviene distribuirlo más ampliamente.

El Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, junto con la Congregación para la educación católica, ha tomado la iniciativa de promover una encuesta, a escala mundial, en los seminarios católicos que cuentan con un Estudio teológico, en las universidades y las facultades de teología, para conocer exactamente cómo se imparte la enseñanza del ecumenismo, y para saber si se le presta la atención que merece en el conjunto de la formación católica. Actualmente se están recogiendo los datos con el fin de publicar luego los resultados de la encuesta.

Algunos puntos de reflexión sobre el futuro del ecumenismo

La consulta ha mostrado que el grado de compromiso ecuménico en el ámbito local está aumentando en intensidad y extensión en toda la Iglesia. En un mundo globalizado, los cristianos de todas las Iglesias se sienten impulsados a superar su estado de división. El ecumenismo espiritual -conversión de la mente y del corazón a Cristo, oración común por la unidad- está logrando una atención cada vez mayor. Las respuestas al cuestionario han ofrecido numerosas sugerencias positivas para la futura actividad ecuménica, poniendo de relieve tres aspectos que es preciso considerar con urgencia en el contexto actual y con vistas al futuro: incluir las iniciativas ecuménicas en los programas pastorales orgánicos de las diócesis; promover la formación ecuménica de los seglares, los religiosos, los seminaristas, los sacerdotes y los obispos; y reflexionar sobre el modo como se ha de afrontar el problema del proselitismo agresivo.

En un mundo que ha cambiado mucho durante los años que han pasado desde el concilio Vaticano II, la actitud católica con respecto al restablecimiento de la unidad está impregnada de un realismo nuevo. Hoy resulta más claro que nunca que el ecumenismo sólo se puede promover sobre una sólida base doctrinal y un riguroso diálogo entre los cristianos separados. Sobre todo, se comprende cada vez mejor que sólo se puede trabajar en favor de la unidad con una espiritualidad convincente y profunda, una espiritualidad de esperanza cristiana y valentía.

El Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos desea que la conmemoración del 40° aniversario de la promulgación del decreto «Unitatis redintegratio» haya infundido nueva esperanza y nueva valentía en los que se encargan más directamente de la aplicación del compromiso ecuménico de la Iglesia.
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© IBLNEWS. New York 2006
 


 

 


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