“Ha cambiado la imagen que los norteamericanos tenían del Papa”
Según el cardenal Pietro Sambi, nuncio apostólico en los Estados Unidos
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 11 de junio de 2008 (ZENIT.org) La imagen que tenían los norteamericanos sobre el Papa Benedicto XVI y sobre la Iglesia católica en general ha cambiado tras la visita papal a Estados Unidos, afirma el Nuncio apostólico en este país, monseñor Pietro Sambi.
En una entrevista publicada ayer por el diario vaticano "L'Osservatore Romano", el prelado asegura que el pueblo norteamericano ha "descubierto" al Papa durante esta visita, de la que hace un balance muy positivo.
"Benedicto XVI era poco y mal conocido en los Estados Unidos. Quienes se esperaban al "inflexible policía del Santo Oficio" han sido conquistados por el pastor, el padre, el maestro persuasivo".
"El Papa ha sido 'descubierto' como un atento conocedor de lo que pasa en el corazón del hombre de hoy, como portador de respuestas sustanciosas y vivificantes, ofrecidas con claridad, con humildad, casi con timidez". Y, ante esto, afirma el prelado, "ha estallado la simpatía, la atención, el respeto y el amor de todo un pueblo".
De los muchos detalles de la visita, monseñor Sambi ha destacado, entre otros, la visita a la Zona Cero, que supuso "un momento de intensa identificación con el pueblo norteamericano, independientemente de su fe, con Benedicto XVI".
"Incluso los mass media, que habitualmente no esconden su acritud contra la Iglesia católica, han escrito o transmitido con interés, respeto y simpatía la visita del Papa", explicó monseñor Sambi. Los medios laicos "definieron la visita como 'Un acontecimiento más allá de toda expectativa'. Y, dados el poder y la resonancia de los mass media estadounidenses, un éxito aquí significa un éxito en el mundo entero".
Esperanza
Monseñor Pietro Sambi explicó que el Papa consiguió "conectar" con el pueblo norteamericano al hablar de la esperanza.
"En la homilía en el estadio nacional de Washington, el Pontífice dijo: 'Los norteamericanos han sido siempre un pueblo de la esperanza. La esperanza, la esperanza en el futuro, forma profundamente parte del carácter norteamericano'. En el 11 de septiembre de 2001, cuando fueron atacadas las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington, el pueblo norteamericano, como siempre en los momentos difíciles, se ha dirigido a las iglesias y a los templos, encontrando en la presencia de Dios confianza, unidad y valor".
"Hablando de la esperanza -continúa monseñor Sambi- el Papa ha tocado un tema profundamente enraizado en la historia y en la cultura de este pueblo, y ha hecho vibrar una cuerda particularmente sensible en estos tiempos". "El éxito del Papa se explica por la capacidad de Benedicto XVI de entender el ánimo norteamericano y de aportarle, con humildad, las respuestas que necesita", añadió.
Otro momento importante, según el prelado, fue el encuentro con el presidente George W. Bush, que el proprio Pontífice apreció en sus reflexiones sobre el viaje, en la audiencia general del 30 de abril, y en el que se refirió a la "sana laicidad" existente en este país, que "desde sus inicios se ha edificado sobre la base de una feliz conjugación entre principios religiosos, éticos y políticos".
"El Papa ha hablado del 'válido ejemplo de sana laicidad' en Estados Unidos, y ha descrito sus contenidos: 'Donde la dimensión religiosa, en la diversidad de sus expresiones, no sólo es tolerada sino valorada como almade la nación y garantía fundamental de los derechos y los deberes del hombre'. Una descripción de 'sana laicidad' que merece ser atentamente estudiada", añade.
Ánimo a la Iglesia estadounidense
Otro de los efectos del viaje del Papa ha sido, según el Nuncio, ha sido la de infundir nuevo valor y esperanza a los católicos norteamericanos.
"En la radio católica de la archidiócesis de Nueva York, el Papa dijo que había venido a confirmarles en la fe, 'pero en realidad sois vosotros los que me habéis confirmado, con vuestra respuesta, con vuestro entusiasmo, con vuestro afecto'. Estas palabras espontáneas han llegado al corazón de los católicos norteamericanos, y se han percibido como aprecio y ánimo".
Según monseñor Sambi, tras la visita, "la Iglesia católica ha retomado valor. De las parroquias nos llegan informaciones de que muchos fieles que habían abandonado desde hace tiempo la práctica religiosa, han vuelto a la confesión y a la misa dominical".
Por Inmaculada Álvarez
El Papa y la prensa estadounidense
¿Permanecerá su relación de amor?
