Pablo, eslabón entre el mundo judío y el cristiano
Encuentro Judeo-Católico en Argentina con motivo de Año Paulino
ZÁRATE, lunes, 14 julio 2008 (ZENIT.org).- Dentro de las celebraciones del Año Paulino, tuvo lugar el pasado 10 de julio un Encuentro Judeo-Católico en la diócesis de Zárate-Campana, Argentina. En el mismo se destacó la figura del apóstol Pablo como eslabón entre el mundo judío y el cristiano.
A dicho acto concurrieron las Sociedades Israelitas de las ciudades de Zárate y Campana, además de numerosos fieles católicos. Se contó con la adhesión de otras confesiones y comunidades cristianas.
En un clima de fructífero diálogo, entendimiento mutuo y fraternidad -informa a Zenit la diócesis de Zárate-Campana--, teniendo ante los ojos la imagen del Apóstol San Pablo (hecha pintar expresamente para el Año Paulino, y que será una de las dos que recorrerá las parroquias), judíos, católicos e incluso algunos participantes que declararon no profesar religión o no practicarla, se efectuó este encuentro en el Obispado, en seguimiento de las pautas dadas por Benedicto XVI, en la proclamación del Año Paulino Jubilar, en la cual indicó que se tenga en cuenta una profundización del diálogo ecuménico e interreligioso.
Asistieron los referentes de las Sociedades Israelitas de la zona, Rudy Wessolovsky y señora, de Zárate, y Mirta Lubel de Atlansovich, de Campana, acompañados por otros miembros de las mismas.
El acto fue coordinado por la Comisión Diocesana de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso que preside el mismo señor obispo, y en él colaboraron la asociación privada de fieles "Amigos de Santa Brígida de Suecia" y el movimiento Comunión y Liberación, con una participación que colmó el vasto auditorio.
En representación del Municipio de Campana se hizo presente el Secretario de Cultura, Oscar Trujillo, y se contó con la cobertura de los medios de comunicación y la adhesión del rabino Adrián Herbst, antiguo rector del Seminario Rabínico Latinoamericano y otras entidades israelitas zonales.
Acompañaron al obispo de la diócesis Oscar Sarlinga los monseñores Edgardo Galuppo, Santiago Herrera, y Ariel Pérez y los padres Néstor Daniel Villa, Mauricio Aracena y Jaime Burmeister.
Nestor Villa, moderador de la Comisión, mostró imágenes de la vida judía, así como otros grabados de época y la maqueta del Templo de Jerusalén, tomados todos de colecciones del Museo Judío de la Diáspora y del Museo Wolfson.
Muy emotivas resultaron a todos los concurrentes las imágenes de Juan Pablo II con el rabino jefe de Roma, Elio Toaff (1987), en el Muro de los Lamentos y en el Monte Sinaí (en el Jubileo de 2000). Siguieron imágenes de San Pablo (del Caravaggio, en «La Conversión de San Pablo» y El Greco, así como una xilografía de autor anónimo contemporáneo). Se prosiguió con los croquis de los viajes apostólicos de San Pablo, que culminan con su llegada a Roma, corazón del Imperio y lugar de su martirio.
Nestor Villa señaló la incidencia de Pablo como eslabón entre el mundo judío y el cristiano en la coyuntura de la cultura griega y el derecho romano como base de la ética pública de Occidente, la vigencia del respeto a la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, sujeto de derechos cuyo eje lo constituye la libertad religiosa, y la necesidad de recuperar esos valores para una posmodernidad que no sea una simple cadena de medios sin trascendencia, sino que se inspire en el respeto de toda persona humana y el estado de derecho.
Monseñor Sarlinga, comenzó con la lectura de la conversión de San Pablo. El obispo recalcó que Pablo "(...) se sintió siempre judío y que para él el cristianismo era su plenitud en Cristo Señor". A continuación explicó algunos trazos del cuerpo doctrinal paulino, y se centró en la Carta a los Romanos.
