Home

LO QUE HAN DICHO

E-mail Imprimir PDF
Periodistas espían sin éxito las vacaciones del Papa

Según el "vaticanista" de "Il Corriere della Sera", Luigi Accatoli

BRESANONA, jueves 31 julio 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI sigue de vacaciones en el seminario de Bresanone, en el Tirol italiano, entre oración, estudio y descanso, mientras 260 periodistas y técnicos se encuentran en el exterior al acecho "espiando" estos días de tranquilidad.
Como todas las tardes, informa "L'Osservatore Romano", también este jueves el Papa ha paseado en el jardín del seminario en compañía de su hermano, monseñor Georg Ratzinger, y de su secretario particular, monseñor Georg Gänswein.
Desde el 28 de julio, cuando llegó, el Papa no ha salido del edificio, y para los periodistas las noticias empiezan a escasear.
En su blog, el experto en asuntos vaticanos ("vaticanista", como se dice en Italia) de "Il Corriere della Sera", Luigi Accatoli, se pregunta si vale la pena haber venido a Bresanona.
"La respuesta a esta pregunta habla del nivel de la figura del Papa hoy en el mundo: ¿cómo es posible no estar presentes allí donde se encuentre? ¿Si le pasa algo o hace un acto imprevisto? ", sigue preguntándose.
"La presencia de los periodistas en estas dos semanas en la tranquila Bresanona es una prueba más de la expectativa por todo lo que dice o hace el Papa. Una expectativa que no termina, ni siquiera cuando la situación induce al desaliento".
"Hay poco que espiar del otro lado de la barrera de toldos negros que se han elevado para proteger los paseos benedictinos en el jardín del seminario, pero nosotros estamos preparados para lo que haga falta", concluye el veterano periodista.
En estos momentos se está preparando la primera cita pública con el pontífice en esta ciudad: la oración mariana del Ángelus a mediodía del domingo, 3 de agosto.
Con este motivo, seis convoyes especiales han sido reservados y financiados por la provincia autónoma de Bolzano, a la que pertenece Bresanone, para que estén a disposición de los fieles. Lo mismo sucederá el 10 de agosto.
En total, se espera que unas 16.000 personas se unan a la oración dominical del Papa.
El Ayuntamiento de Bresanona entregará la ciudadanía honoraria a Benedicto XVI en una ceremonia que tendrá lugar el 9 de agosto en el mismo seminario. La motivación oficial reconoce el compromiso del Papa en la promoción del diálogo entre las religiones.
La “puerta de acceso” al pensamiento teológico del Papa Benedicto XVI

“Introducción al cristianismo”, 40 años después

ROMA, viernes, 6 junio 2008 (ZENIT.org).- "La voz de la fe cristiana. Introducción al cristianismo de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, cuarenta años después", ha sido el tema de un Congreso interdisciplinar celebrado recientemente en Roma.
Zenit ha querido hacer un balance de las conclusiones con uno de los organizadores del acontecimiento, que tuvo lugar del 12 al 13 de mayo, en el Ateneo Pontificio "Regina Apostolorum", el padre Juan Pablo Ledesma, L.C., decano de la Facultad de Teología de este centro universitario.

--Según usted, ¿cómo nace la teología del Papa Benedicto?
--Juan Pablo Ledesma: Basta recordar su itinerario formativo. Tras su ordenación sacerdotal, comenzó a trabajar como vicario en una parroquia, y allí se manifestaron sus dotes intelectuales. En 1954 se doctoró en Teología con una tesis sobre el concepto de Iglesia como casa y pueblo de Dios en el pensamiento de san Agustín.
Más tarde obtuvo la capacitación con otra tesis sobre san Buenaventura. Esto muestra su gran cultura y su profundización teológica de las fuentes patrísticas y medievales. Ha enseñado en varias universidades Munich, Tubinga,... En 1961 consiguió la cátedra de Teología Fundamental y en 1964 participó como perito teólogo en el Concilio Vaticano II.

--¿Cuáles son las cualidades que más admira del Papa Benedicto XVI?
--Juan Pablo Ledesma: Son tantas--- Quizás las que más me impresionad son su sencillez y su profundidad. Aún me fascinan sus primeras palabras como Papa: "Siervo de la Viña del Señor... instrumento ineficaz". Estas palabras evocan la regla de san Benito, el sexto grado de la humildad, que es aquel en el que el monje se contenta con las cosas más pobres y ordinarias, y se considera un obrero incapaz e indigno respecto a todo lo que le impone la obediencia.
Me impresionan también las expresiones profundas, sencillas y espontáneas de su amor tan personal a Jesucristo. Es un amor que se manifiesta en sus palabras y en sus gestos, y sobre todo en su manera de celebrar la Eucaristía. Todo, en su persona y en su ministerio, está centrado en Jesucristo.
Me atrae también la manera como el Papa saluda a cada persona. Se entretiene, sin prisas, sabe escuchar, acoger, alentar, sonreír. Es fácil notar la bondad de Cristo en su mirada y en su forma de acoger al prójimo. Me impresiona ver al Papa tocando el piano, saludando a los grandes de la tierra o explicando a los niños cómo Jesús está presente en la Eucaristía con el ejemplo de la corriente eléctrica o el micrófono, para mostrar cómo las cosas invisibles son las más profundas e importantes.
-En pocas palabras, ¿cuáles son las ideas más importantes que rigen el pensamiento de Joseph Ratzinger?
--Juan Pablo Ledesma: Es una respuesta difícil y arriesgada... Me parece que podría ser el concepto de fe. Para él la fe necesita de un "Tu" que la sostenga; necesita de un Tu que nos conoce y nos ama, en modo que podamos fiarnos y confiarnos a él como un "niño amamantado en brazos de su madre". En consecuencia, fe, confianza y amor conforman un todo único, una idéntica realidad indestructible. Esta fe es, para el Papa Benedicto, una fe vivida.
Me gusta mucho su interpretación de la palabra "Amén", que no es solo la respuesta de fe al Credo de la Iglesia. Pronunciar "Amén" significa fe, confianza, abandono, fidelidad y amor. "Amén" no es una partícula que concluye todas las oraciones, sino la adhesión total de la persona que reza, que cree, que ama al Amor revelado (logos-veritas) en cuanto que amor encarnado. Amén, en fin, es la respuesta total y radical al símbolo-credo entero: todo o nada. No hay alternativas, pretextos o medias tintas. Así como la persona es totalidad, la respuesta de la fe y del amor debe ser total: amén es sinónimo de "todo".
Creo que la verdad es también el punto crucial en la mente y en la enseñanza de Joseph Ratzinger. Para él el mayor problema que existe y que afronta el hombre de hoy es la falta de verdad: el relativismo; la negación de la verdad.
-¿Usted detecta alguna relación entre "Introducción al Cristianismo y las dos últimas encíclicas?
-Juan Pablo Ledesma: Tanto en Deus caritas est como en Spe salvi encontramos al mismo pastor, pensador y teólogo que hace los conceptos accesibles. Hace cuarenta años el mismo profesor Ratzinger afirmaba: "El amor genera inmortalidad, y la inmortalidad procede unicamente del amor... Si Él ha resucitado, también nosotros resucitaremos, porque el amor es más fuerte que la muerte... O el amor es más fuerte que la muerte o no lo es". El amor por tanto, si es verdadero amor, debe exigir infinitud, indestructibilidad,... Esta reflexión me parece importante qorque es la base de todo y la clave para entender la escatología que el Papa Benedicto XVI nos ofrece en su Spe salvi.
-Entonces, Amor y escatología, ¿no parece una contradicción?
Juan Pablo Ledesma: Todo lo contrario. El amor -si es verdadero amor- exige el juicio porque también es justo. Un amor que juzga es necesario, porque la injusticia del mundo no puede tener la última palabra. Sería injusto. Un amor que destruyera la justicia sería injusto, no sería amor. Más que el día de rendir cuentas, temido y amenazante, el cristiano sabe que su juez será la Verdad, la Trinidad, el Amor, una Persona que siendo hombre, es también nuestro hermano: Jesucristo. Ante el juicio, estas palabras escritas hace cuarenta años nos consuelan y nos hacen esperar: "El hombre no puede desaparecer totalmente, porque es conocido y amado por Dios. Si todo amor anhela la eternidad, el amor de Dios no solo la ansía, sino que la realiza y la personifica".
-¿Qué aspecto más personal, menos académico, de la personalidad del Papa Benedicto, subrayaría?
Juan Pablo Ledesma: A mí me gusta sobre todo la leyenda del oso de Corbiniano, motivo del lema del Papa Benedicto. Es una antigua leyenda... El santo fundador de la diócesis de Frisinga, el monje Corbiniano se dirigía a Roma. Llevaba consigo una bestia de carga. Un oso le atacó y mató al animal. El santo le riñó y le ordenó llevar su equipaje en lugar del animal. Así llegaron juntos a Roma. El cardenal Ratzinger se aplicaba a sí mismo esto, sirviéndose de las palabras de san Agustín comentando el salmo 72,22: "Me he convertido en un animale de carga, y precisamente por eso estoy contigo". Dios se sirve de él, le utiliza, le carga, pero precisamente por eso Dios está cerca de él.
-¿Cuál es el mensaje del Papa Benedicto para este mundo, para hoy?
Juan Pablo Ledesma: Cada miércoles escuchamos su palabra de Pastor universal de la Iglesia, tantas homilías, discurss, mensajes... Es el mensaje de siempre, con acentos particulares. A mi me gusta mucho aquella expresión en su visita a la abadía de Heiligenkreuz: "Dios no nos ha abandonado en un desierto de la nada... Los ojos de Cristo son la mirada del Dios que nos ama". En otras palabras, su mensaje es el mismo mensaje es el mismo de Cristo en el Evangelio: Jesucristo es el Hijo de Dios. Está siempre presente para los hombres, ayer, hoy y mañana. El Jesús de los Evangelios es el Jesús real, el "Jesús histórico", el Cristo. Dios es amo. En esperanza hemos sido salvados.
Por Gisèle Plantec
Los desafíos de la Iglesia en Cuba, según Benedicto XVI

Discurso a los obispos de la isla en visita «ad Limina Apostolorum»

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 2 mayo 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI este viernes al recibir en visita «ad Limina Apostolorum» a los obispos de la Conferencia Episcopal de Cuba.
Queridos Hermanos en el Episcopado:
1. Con gran gozo les recibo al término de esta visita ad limina, que les ha traído hasta las tumbas de los Apóstoles san Pedro y san Pablo para estrechar aún más los lazos de comunión que siempre han caracterizado la relación de los Obispos cubanos con esta Sede Apostólica. Para mí es un motivo particular de alegría encontrarme con ustedes, queridos Hermanos, que están al cuidado de una Iglesia a la que me siento muy cercano espiritualmente, como ya tuve ocasión de manifestarles en el mensaje que les envié a través del Cardenal Secretario de Estado en su reciente viaje a Cuba.
Agradezco de corazón las amables palabras de adhesión y sincero afecto que me ha dirigido Mons. Juan García Rodríguez, Arzobispo de Camagüey y Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, en nombre de todos ustedes y de sus comunidades diocesanas.
2. Conozco bien la vitalidad de la Iglesia en su amado País, así como su unidad y su entrega a Jesucristo. La vida eclesial cubana ha experimentado un cambio profundo, sobre todo desde la celebración del Encuentro Nacional Eclesial Cubano, hace ahora algo más de veinte años, y muy especialmente con la histórica visita a Cuba de mi venerado Predecesor, el Papa Juan Pablo II. Se ha llevado a cabo una intensa labor pastoral que, a pesar de las muchas dificultades y limitaciones, ha contribuido a fortalecer el espíritu misionero en todas las comunidades eclesiales cubanas. Les invito, pues, a seguir desplegando un audaz y generoso esfuerzo de evangelización que lleve la luz de Cristo a todos los ámbitos y lugares.
En este momento de la historia, la Iglesia en su País está llamada a ofrecer a toda la sociedad cubana la única esperanza verdadera: Cristo nuestro Señor, vencedor del pecado y de la muerte (cf. Spe salvi, 27). Ésta es la fuerza que ha mantenido a los creyentes cubanos firmes en la senda de la fe y del amor.
Todo ello exige que el fomento de la vida espiritual tenga un puesto central en sus aspiraciones y proyectos pastorales. Sólo a partir de una experiencia personal de encuentro con Jesucristo, y con una preparación doctrinal sólida y enraizada en la comunidad eclesial, el cristiano podrá ser sal y luz del mundo (cf. Mt 5, 13), y saciar así la sed de Dios que se advierte cada vez más entre sus conciudadanos.
3. En esta tarea evangelizadora los presbíteros tienen un papel fundamental. Conozco la dedicación y celo pastoral con el que se entregan a sus hermanos, a pesar de su reducido número y aún en medio de grandes obstáculos. Por ello, a través de ustedes quiero expresar a todos los sacerdotes mi gratitud y mi aprecio por su fidelidad y su incansable servicio a la Iglesia y a los fieles. Confío también en que el incremento de las vocaciones, y la adopción al mismo tiempo de justas medidas en este campo, permitan pronto a la Iglesia cubana contar con un número suficiente de presbíteros, así como de los templos y lugares de culto necesarios, para cumplir con su misión estrictamente pastoral y espiritual. No dejen de acompañarlos y alentarlos, a ellos que llevan el peso del día y del calor (cf. Mt 20, 12), y ayúdenles a que con la meditación personal, el rezo de la Liturgia de las Horas, la celebración cotidiana de la Eucaristía, así como con una adecuada formación permanente, mantengan siempre vivo el don recibido con la imposición de las manos (cf. 2 Tm 1, 6).
El incremento de las vocaciones sacerdotales es una fuente de esperanza. Sin embargo, es necesario continuar promoviendo una pastoral vocacional específica que no tenga miedo de animar a los jóvenes a seguir los pasos de Cristo, el único que puede satisfacer sus ansias de amor y de felicidad. Al mismo tiempo, el cuidado y la atención del Seminario deberá ocupar siempre un lugar privilegiado en el corazón del Obispo (cf. PO 5), dedicándole los mejores medios humanos y materiales de sus comunidades diocesanas, y asegurando a los seminaristas, mediante la competencia y dedicación de escogidos formadores, la mejor preparación espiritual, intelectual y humana posible, de modo que puedan hacer frente, identificados con los sentimientos del Corazón de Cristo, al compromiso del ministerio sacerdotal que deberán afrontar.
No puedo dejar de mencionar y reconocer la labor ejemplar de tantos religiosos y religiosas, y les animo a que sigan enriqueciendo al conjunto de la vida eclesial con el tesoro de sus propios carismas y de su entrega generosa. Quisiera también dar las gracias de modo especial a los numerosos misioneros que ofrecen el don de su consagración a toda la Iglesia en Cuba.
4. Uno de los objetivos prioritarios del Plan de Pastoral que ustedes han elaborado es justamente la promoción de un laicado comprometido, consciente de su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo. Les invito, por tanto, a promover en sus Iglesias Particulares un auténtico proceso de educación en la fe en los diversos niveles, con la ayuda de catequistas debidamente preparados. Procuren que todos los fieles tengan acceso a la lectura y meditación orante de la Palabra de Dios, así como a la recepción frecuente del sacramento de la Reconciliación y de la Eucaristía.
Fortalecidos así con una vida espiritual intensa y contando con una sólida preparación religiosa, especialmente en cuanto se refiere a la doctrina social de la Iglesia, los fieles laicos podrán ofrecer un testimonio convincente de su fe en todos los ámbitos de la sociedad, para iluminarlos con la luz del Evangelio (cf. LG 38). A este respecto, hago votos para que la Iglesia en Cuba, conforme a sus legítimas aspiraciones, pueda tener un normal acceso a los Medios de Comunicación Social.
5. De un modo especial deseo confiarles la atención pastoral de los matrimonios y las familias. Sé cuánto les preocupa la situación de la familia, amenazada en su estabilidad por el divorcio y sus consecuencias, la práctica del aborto o las dificultades económicas, así como por las separaciones familiares a causa de la emigración u otros motivos. Les animo a redoblar sus esfuerzos para que todos, y especialmente los jóvenes, comprendan mejor y se sientan cada vez más atraídos por la belleza de los auténticos valores del matrimonio y de la familia. Asimismo, es necesario alentar y ofrecer los medios pertinentes para que las familias puedan ejercer su responsabilidad y su derecho fundamental a la educación religiosa y moral de sus hijos.
6. He podido comprobar con gozo la generosidad con que la Iglesia en su querida Nación se entrega al servicio de los más pobres y desfavorecidos, recibiendo por ello el aprecio y el reconocimiento de todo el pueblo cubano. Les exhorto de corazón a seguir llevando a todas las personas necesitadas, a los enfermos, a los ancianos o a los encarcelados, un signo visible del amor de Dios hacia ellos, conscientes de que «la mejor defensa de Dios y del hombre consiste precisamente en el amor» (Deus caritas est, 31). De esta manera, ofrecen a toda Cuba el testimonio de una Iglesia que comparte profundamente sus gozos, esperanzas y penalidades.
7. Queridos Hermanos, quiero agradecerles todo el trabajo que están realizando para que el pequeño rebaño de Cuba se fortalezca y produzca un fruto cada vez más abundante de vida cristiana, como el grano de trigo que cae en tierra (cf. Jn 12, 24). Que la próxima beatificación del Siervo de Dios Padre José Olallo Valdés les dé nuevo impulso en su servicio a la Iglesia y al pueblo cubano, siendo en todo momento fermento de reconciliación, de justicia y de paz.
Les ruego que transmitan mi afectuoso saludo y mi cercanía espiritual a todos, en particular a los Obispos Eméritos, a los sacerdotes, diáconos permanentes, comunidades religiosas, seminaristas y fieles laicos, y díganles que el Papa reza siempre por ellos, al mismo tiempo que les anima a crecer en santidad para dar lo mejor de sí mismos a Dios y a los demás.
A Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, cuando se disponen a preparar la celebración del Cuarto Centenario del hallazgo de su venerada imagen, les encomiendo a ustedes y sus intenciones, y le pido que les proteja y les dé fortaleza, al mismo tiempo que les imparto una especial Bendición Apostólica.
[Texto original en español
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
La caridad intelectual de Joseph Ratzinger, según el filósofo Jesús Villagrasa
ROMA, sábado, 19 enero 2008 (ZENIT.org).-En el contexto de la cancelada visita del Papa Benedicto XVI a la Universidad «La Sapienza» de Roma, Zenit ofrece a sus lectores el artículo «La caridad intelectual de Joseph Ratzinger», publicado por el padre Jesús Villagrasa L.C. en «Ecclesia. Revista de cultura católica» del Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum».
El padre Villagrasa, profesor de metafísica en ese centro universitario, ha escrito el libro «Joseph Ratzinger. Personas e ideas de una vida» (El Arca, México D.F. 2006).
* * *
La dimensión pública del ministerio pontificio ha mostrado al mundo la verdadera personalidad de Joseph Ratzinger: amable, cordial y bondadoso, atento y acogedor, honesto y sin intrigas. En razón de su cargo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), los medios de comunicación lo habían presentado como inquisidor retrógrado, dogmático inflexible, azote de teólogos innovadores, inhumano fanático de la ortodoxia. Nada más lejos de la realidad. Posee una inteligencia privilegiada, aguda y analítica, de hondura germana y claridad latina, abierta como pocas. Presentamos una faceta de su rica personalidad: la caridad intelectual; primero, en unas constantes de su identidad espiritual expresadas en su lema y escudo episcopales y, después, en las estaciones y ministerios de su variada biografía.
1. Identidad
Tres figuras llenan su escudo episcopal. La cabeza del moro coronado expresa la apertura de su corazón y ministerio a todo el mundo y «la universalidad de la Iglesia, que no conoce ninguna distinción de raza ni de clase, porque todos nosotros "somos uno" en Cristo» (MV[1] 131). En su primer discurso como Papa, se dirigió a todos los hombres, con sencillez y afecto, «para asegurar que la Iglesia quiere seguir manteniendo con ellos un diálogo abierto y sincero, en busca del verdadero bien del hombre y de la sociedad»[2].
La concha representa la búsqueda de Dios (leyenda del niño y san Agustín) y la peregrinación a la patria celeste, nuestra morada estable. El teólogo busca conocer a Dios con una razón iluminada por la fe, con plena conciencia de que nunca alcanzará la comprensión adecuada del insondable misterio divino. Ratzinger vive «ya y todavía no» en la presencia del Dios Totalmente-Otro que ha querido hacerse carne, recorrer los caminos de nuestra historia y ser adorado en el corazón de la Iglesia: la Eucaristía. Su aguda y tenaz indagación teológica, animada de estupor creyente, lo prepara y lo conduce a la adoración. La concha le recuerda que la vida debe estar animada de búsqueda y adoración constantes.
El oso con la carga al lomo remite a una leyenda de san Corbiniano (680-730), que Ratzinger interpreta a la luz del comentario de san Agustín a los versículos 22 y 23 del salmo 72 (73): «Ut iumentum factus sum apud te et ego semper tecum». San Agustín se veía como un iumentum o animal de tiro bajo el peso del servicio episcopal. Esta imagen, dice a su vez el obispo Ratzinger, «representa mi destino personal». Ambos habían elegido la vida de estudio y Dios los destinó a «cargar» con las múltiples menudencias del ministerio pastoral. Y así, como el instrumento en manos de su dueño, está cerca de Dios. Ratzinger, por obediencia, aceptó dejar la docencia universitaria y la investigación teológica para servir a Cristo al frente de la arquidiócesis de Munich y de la CDF. En tres ocasiones suplicó al Papa Juan Pablo II ser librado de esta carga y otras tantas aceptó continuar su fatigoso camino. El programa de vida de un pastor está plasmado en ese escudo: vivir con el corazón abierto a todos los hombres, como el peregrino que recorre tras las huellas del Buen Pastor los caminos del mundo hacia la casa del Padre, acompañando a sus hermanos y llevando el peso de la misión sin rendirse a la fatiga.
El lema episcopal «Cooperadores de la verdad» expresa la continuidad entre el teólogo y el obispo, «porque, con todas las diferencias que se quieran, se trataba y se trata siempre de lo mismo: seguir la verdad y ponerse a su servicio» (MV 130). La verdad que nos hace libres es Cristo, la Revelación que Dios dirige a la inteligencia, a la voluntad y al corazón del hombre.
Ha querido ser uno más entre los cooperadores de la verdad, que en comunión con otros aporta a la Iglesia su carisma, experiencia y competencia teológica. En la medida que su ministerio episcopal se lo permitía, ha intervenido en el debate de los grandes temas de nuestro tiempo: relaciones Iglesia-mundo e Iglesia- Estado, diálogo interreligioso, ética de las nuevas tecnologías, etcétera. Por esta presencia pública, ya antes de ser elegido Papa, era reconocido como el intelectual más cualificado del catolicismo actual: la presencia de Ratzinger era reclamada cuando la Sorbona programaba un ciclo para analizar los dos mil últimos años de historia, o cuando los filósofos laicos italianos, y en su nombre F. D'Arcais, querían dialogar con el pensamiento católico, o cuando en Alemania se organizaba un diálogo público con el filósofo de más notoriedad, J. Habermas[3].
En sus variadas formas de cooperación, «la voluntad de fondo, el servicio a la verdad, permanece a la base de todo». Ese todo, como obispo, comportaba «despachar correspondencia, leer actas, participar a reuniones, etcétera, cosas muy normales». Tuvo que renunciar a su deseo de participar más en el gran diálogo cultural de nuestro tiempo y de desarrollar su obra personal. «Gran parte de lo que me habría interesado he tenido que dejarlo de lado para empeñarme a fondo en el servicio que se me pedía, en las cosas más propias de mi cargo» (ST[4] 134-135). Su obediencia serena y pronta a los designios divinos lo hacen una persona libre y ecuánime, pacificada, que vive las pequeñas cosas de la vida y del trabajo con amor y que logra liberar la esencia de su vida cristiana de todo lo accidental y secundario, no anulándolo sino redimiéndolo.
El servicio pastoral se concreta, también, en una ingrata forma de caridad intelectual: la corrección. Al hacerlo ha querido hacer patente que quería el bien de los hombres. Como teólogo o pastor, no ha temido encarar a renombrados teólogos y reaccionar con vigor cuando ciertas críticas se dirigían al núcleo central de la doctrina. Se le ha escuchado decir: «la Iglesia es de Dios y no un campo de experimentación para los teólogos», porque en el fondo se trata de reconocer que el teólogo no decide con sus razonamientos qué es la Iglesia, sino que ha de creer firmemente que Dios quiere su Iglesia, y tratar de comprender qué quiere Dios de ella para ponerse a su servicio (cf. ST 92-93).
Otra forma de servicio a la verdad y de caridad intelectual es su capacidad de autocrítica: Ratzinger se pregunta si está actuando y expresándose bien; reconoce abiertamente los propios límites y la competencia de los demás; agradece a Dios, sin falsa humildad, que otros lleven adelante cosas que él no logra hacer. «Poco a poco, uno va conociendo los propios límites y haciéndose más modesto. Descubre que sólo puede aportar algo junto a otros; que además de quienes reflexionan y tienen encomendados ministerios, deben existir otras personas carismáticas que sepan encender la vida; que todo lo que puedo hacer sólo tiene significado en un contexto más amplio y que, por lo tanto, la autocrítica es importante» (ST 129-130). La autocrítica lo ayuda a saberse un cooperador entre otros cooperatores veritatis.
Servir a la verdad es una liberación, mientras que la renuncia a ella conduce a la dictadura de la arbitrariedad. «Si el hombre no puede conocer la verdad, se degrada; si las cosas sólo son el resultado de una decisión, particular o colectiva, el hombre se envilece» (ST 76). La verdad enaltece al hombre y, por la vía de la humildad y la obediencia, lo conduce a la comunión con Dios y con los demás. En Ratzinger, la humilde pasión por la verdad está animada por la caridad pastoral y no por mero intelectualismo académico. Así lo reconocía Juan Pablo ii en la carta que le dirigió con motivo de su 50º aniversario de sacerdocio.
El fin al que, desde los primeros años de sacerdocio, se ha dirigido es servir a la Verdad, tratando de conocerla siempre más a fondo y de darla a conocer siempre más ampliamente. Fue precisamente este anhelo pastoral, constantemente presente en su actividad académica, lo que indujo al Papa Pablo vi de v. m. a elevarle a la dignidad episcopal (20-VI-2001).
Ratzinger ha visto «la raíz de todos los problemas pastorales» en «la pérdida de la capacidad de percepción de la verdad»[5], pues la ceguera ante la verdad no es ajena al mal uso de la libertad. Verdad, bien y libertad forman una trilogía recurrente en sus escritos. «El bien y la verdad son inseparables entre sí. Actuamos bien cuando el sentido de nuestra acción es congruente con el sentido de nuestro ser, es decir, cuando hallamos la verdad y la realizamos. En consecuencia, hacer el bien conduce necesariamente al conocimiento de la verdad. Quien no hace el bien, se ciega también a la verdad»[6].
Porque el bien es inseparable de la verdad, Ratzinger se ha pronunciado contra cierto moralismo que, prescindiendo de la verdad o subordinándola a una vida moral de cortos vuelos, degenera en un cristianismo miope al servicio de los intereses públicos o personales. La utilidad de la fe (que en realidad existe) no se produce cuando sólo se la busca en función de esta utilidad. «La fuerza moral de la fe está ligada a la verdad de nuestro encuentro con el Dios vivo. La grandeza que la fe cristiana llevó a las cuestiones sociales y políticas del mundo nació siempre del amor a Cristo, de la fuerza salvadora de su Pasión. Allí donde el cristianismo se reduce a la moral, muere precisamente como fuerza moral»[7].
Ratzinger no un intelectual «puro»; es un pastor inteligente, que habla un lenguaje que sus "ovejas" reconocen. Como profesor universitario se ha forjado en el serio y riguroso quehacer del pensar. Ha publicado muchas obras que una persona de cultura media puede comprender, sin necesidad de introducciones. La fuerza de su palabra depende más de su vigorosa espiritualidad, que de la ciencia teológica acumulada. Su excelente preparación intelectual está al servicio de una misión esencial de la Iglesia: proponer la fe, clarificarla y defenderla. Hace la apología (aducir razones en defensa de la fe) que requieren nuestros tiempos: la exposición inteligente de los misterios de la fe, adaptada al lenguaje de su tiempo[8], con perspicuitas, lenitas, fiducia, prudentia: claridad, afabilidad, confianza y prudencia (cf. Pablo vi, Ecclesiam suam, 38). No hay en él vana retórica porque está convencido de que la elocuencia del ministro del Evangelio depende de la resonancia que la palabra de Dios tiene en el interior de su alma (cf. ST 294).
Como servidor de la verdad ha buscado «liberar de incrustaciones el verdadero núcleo de la fe para darle energía y dinamismo. Esta intención o impulso es una constante en mi vida» (ST 91). Por su voluntad de servicio a la verdad, no pretende otra «originalidad» que la de nutrirse en las fuentes originarias de la revelación. Esta originalidad anima y da frescura a una teología viva, capaz de dialogar con el hombre de hoy.
No he tratado de crear un sistema propio o una particular teología. Quizá lo específico de mi trabajo podría consistir en que me propongo pensar con la fe de la Iglesia y eso significa sobre todo pensar junto con los grandes pensadores de la fe [...]. Mi teología tiene cierto carácter bíblico y también un carácter que le deriva de los Padres, [...] trato de subrayar los aspectos más relevantes del pensamiento del pasado y, a la vez, de entablar un diálogo con el pensamiento contemporáneo (ST 74-75).
Ratzinger, como buen intelectual, ama los libros, pero mucho más a las personas. Es capaz de una abnegación cotidiana tenaz, nunca llamativa, a favor del bien de la persona y de la comunidad. Personas, ideas y libros: éste sería el orden de prioridad en su vida. La verdad cristiana es una persona: Jesucristo y se resume en el amor a Dios y a los hermanos. La verdad cristiana ha de ser "hecha" en el amor. Al final de la vida, lo único que queda son las personas, su alma inmortal, y lo que se haya sembrado en ellas: «el amor, el conocimiento; el gesto capaz de tocar el corazón; la palabra que abre el alma a la alegría del Señor» (Misa pro eligendo Pontifice 18-IV-2005). Su servicio a la verdad, como teólogo y pastor, es personal; proclamar la «persona» de Cristo, la Verdad que salva a sus hermanos. Cristo es, para Ratzinger, la persona conocida, amada, seguida, anunciada, adorada. No un mero maestro de sana doctrina. El cristianismo no es una teoría; es el seguimiento amoroso de una Persona, de Otro que lleva la iniciativa y es Señor de la Historia.
2. Caridad intelectual en las etapas de su vida
Orígenes. Ratzinger ama el catolicismo encarnado en aquellas personas de su Baviera natal y representado en la figura del humilde y bondadoso san Conrado de Parzham (1818-1894). Aquella gente estaba convencida de que una vida guiada por la fe logra la realización de sus más bellas posibilidades: una santidad sin aspavientos, sencilla, hecha de fe recia, esperanza serena y caridad operante. Como profesor y obispo, ha preferido salir en defensa de la fe de los sencillos y no se ha mostrado complaciente con la arrogancia de algunos teólogos o con la fe «aburguesada» de las sociedades opulentas. Se pone del lado de quien no puede defenderse y podría verse privado de la fe que sostiene su vida. Le hubiera agradado servir como sacerdote a la sencilla gente de su tierra, pero la Providencia lo ha llevado por otros rumbos que le han descubierto el drama de la pobreza más radical: la pobreza de un mundo incrédulo, incapaz de alegrarse, atenazada por el tedio y el sinsentido. La nueva evangelización no puede olvidar a estos pobres necesitados de luz[9].
La escuela. Al llegar a Traunstein, Ratzinger ingresa en el «bachillerato humanístico». No le pasan desapercibidos los cambios introducidos en los programas por las autoridades nacional-socialistas, ni su intención manipuladora. «Rememo­rando aquellos años de estudio, encuentro que la formación cultural basada en el espíritu de la antigüedad griega y lati­na creaba una actitud espiritual que se oponía a la seduc­ción ejercida por la ideología totalitaria» (MV 37). Las dictaduras tratan de limitar los estudios humanísticos que favorecen la formación del sentido crítico y la independencia de juicio; se esfuerzan por presentar este proceso como una «liberación»[10]. Por amor a sus hermanos, Ratzinger ha consagrado su vida a conocer y predicar la Verdad que libera. Joseph entró al seminario menor a la edad de 12 años. Su «primera» vocación había sido la enseñanza, pues desde muy temprana edad deseaba transmitir sus conocimientos (cf. ST 60). Este primer deseo se concilió bien con la idea de ser sacerdote.
Estudios para el sacerdocio. Ratzinger cursó los estudios filosóficos en el seminario de Frisinga donde reinaba un ambiente de gran compañerismo, entusiasmo y vivacidad intelectual. En el corazón de los seminaristas surgían muchas cuestiones relacionadas con la terrible guerra que acababan de vivir. Querían «servir a Cristo en su Iglesia por un tiempo nuevo y mejor, por una Alemania mejor, por un mundo mejor» (MV 54). Pidió estudiar la teología en la Universidad de Munich para penetrar más profundamente en el debate cultural del propio tiempo y prepararse para, eventualmente, dedicarse por completo a la teología científica. La figura de san Agustín lo fascinó entonces por la frescura y vitalidad de su pensamiento y estilo teológicos y, más tarde, por ser un teólogo comprometido a fondo en sus deberes pastorales (cf. ST 68).
Expresión de caridad intelectual es reconocer la competencia de sus profesores y agradecer el ejemplo y la ciencia que le comunicaron. En Mi vida, los méritos de cada uno resaltan sobre sus comprensibles límites humanos, que Ratzinger no esconde. Al anotar algunos límites o errores de su enseñanza, Ratzinger no se detiene en la denuncia, sino que trata de encontrar los gérmenes de verdad que hay en cualquier autor (cf. MV 64). De Gottlieb Söhngen aprendió a pensar a partir de las fuen­tes mismas, a no contentarse con una suerte de positivismo teológico y a plantear con rigor la cuestión de la verdad y la actualidad de lo creído (cf. MV 68).
Coadjutor parroquial. En su primer año de sacerdote ejerció la caridad intelectual en formas sencillas. Impartía dieciséis horas semanales de religión en la escuela a niños de seis cursos diferentes. Disfrutaba haciéndoles comprensible el universo de los abstractos conceptos teológicos (cf. ST 72). Aunque anhelaba dedicarse a la enseñanza universitaria, le costó regresar a las aulas porque suponía romper las relaciones pastorales que habían nacido durante ese año (MV 77). Mientras trabajaba en la tesis de habilitación, en el verano de 1954, fue invitado a impartir un curso de dogmática en el seminario. Hubiera preferido concentrarse en la tesis pero, con caridad intelectual, aceptó. La entusiasta participación de los estudiantes lo sostuvo en el doble trabajo del curso y de la tesis (cf. MV 81). Tras serias dificultades con su director de tesis, Michael Schmaus, en 1957 pudo defender su tesis con éxito. Después de lo vivido, Ratzinger se hizo el propósito de no consentir fácilmente la recusación de tesis doctorales o de habilitación a la libre docencia y de tomar partido por el más débil, siempre que le asistiera la razón. Llegado el momento, este propósito pesará en su decisión de trasladarse de la Universidad de Bonn a la de Münster.
Caridad intelectual es la fatiga oculta del estudiante y del profesor. Los años de duro estudio forjaron en él las cualidades del buen teólogo eclesial: rigor científico, alma creyente, voluntad de buscar y proclamar la verdad; sensibilidad histórica, intuición de lo esencial, capacidad de síntesis, búsqueda de los datos, precisión en la definición de los términos, claridad y coherencia en la exposición sistemática.
Docencia universitaria. El ministerio sacerdotal de J. Ratzinger como profesor de teología duró 25 años, hasta su nombramiento episcopal: primero en la Escuela superior de filosofía y teología de Frisinga (1952-1959); después en las universidades de Munich (1957-1959), Bonn (1959-1963), Münster (1963-1966), Tubinga (1966-1969) y Ratisbona (1969-1977).
En Bonn maduró una relación franca y cordial con sus alumnos. Los estudiantes lo admiraban porque era muy joven, no se limitaba a repetir los manuales e intentaba poner en relación lo que enseñaba con el presente (cf. ST 73). Con un grupo de entusiastas estudiantes, que inicialmente se formó de modo espontáneo, sostuvo coloquios regulares hasta el año 1993. Trataba de comunicar a los doctorandos su rigor y apertura intelectual: les enseñaba a detectar los puntos débiles de una argumentación, a trabajar en equipo y a debatir. «Sabíamos que en las críticas mutuas no nos movía ninguna intención negativa, sino que queríamos ayudarnos, debatiendo los temas analíticamente» (ST 74). En grupo, además, visitaban grandes personalidades: Y. Congar, K. Barth, K. Rahner. La caridad intelectual del profesor se expresa también en la relación con los colegas. En Bonn conoció a Paul Hacker, un gran experto en lenguas, menospreciado por la comunidad académica, a quien Ratzinger estimaba por su indiscutible competencia (cf. MV 94).
Ratzinger y el Concilio Vaticano ii. Como consejero teológico del cardenal Frings, en la primera sesión, y después como perito conciliar, Ratzinger asumió la fatiga de clarificar cuestiones debatidas por los padres conciliares, en particular el problema de la relación entre Escritura, Tradición y Magisterio, planteado a la luz de un presunto descubrimiento de J.R. Geiselmann. Ratzinger, antes de que la «propaganda conciliar» sacara de quicio las consecuencias de la tesis de Geiselmann y afirmara que la exégesis debía ser la última instancia en la Iglesia, estudió minuciosamente las actas de Trento y constató que el paso que Geiselmann consideraba de importancia central no era sino un insignificante aspecto secundario en el debate de Trento (cf. MV 104). Más tarde, expresión de caridad intelectual fue su esfuerzo por una correcta recepción del Concilio. A los pocos años de su conclusión, Ratzinger comenzó a hablar de un «falso espíritu conciliar» (Konzils-Ungeist) y a hacer un balance bastante negativo de su recepción. Frente a las posiciones con­trapuestas de progresistas y conservadores, Ratzinger ha subrayado la rigurosa continuidad del concilio Vaticano ii con los concilios anteriores, de los que re­coge literalmente su doctrina en puntos decisivos. Ratzinger se ha entregado a la defensa de la verdadera interpretación del Concilio y a la salvaguarda de la unidad y continuidad de la Iglesia. Por permanecer fiel a sí mismo y al Concilio, fue considerado «progresista» durante el Concilio y tildado, después, de «conservador».
Más docencia universitaria. Ratzinger vivió el Concilio entre Münster y Roma. En 1966 recomenzó a dar clases en Tubinga. El ambiente universitario aparecía cada vez más agitado y oscuro. En 1968, cambió el «paradigma» cultural y teológico del existencialismo al marxismo; la facultad de teología era el centro ideológi­co del marxismo universitario. Ratzinger, que en su curso de cristolo­gía de 1966-1967 había intentado reaccionar a la reducción existencialista del cristianismo, ahora no sabía cómo reaccionar ante la destrucción de la teología que tenía lugar a través de la instrumentalización política marxista. Esta destrucción «era incomparablemente más radical» porque se basaba sobre una mentira y un abuso de la Iglesia y de la fe (cf. MV 114). Su estancia en Tubinga fue corta en años pero intensa en experiencias que lo iban preparando para ministerios futuros.
En 1969, Ratzinger comienza a enseñar en Ratisbona, donde no faltaban las polémicas, pero «había un respeto recíproco de fondo que es muy importan­te para que un trabajo sea fructífero» (MV 118). Durante este período de intensa actividad científica, colaboró con la Conferencia Episcopal Alemana y la Comisión Teológica Internacional, y se fraguó su separación de la revista Concilium y la fundación de la revista Communio. En los serenos y fecundos años de Ratisbona, Ratzinger experimentó la satisfacción de aportar algo nuevo a la teología. Cuando en el año 1977 todo parecía asentarse, su vida dio un vuelco. En un intervalo de tres meses, Pablo vi lo nombró arzobispo y cardenal.
Arzobispo de Munich y Frisinga. Por sentido de responsabilidad, dudó antes de aceptar el nombramiento. Se veía sin experiencia pastoral y pensaba que, finalmente, había llegado el momento en el que su obra podría aportar algo al conjunto de la reflexión teológica. Aceptó porque comprendió que en la situación extraordinaria que vivía la Iglesia, también los teólogos debían estar dispuestos a asumir el ministerio episcopal. En su ministerio conjugó armoniosamente la seriedad en afrontar los problemas y la serenidad de la fe que descubre la belleza de Dios y de la existencia humana.
Prefecto de la CDF. El 25 de noviembre de 1981, Juan Pablo ii lo nombró Prefecto de la CDF. En razón de este cargo, presidió la Pontificia Comisión Bíblica y la Comisión Teológica Internacional y pudo reforzar sus contactos con los teólogos. La CDF promueve la fe favoreciendo el diálogo entre los teólogos del mundo, alentando las corrientes positivas y ayudando a enderezarse a las otras. Defiende la fe ayudando a distinguir los auténticos progresos teológicos de otras novedades que implican una pérdida de la identidad de la fe católica.
Caridad intelectual es afrontar los problemas y buscar su solución por la vía del diálogo. La tarea ha sido difícil pues en ese período abundaban las tergiversaciones o negaciones de la fe que a él competía promover, exponer y defender. «La función de un cirujano que opera a un hombre enfermo para sanarle no es grata si el que padece la enfermedad no la reconoce. Por ello quizá su primera función tenga que ser esclarecerle los hechos y procesos que padece, que de no ser frenados o extirpados a tiempo acabarían con su vida. Ésa fue la tarea de Ratzinger al frente del dicasterio»[11].
El servicio de clarificar la fe católica es más hermoso que el de señalar errores, pero este tampoco es un deshonor. San Jerónimo hacía este elogio de san Agustín: «Has creado una expresión nueva al cristianismo en la cultura romana, y lo que es más: te detestan todos los herejes». El cardenal Ratzinger quizá se haya consolado con ese pensamiento cuando tuvo que intervenir en algunos «casos sonados», que dieron origen a la publicación de notificaciones sobre algunas obras de conocidos teólogos.
En la medida que sus responsabilidades se lo permitían, Ratzinger intervino como un teólogo más en el debate teológico y cultural del propio tiempo. De este modo, los teólogos y los obispos pudieron conocer mejor los procesos, motivos y razones que orientaban las decisiones que como prefecto debía tomar y que, en ocasiones, el Santo Padre confirmaba con su autoridad. Al pronunciarse como teólogo, se exponía al fuego de la crítica teológica y podía perfilar mejor su pensamiento en aquellos puntos en los que estaba buscando mayor claridad. Todo ello redundaba en beneficio de su tarea, como prefecto, de explicar con términos claros y precisos la doctrina de la Iglesia universal.
Ejercicio de caridad intelectual es saberse limitar a las prioridades y no dedicarse a satisfacer los propios intereses. En una carta a un amigo, un mes antes de su elección papal, escribía: «Hace ya dos años que he decidido abandonar totalmente mi actividad de conferenciante, para poder cumplir aquí debidamente mis deberes; finalmente la edad reduce la capacidad de trabajar y aquí las tareas son cada día mayores»[12].
Caridad intelectual es afrontar las tareas ingratas y difíciles con espíritu elevado y modo gentil. No fue autoritario ni quiso serlo. En la CDF favoreció el modo de trabajar colegial. Cuidó el diálogo a todos los niveles para resolver los asuntos sin recurrir a sanciones. En su misión de corregir, quiso defender a los más débiles sin dañar gratuitamente a nadie y se esforzó por mejorar el ordenamiento jurídico de la CDF para encontrar el justo equilibrio entre los derechos del individuo y el bien de la comunidad (cf. ST 102).
La seriedad de su forma de trabajar es proverbial, sobre todo cuando tiene entre manos asuntos que requieren un estudio profundo. Se mantenía abierto a la crítica y a la colaboración, pero no renunciaba a intervenir cuando era necesario, aunque las medidas fueran impopulares, y siempre en modo correcto, respetando los derechos de las personas y las normas del derecho eclesiástico (cf. ST 112).
Caridad intelectual es, también, la capacidad para revisar las propias opiniones. A los sacerdotes de la diócesis de Aosta dijo que - en el contexto de la pastoral con los fieles divorciados vueltos a casar y que desean recibir la comunión - como Prefecto invitó a diversas Conferencias episcopales y a especialistas a estudiar el problema del sacramento del matrimonio celebrado sin fe: «No me atrevo a decir si realmente se puede encontrar aquí un momento de invalidez, porque al sacramento le faltaba una dimensión fundamental. Yo personalmente lo pensaba, pero los debates que tuvimos me hicieron comprender que el problema es muy difícil y que se debe profundizar aún más» (25-VII-2005). Estas palabras revelan el esfuerzo de quien, ante un problema pastoral, trata de respetar, por una parte, el bien de la comunidad y el bien del sacramento y, por otra, trata de ayudar a las personas que sufren.
Las múltiples facetas de la caridad intelectual han ido apareciendo a través de la biografía de Joseph Ratzinger y siguen resplandeciendo en su ministerio de Pastor Universal de la Iglesia.
[1] J. Ratzinger, Mi vida. Recuerdos 1927-1977, Encuentro, Madrid 1997.
[2] Benedicto XVI, Homilía en la concelebración con los cardenales electores, Capilla Sixtina, 20-IV-2005.
[3] Cf. O. González de Cardedal, Ratzinger y Juan Pablo II, Sígueme, Salamanca 2005, 43.
[4] Traducción nuestra de la edición italiana de J. Ratzinger, Il sale della terra, San Paolo, Milano 1997.
[5] J. Ratzinger, "El problema de fondo. Entrevista de Jaime Antúnez Aldunate", Humanitas 10 (2005) numero especial, 122.
[6] J. Ratzinger, "El problema de fondo...", 123.
[7] J. Ratzinger, "El problema de fondo...", 128-129.
[8] Cf. H.U. von Balthasar, «Ancora un decennio - 1975», in Idem., Il filo di Arianna attraverso la mia opera, Jaca Book, Milano 1980, 54.
[9] Cf. J. Ratzinger, "La nueva evangelización", Ecclesia 10 (1996) 351.
[10] Cf. J. Ratzinger, "Libertad y liberación. La visión antropológica de la Instrucción Libertatis conscientia", Ecclesia 1 (1987) 463-464.
[11] O. González de Cardedal, Ratzinger y Juan Pablo II, 57-58.
[12] Carta del 12 de marzo de 2005 a Olegario González de Cardedal, en O. González de Cardedal, Ratzinger y Juan Pablo II, 61-62.