DETROIT, martes, 27 mayo 2008 (ZENIT.org).- Mirando y leyendo las reseñas de varios medios antes de que el Santo Padre llegara para su histórica visita el mes pasado a Washington y Nueva York, uno podría haber tenido fácilmente la impresión de que no iba a suceder nada sino más prejuicios y escasa representación de los mismos medios.
Uno esperaba que los medios giraran en torno a las usuales sospechas, a los autores no ortodoxos, los llamados estudiosos y comentaristas que son católicos solamente de nombre y no pueden aceptar la enseñanza de la Iglesia sobre el aborto, la contracepción y el sacerdocio masculino, y los cuestionan o los citan en la prensa de manera que pueden una vez más atacar a la Iglesia por no seguir los caprichos de la cultura estadounidense.
Ya fueran los comentarios irreverentes y extremadamente sacrílegos de Bill Maher de HBO, refiriéndose a Iglesia Católica como un culto que acoge y protege a abusadores de niños -por lo que ella luego pidió perdón- o las mayores cadenas televisivas de ABC, NBC y CBS, refiriéndose al Papa como un conservador, de línea dura y tradicionalista, el punto de vista del frente de los medios no parecía bueno.
Esto fue, por supuesto, hasta que el Santo Padre mismo impresionó a los medios con la iniciativa de un verdadero asalto uno-dos. No sólo fue el Papa el primero que aludió a su disgusto por el escándalo del abuso sexual de los sacerdotes aquí en Estados Unidos, sino que lo hizo antes de aterrizar en suelo americano. Dialogó sobre el sensible y embarazoso tema durante una sesión de preguntas y respuestas con reporteros en el "Sepherd One". Y más tarde en esa semana se encontró privadamente con varias víctimas del escándalo de abusos sexuales.
Tim Graham, director de análisis de medios para el Centro de Investigación de los Medios, explica que fue la humildad y la llaneza del Pontífice respecto al mayor elefante blanco existente lo que pudo haber forzado a la prensa a mirar más de cerca a este Papa y hacer al menos algún esfuerzo por cubrir su visita más justamente y al menos un poco más amablemente.
El centro con sede en Virginia fue creado hace más de veinte años para probar a través de la investigación que la desviación liberal de los medios no sólo existe, sino que mina los valores estadounidenses.
"Tratando de los escándalos sexuales en el avión [...] fomentó la cobertura de la prensa, y el encuentro con las víctimas ayudó todavía más. Es entusiasmante cómo Benedicto trata, como tema de su pontificado, de construir esperanza, y se pudo ver a cada uno, desde las víctimas de abusos a los comentaristas de los medios, sentir más esperanza en este frente también", dijo Graham.
Graham añade que el tono fue también más amable de lo que muchos esperaban porque los medios fueron conscientes de las encuestas que mostraban que los católicos de Estados Unidos eran favorables a Benedicto XVI, y porque el Santo Padre no se metió en política. No ahorró palabras cuando trató del seguimiento de las enseñanzas de la Iglesia, pero como Graham dice, el Pontífice insistió en el tema de la esperanza y arrepentimiento, temas que no entusiasman precisamente a los periodistas laicos.
Según el Centro de Investigación de los Medios, las encuestas que se remontan hasta 1978 muestran que quienes trabajan en los medios en Estados Unidos son mucho más liberales que el resto del país, con una encuesta que muestra que la mayoría de los periodistas admiten que la religión no es importante en sus vidas.
"Primero: las encuestas de los medios mostraron que los católicos estadounidenses eran abrumadoramente favorables a Benedicto, lo que hace difícil pintarlo como impopular o villano. Segundo: el Papa insistió en temas religiosos y no políticos, una vuelta al compromiso con Cristo y la evangelización, que los reporteros laicos encuentran o aburrido o inofensivo. Al pedir perdón profundamente por los escándalos de abusos sexuales también ablandó el tono de la cobertura de los medios", añadió Graham.
Hubo algunos elementos positivos que llevaron a una prensa más amable y gentil de la que la que estaba detrás de las escenas de meses antes de que la cobertura papal empezara en serio. Lisa Wheeler es vicepresidenta ejecutiva del Maximus Media Group. Maximus es una compañía de comunicaciones católicas y marketing que proporciona interlocutores católicos ortodoxos para entrevistas con los medios.
"Los medios laicos parecían estar más preparados para este gran evento mundial católico. Tuvimos llamadas de las mayores cadenas tan pronto como enero para varios especiales que estaban preparando en relación con la visita papal. Tuvimos la responsabilidad de cerca de los 75 mayores espacios en la CNN, FOX, CBS, USA Today, AP, Reuters, New York Times, Newsweek y la BBC en relación con la visita", dijo Wheeler.
Wheeler añade que ha visto un giro notable en el tipo de expertos de los principales medios que representaban los puntos de vista de la Iglesia.