Por último, luego de hacer alusión a la virtud de la justicia en San Agustín, en Santo Tomás de Aquino y en otros pensadores cristianos, el obispo se refirió al concepto de justicia social, que está explícitamente mencionado en la encíclica Quadragesimo Anno, 1931, donde aparece "(...) como una especie de virtud cuya finalidad especial no radica tanto en apuntar a proteger derechos circunscritos por leyes, sino más bien los derechos naturales de la sociedad y de sus miembros, comenzando por el inalienable derecho a la vida".
Luego de referirse a los documentos conciliares Gaudium et Spes, y Nostra Aetate y al pensamiento y acción de Pablo VI y Juan Pablo II, el prelado destacó la importancia que otorga al diálogo interreligioso Benedicto XVI, destacando en particular, refiriéndose al judaísmo, su discurso en la Sinagoga de Colonia, Alemania.
Mención especial fue hecha del espíritu ecuménico y de genuino diálogo interreligioso del Santo Padre, por la armonía y el trabajo común de las religiones, en pro de la paz del mundo, haciendo referencia al diálogo fecundo con el Islam, y recordando el viaje apostólico del Papa a Turquía.
Siguió un ameno intercambio y concluyó el acto, no sin antes ser tomadas algunas fotografías junto al cuadro de San Pablo, al que nuestros "hermanos mayores" (como los llamara Juan Pablo II) llamaron afectuosamente "Saulo".
Este encuentro y sus frutos de paz, lejos de ser un episodio aislado, es un eslabón de una ya profusa actividad de estima y diálogo entre las sociedades israelitas y la Iglesia católica, en un marco de fraterno diálogo interreligioso y convivialidad, promovido por la Comisión Diocesana de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso, creada en 2006.
Malta recuerda a su evangelizador, san Pablo
MALTA, domingo, 13 julio 2008 (ZENIT.org).- Los obispos de la isla mediterránea de Malta han dirigido a sus fieles una carta con motivo de la apertura del Año Paulino en la que recuerdan a su primer evangelizador, san Pablo.
"La fuerza de sus palabras y de su visión --escriben el arzobispo de Malta, Paul Cremona, y el obispo de Gozo, Mario Grech-- nos deberían ayudar para que, a ejemplo suyo, no renunciemos a proponer y a construir un nuevo orden en la vida pública y en el país".
La carta pastoral fue leída a los fieles durante la misa celebrada el 28 de junio, día de la inauguración del Año Paulino, por el arzobispo Cremona en el atrio de la catedral de Medina. La celebración se desarrolló en coincidencia con la presidida por Benedicto XVI para inaugurar el Año Paulino en la basílica de San Pablo Extramuros.
Recordando el naufragio de san Pablo en la isla de Malta durante su tercer viaje por el Mediterráneo, iniciado el año 53 y terminado el 58 según los historiadores, los dos obispos subrayan: "Su desventura se transformó para nosotros en gracia y su naufragio tuvo el efecto providencial de que desde los primeros tiempos del cristianismo pudimos recibir la buena noticia del Evangelio".
"Por esto consideramos el naufragio del apóstol una bendición y un privilegio y hemos acogido con alegría la invitación de Benedicto XVI a celebrar con la Iglesia universal el Año Paulino con motivo del bimilenario del nacimiento del apóstol de las naciones que para nosotros no es simplemente un santo entre todos los santos, sino aquél que nos ha generado en la fe".
Los dos obispos malteses observan que "en cada tiempo la comunidad cristiana necesita redescubrir la propia identidad, sobre todo cuando la situación en la que nos encontramos presenta nuevos desafíos y nos pide nuevas respuestas", y si la Iglesia "debe retornar a sus raíces, no hay duda de que nuestras raíces nos remontan a la primera predicación de san Pablo, nuestro padre en la fe" que nos enseña, sobre todo, "a no perder la esperanza".