El 70% aprueba la visita papal
11/28/2007
--------------------------------------------------------------------------------


NUEVA YORK/EDLP — La mayoría de los votantes de la Gran Manzana ve con buenos ojos la próxima visita del Papa Benedicto XVI, según una encuesta divulgada ayer.
De acuerdo con el sondeo de la Universidad Quinnipiac, el 70 por ciento de los electores entrevistados considera que la venida del Santo Padre planificada para el mes de abril, hará mucho bien a la ciudad de Nueva York.
Entre los católicos la respuesta fue del 88 % de aprobación.
En términos generales el 90% de los votantes neoyorquinos tiene una opinión favorable del actual Pontífice.
Según los resultados de la encuesta, al 29% de los neoyorquinos, incluyendo 60% de los católicos, les gustaría asistir a la misa que oficiará el Papa en el Yankee Stadium.
“Bienvenido su Santidad. Los neoyorquinos aplauden sus planes para visitar la ciudad”, dijo en un comunicado, Maurice Carroll, director del Quinnipiac University Poll Institute.
El experto destacó que el sondeo ha sido positivo para la imagen del actual jerarca de la Iglesia Católica considerando que los residentes no lo conocen tan bien en comparación con su predecesor, Juan Pablo II.

Reunión extraordinaria en el Vaticano
PD/AgenciasJueves, 22 de noviembre 2007
El papa Benedicto XVI mantendrá mañana un encuentro con los cardenales que lleguen a Roma para la creación de 23 nuevos purpurados para "reflexionar" sobre el Ecumenismo, la relación entre los católicos y las restantes Iglesias.
La oficina de prensa confirmó hoy que aprovechando la presencia de todo el Colegio Cardenalicio, llegado hasta Roma para el segundo consistorio de Benedicto XVI, se realizará una jornada de "oración y reflexión" sobre el Ecumenismo, dijo Efe.
La asamblea se realizará en el Aula Nueva del Sínodo y tras el saludo del Papa, el presidente del Pontificio Consejo para la promoción de la Unidad de los Cristianos, cardenal Walter Kasper, presentará una ponencia sobre el tema "Informaciones, reflexiones y valoración del momento actual del diálogo ecuménico".
Después seguirán las intervenciones de los purpurados sobre este argumento y por la tarde, tras la celebración de las Vísperas, el Pontífice hará una introducción a la que seguirá un debate entre los cardenales sobre la "vida de la Iglesia católica en general" y la jornada concluirá con un discurso de Benedicto XVI.
Este tipo de reuniones extraordinarias, en las que el Papa consultaba cuestiones importantes con el Colegio cardenalicio, fueron retomadas por Juan Pablo II a inicios de los años 80.
El año pasado, en ocasión del primer consistorio, Benedicto XVI también convocó a los purpurados para una reunión extraordinaria sobre la situación de la Iglesia en general.
Como en aquella ocasión, el Pontífice ha pedido que también estén presentes los 23 prelados que serán creados cardenales el día después.
Durante la reunión extraordinaria de mañana, se presentará a los cardenales el llamado "documento de Ravena", publicado hace unos días por el Vaticano, y en el que las "las iglesias ortodoxas reconocen al Obispo de Roma como "Primer Patriarca".
El documento, aprobado por la Comisión Mixta para el Diálogo Teológico entre Católicos y Ortodoxos el pasado octubre en Ravena, ha sido considerado un primer paso en el largo camino hacia la unidad de los cristianos, aunque no cuenta con el apoyo de la Iglesia ortodoxa rusa, que abandonó la reunión.
El Secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, explicó hoy en una entrevista en el diario católico "Avvenire", que Benedicto XVI ha elegido el argumento del Ecumenismo, "ya que desde el inicio de su pontificado resaltó la importancia que le daba al diálogo con las otras Iglesias y comunidades cristianas".
«¿Qué espera el pontificado de Benedicto XVI de los hispanos?»
Nuevo libro de Guzmán Carriquiry
ROMA, miércoles, 20 junio 2007 (ZENIT.org).- El Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC) acaba de publicar un nuevo libro del doctor Guzmán Carriquiry, «¿Qué espera el pontificado de Benedicto XVI de los hispanos? Misión de los hispanos en los Estados Unidos a la luz de la catolicidad».
Este libro es el fruto de muchos estudios condensados en las conferencias pronunciadas por el subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos a un grupo selecto de líderes hispanos comprometidos en la vida política y en los negocios, en ocasión de un encuentro promovido en Denver, en agosto de 2006.
En sintonía con diversas declaraciones del Episcopado católico de los Estados Unidos, Carriquiry afronta la presencia creciente y multifacética de los hispanos en los distintos ámbitos de la sociedad norteamericana, considerándola una «bendición de Dios» y un «recurso profético» para la misma vida y destino del país así como para la catolicidad entera.
La visión de Carriquiry, de origen Uruguayo, choca con la de Samuel Huntington, autor de «El Choque de civilizaciones», cuando la presenta como «amenaza» con la de Pat Buchanan, político conservador estadounidense, cuando se refiere a ella como «invasión» barbárica.
La tesis de Carriquiry es que esta presencia cada vez de mayor influencia, involucrada en la «profunda e imprevisible realineación cultural que vivirá esta nación en las próximas décadas», es «una sorpresa inaudita del designio providencial de Dios, que se sirve de un complejo de ‘causas segundas’, como las que llevaron y siguen llevando a millones de latinoamericanos a emigrar a los Estados Unidos».
Es un don «para dar renovado vigor, para reconstruir y revitalizar, en una más completa síntesis católica, la presencia y misión de la Iglesia en ese país» y dar así más completa respuesta «a las evidencias y exigencias de libertad, de regeneración moral y espiritual, de felicidad, que movieron a los ‘padres peregrinos’, a los ‘padres fundadores’, a los pioneros, a las multitudes de inmigrantes, en fin, a todos los seguidores y constructores del ‘sueño americano’».
En una nota enviada a Zenit, el autor no oculta las dificultades y obstáculos que se plantean hoy día a esa presencia hispana, no obstante la proverbial generosidad de acogida de una nación hecha en gran medida por periódicas, masivas y diversificadas olas de inmigración.
Entre ellas, Carriquiry examina las siguientes: la persistente vigencia de la «leyenda negra» sobre América Latina y sus gentes, el arraigado prejuicio anti-católico, la ideología de la presunta incompatibilidad católica con el credo americano, las tenazas entre la «protestantización», el secularismo y la ideología del multiculturalismo.
El autor propone a los hispanos ser conscientes y responsables de su tradición católica, conjugando la que traen consigo desde el barroco popular latinoamericano con la propagada en Florida y Sudeste de los Estados Unidos, que, por otros caminos, arraigó en Maryland, creció por la incorporación de católicos inmigrantes de los más diversos pueblos y naciones, fue templada por persecuciones y hostigamientos, conoció muchos frutos de santidad y caridad y se expresa hoy en la Iglesia con el mayor número de fieles en los Estados Unidos.
Para ello, se requiere «invertir» mucho más en la nueva evangelización y catequesis de los hispanos y en la formación de sus líderes, dentro de los nuevos contextos de vida y cultura, considera el subsecretario del Consejo vaticano.
El libro afronta las políticas de inmigración que se están debatiendo actualmente en los Estados Unidos, pero destaca que los hispanos tienen que hacerse cargo también de muchos otros aspectos de la vida nacional, como los referentes a la cultura de la vida y la familia, a la educación y al trabajo, a la formación del capital humano, a la participación política en el cuadro de una gran tradición democrático-liberal que requiere sólidos fundamentos, a la responsabilidad solidaria a niveles hemisféricos y mundiales.
Si la «pastoral hispana» ha sido y seguirá siendo necesaria y conveniente, doctor Carriquiry destaca que no puede considerarse come un «nicho eclesial» entre otros, donde diversas «comunidades etno-católicas cohabitarían en coexistencia pacífica e incluso con espíritu cordial pero sin mayores interferencias».
Por eso recuerda el discurso de Juan Pablo II en Los Ángeles: «Hoy en la Iglesia de Los Ángeles Cristo es inglés y español, Cristo es chino y es negro, Cristo es vietnamita e irlandés, Cristo es coreano e italiano, Cristo es japonés y filipino, Cristo es nativo de América, de Croacia, de Samoa y de muchos otros grupos étnicos” ¡Es el “único Cristo resucitado, el único Señor y Salvador”, y la Iglesia “el único Cuerpo de Cristo».
«¿Acaso en ese acontecimiento --concluye el doctor Carriquiry en su declaración enviada a Zenit-- no se realiza ya como certeza y promesa el lema que está en la fundación misma de los Estados Unidos: e “pluribus unum”?»
«La luz brilla en las tinieblas. El pensamiento de Benedicto XVI», según un fundador
Entrevista con el padre Luis Torres-Pardo, C.R.
BUENOS AIRES, miércoles, 20 junio 2007 (ZENIT.org).- El padre José Luis Torres-Pardo C.R., fundador del Instituto y de la Obra de Cristo Rey, ha publicado el libro: «La luz brilla en las tinieblas. El pensamiento de Benedicto XVI» (Ediciones Cristo Rey), en el que, a través de numerosas citas extraídas de las obras de Joseph Ratzinger, introduce de modo sistemático en el universo teológico-espiritual-sapiencial de este Papa.
En esta entrevista, el fundador, nacido en Córdoba de España el 30 de septiembre de 1928, residente en Argentina desde hace casi cuarenta años, desvela las claves de esta obra.
--¿Podría decirnos qué es lo que lo ha impulsado a escribir este libro?
--La urgencia de disipar, en lo posible, las tinieblas del pecado, del error, de la incredulidad, de la ignorancia y de la tibieza espiritual.
--Ya existen varios libros acerca del Santo Padre. ¿Cuál sería el aporte específico de esta obra suya que acaba de publicar?
--Intentar una síntesis de su prolífico pensamiento, poniendo de relieve las «claves» y los «énfasis» más acuciantes para esta sociedad neopagana y este catolicismo acobardado y alicaído en que vivimos.
--En su libro hay, proporcionalmente, muy pocas frases suyas, y sí muy largas citas de Joseph Ratzinger. ¿Por qué razón eligió estructurarlo de esa manera?
--Sencillamente porque lo que interesa es su pensamiento, no el mío; el cual (dicho sea de paso, y guardada toda «proporción») sintoniza plenamente con el suyo, junto con un gozo y un ímpetu imposible de explicar.
--El libro consta de más de quinientas citas de Joseph Ratzinger, extraídas de obras suyas siendo joven teólogo o cardenal prefecto, y de numerosos documentos e intervenciones suyas como Sumo Pontífice. Sin embargo, el subtítulo de la obra es «El pensamiento de Benedicto XVI». ¿No sería una contradicción ese subtítulo, dado que gran parte de las citas son anteriores a su pontificado?
--Ciertamente que no, dada la coherencia «in crescendo» de su teología, enraizada en la Palabra de Dios, en la Tradición apostólica y en el Magisterio de la Iglesia… en una palabra: una fe maciza y explicada por una inteligencia superdotada, con la humildad de un niño y la valentía de un guerrero.
--Si tuviese que sintetizar en una palabra el pensamiento de Joseph Ratzinger, ¿cuál elegiría?
--Sin lugar a duda:¡la «verdad»!, de acuerdo al lema por él elegido en su pontificado.
¡Es impresionante la cantidad de veces que, de palabra o por escrito, el Santo Padre pronunció el sustantivo «verdad»!
Pienso que probablemente le habrá influido la lectura y devoción al gran doctor de la Iglesia, san Agustín, su «primer amor teológico», como le llamó Benedicto XVI.
--¿Por qué llama a Benedicto XVI, en el Prólogo de su libro, «el Papa de mi vida»?
--Desde Pío XI (el Papa de la magna encíclica «Quas primas»), bajo cuyo pontificado nací (año 1928), todos los Papas han sido «grandes» y dignos de veneración.
No obstante, he sufrido en «carne viva» la crisis (mal llamada) «postconciliar», resultado de una falsa y malintencionada interpretación de los documentos del Concilio Vaticano II, que el Papa Benedicto calificó de «hermenéutica de la ruptura» entre un antes y un después del Concilio (en lugar de una «hermenéutica de la continuidad»). En este contexto, sobre todo el Santo Padre felizmente reinante fue y sigue siendo para mí un bálsamo y, al mismo tiempo, un fuerte estimulante para llevar adelante a nuestro amado Instituto y Obra de «Cristo Rey».
Por este motivo la quinta y última parte de este libro (el «broche de oro» diría yo) trata específicamente del reinado universal de Cristo, que es precisamente nuestro «carisma» entrañable.
--¿Cómo se podría ayudar a las personas de escasa formación espiritual y doctrinal e influenciadas por los «medios de comunicación» a gustar este libro sobre el Santo Padre?
--Mediante la práctica periódica de los «ejercicios espirituales» según el método del gran san Ignacio de Loyola, contundentes para «des-intoxicarnos» del medio ambiente y para amar apasionadamente a Cristo, a la Virgen y a la Iglesia.
Y, al mismo tiempo, una formación doctrinal permanente, tomando como textos de base el «Catecismo de la Iglesia Católica», el «Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia» y «L’Osservatore Romano».
--¿Qué implicancias tiene para su vida como fundador del Instituto y de la Obra de Cristo Rey el haber escrito este libro? ¿Es una obra carismática? ¿Es un aporte suyo como fundador a las actuales circunstancias de la Iglesia en América Latina?
--¡Desde luego! Mi intención es doble: por un lado, contrarrestar el «triple complejo», que tanto daño está causando a los católicos (clérigos y laicos) no sólo en Latinoamérica, a saber: complejo ante el mundo moderno, complejo ante las demás religiones, y, de una manera especial, el complejo llamado «antirromano» (frialdad u hostilidad hacia el Papa, y pérdida de la «romanidad»).
Y por otro lado, «marcar a fuego», en todos los hijos e hijas que Dios me ha confiado, el amor filial a Roma y al Papa.
Si alguien quisiera saber lo que somos, lo que pensamos y lo que predicamos (con la gracia de Dios), no tiene más que leer atentamente y sin «prejuicios» este libro. Un candidato a ingresar en nuestro Instituto «Cristo Rey» que no aceptase con entusiasmo todo lo que está escrito en este libro, evidentemente no debería ser admitido (menos aún ordenado sacerdote).
Dígase proporcionalmente lo mismo respecto de los laicos, aspirantes a pertenecer, cuánto más a representar, nuestra Obra.
Un programa centrado en «la escucha de la Palabra de Dios»
La paz, uno de los más firmes ejes del gobierno de Benedicto XVI
Álex Navajas

MADRID- Nada más salir al balcón que se abre sobre la Plaza de San Pedro revestido por vez primera como Sumo Pontífice de la Iglesia católica, Benedicto XVI definía las líneas del pontificado que había comenzado hacía unos minutos. Era el 19 de abril de 2005, y el Papa se comprometía, junto a toda la Iglesia, a «la escucha de la Palabra y la voluntad del Señor para que Él conduzca a la Iglesia en esta hora de la historia». Ha pasado, pues, un bienio, durante el que Benedicto XVI ha plasmado esa «escucha del Señor» en unas líneas concretas de actuación.
Que llegue el mensaje
En el encuentro navideño de 2006 con la Curia romana, el Santo Padre recordó su encuentro con el filósofo Jürgen Habermas «hace unos años en Munich». «Él dijo que hacían falta pensadores capaces de traducir las convicciones cifradas de la fe cristiana al lenguaje del mundo secularizado para hacerlas así eficaces de nuevo». El Papa, profesor universitario durante años, había adquirido la pericia necesaria para, precisamente, saber hacer llegar el mensaje. La prueba de fuego le llegó unos meses después de su elección. Benedicto XVI invitó a Roma, el 15 de octubre de 2005, a los niños que iban a hacer la Primera Comunión. Cien mil menores respondieron al llamado. Le preguntaron abiertamente al Papa, con confianza. Y él se supo adaptar a su nivel y responder a sus inquietudes.
La sombra de Juan Pablo II
Era inevitable. Tras el longevo y fructífero pontificado de Juan Pablo II, las comparaciones con su antecesor parecían ineludibles. Benedicto XVI nunca ha ocultado su cariño y afecto hacia el Pontífice con el que colaboró estrechamente durante casi veinte años. Así lo mostró en su viaje a Polonia, «un íntimo deber de gratitud». «No se reservó nada; se dejó consumir totalmente por la llama de la fe», dijo de él en la tierra que vio nacer a Juan Pablo II.
Aunque asumió los compromisos adquiridos por su predecesor, Benedicto XVI también abrió nuevas vías. Como primera medida, suprimió de su escudo pontificio la tiara (tocado alto con tres coronas, que usaron los Papas como símbolo de su autoridad) por la mitra. También modificó otro rasgo habitual en Juan Pablo II: la celebración en Roma de las beatificaciones. Lo confió al Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, quien ahora las celebra en la diócesis que ha promovido la causa de beatificación.
La paz
Desde que estalló el conflicto entre Israel y el Líbano, Benedicto XVI se pronunció sobre el mismo dos veces por semana. El Santo Padre se ha referido, a lo largo de estos dos años, a prácticamente todas las guerras que asolan el planeta. Su solicitud por la paz ha sido uno de los ejes de su Pontificado. «Hay una conexión inseparable entre la relación de los hombres con Dios y su relación mutua. La paz en la Tierra no puede lograrse sin la reconciliación con Dios, sin la armonía entre el Cielo y la Tierra», afirmaba el pasado mes de diciembre.
Los viajes
Ha bajado el ritmo de viajes de su antecesor, pero no ha mermado el poder de convocatoria. Alemania -en dos ocasiones-, Polonia y España han sido sus destinos hasta el momento.
El Papa Benedicto XVI es un fiel servidor que trabaja por la verdad
04/19/2007 Arzobispo John Vlazny


Cuando el Papa Benedicto XVI fue ordenado como obispo en marzo de 1987, él escogió como lema de su carrera episcopal una frase que es importante analizar en estos momentos y fue: “Cooperadores de la verdad”.
Y nada mejor que hablar de este lema, porque el mes de abril que hemos iniciado en la gracia de Dios, es el mes del Papa. El pasado 2 de abril nosotros observamos el segundo aniversario de la muerte de nuestro amado Papa Juan Pablo II.
El lunes 16 de abril el Papa Benedicto XVI celebró su cumpleaños número 80 y el jueves siguiente, el 19 de abril es el segundo aniversario de su elección como sucesor de San Pedro y Obispo de Roma.
Nosotros oramos por ambos hombres en los días venideros, agradecidos de que el Señor ha enviado entre nosotros maravillosos cooperadores de la verdad, maestros fieles de nuestra fe, y verdaderos misioneros con celo y santidad.
El joven de 24 años de edad Joseph Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI, fue ordenado como sacerdote en junio 19 de 1951, día de la fiesta de San Pedro y San Pablo.
Esto parece como si él hubiera sido destinado a vivir en Roma, dotado con la gracia de las órdenes sagradas en una fiesta tan querida por los corazones de la Iglesia de Roma.
Después de muchos años al servicio de su comunidad y como maestro de teología en varias universidades de Alemania, fue nombrado arzobispo de Munich y Freisung por el Papa Pablo VI, en una fecha importante: el 25 de marzo de 1977.
Ese mismo año, se convirtió en cardenal, y un poco más de cuatro años después, el Papa Juan Pablo II lo nombró Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
El Papa Benedicto XVI siempre ha tomado su responsabilidad de ser maestro a lo largo de su vida y su compromiso siempre ha liderado su vida con gran seriedad.
Todo esto adquiere una mayor relevancia al ver su servicio como Sumo Pontífice, durante los últimos dos años. Él ha publicado su primera Encíclica titulada: “Dios es Amor”.
Recientemente publicó su exhortación apostólica posterior al Sínodo sobre la Eucaristía, el Sacramento de la Caridad. Él ha sido célebre por sus sermones que llegan muy de cerca al corazón de los italianos. Sus mensajes y prédicas frecuentes, tanto formales como informales, continúan siendo una fuente de inspiración para aquellos que tienen el privilegio de oírlos o leerlos.
El Papa Benedicto XVI no es el viajero del mundo tal como el Papa Juan Pablo II lo fue en vida, convirtiéndose en el Papa Peregrino ante los ojos del mundo. Pero el Papa Benedicto empezó su ministerio veinte años antes que su predecesor.
Él ha visitado Colonia, Munich, Altotting y Regensburg, Alemania y Turquía. Pronto se va a embarcar en un viaje a Brasil para reunirse con los obispos de América Latina.
En todas estas ocasiones él va como maestro de la fe y como misionero del amor. Verdaderamente el Sumo Pontífice es un dulce servidor del Señor, uno por quien oramos para que sea bendecido con buena salud y larga vida.
Nuestra iglesia es en su corazón una reunión de personas hecha por Dios, guiada por los obispos, quienes son sucesores de los apóstoles y que tiene como cabeza al Obispo de Roma, el Papa.
Algunos feligreses o parroquianos no quieren en estos momentos nada que ver con la “Arquidiócesis”. Pero es importante reiterarles que la “Arquidiócesis” es el epicentro a través del cual el obispo lleva a cabo su ministerio.
Sin el obispo no hay iglesia católica. Sin el obispo de Roma, la iglesia no es capaz de lograr su llamado católico o universal.
En la actualidad, especialmente aquí en el estado de Oregón, hay mucha resistencia ante este tipo de instituciones. Después de todo, muchas personas vienen aquí al final del Sendero de Oregón a ser libres de los compromisos institucionales y cualquier tipo de responsabilidad.
Pero la verdadera libertad se logra raramente sin el apoyo de una estructura de cualquier tipo. Una de las estructuras en la Iglesia Católica fue establecida directamente por Cristo cuando él nombro a San Pedro como la roca de la iglesia, la cabeza de los apóstoles. Incluso San Pablo, se refiere a la administración como un regalo del Espíritu Santo.
Cada obispo está a cargo de su propia diócesis. La Arquidiócesis de Portland no es la oficina distrital de la Santa Sede.
Un obispo es igualmente el maestro principal de su diócesis, puede ser responsable de proclamar el evangelio con integridad y claridad.
La oficina de enseñanza de todos los obispos unidos al Papa es llamada “el magisterio”. Ustedes posiblemente han oído esa palabra y pueden haber notado que levanta algunas veces un poco de hostilidad.
Pero es la iglesia con sus obispos la que ha sido encargada de la tarea de interpretar con autoridad lo que está como el significado real de la revelación divina.
Algunas veces, los obispos se reúnen para participar de un Concilio Ecuménico como lo hicieron a comienzos de los años 70s. Lo que ellos enseñan con el Papa en estos escenarios debe ser aceptado con fe por todos. Bajo ciertas circunstancias el Papa puede proclamar una doctrina que es revelada en forma divina y debe ser tomada con seriedad y confianza por todos. Esto es lo que llamamos la infalibilidad Papal.
El Papa
¿Por qué, entonces, es el Papa tan importante para los católicos? La constitución de la iglesia del Concilio Vaticano II, lo explica de esta manera: El Papa “es la fuente y fundamento perpetuo y visible de la unidad de los obispos y de la compañía total de los fieles”.
La unidad de los seguidores de Cristo Jesús es tan importante, pero desafortunadamente en estos tiempos es muy frágil.
Es el Papa, en virtud de su cargo, quien encabeza el camino de nuestros esfuerzos para fortalecer y restaurar la unidad entre todos. El Papa Benedicto XVI implacable perseguidor de la verdad, como pastor y maestro es un gran recurso en los diálogos ecuménicos con otras iglesias cristianas.
Semana Santa
Aprender nuevas formas para llegar a ser personas de fe y relacionarnos con los otros como socios colaboradores en la construcción del reino de Dios, no ocurre sin dolor.
En muchas de nuestras comunidades, especialmente luego del escándalo terrible sobre abuso sexual de menores y de todas las críticas que han sido dirigidas a nuestra iglesia, se necesita la reconciliación.
Cuando el desacuerdo ocurre, uno de los problemas más grandes que tenemos es el de convencernos a nosotros mismos, de que en el orden cristiano, la reconciliación es la meta, no la justificación. Esto sólo ocurre cuando la gente está dispuesta a escuchar, perdonar, y tratar el bien general de la comunidad como algo primordial.
Como católicos, nosotros estamos bendecidos con una vida sacramental. Todas las veces que nos reunimos alrededor de nuestro altar parroquial, nosotros ciertamente recibimos la vida de Jesús la cual nos mueve de la oscuridad a la vida. Jesús se ha descrito a sí mismo como el Pan de Vida, el pan de una vida real, agarrada en las luchas y dolores de un mundo cambiante, una vida confiada a nosotros por Dios Padre, para el trabajo del servicio y el testimonio. Una vida enriquecida y renovada cuando nosotros nos reunimos como una comunidad de creyentes en la celebración de la Eucaristía.
Esta es la vida real del Señor que ascendió al cielo entre nosotros y que hace posible el perdón de los pecados, la reconciliación con los amigos, la sanación, la comodidad y la paz de los enfermos, las vidas comprometidas de los casados, los ordenados y aquellos que han abrazado la vida sacramental.
En verdad, la vida sacramental de la iglesia nos une para el trabajo del Jesús vivo en su misterio de la Semana Santa.
Arzobispo John Vlazny.
Dos años con el «Papa de la palabra»
Los vaticanistas destacan como hitos su mensaje claro, la reforma de la Curia y su capacidad de diálogo
Ángel Villarino