"Por primera vez tuvimos un sacerdote ortodoxo respaldando la cobertura del Día de Navidad en una gran cadena. Las peticiones que llegan a Maximus de las mayores cadenas son normalmente de tipo religioso, buscan sacerdotes o religiosas para hablar como comentaristas. Durante la visita papal la mayoría de los comentaristas de la corriente mayoritaria de la televisión eran sacerdotes. Monseñor Lisante en la MSNBC, el padre Morris en la FOX, el padre Fessio en la CNN. Casi cada primera petición de los medios ha sido: ‘nos gustaría un sacerdote'. Este es un enorme giro en el tipo de peticiones que normalmente teníamos".
Pero queda por ver si el intento de una información más equilibrada durante un evento especial como el de la visita papal se traslada a la cobertura general de los asuntos de fe, especialmente los que tienen que ver con la Iglesia Católica.
Wheeler dice que podría contar cantidad de historias que muestran que el sesgo liberal está todavía vivo entre los miembros de los medios laicos, incluyendo una sobre una red particular que pidió "un católico que hable sobre que si el Papa realmente quiere curar a las víctimas de abusos sexuales o cambiará la posición de la Iglesia sobre el matrimonio homosexual".
"Primero estaba atónita. Yo estaba a punto de decir ‘¿Habla en serio?'". Qué modo de dar cinco pasos de gigante hacia atrás. Mi respuesta fue: ‘¿Usted quiere una historia cuidada sobre este tema, o usted busca crear controversia?. No hay un católico auténtico que hable con autoridad de tal tema'. No hay que decir que tuvimos que pasar a ayudarles con este particular segmento", dijo Wheeler.
Sobre todo, incluso si no parece que la gente del Centro de Investigación de los Medios o Maximus se quede sin trabajo a todas las horas pronto, Wheeler insiste en que se siente animada por lo que dice ha traslucido en estos tres últimos años respecto a los medios laicos.
Los encuentra mucho más abiertos y más receptivos a cubrir temas críticos hacia el cambio cultural, y cubrirlos desde una perspectiva auténtica. Y recuerda que con Dios todas las cosas son posibles, especialmente cuando Cristo y la Iglesia tienen tal testigo potente y humilde como Benedicto XVI.
"Mis sentimientos, basados en las reacciones que he oído detrás del escenario de miembros de los medios son que el Papa Benedicto realmente sorprendió a los medios laicos --dijo Wheeler--. Le encontraron auténtico, abierto e inexorable en su candor sobre temas que afectan al país y al mundo.
"Mi propia esperanza es que si muchos miembros laicos de los medios que cubrieron esta visita leyeron y escribieron sobre los discursos del Santo Padre, sus corazones se transformarán de manera que puede darse una renovación de los medios".
Por Teresa Tomeo, traducido del inglés por Nieves San Martín
Universitarios estadounidenses estudian junto a la ONU el viaje del Papa
La Misión de la Santa Sede en las Naciones Unidas patrocina un seminario
NUEVA YORK, lunes, 12 mayo 2008 (ZENIT.org).- Estudiantes de universidades católicas tendrán una oportunidad única de profundizar en el mensaje de esperanza que Benedicto XVI dejó durante su viaje en abril a Estados Unidos.
La Fundación «Sendero para la Paz» (Path to Peace) anunció el tercer seminario anual sobre la doctrina social de la Iglesia para estudiantes de colegios universitarios católicos. El simposio de este año se titula «Estudiantes de universidades católicas y el bien común: construir un mundo de esperanza y una comunidad de paz».
El seminario de 2008 sigue los pasos de la visita de Benedicto XVI a Estados Unidos y a las Naciones Unidas, y es una oportunidad para los estudiantes universitarios de entrar en contacto con líderes internacionales, estudiosos y otros directivos sobre el mensaje de esperanza del Santo Padre.
El arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas y presidente de la Fundación «Sendero para la Paz», presidirá el evento que tendrá lugar del 18 al 23 de mayo próximos.
También participarán otros expertos, teólogos, sociólogos, directivos de la ONU y embajadores.
El simposio anual pretende dar a los universitarios un mayor contacto con las enseñanzas sociales y morales de la Iglesia, en orden a aportar sólidos valores y convicciones a la formación de sus mentes y conciencias, y animarles a comprometerse en la tarea de hacer del mundo un lugar mejor.
La Fundación Camino a la Paz se creó en 1991 para apoyar las actividades educativas, culturales y humanitarias que complementan la Misión de la Santa Sede ante Naciones Unidas.