Evocando el relato, de los Hechos de los Apóstoles, de la tempestad que hizo naufragar al apóstol en las costas maltesas, los obispos recuerdan que "en medio de la tempestad, seguía repitiendo a sus compañeros: ‘No desesperéis. Nadie morirá'". "Desde lo profundo de nuestro corazón -añaden los dos pastores malteses- querríamos repetir estas palabras a cuantos tienen una desesperada necesidad de escuchar". Sobre el dolor, por lo demás, san Pablo "tiene todavía mucho que decir".
Este apóstol ante la cultura pagana "tuvo que ser necesariamente radical, radical y controvertido". Los dos obispos señalan que sin embargo ante el ambiente de aquél tiempo contrario "a la proclamación de la fe", Pablo "no experimentó ni timidez ni temor". El apóstol "puede servirnos de guía en las brumas de nuestro tiempo, cuando nos sentimos tentados de dar marcha atrás ante la fe porque nos sentimos cohibidos o atemorizados".
La sociedad y la cultura actuales tienen -para los obispos malteses- muchos puntos de contacto con las de los tiempos de san Pablo. "La mayor parte de nosotros ha sido bautizada y ha recibido una educación religiosa, sin embargo muchos de nosotros se preguntan: "¿Quién eres señor?" pero a causa de la apatía, de la indiferencia o del cansancio que a veces nos superan, nadie es capaz de responder a esta pregunta".
Familia, igualdad, esclavitud, sexualidad, condición de la mujer, son algunos de los temas tratados por el apóstol a la luz de la verdad del Evangelio, también "cuando lo que él afirmaba estaba en contraste con las opiniones del tiempo".
De aquí la exhortación conclusiva a construir tras su ejemplo un nuevo orden porque "nuestro país tiene absoluta necesidad de la levadura de la convicción y de la verdad de la fe".
Traducido del italiano por Nieves San Martín
San Pablo y Jesucristo
Por monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán
TEHUACÁN, sábado 12 de julio de 2008 (ZENIT.org-El Observador).- Publicamos la reflexión de monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán y presidente de la Dimensión Pastoral de la Familia de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) sobre el año paulino que está viviendo la Iglesia católica universal.
San Pablo y Jesucristo
Hemos iniciado el "Año Paulino", para celebrar los dos mil años del nacimiento de san Pablo.
En las Cartas que el mismo san Pablo escribió, varias veces refiere datos de su propia vida, los cuales son el testimonio más sólido para conocerlo, a los cuales se suman los datos que sobre él menciona el libro de los Hechos de los Apóstoles.
San Pablo nació en Tarso de Cilicia, actualmente Turquía, poco antes del año 10 de nuestra era, de padres judíos pertenecientes a la tribu de Benjamín. Su nombre semítico era Saulo; no sabemos cuándo empezó a usar el nombre latino de Pablo. Por ser Tarso una ciudad "griega", Saulo gozó del privilegio de la ciudadanía romana. Todavía joven, no sabemos exactamente a qué edad, se fue a Jerusalén, donde fue discípulo de Gamaliel el viejo. Para algunos, en esos años sucedió la crucifixión de Jesús; para otros, Saulo llegó a Jerusalén después de la crucifixión de Jesús. Lo cierto es que Saulo nunca hace alusión a un encuentro personal con Jesús antes de su resurrección.
La primera aparición en escena de Saulo es hacia el año 34, como testigo que aprueba la muerte del diácono Esteban. Luego persigue a los discípulos de Cristo Jesús, con autorización para encarcelarlos e intentar hacerlos renegar de su fe. Pero Saulo, o Pablo, no es malo, sino que su fe en Dios Yahvéh le impulsa a destruir esta corriente que acaba de brotar y él juzga herética. Esto lo reconoce claramente: "en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia, en cuanto a la justicia de la Ley, intachable" (Flp 3,6). Con esa intención va camino a Damasco, hacia el año 36, cuando recibe la revelación de Cristo glorioso, encuentro que le convierte de perseguidor en seguidor de Cristo. La conversión de Pablo no es de la noche a la mañana, sino que la va asumiendo lentamente; pero es determinante la visión en el camino de Damasco: se trata de una experiencia mística, una fuerza mayor que la suya le ha aferrado súbitamente y le provoca un cambio brusco en su jerarquía de valores: "Lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo" (Flp 3,7-8).