CIUDAD DEL VATICANO- Dos años con Benedicto XVI, dos años para entender cómo respira el «nuevo» Papa. «Éste es un Pontífice que ha centrado en la palabra una parte muy importante de su ministerio, que se basa menos en los gestos y los hechos y más en las palabras. Este Papa elimina todo lo que pueda distraer de la palabra, incluso en sus viajes, que son recordados por las cosas que ha dicho y no por las cosas que ha hecho», asegura a LA RAZÓN el prestigioso vaticanista Sandro Magister. Esta percepción la comparten casi todos los analistas de la Santa Sede, de suerte que si en este momento hubiese que acuñar un sobrenombre para Benedicto XVI, quizá el «Papa de la palabra» sería el apelativo más votado. «Habla mucho con los textos y las homilías las articula con una gran claridad y profundidad. Se esfuerza más en las palabras que con los gestos. También dentro de la propia estructura de la Iglesia ha trazado un camino dialogante», agrega el autor de la biografía más vendida en Italia sobre el nuevo Pontífice, Andrea Tornielli.
Récords en San Pedro
Los analistas hablan de la palabra escrita, por sus libros e innumerables documentos (el último, «Jesús de Nazaret», salió a la venta hace tan sólo dos días). Pero también a la palabra hablada, por las incansables homilías, que han traído récords de visitas a las misas de San Pedro, donde las estadísticas dicen que nunca antes un Papa había remolcado tanta gente a escuchar su mensaje. «Antes los peregrinos solían venir una vez, para ver en persona al Papa. Pero ahora hay miles que repiten y vuelven semana tras semana, porque les enriqueció lo que escucharon. Y es porque los mensajes de Benedicto XVI son muy cercanos cuando se viven en primera persona. Cuando él habla no se escucha una mosca», explica un prelado de la Curia, que insiste en la idea de Benedicto XVI como intelectual y teólogo.
El gusto de Benedicto XVI por el diálogo explica también algunos de los «hitos» de estos dos años de Papado: las conversaciones con el teólogo disidente Hangs Kung o con la periodista atea Oriana Fallaci; los esfuerzos ecuménicos con la Iglesia ortodoxa; los acercamientos a la comunidad hebrea; la campaña diplomática con el islam tras la crisis de Ratisbona...
¿Pero qué dicen esas palabras? «En el discurso del Papa hay un elemento importante. Se trata de la búsqueda constante para combinar fe y razón. No se trata de anteponer la razón a la fe o viceversa, sino de conjugarlas. El discurso de Ratisbona, por ejemplo, tiene mucho de eso», asegura Magister. Benedicto XVI, prosigue el vaticanista, nos ha puesto en guardia sobre uno de los peligros más difundidos. «Si se separa la fe y la razón, ambas dos se convierten en prisioneras de la violencia. Un peligro que está fuertemente presente en el mundo islámico de hoy. A veces, el mensaje del Papa entra en conflicto porque no se lee con atención y no se entiende, pero la propuesta es formidable, porque es una propuesta de diálogo», añade.
Remozar la Curia
En cuanto a la actividad al frente de la Curia, los analistas observan algunas novedades. La primera, la confianza depositada en el Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, purpurado en absoluta sintonía con el Papa. «El Vaticano es menos autónomo que con Juan Pablo II y se ha hecho más funcional a los intereses del Papa. Esto ha traído orden a la Curia. El mejor ejemplo es Bertone, que actúa en absoluta coordinación con Benedicto XVI, alcanzando una centralidad que no desempeñaba ninguna figura durante el pontificado anterior, ya que Sodano trabajaba más por cuenta propia», explica Magister.
Entre las asignaturas pendientes, concluyen los analistas, quizá destaque la relación con Iberoamérica. «Hay un déficit en la comunicación con este continente», considera Magister. Una rémora que el Papa podría solucionar en breve, durante su visita a Brasil, que dará inicio en unas semanas.
Benedicto XVI, un Papa para la posmodernidad por JAUME PUJOL BALCELLS
Benedicto XVI cumple hoy 80 años y aparece a la venta, en las librerías italianas, alemanas y polacas, el primer volumen de su libro Jesús de Nazaret.
El día de su cumpleaños ha querido hacernos un regalo: un libro en el que, a lo largo de 448 páginas, despliega su indiscutible inteligencia y su profunda formación teológica para darnos a conocer su visión del Dios hecho hombre, Jesucristo.

El interés por la figura de Jesús no es nuevo, pero está muy vivo actualmente. Florecen, desde ópticas muy distintas, trabajos de investigación y ensayos. La aportación que hace ahora el teólogo Joseph Ratzinger - y Papa Benedicto XVI- será, sin lugar a dudas, un punto de referencia imprescindible. Más aún si tenemos en cuenta el itinerario seguido a través de sus escritos y reflexiones.

Joseph Ratzinger es un Papa para la posmodernidad. Quienes le conocieron en su época de profesor en las universidades alemanas dan cuenta de su interés por la investigación teológica, en diálogo con las corrientes del pensamiento contemporáneo. Más adelante tuvo que reducir ese trabajo cuando Pablo VI le encomendó la sede episcopal de Munich. Desde entonces, el teólogo y el pastor caminaron siempre juntos. Cuando Juan Pablo II le confió la Congregación para la Doctrina de la Fe, entró de lleno y sin complejos en los debates del mundo actual, buscando siempre la respuesta positiva de la fe y de la razón, unidas. Con este libro, el Papa expone de forma clara la propuesta cristiana en un contexto cultural en que predomina el relativismo. Sería superficial una lectura que lo interpretase como una reivindicación de las épocas pasadas o un lamento ante la desorientación general de nuestra civilización. Se trata, en cambio, de una apuesta en positivo por exponer el mensaje cristiano. Ésta es una constante en su larga trayectoria.

Lo expresó, por ejemplo, a un grupo de periodistas alemanes, tras su viaje a Valencia: su deseo es que el catolicismo no aparezca como un cúmulo de prohibiciones, sino como una opción positiva, un mensaje que los cristianos proponemos al mundo.

Su aportación en el debate intelectual siempre tiene en cuenta la búsqueda de la verdad, leitmotiv de sus clases universitarias y de su propio escudo episcopal cuando fue nombrado arzobispo de Munich, Cooperador de la verdad.

El pensamiento del teólogo Ratzinger es el de un pastor que quiere a las personas y se hace cargo de la complejidad del momento presente en el que viven. Por eso, se siente con ellos interpelado por sus interrogantes, y busca responderlos con rectitud y sencillez. Esta misma sencillez es la que admiraban en él los romanos cuando le veían hacer cada día a la misma hora su breve recorrido a pie desde su casa hasta la Congregación para la Doctrina de la Fe. La misma que afloró en sus labios al pronunciar las primeras palabras como Papa: "Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los cardenales me han elegido a mí, un sencillo y humilde obrero de la viña del Señor".

Para Benedicto XVI parece que no hay ninguna dificultad en conjugar altura intelectual con modestia personal. En su autobiografía hace un comentario al respecto, cuando se refiere a su madre con estas palabras: "La luz de su bondad permaneció y para mí se convirtió cada vez más en una demostración concreta de la fe por la que se dejó moldear. No sabría señalar una prueba de la verdad de la fe más convincente que la sincera y franca humanidad que ésta hizo madurar en mis padres y en otras muchas personas que he tenido ocasión de encontrar".

Este empeño suyo por exponer sencillamente la experiencia de la verdad, que es diametralmente opuesto al pensamiento dominante, nos invita a la reflexión. Ahora, con el nuevo libro que nos regala en su 80. º aniversario, el Papa expresa claramente el mensaje que quiere comunicar a nuestro mundo de hoy. El relativismo posmoderno es un callejón sin salida. Pero existe una vía alternativa, un camino abierto: mostrar sencillamente el verdadero rostro de Jesucristo.

JAUME PUJOL BALCELLS, arzobispo metropolitano de Tarragona (LA VANGUARDIA)

Fecha publicación: 2007-04-10
Dos años de pontificado de Benedicto XVI
Por el padre Jesús Villagrasa
ROMA, martes, 10 abril 2007 (ZENIT.org).- El 19 de abril de hace dos años el cardenal chileno Jorge Arturo Medina Estévez anunciaba desde el balcón de la basílica de San Pedro del Vaticano la elección del cardenal Joseph Ratzinger como obispo de Roma con el nombre de Benedicto XVI.
Publicamos el artículo que con motivo de este aniversario ha escrito el padre Jesús Villagrasa, profesor de Filosofía del Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum», en la revista científica «Ecclesia», revista de cultura católica.