Más información en http://www.thepathtopeacefoundation.org/
Traducido del inglés por Nieves San Martín
El viaje papal impactó a los católicos estadounidenses, según una encuesta
Ayudó a comprender las enseñanzas de la Iglesia
NEW HAVEN, lunes, 11 mayo 2008 (ZENIT.org).- Una encuesta de los Caballeros de Colón revela que los católicos estadounidenses comprenden mejor la enseñanza de la Iglesia, tienen una impresión más positiva del Papa y es más probable que acudan a votar, tras la visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos.
Los datos recogidos por el Instituto de Opinión Pública del Colegio Marista, hechos públicos el 9 de mayo, revelan que el viaje del Santo Padre en abril tuvo una clara influencia en los católicos practicantes y no practicantes.
Por ejemplo, la proporción de católicos practicantes que describen positivamente a Benedicto XVI como un líder espiritual pasó del 70% antes de la visita, al 82% después, un incremento del 12%. Entre los no practicantes, la proporción fue del 62% antes de la visita, al 79% después, un aumento del 17%.
Una mayoría de católicos, el 54%, dijo que se sentían más al tanto de sus valores espirituales como resultado de la visita del Papa, y el 41% dijo que era más probable que votaran en las elecciones de noviembre. El 64% de los católicos dijo que tenía una mejor comprensión de la postura de la Iglesia Católica en temas importantes como resultado del viaje.
El 88% de los católicos practicantes, y el 73% de los católicos no practicantes dicen que el viaje respondió o excedió sus expectativas. Y más del 70% de los católicos tienen una visión más positiva de la Iglesia como resultado de la visita, incluyendo el 82% de los católicos practicantes y el 56% de los católicos no practicantes.
La mitad de los entrevistados dicen que es más probable que hagan que la familia tome mayor parte en sus vidas, mientras que cerca del 40% dicen que es más probable que lleguen a ser más activos en su comunidad o iglesia.
El caballero supremo Carl Anderson dijo que los resultados de la encuesta «muestran claramente que el Papa Benedicto se ha presentado a los católicos de Estados Unidos con una tremenda oportunidad. Los estadounidenses son un pueblo religioso, y respondieron muy positivamente al mensaje de fe, esperanza y amor que el Santo Padre difundió a lo largo de su visita. Es el momento de que todos nosotros en la comunidad católica atravesemos la puerta que nos ha abierto y trabajemos juntos para construir la civilización del amor».
El Instituto de Opinión Pública del Colegio Marista entrevistó a 1.013 adultos de todo el país y los resultados de la encuesta publicada el 9 de mayo son estadísticamente significativos al ±4,4%. Todas las encuestas fueron hechas entre el 22 y el 29 de abril de 2008, inmediatamente a continuación del retorno del Papa a Roma.
El resultado completo del estudio se puede ver en: www.kofc.org/un/cmf/resources/Communications/documents/catholics_reflect.pdf
Traducido del inglés por Nieves San Martín
Balance de Benedicto XVI de su viaje apostólico a los Estados Unidos
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 30 abril 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles en la que hizo un balance de su visita apostólica a los Estados Unidos del 15 al 21 de abril.
Queridos hermanos y hermanas:
Si bien han pasado ya varios días desde mi regreso, deseo dedicar la catequesis de hoy, como de costumbre, al viaje apostólico que he realizado a la Organización de las Naciones Unidas y a los Estados Unidos de América del 15 al 21 de abril pasado. Ante todo renuevo mi más cordial reconocimiento a la Conferencia Episcopal estadounidense, así como al presidente Bush, por haberme invitado y por la cálida acogida que me han brindado. Pero quisiera ampliar mi agradeciendo a todos los que en Washington y en Nueva York han venido a saludarme y a manifestar su amor por el Papa, o que me han acompañado y apoyado con la oración y con el ofrecimiento de sus sacrificios.
Como es sabido, la ocasión de la visita ha sido el bicentenario de la elevación como sede metropolitana de la primera diócesis del país, Baltimore, y la fundación de las sede de Nueva York, Boston, Filadelfia y Louisville. En este aniversario típicamente eclesial, he tenido la alegría de visitar personalmente por primera vez, como sucesor de Pedro, el querido pueblo de los Estados Unidos de América para confirmar en la fe a los católicos, para renovar e incrementar la fraternidad con todos los cristianos, y para anunciar a todos el mensaje de «Cristo nuestra esperanza», como decía el lema del viaje.
En el encuentro con el señor presidente, en su residencia, pude rendir homenaje a ese gran país, que desde los inicios se ha edificado a partir de una feliz conjugación entre principios religiosos, éticos y políticos, y sigue siendo un válido ejemplo de sana laicidad, donde la dimensión religiosa, en la diversidad de sus expresiones, no sólo es tolerada, sino valorada como "alma" de la nación y garantía fundamental de los derechos y de los deberes del ser humano. En este contexto, la Iglesia puede desempeñar con libertad y compromiso su misión de evangelización y promoción humana y, al mismo tiempo, puede ser de estímulo para un país, como los Estados Unidos, al que todos dirigen su mirada como uno de los principales agentes del escenario internacional, para que se oriente hacia la solidaridad global, cada vez más necesaria y urgente, y hacia el ejercicio paciente del diálogo en las relaciones internacionales.