La excepcional personalidad de Pablo -temperamento apasionado y combativo, fe ardiente, actividad incesante, voluntad siempre tensa con autoridad de padre, pero también sensibilidad exquisita con delicadeza de madre-, tras su conversión la pone totalmente al servicio de Jesucristo, en experiencia de relación con la intimidad de un enamorado, lo cual queda plasmado en la frase de la Carta a los Gálatas: "no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí." (2,20).
Pablo intuye y profundiza una relación entre la vida y la muerte de Cristo y la propia vida y muerte:
--El enamoramiento de Pablo parte del conocimiento de que Cristo "se entregó a sí mismo por mí" (Gal 2,20; cf 1,4; Ef 5,2; Jn 10,10). De esta manera, la muerte de Cristo ha generado la vida de Pablo: tu muerte es mi vida.
--Hacerse consciente de esto, hace brotar en Pablo, agradecido y como respuesta, que ese amor lleno de gratuidad de Cristo lo conduce a la propia muerte del "hombre viejo" (cf. Rm 6,6.11; Flp 3,10): tu muerte es mi muerte.
--Ahora bien, en esta fase de la relación de Pablo con Cristo, lo central no es la muerte sino el amor, del cual la muerte es la plenitud, el vértice, garantizando su autenticidad (cf. 2Cor 11,23-29; 12,15). Pablo quiere asemejarse cada vez más con Cristo; si con Cristo ha muerto, Pablo debe afrontar la propia muerte por amor; de esta manera, con Cristo resurgirá a la vida (cf. Col 2,12-13; Rm 6,8; 2Tim 2,11): tu vida es mi vida.
--Esto lo vive en una mezcla de pasividad y de actividad, de autoapropiación y de abandono en Cristo; nace entonces el "hombre nuevo" (2Cor 5,17; Gal 5,1), plenamente identificado con Cristo porque ha sido conquistado por Él (Flp 3,12); Pablo entonces, libre prisionero de Cristo (cf. Hch 20,22), ofrece su vida y se entrega a su Señor en su misterio de pasión, muerte y resurrección (Rm 6,3-4), para completar lo que falta en su propia carne a la pasión de Cristo (cf. Col 1,24): mi vida es tu vida.
--Pablo ya no se pertenece, sino que su vivir, amar y morir es Cristo Jesús (cf. Gal 2,20). Amando a Cristo con amor intenso y apasionado, ama a aquellos que le han sido confiados con el mismo amor de Cristo, ama al estilo de Cristo Jesús, con un amor divino "celoso", "paterno" y "materno" (cf. 1Cor 4,14-17; 2Cor 6,13; 11,2; 12,15; 1Tes 2,7.10-11; Fil 10; Gal 4,19).
En el testimonio de san Pablo tenemos un ejemplo elocuente de aquello a lo que nos invita el Acontecimiento y Documento de Aparecida: ser discípulos enamorados y misioneros apasionados de Jesucristo.
+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán
San Pablo, “un hombre profundamente enamorado de Cristo”
Año Paulino en la Diócesis de Querétaro, México
QUERÉTARO, miércoles, 9 julio 2008 (ZENIT.org-El Observador).- La Diócesis de Querétaro, México, abrió el Año Jubilar Paulino con una celebración en la iglesia de San Pedro y San Pablo de Caldereyta de Montes. El obispo, monseñor Mario De Gasperín, presentó la figura de San Pablo como "un hombre profundamente enamorado de Cristo".