* * *
El Santo Padre Benedicto XVI cumple dos años de pontificado. En la Misa de inicio solemne del Pontificado, el 24 de abril de 2005, dijo que su verdadero programa de gobierno no era hacer la propia voluntad, ni seguir sus propias ideas, sino ponerse, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor para que Él conduzca la Iglesia en esta hora de la historia. Muchos esperaban otra cosa, un verdadero «programa de gobierno». En realidad, Benedicto XVI ya había expuesto las prioridades de su solicitud pastoral, sus líneas programáticas, en el discurso a los cardenales electores el precedente día 20: la unidad del Colegio apostólico; la actuación del Concilio Vaticano II; la unidad de los cristianos promovida con gestos concretos que interpelen a las conciencias; el diálogo abierto y sincero con los seguidores de otras religiones y con todas las personas que buscan respuestas a las preguntas fundamentales de la existencia; la caridad hacia todos; el compromiso por la paz y por un auténtico desarrollo social respetuoso de la dignidad de cada persona. Después de dos años, estos trazos de su «programa» van adquiriendo relieve histórico.
En los primeros meses de pontificado, Benedicto XVI llevó a término algunas de las iniciativas de su venerado predecesor. En el discurso a la Curia romana del 22 de diciembre de 2005, Benedicto XVI evocó cinco grandes acontecimientos eclesiales del año que concluía y que lo ligaban al pasado: la pasión y muerte de Juan Pablo II; la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia; el Año eucarístico; el 40° aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II y, finalmente, su elección a Romano Pontífice. De esos grandes eventos ya nos hemos ocupado .
Como centro espiritual –y no sólo temporal– de estos dos años de Pontificado puede colocarse la Encíclica « firmada el día de Navidad de 2005. Su rico contenido ha sido repetidamente evocado por el Santo Padre a lo largo del año 2006: la valoración del « que ha de dejarse purificar por el « el amor que es siempre un dar y un recibir; Jesús en la Eucaristía que, como amor de Dios encarnado, llega a nosotros corporalmente para continuar su obra en nosotros y a través de nosotros; el Espíritu Santo como potencia interior que armoniza el corazón de los creyentes con el de Cristo y los impulsa a amar a los hermanos como él los ha amado, transformando de este modo la Iglesia en una comunidad de amor; la Iglesia que, además del anuncio del Evangelio y del ministerio de los sacramentos, tiene como tarea específica el servicio de la caridad; la justicia como tarea central de la política: en ese ámbito, los laicos católicos deben actuar bajo su propia responsabilidad pues el compromiso político no es tarea de la Iglesia; ésta contribuye a la percepción de las exigencias de la justicia con su Doctrina social y a través de la formación de las conciencias; ningún ordenamiento estatal justo hace superfluo el servicio de la caridad, que es la obra propia de la Iglesia; la actividad caritativa cristiana es alimentada por la oración, se despliega independientemente de partidos e ideologías y no es un medio para conseguir otros objetivos, aunque sean apostólicos.
Los contenidos del magisterio del Papa Benedicto XVI y los eventos más relevantes de su ministerio durante el año 2006 pueden inicialmente ordenarse siguiendo el esquema del tradicional discurso a los miembros de la Curia romana con motivo de las felicitaciones navideñas (en adelante abreviado con su fecha: «22-XII-2006»). Este discurso estuvo marcado por el tema de la paz: la memoria del Pontífice ha quedado grabada «con la profunda huella de los horrores de la guerra que se ha librado cerca de la Tierra Santa, así como, en general, del peligro de un enfrentamiento entre culturas y religiones, un peligro que se cierne aún como una amenaza sobre nuestro momento histórico. Así, el problema de los caminos hacia la paz se ha convertido en un desafío de la máxima importancia para todos los que se preocupan por el hombre» (22-XII-2006). Expresión de su solicitud por la paz fue su mensaje del 2 de septiembre de 2006 con motivo del XX aniversario del Encuentro Interreligioso de Oración por la Paz en Asís.
El tema de la paz no es ajeno al tema de Dios, pues hay «una conexión inseparable entre la relación de los hombres con Dios y su relación mutua. La paz en la tierra no puede lograrse sin la reconciliación con Dios, sin la armonía entre el cielo y la tierra. Esta correlación del tema de ‘Dios’ con el tema de la ‘paz’ fue el aspecto fundamental de los cuatro viajes apostólicos de este año» (22-XII-2006). Benedicto XVI realizó sólo el viaje internacional en 2005, a Colonia (Alemania), del 18 al 21 de agosto, para participar en la Jornada Mundial de la Juventud. Los cuatro viajes internacionales del 2006 lo llevaron a Polonia del 25 al 28 de mayo; a Valencia (España) del 8 al 9 de julio con ocasión del V Encuentro Mundial de las Familias; a Baviera: Munich, Altötting y Ratisbona del 9 al 14 de septiembre y a Turquía del 28 de noviembre al 1º de diciembre. El viaje a Verona, con ocasión del IV Encuentro Eclesial Italiano, merece ser recordado porque en esa ocasión el Pontífice expresó su pensamiento en materias de su prioritaria solicitud pastoral durante los primeros meses de Pontificado. Completaremos la presentación con las líneas generales de las catequesis papales sobre la Iglesia, las canonizaciones y algunas «novedades» en materia litúrgica.
Polonia: santidad y barbarie
La visita pastoral a Polonia estuvo marcada por el recuerdo del Papa Juan Pablo II. Para su Sucesor se trataba de «un íntimo deber de gratitud» por todo lo que durante el cuarto de siglo de su Pontificado dio a su persona, a la Iglesia y al mundo. «Su don más grande para todos nosotros fue su fe inquebrantable y el radicalismo de su entrega», pues, en verdad, «no se reservó nada; se dejó consumir totalmente por la llama de la fe. Nos mostró cómo, siendo hombre de nuestro tiempo, se puede creer en Dios, en el Dios vivo que se hizo cercano a nosotros en Cristo. Nos mostró que es posible una entrega definitiva y radical de toda la vida y que, precisamente al entregarse, la vida se hace grande, amplia y fecunda» (22-XII-2006). Para recordar una vez más a su Predecesor, el 16 de octubre de 2006 envió un mensaje televisivo a la Iglesia polaca que celebra en esa fecha la «Jornada del Papa» .
Polonia sorprendió a Benedicto XVI con la alegría de la fe. La entusiasta y cordial acogida que le brindó fue expresión de la arraigada fe del pueblo polaco. La gente veía en él al Sucesor de Pedro, a quien está encomendado el ministerio pastoral para toda la Iglesia.
Un momento de fuerte simbolismo e impacto mediático fue la visita del Papa al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, «lugar de la barbarie más cruel, del intento de borrar al pueblo de Israel, de hacer así vana también la elección realizada por Dios, de expulsar a Dios mismo de la historia. Para mí –revela el Papa– fue motivo de gran consuelo ver aparecer en el cielo en ese momento el arco iris mientras yo, ante el horror de aquel lugar, con la actitud de Job, clamaba a Dios, turbado por el temor de su aparente ausencia y al mismo tiempo sostenido por la certeza de que, incluso en su silencio, no deja de existir y de permanecer con nosotros. El arco iris era como una respuesta: Sí, yo existo, y también hoy siguen siendo válidas las palabras de la promesa, de la Alianza, que pronuncié tras el diluvio» (22-XII-2006). El Dios de la vida iba a acompañarlo en su siguiente viaje.
Valencia: familia-vida y secularización
El Santo Padre viajó a Valencia para clausurar el V Encuentro mundial de las familias que se celebró del 1º al 9 de julio de 2006 bajo el lema «La transmisión de la fe en la familia». Los discursos pontificios, centrados en el tema del matrimonio y de la familia, reunieron argumentos tratados, en los meses precedentes, por su intenso magisterio sobre la vida, la familia y la educación. Merecen una mención tres de estas cualificadas intervenciones.
La primera es el discurso a los participantes en la jornada de estudio sobre Europa, organizada el 30 de marzo de 2006 por el Partido Popular Europeo. En esta ocasión, el Santo Padre explicó por qué la Iglesia católica interviene en el ámbito público para defender y promover la dignidad de la persona. Afirmó, también, que entre los «» destacan: la «protección de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural»; el «reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión que, en realidad, la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su irreemplazable papel social» y, finalmente, la «protección del derecho de los padres a educar a sus hijos». Para evitar equívocos, precisó que «estos principios no son verdades de fe, aunque reciban de la fe una nueva luz y confirmación. Están inscritos en la misma naturaleza humana y, por tanto, son comunes a toda la humanidad. La acción de la Iglesia en su promoción no es, pues, de carácter confesional, sino que se dirige a todas las personas, prescindiendo de su afiliación religiosa». Esta acción de la Iglesia resulta tanto más necesaria cuanto más se niegan o tergiversan estos principios, con grave ofensa a la verdad de la persona humana y daño de la justicia misma.
El discurso dirigido el 11 de mayo de 2006 a los participantes en un congreso internacional organizado por el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia –segunda intervención –, inspirándose en las catequesis sobre el amor humano de su Predecesor, el Papa Benedicto XVI recordó dos elementos esenciales de la familia y el matrimonio. Ante todo, que ambos están arraigados en el núcleo más íntimo de la verdad sobre el hombre y su destino: «La diferencia sexual que caracteriza el cuerpo del hombre y de la mujer no es un simple dato biológico, sino que reviste un significado mucho más profundo: expresa la forma del amor con la que el hombre y la mujer llegan a ser –como dice la Sagrada Escritura– una sola carne, pueden realizar una auténtica comunión de personas abierta a la transmisión de la vida y cooperan de este modo con Dios en la procreación de nuevos seres humanos». El segundo elemento consiste en la manera original que Juan Pablo II tenía «de leer el plan de Dios precisamente en la convergencia de la revelación divina con la experiencia humana, pues en Cristo, plenitud de la revelación de amor del Padre, se manifiesta también la verdad plena de la vocación del hombre al amor, que sólo puede encontrarse plenamente en la entrega sincera de sí mismo».
La tercera intervención es el discurso a los participantes en la Asamblea plenaria del Consejo Pontificio para la Familia del 13 de mayo de 2006. Además de confirmar su participación en el Encuentro de Valencia, el Santo Padre adelantó algunos temas: «La familia, fundada en el matrimonio, constituye un ‘patrimonio de la humanidad’, una institución social fundamental; es la célula vital y el pilar de la sociedad y esto afecta tanto a creyentes como a no creyentes. Es una realidad por la que todos los Estados deben tener la máxima consideración». En este discurso, el Papa señaló dos graves fenómenos sociales: el «invierno demográfico» que amplias áreas del mundo están sufriendo, con el consiguiente envejecimiento progresivo de la población, y las «uniones de hecho». No es ningún secreto que «se están acreditando soluciones jurídicas para las así llamadas ‘uniones de hecho’ que, a pesar de rechazar las obligaciones del matrimonio, pretenden gozar de derechos equivalentes. Además, a veces se quiere llegar incluso a una nueva definición del matrimonio para legalizar las uniones homosexuales, atribuyéndoles también el derecho a la adopción de hijos».
En su catequesis valenciana, el Papa Benedicto XVI subrayó el valor de la familia como bien necesario para los pueblos y como manantial y escuela de amor; recordó que la familia, fundada en el matrimonio, es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de modo integral, y que es tarea de los padres introducir los hijos al ejercicio responsable de la libertad.
Del encuentro de Valencia, el Papa ha recordado sobre todo el testimonio de cónyuges que, bendecidos con muchos hijos, no ocultaron los días difíciles y las crisis pasadas, pero que han encontrado, precisamente en el esfuerzo cotidiano por vivir y sufrir a fondo el «sí» inicial, el camino evangélico del «perderse para encontrase», de la maduración en el amor y de la felicidad. «El sí que se habían dado recíprocamente, con la paciencia del camino y con la fuerza del sacramento con que Cristo los había unido, se había transformado en un gran ‘sí’ ante sí mismos, ante los hijos, ante el Dios creador y ante el Redentor Jesucristo» (22-XII-2006). Estas familias dieron un testimonio de alegría profunda y madura e hicieron más vivo en el corazón del Papa el problema de una Europa que parece no querer hijos. «Para un extraño, esta Europa parece cansada; más aún, da la impresión de querer despedirse de la historia. ¿Por qué están así las cosas? Esta es la gran pregunta». Las respuestas son complejas. Las razones de fondo por las que a muchos europeos les resulta demasiado grande el riesgo de tener hijos parecen ser el temor egoísta a verse obligados a darles algo del propio tiempo y una orientación para el recto vivir; y a eso hay que añadir la gran incertidumbre que siente el hombre con respecto a su futuro y el sentirse incapaz de tomar la decisión definitiva que supone un «sí» pronunciado para toda la vida. El Papa volvió a expresar su preocupación por las leyes de parejas de hecho y por la relativización de la diferencia sexual. «Si nos dicen que la Iglesia no debería entrometerse en estos asuntos, entonces podemos limitarnos a responder: ¿Es que el hombre no nos interesa? Los creyentes, en virtud de la gran cultura de su fe, ¿no tienen acaso el derecho de pronunciarse en todo esto? ¿No tienen –no tenemos– más bien el deber de alzar la voz para defender al hombre, a la criatura que precisamente en la unidad inseparable de cuerpo y alma es imagen de Dios?» (22-XII-2006).
El 8 de julio de 2006, en la Basílica de la Virgen de los Desamparados de Valencia, el Papa entregó un carta al Presidente de la Conferencia episcopal española, mons. Ricardo Blázquez, en la que escribe: «Conozco y aliento el impulso que estáis dando a la acción pastoral, en un tiempo de rápida secularización, que a veces afecta incluso a la vida interna de las comunidades cristianas. Seguid, pues, proclamando sin desánimo que prescindir de Dios, actuar como si no existiera o relegar la fe al ámbito meramente privado, socava la verdad del hombre e hipoteca el futuro de la cultura y de la sociedad. Por el contrario, dirigir la mirada al Dios vivo, garante de nuestra libertad y de la verdad, es una premisa para llegar a una humanidad nueva. El mundo necesita hoy de modo particular que se anuncie y se dé testimonio de Dios que es amor y, por tanto, la única luz que, en el fondo, ilumina la oscuridad del mundo y nos da la fuerza para vivir y actuar (cf. «, 39)». Aunque no lo nombre, el texto del Papa se refiere al proceso de «rápida secularización» favorecido por el gobierno socialista y sus iniciativas de ley . Una semanas antes, el 20 de mayo, recibiendo en audiencia al nuevo embajador de España ante al Santa Sede, el Papa ya había afirmado el derecho de la Iglesia a pronunciarse en ámbito público: «La Iglesia proclama sin reservas el derecho primordial a la vida, desde su concepción hasta su ocaso natural, el derecho a nacer, a formar y vivir en familia, sin que ésta se vea suplantada u ofuscada por otras formas o instituciones diversas». Dios y la secularización iban a ocupar un lugar central en las enseñanzas del Pontífice durante su siguiente viaje internacional.
Baviera: Dios, sacerdocio y diálogo
El viaje del Papa a su tierra natal tuvo por «tema» a Dios y como lema: «Quien cree nunca está solo». En Baviera pronunció 15 discursos, presidió 3 solemnes concelebraciones eucarísticas y dos celebraciones de las Vísperas (unas marianas en Altötting y otras ecuménicas en Ratisbona); encontró al mundo de la cultura en la Universidad de Ratisbona y a los sacerdotes y diáconos permanentes de la diócesis de Colonia.
Al recordar este viaje, el Papa señaló que «la Iglesia debe hablar de muchas cosas: de todas las cuestiones relacionadas con el ser del hombre, con su estructura y su ordenamiento, etc. Pero su tema verdadero, y en varios aspectos único, es ‘Dios’. Y el gran problema de Occidente es el olvido de Dios: es un olvido que se difunde. Estoy convencido de que todos los problemas particulares pueden remitirse, en última instancia, a esta pregunta. Por eso, en ese viaje mi intención principal era poner de relieve el tema de ‘Dios’, consciente de que en algunas partes de Alemania la mayoría de los habitantes no son bautizados y para ellos el cristianismo y el Dios de la fe parecen algo del pasado» (22-XII-2006). Con Dios están relacionados otros dos temas que marcaron estas jornadas bávaras: el sacerdocio y el diálogo.
El sacerdote es el «hombre de Dios». Sólo puede cumplir su misión fundamental de llevar a Dios a los hombres si él mismo viene « Dios, si vive « Dios y « Dios. A la luz de esta visión teocéntrica se comprende la vida y el ministerio de los presbíteros y, en particular, su celibato. Dada la naturaleza de su discurso natalicio a la Curia –un balance anual de la vida de la Iglesia– sorprende la amplitud concedida al celibato sacerdotal. Parece interesarle que se comprenda su naturaleza y motivaciones: vigente en la Iglesia latina, según una tradición que se remonta a una época cercana a la apostólica, el celibato sólo se puede comprender y vivir desde una visión teocéntrica. Las razones puramente pragmáticas, como la mayor disponibilidad para el ministerio, no bastan. El verdadero fundamento del celibato sólo puede ser Dios mismo, única heredad del sacerdote. El celibato «no puede significar quedar privados de amor; debe significar dejarse arrastrar por el amor a Dios y luego, a través de una relación más íntima con él, aprender a servir también a los hombres. El celibato debe ser un testimonio de fe: la fe en Dios se hace concreta en esa forma de vida, que sólo puede tener sentido a partir de Dios. Fundar la vida en él, renunciando al matrimonio y a la familia, significa acoger y experimentar a Dios como realidad, para así poderlo llevar a los hombres. Nuestro mundo, que se ha vuelto totalmente positivista, en el cual Dios sólo encuentra lugar como hipótesis, pero no como realidad concreta, necesita apoyarse en Dios del modo más concreto y radical posible. Necesita el testimonio que da de Dios quien decide acogerlo como tierra en la que se funda su propia vida. Por eso precisamente hoy, en nuestro mundo actual, el celibato es tan importante, aunque su cumplimiento en nuestra época se vea continuamente amenazado y puesto en tela de juicio» (22-XII-2006). La vida célibe requiere, concluye el Papa, una preparación esmerada en el seminario y un acompañamiento continuo del sacerdote por parte del obispo, de amigos sacerdotes y de laicos, que sostengan juntos el testimonio de un celibato sacerdotal vivido con alegría. Este testimonio es muy necesario porque introduce a Dios en nuestro mundo como realidad.
Al dar su testimonio del Dios vivo, la Iglesia desarrolla en diversos círculos un «. El círculo más interior corresponde al diálogo ecuménico, que es una prioridad pastoral del Santo Padre. El 25 de abril de 2005, una semana después de su elección, se reunió con los representantes de las Iglesias y Comunidades cristianas para decirles que el compromiso de la Iglesia por el ecumenismo es «irreversible». En el discurso a los cardenales del 20 de abril precedente había dicho que su personal compromiso con el ecumenismo era «prioritario». El compromiso común de los cristianos en favor de la unidad se hizo evidente durante las Vísperas ecuménicas en la catedral de Ratisbona donde, además de los católicos, el Papa encontró «muchos amigos de la Ortodoxia y del Cristianismo Evangélico. Estábamos todos allí reunidos para rezar los Salmos y escuchar la palabra de Dios, y no es insignificante el hecho de que nos haya sido concedida esta unidad» (22-XII-2006).
El escenario elegido para el diálogo entre la fe y la razón fue la Universidad de Ratisbona, donde Joseph Ratzinger había sido profesor de teología dogmática. En el encuentro navideño con la Curia, el Papa reveló un motivo de su interés por este tema:
«Con ocasión de mi encuentro con el filósofo Jürgen Habermas, hace algunos años en Munich, él dijo que nos hacían falta pensadores capaces de traducir las convicciones cifradas de la fe cristiana al lenguaje del mundo secularizado para hacerlas así eficaces de nuevo. De hecho, resulta cada vez más evidente la gran necesidad que tiene el mundo del diálogo entre la fe y la razón. Manuel Kant, en su tiempo, consideraba que la esencia de la Ilustración se resumía en la expresión ‘’: en la valentía del pensamiento que no permite que ningún prejuicio lo ponga en aprieto. Pues bien, desde entonces la capacidad cognoscitiva del hombre, su dominio sobre la materia mediante la fuerza del pensamiento, ha hecho progresos en aquel tiempo inimaginables. Pero el poder del hombre, que ha aumentado en sus manos gracias a la ciencia, se transforma cada vez más en un peligro que se cierne sobre el hombre mismo y sobre el mundo. La razón orientada totalmente a enseñorearse del mundo no acepta ya límites. Está a punto de tratar al hombre mismo como simple materia de su producción y de su poder. Nuestro conocimiento aumenta, pero al mismo tiempo se produce una progresiva ceguera de la razón con respecto a sus mismos fundamentos, con respecto a los criterios que le dan orientación y sentido. La fe en el Dios que es en persona la Razón creadora del universo debe ser acogida por la ciencia de modo nuevo como un desafío y una oportunidad. Recíprocamente, esta fe debe reconocer nuevamente su intrínseca amplitud y su propia racionalidad. La razón necesita el « que está en el inicio y es nuestra luz; la fe, por su parte, necesita el coloquio con la razón moderna para darse cuenta de su propia grandeza y corresponder a sus responsabilidades. Esto es lo que traté de poner de relieve en mi lección magistral en Ratisbona. No es una cuestión puramente académica; en ella está en juego el futuro de todos nosotros» (22-XII-2006).
La prensa presentó su lección «Fe, razón, universidad. Recuerdos y reflexiones», pronunciada el 12 de septiembre, como si hubiera versado sobre diálogo interreligioso. La Iglesia, ciertamente, quiere seguir construyendo puentes de amistad con los seguidores de todas las religiones pero en Ratisbona «el diálogo entre las religiones se tocó marginalmente y desde un doble punto de vista. La razón secularizada no es capaz de entrar en un verdadero diálogo con las religiones. Si se cierra ante la cuestión de Dios, esto acabará por llevar al enfrentamiento de las culturas. El otro punto de vista se refería a la afirmación según la cual las religiones deben colaborar en la tarea común de ponerse al servicio de la verdad y, por consiguiente, del hombre» (22-XII-2006). El Papa inició su lección con la cita de un diálogo, editado por Th. Khoury, entre el emperador bizantino Manuel II Paleólogo y un docto musulmán, posiblemente del año 1391. Este inciso, aislado de su contexto, fue interpretado por una parte del mundo islámico como «ofensa» a Mahoma y al Islam.
El 16 de septiembre, el cardenal T. Bertone, Secretario de Estado, explicó en una Declaración que el Santo Padre en ningún momento y modo ha pretendido asumir el juicio del emperador bizantino citado por él en el controvertido discurso; sólo lo ha utilizado como una oportunidad para desarrollar en un contexto académico algunas reflexiones sobre la relación entre religión y violencia en general, y para concluir con un claro y radical rechazo de la motivación religiosa de la violencia, independientemente de dónde proceda. Al día siguiente, durante el el Papa dijo estar «vivamente afligido por las reacciones suscitadas» por esa «cita de un texto medieval, que de ningún modo expresa mi pensamiento personal». En la Audiencia del miércoles 20, repitió que el tema tratado fue la cuestión de la relación entre fe y razón:
«Para introducir al auditorio en el carácter dramático y actual del tema, cité algunas palabras de un diálogo cristiano-islámico del siglo XIV, con las que el interlocutor cristiano –el emperador bizantino Manuel II Paleólogo– de forma incomprensiblemente brusca para nosotros, presentó al interlocutor islámico el problema de la relación entre religión y violencia. Por desgracia, esta cita ha podido dar pie a un malentendido. Sin embargo, a quien lea atentamente mi texto le resultará claro que de ningún modo quería hacer mías las palabras negativas pronunciadas por el emperador medieval en ese diálogo y que su contenido polémico no expresa mi convicción personal. Mi intención era muy diferente: partiendo de lo que Manuel II afirma a continuación de modo positivo, con palabras muy hermosas, acerca de la racionalidad que debe guiar en la transmisión de la fe, quería explicar que la religión no va unida a la violencia, sino a la razón […]; quería invitar al diálogo de la fe cristiana con el mundo moderno y al diálogo de todas las culturas y religiones».
Para consolidar las relaciones de amistad y solidaridad entre la Santa Sede y las comunidades musulmanas del mundo, el Papa Benedicto XVI quiso encontrarse en Castel Gandolfo el 25 de septiembre –día de inicio del Ramadán– con los representantes de las Comunidades islámicas en Italia y con los embajadores de los Países de mayoría islámica acreditados ante del Santa Sede. El Papa reiteró su estima y respeto por los creyentes musulmanes y aprovechó la ocasión para expresar una profunda convicción personal: «En un mundo caracterizado por el relativismo, y que con demasiada frecuencia excluye la trascendencia de la universalidad de la razón, necesitamos con urgencia un auténtico diálogo entre las religiones y entre las culturas, que pueda ayudarnos a superar juntos todas las tensiones con espíritu de colaboración fecunda». Está en juego la paz anhelada ardientemente por los hombres de buena voluntad y que sólo puede construirse con la colaboración de todos. «Nuestros contemporáneos –añadió– esperan de nosotros un testimonio elocuente para mostrar a todos el valor de la dimensión religiosa de la existencia. Por consiguiente, fieles a las enseñanzas de sus respectivas tradiciones religiosas, cristianos y musulmanes deben aprender a trabajar juntos, como ya sucede en diversas experiencias comunes, para evitar toda forma de intolerancia y oponerse a toda manifestación de violencia; y nosotros, autoridades religiosas y responsables políticos, debemos guiarles y animarles a actuar así». El Papa concluyó con una cálida invitación al compromiso de cristianos y musulmanes «para afrontar juntos los numerosos desafíos que se plantean a la humanidad, especialmente en lo que concierne a la defensa y la promoción de la dignidad del ser humano, así como a los derechos que de ella se derivan. Mientras aumentan las amenazas contra el hombre y contra la paz, los cristianos y los musulmanes, reconociendo el carácter central de la persona y trabajando con perseverancia para que se respete siempre la vida humana, manifiestan su obediencia al Creador, que quiere que todos vivan con la dignidad que les ha otorgado». El diálogo cristiano-musulmán fue objeto de su siguiente viaje internacional.
Turquía: ecumenismo, Islam y libertad religiosa
La peregrinación apostólica del Papa Benedicto XVI a Turquía, del 28 de noviembre al 1º de diciembre, se preveía difícil; no faltaron en los días precedentes amenazas a su persona. Los hechos, sin embargo, premiaron la determinación del Papa.
Como era su intención, se trató de un viaje «pastoral y no político», marcado por intensos encuentros ecuménicos e interreligiosos, y muy consolador para la pequeña comunidad católica de ese país, que el Papa encontró durante su visita a la Casa de la Madre de Dios en Éfeso y en la celebración eucarística conclusiva en la catedral latina de Estambul. Se trató de una celebración inter-ritual y claramente «católica», pues resonaron los variados componentes de la rica liturgia católica antigua (latina, armena, caldea y siria) y las oraciones y cantos se elevaron en turco, francés, alemán, sirio, árabe y español.
La visita a Turquía brindó al Papa la ocasión de manifestar públicamente el respeto que él y toda la Iglesia tienen por la religión islámica (cf. Concilio Vaticano II, «, 3). Lo hizo en el encuentro con el Presidente de los Asuntos religiosos y con la oración silenciosa durante la visita a la Mezquita Azul de Estambul. En los augurios natalicios a la Curia, el Papa indicó una realidad que debería ayudar a los católicos a ser comprensivos con el camino que muchos musulmanes están recorriendo, con la conciencia de que los cambios de mentalidad y de cultura no pueden forzarse o precipitarse:
«En el diálogo con el Islam, que es preciso intensificar, debemos tener presente que el mundo musulmán se encuentra hoy con gran urgencia ante una tarea muy semejante a la que se impuso a los cristianos desde los tiempos de la Ilustración y que el concilio Vaticano II, como fruto de una larga y ardua búsqueda, llevó a soluciones concretas para la Iglesia católica. Se trata de la actitud que la comunidad de los fieles debe adoptar ante las convicciones y las exigencias que se afirmaron en la Ilustración. Por una parte, hay que oponerse a una dictadura de la razón positivista que excluye a Dios de la vida de la comunidad y de los ordenamientos públicos, privando así al hombre de sus criterios específicos de medida. Por otra, es necesario aceptar las verdaderas conquistas de la Ilustración, los derechos del hombre, y especialmente la libertad de la fe y de su ejercicio, reconociendo en ellos elementos esenciales también para la autenticidad de la religión. […] El mundo islámico, con su propia tradición, tiene ante sí la gran tarea de encontrar a este respecto las soluciones adecuadas. En este momento, el contenido del diálogo entre cristianos y musulmanes consistirá sobre todo en encontrarse en este compromiso para hallar las soluciones correctas. Los cristianos nos sentimos solidarios con todos los que, precisamente por su convicción religiosa de musulmanes, se comprometen contra la violencia y en favor de la sinergia entre fe y razón, entre religión y libertad. En este sentido, los dos diálogos de los que he hablado se compenetran mutuamente» (22-XII-2006).
En este gran horizonte se coloca el delicado tema de la libertad religiosa –»garantizada institucionalmente y efectivamente respetada»– que, junto al compromiso de las grandes religiones por la paz, fue un tema recurrente en los ocho discursos pronunciados por el Papa en Turquía. Turquía, aunque en su configuración constitucional sea un Estado «laico», en la práctica sólo protege la religión islámica. «Esperamos y oramos para que la libertad religiosa, que corresponde a la naturaleza íntima de la fe y está reconocida en los principios de la Constitución turca, encuentre en las formas jurídicas adecuadas y en la vida diaria del Patriarcado y de las demás comunidades cristianas una realización práctica cada vez mayor» (22-XII-2006). En Ankara, el Papa centró su discurso al Cuerpo Diplomático en la libertad religiosa, la paz, el diálogo y la dignidad humana.
El Papa ha vuelto a hablar con fuerza de la libertad religiosa en su Mensaje para la Jornada Mundial por la Paz del 1º de enero de 2007. Como su Predecesor, Benedicto XVI reivindica los derechos fundamentales de cada persona y, en particular, el respeto de la y la de todos. El Papa recordó las dificultades que los cristianos y los seguidores de otras religiones encuentran a menudo para profesar pública y libremente sus propias convicciones religiosas. «Hablando en particular de los cristianos, debo notar con dolor que a veces no sólo se ven impedidos, sino que en algunos Estados son incluso perseguidos, y recientemente se han debido constatar también trágicos episodios de feroz violencia. Hay regímenes que imponen a todos una única religión, mientras que otros regímenes indiferentes alimentan no tanto una persecución violenta, sino un escarnio cultural sistemático respecto a las creencias religiosas. En todo caso, no se respeta un derecho humano fundamental, con graves repercusiones para la convivencia pacífica. Esto promueve necesariamente» (n. 5).
La peregrinación apostólica a Turquía tuvo, también, momentos de fuerte intensidad ecuménica. El encuentro con el Patriarca Bartolomé I fue motivo de viva alegría para el Papa. «Experimentamos que somos hermanos no sólo por palabras y acontecimientos históricos, sino desde lo más íntimo del alma; que estamos unidos por la fe común de los Apóstoles, desde dentro de nuestro pensamiento y sentimiento personal. Experimentamos una unidad profunda en la fe y pediremos al Señor con más insistencia aún que nos conceda pronto también la unidad plena en la común fracción del Pan» (22-XII-2006).
Una Papa para el mundo entero
El corazón del Papa está abierto al mundo entero y su oración implora la bendición de Dios para todos los pueblos de la tierra. Expresión de esta solicitud universal del Papa es el discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede del 8 de enero de 2007. Algunas regiones del mundo, por diversos motivos, han estado más presentes en su corazón durante los dos primeros años de su Pontificado: Medio Oriente, África y Asia.
Si la está siempre en el corazón del Papa y de los cristianos, con mayor motivo, durante el último año. Desde el estallido de la última guerra en Líbano y mientras duró el conflicto, directamente o a través de sus colaboradores, el Sumo Pontífice se pronunció al menos dos veces por semana. Convocó para el 23 de julio una jornada mundial de oración y penitencia para implorar de Dios el don de la paz. Una semana después lanzó este fuerte apelo: «En nombre de Dios me dirijo a todos los responsables de esta espiral de violencia para que cada una de las partes deponga inmediatamente las armas». El 15 de agosto envió al cardenal Roger Etchegaray al Líbano para llevar a los cristianos de ese País un mensaje personal de esperanza. Además de invitar a los fieles a rogar por el inmediato cese de las hostilidades y a los Gobiernos a abrir pasillos humanitarios para el auxilio la población, no ha cesado de animar el inicio de negociaciones de paz que pudieran «poner punto final a objetivas situaciones de injusticia, existentes en aquella región». La Santa Sede participó oficialmente como Observador en la Conferencia internacional para el Líbano que, por iniciativa del Gobierno italiano, se desarrolló en Roma el 26 de julio. El Santo Padre, además, no ha dejado de exhortar al Episcopado mundial y a las organizaciones caritativas católicas para que ayuden a las poblaciones golpeadas por la guerra, en particular a la población civil del Líbano que ha sufrido las consecuencias de un ataque calificado por la comunidad internacional de «desproporcionado». Finalmente, el 21 de diciembre de 2006, con motivo de la Navidad, el Santo Padre envió una carta a los católicos de la región para expresarles su solidaridad y su presencia espiritual en cada una de sus Iglesias particulares, «incluidas las más pequeñas»; los anima a no abandonar la región, alentados por la certeza de que su testimonio será una ayuda y un apoyo para un futuro de paz y fraternidad.
Ante el Cuerpo Diplomático, el Papa renovó su urgente llamada a todas las partes implicadas en el complejo tablero político del Medio Oriente y aprovechó la ocasión para expresar su mente sobre la situación creada:
«La Santa Sede no se cansará nunca de repetir que las soluciones armadas no conducen a nada, como se ha visto en el Líbano el verano pasado. El futuro de este país pasa necesariamente por la unidad de todos los que lo integran y por las relaciones fraternas entre los diferentes grupos religiosos y sociales. Éste es un mensaje de esperanza para todos. No es posible tampoco contentarse con soluciones parciales o unilaterales. Para poner fin a la crisis y a los sufrimientos que ocasiona en las poblaciones, es necesario proceder según un enfoque global, que no excluya a nadie en la búsqueda de una solución negociada y que tenga en cuenta las aspiraciones y los legítimos intereses de los distintos pueblos implicados; en particular, los Libaneses tienen derecho a ver respetadas la integridad y la soberanía de su país; los Israelíes tienen derecho a vivir en paz en su Estado; los Palestinos tienen derecho a una patria libre y soberana. Si cada uno de los pueblos de la región ve sus aspiraciones tomadas en consideración y se siente menos amenazado, se reforzará la confianza mutua» (8-I-2007).
Desde el inicio de su Pontificado, el Papa Benedicto ha mirado con particular benevolencia a . Ha pedido a los fieles y al mundo entero que no se olviden de ese continente. A la vista de un próximo segundo Sínodo Especial de los obispos para África, convocado por el Papa para fecha todavía no determinada, se han desarrollado en el año 2006 las visitas de los obispos de países africanos ya iniciadas el año anterior. En el encuentro con sacerdotes romanos, el 2 de marzo de 2006, Benedicto XVI dijo que el continente africano es «la gran esperanza de la Iglesia» y que para él había sido muy edificante y consolador encontrarse con «obispos de elevado nivel teológico y cultural, obispos celosos, que realmente están animados por la alegría de la fe. Sabemos que esa Iglesia está en buenas manos, pero, a pesar de ello, sufre porque las naciones aún no están formadas». Aunque las situaciones de estos países sean diversas, los principales temas tratados por el Papa en esas visitas se refieren a problemas que atenazan a buena parte del continente y que esperan, desde hace años, una solución: la formación de los sacerdotes y los fieles; el esfuerzo por la reconciliación, la paz y la justicia; el servicio y desarrollo de los más pobres; la fraterna relación con los creyentes de otras religiones; el diálogo con las culturas locales. El desarrollo podría ser uno de los grandes temas del magisterio pontificio en el 2007 por celebrarse el 40º y el 20º aniversario de las encíclicas de Pablo VI y de Juan Pablo II.
El 24 de marzo de 2006, el Papa Benedicto XVI tuvo su primer Consistorio ordinario público para el nombramiento de 15 nuevos cardenales que, por su proveniencia (8 de Europa, 3 de América, 3 de Asia, 1 de África) y por las diversas misiones que desempeñan al servicio de la Iglesia, reflejan bien la universalidad de la Iglesia. En estos nombramientos parece percibirse una particular benevolencia papal hacia , pues los católicos asiáticos son una pequeña minoría. El nombramiento cardenalicio del obispo de Hong Kong, Joseph Zen Ze-kiun, ha sido interpretado como un gesto de honor de la Iglesia católica al pueblo chino y como un augurio de relaciones más intensas y directas entre la Santa Sede y el Gobierno chino. En las homilías del 24 y del 25, Benedicto XVI explicó la rica simbología de las «insignias» cardenalicias: el color rojo de la púrpura y el «regalo nupcial» del anillo significan el amor. El rojo es símbolo del ardiente amor cristiano que debe resplandecer en la vida de los cardenales. El anillo recuerda el deber de estar íntimamente unidos a Cristo para cumplir la misión de esposo de la Iglesia, testimoniando, sobre todo a favor de los pobres, el valor supremo de la caridad, el carisma «más grande» y la «vía mejor de todas». La Iglesia quiere recorrer la vía del amor-servicio, y no la de la política y el poder.
La creación de los nuevos cardenales estuvo precedida por el Consistorio extraordinario del 23 de marzo donde el Papa trató con el Colegio Cardenalicio cuatro temas de la vida de la Iglesia presentes en la agenda papal: la condición de los obispos eméritos, el «caso Lefebvre», la reforma litúrgica realizada por el Concilio Vaticano II y el diálogo entre la Iglesia y el Islam. Cada tema fue introducido por una relación desarrollada por los cardenales Re, Castrillón Hoyos, Arinze y Sodano, respectivamente. Es previsible que Europa ocupe un lugar importante en la agenda del 2007, porque, como dijo el Papa al Cuerpo Diplomático, «al prepararnos para celebrar el cincuenta aniversario de los Tratados de Roma, se impone una reflexión sobre el Tratado constitucional. Deseo que los valores fundamentales que están a la base de la dignidad humana sean protegidos plenamente, en particular la libertad religiosa en todas sus dimensiones, así como los derechos institucionales de las Iglesias. Al mismo tiempo, no se puede hacer abstracción del innegable patrimonio cristiano de este continente, que contribuyó ampliamente a modelar la Europa de las Naciones y la Europa de los pueblos» (8-I-2007).
Verona: el testimonio cristiano de la Iglesia
Por razones históricas y geográficas, el Obispo de Roma sigue con particular solicitud los pasos de la Iglesia que peregrina en Italia. A finales de mayo de 2005, viajó a Bari para la Clausura del Congreso Eucarístico Nacional; el 1º de septiembre de 2006 peregrinó al Santuario de la Santa Faz de Manoppello (Pescara) y el 19 de octubre a Verona con ocasión de la IV Asamblea Eclesial Nacional de la Iglesia italiana que tuvo por tema «Testigos de Jesús Resucitado, esperanza del mundo». El Papa dirigió un discurso a los obispos, sacerdotes y fieles laicos participantes en la Asamblea que podría muy bien aplicarse a muchas otras iglesias particulares.
La «reflexión» del Papa – como él mismo llamó a su discurso – se abrió con el recuerdo del Concilio Vaticano II, del que esta IV Asamblea nacional es una etapa de aplicación, que sigue a las asambleas celebradas en Roma (1976), Loreto (1985) y Palermo (1995). El Papa encuentra muy acertada la elección del tema pues la resurrección de Cristo «es el centro de la predicación y del testimonio cristiano, desde el inicio y hasta el fin de los tiempos». La Resurrección es un misterio de amor. «Jesucristo resucita de entre los muertos porque todo su ser es perfecta e íntima unión con Dios, que es el amor realmente más fuerte que la muerte». La resurrección inauguró una nueva dimensión de la vida y de la realidad, que penetra continuamente en nuestro mundo y lo transforma. Todo esto acontece a través de la vida y del testimonio de la Iglesia y «llega a nosotros mediante la fe y el sacramento del bautismo, que es realmente muerte y resurrección, un nuevo nacimiento, transformación en una vida nueva». La misión cristiana consiste en cooperar para que se realice efectivamente, en nuestra vida diaria, lo que el Espíritu Santo ha emprendido en nosotros con el bautismo. El cristiano es, de este modo, el testigo de la Resurrección.
El Papa ve Italia como «un terreno muy necesitado y a la vez muy favorable» a este testimonio de Cristo resucitado. Un terreno , porque «participa de la cultura que predomina en Occidente y que quisiera proponerse como universal y autosuficiente, generando un nuevo estilo de vida. De ahí deriva una nueva oleada de ilustración y de laicismo, por la que sólo sería racionalmente válido lo que se puede experimentar y calcular, mientras que en la práctica la libertad individual se erige como valor fundamental al que todos los demás deberían someterse. Así Dios queda excluido de la cultura y de la vida pública, y la fe en él resulta más difícil» .
Esta cultura sitúa la ética «dentro de los confines del relativismo y el utilitarismo, excluyendo cualquier principio moral que sea válido y vinculante por sí mismo». Este tipo de cultura se pone a los antípodas del cristianismo y de las tradiciones religiosas y morales de la humanidad. Por eso, dicha cultura «no es capaz de entablar un verdadero diálogo con las demás culturas, en las que la dimensión religiosa está fuertemente presente; y no puede responder a los interrogantes fundamentales sobre el sentido y sobre la dirección de nuestra vida. Por eso, esta cultura está marcada por una profunda carencia, pero también por una gran necesidad –inútilmente escondida– de esperanza».
Italia constituye, también, un terreno para el testimonio cristiano, pues «la Iglesia aquí es una realidad muy viva, que conserva una presencia capilar en medio de la gente de todas las edades y condiciones. Las tradiciones cristianas con frecuencia están arraigadas y siguen produciendo frutos, mientras que se está llevando a cabo un gran esfuerzo de evangelización y catequesis, dirigido en particular a las nuevas generaciones». Los italianos perciben con mayor claridad «la insuficiencia de una racionalidad encerrada en sí misma y de una ética demasiado individualista». La percepción, muy difundida en el pueblo italiano, del peligro que hay en separarse de las raíces cristianas de nuestra civilización es formulada expresamente y con fuerza por muchos e importantes hombres de cultura, «incluso entre los que no comparten o al menos no practican nuestra fe». Esta última expresión del Pontífice alude a los denominados «ateos devotos», que, aun si pertenecer a la comunidad eclesial, piensan que las raíces cristianas de la sociedad italiana deben ser salvaguardadas. En esta afirmación del Papa Benedicto XVI no hay ninguna implicación de carácter político, ni una reducción del cristianismo a mera religión civil, sino solamente la alegría del pastor que ve, para bien de las personas, cómo nacen fuera de la Iglesia posiciones comunes a las de la tradición cristiana. Eso no excluye que, con la necesaria atención a las posibles instrumentalizaciones, los cristianos tengan que estar siempre prontos al diálogo, a dar razón de su esperanza (cf. 1 3,15) y a la confrontación con quienes no compartan sus posiciones culturales. «Nuestra actitud –concluye el Papa– nunca deberá ser un encerramiento en nosotros mismos, renunciando a la acción. Al contrario, es preciso mantener vivo y, si es posible, incrementar nuestro dinamismo; es necesario abrirse con confianza a nuevas relaciones, sin desperdiciar ninguna de las energías que pueden contribuir al crecimiento cultural y moral de Italia».
Para que la Iglesia pueda cumplir su misión de «dar respuestas positivas y convincentes a las expectativas y a los interrogantes de nuestra gente», el Santo Padre da una consigna que él mismo está aplicando en su Pontificado: a través del testimonio multiforme de la Iglesia, debe brotar «el gran ‘sí’ que en Jesucristo Dios dijo al hombre y a su vida, al amor humano, a nuestra libertad y a nuestra inteligencia; y, por tanto, cómo la fe en el Dios que tiene rostro humano trae la alegría al mundo. En efecto, el cristianismo está abierto a todo lo que hay de justo, verdadero y puro en las culturas y en las civilizaciones; a lo que alegra, consuela y fortalece nuestra existencia». Los cristianos están llamados a desplegar una amplia obra de discernimiento y purificación, pues, por una parte, «reconocen y acogen de buen grado los auténticos valores de la cultura de nuestro tiempo, como el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico, los derechos del hombre, la libertad religiosa y la democracia» y, por otra, «no ignoran y no subestiman la peligrosa fragilidad de la naturaleza humana, que es una amenaza para el camino del hombre en todo contexto histórico. En particular, no descuidan las tensiones interiores y las contradicciones de nuestra época. Por eso, la obra de evangelización nunca consiste sólo en adaptarse a las culturas, sino que siempre es también una purificación, un corte valiente, que se transforma en maduración y saneamiento».
El Papa Benedicto XVI, ejemplar en su testimonio cristiano, no se cansa de presentar la belleza de la fe y, con la explicación de la palabra de Dios, infunde esperanza en los cristianos y en el mundo. En sus discursos y homilías no hay retórica; sólo una gran deseo de comunicar y transmitir la riqueza y esplendor de la fe. Tiene el don de hacer sencillo lo difícil, de hacer asequible a todo el mundo la gozosa propuesta cristiana, sin rebajar sus exigencias. No faltan en sus homilías imágenes vivaces que hacen más visible y asequible los contenidos que comunica.
Para que la experiencia de la fe y del amor cristiano sea acogida, vivida y transmitada de una generación a otra –siguió diciendo en Verona–, una cuestión «fundamental y decisiva» es la de la persona, la formación de su inteligencia, libertad y capacidad de amar. Sólo con esta obra educativa y la ayuda de la gracia divina «se podrá afrontar con eficacia el peligro que corre el destino de la familia humana constituido por el desequilibrio entre el crecimiento tan rápido de nuestro poder técnico y el crecimiento mucho más lento de nuestros recursos morales». Una educación verdadera debe suscitar «la valentía de las decisiones definitivas, que hoy se consideran un vínculo que limita nuestra libertad, pero que en realidad son indispensables para crecer y alcanzar algo grande en la vida, especialmente para que madure el amor en toda su belleza». De esta solicitud por la persona humana y su formación brotan los «no» de la Iglesia y del Papa a «formas débiles y desviadas de amor y a las falsificaciones de la libertad, así como a la reducción de la razón sólo a lo que se puede calcular y manipular». Estos «no» son, en realidad, un «sí» al amor auténtico y a «la realidad del hombre tal como ha sido creado por Dios»: una afirmación de nuestro ser.
La autenticidad del testimonio cristiano se certifica con el amor y la solicitud concreta por quienes sufren «las numerosas formas nuevas de pobreza, moral y material». El testimonio eclesial de caridad ha de conservar elevado y luminoso su perfil específico, «alimentándose de humildad y confianza en el Señor, evitando sugestiones ideológicas y simpatías de partido». De este modo, la caridad de la Iglesia hará visible en el mundo el amor de Dios. El testimonio cristiano en el mundo pasa también por la política. Benedicto XVI subrayó algunos puntos relativos a las responsabilidades civiles y políticas de los católicos: ante todo, que la «novedad sustancial» aportada por Jesucristo a las relaciones entre la religión y la política, a través de la distinción y la autonomía recíproca entre el Estado y la Iglesia, abrió el camino hacia un mundo más humano y libre; ahí tiene su raíz histórica el valor universal de la libertad religiosa. La Iglesia, que«», tiene un profundo interés por el bien de la comunidad política, cuya alma es la justicia, y aporta su contribución específica a dos niveles: uno doctrinal y otro práctico. En el primero, «con su doctrina social, argumentada a partir de lo que está de acuerdo con la naturaleza de todo ser humano, la Iglesia contribuye a hacer que se pueda reconocer eficazmente, y luego también realizar, lo que es justo». En la práctica, «la inmediata de para construir un orden justo en la sociedad no a la Iglesia como tal, sino , que actúan como ciudadanos bajo su propia responsabilidad». Los fieles laicos han de afrontar «el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social».
Como conclusión de su «reflexión», el Pontífice entregó a la Iglesia en Italia dos grandes consignas: la unidad y la contemplación del ejemplo de María: «lo fundamental es estar unidos a Cristo y luego entre nosotros, estar con él para poder ir en su nombre»; esta Iglesia-comunión encuentra en María, pura e inalterada, su verdadera esencia. A través de María, «aprendemos a conocer y amar el misterio de la Iglesia que vive en la historia, nos sentimos parte de ella hasta las últimas consecuencias, nos convertimos por nuestra parte en ‘almas eclesiales’ y aprendemos a resistir a la ‘secularización interna’ que amenaza a la Iglesia en nuestro tiempo a consecuencia de los procesos de secularización que han marcado profundamente la civilización europea». Al misterio de la Iglesia, el Santo Padre ha dedicado buena parte de sus catequesis.

Catequista de la Iglesia de Cristo
Concluidas las «catequesis de los miércoles», iniciadas por su Predecesor, sobre los salmos y los cánticos de Laudes y Vísperas, a partir de marzo de 2006, Benedicto XVI ha dedicado los audiencias del miércoles al misterio de la relación entre Cristo y la Iglesia, a la luz de la experiencia de los Apóstoles. La Iglesia se constituyó sobre el fundamento de los Apóstoles como comunidad de fe, esperanza y caridad. A través de ellos, los cristianos de todos los tiempos nos remontamos a Jesús mismo. La Iglesia contempla el rostro de Cristo y la luz de ese Rostro se refleja en el rostro de la Iglesia, a pesar de los límites y las sombras de la humanidad frágil y pecadora de sus miembros. La misión y actividad del Hijo encarnado tiene una finalidad comunitaria: congregar, purificar y salvar al pueblo de Dios. Signo evidente de esa intención es No podemos tener a Jesús prescindiendo de la realidad que él ha creado y en la cual se comunica. Entre el Hijo de Dios encarnado y su Iglesia existe una profunda, inseparable y misteriosa continuidad, en virtud de la cual Cristo está presente hoy en su pueblo: en la Iglesia construida sobre el fundamento de los Apóstoles y vivo en la sucesión apostólica, Cristo es siempre nuestro contemporáneo (15-III-2006).
La aventura de los Apóstoles comienza con el encuentro con Cristo. Los discípulos ven dónde vive y tienen un conocimiento directo del Maestro. No serán anunciadores de una idea, sino testigos de una persona y mensajeros del Reino de Dios a todas las naciones. Los Doce son elegidos para participar en la misma misión de Jesús. Esta misión continúa porque permanece siempre el mandato del Señor de congregar a los pueblos en la unidad de su amor (22-III-2006).
La Iglesia es misterio de comunión. A lo largo de los siglos, la Iglesia, orgánicamente estructurada bajo la guía de los pastores legítimos, ha seguido viviendo en el mundo como misterio de comunión, en el que se refleja de alguna manera la misma comunión trinitaria. En el tiempo de la peregrinación terrena, el discípulo, mediante la comunión con el Hijo, ya puede participar de la vida divina. Esta vida de comunión con Dios y entre nosotros es la finalidad propia del anuncio del Evangelio y de la conversión al cristianismo. Esta doble comunión, con Dios y entre nosotros, es inseparable. Donde se destruye la comunión con Dios, se destruye también el manantial de la comunión entre nosotros. Y donde no se vive la comunión entre nosotros, tampoco es viva y verdadera la comunión con el Dios Trinitario. La comunión se alimenta con el Pan eucarístico y se manifiesta en las relaciones fraternas. A pesar de todas las fragilidades humanas que pertenecen a su fisonomía histórica, la Iglesia se manifiesta como una maravillosa creación del amor, hecha para que Cristo esté cerca de todos los hombres que quieran encontrarse con él, hasta el final de los tiempos. Y en la Iglesia el Señor permanece con nosotros, siempre contemporáneo (29-III-2006).
Lo esencial de la Iglesia permanece, aunque vayan cambiando los tiempos. El Espíritu Santo constituye con un vínculo íntimo la Iglesia y le dona la verdad y el amor. Este vínculo con el Espíritu no anula nuestra humanidad con toda su debilidad; así, la comunidad de los discípulos desde el inicio experimenta no sólo la alegría del Espíritu Santo, sino también las laceraciones de la comunión. Desde el inicio y hasta el final de los tiempos existirá la comunión del amor y, por desgracia, también la división. Quien cree y quiere vivir en la Iglesia del amor debe reconocer también este peligro y aceptar que no es posible la comunión con quien se ha alejado de la doctrina de la salvación. La Iglesia del amor es también la Iglesia de la verdad, entendida ante todo como fidelidad al Evangelio encomendado por el Señor Jesús a los suyos. Para vivir en la unidad y en la paz, la Iglesia necesita el ministerio de los Apóstoles que la conserve en la verdad y la guíe con discernimiento sabio y autorizado. La Iglesia es totalmente del Espíritu, pero tiene una estructura, la sucesión apostólica, a la que compete la responsabilidad de garantizar la permanencia de la Iglesia en la verdad donada por Cristo, de la que deriva también la capacidad del amor. Los Apóstoles y sus sucesores son, por consiguiente, los custodios y los testigos autorizados del depósito de la verdad entregado a la Iglesia, y a la vez ministros de la caridad (5-IV-2006).
La comunión eclesial, suscitada y sostenida por el Espíritu Santo, conservada y promovida por el ministerio apostólico, abarca a los creyentes de todas las generaciones. Gracias al Paráclito, la experiencia del Resucitado que hizo la comunidad apostólica en los orígenes de la Iglesia, las generaciones sucesivas podrán vivirla siempre en cuanto transmitida y actualizada en la fe, en el culto y en la comunión del pueblo de Dios, peregrino en el tiempo. Esta permanente actualización de la presencia activa de Jesucristo en su pueblo, obrada por el Espíritu Santo y expresada en la Iglesia a través del ministerio apostólico y de la comunión fraterna, es lo que en sentido teológico se entiende con el término Tradición: no una simple transmisión material de lo que fue donado al inicio a los Apóstoles, sino la presencia eficaz del Señor Jesús, que acompaña y guía mediante el Espíritu Santo a la comunidad reunida por él. La Tradición es la comunión de los fieles en torno a los legítimos pastores a lo largo de la historia; una comunión que el Espíritu Santo alimenta asegurando el vínculo entre la experiencia de la fe apostólica, vivida en la comunidad originaria de los discípulos, y la experiencia actual de Cristo en su Iglesia. La Tradición es la presencia permanente del Salvador que viene para encontrarse con nosotros, para redimirnos y santificarnos en el Espíritu mediante el ministerio de su Iglesia, para gloria del Padre. La Tradición no es la transmisión de cosas o palabras muertas, sino el río vivo que se remonta a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes (26-IV-2006). Aunque de manera diversa a la de los Apóstoles, también nosotros tenemos una verdadera experiencia personal de la presencia del Señor resucitado. A través del ministerio apostólico, Cristo mismo llega a quienes son llamados a la fe. La distancia de los siglos se supera y el Resucitado se presenta vivo y operante para nosotros, en el hoy de la Iglesia y del mundo (3-V-2006). La Tradición en la Iglesia es la presencia permanente de la palabra y de la vida de Jesús en su pueblo. La palabra, para estar presente, necesita de un testigo. Al inicio están los apóstoles, llamados y enviados por el Resucitado; la sucesiva llamada y envío de otros se realizará, con la fuerza del Espíritu, por obra de quienes han sido constituidos en el ministerio apostólico, que desde la segunda generación se llamará ministerio episcopal. A los Doce son asociados primero Matías, luego Pablo, Bernabé y otros, hasta la formación del ministerio del obispo en la segunda y tercera generación. La continuidad se realiza en esta cadena histórica. En la continuidad de la sucesión está la garantía de perseverar en la comunidad eclesial del Colegio apostólico que Cristo reunió en torno a sí. La sucesión apostólica –comprobada sobre la base de la comunión con la Iglesia de Roma– es el criterio de la permanencia de las diversas Iglesias en la Tradición de la fe apostólica común. La apostolicidad de la comunión eclesial consiste en la fidelidad a la enseñanza y a la práctica de los Apóstoles, a través de los cuales se asegura el vínculo histórico y espiritual de la Iglesia con Cristo. La sucesión apostólica del ministerio episcopal es el camino que garantiza la fiel transmisión del testimonio apostólico. Lo que representan los Apóstoles en la relación entre el Señor Jesús y la Iglesia de los orígenes, lo representa análogamente la sucesión ministerial en la relación entre la Iglesia de los orígenes y la Iglesia actual. Esta sucesión apostólica es el instrumento histórico del que se sirve el Espíritu Santo para hacer presente al Señor Jesús, cabeza de su pueblo, a través de los ministros ordenados mediante la imposición de las manos y la oración de los obispos. Mediante la sucesión apostólica Cristo llega a nosotros, con su palabra y acción (10-V-2006). La Iglesia existe en las personas y fue encomendada a los doce Apóstoles. El Papa ha presentado a los Doce, uno a uno, para mostrar en esas personas qué es vivir la Iglesia y seguir a Jesús. A partir del 25 de octubre comenzó a tratar las figuras de otros personajes importantes de la Iglesia primitiva que «entregaron su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo» ( 15, 26): Pablo, Timoteo y Tito, Esteban, Bernabé, Silas, Apolo…, hasta concluir el 14 de febrero con algunas mujeres discípulas de Jesús.
La santidad y la liturgia$
La santidad no es una prerrogativa exclusiva de la Iglesia de los orígenes. La Iglesia canoniza a santos de los últimos tiempos, para que sirvan de ejemplo a los files y los ayuden con su intercesión. Como dio a conocer un comunicado de la Congregación para las causas de los santos, fechado el 29 de septiembre de 2005, el Papa Benedicto XVI ha dispuesto que, «quedando a salvo que la canonización, que atribuye al beato el culto en toda la Iglesia, será presidida por el Sumo Pontífice, la beatificación, que sigue siendo acto pontificio, será celebrada por un representante del Santo Padre, que por lo general será el prefecto de la Congregación para las causas de los santos». El rito de beatificación se realizará «en la diócesis que ha promovido la causa del nuevo beato o en otra localidad que se considere idónea» o, si así lo piden los obispos y los promotores de la causa, «podrá realizarse en Roma». Hasta la fecha, Benedicto XVI ha presidido dos celebraciones de canonización, ambas en la Plaza de san Pedro. El 23 de octubre de 2005, elevó a los altares a los polacos José Bilczewski (1860-1923), arzobispo metropolitano de Lvov de los latinos, y Segismundo Gorazdowski (1845-1920) sacerdote fundador de las Religiosas de San José; al sacerdote italiano Cayetano Catanoso (1879-1963), fundador de las religiosas Verónicas de la Santa Faz; al sacerdote jesuita chileno Alberto Hurtado Cruchaga (1901-1952), fundador del Hogar de Cristo, y al religioso capuchino italiano Félix de Nicosia (1715-1787). El 15 de octubre de 2006, canonizó a un obispo mexicano animado de un ardiente celo misionero: Rafael Guízar Valencia (1878-1938): se trata del primer obispo de Latinoamérica canonizado; al sacerdote italiano Felipe Smaldone (1848-1923), fundador de las Hermanas Salesianas de los Sagrados Corazones; a la religiosa italiana Rosa Venerini (1656-1728), fundadora de las Maestras Pías; y a la religiosa francesa Teodora Guérin (1798-1856), misionera en Estados Unidos. Durante el consistorio ordinario público celebrado el 23 de febrero de 2007, el Papa anunció la próxima canonización de cinco beatos: canonizará a Antonio de Santa Ana, sacerdote de la Orden de Frailes Menores Alcantarinos, en Brasil el 11 de mayo, coincidiendo con su viaje pastoral a ese país, con ocasión de la inauguración de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. El 3 de junio, en la Basílica de san Pedro, canonizará al sacerdote Jorge Preca, fundador de la Sociedad de la Doctrina Cristiana; al sacerdote franciscano Simón de de Lipnica; al sacerdote pasionista Carlos de San Andrés y a la religiosa María Eugenia de Jesús, fundadora del instituto de las Religiosas de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María. El 16 de diciembre, el Santo Padre pidió que se promulgaran los decretos para la canonización de un numeroso grupo de mártires de la persecución religiosa en España en los años treinta del siglo pasado.
El conocido interés de Joseph Ratzinger por la liturgia ha encontrado algunas discretas expresiones durante estos dos años de Pontificado. Su exhortación apostólica post-sinodal sobre la Eucaristía, fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia, presentada el 13 de marzo de 2007, recoge las conclusiones del Sínodo de los Obispos de 2005. Como anticipó el Papa a los sacerdotes de la diócesis de Roma, el 24 de febrero de 2007, se trata de un documento que «ayudará tanto a la celebración litúrgica como a la reflexión personal, tanto en la preparación de homilías como a la celebración de la Eucaristía. Y servirá para guiar, iluminar y revitalizar la piedad popular».
Con aprobación papal, sacerdotes y seminaristas franceses, varios de ellos ex miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X fundada por el arzobispo cismático Marcel Lefebvre, restablecieron su plena comunión con la Iglesia Católica y erigieron, el 8 de septiembre de 2006, el «Instituto del Buen Pastor», como Sociedad de Vida Apostólica de derecho pontificio. En sus estatutos –aprobados con carácter experimental por un período de cinco años– se les reconoce «el uso exclusivo de la liturgia gregoriana» según el rito contenido en los libros litúrgicos preconciliares, a saber, el pontifical, el misal, el breviario y el ritual romano. No se han verificado, por el momento, los rumores aparecidos en la prensa acerca de la publicación de un del Santo Padre que autorizaría, sin las actuales restricciones, la Misa Tridentina celebrada en latín.
El 12 de enero de 2006, en un discurso dirigido a algunas comunidades del Camino Neocatecumenal, entre las que se encontraban unas doscientas familias dispuestas a partir en misión, el Papa recordó que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha impartido, en su nombre, «algunas normas concernientes a la celebración eucarística, después del periodo de experiencia que había concedido el siervo de Dios Juan Pablo II. Estoy seguro –añadió– de que observaréis atentamente estas normas que recogen lo que está previsto en los libros litúrgicos aprobados por la Iglesia».
Ese mismo dicasterio emanó dos cartas firmadas por el Prefecto, cardenal Arinze. La del 17 de octubre de 2006, dirigida a los presidentes de las conferencias episcopales, pide que el en la fórmula de consagración de la Sangre de Cristo se traduzca como «por muchos» y que se evite la traducción «por todos». La dirigida al presidente de la Conferencia episcopal de Estados Unidos informa que el Santo Padre no extiende el indulto para permitir a los ministros extraordinarios de la comunión la purificación de los vasos sagrados. Estos sencillos pero significativos gestos revelan la solicitud litúrgica de un Papa que, en sus celebraciones públicas, ha demostrado amar la sobriedad típica de la liturgia romana.