Naturalmente la misión y el papel de la comunidad eclesial estuvieron en el centro del encuentro con los obispos, que tuvo lugar en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en Washington. En el contexto litúrgico de las vísperas, alabamos al Señor por el camino recorrido por el pueblo de Dios en los Estados Unidos, por el celo de sus pastores, y por el fervor y la generosidad de sus fieles, que se manifiesta en la elevada y abierta consideración de la fe y en innumerables iniciativas caritativas y humanitarias en el país y en el extranjero. Al mismo tiempo, pude apoyar a mis hermanos en el episcopado en su difícil tarea de sembrar el Evangelio en una sociedad marcada por muchas contradicciones, que amenazan la coherencia de los católicos y del mismo clero. Les animé a elevar su voz sobre las cuestiones morales y sociales actuales y a formar a los fieles laicos para que sean buena "levadura" en la comunidad civil, a partir de la célula fundamental que es la familia. En este sentido, les exhorté a volver a proponer el sacramento del Matrimonio como don y compromiso indisoluble entre un hombre y una mujer, ámbito natural de acogida y de educación de los hijos. La Iglesia y la familia, junto a la escuela, especialmente la de inspiración cristiana, deben cooperar para ofrecer a los jóvenes una sólida educación moral, pero en esta tarea también tienen una gran responsabilidad los agentes de la comunicación y del entretenimiento. Pensando en el doloroso caso de los abusos sexuales a menores cometidos por ministros ordenados, quise expresar a los obispos mi cercanía, animándoles en el compromiso de curar las heridas y de reforzar las relaciones con sus sacerdotes. Respondiendo a algunas preguntas planteadas por los obispos, subrayé algunos aspectos importantes: la relación intrínseca entre el Evangelio y la «ley natural»; la sana concepción de la libertad, que se comprende y se realiza en el amor; la dimensión eclesial de la experiencia cristiana; la exigencia de anunciar de manera nueva, en especial a los jóvenes, la «salvación» como plenitud de vida, y de educar en la oración, de la que florecen las respuestas generosas a la llamada del Señor.
En la grande y festiva celebración eucarística en el Nationals Park Stadium de Washington invocamos al Espíritu Santo sobre toda la Iglesia que está en los Estados Unidos de América, para que firmemente arraigada en la fe transmitida por los padres, profundamente unida y renovada, afronte los desafíos presentes y futuros con valentía y esperanza, esa esperanza que «no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Romanos 5, 5).
Uno de estos desafíos es ciertamente el de la educación y, por este motivo, en la Catholic University of America me reuní con los rectores de universidades y de centros universitarios católicos, con los responsables diocesanos para la enseñanza, y con los representantes de los profesores y alumnos. La tarea educativa es parte integrante de la misión de la Iglesia, y la comunidad eclesial estadounidense siempre se ha comprometido mucho en este campo, ofreciendo al mismo tiempo un gran servicio social y cultural a todo el país. Es importante que esto pueda continuar. Y es asimismo importante cuidar la calidad de los centros católicos de enseñaza para que en sellos se forme verdaderamente según «la medida de la madurez» de Cristo (Cf. Efesios 4, 13), conjugado fe y razón, libertad y verdad. Con alegría, por tanto, he confirmado a los formadores en su precioso compromiso de caridad intelectual.
En un país con una vocación multicultural, como los Estados Unidos de América, han asumido especial importancia los encuentros con los representantes de las demás religiones: en Washington, en el Centro Cultural Juan Pablo II; con judíos, musulmanes, hindúes, budistas y jainistas; en Nueva York, la visita a la Sinagoga. Momentos, en especial este último, muy cordiales, que han confirmado el compromiso común por el diálogo y la promoción de la paz y de los valores espirituales y morales. En la que puede considerarse como la patria de la libertad religiosa, quise recordar que ésta siempre debe ser defendida con un esfuerzo conjunto, para evitar toda forma de discriminación y prejuicio. E hice hincapié en la gran responsabilidad de los representantes religiosos, tanto al enseñar el respeto y la no violencia, como al mantener vivas las preguntas más profundas de la conciencia humana. La celebración ecuménica, en la iglesia parroquial de san José, también se caracterizó por una gran cordialidad. Juntos pedimos al Señor que aumente en los cristianos la capacidad de dar razón, también con una unidad cada vez más grande, de su única esperanza (Cf. 1 Pedro 3,15), basada en la fe común en Jesucristo.