El obispo visitó la parroquia de San Pedro y San Pablo, en Cadereyta de Montes, que comprende treinta comunidades. La comunidad, que celebraba su fiesta patronal, acogió al obispo para celebrar solemnemente la apertura del Año Paulino.
Durante la Eucaristía ciento once fieles recibieron el Sacramento de la Confirmación.
En la homilía, monseñor de Gasperín exaltó las figuras de San Pedro y San Pablo, dos personalidades tan distintas, pero de tanta trascendencia para la Iglesia. Recordó que este es un año de gracia que el Santo Padre ha regalado a la Iglesia. E invitó a los fieles a leer y estudiar las dos cartas de San Pedro y las catorce de San Pablo y a lograr la indulgencia que con motivo del año Paulino se concede a toda la Iglesia.
Para la celebración Eucarística, los fieles llevaron en procesión de las diferentes capillas y barrios de la parroquia las imágenes de los santos patronos, que después de la celebración el obispo bendijo para que retornaran a las comunidades recordando la misericordia de Dios.
Monseñor De Gasperín ha dedicado dos de sus reflexiones semanales a presentar la figura de San Pablo.
En la primera, cita al cardenal Juan Bautista Re, Presidente de la Pontifica Comisión para América Latina en su prefacio a la obra "Aparecida 2007. Luces para América Latina" que acaba de publicar la Librería Editorial Vaticana: "San Pablo se nos muestra en sus Cartas y en el libro de Los Hechos como un hombre profundamente enamorado de Cristo, convencido de que El es el único Salvador que trae la vida nueva y definitiva al hombre".
"Pablo -añade el obispo- es un modelo perfecto y guía autorizado para cumplir con la propuesta que nos hacen nuestros obispos de América Latina en su documento de Aparecida: Ser verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo".
"Esperamos --concluye-- que las catorce Cartas de San Pablo lleguen a su domicilio: a su familia y a su corazón y transformen y alienten su vida cristiana".
En su segunda reflexión, el obispo de Querétaro se centra en la ciudad de origen de San Pablo: "Pablo adorna con su nombre, con su vida y con sus enseñanzas a su ciudad natal. Se sentía orgulloso de su ciudad".
"Pablo, ciudadano romano -añade--, le da un nuevo esplendor a esta vieja ciudad, aunque ahora allí sea escaso su recuerdo. Vicisitudes o ingratitudes de la historia. Pero el honor que Pablo le confirió se conservará siempre en la memoria cristiana. Es ley del cristiano honrar a su ciudad y a su gente".
"La toponimia cristiana es para honrar a la ciudad o al lugar -concluye monseñor De Gasperín--, donde el santo llega como peregrino, huésped, misionero o servidor. Santiago se hace de Chile, de Cuba, de Compostela o de Querétaro; San Cristóbal de la Habana, San Agustín de Hipona, Santa Teresa de Ávila, la Madre Teresa de Calcuta, como San Pedro lo es de la Cañada o de Tolimán. Jesús no se avergüenza de ser de Nazaret. El santo cristiano no se apropia, sino que se identifica con la ciudad y la gente a la que sirve. Llega como gracia, no como imposición. Se hace "conciudadano de los santos", dirá Pablo, el de Tarso".
Por Nieves San Martín
“Estar de vacaciones con Dios”: Propuesta para el Año Paulino
Propuesta de las Faternidades Monásticas de Jerusalén
PARÍS, jueves, 10 julio 2008 (ZENIT.org).- Pasar el tiempo de vacaciones con Dios gracias a Internet. Aprovechando el Año Paulino, las Farternidades Monásticas de Jerusalén proponen en su sitio una lectura acompañada de la Carta de Pablo a los Romanos.
Calificada de difícil, esta Carta merece ser releída, considera esta nueva realidad eclesial surgida en Francia. Pero los cristianos de Roma, en el siglo I, no eran más teólogos que nuestros contemporáneos, añaden.