* * *
La riqueza de dos años de Pontificado no puede agotarse en un artículo. Y menos, todavía, condensarse en un lema. Elegimos de todos modos uno que reúne, al menos, los grandes temas de los viajes papales: «Cristo será la paz». La paz que anunciaron los ángeles a los pastores en Belén es Cristo mismo. Jesús, que dijo a sus discípulos: «La paz os dejo, mi paz os doy» ( 14, 27), es nuestra Paz, y se nos da. Donde es acogido, surgen islas de paz. La paz de Cristo no puede ser impuesta, ni alcanzarse sólo desde fuera con el cambio de las estructuras; requiere la apertura y la conversión del corazón a Dios.
Roma sucumbe al «efecto Ratzinger»

El Ayuntamiento de Roma espera que en estos días lleguen en torno a 230.000 turistas a la ciudad para celebrar la Semana Santa. Se trata de una cifra récord, que supone un incremento del 8 por ciento respecto al año pasado. La comunidad que más crece en estas fechas es la alemana, algo que la prensa italiana achaca al «efecto Ratzinger». También aumentan las visitas de japoneses y estadounidenses, curiosos por asistir a las ceremonias de la Vieja Europa. Desde sus casas seguirán los actos todavía más personas. En concreto, durante la misa de Pascua del domingo serán 108 cadenas de televisión de 67 países diferentes las que retransmitirán en directo, por satélite, el evento. La cita más esperada por los peregrinos es, sin embargo, el Via Crucis de esta noche, un espectáculo de impresionante belleza y emotividad, que atrae no sólo a católicos sino a curiosos de todo el mundo y que tiene como marco el Coliseo de Roma, iluminado con antorchas y juegos de luces dramáticos para la situación. Dicho evento será emitido a su vez por 67 cadenas televisivas de 41 países distintos.

El Papa pidió estar más cerca de Cristo

Analizó el sentido de la Ultima Cena

ROMA.- El papa Benedicto XVI abrió ayer los ritos del Triduo Pascual -los tres días anteriores al domingo de Pascuas- con la tradicional misa crismal y la ceremonia de la Ultima Cena, en la que humildemente le lavó los pies a doce hombres, tal como según la tradición Jesús hizo con los apóstoles.
"Una persona sin amor es oscura por dentro", dijo por la mañana el Santo Padre en la misa crismal, que presidió en la Basílica de San Pedro, atestada de fieles, y que concelebraron cardenales, obispos y sacerdotes presentes en Roma.
En esta ceremonia, dirigida especialmente a los sacerdotes, el Papa bendijo los óleos que se utilizan para bautismos, confirmaciones, ordenaciones sacerdotales y la unción de los enfermos, que le fueron presentados en tres grandes jarras de plata.
La esencia del sacerdocio
Joseph Ratzinger, el papa-teólogo, que comenzó su homilía recordando un relato del escritor ruso León Tolstoi -en el que un simple pastor enseña a un rey lo que los sacerdotes y los sabios no lograban-, explicó en su sermón la esencia del sacerdocio y el simbolismo de la liturgia.
"Cuando nos acercamos a la liturgia para actuar en la persona de Cristo, todos nos damos cuenta de cuán lejos estamos de él, de cuánta suciedad existe en nuestra vida", dijo Benedicto XVI, en su mensaje a los sacerdotes.
Muy dura, la frase recordó el tono severo que Joseph Ratzinger había utilizado siendo aún cardenal durante las meditaciones del Vía Crucis de 2005, poco antes del fin del pontificado de Juan Pablo II. Entonces, el futuro pontífice había llamado la atención al decir: "Cuánta suciedad hay en la Iglesia, y justo entre aquellos que, en el sacerdocio, deberían pertenecer completamente a El. Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia".
Al concluir ayer su homilía, en la que llamó a los sacerdotes a seguir el ejemplo de Cristo, Benedicto XVI exhortó al Señor a que "aleje toda hostilidad de nuestra alma, que nos quite todo sentido de autosuficiencia y que nos revista verdaderamente con el amor, para que seamos personas luminosas y no pertenecientes a las tinieblas".
La Ultima Cena
Por la tarde, en la Basílica de San Juan de Letrán, el Papa le lavó los pies a doce laicos, en un gesto de servicio que evoca el que cumplió Jesús con los apóstoles en la Ultima Cena.
En esta ocasión, el Santo Padre explicó en la homilía con gran profundidad teológica el significado de la eucaristía y de lo que Cristo hizo en la Ultima Cena. Al hacer un análisis de la Biblia, el pontífice alemán comparó la cena de la Pascua del mundo judío con la del Jueves Santo para los cristianos. Y destacó que "existe una aparente contradicción" sobre la fecha exacta de la Ultima Cena entre el Evangelio de Juan, y los de Marcos, Mateo y Lucas.
Subrayó, así, que en el Evangelio de Juan se indica que "Jesús murió en la cruz en el mismo momento en que, en el templo, se sacrificaban los corderos pascuales", por lo que Cristo no celebró una cena pascual, sino su víspera. Mientras que en los otros evangelios, agregó el Pontífice, "la Ultima Cena fue una cena pascual, donde Jesús introdujo la novedad del don de su cuerpo y de su sangre".
Benedicto XVI explicó que "el descubrimiento de los manuscritos de Qumran -hallados en 1947 en Cisjordania- nos ha llevado a una posible solución convincente que, si bien todavía no es aceptada por todos, tiene un elevado nivel de probabilidad. Ahora podemos decir que lo que Juan refirió es históricamente preciso".
El Papa dijo que "Jesús celebró la pascua con sus discípulos probablemente con el calendario del Qumran, y, por tanto, un día antes de la pascua judía, y fue celebrada sin el cordero, como se hacía en la comunidad Qumran, que no reconocía el templo de Herodes", explicó el Papa, y agregó que "en lugar del cordero, Jesús donó su cuerpo y su sangre".
Por Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia
Vaticanista resalta "obediencia a la verdad" y sencillez del Papa en su Pontificado

ROMA, 12 Dic. 06 (ACI).- El vaticanista italiano Sandro Magister destacó la "obediencia a la verdad", la gran capacidad de convocatoria del Papa Benedicto XVI; y el don especial que tiene para explicar la teología a todas las personas, como lo más característico de los primeros 20 meses de su pontificado.
En su artículo titulado "Benedicto XVI, un Papa armado con ‘pureza’", publicado en su columna del diario italiano L’Espresso, Magister comenta que el Santo Padre cuenta con una audiencia semanal que es "por lo general más del doble de la de su predecesor, Juan Pablo II, quien en su momento rompió todos los récords. El producto que Benedicto XVI ofrece a las multitudes está hecho nada más que de sus palabras sencillas".
Seguidamente, Magister explica que "en el Ángelus, dos de cada tres veces el Papa explica el Evangelio de la Misa dominical correspondiente, a una audiencia que incluye a gente que no va a la iglesia cada semana y que de repente no va nunca. Lo explica con sus palabras sencillas que exigen y reciben atención. Hay un silencio impresionante en la Plaza de San Pedro cuando está hablando. Al final de esta pequeña homilía, inicia inmediatamente el Ángelus sin hacer pausa alguna, lo que constituye un medio eficaz para evitar los aplausos que sí llegan, pero recién al final de toda la ceremonia".
Para el vaticanista italiano, "el Papa razona incondicional pero serenamente. Sus críticas contra la modernidad o las ‘patologías’ que ve dentro de la Iglesia están plenamente elaboradas. Esa es parte de la razón por la que ha prácticamente silenciado al progresismo católico. No porque los haya hecho amigables a sí, sino porque no es posible responderle con argumentos de igual poder persuasivo". "Benedicto XVI no demuestra para nada signo alguno de inadecuación en comparación con su predecesor", precisa.
Después de resaltar que el Papa sabe "cómo enseñar teología a la gente común, incluso a los niños", el vaticanista comenta que "Benedicto XVI no tiene miedo de criticar severamente a las religiones, comenzando con el Cristianismo, precisamente en nombre de la razón. Él quiere establecer una mutua relación de cuidado y purificación entre la razón y la religión. Por ello dedicó dos tercios de su discurso en Ratisbona a criticar las fases en las que el Cristianismo se alejó de sus bases racionales".
Tras indicar que el "discurso en Ratisbona no es el único texto que Benedicto XVI ha escrito personalmente sin oír a los expertos que ciertamente lo hubieran purgado", Magister informa que "también el discurso que dio en Auschwitz y Birkenau fue totalmente suyo. Y éste también originó desacuerdos y polémicas políticos y teológicos por parte de judíos, secularistas y cristianos. Como Papa, Ratzinger suele actuar con una temeridad que nadie esperaba de él".
Para el vaticanista italiano "así es Benedicto XVI. Se siente tan cercanamente resguardado por la armadura de ‘pureza’ que no teme a la contaminación. Escandalizó a muchos cuando recibió en audiencia privada en Castel Gandolfo a la combativa Oriana Fallaci. Y un año después quiso encontrarse con Henry Kissinger".
"El príncipe de los teólogos anti-romanos, Hans Küng, fue otro invitado sorpresa. Benedicto XVI simplemente no es el tipo de persona que se asusta con una disputa, una sátira o un fatwa (pronunciamiento legal musulmán)", finaliza Sandro Magister.
Benedicto XVI, el amanecer de un nuevo papado
El vaticanista italiano también da cuenta de un nuevo libro publicado en inglés e italiano "Benedicto XVI, el Amanecer de un nuevo papado", en el que, Gianni Giansanti, famoso por sus fotografías de Juan Pablo II, y el director de la oficina de Roma de la revista Time, Jeff Israely, dan una mirada al pontificado de Benedicto XVI.
En un pasaje de la publicación, Israely escribe que "las acciones de su predecesor sorprendieron al mundo entero. Benedicto XVI, sin embargo, hace noticia con la fuerza de su prosa. Pero sus palabras no representan un ejercicio intelectual puro: Son una manifestación de su fe y humanidad. En el mensajero, el mensaje se hace visible".
De modo similar, el diario italiano L’Espresso, al hacer un retrato del Pontífice en la víspera de su viaje a Turquía afirmaba que "Juan Pablo II dominaba la escena. Benedicto XVI ofrece a las multitudes sus simples palabras. Pero él está atento a dirigir la atención a algo que está más allá de sí mismo".
Para leer el artículo completo en inglés puede visitar: http://www.chiesa.espressonline.it/dettaglio.jsp?id=103921&eng=y
COMENTARIOS DE NUESTROS USUARIOS


Publicado por:
Maria Teresita del Campo
Argentina
12/12/2006
06:54 PM EST
El Santo Padre tiene algo especial que llega a todos con la Verdad en profundidad y claridad que me cautiva y no hago màs que agradecer a Dios por este regalo a nuestra Madre, la Iglesia
26 de Noviembre
08:38| Destacan humildad del Papa en aceptar críticas a su libro sobre Jesús
Este martes se hizo pública la entrega para traducción e impresión del manuscrito del libro de Benedicto XVI de título: “Jesús de Nazareth. Del Bautismo en el Jordán a la Transfiguración”.
Ciudad del Vaticano.- El Papa “con su habitual simpleza y humildad”, aceptará las críticas al primer libro de su pontificado sobre el tema de Jesús y el cual se dará a conocer en marzo de 2007, destacó Federico Lombardi.
El director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, al comentar el texto enviado este martes a las imprentas de la Librería Editorial Vaticana y la Casa Editorial Rizzoli, subrayó la importancia del documento en el contexto del Pontificado.
“Es extraordinario que, no obstante las actividades y las preocupaciones del papado él haya podido llevar a la maduración una obra de gran empeño científico y espiritual”, afirmó.
Este martes se hizo pública la entrega para traducción e impresión del manuscrito del libro de Benedicto XVI de título: “Jesús de Nazareth. Del Bautismo en el Jordán a la Transfiguración”.
En el prefacio del primero de los tomos (serán dos pero la primera parte -10 capítulos- saldrá a la venta en la primavera europea del próximo año) el mismo Joseph Ratzinger reveló haber usado para escribir todos los tiempos libres tras su arribo a la sede de San Pedro.
En su comentario, Lombardi subrayó que el Papa dijo claramente que no se trata de un acto magisterial sino del fruto de su investigación personal y, como tal, puede ser libremente discutido y criticado.
“No se trata de una larga encíclica sobre Jesús, sino de su personal presentación de la figura de Cristo del teólogo Joseph Ratzinger, que fue elegido obispo de Roma”, indicó.
“Ratzinger, tomando en cuenta todos los avances de la investigación moderna -agregó- busca representarnos el Jesús de los Evangelios como el verdadero Jesús histórico, como una figura sensata y convincente”.
Se trata de un texto que el líder máximo de la Iglesia Católica comenzó a escribir cuando era aún cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el año 2003 y el cual terminó en sus vacaciones del verano europeo de este 2006 en los alpes italianos.
Notimex

 

 

Benedicto XVI, 19 meses después

Si bien es cierto el dicho de que Roma es siempre Roma, sin embargo cada Emperador, Papa o Rey le ha sabido dar una impronta propia. Durante 26 largos años Roma era un hervidero de actividades, visitas, reuniones, una especie de showtime. Juan Pablo II era un hombre de teatro y supo utilizar el Vaticano como el gran escenario para propagar y anunciar su forma de ver y concebir la Iglesia ante los retos del nuevo milenio.
Diez y nueve meses después la situación es distinta. Desde aquel abril del 2005 en que asistí a la elección de Benedicto he vuelto dos veces más a Roma. Y se nota otra atmósfera. No tanto ruido. No tantas actividades. No tantos cambios y seguridades. Benedicto XVI está gobernando la Iglesia con otro estilo. Un estilo de pensador, de alguien que escucha, reflexiona, calla. El estilo de un viejo y zorro profesor. Los cambios esperados los está haciendo con calma y lentitud. Da la impresión de que tiene todo el tiempo. Si bien es cierto que Roma invita a parar el reloj. Es hasta cierto punto atemporal. Y la popularidad entre el pueblo va en aumento. Como muestra basta contar la asistencia a las audiencias de los miércoles. Ya la Sala Nervi se ha quedado pequeña, a pesar de su capacidad de 10,000 personas. El público soporta frío y lluvia con tal de escucharle y saludarle. Este miércoles cerca de 15 mil personas aguantamos estoicamente bajo una intensa y fría lluvia un mensaje que, analizado fríamente, no decía nada nuevo, excepto al final del mismo en que hizo una condena fuerte y dura del asesinato del ministro de industria libanés, a la vez que pedía soluciones claras y rápidas para la paz.

 

Benedicto XVI se va ganando su público. No tiene la cercanía de Juan Pablo II quien empleaba horas enteras en las audiencias saludando uno a uno a los enfermos. Cuando se le mira a los ojos –y he tenido la oportunidad de hacerlo- se ve un alma sencilla, inquieta y asustada por tanto ruido, dolor y humanidad. Pero también se nota una recia personalidad.

La novedad en estos días en los mentideros y corrillos de Roma en torno a Benedicto XVI está marcada por tres hechos. Uno de ellos es el caso del Arzobispo Milingo y su reto de desafío a la disciplina de la Iglesia sobre el celibato, tema que se ha tratado de resolver con una reunión con los dirigentes de los diversos departamentos de la Curia y que no ha hecho más que empezar.

La otra es la gran novedad de que para la primavera saldrá a luz pública un libro escrito por el propio Benedicto XVI. Joseph Ratzinger, teniendo en cuenta todos los resultados de la investigación moderna, pretende representarnos al Jesús de los Evangelios como el verdadero “Jesús histórico”, como una figura sensata y convincente a la que podemos y debemos referirnos con confianza y sobre la que tenemos motivo para apoyar nuestra fe y nuestra vida cristiana. Con su libro intenta ofrecer un servicio fundamental para sostener la fe de sus hermanos, y lo hace sobre el punto central de la fe, es decir Jesucristo.

Finalmente, el tercer tema de conversación en Roma es el viaje la próxima semana a Turquía. Pero de ello hablaremos próximamente ya que merece un largo análisis.

Diez y nueve meses después la Roma del Papa Benedicto XVI es muy distinta de la de Juan Pablo II. Pero sigue siendo Roma

Tertuliasiglo21@aol.com

 

 

 

Benedicto XVI publica un «Jesús de Nazaret» escrito en sus ratos libres

Fecha Publicación: 11/24/2006 12:00:00 a.m.

Resumen: «Pido a los lectores y lectoras tan sólo un adelanto de benevolencia, sin la cual no es posible la comprensión», implora Benedicto XVI en su primer libro como Papa, titulado «Jesús de Nazaret».

--------------------------------------------------------------------------------

Igual que sigue llevando en la mano su vieja cartera de cuero negro, el profesor Joseph Ratzinger continúa su trabajo intelectual en el poco tiempo libre que le deja uno de los trabajos a tiempo completo más difíciles del mundo, y ha conseguido entregar el texto a la Editorial Vaticana hace unos días.

Como todo autor académico, Benedicto XVI explica en el prólogo la génesis pero también revela aspectos personales de una empresa casi imposible con la carga del Vaticano en las espaldas. El Papa cuenta a los lectores que empezó a trabajar en el borrador en el verano del 2003, y que «en agosto del 2004 pude dar la forma definitiva a los cuatro primeros capítulos. Desde mi elección como obispo de Roma, he utilizado todos los momentos libres para sacarlo adelante».

Esos momentos son pocos, y el trabajo no está terminado. Es más, al ritmo que toman los acontecimientos, resulta imposible hacer previsiones. Por eso, según el autor, «como no sé cuanto tiempo y cuantas fuerzas me serán todavía concedidos, he decidido publicar como primera parte del libro los primeros diez capítulos, que van desde el bautismo en el Jordán hasta la confesión de Pedro y la Transfiguración».

El objetivo del Papa -cuyos libros han sido «best sellers» desde que publicó «Introducción al cristianismo» en sus años de profesor universitario- es salvar el foso que se ha ido abriendo en las últimas décadas entre «el Jesús histórico» y «el Cristo de la fe».

De hecho, su reflexión se centra sobre todo en el rasgo más específico de Jesús de Nazaret, su conciencia de Hijo de Dios y su relación con el Padre en la soledad de la oración a solas al amanecer o en los varios momentos en que se dirige a Dios Padre en público y con una fuerza inusitada. Esa declaración inequívoca de divinidad llevaría a las autoridades judías a condenarle a muerte por delitos religiosos y a pedir a la autoridad humana su ejecución por un delito político de sublevación.

Benedicto XVI precisa que su libro sobre Jesús «no está escrito en absoluto contra la exégesis moderna, sino con gran reconocimiento por el impulso que ha dado y continúa dando. Nos ha permitido conocer gran cantidad de fuentes y de enfoques a través de los cuales la figura de Jesús se hace presente con una vivacidad y profundidad que hace sólo pocos decenios no podíamos siquiera imaginar».

Como experto en teología de la historia y exégesis bíblica, Benedicto XVI ha notado el progresivo debilitamiento de la percepción de la divinidad de Jesús. El autor afirma que «el Jesús de los Evangelios es una figura históricamente sensata y convincente. Sólo si sucedió algo extraordinario, si la figura y las palabras de Jesús superaron radicalmente todas las esperanzas y las expectativas de la época se explican su crucifixión y su eficacia».

 

 

 

 

Truena el Papa contra hedonismo conyugal

En la misa dominical, invita a las familias a depositar su confianza en la Iglesia.
Benedicto XVI en El Vaticano. Foto: Ettore Ferrari / EFE


9-Octubre-06


El matrimonio es hoy amenazado por ideas y culturas hedonísticas y relativistas, advirtió el papa Benedicto XVI durante la misa dominical que celebró en la plaza San Pedro, donde también recordó la importancia del matrimonio.

El pontífice tocó en el evangelio del día el tema del matrimonio y afirmó que “Dios es el autor del matrimonio y los esposos no deben dejarse arrastrar por el hedonismo, y por el relativismo, por lo que hoy más que nunca existe la necesidad de contar con familias cristianas abiertas a la vida, capaces de luchar en contra de la tentaciones del nuestro tiempo”.

Consideró crucial que las familias depositen su fe en la Iglesia.

“El matrimonio es para siempre. Los esposos deben de cuidar y cumplir lo que juraron en el sacramento del matrimonio, es decir la fidelidad en las buenas y en las malas, en la pobreza y en la prosperidad”, recalcó el Papa.

En el mismo Ángelus recordó la postura de su antecesor, el papa Juan Pablo II, quien definió al matrimonio como “pilar de la sociedad” y la postura de la Iglesia respecto al matrimonio

Es peculiar, pero el papa Benedicto XVI se ha pronunciado dos días seguidos sobre el asunto del hedonismo y el relativismo, pues el sábado habló en duras palabras sobre el mismo tema a los peregrinos de la región Romagna.

El papa Benedicto XVI visitará en septiembre del año próximo Austria y el santuario mariano de Marizell, mientras que su libro sobre Jesús saldrá a la venta bajo el cuidado de la editorial Vaticana, en el mes de diciembre.


Monterrey • Bruno Volpe













Opinión y análisis

La razón y la fe en el pensamiento de Benedicto XVI
Fernando Mires*

Jueves, 21 de septiembre de 2006

Benedicto XVl nunca ofendió a Mahoma. Cualquiera persona bienintencionada que lea el texto pronunciado en la Universidad de Regensburg se da cuenta de inmediato que esa no fue su intención. En ese sentido, no deja de llamar la atención que los gobernantes más dictatoriales del mundo islámico, apoyados desde occidente por uno que otro gobernante grosero e inculto, han sido quienes han pedido la retractación de Benedicto. Ahí hay seguro, otro problema. Aquello que los dictadores, islámicos o no, no pueden soportar, es la recurrencia de Benedicto al principio de la razón, pues la razón, o el Logos, se encuentra, en las palabras del Papa, no sólo al principio de la teología cristiana, sino que también en los orígenes mismos de la vida democrática. Toda dictadura es irracional, y todas los dictadores (y los que quieren serlo) han declarado una guerra a la razón. Eso es lo que no pueden soportar en el discurso filosófico y teológico de nuestro Papa.

1 Joseph Ratzinger, después Benedicto XVl, en contra de quienes postulan la absoluta independencia de la teología respecto a la filosofía, asumió radicalmente el legado de el santo Tomás de Aquino relativo a que en el cristianismo existe un primado del Logos sobre el Ethos. Ese primado no está negado por el hecho de que la teología tenga que ver con Dios, pues para preguntarnos acerca de Dios tenemos, queramos o no, que recurrir a medios que son filosóficos. La verdad si está dada debe ser, además, encontrada, lo que supone poner en uso tanto la razón como el entendimiento y la reflexión. Si la teología tiene que ver con Dios, Dios debe ser pensado, y por cierto, filosóficamente El pensamiento nos ha sido dado para ponernos en comunicación con Dios, o dicho en lenguaje filosófico, para establecer una relación entre la simple existencia con la intensidad infinita del Ser. Hannah Arendt lo ha dicho de una forma muy bella: “Del mismo modo que el arcoiris que une al cielo con la tierra, que trae a los seres humanos su mensaje, así, el pensamiento y la filosofía unen al cielo con la tierra”1

La diferencia de la teología con la filosofía no reside en que alguna de ellas no piense en categorías de sujeto u objeto (que son las de cada pensamiento) sino que en la teología ese sujeto, e incluso ese objeto, existe de un modo constituido, y para el santo Tomás ese sujeto-objeto es Dios, lo que traducido en términos filosóficos quiere decir que la existencia del Ser precede en la teología a “la existencia de la existencia”. Eso significa que mientras el objeto de la existencia en la filosofía es el Ser y la existencia misma el sujeto, en la teología el sujeto mismo es el Ser, y la existencia el objeto. Esa diferencia es la que , lleva a concluir –dicho casi de modo hegeliano– que si la existencia encuentra alguna vez al Ser, el Ser sería el sujeto, el único sujeto que al serlo tal, eliminaría al objeto, respuesta que la teología reserva sólo para sus lecciones escatológicas, esto es, para explicarnos aquella vida que sigue a la simple existencia corporal. Dicho en la breve fórmula de Ratzinger: “Teología tiene que ver con Dios y pregunta por Dios filosóficamente”.2

“Teología tiene que ver con Dios y pregunta por Dios filosóficamente” es una afirmación que lleva a asumir en primera línea el primado de la verdad, y luego preguntarnos acerca de ella. Pero que la verdad exista prioritariamente como un “adelanto” dice Ratzinger 3 no sólo en un sentido kantiano como un “a priori”) no significa que la respuesta acerca de cómo, dónde y porqué la verdad se presenta esté dada de antemano y en todos sus detalles. Eso quiere decir simplemente que debemos dar por existente a la verdad aunque no conozcamos su forma, orientación ni sentido. Mientras en la filosofía las preguntas conducen a la verdad, en la teología la verdad conduce (orienta, encamina, guía, ayuda) a sus preguntas. En ambas, en dos direcciones inversas, la verdad se cruza a lo largo de los caminos, y es por eso que la una tiene que ver con la otra pues sin verdad no hay teología, aunque tampoco hay filosofía. Pero, mientras en la teología la verdad, el sujeto que es Dios está dado, necesitamos preguntas para acercarnos a su conocimiento (Logos) o para entender a esa verdad; no así en la filosofía cuya verdad no está dada. Pero eso no lleva a entender que para la filosofía la verdad no existe. Incluso para la filosofía agnóstica la verdad está supuesta: la verdad es la duda. Y para la filosofía nihilista la verdad también está supuesta: es la nada. Y para la filosofía existencialista la verdad es la pura existencia. Y para la más utópica de las filosofías, la marxista, la verdad no sólo está supuesta, es, además, conocida, es absoluta y es total: Es la materia.

La filosofía no prescinde de la idea de una verdad; la teología, en ningún caso. No obstante, en un punto al menos es la teología cristiana más material y más realista que la más materialista y realista de todas las filosofías. La teología cristiana, si bien no conoce en su totalidad a la verdad la vio al menos una vez. Los evangelistas sinópticos la vieron y, además, la testimoniaron. La verdad cristiana es cristológica, cristo-lógica, Cristo y Lógica, es decir, accede a Dios mediante la lógica de Cristo, el Logos de un cuerpo, el cuerpo de un Logos, quien vino a este mundo y realmente existió; y vivió; y habló; y murió. Y según la lección cristiana: regresó. “La fe cristiana está (empero) convencida que en el Dios-Jesús de una forma verdaderamente accesible y no de un modo simbólico ha llegado al mundo”.4

Kant dijo que Dios podía ser una hipótesis necesaria. Con ello puso a la vez en duda y en verdad al Dios de todas las religiones del mundo. Pero aquello que jamás Kant podría haber dicho es que Cristo fue una hipótesis. Pues Cristo caminó y sangró sobre esta tierra, y las hipótesis no caminan ni sangran. Es por eso que Ratzinger nunca se cansó de decir: El Dios de los filósofos (pensaba en Platón; no en Kant) no puede ser exactamente el mismo que el Dios de la fe.5 Pero también admitía que en tanto el Dios de los cristianos es lógico, necesita de la filosofía para hacernos las preguntas que de Él necesitamos.

El Dios de los filósofos no puede ser exactamente el mismo que el de la fe, pero sin el Dios de los filósofos no existiría para los cristianos el de la fe pues de los filósofos griegos heredó la cristiandad el Logos que es el medio a través del cual es posible tener acceso lógico a Dios. El Dios de los cristianos requiere ser conocido y los caminos que llevan a Él son los del conocimiento. Es imposible tener fe sin conocimiento de la fe. El conocimiento es una razón de la fe. Esa premisa tomista es también la de Ratzinger.

La filosofía de los clásicos griegos, particularmente la platónica, testimonia una suerte de rebelión no sólo en contra del politeísmo, con el que ya la religión judía había saldado cuentas, sino que en contra del mito. La filosofía platónica por ejemplo, fue concebida en medio de una profunda crisis religiosa la que en un universo religioso como era el helénico, había terminado por transformarse en una crisis política. Platón, entre otros, buscó una salida metafísica que reemplazara a la ineficacia de los mitos como medios de sustentación espiritual de los griegos de su tiempo.

De acuerdo a Ratzinger, la filosofía clásica griega avanzó –al distanciarse de sus propios mitos– hacia una suerte de reconocimiento filosófico de Dios o, por lo menos, de su Idea. En ese sentido encuentra Ratzinger paralelos asombrosos entre la crítica filosófica a los mitos que tuvo lugar en Grecia y la crítica a los ídolos que fue llevada a cabo en Israel desde los propios tiempos mosaicos.6 El cristianismo, ya se adivina la deducción, habría sido la consecuencia de dos revoluciones paradigmáticas y epistemológicas a la vez, dos rupturas históricas de enorme trascendencia, y que a su vez prepararían el camino –así lee la historia Ratzinger– a la llegada del Cristo. Jesús representa, en ese contexto, el aparecimiento de una tercera revolución, la decisiva; la instalación de Dios entre los mortales lo que en esencia significa un quiebre histórico con la metafísica; y en todas sus formas.

La deducción ratzingeriana lleva a una tesis que sin duda despertará asombro, no sólo en círculos ilustrados, sino que al interior mismo de las diversas teologías, a saber, que hay un lazo indisoluble entre cristianismo e Ilustración –conclusión que llevará a decir a Ratzinger en sus escritos políticos 7 , que por esa razón hay también una unidad indisoluble entre cristianismo y democracia– unión histórica que lleva a explicarnos la relación íntima que se da entre la fe cristiana y la Razón. Derrida, cuyo pensamiento parece ser tan lejano al de Ratzinger, nos habla en ese sentido de “las dos luces”: La luz de la revelación (Abraham/ Cristo) y la luz de la Ilustración (iluminismo).8 Si agregamos la luz de la democracia política (Arendt), tendríamos que efectivamente hoy existe “la alianza de las tres luces” en contra de la oscuridad total y de las nieblas idolátricas y mitológicas que nos rodean.

Para precisar esa tesis hay que tener en cuenta que en la lectura de Ratzinger la Ilustración no es sólo aquel fenómeno cultural europeo acoplado en los orígenes de la revolución francesa, sino que un proceso interrumpido que comenzó en la antigua Grecia. Luego la Ilustración así considerada, no es sólo una, sino que hay diversas fases que procesan su existencia, y la fase original, de la cual es tributaria la fe cristiana, tuvo lugar en la antigua Grecia. El llamado movimiento cultural renacentista que en los libros de historias antecede a la Ilustración moderna, reivindicó el legado greco-latino atesorado en gran parte por las iglesias cristianas. Y es evidente que sin ese re-nacer, la Ilustración moderna no habría tenido nunca lugar. Precisamente esa fusión de origen es la que permite, en la lógica histórica de Ratzinger, el enlace entre la moderna Ilustración y la iglesia cristiana. Ese enlace que es de origen y que es histórico a la vez, es el que explica la diferencia radical de la religión judío-cristiana con las religiones mitológicas de Oriente.