El otro objetivo principal de mi viaje era la visita a la sede central de la ONU: la cuarta visita de un Papa, después de la de Pablo VI en 1965 y de las dos de Juan Pablo II en 1979 y en 1995. En la celebración del sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, la Providencia me ha permitido confirmar, en la más amplia y autorizada asamblea supranacional, el valor de esta Carta, recordando su fundamento universal, es decir, la dignidad de la persona humana, creada por Dios a su imagen y semejanza para cooperar en el mundo en su gran designio de vida y de paz. Al igual que la paz, el respeto de los derechos humanas se arraiga en la «justicia», es decir, en un orden ético válido para todos los tiempos y para todos los pueblos, que puede resumirse en la famosa máxima «No hagas a los demás lo que no querrías que te hicieran a ti mismo», o, expresada de manera positiva con las palabras de Jesús: «todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos» (Mateo 7,12). Sobre esta base, que constituye la contribución típica de la Santa Sede a la Organización de las Naciones Unidas, renové, y vuelvo a renovar hoy, el compromiso de la Iglesia católica por contribuir a reforzar las relaciones internacionales, caracterizadas por los principios de responsabilidad y de solidaridad.
En mi espíritu han quedado fuertemente grabados también otros momentos de mi permanencia en Nueva York. En la catedral de Saint Patrick, en el corazón de Manhattan --verdaderamente una «casa de oración para todos los pueblos»--, celebré la santa misa por los sacerdotes y los consagrados, venidos de todas las partes del país. No olvidaré nunca el calor con que me felicitaron por el tercer aniversario de mi elección a la sede de Pedro. Fue un momento conmovedor, en el que experimenté de manera sensible todo el apoyo de la Iglesia por mi ministerio. Lo mismo puedo decir del encuentro con los jóvenes y seminaristas que se celebró precisamente en el seminario diocesano, precedido por una cita muy significativa con los chicos y chicas con discapacidades y con sus familiares. A los jóvenes, que por naturaleza tienen sed de verdad y de amor, les propuse algunas figuras de hombres y mujeres que han testimoniado de manera ejemplar el Evangelio en tierra estadounidense, el Evangelio de la verdad que hace libres en el amor, en el servicio, en la vida entregada por los demás. Al ver las tinieblas de hoy que amenazan su vida, los jóvenes pueden encontrar en los santos la luz que las disipa: ¡la luz de Cristo, esperanza para todo hombre! Esta esperanza, más fuerte que el pecado y la muerte, animó el momento henchido de emoción que pasé en silencio en el cráter de la Zona Cero, donde encendí una vela rezando por todas las víctimas de esa terrible tragedia. Por último, mi visita culminó con la celebración eucarística en el Yankee Stadium de Nueva York: llevo todavía en el corazón esa fiesta de fe y de fraternidad, con la que celebramos los doscientos años de las diócesis más antiguas de América del Norte. El pequeño rebaño de los orígenes se ha desarrollado enormemente, enriqueciéndose con la fe y las tradiciones de sucesivas oleadas de inmigración. A esa Iglesia, que ahora afronta los desafíos del presente, he tenido la alegría de anunciar nuevamente a «Cristo nuestra esperanza» ayer, hoy y siempre.
Queridos hermanos y hermanas: os invito a uniros a mí en la acción de gracias por el alentador resultado de este viaje apostólico y en la súplica a Dios, por intercesión de la Virgen María, para que produzca abundantes frutos para la Iglesia en los Estados Unidos y en todas las partes del mundo.
[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
En mi reciente viaje apostólico a los Estados Unidos pude encontrarme con el Presidente y rendir homenaje a ese amado País, ejemplo de sana laicidad, donde la generosidad de los fieles se refleja en múltiples obras de caridad y lo religioso es valorado como alma de la Nación. A los Obispos les exhorté a estrechar lazos con sus sacerdotes y a curar las heridas del pasado, así como a seguir proponiendo el sacramento del Matrimonio como compromiso indisoluble. Insistí también en que la Iglesia, la familia y la escuela, deben ofrecer a los jóvenes una sólida educación moral. En el National Park Stadium invoqué al Espíritu para que la Iglesia americana sepa afrontar los retos del futuro con esperanza. En la Universidad subrayé la importancia de la caridad intelectual. A los representantes de otras religiones les recordé el compromiso común en la promoción de la paz y de los valores morales. En la ONU señalé el valor de la "Declaración Universal de los Derechos Humanos", cuyo fundamento es la dignidad de la persona humana, creada a imagen de Dios. En Saint Patrick los sacerdotes y consagrados, llegados de todo el País, me dispensaron una calurosa acogida. Asimismo los jóvenes y los seminaristas. En el Punto Cero recé por las víctimas de la tragedia. La Eucaristía final en el Yankee Stadium fue una fiesta de fe y fraternidad, en la que anuncié nuevamente a Cristo como nuestra esperanza.
