Un presupuesto de 6 mil millones, 25 mil clientes y ninguna cuenta secreta o cuestión turbia: el banco del Papa se abre a la prensa para reconstruir su imagen ANDREA TORNIELLI Ciudad del Vaticano El IOR se ocupa de alrededor de 6 mil millones de euros, tiene unos 25 mil clientes y se enorgullece de no tener nunguna cuenta secreta ni anónima, ni ninguna relación con paraísos fiscales. En cambio, lleva a cabo una vigilancia severa para cada una de sus transferencias de dinero, garantiza el seguimiento de los depósitos y está haciendo todos los esfuerzos posibles para adecuarse cada vez más a las normas internacionales en contra del lavado de dinero.
FUENTE: La Stampa. Roma
Es la síntesis del mensaje que Paolo Cipriani, el director del Instituto para las Obras de Religión quiso ofrecer ante los 53 periodistas de todo el mundo que esta mañana tuvieron la ocasión de visitar por primera vez el “banco vaticano”, que se encuentra en torreón de Nicolò V, en donde se encontraban hace tiempo las celdas del Vaticano.
Un “open day” con todo y visita al salón en donde se encuentran las ventanillas abiertas al público de los clientes seleccionados, además de alrededor de dos horas de presentación de las actividades del Instituto que nació en 1887 por voluntad de León XIII y que fue transformado en la institución que es hoy en día por Pío XII en 1942. Satisfecho por esta iniciativa, el director de la Sala de Prensa vaticana, el padre Federico Lombardi, dijo: «Lo que se quiere seguir desarrollando es la línea de la legalidad, de la transparencia y de la rectitud hasta el fondo, por ello queremos ofrecer elementos importantes para los que tienen el trabajo de informar». Durante el curso de la exposición, Cipriani, acompañado por el vicedirector Massimo Tulli y otros cuatro dirigentes, repitió que el IOR pretende «quitar el velo del secreto» que cubre sus actividades y las sospecha de que el banco vaticano se puede prestar para operaciones poco limpias. Cipriani también indicó que los servicios que ofrece el IOR «fueron concebidos respetando los principios éticos fundamentales de la Iglesia católica», y explicó que el Instituto no tiene como objetivo principal crear utilidades, sino la satisfacción del cliente, a quien se le explica cómo van los mercados; también indicó que las inversiones tienen el objetivo de proteger el capital: las inversiones en acciones no superan el 5% del presupuesto y están vinculadas con productos que tienen un rating muy alto y con rendimientos bajos
Después de haber explicado cuáles son las personas o los entes que pueden abrir una cuenta en el IOR (nunciaturas, obispos, congregaciones religiosas, parroquias, fundaciones canónicas, seminarios y colegios, embajadas ante la Santa Sede), el director explicó que el 77,3% de los clientes del IOR son europeos, el 7,3% son vaticanos, el 6,3% son africanos, el 4,1 sin sudamericanos, el 2,3 % son norte y centroamericanos, el 2,5 % son asiáticos y el 0,2 % provienen de Oceanía. «En el IOR hay 33 mil cuentas y 25 mil posiciones abiertas», dijo Cipriani. La diferencia entre posiciones y cuentas se explica con el hecho de que una misma congregación religiosa puede tener muchas cuentas, por ejemplo una a nombre de la Casa generalicia y otras a nombre de las diferentes casas u hospitales esparcidos por el mundo. El director del banco vaticano también ofreció su versión sobre la investigación en la que se vio involucrado con el secuestro de 20 millones de euros que desde una cuenta del IOR en el Crédito Artesanal debían transferirse a otra cuenta del IOR en Frankfurt para la compra de títulos alemanes; la suma fue secuestrada por la magistratura italiana en septiembre de 2010, misma que fue devuelta hace un año, aunque no se encuentra todavía disponible. «Estos fondos –recordó el director– se usaban para operaciones normales de la tesorería y no para depósitos». Cipriani también explicó cómo y por qué se acabó la relación con la filial de Milán de JP Morgan, en la que cerraron la cuenta del IOR hace pocos meses, después que el banco hubiera pedido una serie de información detallada y que no estaba prevista en el contrato de colaboración: «Querían saber cómo habríamos la habríamos usado y dijimos que estábamos dispuestos a ofrecer la información si nos la pedía la autoridad de vigilancia bancaria italiana». Cipriani también afirmó que «desde 1996 existe un sistema informático que no permite operaciones opacas; si existieron en el pasado cuentas extrañas, ahora ya no es posible: no puede salir o entrar un solo euro sin que sea trazable».
| < Prev | Próximo > |
|---|