Dentro del cristianismo existe, de acuerdo a Ratzinger, una profunda racionalidad que es la que permite a su vez entender el mensaje de Cristo. En otras palabras, el cristianismo habría llevado la destrucción de la mitología comenzada por los filósofos griegos hasta sus últimas consecuencias. La filosofía griega no logró ese objetivo, pactando al final con la propia mitología, o lo que es igual, estableciendo una separación abrupta entre el pensar y el creer. Por eso, para Ratzinger, la filosofía griega no llegó a ser revolucionaria; en el mejor de los casos fue evolucionaria a diferencias con el cristianismo que en su postura antimitológica fue radicalmente revolucionario. Esa radicalidad estaba representada por Paulo, portador ante “las naciones” de un mensaje espiritual anti-idolátrico y anti-mitológico a la vez. De acuerdo a esa nueva interesante lectura, Paulo no sólo habría establecido una marca de ruptura entre la religión de los judíos y el emergente cristianismo, sino que también un momento de síntesis de ambas religiones en la lucha común en contra de la idolatría y el mito.

Paulo no sólo llevó la palabra de Cristo a los griegos y la palabra de los filósofos a los judíos, sino que, además consumó un largo proceso histórico de mutuo encuentro entre la religión judía y la filosofía griega que según Ratzinger es la alianza entre Atenas y Jerusalén, la que estaba teniendo lugar muchísimo tiempo antes de Cristo. “El encuentro entre pensamiento griego y fe bíblica –afirma Ratzinger– “no se realizó recién con la antigua iglesia sino que al interior del camino bíblico. Moisés y Platón, creencia en dioses y crítica ilustrada a los Dioses, Ethos teológico e indicaciones éticas desde la naturaleza, ya han tenido sus encuentros al interior de la Biblia.9 De este modo contradice Ratzinger la divulgada tesis relativa a que el cristianismo es “sólo” un judaísmo helenizado pues el encuentro entre Israel y Grecia había ya tenido lugar en el propio texto bíblico. Jesús y Paulo continuarían una tendencia ya puesta en práctica por los antiguos profetas bíblicos. “La fuerza de la cristiandad, que le permite llegar a ser una religión universal, consiste en la síntesis entre la Razón, la Fe y la Vida”.10

La cristiana, al igual que la judía, es en un sentido filosófico helénico una religión argumentativa, discursiva, e incluso polémica, tanto consigo, como con el legado de las demás religiones. Jesús predicaba una verdad que había que entender. “El amor que viene de la fe quiere ser un amor entendible....”.11 Que Jesús aparezca en los textos casi siempre discutiendo, replicando, incluso insultando, no es una de las características principales de los antiguos Profetas. “Jesús no vino para hacernos la vida más cómoda, sino que arroja fuego a la tierra, el gran fuego viviente del amor divino; fuego que quema”. 12 El hecho de que Jesús se hacía entender mediante analogías, metáforas y parábolas y no mediante la revelación escrita, tarea que dejó a sus seguidores, tenía dos propósitos: por una parte, ser asequible a sus contemporáneos mediante los signos de su tiempo; por otra, dejar abierta la posibilidad interpretativa para que esas palabras fueran adaptadas, de modo discutitivo, en los tiempos que vendrán, pues el “espíritu del tiempo” no sólo es tiempo sino que también es “espíritu”.

Jesús no era un filósofo; por lo menos no uno en sentido tradicional. No tradujo la Biblia a ningún idioma, ni escribió ningún libro, ni filosófico ni sagrado. En el mejor estilo de un Sócrates –para Ratzinger, junto a Platón, un profeta de Jesús– va por las calles y plazas, enredándose en las temas de su tiempo, discutiendo con la gente de su pueblo, improvisando temas, e incluso, haciendo milagros, no de acuerdo a una realidad metafísicamente pre-constituída, sino que siguiendo la contingencia de los “encuentros” que la realidad de cada día le depara. Incluso, visto desde la perspectiva ratzingeriana, los milagros tienen un sentido lógico, y ese no es otro que demostrar al mundo que además de la realidad que percibimos, hay otra realidad a la cual no accedemos, pero, pese a que es sobresensorial, también existe. Que la verdad no es sólo la que vemos, ni siquiera la que sentimos, es hoy una tesis científicamente comprobada. Que las verdades imperceptibles hacen acto de aparición sobre y en medio de las perceptibles es una característica de cada acontecimiento nuevo. En cierto modo, cada uno de nosotros ha sido alguna vez un milagro. Es que Jesús no sólo actuaba de acuerdo al primado del Logos. Él es el Logos. Ese El, un Dios hecho hombre, lo separa tanto de la tradición helénica como de la judía. Ese Logos lo acerca a ambas.

El cristianismo tomaría así partido por la religión de los filósofos en contra de la religión de los mitos, e introdujo desde sus orígenes los métodos de los filósofos al interior de la fe. Esa parte no teológica, sino que filosófica, subyacente en los fundamentos originarios de la cristiandad, fue vista, e incluso es vista hoy, desde la perspectiva de un deísmo determinista y místico, como un escándalo, casi como una blasfemia, razón que explica porque el cristianismo llegó a ser acusado de ateismo por los representantes de las religiones mitológicas grecolatinas. Y según el punto de vista mitológico grecolatino, había más de una razón para desconfiar de la cristiandad. Desde la llegada de Jesús la cristiandad había establecido una relación de proximidad –si, incluso de peligrosa amistad– entre Dios y los humanos, relación que es insoportable en las religiones mitológicas. Las religiones mitológicas son religiones “a larga distancia” porque el mito, para que sea mito, siempre tiene que estar lejano, tanto en el tiempo como en el espacio. Vattimo lo ha planteado de modo perfecto: “El Mito es un lugar de un dar/se de la historicidad, que al mismo tiempo que es radicalmente histórico (y precisamente por eso) no es reducible a la inmanencia de la historicidad del mundo interior”13

La lectura del mensaje de Cristo permite ordenar hacia atrás y hacia adelante el sentido de la historia desde el punto de vista de la cristiandad, un sentido que como siempre reiterará Ratzinger (ya se hablará acerca de este punto) no es crono-lógico. Eso significa que el aporte de la filosofía griega cobra sentido en el seno de la cristiandad no en un Logos teórico, abstracto, intelectual, sino que en la presencia de un ser humano que por ser humano no es un Ser del puro pensamiento que da vueltas en torno de sí mismo y que no llega nunca ni a los seres humanos ni al pequeño mundo que habitan. Pues ese Dios de los filósofos que excluía en su absoluta eternidad toda relación directa con lo que cambia y con lo que será, aparece, en el sentido de la fe, como un Dios que es Dios y humano a la vez, no como dualidad intraspasable, sino que como unidad indisoluble, como un Dios que no es pensar sobre el pensar, eterna matemática, geometría perfecta del universo total, sino que “como Ágape, poder y creativo amor”.14

Cada cierto tiempo, físicos y matemáticos han creído descubrir a Dios como una suerte de Arquitecto Genial del Universo. Pero esa es para Ratzinger sólo una parte de Dios; y quizás no la más importante. “El matemático descubre la matemática del cosmos, la esencia pensante de las cosas. Pero nada más. El sólo descubre el Dios de los filósofos”. 15 Y ese Dios no es todo Dios

Ese Dios que es el Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacobo es el que revela, ya al pueblo judío, que Él es, además, amor creador, matorral ardiente, y que un día iba a aparecer entre los humanos, en medio de ellos, tan mortal como ellos, sin dejar de ser Dios y esto quiere decir, en las palabras de Ratzinger, que “el Dios de los filósofos es muy distinto a aquel que los filósofos imaginaron, sin dejar de ser lo que ellos, los filósofos encontraron; que a El realmente se le reconoce si se entiende que Él es la verdad eterna y el fundamento del Ser, que Él es inseparablemente el Dios de la Fe y el Dios humano”. Más aún: es un Dios que “se hace” humano.

Desde el momento en que el cristianismo, siguiendo la tendencia inserta en la religión judía, incorporó la voz de los filósofos griegos, se produce al interior de la cristiandad una unidad indisoluble entre razón y fe, hasta el punto que la separación de una respecto a la otra puede llevar, según Ratzinger, al descalabro de ambas. Es por eso que Ratzinger no se impresiona demasiado por el renacimiento de lo "religioso” que se deja observar en nuestro tiempo. Muchas veces ese renacimiento no es sino una recaída en el mundo de las supersticiones, de la irracionalidad y de la magia las que también califica de “formas enfermizas de religión”17 . Incluso dentro de determinados círculos islámicos entre los llamados “islamistas”, han aparecido según Ratzinger, formas de religiosidad altamente irracional . Como siempre ha reiterado Ratzinger, existen “patologías de la fe” y “patologías de la razón”. Ellas tienden a ocurrir, argumenta, cuando la fe se separa de la razón, o cuando la razón se separa de la fe. Una religión separada de la razón lleva a fanatismos sin límites del mismo modo que una razón separada de la fe, lleva al racionalismo (o religión de la razón), en cuyo nombre se han cometido los más grandes crímenes colectivos de nuestro tiempo.

No obstante, aunque es una evidencia que el cristianismo conlleva el legado del Dios-Idea de los filósofos griegos, no es un sistema de interpretación filosófica, sino que en primera línea, “un camino”, un ir y venir pues ese Dios de los filósofos que acoge la cristiandad judía no es un filósofo, sino que un humano simple y sencillo, como tu y yo; uno que va y que viene. Ese Dios es el mensajero de un nuevo “éxodo”. Un éxodo que ya no ocurre en el espacio, sino que en el tiempo, en ese Jesús intranquilo que viene y va, que muere y vuelve, para quedarse después siempre, sin “estar aquí”, pero “siendo”. “Altamente antropomórfico; altamente a-filosófico”. . Desde que Jesús vino al mundo, la Tierra Prometida perdió su orientación geográfica. Por eso es que Él aparece ante nosotros tan apasionado, cometiendo tal vez errores, porque al mismo tiempo que es Dios está actuando a escala humana, lo que quiere decir a escala errónea; se trata de Dios, pero que al actuar como un humano, lleva sobre sus hombros una misión que es superior a sus propias fuerzas. En cualquier caso no es un Dios geométrico, no es un Dionisos, no es “la justicia neutral”, no está “más allá”, en suma, no es metafísico, porque vive y muere, aquí, en un lugar determinado; no fuera de todo sino que dentro de todo desgarro, corporal y espiritual (¿Dios mío, por qué me has abandonado?(Marcos 15,34) y que, además, ama porque sufre y sufre porque ama; en fin, como dice Ratzinger, porque Él “tiene un corazón” 19.

Así como de acuerdo a la lección cristiana el Antiguo Testamento es leído de manera distinta a partir del Nuevo, las lecciones de los filósofos griegos, analizadas retrospectivamente, adquieren sino un sentido premonitorio, por lo menos uno profético. A partir de Jesús encuentra Ratzinger el sentido del mensaje platónico. Para reafirmar esa posición cita el futuro Benedicto en su obra más clásica, Introducción a la Cristiandad, el siguiente texto de Platón (Politeia ll): “ustedes dirán entonces que el justo, bajo esas condiciones será azotado, torturado; atado, que le quemarán los ojos y que después de maltratos, será crucificado Ese texto” –agrega Ratzinger– “escrito 400 años antes de Cristo, siempre conmoverá a un cristiano profundamente” . Cabe solo agregar, después de haberlo leído: “y no sólo a un cristiano” 20

Pero el Dios de los filósofos, aún el platónico, materializado en una existencia humana deja de ser un puro Ser. Es existencia, pero sin dejar de ser el Ser. No es, por tanto, el de Cristo, un Dios ontológico como fue el de los filósofos. Es en su vida, y sobre todo después de ella, la materialización de la Idea del Ser en medio de la siempre imprevisible historia humana. Ese Dios, entre-nosotros, y no fuera de la historia real, consuma la última ruptura, la más necesaria y la más difícil: la ruptura con la metafísica filosófica griega la que sólo es posible cuando la infinitud de los tiempos aparece se mezcle en medio da la finitud de los mortales.

La primera ruptura, la que llevó al derribamiento de los ídolos, fue la obra maestra del pueblo de Israel. La segunda, la ruptura con el misticismo, fue la obra maestra de la filosofía griega. La tercera, la ruptura con la metafísica, fue la obra maestra del judío crucificado, quien con su crucifixión hizo descender al Logos desde el Olimpo y desde los cielos hasta la misma tierra que habitamos. Esa fue la gran revolución judío-cristiana, la incorporación del Ser a la vida. Es sin duda, de acuerdo al legado mitológico que tuvo que preservar el cristianismo, el Representante del reino de los Cielos, pero también, y al mismo tiempo (sobre todo, al mismo tiempo) el Dios de las pequeñas cosas, es decir, el Dios de la más ínfima partícula atomal, aquel que está adentro y no sólo fuera de todo, y que llega incluso a aquel lugar que casi nadie quiere mirar: La propia conciencia humana.

3 El cristianismo asume el primado del Logos; y el Logos no puede sino primar sobre la materia, y eso significa que el Logos, es decir, el pensamiento, la palabra, la lógica, no está sólo al final sino que también al comienzo. Ese y no otro es el exacto sentido de la frase que da comienzo al evangelio según San Juan: “En el principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios” (Juan 1,1). Ratzinger, a su vez, interpreta el sentido de la Palabra (Logos) de este modo: “La fe significa una decisión en el sentido que el pensamiento y el sentido no constituyen productos subsidiarios del Ser, sino que todo Ser es producto del pensamiento; y que incluso en su estructura interna, es un pensamiento”.21 Luego, el primado del Logos aparecería a primera vista restaurando el principio metafísico que la fe incorporada en Cristo había derrumbado. Para explicar esta aparente contradicción conviene precisar que en la teología cristiana el concepto primado es distinto al concepto de determinación.

Lo que prima no es necesariamente lo que determina. Lo que prima es lo que dirige (guía, conduce, ordena) sin que la unidad sea desgarrada (principio esencialmente agustino) En este caso, la unidad se presenta como unidad entre espíritu y materia, pues bajo el primado del espíritu, el espíritu no determina a la materia, sino que la incorpora. El primado del espíritu convierte a la propia materia en espíritu o, en los términos del santo Tomás, en “ánima corpórea”. Eso explica porque en su juventud, Ratzinger se sintió tan fascinado con aquella física cuántica de la tercera década del siglo XX, la que no sólo proclamaba la indivisibilidad entre materia y energía sino que, además, consideraba a la materia como una forma de existencia de la energía. En cierto modo la física cuántica confirmaba el primado del Logos, siempre y cuando aceptemos que esa energía pueda traducirse, aunque sea analógicamente, con la idea del “Ser”.

“Al comienzo está la palabra” es una frase que significa pensar que al comienzo de la creación estuvo el pensamiento acerca de la creación, postulado que lleva a decir a Ratzinger que todos nosotros somos “pensamientos de Dios”. (Ese postulado significaría a primera vista una recaída en la metafísica que el mismo Ratzinger no acepta. Mas, si continuamos pensando hasta sus últimas consecuencias, la metafísica desaparece. Pues si Dios es verdad, la idea o el pensamiento acerca de la verdad tiene necesariamente que anteceder a la creación ya que de otro modo la creación no “existiría” o lo que es peor, no sería “verdadera”. Que la creación es verdadera y no una simple ficción es un resultado de la experiencia, no sólo sensorial, sino que de la fe, pues convengamos que el principio mínimo de cada creencia es creer que existimos. Sin esa premisa es imposible seguir discurriendo. Y creer que existimos significa creer en una creación, pero no sóolo en una que antecede a lo creado, sino en otra en donde actúa permanentemente el espíritu objetivo que se hace subjetivo en la medida en que entendemos la objetividad de ese espíritu que no es otro que el Ser que afirma la existencia de cada cosa.

La “cosa en sí” kantiana, aún para Kant no existe; en el mejor de los casos, sóolo puede ser una ficción metodológica. La materia no es un sin-sentido ya que sóolo su sentido es la que la hace pensable, es decir, “es portadora de verdad y de comprensibilidad y estas pueden ser captadas por medio del pensamiento.” . Para fundamentar dicha opinión, cita Ratzinger a Einstein, quien una vez escribió que en las leyes de la naturaleza “nos es revelada una razón tan superior, que todo el pensamiento humano y sus decretos no son frente a eso más que un simple y pálido reflejo”. . Es decir, a su modo Einstein había descubierto a Dios, pero se trataba de un Dios que todavía es el de los filósofos, un Dios platónico que ordena a un mundo y que es el pálido reflejo de una existencia luminosa inaccesible.

A fin de llevar la constatación platónica a su última expresión, Ratzinger plantea las preguntas básicas de toda filosofía: ¿Qué es la materia? ¿Qué es el espíritu? Materia es para él un ser que no entiende su propio Ser, que por cierto “es”, pero no entiende su “Ser”. Esa ausencia del entender es la que le da el carácter de objetiva. Eso lleva a pensar que tanto el comienzo como en el fondo de cada forma de existencia hay un ser que no entiende (no recuerda, no escucha, no siente) a su Ser. “La reducción de todo Ser a materia como primera forma de realidad, indica por lo tanto que en el comienzo y el fondo de cada existencia se configura una forma de ser que no entiende su propio Ser”. Eso no significa, empero, que “entender al Ser” es sóolo un casual producto secundario en el curso de la evolución. Esa capacidad de “entender” ya estaba programada (digámoslo así) en el propio comienzo de la Creación.

Por simple contraposición llega Ratzinger entonces a definir la noción de “espíritu”. El espíritu es el ser que entiende al Ser, esto es, un Ser que está en el ser. “La unidad del Ser consiste en la identidad de una conciencia cuyo momento está constituido por muchas formas de existir”. . No obstante, con esa deducción Ratzinger no ha llegado hasta el final. La deducción se mantiene todavía en su fase idealista y por lo mismo, continúa siendo, de algún modo, metafísica. Ya no es la de Einstein (es quizás la de Hegel) pero todavía es una deducción idealista.

Con la solución idealista tiene la percepción cristiana algo en común, a saber: que el Ser es Ser pensado pero, a diferencias con la solución idealista, el Ser no se mantiene en su forma pura de pensamiento, no existe “aparte” ni la realidad es sóolo un reflejo de ese Ser que se piensa a sí mismo, sino que –y esto es lo decisivo– esa realidad ha sido creada por una “creatividad creadora” que se mantiene en esa realidad y no la abandona nunca. Luego, el Dios de la creación no sólo es un Ser que “está” sino uno que “es” y a la vez uno que está “siendo”. Eso explica que la libertad de creación es parte de la creación y se encuentra presente en cada ser. O como explicaba Ratzinger a un periodista: “La fe cristiana calcula con el factor libertad. Esto significa que si Dios cubre todo, que conoce todo, que conduce a la historia, ha dispuesto que la libertad tenga un lugar en esa historia. Y eso lleva a concluir, por así decirlo, que yo puedo desviarme de lo que Dios se propuso hacer conmigo”27

Dios no sólo ha creado al humano. También ha creado ese “espacio histórico” que existe entre creador y criatura. Pues, si bien somos “un pensamiento de Dios”, “Dios no substituye a nuestro pensamiento” (...) “El sólo da las orientaciones que el humano necesita para vivir verdaderamente. Esas guías tienen validez para toda la historia; para todos los lugares y tiempos; pero ellas necesitan ser cada vez entendidas de nuevo” 28

Con esas conclusiones –afirma Ratzinger– toda forma de idealismo ha sido superada Dios actúa en el proceso de la creación. No está sólo al comienzo, o en otro lugar, tampoco sólo al final, sino que en el proceso mismo, o lo que es igual: Dios actúa “en todos los tiempos del tiempo”. La libertad de la creación –se reitera– ha sido integrada en la creación. La creación no es el producto final fabricado por una especie de artesano universal, sino que viene del espíritu, del pensamiento creador. En el comienzo de todo ser no se encuentra “alguna conciencia anónima neutral” sino que una libertad creadora que, a su vez, crea libertad y que por eso es “amor creativo, Persona” . La deducción de Ratzinger es radical: “la fe cristiana puede ser entendida como una filosofía de la libertad “.

Ni conciencia que determina al Ser ni Ser que determina su conciencia. El dualismo metafísico propio a las filosofías materialistas e idealistas ha sido clausurado por una filosofía de la libertad que viene de un Ser que no sólo es autor sino que también actor (persona) de la propia historia de la creación. De este modo lo máximo, lo superior del mundo, no reside ni en una “necesidad cósmica”, ni en la esfera luminosa de una libertad cuyos rayos apenas asoman entre nuestras nieblas.

Yo soy la Luz de la Vida dijo el Ser (Dios) en Jesús (Juan 8, 12) La libertad aparece así como una estructura necesaria del mundo, lo que lleva a suponer que el mundo sólo puede ser comprendido como incomprensible, que ese mundo debe ser su propia incomprensibilidad, pues si el mundo viene de la libertad y es portador de ella, quiere decir entonces que la imprevisibilidad que es consustancial a la libertad, pertenece esencialmente al mundo “La imprevisibilidad es una implicación de la libertad” . 30

El mundo no puede ser entendido a partir de lógicas matemáticas (mucho menos a partir de lógicas ideo-lógicas) Existir implica, por lo tanto, un riesgo, una aventura. El Yo de cada uno es llevado entonces a asumir una definición casi hamletiana: ser o no ser, que dicho en términos cristianos quiere decir: creer o no creer. En ese “sí o no”, se encuentra presente la libertad del Yo, la libertad de elegir entre la libertad de la existencia respecto a su Ser, o la de ser libre en el reconocimiento (amor) a ese Ser.

* Fernando Mires es autor del libro " El Pensamiento de Benedicto XVI",Lom, Santiago de Chile 2006,que también aparecerá en Buenos Aires, Argentina, en la Editorial " Libros de la Araucaria"

NOTAS

(1) Arendt,H., Vom Leben des Geistes, Piper,Münchem-Zürich 1998, p.143
(2) Ratzinger,J., Theologische Prinzipienlehre, Erich Webel München 1982, pp.336
(3) Ratzinger,J., Weggemeinschaft des Glaubens, Sant Ulrich Verlag, Augsburg 2005, p.28
(4) Ratzinger,J., 1982, op, cit p 343
(5) Ratzinger,J., Einführung in das Christentum,, DTV, Nördlingen 1977, p94
(6) Ibid, p91
(7) Ratzinger,J., Wendezeit für Europa- Diagnosen und Prognosen zur Lage von Kiche und Welt,,Johannes Verlag Freiburg 1991, p94 Ratzinger,JWerte in Zeiten des Umbruchs-Die Herausforderung der Zukunft verstehenHerder Sprecktrum,Freibur. Basel , Wien 2005
(8) Derrida,J., Glaube und Wissen-die beiden Quellen der Religion an den Grenzen der bloffen Vernunft,, Suhrkamp en Derrida, Vattimo y otros Die ReligionFranfurt 2001,p67 1
(9) Ratzinger,J., Glaube, Warheit, Toleranz Das Christentum und die Weltreligionen,, Herder, Freiburg im Br 2004, p 138, Augsburg 2005, p.28
(10) Ibid, p 141
(11) Ratzinger,J., Theologische Prinzipienlehre, Erich Webel, München 1982, p 353,
(12) Ratzinger,J., Gott und die Welt Ein Gespräch mit Peter Seewald, Knaur, Stutgart-München 2005 p.238
(13) Vattimo G., Die Spur der Spur, en Derrida, Vattimo y otros, op cit 2001, p 115
(14) Ratzinger,J., op cit. 1977, p95
(15)Ibid, p. 103
(16)Ibid, p. 95
(17) Ratzinger,J., op cit 2004, p 116
(18) Ratzinger,J., op cit 1997, p 96
(19) Ibid
(20) Ibid p.114
(21) Ibid p 101
(22) Ratzinger,J., op cit 2005, p 84
(23) Ratzinger,J., op cit 1977 p 102
(24) Ibid, p 102
(25) Ibid, p 105
(26) Ibid
(27) Ratzinger,J., op cit 2005, p 64
(28) Ibid p.167
(29) Ibid p.106
(30) Ibid p.108

fernando.mires@uni-oldenburg.de




 

 

 

PRODUCE consternación que un discurso tan bellamente argumentado, tan límpido y sutil, tan luminoso y benéfico como el que Benedicto XVI pronunció en la Universidad de Ratisbona haya sido empleado por los fanáticos islamistas para desatar una ola de violencia vesánica. Pero la consternación, y la repulsión, y la náusea, alcanzan cúspides difícilmente superables ante el silencio cetrino, acobardado o lacayuno con que los gobernantes occidentales han acogido tales muestras de violencia; silencio que no es sino la expresión claudicante de una Europa que ha renunciado a defender los principios que se asientan sobre la razón, los principios que fundan su genealogía espiritual, para inclinar dócilmente la testuz ante el hacha que blande el verdugo. Espectáculo de vileza infinita, de cobardía blandengue, de rendición monstruosa de la razón ante el acoso de la barbarie, merecedor por sí solo de ocupar un voluminoso volumen en la historia universal de la infamia. En cierta ocasión, escribí que no acepto otra autoridad que la que viene de Roma; hoy, ante este denigrante episodio de ignominia, en el que un hombre vestido de blanco hace frente en soledad a las hordas del fanatismo, mientras los mandatarios del mundo occidental le vuelven la espalda, me ratifico en esta impresión. No hay otra esperanza para el mundo que hemos heredado, el mundo que esa patulea de dimisionarios abyectos está vendiendo en pública almoneda, que la fuerza espiritual que irradia Roma.

¿De qué trataba el discurso del Papa? ¿No queda una sola mente inquisitiva, mínimamente curiosa, capaz de leerlo con atención, sustrayéndose a las pildoritas desenfocadas que nos ofrecen los noticiarios televisivos, como el pienso que se ofrece al ganado? Benedicto XVI habló de la necesidad de interrogarse sobre Dios por medio de la razón. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios; no actuar según la razón equivale a negar la naturaleza de Dios. «Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios», leemos en el prólogo del Evangelio de San Juan. «Logos», que es la palabra originaria que San Juan utiliza para designar el Verbo, significa a la vez «palabra» y «razón». En esa frase vertiginosa se logra el encuentro pleno entre la fe cristiana y el pensamiento griego: Dios, el Señor del tiempo, no actúa arbitrariamente, sino que todas sus acciones están regidas por la razón creadora; y sólo el hombre que piensa y actúa de forma razonable puede llegar a conocerlo en plenitud. A esta fe en un Dios que actúa con «logos» se opone una fe patológica que se trata de imponer con la espada; también una razón tan exclusivista y tiránica que pretende confinar la fe en el ámbito de lo subjetivo. Sólo si conseguimos que la razón y la fe avancen juntas -afirmó el Papa- lograremos un diálogo genuino de culturas y religiones. Y concluyó: ««No actuar razonablemente (con logos) es contrario a la naturaleza de Dios», dijo Manuel II Paleólogo. En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a encontrar este gran logos, esta amplitud de la razón».

Parece natural que un discurso tan perspicaz y dilucidador de la naturaleza de la verdadera fe haya enardecido a quienes entienden la religión como una vindicación de la barbarie y a Dios como una fuerza irracional, arbitraria, que se regodea en la crueldad e impulsa a los seres humanos a matar en su nombre. Más escandalosa que el furor de los energúmenos que afilan el hacha para descargarla sobre nuestra testuz resulta la cobardía moral, la tibieza, la claudicación de esa patulea de gobernantes que se han abstenido de salir en defensa del vapuleado Papa, que es tanto como abstenerse de salir en defensa del mejor legado occidental, ése que se funda sobre la razón constructora. ¿A alguien le queda todavía alguna duda de que semejante patulea no tardará, genuflexa y temblorosa, en entregar tal legado en bandeja de plata, para que lo pisotee la codicia destructora de los bárbaros?

 


Autor: Juan Manuel de Prada- Fecha: 2006-09-21

 

 

 

ISLAM / No lo defendieron de las críticas musulmanas

Los político occidentales dejaron sólo al Papa

RD

Martes, 19 de septiembre 2006

Organos de prensa de la Iglesia Italia y destacados religiosos y políticos criticaron hoy que los líderes políticos de los países occidentales hayan 'callado' y no han defendido al papa Benedicto XVI de las duras críticas y amenazas vertidas contra él por el mundo islámico.

'En estos días ha sorprendido el silencio de Jefes de estado e intelectuales de naciones democráticas que en el catolicismo o el cristianismo tienen su base. Occidente no ha tenido el coraje, a parte de algún caso aislado, de defender la libertad de expresión que no niega a ninguno', escribió hoy SIR, la agencia de información religiosa de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), que expresó su 'solidaridad' a Benedicto XVI.

La SIR destacó unas palabras del filósofo Gaspare Mura, de la Universidad Urbaniana, en las que dice que las civilizaciones que pierden su propia identidad y memoria histórica no tienen futuro 'y este es -precisó- el riesgo que corre la humanidad actual'.

Al igual que la SIR, el diario de la CEI, 'Avvenire', también salió en defensa del Papa y se pregunta que si se impone la idea de que Benedicto XVI 'debiera pedir perdón o retractarse, sin motivos, ¿quien podría a partir de ese momento hablar, discutir u opinar, aunque sea respetuosamente de la fe islámica?'.

Además de los medios de comunicación religiosa, destacados políticos italianos de la oposición también criticaron a los gobiernos occidentales de no haber defendido a Benedicto XVI y centraron sus críticas en el primer ministro italiano, Romano Prodi, del que dijeron que 'su silencio frente la violenta campaña contra el Pontífice es escandaloso'.

El ex ministro de Liga Norte y actual vicepresidente del Senado, Roberto Calderoli, pidió la dimisión de Prodi y Maurizio Lupi, dirigente de Forza Italia (el partido de Berlusconi) y dijo que el 'silencio de Prodi es insoportable' y que todos los gobiernos de Occidente deben expresar una posición clara.

El ex ministro de Justicia Roberto Castelli anunció hoy que los conservadores han presentado en el Senado una moción en apoyo de Benedicto XVI y Enrico La Loggia, dirigente de Forza Italia, pidió al Gobierno que convoque a los embajadores de los países musulmanes que han criticado al Papa 'y se han dejado llevar por esas horribles amenazas'.

Ante las amenazas de grupos integristas islámicos contra el Papa, la policía italiana mantiene reforzada la vigilancia sobre el Vaticano y la plaza de San Pedro y otros templos de Roma que puedan ser objetivos sensibles de ataques.

Benedicto XVI se encuentra en estos días en la residencia de verano de Castelgandolfo, localidad situada a una treintena de kilómetros al sur de Roma, donde también ha sido reforzada la vigilancia policial.

Aunque en un principio se especuló con la posibilidad de que el Papa permaneciese en Castelgandolfo hasta tanto se calmen las aguas, fuentes vaticanas precisaron que Benedicto XVI regresará al Vaticano el 3 de octubre, fecha en la que concluirá sus vacaciones, como estaba previsto.

Romano Prodi, que se encuentra en Nueva York, aseguró que 'no 'existe ningún elemento de alarma para Italia', palabras que fueron consideradas como 'frívolas' por la oposición, que pidió su dimisión.

Después de las explicaciones dadas por el propio Papa y el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, a las palabras sobre Mahoma y la guerra santa pronunciadas por el Pontífice en Ratisbona (Alemania), hoy Benedicto XVI abogó por el respeto recíproco entre los pueblos a la hora de respetar las convicciones religiosas de cada una.

La ocasión fue el telegrama de pésame enviado a la congregación de la monja italiana Leonella Sgorbati, asesinada el pasado domingo en Somalia.

Benedicto XVI 'deploró' todo tipo de violencia y auspició que 'las sangre derramada por tan fiel discípula del Evangelio se convierta en semilla de esperanza para construir una auténtica fraternidad entre los pueblos, en el respeto recíproco de las convicciones religiosas de cada uno'.

En esta jornada se reunieron en Roma, con motivo de la presentación de una revista, el cardenal presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, Paul Poupard; el imán de Roma, Sami Salem, y el rabio jefe, Riccardo Di Segni, que insistieron en la necesidad de diálogo entre las religiones y culturas.

 

 

 

 

 

 

Vaticanista advierte que "guerra islámica contra el Papa es irracional"


ROMA, 19 Sep. 06 (ACI).- El vaticanista italiano Sandro Magister afirmó que las reacciones violentas de los musulmanes contra el discurso del Papa Benedicto XVI del día 12 de septiembre en la Universidad de Ratisbona representan una "guerra irracional".

En su columna semanal del semanario italiano L’Espresso, Magister sostiene que el Papa "ofreció como terreno para el diálogo entre cristianos y musulmanes 'actuar en concordancia con la razón'. Sin embargo, el mundo islámico le ha atacado, distorcionando su pensamiento, confirmando así que el rechazo a la razón trae junto con él intolerancia y violencia".

El experto en asuntos vaticanos afirma que "menos diplomacia y más Evangelio" parece ser el curso que "Joseph Ratzinger está estableciendo para el gobierno central de la Iglesia". "Incluso haber escogido al arzobispo Mamberti, nacido en Marrakesh (Marruecos) y de nacionalidad francesa" y con amplia experiencia diplomática en varios países islámicos, como Secretario para las Relaciones con los Estados, deja claro que lo que el Papa tuvo en mente fue tener a alguien familiarizado con el mundo musulmán y con los asuntos sobre fe y civilización".

"Y fue este mismo criterio: menos diplomacia y más Evangelio, lo que hizo que el Papa, durante su visita a Alemania, dijera lo que ha sido considerado tan políticamente incorrecto", añadió el vaticanista.

Según Magíster, cualquiera que conozca algo del arte de la diplomacia habría "calificado de inoportunos y peligrosos" muchos pasajes de las homilías y discursos de Benedicto XVI, porque "éste no es un Papa que se someta a tal censura o que se auto-censure" sino que dice lo que debe cuando esto es "pilar para su prédica".

"Su objetivo en el viaje a Alemania fue iluminar al hombre moderno -cristiano, gnóstico, de otra fe, europeo, africano o asiático- decirle que la simple y suprema verdad además de que Dios es Amor, a la que el Papa le dedicó su encíclica Deus Caritas est, es que Dios es también razón, Él es el ‘logos’"; añadió Magister.

"Y cuando la razón se separa de Dios mismo, se cierra sobre sí misma. Y así, la fe en un Dios ‘irracional’, una voluntad absoluta, sin límites, puede convertirse en la semilla de la violencia. Toda religión, cultura y civilización está expuesta a este grandísimo error: no solo el Islam sino también el Cristianismo, al que el Papa dedicó todo su discurso", manifestó el experto.