Saludo a los peregrinos de lengua española. Os invito a dar conmigo gracias a Dios por este Viaje Apostólico y a seguir pidiendo por los frutos espirituales del mismo.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
¿Qué viaje del Papa ha visto usted?
JAVIER GÓMEZ CUESTA Según el canal de TV que se haya visto, sacará cada uno su opinión y valoración de este último viaje pastoral, el octavo desde su elección, de Benedicto XVI. No ha sido mucha la información que los medios televisivos nos han ofrecido, exceptuando TV.popular, que ha conectado con el canal del Vaticano, ofreciendo la imagen de los actos más importantes en directo aunque atiborrados de acalorados comentaristas que distraían la visión. La hora era muy propicia para la audiencia, las cuatro de la tarde. Pero cambiar prensa de tomate rosa por reflexiones serias, y menos del Papa, es innegociable en esta España nuestra. Ni Benedicto XVI, ni los EE UU tienen entre nosotros un amplio aprecio. Los clichés acuñados son irreformables. Me produjo decepción y fastidio ver en una de las televisiones públicas contar una anécdota baladí, de un cura joven que le iba a entregar al Papa un skate y poner como todo comentario de la jornada de ese día que el Papa lo iba a necesitar para deslizarse por ese país lleno de problemas. Daba la impresión de que se esperaba que esta visita iba a pasar sin pena ni gloria. No ha sido así. Es verdad que Ratzinger no es Wojtila, no tiene su imagen, ni sus tablas en la escena, ni su carisma de masas, ni su poder de comunicación con el gran público, ni aquella voz grave, pausada, levantando y sosteniendo la mirada viva que arrancaba pronto el aplauso. Es de apariencia tímido, levanta sus brazos mecánicamente, repitiendo el mismo gesto, agradece educadamente los aplausos y da la impresión de que quiere que se apaguen en seguida. Si Juan Pablo II era un pastor, un místico, un alentador de entusiasmo, un apóstol con pasión evangelizadora, Benedicto XVI es un teólogo, un profesor, un pensador, un convencido y convincente que entre razón y fe no hay oposición sino complementariedad, un apasionado buscador de la verdad que va invitando y ayudando a todos a buscarla y a encontrarla. He leído detenidamente todos los discursos de este viaje subrayando, cada vez que la pronunciaba, la palabra «verdad». La ha dicho más de un centenar de veces. No sé si logrará realizar la reforma de la Curia vaticana que muchos esperan y de cuya necesidad él había hablado en sus tiempos de perito-teólogo en el Concilio Vaticano II. Lo que sí hará es hacer pensar y proponer la fe fundamentada en razonamientos sólidos que merecen consideración. Cosa capital en esta cultura superficial que olvidó el axioma cartesiano «pienso, luego existo». En este viaje no fue a rezar jaculatorias ni a proferir anatemas, sino a ofrecer el pensamiento cristiano para buscar la verdad y así contribuir a afrontar los problemas que afligen a la humanidad, como son la defensa y protección de los derechos humanos para todos, la paz, el desarrollo, la investigación científica, la pobreza y la solidaridad, la familia, las migraciones y el medio ambiente.
No faltan los que critican estos viajes y dudan de su eficacia. Asunto difícil de medir. La gente que acude lo hace libremente. Como a otros acontecimientos. Esta visita a los EE UU tenía dos finalidades muy concretas que la justificaban. El bicentenario de las primeras diócesis de ese país: Baltimore, Boston, Nueva Cork, Filadelfia y Louisville, y la conmemoración de los 60 años de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre por la ONU, a cuya celebración fue invitado por el secretario general, el coreano Ban Ki-moon, quien le hizo una presentación admirable hasta lamentarse de que en el edificio emblemático de la Organización, por cierto de Niemeyer, no hubiera una capilla para rezar. La ONU es una institución secular, le dijo, pero cuando se nos pregunta a los que estamos aquí qué nos motiva «muchos de nosotros respondemos con palabras de fe». No serán pocos los que enjuicien esta confesión como algo políticamente muy incorrecto.
La visita a la Iglesia norteamericana era necesaria desde que salto a la luz pública, el año 2002 en Boston, el gravísimo escándalo de la pederastia. Los medios de comunicación estaban con la pluma en ristre para asaetear al Pontífice según la actitud que tomara. Los desconcertó. En cuatro ocasiones habló sobre el tema, con palabras duras y claras, de vergüenza («Estoy avergonzado», llegó a manifestar), de perdón, de justicia y de la necesidad de purificación y sanación. Dio un testimonio de honestidad y de reconocimiento de que la Iglesia es «una santa comunidad de pecadores».