Las cuestiones que presenta este escrito de Pablo son esenciales y "trataremos, en diez días, de ayudaros a percibir toda su actualidad y su profundidad espiritual", indica el sitio http://jerusalem.cef.fr/.
El itinerario está previsto para diez días, pero cada uno puede ir a su ritmo. Para cada día se propone: leer una pequeña parte de la Carta (introducida por un corto comentario); un pasaje más corto para meditar; y una corta oración para retomar la temática de la jornada.
Y para quien quiera ir más lejos se proponen: pistas de "lectio divina"; un punto "para comprender"; y un comentario bíblico.
Los participantes pueden: consultar en línea, o descargar y/o imprimir todo o parte del itinerario a su elección.
Como complemento al itinerario bíblico, se puede solicitar, en el mismo sitio, el próximo número de la revista "Sources Vives" que tendrá por tema "Pablo apóstol" y con la que se puede completar la propia ‘lectio divina' y encontrar respuesta a muchas cuestiones. Esta oferta finaliza el 15 de julio.
Por Nieves San Martín
El año de san Pablo, oportunidad ecuménica; según el portavoz vaticano
Análisis del padre Federico Lombardi, S.I.
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 6 julio 2008 (ZENIT.org).- El portavoz vaticano considera que el Año de san Pablo (28 de junio de 2008-29 de junio de 2009) constituye una oportunidad para avanzar en la unidad plena entre los cristianos.
Es la conclusión a la que ha llegado el padre Federico Lombardi, S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, en el último editorial de "Octava Dies", semanario del Centro Televisivo Vaticano del que también es director.
"La solemne apertura del año paulino en la Basílica de San Pablo Extramuros, la celebración de la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo en la Basílica de San Pedro (el 29 de junio), con la participación de representantes de las iglesias y comunidades cristianas, en particular del patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, han sido un nuevo e intenso momento de encuentro ecuménico", afirma.
"Y efectivamente donde mejor se puede tomar la temperatura al ecumenismo entre los cristianos es en el anuncio del Evangelio y en la celebración litúrgica, pues allí se entra en contacto con el orgien común y sólo de ahí puede volver a comenzar el camino de la unidad. El patriarca ecuménico también ha proclamado el año 2008 Año del apóstol Pablo", informa el portavoz.
Según el padre Lombardi, "san Pablo, autor de los escritos más antiguos y amplios del Nuevo Testamento, apasionado y conquistado por Cristo, misionero de horizontes universales, nos ha enseñado a ver concretamente a la Iglesia como el cuerpo de Cristo".
Lo expresa con una pregunta del mismo apóstol "¿Cómo habéis podido lacerar mi Cuerpo?".
"Es la pregunta que el Papa se ha vuelto a plantear y nos ha planteado en los días pasados al meditar en la división entre los cristianos", asegura.
"En la gran celebración eucarística, el Papa y el patriarca estuvieron juntos, ante el altar, para celebrar la liturgia de la Palabra, la homilía y la profesión de fe, así como con motivo del abrazo de la paz y la bendición final; pero no pudieron estar juntos en la celebración eucarística", constata el sacerdote.
"Por ello sigue siendo necesaria la oración ardiente --concluye--: Vuelve a unirnos Señor, superando todas las divisiones. Sólo hay un pan, por este motivo, a pesar de que somos muchos, somos un solo cuerpo. ¿Cuándo llegará la comunión plena? Depende también de nuestra oración, de nuestra caridad y de nuestra fe".
El Papa dice que San Pablo influyó en la filosofía estoica
02.07.08 |
(RD/Efe).-El Papa resaltó hoy la figura de San Pablo y dijo que aunque la visión universal del Apóstol de los Gentiles se debe a su fe en Cristo, en él también influyó el contexto cultural de su tiempo, en el que destaca la filosofía estoica, "con sus altos valores de humanidad y de sabiduría".Benedicto XVI hizo estas manifestaciones ante unas diez mil personas que asistieron en el Aula Pablo VI del Vaticano a la audiencia pública de los miércoles, la última antes de comenzar hoy las vacaciones de verano.