"Dos días antes de su discurso en la Universidad de Ratisbona -prosiguió- contra el que autoridades de gobiernos musulmanes y líderes de opinión elevaron sus protestas, Benedicto XVI había expuesto la verdad en su homilía de la Misa de Munich, con algunas connotaciones que lo hicieron pasar como pro-islámico, según algunos comentarios de los medios", aseguró el vaticanista.

"Pero luego vino el discurso de Ratisbona, y la interpretación hecha por muchos musulmanes" de muchos medios y de muchas formas "con una exageración y propagación similares a lo que se vio hace unos meses contra unas viñetas ofensivas, fue diametralmente opuesta. La acusación se extendió a partir de una tremenda distorsión de lo expuesto por Benedicto XVI, y se apartó precisamente del ejercicio de la razón invocado por el Papa como el terreno adecuado para el verdadero diálogo entre las religiones y civilizaciones", continuó el especialista.

Ante esta posición del Papa, según Magister, era correcta la posición adoptada por el Arzobispo Mamberti y el Secretario de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone, de respaldar al Papa y sugerir una "directa y completa" lectura del discurso del 12 de septiembre. "Incluso en el Ángelus del 17 de septiembre, el mismo Pontífice expresó su pena por las reacciones de los musulmanes a su discurso en la Universidad de Ratisbona", indicó Magister.

Lea la columna completa de Magister (en inglés) en http://www.chiesa.espressonline.it/dettaglio.jsp?id=84185&eng=y

 

 

 

 

19-Septiembre-06


El papa Benedicto XVI declaró estar “profundamente afligido” ante la indignación del mundo musulmán por sus comentarios sobre el islam, pero está convencido de que su posición es justa e intenta reorientar la estrategia del Vaticano con respecto a la de su predecesor Juan Pablo II, según analistas y expertos.

“Mientras Juan Pablo II insistía sobre la necesidad de mantener el diálogo con el islam basado en la fe en un único Dios y a través de ella luchar contra la violencia, Ratzinger adoptó una actitud de catedrático, explicando cómo hay que hacerlo”, escribió Marco Politi, vaticanista del diario italiano La Repubblica.

Gobiernos, organizaciones religiosas y ciudadanos musulmanes de todo el mundo han protestado por un discurso pronunciado por Benedicto XVI en Alemania en el que hablaba de la relación entre fe y razón, y de la violencia dentro del islam. Ayer, siete gobiernos islámicos, incluyendo a los de Irán, Turquía y Malasia, país que preside actualmente la Conferencia Islámica, exigieron una “disculpa completa” del pontífice.

“El Papa Wojtyla construyó una estrategia de diálogo y quiso involucrar a las elites islámicas del mundo entero. Por ello se convirtió en el mundo musulmán en un líder espiritual respetado y escuchado”, comentó el experto. Todo parece indicar que su sucesor, quien fue elegido hace año y medio, adoptó una estrategia diferente.

“Durante la misa con la que se inauguró su pontificado, Benedicto XVI anuló toda referencia a las relaciones fraternales con el monoteísmo islámico”, recordó Politi. Para el Sumo Pontífice, el diálogo con las otras religiones se reduce a que “cada uno se quede bien atrincherado en su casa”.

Según el editorialista del diario La Stampa, Gian Enrico Russoni, la tormenta provocada por las declaraciones del Papa no fueron producto de “un error de comunicación” o “de un malentendido”. Para Russoni, el Papa sabía lo que estaba haciendo al citar el diálogo entre el emperador bizantino Manuel II Paléologo (1350-1425) y el erudito persa musulmán, en que se critica al profeta Mahoma por haber extendido du doctrina “con la espada”. “Un buen profesor no debe recurrir a una cita controvertida sin contextualizarla luego”, comentó Russoni.

Sandro Magister, vaticanista de la revista L’Espresso, recordó recientemente que a Benedicto XVI, ex guardián de la doctrina católica, le interesa poco la geopolítica y la diplomacia y mucho el Evangelio. “Al contrario de Juan Pablo II que se comunicaba hábilmente con todos los líderes religiosos. Con el criterio de menos diplomacia y más Evangelio, el Papa pronunció el discurso de Alemania, que contenía palabras políticamente incorrectas y explosivas”, escribió.

Los obispos turcos confirmaron que “de momento, nada hace pensar” en una cancelación del viaje que tiene previsto realizar el Papa a Turquía a finales de noviembre. Ayer, el ministro de Exteriores turco, Abdullah Gul, dijo que por parte del gobierno de Ankara no hay motivos para suspender la visita.

Día de furia

El líder espiritual supremo de Irán, el ayatola Ali Jamenei, sumó su voz a las críticas al papa Benedicto XVI. Jamenei dijo que los comentarios del líder de la iglesia Católica constituyen “los últimos eslabones en una cadena de conspiración que tiene por objetivo poner en marcha una cruzada”. Según él, otros eslabones fueron las controvertidas caricaturas del profeta Mahoma publicadas en 2005 por un periódico danés, que causaron grandes protestas en el mundo musulmán, y “los comentarios insultantes de algunos políticos y periódicos estadunidenses y europeos sobre el islam”.

Por su lado, Yuusf Qaradawi, líder espiritual de la Unión Mundial de Ulemas (Sabios) Islámicos, llamó a los musulmanes a manifestar el próximo viernes su descontento por las palabras del Papa, en lo que declaró como “una jornada de furia”. El líder aclaró que las expresiones de descontento deben ser pacíficas.

Un comunicado de Al Qaeda en Irak aseguró que el Papa y Occidente “están condenados” y proclamó que continuará con la Guerra Santa “hasta que el islam domine el mundo”.


Roma yTeherán/Agencias




 

 

El Papa de la razón
Por JUAN MANUEL DE PRADA en ABC
PRODUCE consternación que un discurso tan bellamente argumentado, tan límpido y sutil, tan luminoso y benéfico como el que Benedicto XVI pronunció en la Universidad de Ratisbona haya sido empleado por los fanáticos islamistas para desatar una ola de violencia vesánica. Pero la consternación, y la repulsión, y la náusea, alcanzan cúspides difícilmente superables ante el silencio cetrino, acobardado o lacayuno con que los gobernantes occidentales han acogido tales muestras de violencia; silencio que no es sino la expresión claudicante de una Europa que ha renunciado a defender los principios que se asientan sobre la razón, los principios que fundan su genealogía espiritual, para inclinar dócilmente la testuz ante el hacha que blande el verdugo. Espectáculo de vileza infinita, de cobardía blandengue, de rendición monstruosa de la razón ante el acoso de la barbarie, merecedor por sí solo de ocupar un voluminoso volumen en la historia universal de la infamia. En cierta ocasión, escribí que no acepto otra autoridad que la que viene de Roma; hoy, ante este denigrante episodio de ignominia, en el que un hombre vestido de blanco hace frente en soledad a las hordas del fanatismo, mientras los mandatarios del mundo occidental le vuelven la espalda, me ratifico en esta impresión. No hay otra esperanza para el mundo que hemos heredado, el mundo que esa patulea de dimisionarios abyectos está vendiendo en pública almoneda, que la fuerza espiritual que irradia Roma.
¿De qué trataba el discurso del Papa? ¿No queda una sola mente inquisitiva, mínimamente curiosa, capaz de leerlo con atención, sustrayéndose a las pildoritas desenfocadas que nos ofrecen los noticiarios televisivos, como el pienso que se ofrece al ganado? Benedicto XVI habló de la necesidad de interrogarse sobre Dios por medio de la razón. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios; no actuar según la razón equivale a negar la naturaleza de Dios. «Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios», leemos en el prólogo del Evangelio de San Juan. «Logos», que es la palabra originaria que San Juan utiliza para designar el Verbo, significa a la vez «palabra» y «razón». En esa frase vertiginosa se logra el encuentro pleno entre la fe cristiana y el pensamiento griego: Dios, el Señor del tiempo, no actúa arbitrariamente, sino que todas sus acciones están regidas por la razón creadora; y sólo el hombre que piensa y actúa de forma razonable puede llegar a conocerlo en plenitud. A esta fe en un Dios que actúa con «logos» se opone una fe patológica que se trata de imponer con la espada; también una razón tan exclusivista y tiránica que pretende confinar la fe en el ámbito de lo subjetivo. Sólo si conseguimos que la razón y la fe avancen juntas -afirmó el Papa- lograremos un diálogo genuino de culturas y religiones. Y concluyó: ««No actuar razonablemente (con logos) es contrario a la naturaleza de Dios», dijo Manuel II Paleólogo. En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a encontrar este gran logos, esta amplitud de la razón».
Parece natural que un discurso tan perspicaz y dilucidador de la naturaleza de la verdadera fe haya enardecido a quienes entienden la religión como una vindicación de la barbarie y a Dios como una fuerza irracional, arbitraria, que se regodea en la crueldad e impulsa a los seres humanos a matar en su nombre. Más escandalosa que el furor de los energúmenos que afilan el hacha para descargarla sobre nuestra testuz resulta la cobardía moral, la tibieza, la claudicación de esa patulea de gobernantes que se han abstenido de salir en defensa del vapuleado Papa, que es tanto como abstenerse de salir en defensa del mejor legado occidental, ése que se funda sobre la razón constructora. ¿A alguien le queda todavía alguna duda de que semejante patulea no tardará, genuflexa y temblorosa, en entregar tal legado en bandeja de plata, para que lo pisotee la codicia destructora de los bárbaros?

 

 

La audacia de Benedicto XVI
19/09/2006 - 14:16
TOMÁS DEL VALLE, IBLNEWS

 

Aún recuerdo cuando fue elegido el cardenal Ratzinguer para ocupar la sede de Pedro, la sucesión de Juan Pablo II, que muchos conocedores de su trayectoria nos indicaban que iba a dar muchas sorpresas y que no iba a ser un clon de Juan Pablo II. El pasado martes nos ha dado una muestra de ambas cosas.

En su reciente viaje a Alemania tuvo un encuentro con la intelectualidad en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona, Universidad de la que fue vicerrector y profesor 1969 y 1971. Defendió la relación entre Fe y Razón y el poder llegar a Dios mediante la razón. Podría haber sido una lección más del viejo profesor como cariñosamente le llaman en Roma. Pero de Ratzinguer se puede esperar cualquier cosa.

En su lección magistral el Papa invitó a un diálogo entre religiones y entre culturas y advirtió que las "culturas profundamente religiosas" -en velada referencia al Islam- ven en la exclusión de Dios cada vez más asentada en Occidente, "un ataque" a sus convicciones más íntimas. Ante esa situación, se mostró convencido de que es necesario y "urgente" un "verdadero" diálogo entre culturas y entre religiones para reencontrar el equilibrio entre una fe o reñida con la razón. "En Occidente domina la opinión que sólo el positivismo y las filosofías derivadas de él son universales, pero las culturas profundamente religiosas ven en esa exclusión de Dios de la razón un ataque a sus convicciones más íntimas. Una razón que frente a lo Divino se ha vuelto sorda y rechaza la religión es incapaz de integrarse en el diálogo de las culturas”

La audacia de Benedicto en su discurso no fue tanto el citar las palabras de un emperador bizantino del siglo XIV en contra del Islam. Fue audaz cuando invitó al Islam a reconocer que la imposición de una fe no se puede hacer a punta de espada, a tiro de pistola. Recordando las palabras del emperador, señaló que la violencia está en contraposición con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. "Dios no se complace con la sangre, actuar contra la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma y no del cuerpo. Quien quiere llevar a alguno a la fe necesita hablar bien y razonar correctamente y no usar la violencia y la amenaza”

La polémica creada por las palabras del Papa ha puesto en contacto, por primera vez, a la opinión pública, y especialmente al mundo musulmán, con la forma de pensar de Benedicto XVI sobre el Islam, aunque haya sido de forma tan brusca.

Pero se trata del final de un proceso de maduración que viene de lejos y que marca un cambio de rumbo trascendental de Ratzinger con respecto a Juan Pablo II.

Juan Pablo II apostaba por un acercamiento pleno, casi una comunión, entre cristianos y musulmanes, así como con otras religiones, y de ahí sus encuentros con líderes de otras religiones. Pero su sucesor lo ve de otra manera. El Papa actual no cree que se pueda discutir mucho con el Islam sobre teología y ve diferencias insalvables entre ambas confesiones, porque analiza el problema en frío, como el intelectual que es.

Un texto de Ratzinger de 1996, del libro 'La sal de la tierra', refleja muy bien cuál es su visión: «El Islam no conoce la separación entre la esfera política y la religiosa, que el cristianismo llevaba en sí desde el inicio. El Corán es una ley religiosa que abraza todo (...), la 'sharia' plasma una sociedad de arriba a abajo. (...) Debe quedar claro que no es una religión como las demás y no se inserta en el espacio de libertad de la sociedad plural».Benedicto XVI ve un camino muy útil de entendimiento con el Islam en el campo cultural y en la defensa de valores comunes, pero para eso pretende situar el diálogo en el plano de la razón. Ese es el telón de fondo del discurso -la 'lección'- de Ratisbona, una reflexión sobre la razón y la fe en busca de la convivencia. El padre Samir Khalil Samir, egipcio jesuita y uno de los máximos expertos en el Islam del Vaticano ha resumido la intención del Papa en su polémico mensaje de Alemania.

«Benedicto XVI piensa en un diálogo en la verdad, sin esconder nada. ¿El Corán tiene pasajes violentos? ¿La Biblia quizá incluso más? Muy bien, partamos de los hechos para entendernos. No podemos no tener en cuenta el pensamiento laico y su racionalidad».

Y ante el revuelo y mal entendido que se ha creado, no ha tenido reparo en pedir excusas y afirmar en el Angelus de la mañana del domingo: “Lamento profundamente las reacciones en algunos países a unos pocos pasajes de mi discurso a la Universidad de Rastisbona, que fueron considerados ofensivos a la sensibilidad de los musulmanes", ha manifestado. "De hecho, era una cita de un texto medieval que en absoluto expresa mi pensamiento personal. "Espero que esto sirva para apaciguar los corazones y clarificar el verdadero mensaje de mi discurso, que fue, en todos los sentidos, una invitación al diálogo franco y sincero con respeto mutuo".

Tuvo la audacia de citar al emperador bizantino en su rechazo al Islam. Ha tenido la honradez de pedir disculpas. Es el primer papa que se atreve a una cosa parecida. Las sorpresas siguen dándose en el Vaticano.

 

 

 

El Papa Benedicto XVI pone los límites al diálogo interconfesional
Joseph Ratzinger se aleja de los senderos recorridos por su antecesor hacia otras religiones. Al entusiasmo de hace veinte años le ha sucedido un profundo escepticismo, ante el aumento del fundamentalismo religioso. El Islam es más temido.

 

Henri Tincq

Por primera vez, el Papa Benedicto XVI se pronunció sobre el delicado tema del diálogo entre las religiones, en un mensaje leído ante la asamblea anual de la comunidad de Sant’Egidio, celebrada la semana pasada en la ciudad de Asís (Umbría).

Fue en Asís, la ciudad de San Francisco (1181-1226), donde hace veinte años, el 27 de octubre de 1986, el Papa Juan Pablo II reunió a los 200 dignatarios máximos de todas las confesiones del mundo, invitados a orar juntos por la paz, cada quien dentro de su propio rito. Ese acontecimiento ha quedado como uno de los más significativos del pontificado de Karol Wojtyla y le dio un fuerte impulso al diálogo entre las religiones. Pero al entusiasmo de hace veinte años le ha sucedido un profundo escepticismo, ante el aumento del fundamentalismo religioso, en especial después de los atentados de Nueva York y Washington, el 11 de septiembre de 2001.

Después del fin de la guerra fría y el “fracaso del sueño de paz”, el tercer milenio ha comenzado, señala Benedicto XVI, “con escenarios de terrorismo y violencia que no parecen desaparecer”. Y en el mapa de los conflictos, “las diferencias culturales y religiosas constituyen motivos de inestabilidad y de amenaza”. De ahí la confusión mantenida entre religión y violencia.

Para él, el “espíritu de Asís” -de concordia entre las autoridades de las diversas religiones del planeta- es más necesario que nunca. El Papa alemán propuso una “pedagogía eficaz” de la paz, centrada en “la amistad, la buena acogida recíproca, el diálogo entre hombres de diversas culturas y diversas religiones”.

LOS MIEDOS PAPALES

Hasta ahí llegan las similitudes con Juan Pablo II. Pues Benedicto XVI se inquieta más que su predecesor por la ineficacia de este diálogo, por sus riesgos y sus límites. En su mensaje, advirtió que no debe malinterpretarse el espíritu de Asís. “El encuentro interreligioso de sacerdotes no debe prestarse a interpretaciones sincretistas, basadas en un relativismo que negaría el sentido mismo de la verdad y la posibilidad de alcanzarla”. Es necesario regresar al centro: sí al diálogo entre las religiones, no a la confusión y a la pérdida de la identidad cristiana.

No es ningún misterio que el cardenal Joseph Ratzinger, encargado de la doctrina con Juan Pablo II, no tenía más que un aprecio moderado por estas asambleas de Asís, en las cuales se negó a participar. Tomó sus distancias con las celebraciones interreligiosas, en las que él temía cierto sincretismo. Asimismo, los católicos tradicionalistas iban aun más lejos y llamaban “carnaval insoportable” a esas reuniones de Asís.

Convertido en Papa, Ratzinger pintó su raya en ese tema. Llamó al orden a los franciscanos de Asís, promotores de manifestaciones interconfensionales que se convertían en encuentros pacifistas, ecologistas y altermunidistas. También descartó de la curia a monseñor Michael Fitzgerald, presidente del consejo pontificio para el diálogo interreligioso.

Y, a nombre de una concepción más cultural que teológica de la relación con el Islam, Benedicto XVI fusionó dos “ministerios”, el de la cultura y el del diálogo interreligioso, bajo la autoridad del cardenal francés Paul Poupard. Tomada justo después del incidente de las caricaturas de Mahoma en la prensa europea, del asesinato de sacerdotes en Turquía y de los motines anticristianos en algunos países musulmanes, esta decisión tuvo el carácter de señal. El diálogo con el Islam en particular quedó colocado bajo el signo de una mayor firmeza.

© Le Monde

(The New York Times Syndicate)

 

 

 

3-Septiembre-06

Alaba al inventor del canto gregoriano
Papa pide contemplación y acción a los sacerdotes

Benedicto XVI reafirmó su llamado por una liturgia sobria con música sacra.

En su Ángleus dominical desde la sede apostólica veraniega de Castelgandolfo, el papa Benedicto XVI recordó ayer al papa San Gregorio Magno I; de hecho ayer la Iglesia celebro su memoria litúrgica.

Con motivo de ésta celebración, el papa hizo un retrato hablado del sacerdote, del pastor de almas: “la vida de pastor de almas debe de ser una síntesis de acción y contemplación, animada por el amor que se revela grande cuando con misericordia ayuda los demás y suaviza sus males”.

Benedicto XVI habló de San Gregorio Magno, y lo pinto así: “Personaje único en la historia de la Iglesia, ejemplo para los pastores, el desarrolló una intensa actividad pastoral y también civil, escribió una hermosa biografía de San Benito, textos de liturgia, inició el canto que lleva su nombre Gregoriano. Espero que su ejemplo pueda ser imitado por los pastores de la iglesia y por las autoridades civiles”.

Al final el Papa auguró a los niños que inician su ciclo escolar buena suerte y les recomendó sacar provecho de los estudios.

Benedicto XVI, varias veces en su pontificado ha alabado la importancia del canto gregoriano y de una liturgia sobria y sin espectáculos.

Desde el Ángelus una certeza: en la nueva liturgia habrá espacio para el sonido gregoriano.

Bruno Volpe




 

 

Confía cardenal Papa dará sorpresas



Miércoles, 27 de Abril de 2005


Benedicto XVI

Ciudad del Vaticano.- El cardenal italiano Carlo María Martini, el gran rival del otrora cardenal alemán Joseph Ratzinger, sostuvo este martes que el controvertido purpurado transformado en papa Benedicto XVI romperá muchos prejuicios y sorprenderá a muchos críticos.

"Estoy seguro que Benedicto XVI nos tiene reservadas muchas sorpresas con respecto a los prejuicios y lugares comunes con los que ha sido ligeramente calificado", afirmó Martini en una larga entrevista concedida al diario italiano La Repubblica.

Martini, de 78 años, arzobispo emérito de Milán (norte de Italia), considerado uno de los purpurados más cultos y progresistas del Colegio Cardenalicio y que el mismo Ratzinger define "distinto por formación y temperamento", estima que el nuevo Papa será transformado de hecho por la responsabilidad asumida.

"Estoy seguro de que la gran responsabilidad que pesa sobre el nuevo Papa lo convertirá cada vez más en una persona sensible y abierta a los problemas que agitan los corazones de los creyentes y no creyentes, por lo que abrirá, para él y para nosotros, caminos nuevos", afirmó.

El cardenal, quien se retiró a Jerusalén desde hace algunos años para estudiar textos bíblicos, reconoció que la elección de Ratzinger para suceder a Juan Pablo II nació también del deseo de "tener un pontificado breve después de uno tan largo".

Sin romper el estricto secreto impuesto por la Constitución apostólica sobre el Cónclave, Martini dejó entender que como líder de una corriente crítica no se opuso a la elección del primer papa alemán de la historia reciente, llamado el ex guardián del dogma por sus severas posiciones en el campo doctrinario.


 

 

 

¿Qué dijo el Papa?

TRIBUNA
ALEJO FERNÁNDEZ PÉREZ

En Valencia los discursos del Papa sobre la Familia fueron tan densos, claros y concisos que difícilmente admiten interpretaciones o resúmenes; sin embargo, para los que no han podido leer sus discursos anotamos algunas de las ideas que nos ha recordado:

La familia, fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, expresa una relación filial y comunitaria, y es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral. (Los niños sin familia van al asilo, donde la dignidad y el desarrollo integral son algo muy diferente). La familia cristiana transmite la fe cuando los padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con ellos (Sí, cuando los padres enseñan; pero, mientras tanto, los Estados imponen sus dogmas y doctrinas particulares). La verdadera libertad del ser humano proviene de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Por ello, la educación cristiana es educación de la libertad y para la libertad. (Sin Dios no hay libertad, basta echar una ojeada a los países sin Dios o sin Cristo)¿ reconocer y ayudar a la familia es uno de los mayores servicios que se pueden prestar hoy día al bien común y al verdadero desarrollo de los hombres y de las sociedades, así como la mejor garantía para asegurar la dignidad, la igualdad y la verdadera libertad de la persona humana. (¿Por qué se ponen, entonces, tantos impedimentos para tener hijos o para que no se desarrolle la familia? La familia es el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recib ir amor. ..el Matrimonio es una íntima comunión de vida y amor entre un hombre y un mujer, «de manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Se puede decir que quien no es feliz en su familia no lo será en ninguna otra parte).

La familia es una institución intermedia entre el individuo y la sociedad, y nada la puede suplir totalmente. (Romper un eslabón es romper la cadena). La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad y un gran tesoro de los esposos durante toda su vida... es una gran responsabilidad de todos. (De todos, si, pero el gobierno español gasta en ella cuatro veces menos que los países de su entorno). Los padres, partícipes de la paternidad divina, son los primeros responsables de la educación de sus hijos y los primeros anunciadores de la fe. (Que fácilmente se olvidan las grandes verdades y qué fácilmente nos rendimos a los demagogos de turno). El matrimonio contrarresta un hedonismo (Sistema filosófico que considera la consecución del placer como único fin de la vida) que se está apoderando de la juventud ¿La fe y la ética cristiana, no pretenden ahogar el amor, sino hacerlo más sano, fuerte y realmente libre. (El placer inmoral o amoral siempre nos deja insatisfechos y nos hace sentir más animalizados). Recordemos que para las nuevas generaciones, influidas por el Relativismo Moral, resulta muy dur o no poderse divorciar cuando el matrimonio entra en crisis. Los lazos con la Iglesia se rompen o debilitan. Todos sabemos que la Iglesia no puede modificar ni una coma de los mandatos divinos. Y nunca los cambiará (Gracias a Dios la Iglesia no se rige por las modas o caprichos de los hombres o gobiernos. Sus leyes son eternas) .

En la sociedad laica, donde no hay una moralidad basada en Dios, no hay verdad moral que buscar. Las consecuencias pueden ser vistas fácilmente observando la institución más moralmente confundida: La Universidad; es allí donde el bien y el mal son o bien negados o bien invertidos; es también la institución más laica de todas. ( Prager) Sorprende, cómo la Universidad -donde el bien y el mal son negados- y los medios de comunicación, se han dejado arrastrar en gran parte por el materialismo, representado por la «nueva era» y el «nuevo orden mundial» en la que «todo vale, donde nada es verdad ni mentira, donde nada es bueno o malo, donde el único Dios del Hombre es el hombre -sobre todo quien manda- y donde «todo» tiene su asiento, siempre que nos produzca dinero, poder, fama o placer. No hay más moral que la impone cada uno.» A pesar de todo. La existencia del mal se pone de manifiesto simplemente por la necesidad de emitir leyes. Una ley implica que algo está mal, que no se debe hacer; pero si el mal no existe sobran las leyes, los jueces y los policías. La historia y el sentido común nos recuerdan algunas cosas: A) Cuando las izquierdas alcanzan el poder terminan, en todos los casos, volviéndose locas. B) Algunas ideas son tan estúpidas que sólo los intelectuales se las pueden creer -G. Orwell- C) Por muy absurda que sea una idea siempre encontrará algún filósofo que la justifique y siempre habrá algún pardillo que se las crea d) La inteligencia puede ser un don bueno o malo según el camino que elija: Hitler, Stalin, Mussolini, Mao Tse Tung y muchos más fueron muy inteligentes para¿ realizar obras nefastas para humanidad y dejar al mundo lleno de cadáveres. Los gobernantes honestos, religiosos, equilibrados, aceptablemente formados siempre son preferibles a los hombres brillantes y desequilibrados.

Muy raro y sorprendente resulta el hecho de que estas ideas sobre la familia se pongan ni siquiera a discusión; así como, que sea la Iglesia Católica la única institución mundial que se oponga frontalmente a tanto desatino. A los creyentes sólo nos queda una solución: revitalizar y potenciar la doctrina de Jesús, como sucedió tras la muerte de Cristo, cuando las multitudes se acercaban a los cristianos deslumbradas por el amor que se mostraban y por un estilo de vida rubricado por su disposición a morir antes que renegar de su fe.

 

 

 

La Voz del Papa



Por: Emilio Palafox Marqués , Domingo, 30 de Julio de 2006

Tratado sobre Jesucristo o Cristología


Al pescador le agrada que los peces piquen; para eso arroja con fuerza el anzuelo hasta allá lejos... Nos gustó a muchos que hasta los periódicos menos dispuestos a publicar noticias positivas del Papa hayan mordido el anzuelo estos días para adelantarnos la noticia: Benedicto XVI estaría terminando de escribir un libro sobre Jesucristo o Cristología durante las vacaciones en los Alpes italianos y una encíclica sobre el trabajo.

No pasan de ser unas conjeturas razonables de los llamados “vaticanistas”, desplazados a la zona para informar sobre los días de descanso de Benedicto XVI.

Salvatore Mazza, enviado especial del diario Avvenire, señaló en la edición del pasado domingo que “parece que, entre otras cosas, (el Papa) ha vuelto a tomar en sus manos el libro que estaba escribiendo antes de ser elegido sucesor de Juan Pablo II, un texto de teología”.

Y la noticia ha volado. Pero, ¿de qué iba a escribir el nuevo Papa, el teólogo Ratzinger, sino de teología? Lo que puede asegurarse es que cruzado de brazos no estuvo el Papa del 11 al 28 de julio.

Sabemos que descasaba a ratos tocando el piano. ¡Eso es descansar: cambio de ocupación, pero ocupación siempre! Y que su trabajo escrito pueda referirse a la Persona de Cristo -la Cristología-, contenido central de nuestra fe, es sumamente razonable, después que algunos vienen maltratando la figura histórica y teológica del Señor.

Muchos agradecemos este adelanto mediático en espera de leer y estudiar los frutos del este descanso veraniego de Benedicto XVI.

*** “Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución.

Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario.

Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo.

Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él. La tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a veces gravosa.

Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo”.

Así, bellamente, se expresa Benedicto XVI en la homilía con la que dio inicio al pontificado, el 24 abril 2005.

Es el inicio de su Cristología. “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida.

No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.

En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: ‘Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna’ (...).

Jesús, haciendo de ambos un único precepto, ha unido este mandamiento del amor a Dios con el del amor al prójimo, contenido en el Libro del Levítico: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’ (19, 18; cf.

Marcos 12, 29- 31). Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Juan 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un ‘mandamiento’, sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro”.

Este ha sido el principio de su Cristología en la primera Encíclica de su pontificado, “Deus cáritas est” (“Dios es amor”), del 25 diciembre 2005.

*** “Las vacaciones de Benedicto XVI en la región de Les Combes, en los Alpes italianos, están resultando muy fructíferas”, escribe Jesús Bastante en ABC de Madrid.

El Papa, que se refugió en este rincón utilizado por Juan Pablo II, dedica buena parte de su tiempo al estudio y la escritura, así como a la práctica del piano.

Pese a todo, el Santo Padre continúa sorprendiendo, y el pasado martes se dejó ver por la frontera suiza, con el pretexto de visitar el monasterio de San Bernardo.

Benedicto XVI también está siguiendo de cerca el conflicto en Oriente Medio, y ha convocado una jornada de oración por el fin de la violencia en la zona.

Además, envió telegramas de condolencia para las víctimas del tsunami en Indonesia. Otro de los trabajos de los días veraniegos del Pontífice, antes de su viaje a su tierra natal en septiembre, apunta el columnista de ABC, sería una nueva encíclica social centrada en el valor del trabajo humano.

La encíclica, segunda de su Pontificado, podría titularse “Labor Dómini” (“El Trabajo del Señor”), y el Papa abordaría la visión cristiana del trabajo humano, la importancia del trabajo en la sociedad y el trabajo como necesidad y deber del ser humano.

A su vez, denunciaría las injusticias de la situación laboral que padecen millones de personas en todo el mundo, todo ello dentro de una visión ética del mundo globalizado.

Pese a este ritmo de trabajo, parece que Benedicto XVI está disfrutando de su retiro en Les Combes.

El pasado domingo, las imágenes del Centro Televisivo Vaticano permitieron ver las actividades del Papa en estos días: su estudio en la residencia de los salesianos que ocupa, un paseo por el jardín, un rato de oración ante la Virgen, y unos momentos ante el piano interpretando una pieza.

Emilio Palafox, sacerdote en México, es Doctor en Ciencias por la Universidad Complutense de Madrid. E-mail: epalafox@buzon.com




 

 

 

El Papa aprovecha sus vacaciones para ultimar un libro sobre Cristo y su segunda encíclica
JESÚS BASTANTE
MADRID.
Las vacaciones de Benedicto XVI en la región de Les Combes, en los Alpes italianos, están resultando muy fructíferas. El Papa, que se refugió en este rincón utilizado por Juan Pablo II dedica buena parte de su tiempo al estudio y la escritura, así como a la práctica de su gran pasión: el piano.Pese a todo, el Santo Padre continúa sorprendiendo, y el pasado martes se dejó ver por la frontera suiza, con el pretexto de visitar el monasterio de San Bernardo. Benedicto XVI también está siguiendo de cerca el conflicto en Oriente Medio, y ha convocado para hoy una jornada de oración por el fin de la violencia en la zona. Además, envió telegramas de condolencia para las víctimas del tsunami en Indonesia.
Según diversos vaticanistas desplazados a la zona para informar sobre los días de descanso de Benedicto XVI, el Papa estaría trabajando en un libro sobre Cristo, así como en una futura encíclica sobre el trabajo humano. Salvatore Mazza, enviado especial del diario Avvenire, señaló en la edición del pasado domingo que «parece que, entre otras cosas, (el Papa) ha vuelto a tomar en sus manos el libro que estaba escribiendo antes de ser elegido sucesor de Juan Pablo II, un texto de teología».
Dicho documento abordaría el tema de Cristo y su relación con el género humano, así como la relación entre el cristianismo y otras religiones en el mundo, un trabajo en el que Joseph Ratzinger ya trabajaba cuando en abril de 2005 fue designado Pontífice de la Iglesia católica.
Otro de los trabajos que ocuparán los días veraniegos del Pontífice, antes de su viaje a su tierra natal en septiembre, sería el de una nueva encíclica social centrada en el valor del trabajo humano. Dicha encíclica, la segunda de su Pontificado, podría titularse «Labor Domini» («El Trabajo del Señor»), y en la misma el Papa abordaría la visión cristiana del trabajo humano, la importancia del trabajo en la sociedad y el trabajo como necesidad y deber del ser humano. A su vez, denunciaría las injusticias de la situación laboral que padecen millones de personas en todo el mundo, todo ello dentro de una visión ética del mundo globalizado.
Pese a este frenético ritmo de trabajo, parece que Benedicto XVI está disfrutando de su retiro en Les Combes. El pasado domingo, las imágenes del Centro Televisivo Vaticano permitieron ver las actividades del Papa en estos días: el rato en su estudio en la residencia de los salesianos que ocupa, un paseo por el jardín, un rato de oración ante la Virgen, y unos momentos ante el piano interpretando una pieza.
Quienes han tenido la oportunidad de mantener unos momentos de conversación con el Santo Padre destacan su cercanía y sencillez. Así, el obispo de Aosta, Giuseppe Anfossi, destacó a Zenit que «la conversación con él es extremadamente sencilla, como es propio de su carácter. Además, cuando habla está atento a todos».
En declaraciones a Radio Vaticano, monseñor Anfossi relató una anécdota con el Santo Padre, con quien compartió trayecto desde el aeropuerto a la residencia donde se aloja. «En cuanto subió al coche para el traslado del aeropuerto a la casa, la primera palabra que el Papa Benedicto XVI me dirigió fue para pedirme noticias de la salud de mi madre. Francamente no me esperaba tanta delicadeza», apuntó el prelado.
El Papa parece apreciar verdaderamente estos días de reposo; se le ve muy relajado y contento; «Cuando nos hemos saludado, a su llegada, le dije: "Sigo siendo el párroco de Introd". Y él me respondió: "Bien, en la Iglesia se necesita continuidad"», relataba la semana pasada Paolo Curtaz en las páginas de Avvenire.
Invitación a la Expo de Zaragoza
Por otro lado, el arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, aseguró este jueves que tiene la intención de invitar al papa Benedicto XVI para que visite Zaragoza durante la celebración de la Exposición Internacional de 2008. Después de participar en la firma de un convenio de colaboración entre la Sociedad Estatal Expoagua 2008, Ureña insistió en que la invitación no está todavía cursada pero que ya se ha trasladado esta voluntad a la Nunciatura Apostólica.
No obstante, el arzobispo explicó que «estas cosas hay que estudiarlas con detenimiento y con mucha calma y mucha paciencia», porque «el Santo Padre no va todos los días a todos los sitios». Y agregó que «está en el horizonte», pero queda «mucho trecho por recorrer porque sus salidas tienen una significación muy concreta, y son contadas».