Espléndido el discurso de la ONU, cuyo precursor, recordó, fue el dominico español Francisco de Vitoria. Después de insistir, como sus predecesores Pablo VI y Juan Pablo II en la necesidad ineludible de la existencia de esta Organización para afrontar la solución a los problemas internacionales mediante reglas vinculantes, afrontó la situación de los derechos humanos y su origen. Se basan en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones. Por eso son válidos para todos los pueblos y todos los tiempos. Han de ser espetados como expresión de la justicia y no simplemente porque pueden hacerse respetar mediante la voluntad de los legisladores.
Cada Papa aporta a la Iglesia y al mundo su carisma y sus valores. Benedicto XVI se ha empeñado en hacernos ver que una fe, fraterna de la razón, genera un pensamiento cristiano que puede iluminar a la humanidad en el camino por la historia.
Javier Gómez Cuesta es párroco de la iglesia de San Pedro, de Gijón
El Papa llegará a Estados Unidos en el «Pastor Uno» («Shepherd One»)
El presidente Bush le recibirá en la base aérea de Andrews
WASHINGTON, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- El Presidente George Bush y su esposa darán la bienvenida al Papa Benedicto XVI, el 15 de abril, cuando llegue a la base aérea de Andrews, para una visita de seis días a Estados Unidos que le llevará a Washington y Nueva York.
Se espera que el Papa, según informa la Conferencia Episcopal en su página web, llegue a las cuatro de la tarde en el vuelo de Alitalia denominado «Shepherd One» («Pastor Uno»), que recuerda el nombre del avión del presidente de ese país, «Air Force One». Le acompañarán varios representantes de la Santa Sede y más de 60 periodistas de la prensa vaticanista acreditada.
A su llegada, el Papa Benedicto será también saludado por varios representantes eclesiales, incluyendo al arzobispo Pietro Sambi, nuncio apostólico en Estados Unidos; el cardenal Francis George de Chicago, presidene de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos; el arzobispo Donald Wuerl de Washington y el arzobispo Timothy Broglio de la Archidiócesis de los Servicios Militares de los Estados Unidos.
Varios cientos de invitados estarán también entre quienes saludarán al Papa. Entre ellos, estarán familias de militares y jóvenes de varios colegios católicos. Antes de la llegada, la Banda de la Fuerza Aérea amenizará la espera al público.
Cuando el Papa llegue, la guardia vestida de gala ofrecerá su acostumbrado homenaje a un jefe de Estado. La ceremonia será breve y sin discursos. Los saludos formales serán ofrecidos a la mañana siguiente cuando el Papa visite al presidente Bush en la Casa Blanca.
Más información respecto al itinerario del viaja apostólico del Santo Padre a Estados Unidos y Naciones Unidas se puede encontrar en: http://www.uspapalvisit.org/.
Traducción de Nieves San Martín
Visita del Papa a USA
El Papa Benedicto XVI visitará Estados Unidos en la primavera del 2008 durante seis días. Pasará tres días en la ciudad de Washington y tres días en Nueva York.
Martes, 15 de abril
Llegada del Santo Padre a Washington.
Miércoles, 16 de abril
Visita a la Casa Blanca en la mañana
Reunión con los obispos de Estados Unidos en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en la tarde
Jueves, 17 de abril. Misa pública en el nuevo estadio de béisbol de los Nacionales de Washington. En la tarde, encuentro con los presidentes de universidades católicas y directores diocesanos de educación en The Catholic University of America, seguido de una reunión con líderes de otras religiones en el Centro Cultural Juan Pablo II. Para obtener entradas para la Misa pública, por favor contacten la Arquidiócesis de Washington.
Viernes, 18 de abril
El Papa Benedicto XVI vuela a Nueva York para dar un discurso en la sede de las Naciones Unidas. En la tarde, encuentro ecuménico en una parroquia de la ciudad de Nueva York.
Sábado, 19 de abril
Misa con sacerdotes, diáconos y miembros de órdenes religiosas en la Catedral de San Patricio. En la tarde, encuentro con jóvenes católicos, incluyendo un grupo de 50 jóvenes con discapacidedes, en el Seminario de San José en Yonkers.
Domingo, 20 de abril
Visita a la “zona cero”, lugar donde radicaban las torres gemelas del World Trade Center, y Misa pública en el estadio de los Yankees de Nueva York. Para conseguir boletos, por favor contacte la Arquidiócesis de Nueva York.
La Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos no está autorizada para distribuir al público boletos para ninguno de los eventos.