El Pontífice se trasladará a media tarde de hoy a la residencia de los papas de Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros al sur de Roma.
El Obispo de Roma dedicó la catequesis a la figura de San Pablo, con motivo del Año Paulino, declarado por Benedicto XVI, que lo abrió oficialmente el pasado día 28 en la basílica de San Pablo Extramuros, que se alza en la romana vía Ostiense, donde el Apóstol de los Gentiles fue decapitado en el año 67 después de Cristo.
"Pablo fue una figura excelsa e inimitable y estimulante. Es para nosotros un ejemplo de total dedicación al Señor y a su Iglesia y estuvo abierto a la humanidad y a sus culturas", señaló el Papa.
El Pontífice resaltó que el mensaje de San Pablo sigue teniendo actualidad, "ya que el ambiente socio-cultural de aquella época ofrece muchas semejanzas con la nuestra".
A este respecto, el Papa agregó que San Pablo provenía de la cultura judía, "que se distinguía netamente del ambiente circundante" y estaba inmerso en la cultura griega y en la romana, "que facilitaron en gran medida su actividad".
"Aunque la visión universal de San Pablo se debe sobre todo a su fe en Cristo, el contexto cultural de su tiempo, en el que destaca la filosofía estoica, con sus altos valores de humanidad y de sabiduría, ejerció también en él un gran influjo", añadió el Papa.
Benedicto XVI añadió que la predicación paulina, "con toda la profunda originalidad del mensaje cristiano, sintoniza con la sensibilidad religiosa y el trasfondo cultural de su tiempo".
Como es habitual, durante la audiencia el Papa saludó en diferentes idiomas. En español tuvo palabras de aliento para los fieles presentes de España, entre ellos un grupo de sacerdotes de la diócesis de Tarazona, encabezados por el obispo, Demetrio Fernández, y otros de seminaristas de Toledo y de Terrassa.
Asimismo, saludó a fieles de Costa Rica, El Salvador, México, Uruguay y Venezuela.
Esta tarde, a las 18.00 hora local (16.00 GMT), Benedicto XVI se trasladará en helicóptero desde el Vaticano a Castel Gandolfo.
Según informó el Vaticano, durante este tiempo de verano quedarán suspendidas todas las audiencias privadas y especiales.
Las audiencias públicas de los miércoles 9, 16, 23 y 30 de julio han sido también suspendidas. El tradicional encuentro con los fieles lo reanudará el 13 de agosto.
El ángelus dominical del 6 y 27 de julio lo rezará en la residencia de Castel Gandolfo.
Benedicto XVI viajará del 12 al 21 de julio a Sydney, en Australia, para presidir la XXIII Jornada Mundial de la Juventud.
El 28 de julio se trasladará a la localidad alpina italiana de Bressanone, donde pasará un periodo de descanso entre las montañas de los Alpes que se prolongará hasta el 11 de agosto.
Ese día regresará a Castel Gandolfo, donde permanecerá hasta finales de verano.
Asia mira a san Pablo, modelo de evangelización
Afirma el cardenal indio Vithayathil
NUEVA DELHI, jueves, 3 julio 2008 (ZENIT.org).- “Revitalizar el celo misionero y el espíritu en el anuncio de la buena noticia”. Esta es la tarea que corresponde a la Iglesia en la India pero en general también en toda Asia, con motivo del Año Paulino, en palabras del cardenal indio y arzobispo mayor de Ernakulam-Angamaly de los siro-malabares Varkey Vithayathil.
El cardenal, que es también presidente de la Conferencia Episcopal de la India, en una declaración a la agencia Asia News, recogida ayer por el diario Vaticano “L’Osservatore Romano”, subraya el valor del evento para la evangelización del continente.