 

 

 

CIUDAD DEL VATICANO (Reuters) - El Papa Benedicto XVI está escribiendo un libro sobre Jesús que se convertirá en la segunda gran obra teológica de su pontificado, dijo el martes una fuente del Vaticano.

El libro, que se espera que esté finalizado hacia finales del verano, se centra en Jesús, en la raza humana y la relación del Cristianismo con otras creencias religiosas.

La obra, que Benedicto XVI empezó a escribir antes de convertirse en Papa en abril de 2005, surge en un momento en el que intenta recuperar un fuerte sentido de la fe entre los católicos ante el creciente laicismo y competencia de otras religiones, entre ellas el Islam.

Benedicto, un destacado teólogo católico y un prolífico autor, quería incluir reflexiones de su experiencia como Papa en el libro, escrito bajo la forma de un "relato teológico", dijo el diario romano la Repubblica.

La Repubblica destacó que su atención sobre Jesús podría reavivar la polémica que rodeó a "Dominus Iesus", un documento emitido en 2000 cuando era la máxima autoridad doctrinal del Vaticano.

El texto decía que la Iglesia Católica era la única iglesia verdadera, una afirmación que muchos líderes protestantes consideraron insultante, y que Jesús era el único camino para la salvación.

El libro seguirá a la primera encíclica de Benedicto XVI, Deus Caritas Est (Dios es amor), publicada en febrero y que aborda desde el amor erótico y espiritual en una relación personal al papel de la amplia red de la Iglesia Católica en organizaciones benéficas en todo el mundo.

El Vaticano no estaba disponible inmediatamente para realizar algún comentario oficial sobre el libro.

 

 

 

Un año de pontificado
«Benedicto XVI prefiere más una Curia enfocada hacia las tareas evangelizadoras que a las cuestiones diplomáticas. Prefiere que la Iglesia sea eso, más Iglesia, y menos Estado pontificio»
JUAN LUIS DE LEÓN AZCÁRATE/PROFESOR DE LA FACULTAD DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO
Imprimir noticiaImprimir Enviar noticiaEnviar
El papa Benedicto XVI realizará esta semana su primera visita a España con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias que se celebra en Valencia desde el pasado sábado y que finalizará el próximo domingo. A la opinión pública han trascendido más los apresurados intentos del Gobierno por conseguir una entrevista entre Zapatero y el Papa que los contenidos del programa de dicho encuentro. A nadie se le escapa que la visita llega en un momento delicado de las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia, motivado fundamentalmente por la cuestión del estatus académico de la asignatura de Religión asignado en la Ley Orgánica de Educación (LOE) y por la legalización del matrimonio homosexual. Precisamente, esta última cuestión atañe de alguna manera al contenido del encuentro al que acude el Papa, que no es otro que el de la valoración y apoyo a la familia cristiana. No es casual que distintas plataformas homosexuales promuevan en Valencia actos paralelos al Encuentro Mundial de las Familias protestando por la visita del Papa y criticando, desde su perspectiva, la visión reduccionista y excluyente que la Iglesia católica tiene del concepto de familia. Será interesante ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

Pero, ¿qué se puede decir de este nuevo Papa, aparentemente tan distinto a su predecesor Juan Pablo II, que apenas lleva poco más de un año de pontificado? Si bien quizá sea pronto para hacer una valoración rigurosa, quisiera reseñar algunos episodios acaecidos durante este breve período de tiempo que me han llamado la atención positivamente. Los señalo cronológicamente.

1. Su entrevista con el teólogo y profesor de Tübinga, Hans Küng (24-9-2005). La entrevista es importante y significativa porque Hans Küng, a causa principalmente de sus opiniones sobre la autoridad en la Iglesia, había sido apartado en 1979 de la docencia católica por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (presidida entonces por el cardenal Franjo Seper). Según la nota que emitió la Santa Sede, el encuentro fue amistoso y, dejando aparte cuestiones doctrinales, se trataron dos temas sobre los que últimamente trabaja Küng: la cuestión de la ética mundial y el diálogo de la razón de las ciencias naturales con la razón de la fe cristiana. El Papa se mostró de acuerdo con los temas emprendidos por Küng, y éste elogió los esfuerzos de aquel por favorecer el diálogo entre las religiones y el encuentro con los diferentes grupos sociales del mundo moderno. Este gesto de distensión permite dejar claro que Benedicto XVI es plenamente consciente de que ya no es el Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe y que sabe valorar la talla intelectual y esfuerzos de aquellos que, por distintos motivos, puedan ser críticos con la institución eclesial.

2. La publicación de la carta encíclica Deus Caritas est (25-12-2005). Resulta muy relevante que su primera encíclica no trate directamente sobre cuestiones morales, institucionales o dogmáticas, sino que trate de explicar lo nuclear de la fe cristiana: que Dios es amor. No pocas veces a la Iglesia se le oye hablar más de cuestiones morales, en ocasiones discutibles o incomprensibles especialmente para los no creyentes, que de Dios mismo. La encíclica nos recuerda esta prioridad. Todo lo demás, deberá deducirse de esta feliz afirmación: Dios es amor. Cuando leí la encíclica me sorprendió su rigor intelectual, pero a la vez la sencillez pedagógica con la que fue escrita. Generalmente las encíclicas suelen citar casi exclusivamente la Biblia, los Santos Padres y los textos pontificios. Sin embargo, además de estas fuentes (la palabra de Dios y la tradición), Benedicto XVI cita, entre otros, a Nietzche, Virgilio, Aristóteles, Platón, Gassendi, Descartes, Salustio.... con los cuales parece querer dialogar desde la fe, pero también desde la razón. Un diálogo constructivo entre la fe y la razón que es necesario y prioritario para la Iglesia. Junto a esto cabe destacar la valoración positiva que hace el Papa tanto del amor tradicionalmente considerado como posesivo (eros) como del amor oblativo (agapé), ambos necesitados de complementariedad: «Si bien el eros inicialmente es sobre todo vehemente, ascendente -fascinación por la gran promesa de felicidad-, al aproximarse la persona al otro se planteará cada vez menos cuestiones sobre sí misma, para buscar cada vez más la felicidad del otro, se preocupará de él, se entregará y deseará ser para el otro. Así, el momento del agapé se inserta en el eros inicial; de otro modo, se desvirtúa y pierde también su propia naturaleza. Por otro lado, el hombre tampoco puede vivir exclusivamente del amor oblativo, descendente. No puede dar únicamente y siempre, también debe recibir. Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don» (Deus Caritas est, 7). Esta valoración tan positiva de ambas formas de amor pocas veces ha sido tan explícita en la Iglesia como en esta ocasión.

3. El 19 de mayo de 2006 la Santa Sede hace pública la invitación al padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, a llevar «una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a todo ministerio público». La invitación se debe a las acusaciones contra Maciel «por delitos reservados a la competencia exclusiva del Dicasterio». Delitos que todo el mundo sabe están relacionados con abusos sexuales a antiguos seminaristas. Si tenemos en cuenta que, en no pocas ocasiones, la Iglesia opta por esconder lo más posible los escándalos de algunos de sus miembros para evitar una imagen negativa de la institución, esta decisión aprobada por el Papa indica la dirección correcta a seguir: la Iglesia no puede ocultar ni dejar de afrontar sus propios errores o pecados, los suyos como institución o los de sus miembros. Y no importa la relevancia de la persona implicada. El respeto y buen trato debidos a ésta no pueden estar reñidos con la exigencia de una vida coherente con el cargo y responsabilidad que asume dentro de la Iglesia. Esta decisión, valiosa para la Iglesia, debería ser también un ejemplo para las instituciones civiles (pienso en algunos dirigentes políticos que mienten alevosamente, niegan en conferencias el derecho a vivir a los que no piensan como ellos, o han sido maltratadores de su pareja... pero siguen ocupando altos cargos en sus respectivos partidos).

4. Finalmente, quisiera destacar las palabras de Benedicto XVI en su reciente visita a Polonia, pronunciadas en el campo de concentración de Auschwitz: «En un lugar como éste faltan las palabras, en el fondo, sólo hay espacio para un atónito silencio, un silencio que es un grito interior hacia Dios: ¿por qué te callaste? ¿Por qué has querido tolerar todo esto?» (28-5-2006). Son palabras que indican duda, incertidumbre, sorpresa y pavor ante el horror humano y el aparente silencio de Dios... Con ellas, Benedicto XVI, al igual que el justo sufriente Job o el Jesús crucificado, nos recuerda que el creyente tiene derecho a la duda, a interpelar al mismo Dios..., actitudes éstas muy contrarias al que se siente poseedor de la verdad absoluta y conocedor de todos los designios divinos. Y esto, en un Papa, es muy significativo.

Mientras escribo estas líneas, sale a la luz el nombramiento de Tarcisio Vertone, arzobispo de Génova, como nuevo secretario de Estado. Este es el tercer nombramiento de Benedicto XVI para la Curia romana. Los otros dos elegidos, William Levada (prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe) e Ivan Dias (prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos), al igual que Vertone, eran reconocidos como buenos obispos en sus respectivas diócesis, San Francisco y Bombay. Ninguno de los tres era un diplomático de envergadura. Sus rasgos comunes son una alta cualificación intelectual y una eficiente y cercana labor pastoral, indicio de que Benedicto XVI prefiere más una Curia enfocada hacia las tareas evangelizadoras que a las cuestiones diplomáticas. Si se me permite la expresión, prefiere que la Iglesia sea eso, más Iglesia, y menos Estado pontificio.

Pero no hay que olvidar que hay sectores dentro de la misma Iglesia que piden algo más que gestos positivos como los mencionados. Que les gustaría que el trato de Benedicto XVI con Küng se extendiera al resto de teólogos disidentes, que las conclusiones de la Encíclica Deus Caritas est propiciaran unas estructuras eclesiales menos jerárquicas y más democratizadoras, que la igualdad entre sexos se hiciera extensiva al sacerdocio de la mujer, que la moral de la Iglesia tuviera más en cuenta los avances antropológicos y científicos... Pero la verdad es que es casi imposible que un Papa propicie unos cambios tan radicales (y, según interpretaciones, discutibles) como éstos. En cualquier caso, por lo visto en este breve período de tiempo, Benedicto XVI dista mucho de ser el Papa inquisitorial e inflexible que no pocos temían. Es un buen comienzo.

 

* * *

 

«El Papa nos dará muchas sorpresas en su Pontificado»

RD

Jueves, 8 de junio 2006

Desde la localidad palentina de Lantadilla, donde nació, el religioso marista Luis Puebla Centeno ha tenido múltiples destinos como educador, director de colegio y otros cargos, que también le llevaron hasta el Vaticano, donde permaneció más de doce años. En este tiempo fue un colaborador directo del entonces cardenal Ratzinger, el ahora Papa Benedicto XVI, en la Congregación para la Defensa de la Fe.

El marista cuenta con otras distinciones y condecoraciones por los servicios prestados a la Santa Sede. Pero para los palentinos, Luis Puebla siempre será 'el amigo lantadillense de Benedicto XVI'. Los lazos y anécdotas que un día le unieron al Pontífice se convirtieron el pasado lunes en el núcleo de una amena conferencia que Puebla ofreció en Palencia, en la que mezcló su profundo conocimiento de la Iglesia con recuerdos de sus años con el Papa. Lo entrevista Isabel Calle en El Norte de Castilla.

-Ha pasado más de un año desde que Benedicto XVI fue elegido Papa. Usted que le conoció en una época anterior, ¿le ha visto cambiado?

-No le he encontrado cambiado en su personalidad. Antes tenía la misión de preservar la fe, ahora que es Sumo Pontífice no solo fija la defensa de la doctrina, sino que desarrolla su sentido pastoral.

-¿Por su actividad a lo largo de este año, el Papa es el Ratzinger que esperaba?

-Sí, sí. Desde que es Papa ha dado una serie de concreciones pastorales de una precisión enorme, porque tiene una gran calidad de conceptos. En eso sí que se ha descubierto un Ratzinger que no era conocido, porque en el otro cargo no podía manifestarse.

-¿Qué espera que haga el Papa en su próxima visita a España? ¿Habrá reconciliación con el Gobierno del PSOE tras aprobar las bodas gais?

-Eso de reconciliarse con el Gobierno tiene un sentido muy amplio. No puede reconciliarse en el sentido de que los principios que ha admitido el Gobierno, la Iglesia no puede admitirlos. Pero ya veremos lo que pasa con el tiempo. Cuando las familias vean que esto se destruye y no reina la paz, ya veremos cómo reacciona la sociedad.

-¿Los católicos volverán a misa con este Papa?

-No lo sé. El catolicismo tiene que convertirse poco a poco en un convencimiento, porque es una respuesta de fe. Creo que la Iglesia tiene que ir al convencimiento de los fieles más que apoyarse en las leyes civiles.

-¿Dará muchas sorpresas el Papa?

-Las dará. Le conozco y sé que habrá sorpresas en su Pontificado. Ya ha elegido gente de su confianza para llevar a cabo la segunda evangelización de la Iglesia y para que los eclesiásticos den ejemplo de vida.

 

 

 

 

El "silencio de Dios" atormenta al Papa

RD

Sábado, 3 de junio 2006

Cuenta Maria Paz López en La Vanguardia que las reacciones en el mundo al sentido parlamento de Joseph Ratzinger el pasado domingo en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, en el que el Papa alemán exculpó a su pueblo y reabrió el debate sobre el silencio de Dios ante el holocausto, buscan explorar la relación entre Dios, el mal y la culpa humana.

Las conmovedoras palabras de Benedicto XVI sobre el silencio de Dios ante el holocausto, pronunciadas durante su visita el pasado domingo a los campos de exterminio nazis de Auschwitz y Birkenau (Polonia), han provocado un vendaval de comentarios y análisis en la prensa internacional, encarados sobre todo a dilucidar si, a ojos de los creyentes, la ausencia de intervención de Dios ante el mal puede llegar a eximir a los seres humanos de responsabilidades, o si son ellos los verdaderos culpables de ese silencio divino.

Joseph Ratzinger - que en su discurso exculpó del holocausto a los alemanes, al atribuírselo exclusivamente a los nazis- planteó enseguida una pregunta que ha atenazado durante decenios a los pensadores judíos e israelíes, hasta el punto de hacer perder la fe a muchos de ellos: "¿Dónde estaba Dios en aquellos días? ¿Por qué calló? ¿Cómo pudo tolerar ese exceso de destrucción, ese triunfo del mal?".

Unos seis millones de judíos perecieron en el holocausto, de los cuales al menos 1,1 millones fueron asesinados en Auschwitz - junto a decenas de miles de personas de diversas nacionalidades-, de modo planificado y organizado por sus propios congéneres, por lo que a la cuestión teológica del silencio de Dios se superpone inevitablemente el tema de la responsabilidad humana en el triunfo del mal, y en consecuencia, el debate filosófico sobre la culpa.

"Benedicto XVI parece decirnos que, en la hora de los peores crímenes del siglo XX, Dios permaneció silencioso porque demasiados hombres permanecieron silenciosos - arguye Guillaume Goubert, editorialista del diario católico francés La Croix-. Porque demasiados cristianos, incluidos altos responsables de la Iglesia, permanecieron silenciosos".

De hecho, no pocos observadores esperaban oír en el parlamento papal alguna referencia a la actitud de Pío XII y de gran parte de la jerarquía católica ante el holocausto, quienes - pese a los heroicos y valerosos testimonios de algunos obispos, sacerdotes, religiosas y laicos- optaron por no alzar demasiado la voz, al considerar que podría acarrear males mayores, como pasó en Holanda en 1942 tras una carta episcopal contra "el despiadado e injusto trato dispensado a los judíos". La Santa Sede temía también por la suerte de los católicos.

"Entre quienes no se expresaron sobre las atrocidades del nazismo, y cayeron así en la culpa metafísica denunciada por Karl Jaspers, muchos historiadores señalan al Papa Pío XII - escribe el filósofo italiano Umberto Galimberti en el diario La Repubblica-.Entonces, ¿por qué Benedicto XVI, en vez de su dramática pregunta sobre el silencio de Dios,no se plantea una más modesta sobre el silencio de su predecesor?" Aclaración: el filósofo alemán Karl Jaspers enumeró en Die Schuldfrage (la cuestión de la culpa), una lección magistral de 1946 en la Universidad de Heidelberg, los cuatro tipos de culpa en que habían incurrido, según los casos, los alemanes. Según Jaspers, la culpa metafísica atañe a quienes "toleran atrocidades infligidas a un semejante sin hacer nada para impedirlas".

En su discurso en Auschwitz, Benedicto XVI circunscribió la responsabilidad del holocausto a "un grupo de criminales", y absolvió al pueblo alemán, "que pudo ser usado, y se abusó de él, como instrumento" de los nazis. El filósofo germano Jürgen Habermas, conmovido, ha alabado la profundidad del discurso, pero ha lamentado esa visión del pueblo alemán cautivo de una banda de malhechores. "Quizá la visión de Joseph Ratzinger del periodo nazi procede de su ambiente familiar, de la honesta familia católica de sus padres", aventura Habermas en la prensa italiana, recordando que el régimen nazi gozó de amplio apoyo entre la población.

En cualquier caso, el propio Benedicto XVI indicó hasta qué punto le atormenta la cuestión del exterminio de los judíos y de las reflexiones teológicas que suscita, y por un triple motivo, como se desprende de las palabras que eligió para iniciar su parlamento, en las que confesó que "es particularmente difícil y opresivo para un cristiano, para un Papa que procede de Alemania" tomar la palabra en Auschwitz.

Que el plan nazi de aniquilación de los judíos merece no sólo análisis histórico sino también teológico se hizo evidente a pensadores judíos de todo el mundo y a teólogos cristianos alemanes acabada la guerra, cuando surgió la teología del holocausto, también llamada Theologie nach Auschwitz (teología después de Auschwitz). Los rabinos dieron varias interpretaciones: un temporal eclipse de Dios - momentos en que Dios se halla inexplicamente ausente de la historia-; el holocausto como precio que pagar por el libre albedrío concedido al hombre por Dios, quien por tanto no interfiere en el devenir de la historia; un castigo divino por presuntos pecados de los judíos de Europa, e incluso el destino del pueblo elegido de sufrir por los pecados de la humanidad. Muchísimos judíos perdieron la fe, y concluyeron que el holocausto demostraba la no existencia de Dios.

De hecho, la pregunta formulada por Benedicto XVI incumbe a las tres religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islam), cuyo Dios único es visto como omnipotente, omnisciente y misericordioso, lo cual hace difícil al creyente aceptar que permita la maldad en el mundo. "La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo", reza el catecismo de la Iglesia católica, que señala que "Dios no es, en modo alguno, ni directa ni indirectamente, la causa del mal". Asunto bien distinto es el comportamiento humano - silencio incluido-, que sí merece el juicio de la historia.

 

 

 

PRIMER ANIVERSARIO. ESTE PAPA HA MOSTRADO MÁS FLEXIBILIDAD QUE SU PREDECESOR.

EN EL TRONO DE SAN PEDRO
El Benedicto XVI que habló del amor
Ha sido este, su primer año de pontificado, difícil para los analistas, a los que tiene desconcertados.

Ningún bando puede decir que tiene en este Papa a un campeón para sus causas, él tiene su propia agenda.

¡Sorpresa! Benedicto XVI ha resultado ser una sorpresa tanto para sus seguidores como para sus críticos. La elección que se anticipaba endurecería las conservadoras posiciones que Juan Pablo II favoreció durante su reinado no se ha correspondido totalmente con esas expectativas, mostrando que este hombre, que este Papa, es cualquier cosa, menos predecible.

El seco y hierático cardenal alemán, el guardián de la ortodoxia doctrinal no ha actuado con la inflexibilidad que se anticipaba, incluso se ha mostrado conmovido en público, especialmente cuando habla de su predecesor, lo que fue muy notorio durante los actos de recordación por el primer aniversario de la muerte de Juan Pablo II el pasado 2 de abril.

En una de sus primeras y totalmente inesperadas movidas, el 25 de enero de 2006, a nueve meses de su mandato, el antiguo cardenal Joseph Ratzinger dedicó su primera encíclica, no a la doctrina, sino al amor... y no contento con eso, exploró no solo el tema de la caridad sino el más espinoso (al menos para un ministro católico que promete vivir en celibato) del amor erótico... eso sí, entre hombre y mujer. Todo dosificado, porque si bien el tema fue inesperado, por decir lo menos, no se alejó un ápice de la posición doctrinal, por el contrario, reafirmó las enseñanzas de la iglesia en materia de sexualidad y valoración de la vida.

Ha sido este, su primer año de pontificado, un año difícil para los analistas de derecha e izquierda que están recibiendo señales desconcertantes.

"Cuando fue elegido, la izquierda estaba muy preocupada y la derecha encantada, y tanto una como la otra pensaba que iba a salir como un espadachín para empezar a limpiar a la iglesia al modo del Gran Inquisidor", comentó el jesuita Thomas Reese —en una entrevista concedida a la agencia AP— ex director de la revista América. Reese usó una colorida metáfora sobre su origen para ilustrar lo ocurrido: "se esperaba a un prusiano autoritario y resultó un adorable bávaro".

¿Por qué? Bueno, por ejemplo, se reunió con el crítico liberal más duro, Hans Kung, pero también con el excomulgado obispo ultraconservador Bernard Fellay que dirige un movimiento cismático fundado por el fallecido arzobispo Marcel Lefebvre.

El que todos recuerdan como el dulce, conciliador, promotor de la paz y las buenas relaciones con los hermanos separados y otras creencias, Juan Pablo II, nunca concedió una audiencia a Kung.

Además, uno de los escasos cambios que hizo a la burocracia vaticana fue fundir la antigua oficina de las relaciones con los musulmanes y otras religiones con la oficina cultural del Vaticano y designar a su jefe y experto en el islam, el arzobispo Michael Fitzgerald, enviado papal en Egipto. No quedó claro el objetivo del cambio en un momento en que esas relaciones tienen tanto valor. Algunos expertos incluso consideran peligroso alejar del frente a una persona con tantos contactos y tan respetado en el mundo islámico. Sin embargo, pareciera que Benedicto XVI consideró contraproducente promover a toda costa un acercamiento, especialmente cuando lo que en el fondo se busca es apertura y respeto a la libertad religiosa para poner a salvo a los fieles que quedan en los países predominantemente musulmanes. Ser blandos en eso, desnaturaliza los esfuerzos.

Su interés en tender puentes de amistad con el islam no le ha impedido denunciar el terrorismo islámico y criticar la intolerancia que lleva a la violencia como ocurrió durante la crisis de las caricaturas de Mahoma. Y la advertencia sobre la conveniencia de aceptar a Turquía un país musulmán en la cristiana Europa, que no le ha impedido considerar un viaje a ese país.

Y aunque su faceta más conservadora ha predominado en decisiones muy criticadas por la izquierda sobre los homosexuales en la iglesia (la prohibición expresa a que sean ordenados, por ejemplo), eso no le impidió desconcertar a los conservadores al nombrar al cardenal William Levada prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe.

El religioso Richard John Neuhaus, director de la revista conservadora First Things —entrevistado por AP— comentó que Levada no predicó efectivamente la doctrina oficial de la iglesia durante su gestión como arzobispo en San Francisco, California, una ciudad en donde la comunidad gay es poderosa, el estandarte de la sociedad homosexual. Entonces... ¿por qué nombrarlo en ese puesto tan influyente?

Por su parte, el grupo reformista "We Are Church" apunta a lo que considera una inconsistencia del papado de Benedicto XVI: su supuesta actitud "eurocéntrica" que a su juicio desatiende las necesidades del mundo en desarrollo. Sin embargo, aunque es cierto que el resto del mundo católico tiene sus propios y distintivos problemas, el caso de Europa es sumamente delicado, pierde fieles a montones, y los que aún se consideran católicos no son precisamente un ejemplo de observancia. Las iglesias están vaciándose, las fuentes de vocaciones se secan y la migración masiva de musulmanes amenaza con acabar con el predominio cristiano y católico de la región.

De hecho, el Vaticano protestó airadamente porque el mismísimo Viernes Santo las ligas italiana y española de fútbol salieron a la cancha. Esa señal es tremendamente alarmante para la iglesia católica porque es un ejemplo que "fructifica". También en Ecuador, acá en las Américas, se realizó un partido oficial en la solemne fecha.

Respecto a Latinoamérica, aunque todavía no se ha dirigido a los fieles en español (el idioma que habla la mayoría de los católicos del mundo), únicamente ha canonizado a un cura chileno, Alberto Hurtado Cruchaga, y sólo creó un cardenal de la región en su primer consistorio (Jorge Liberato Urosa Savino), Benedicto XVI ha mostrado su interés al designar, personalmente, a la ciudad de La Aparecida, en Brasil, como la sede de la V Conferencia general del episcopado latinoamericano a celebrarse en octubre de 2007 y confirmar su presencia.


El hombre que estuvo a cargo de mantener limpia la doctrina por tanto tiempo ha sorprendido a sus alegados rivales con gestos que también a ellos los ha sacado de balance. Visitó la sinagoga de Colonia; en mayo visitará el campo de muerte de Auschwitz; planea ir a Turquía y ha impulsado los esfuerzos ecuménicos con los cristianos ortodoxos.

Pero le quedan algunos asuntos espinosos que, a pesar desu largo reinado, Karol Wojtyla dejó sin solucionar: la flexibilización del celibato y la comunión de los casados tras un divorcio.

Y ahora —casi como "regalo de cumpleaños"— le presentan el que puede ser uno de sus más difíciles retos.

Un grupo de científicos anunció al mundo la existencia de un manuscrito que se alega sería una copia del perdido "Evangelio de Judas" que contesta la doctrina cristiana de dos mil años en la que se considera a Judas el apóstol que traicionó a su maestro y lo vendió, por 30 monedas, a sus enemigos.

El documento, escrito en copto antiguo y fechado en el Siglo III o IV después de Cristo, deja ver que Judas, lejos de traicionar a Jesús, asumió la pesada carga de entregar a su maestro para que se cumpliera la voluntad del Padre.

Esta es una idea radical, que seguramente encontrarámucha resistencia y confundirá a muchos fieles y pastores. Es ahora cuando su experiencia como custodio de la doctrina puede marcar su pontificado y sacarlo de la sombra de su predecesor.

Yasmina Reyes
yreyes@prensa.com

 

 

«Es un hombre libre»
En sólo tres días se cumple un año de la Fumata Blanca. El asturiano Fidel González, testigo de excepción desde el Vaticano, comenta la labor realizada por Benedicto XVI
POR FIDEL GONZÁLEZ/

FUMATA. Benedicto XVI saluda desde la plaza de San Pedro tras ser elegido Papa el 19 de abril de 2005. / EFE


Fidel González
Nacido en Levinco (Aller), el padre Fidel González fue asesor del Papa Wojtyla en procesos de canonización y director del colegio vaticano que forma a los misioneros. Vive en Roma desde hace más de 20 años.



Estaba en la plaza de San Pedro cuando apareció la fumata blanca y no se sorprendió de escuchar el nombre de Joseph Ratzinger. El sacerdote asturiano Fidel González sabía que era el alemán el Papa que necesitaba la Iglesia católica para afrontar este siglo XXI. El allerano, misionero comboniano, catedrático en las universidades Pontificias Urbaniana y Gregoriana de Roma y consultor de algunos dicasterios (congregaciones vaticanas), recuerda para EL COMERCIO aquel día en el que se eligió en el Vaticano a un nuevo Papa. El próximo miércoles se cumple un año.

LA FUMATA

«Se vio claramente que era blanca»

Me encontraba en la plaza de San Pedro, con otros miles de personas. En los primeros momentos no se distinguía bien si era blanco o gris el humo, pero tras unos momentos, se vio claramente que era blanco. Luego empezarían a tocar las campanas. Junto a mí tenía a un obispo amigo que había recibido en mi casa, y cuando el cardenal Medina, de Chile, salió al balcón para dar el anuncio, y lo hizo pausadamente, se me escapó: «Joseph Ratzinger». Para muchos habrá sido una sorpresa, pero para los observadores creo que no.

EL CÓNCLAVE

«A ninguno nos cogió por sorpresa»

Viviendo en el ámbito vaticano uno seguía de cerca todo el movimiento. Además, por el lugar donde vivía pasaban numerosos obispos y cardenales, algunos antiguos alumnos nuestros. A nadie nos cogió de sorpresa la elección del cardenal Joseph Ratzinger, pues estaba en boca de muchos. Yo mismo, eco de lo que oía, se lo dije un día a una televisión americana. No hacía falta ser un profeta; bastaba observar, escuchar y ver lo que en este mundo tan complejo de la postmodernidad, la Iglesia necesitaba para entender que alguien como Ratzinger podría ciertamente ser el Papa. Creo que los cardenales, que lo conocían, se dieron cuenta de ello; pero además, sus homilías, ya desde el funeral de Juan Pablo II, pusieron de manifiesto su talante excepcional. El hecho de que en los últimos dos siglos sólo él y Pio XII fueran elegidos tras sólo un día de votaciones lo pone de manifiesto. Su elección fue rápida porque sobre él se fijaban todas las tendencias que lógicamente hay en estas asambleas.

UN AÑO DE RATZINGER

«Ha continuado el estilo Wojtyla»

No es fácil hacer balance. Ha concluido las iniciativas ya programadas por Juan Pablo II, como la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia (Alemania), continuándola con el mismo estilo y mostrando ya aquellos aspectos de humanidad y atracción de la gente; ha celebrado el Sínodo sobre la Eucaristía, fundamental para la vida de la Iglesia, las audiencias de los miércoles, superando la afluencia de gente de su predecesor, y, sobre todo, ha ido tejiendo una serie de encuentros y relaciones a todos los niveles, que aunque no sean muy vistosos exteriormente, son los que construyen verdaderamente las relaciones entre los pueblos.

Una cosa queda ya demostrada, y es que la Iglesia ya no es 'eurocéntrica', sino que cada vez más corresponde a las dimensiones del mundo, como lo ha demostrado en la elección de los nuevos cardenales. En algunos casos han sido nombramientos de práxis normal, pero el hecho de haber nombrado algunos asiáticos, entre ellos un chino, abre nuevos horizontes en la vida de las relaciones de la Iglesia con el mundo asiático, especialmente con China. Este nombramiento va más allá de un cargo honorífico, es la apertura a un mundo y el comienzo de un diálogo muy delicado, pero fundamental para el futuro; lo mismo lo veremos pronto, sin duda con significativos cambios estructurales en el mismo gobierno de la Iglesia, en la curia romana, en encuentros mensuales con obispos de todo el mundo... Y sobre todo con ese diálogo muy suyo con el mundo de la cultura a-católica, y si se quiere 'laica', que el Papa-teólogo está llevando a cabo.

LOS PRÓXIMOS AÑOS

«Inaugurará un estilo nuevo»

Yo creo que continuará sobre esta misma línea a lo Juan Pablo II, cambiando, sin embargo, aquel estilo irrepetible, pero inaugurando, como de hecho ya vemos, un estilo nuevo, más sosegado, menos viajero, más recortado en muchas cosas, pero fundamental. Una prueba de ello tenemos en la última encíclica 'Deus caritas est', que ha traído un aire nuevo en muchos aspectos, y con un lenguaje que todo el mundo puede entender.

Hoy nos encontramos sumergidos ya en una cadena de conflictos mundiales sangrientos y trágicos. En la últimas semanas el mismo Papa ha tocado algunos en reuniones con los cardenales. Se trata de conflictos que ya son planetarios a causa de la facilidad de la globalización. Este Papa se da cuenta de ello y sabe moverse según su misión. Por todo ello, Benedicto XVI favorece la claridad teológica frente al mundo de las ideologías de cualquier matriz que provengan y que a veces dialogan también en ambientes católicos y clericales, por no hablar del mundo laico.

SUS APORTACIONES

«Era el Papa que se necesitaba»

Benedicto XVI ha comenzado a dar un sentido permanente a la experiencia de Juan Pablo II. No hay que olvidar que Ratzinger fue uno de los teólogos que hicieron el Vaticano II. Él, por lo tanto, está intentando llevar adelante la misión de aplicarlo con serenidad y con la fuerza de su entendimiento interior. Además, es reconocido como uno de los grandes pensadores cristianos del siglo XX y lo es de estos comienzos del siglo XXI; pertenece a esa media docena de notables teólogos que no pasan, que hacen historia.

Lo demostró ya durante los días que precedieron al conclave; creo que los cardenales entendieron que éste era el Papa que la Iglesia necesitaba. Es interesante que el mundo cultural laico italiano, por ejemplo, más atento, lo haya percibido, a veces con mayor agudeza que en muchos ambientes católicos. Es un hombre con el que el mundo de la cultura actual puede dialogar, porque la conoce bien, muy bien. Recuerdo, que tres cardenales, en días precedentes al cónclave, a una pregunta mía me respondieron: «Ese sería el Papa que necesitamos». Y así fue.

Pero hay otro aspecto que muchos no conocen; es un hombre de una inmensa cultura, como quizá ningún Papa del siglo XX haya tenido, con un corazón de niño, de una sencillez inmensa... Sabe conservar su propia intimidad personal, pero nunca hace sentir a su interlocutor la distancia de su misión de Papa, es también cercano y desarma inmediatamente a sus interlocutores.

Y hay un dato que desbarata todas las previsiones: el papa Ratzinger está superando este año, como escribía el periódico italiano 'Corriere della Sera', el número de personas que va a sus audiencias. En el estudio citado se habla no sólo de duplicación, sino de triplicación con los datos del grande Juan Pablo II en los mismos meses del año pasado. Es algo que habla por sí mismo.

SU PRÓXIMA VISITA A ESPAÑA

«Está abierto a todo diálogo»

No soy un profeta ni un entendido en el mundo de la política, pero yo creo que como el papa Ratzinger es un hombre libre y no tiene otro interés que el del Evangelio, ciertamente está abierto a todo diálogo y al encuentro con todos los que verdaderamente tengan un disposición a conocer los problemas de la gente. En este sentido yo creo que todos esperamos mucho de su visita a España con motivo del congreso sobre la familia en Valencia. Además, creo que sus intervenciones sobre el papel de la Iglesia en la sociedad y sobre la necesaria laicidad del estado no dejen dudas sobre cuál es su posición sobre temas tan delicados como las relaciones Iglesia-Estado en cualquier sociedad y sobre el tema de la libertad religiosa, el respeto a la persona y, sobre todos, los problemas conexos.

 

Actualizado ( Domingo, 24 de Agosto de 2008 08:27 )  
Catalan English French German Italian Portuguese
FacebookLinkedinTwitterFeed

Saludo

TODAS LAS

NOTICIAS DE

SS. FRANCISCO

TODAS LAS NOTICIAS DE BENEDICTO XVI
benedicto
pope
ACI PRENSA