El purpurado afirma: “En las celebraciones para el segundo milenio del nacimiento de san Pablo, la Iglesia debe sobre todo revitalizar su celo misionero y el espíritu en el anuncio de la buena noticia a todos los pueblos. San Pablo ha sido el misionero más grande de la historia y su vida y predicación son el elemento más importante para la India y Asia, sobre todo en este nuestro tiempo”.
El cardenal recuerda que, en el último encuentro de los obispos indios, subrayó con fuerza la necesidad de que la Iglesia realice una nueva evangelización. El purpurado afirma: “He dicho a los obispos de la India que el trabajo social no es suficiente. El trabajo social es evangelización indirecta, pero la Iglesia en India, con franqueza, debe predicar a Jesucristo”.
Y añade: “Predicar el Evangelio y anunciar la Buena Noticia de la salvación es la caridad más grande que la Iglesia en India y en Asia puede ofrecer. Esta caridad tiene el poder de transformar la vida de la gente, hasta envolver la existencia cotidiana en una nueva dignidad. Esta es la misión de la Iglesia y de cada cristiano bautizado”.
El purpurado en su intervención invitó a la lectura de las cartas del santo, recordando que son esenciales para los obispos, los sacerdotes y los laicos, porque instruyen sobre el modo en que la vida de cada ser humano puede convertirse en testimonio de Jesús.
En especial, el purpurado citó algunas palabras del apóstol de las gentes, refiriéndose a la difícil situación en la que viven algunas comunidades cristianas en el país: “He combatido la buena batalla, he terminado mi carrera, he conservado la fe. Ahora me queda sólo la corona de justicia”.
El presidente de los obispos comentó: “No hay nada más valioso que esta corona de justicia. Debería ser este el espíritu que nos anima en India, en el clima de intolerancia contra los cristianos que se respira en muchos estados indios, y con las leyes anticonversión que querrían doblegar el espíritu evangélico”.
Y subrayó: “Este celo indómito del apóstol debería acrecentar el espíritu evangélico en el corazón de todos nosotros en India: evangelizar en la esperanza, comunicando a Jesús a la gente. Hoy día es importante vivir el Evangelio con radicalidad y nuestro modelo es san Pablo”.
Para el cardenal, el apóstol de las gentes muestra aquello que un cristiano busca predicando el Evangelio. El santo es modelo de evangelización en toda Asia y sobre todo para la Iglesia perseguida en India. El purpurado afirmó que san Pablo fue el apóstol de los paganos y fue perseguido a causa de Jesucristo.
Sin embargo, puntualizó, “esto no aguó su celo. Viajó a lo ancho y a lo largo en el mundo de entonces, con todas las dificultades que había en aquellos tiempo. Tuvo que sufrir hostilidad y peligros, tratando de convertir a los pueblos a la nueva fe. Soportó con tenacidad todo esto, llegando al cumplimiento de su obra. Por último, fue decapitado”.
El cardenal puso de relieve el valor extremo del santo hasta consumirse en el amor de Cristo: “Pablo –dijo- era consciente de las consecuencias a las que se llega olvidando proclamar el Evangelio”. Para el presidente de los obispos, este es el camino que la Iglesia debe seguir: “Pablo estaba tan consumido por el amor de Jesús que sufrió con valor también las persecuciones. Nunca usó la fuerza o la seducción, una acusación que a menudo se hace contra los cristianos en India sino que predicaba y la gente creía”.
Y concluyó: “Esto se debería hacer en India y en Asia. Lamentablemente, la persecución nos atemoriza y nuestro celo se enfría, así apagamos nuestra predicación. Es urgente que la luz luminosa de la resurrección brille sobre las generaciones presentes. Pero esto exige que vosotros y yo anunciemos a todos los pueblos al Señor resucitado”.
Traducido del italiano por Nieves San Martín